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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 203

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Capítulo 203: Lapiz lasuli part 5 Steven universe

Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores. Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.

__________________-

Miraba al espacio en busca de tu calor,pero el vacío respondió con dolor.Las estrellas susurran tu nombre,y cada una arde como un recuerdo sin voz.

Mi alma se rompe, lento, sin rumor,como un cristal que aún refleja amor.Si mi luz se apaga en la inmensidad,solo recuerda… que fui tu verdad.

Fui tu razón para amar,el eco que quiso quedarse,la sombra que aún te busca aunque el cielo empiece a olvidarte.

Y sé que algún día volverás,cuando el tiempo pierda su juicio,cuando el frío del universo ya no pueda separarnos del abismo.

Entonces iré por ti,a través del polvo estelar,porque incluso la noche más oscura no puede matar lo que juré amar.

_______________________________________________________________–

Lápiz se había alejado lo suficiente. Tras horas de desplazarse a través del océano, finalmente encontró una pequeña isla solitaria. La arena era blanca y el sonido del mar era casi hipnótico, un vaivén constante que solo acentuaba la soledad que sentía.Se sentó lentamente, dejando que las olas mojaran la tela rasgada de su vestido. Alzó la vista al cielo: un lienzo oscuro cubierto de estrellas que titilaban con indiferencia. Sus ojos, vacíos, sin pupilas, reflejaban aquella inmensidad con una tristeza contenida.

—Tn… —susurró, la voz temblorosa—. ¿Dónde estás…?

No había respuesta. Solo el eco del mar devolviéndole un murmullo semejante a su nombre.La soledad pesaba más que nunca. Tanto silencio, tanto tiempo atrapada, y ahora libre, no tenía a nadie. Ni hogar, ni propósito. Solo el recuerdo de aquel que había intentado protegerla.

Sin embargo, una idea se encendió en su mente, como una chispa débil pero persistente. Recordó algo de sus días en la Tierra, antes de que todo se derrumbara: una base de Diamante Azul, en una gran extensión terrestre al norte.

—Sector norte rango amplio de latitud (aproximadamente42∘𝑁 a 73∘𝑁) y longitud (aproximadamente 19∘𝐸 a 177∘𝐸), ya que es la fuente de mineral mas grande en la tierra (Rusia)… —murmuró, al recordar la palabra que los humanos usaban para aquella región—. Ahí… ahí estaba la base.

Si podía llegar allí, tal vez encontraría restos de tecnología de las gemas: cápsulas de transporte, rastreadores, o incluso registros antiguos. Algo que la ayudara a llegar a la Luna. Tal vez desde allí podría enviar un mensaje a Planeta Madre.Lápiz se levantó, sacudiendo la arena de su vestido.

—Tendré que… evitarlas —masculló con el ceño fruncido—. No puedo dejar que las Gemas de Cristal me encuentren. No otra vez.

Volvió al agua, que la recibió como una vieja aliada. Las corrientes se moldeaban a su alrededor, impulsándola hacia el norte. Nadó sin descanso, sin detenerse a dormir. El mar era vasto, pero ella lo conocía bien. Era su único refugio.

Pasaron días. El sol y la luna se sucedían sobre su cabeza mientras avanzaba incansable. Finalmente, divisó tierra firme. A medida que se acercaba, notó luces… muchas luces. Estructuras humanas, caminos, vehículos.

Salió del agua lentamente, ocultándose entre rocas, observando en silencio.

Los humanos.

Habían cambiado.

—¿Qué… es esto? —murmuró, atónita.

Su ropa, su tecnología, su organización. Todo era diferente a lo que recordaba siglos atrás. Las ciudades habían crecido. Usaban máquinas, luces eléctricas, y llevaban más ropa, capas y colores que antes.

Habían progresado.

Lápiz frunció el ceño, observando a un grupo cercano. Dos humanos, uno masculino y otro femenino, caminaban de la mano con una criatura más pequeña entre ellos, un infante.

La gema inclinó la cabeza, fascinada.—Así que… aún lo hacen —susurró, con un dejo de ternura—. Los lazos… los vínculos entre ellos… siguen existiendo.

El niño reía mientras corría en círculos, tropezando torpemente, y los adultos lo seguían con paciencia. Lápiz no podía evitar sonreír. Aquella imagen despertó algo cálido dentro de su pecho fracturado.

—Siempre me ha parecido extraño… —dijo, mirando el reflejo del agua que se agitaba a sus pies—. Los humanos… no son eternos, y aun así… buscan compañía, buscan amor… ¿Por qué?

Su voz era suave, casi un lamento. El viento nocturno movía su cabello mojado, y por un momento, el brillo tenue de sus ojos pareció recuperar un destello de vida.

Pero ese instante se desvaneció al recordar lo que debía hacer.

—No puedo quedarme… —susurró—. Tengo que encontrar la base. Si logro acceder a una cápsula, podría… llegar a la Luna.

Giró su vista hacia el norte, donde el aire parecía más frío y el cielo más oscuro. Allí debía estar lo que quedaba de la vieja instalación de Diamante Azul. Dio un paso al frente, el agua moviéndose dócilmente a su alrededor, como si le abriese el camino.

—Espérame, Tn… —murmuró con voz quebrada—. Esta vez… no te dejaré solo.

El mar rugió suavemente, y Lápiz se hundió en sus aguas, desapareciendo bajo el reflejo de la luna, mientras las luces humanas quedaban atrás como estrellas lejanas en la orilla.

Lápiz salió del agua en otro punto, con el cabello goteando y la mirada vacía. Había recorrido kilómetros de costa, buscado señales de alguna base de gemas, ruinas, cápsulas… pero no encontraba nada. Solo hielo, y lo que pensaban que era basura humana tirada en el fondo marino.

El cielo gris se reflejaba sobre la nieve, y el aire frío le mordía la piel no es como si el clima le afectara. Suspiró, dejando que el vapor escapara de sus labios.

—Nada… —murmuró con voz apagada—. Todo desapareció.

Decidió caminar hacia el interior. No tenía un rumbo exacto, solo la intuición de que tarde o temprano algo aparecería. Y lo hizo. No una base de diamante, sino una ciudad humana.

Los edificios eran altos, iluminados, y el suelo cubierto de nieve. Gente con abrigos, bufandas y guantes caminaba apresurada.

Lápiz los observaba desde una esquina, descalza, con su vestido azul oscuro pegado a la piel húmeda. El contraste era evidente: una joven pálida, sin abrigo, caminando con paso sereno entre un mar de humanos envueltos en lana y pieles.

Una blusa sin mangas o de tirantes que a menudo está atada al cuello o la espalda y una falda larga.

Algunas personas se quedaban mirándola, murmurando entre sí.Una mujer señaló disimuladamente.—¿Esa chica… está descalza?

—Debe estar loca —respondió otro—. Con este frío se va a morir ahí mismo.

Lápiz los ignoró. No entendía por qué la observaban. Solo caminaba, con los pies dejando huellas casi transparentes en la nieve. Pero entonces, una voz femenina la llamó.

—¡Hey! ¡Tú!

Lápiz se giró. Una joven humana corría hacia ella, pelirroja, con un abrigo grueso y bufanda blanca. Tenía una sonrisa amable, aunque sus mejillas estaban rojas por el viento.

—¿No sientes frío? —preguntó, jadeando un poco—. ¡Tu piel está… azul!

Lápiz la miró con expresión neutral.—Soy así —respondió con simpleza.

—¿Así? Pero… —La humana la miró de arriba abajo, desconcertada—. No puedes andar vestida así con este clima, te vas a congelar.

—No me congelo.

—¿De verdad? —La chica ladeó la cabeza, incrédula, y luego soltó una risita nerviosa—. Bueno, aunque no te congeles, al menos entra un momento, ¿sí?

Antes de que Lápiz pudiera responder, la chica la tomó del brazo y tiró suavemente de ella.—Vamos, ven. No voy a dejar que te quedes afuera así.

—No necesito ayuda —murmuró Lápiz, intentando zafarse.

—¡Claro que sí! —insistió la humana—. Solo un momento, te lo prometo.

Lápiz parpadeó, confundida por la determinación de aquella extraña. No estaba acostumbrada a que alguien… insistiera en preocuparse por ella. Finalmente cedió, sin entender muy bien por qué.

Entraron a un pequeño local con luces cálidas. Había mesas de madera, olor a pan y café. El contraste con el exterior era tan fuerte que por primera vez Lápiz sintió algo: calor.

Antes de que pudiera decir algo, la humana tomó una manta del perchero y la colocó sobre su cabeza, cubriéndola casi por completo.—Ahí está —dijo sonriendo—. No te muevas, estás helada.

Lápiz la observó desde debajo de la manta, desconcertada.—No estoy… helada —repitió en voz baja.

La humana comenzó a frotarle los brazos con suavidad, intentando calentarla.—Claro que lo estás. Mira tus manos, están duras como el hielo. ¿Qué hacías afuera con este clima?

—Busco… algo —respondió Lápiz con un tono distante.

—¿Algo? —La chica rió suavemente—. Pues primero busca calor, luego lo que sea que estés buscando.

La empujó con gentileza hacia una silla y la sentó. Lápiz obedeció sin comprender del todo por qué lo hacía.

La humana se quitó los guantes, se los ofreció y sonrió.—Soy Tatiana —dijo alegremente—. Espérame aquí, ¿sí? Te traeré algo caliente.

-…Soy Lapiz lasuli.

Lápiz la observó mientras se alejaba hacia la barra del local, hablando con otra persona. La manta aún cubría parte de su cabeza, y el vapor tibio del ambiente empañaba el aire frente a su rostro.

—Tatiana… —repitió para sí misma, probando el nombre—. Humanos… aún siguen preocupándose por extraños.

Era raro, la ultima vez que vio humanos estos vivian en cuevas o comunidades nomadas.Ahora parecieorn lograr una sociedad estable.

Miró sus manos, tan ajenas y tan parecidas a las de esa chica. Por un momento, pensó en Steven… y en Tn.

¿Sería así como ellos veían la bondad?

Suspiró y bajó la mirada, mientras Tatiana regresaba con una taza humeante entre las manos.

—Aquí tienes —dijo, sonriendo con ternura—. Prueba esto, te hará bien.

Lápiz la tomó con torpeza, observando el líquido oscuro.—¿Qué es?

—Café —respondió Tatiana, guiñando un ojo—. Te calentará… Ups cuidado esta algo caliente.

Lápiz la observó en silencio unos segundos, y luego llevó la taza a los labios. El sabor era amargo, pero había algo… reconfortante en él.Pero esa vez en mucho tiempo, sintió un poco de calma.

El líquido bajó por su garganta con una sensación extraña, cálida. Las gemas no necesitaban comer ni beber, pero aquella sustancia… tenía algo distinto. Era amarga, aromática, y su calor se extendía por su pecho de una forma que le resultaba casi reconfortante.

Lápiz bajó la taza lentamente y murmuró con voz baja, casi para sí misma—Es… agradable. Caliente… no está nada mal.

Tatiana, que la observaba desde el otro lado de la mesa, sonrió con ternura.—¿Verdad que sí? Es cafe negro con una pisca de vodka. Bueno, es fuerte, pero te ayudará con el frío. —Luego se acomodó en la silla frente a ella—. ¿Qué hacías sola allá afuera? No parece que seas de por aquí.

Lápiz levantó la mirada, desconcertada por sus palabras.—¿“Por aquí”?

—Sí, Rusia —dijo Tatiana riendo un poco—. Estamos en Sarov, una pequeña ciudad de Rusia. ¿No lo sabías?

Lápiz frunció el ceño con cierta incomprensión.—¿Rusia? —repitió lentamente, como si probara una palabra desconocida—. No… no conozco ese lugar.

Tatiana parpadeó, sorprendida.—¿En serio? ¿Eres extranjera? —Su tono se suavizó—. ¿De dónde vienes entonces?

Lápiz desvió la mirada, incómoda, intentando buscar una excusa que no revelara demasiado.—De… un sitio lejano —respondió con cierta calma—. Muy, muy lejano.

De donde habia escapado se encuentra en la costa este de Estados Unidos, en el estado de Delmarva.

Tatiana notó algo extraño en los ojos de la muchacha: no tenían pupilas, sólo un brillo turquesa blanco que la hacía parecer de otro mundo.—Tus ojos… —comentó con curiosidad—, ¿por qué no tienen color dentro?

Lápiz suspiró, bajando un poco la cabeza.—Estoy herida. Eso… lo causó una fractura.

Antes de que Tatiana pudiera preguntar más, Lápiz se giró despacio, apartando un poco su blusa por la espalda. La luz del lugar reveló el resplandor azul de su gema, agrietada y débil.

Tatiana se quedó muda unos segundos, observando con asombro.—¿Qué es eso? ¿Una piedra? No… brilla… —se inclinó más cerca, maravillada—. Jamás vi algo así.

—Es parte de mí —respondió Lápiz con voz serena pero cargada de melancolía—. Si se rompe, desaparezco.

Tatiana se llevó la mano a la boca, preocupada.—Eso… suena grave. ¿Hay alguna forma de arreglarla?

—Tal vez —murmuró Lápiz, mirando la ventana con nostalgia—. Pero necesito encontrar un lugar. Ruinas… antiguas. Puede que allí encuentre algo que me ayude.

Tatiana se quedó pensativa unos segundos, mirando el vapor que salía de su taza.—Bueno… —dijo al fin—, en el museo de la ciudad tienen cosas antiguas. Dicen que son de una civilización perdida o algo así. Quizás eso te sirva, ¿no?

Lápiz levantó la mirada con un brillo nuevo en sus ojos.—¿Un museo? ¿Dónde está?

Tatiana sonrió al ver su interés.—Puedo llevarte mañana. No es muy lejos, pero tendrás que abrigarte bien.

Lápiz asintió suavemente, sus manos aferrando la taza con una calidez que no entendía.—Gracias, humana Tatiana.

Tatiana soltó una pequeña risa.—Solo “Tatiana” está bien. —Luego la observó más de cerca—. Y tú, Lápiz, deberías sonreír más. No pareces una mala persona.

Lápiz la miró confundida, como si esa idea fuera completamente ajena para ella.—¿Sonreír…? No sé si todavía puedo hacerlo.

Tatiana le guiñó un ojo.—Entonces será mi misión lograr que lo hagas antes de que te vayas.

Por primera vez en siglos, Lápiz bajó la mirada con un gesto casi humano, indecisa.En el fondo, algo en sus circuitos emocionales —dormidos por milenios de encierro— pareció despertar levemente, al calor de una taza de cafe y la calidez de una desconocida.

Tatiana le ofreció quedarse esa noche en su casa, insistiendo con una sonrisa cálida.—No voy a dejar que duermas afuera, Lápiz. Hace demasiado frío, y si estás herida, podrías empeorar. —Tomó su mano con firmeza—. Vamos, no es gran cosa, tengo una cama extra.

Lápiz parpadeó, confundida ante tanta insistencia.—No necesito dormir. Las gemas… no descansamos.

Tatiana soltó una risita.—Pues entonces puedes quedarte despierta, pero igual tendrás un techo sobre tu cabeza. —Le guiñó un ojo antes de subir las escaleras—. Si cambias de opinión, la manta está en la silla. Buenas noches.

Lápiz observó cómo la humana se envolvía en las cobijas y caía dormida casi de inmediato. El sonido regular de su respiración llenó el pequeño cuarto.La gema azul se quedó en silencio, inmóvil. No sentía sueño, solo un vacío que conocía demasiado bien.Bajó las escaleras, sus pasos apenas sonando sobre la madera.

El local estaba en penumbra. La luz del amanecer aún no llegaba, y el aire olía a polvo y té seco. Lápiz observó las estanterías, repletas de objetos rectangulares.—Libros —murmuró—. Archivos de papel… qué arcaico.

Tener informacion fisica era algo muy atrasado, las gemas guardaban todo en archivos holograficos.

Tomó uno con curiosidad. Las páginas crujieron bajo sus dedos. No entendía los símbolos, pero su instinto de gema analítica la llevó a buscar patrones, estructuras, repeticiones. Después de algunos intentos, halló un libro más simple: un alfabeto.

—Interesante… los humanos registran su conocimiento de esta forma… lenta, pero persistente.

Sus ojos brillaron levemente mientras pasaba las páginas. Las palabras, letras y frases comenzaron a tener sentido. En cuestión de minutos, comprendía el idioma con fluidez.

Gemas de rango medio: Las gemas de rango medio, como las Aguamarinas, Lapislázulis y Jaspes, tienen habilidades intelectuales más limitadas y son entrenadas para tareas específicas.Eso jamas les impidio aprender todo lo que necesitaran para realizar tareas complejas.Lápiz se sentó en el suelo, rodeada de libros abiertos, su mirada fija en las líneas de texto.Leyó sobre historia, religión, ciencia, guerras, y arte.—Han vivido tanto… en tan poco tiempo —susurró para sí misma—. Dos mil años apenas… y aun así, tanto conflicto.

Tomó otro libro, sobre biología humana.—Son… débiles. Frágiles. Y sin embargo, sobreviven. Se adaptan. —Una leve sonrisa cruzó su rostro—. Qué criaturas tan… interesantes.

Horas pasaron sin que ella lo notara. Cuando el cielo empezó a clarear, el cansancio humano se hizo notar en el techo: un leve crujir, el sonido de pasos arrastrados.

Tatiana bajó las escaleras, con el cabello despeinado y un bostezo que casi sonó como un suspiro.—Mmm… ¿Lápiz? —preguntó entre dormida y sorprendida al verla rodeada de libros—. ¿Estuviste leyendo toda la noche?

Lápiz alzó la mirada lentamente.—Sí. Aprendí vuestro idioma. Y vuestro tiempo… “antes y después de Cristo”. Los humanos… marcaron su historia alrededor de una sola vida. Curioso.

Tatiana parpadeó, todavía medio dormida.—¿Aprendiste… a leer en una noche?

—Sí —respondió sin emoción—. No es complicado. La información humana es… rudimentaria, pero fascinante.

Tatiana soltó una pequeña carcajada.—Eres un caso raro, ¿sabes? —Se acercó y recogió uno de los libros abiertos—. Este es sobre la Segunda Guerra Mundial… no es el más alegre para empezar.

—Guerra. —Lápiz repitió la palabra con una expresión pensativa—. Los humanos la practican a menudo. En nombre de ideales, poder… o miedo.

No diferente a las gemas…….

Se pregunto si ese Dios al que los humanos alababan seria igual de fuerte como sus Diamantes.

Tatiana se rascó la cabeza y suspiró.—Sí, bueno… así somos. Complicados. Pero también hacemos cosas bonitas. Música, arte, yy inventamos cosas increibles~… —sonrió mientras encendía la tetera—. Aunque a veces olvido por qué vale la pena seguir.

Lápiz la observó en silencio.—Porque pueden cambiar —murmuró al fin—. A diferencia de nosotras.

Tatiana volteó a verla, confundida.—¿Nosotras?

—Las gemas —respondió Lápiz, cerrando el libro con cuidado—. Somos lo que somos desde que nacemos. Ustedes… se transforman con el tiempo. Aprenden. Sufren. Crecen. —La miró directamente, y por un instante, su mirada azul se suavizó—. Eso… es algo que las gemas envidiarían.

Pensamiento propio….esa cosa seria estupenda si se les permitiera a todas las gemas.

Tatiana se quedó en silencio, sin saber qué responder. Luego sonrió débilmente y sirvió dos tazas.—Entonces, si las gemas no pueden cambiar, déjame enseñarte lo que los humanos hacemos cada mañana: empezar de nuevo.

Lápiz tomó la taza que le ofrecía. El vapor se elevaba en pequeñas nubes.Lapiz, no pensó en su encierro, ni en su misión, ni en Tn.

Solo observó el amanecer reflejado en la ventana, mientras el sonido del hervidor llenaba el aire y una humana sonreía frente a ella.

Pasaron las horas, y Tatiana parecía más obstinada que nunca en vestir a Lápiz con algo más acorde al clima.

—No puedes salir así, Lápiz —decía, con las manos en la cintura mientras sostenía un abrigo grueso de lana—. ¡Mírate! Vas a terminar convertida en una estatua de hielo.

Lápiz suspiró con fastidio, su expresión tan neutra como siempre.—No necesito abrigo. Mi estructura no siente frío.

—¡Eso dices tú! —replicó Tatiana, empujándola suavemente hacia la habitación—. Al menos inténtalo, ¿sí? No quiero que la gente piense que te tengo secuestrada o algo raro.

La gema levantó la mano y, sin decir palabra, su cuerpo se iluminó brevemente. Su vestido cambió de textura, volviéndose más grueso, con tonos más oscuros y una capa que caía sobre sus hombros. El aire alrededor se humedeció ligeramente por la manipulación del agua, dejando una fina bruma en el cuarto.

Tatiana se quedó boquiabierta.—¿Pero… cómo hiciste eso? ¡Es increíble!

Lápiz se limitó a responder con calma—Solo adapté mi vestimenta. ¿Así está mejor?

—Muchísimo mejor —dijo Tatiana, sonriendo mientras le colocaba un gorro azul oscuro—. Ahora sí pareces una persona normal y no una… bueno, una modelo.

Lápiz arqueó una ceja.—No entiendo por qué los humanos se preocupan tanto por la apariencia.

Tatiana rió mientras tomaba su bolso.—Porque es divertido. Y porque nadie quiere morir de hipotermia. Vamos, te llevaré al museo. Quiero enseñartelo.

Ambas caminaron por las calles nevadas, y Lápiz observaba todo a su alrededor: los autos, los edificios, el vapor que salía de las bocas de los humanos al hablar.Tatiana saludaba a todos con una sonrisa, mientras Lápiz analizaba en silencio cada detalle del comportamiento humano.

—Ellos… se ven tan tranquilos —murmuró la gema, mirando cómo un grupo de niños reía mientras jugaba con la nieve—. No tienen idea de lo que hay más allá de este planeta.

Tatiana la escuchó, algo confundida.—Supongo que no, pero… ¿no es mejor así? Vivir sin pensar tanto en lo que hay afuera.

Lápiz no respondió. En su mirada había un dejo de tristeza.

Al llegar al museo, el interior era cálido y resonaba con ecos de pasos. Pinturas, esculturas, fragmentos de historia humana decoraban los muros.Lápiz caminó despacio, sus ojos recorriendo los cuadros con curiosidad.

—Los humanos guardan su memoria en imágenes —murmuró—. Son… nostálgicos.

Tatiana sonrió.—Sí, supongo que es nuestra forma de no olvidar lo que fuimos. —Luego señaló una puerta lateral—. Ven, quiero mostrarte algo.

Entraron en una sección más antigua, donde las luces eran tenues. Allí, detrás de una barrera de vidrio, descansaban fragmentos de piedra con inscripciones y tallados. Tatiana cruzó los brazos con orgullo.—Estas son las ruinas de una civilización desconocida. Dicen que estaban aquí mucho antes de nosotros.

Lápiz dio un paso adelante, sus ojos se iluminaron al instante.Las marcas… las reconocía. Eran runas de las gemas.—Esto… esto es nuestro trabajo. —Colocó la mano sobre una de las columnas y un destello azul activó una proyección holográfica.

Tatiana retrocedió, sorprendida.—¿Qué demonios es eso?

La pantalla parpadeó, mostrando símbolos dañados, pero suficientes para que Lápiz los interpretara.—Sistema de búsqueda de cápsulas de transporte. —Su voz sonaba más viva, más enfocada—. Algunas siguen activas….

Memorizó los puntos en su mente, las ubicaciones marcadas en diferentes regiones del planeta. Uno de ellos coincidía con su próximo destino: una cápsula aún operativa en el continente que los humanos llamaban Australia.

Tatiana se acercó lentamente.—¿Terminaste? —preguntó con curiosidad.

Lápiz asintió y se giró hacia ella.—Sí. Y… gracias. Fuiste amable conmigo. —Por primera vez, su voz tuvo un matiz cálido—. Eres la primera humana que lo ha sido.

Tatiana sonrió, visiblemente conmovida.—No es nada, Lápiz. Si algún día vuelves, prometo que te prepararé un cafe mejor que el de ayer.

La gema parpadeó, sin comprender del todo el gesto, pero asintió.Tatiana, sin pensarlo, la abrazó con fuerza.—No sé quién eres realmente, pero… me alegra haberte conocido. Siempre podrás volver a Rusia.

Lápiz la miró, confundida por el contacto, aunque algo en su interior se suavizó.—Volveré. —Su voz fue baja, casi un susurro—. Y te presentaré a alguien importante.

Tatiana rió suavemente.—Entonces es una promesa.

Lápiz le dedicó una leve sonrisa antes de apartarse.Salió del museo, el viento gélido golpeando su rostro. Su objetivo estaba claro: una cápsula en un continente lejano.

—Australia… —murmuró mientras el cielo gris se reflejaba en sus ojos vacíos—. Si llego hasta allí… podré alcanzar la Luna.

Australia se ubica entre las latitudes 10° Sur y 44° Sur, y las longitudes 112° Este y 154° Este. Estas coordenadas cubren la extensión del continente, que se encuentra en el hemisferio sur y es el país más grande del hemisferio sur.

Lápiz caminó hacia la costa más cercana, mientras la nieve comenzaba a caer con suavidad sobre su figura azul.

Lápiz volvió a sumergirse en el mar. El agua la envolvía como un velo familiar, y el silencio bajo la superficie era reconfortante. Solo el sonido de su respiración, lenta y contenida, se escuchaba entre las corrientes. Nadó durante horas, dejando atrás Rusia y sus mares helados. Su mente, sin embargo, no podía evitar recordar el rostro de aquella humana, Tatiana. Una chispa cálida entre tanto frío.

.

.

.

Mientras tanto, a miles de kilómetros, en Ciudad Playa, las Gemas de Cristal seguían debatiendo la situación dentro de la casa. Garnet caminaba en círculos, los brazos cruzados y el ceño fruncido.

—No tiene sentido… —murmuró, con su voz firme—. ¿Cómo fue que nunca supimos que una gema completa estaba atrapada dentro de ese espejo?

Perla, con el ceño apretado y las manos inquietas, respondió mientras revisaba una tabla de datos.—El espejo estaba sellado cuando Rose lo trajo. Jamás emitió señales de energía… asumimos que era un simple artefacto, un registro.

Amatista, tirada en el suelo comiendo papas fritas, habló con la boca llena:—Bueno, ahora ya no lo es. Esa Lápiz nos dio una buena paliza. —Se rió un poco, aunque se notaba la incomodidad detrás de su tono.

Steven, que estaba sentado al borde de las escaleras con la mirada baja, levantó la cabeza.—¿Por qué nunca me dijeron que había una gema encerrada ahí? —preguntó con tristeza—. ¡Pude escucharla! Estaba sola… sufriendo….

Perla lo miró con un gesto preocupado y se acercó, arrodillándose frente a él.—Steven, no todas las gemas son como nosotras. Muchas han servido al Planeta Madre por eras, obedeciendo órdenes sin cuestionar nada. Algunas… —bajó la mirada— son peligrosas.

—¿Y por eso la dejaron encerrada? —replicó Steven con un temblor en la voz—. ¡No estaba haciendo nada malo!

Garnet intervino, con su tono grave y autoritario:—No es tan simple, Steven. No sabemos qué clase de información tiene ni qué hará con ella. Si Lápiz Lazuli logra contactar al Planeta Madre, podría revelar nuestra existencia aquí. Eso pondría en peligro a todos… incluso a ti.

Steven se puso de pie, con frustración.—Pero si nadie intenta hablar con ella, ¡nunca sabremos lo que quiere de verdad!

Amatista se encogió de hombros, metiendo otra papa en la boca.—El niño tiene razón, pero dudo que esa gema quiera charlar después de lo que pasó.

Garnet golpeó la mesa suavemente con el puño, haciendo que todos la miraran.—La encontraremos. A la antigua.

Perla ladeó la cabeza.—¿A la antigua? ¿Te refieres a usar los rastreadores de energía residual?

—Exacto —afirmó Garnet—. Si está usando portales plataformas de teletransportación utilizadas por las Gemas para viajar instantáneamente entre diferentes lugares del espacio y del planeta Tierra. Funcionan como puntos de conexión en una red que permite un transporte rápido. Además, algunas Gemas o seres con habilidades especiales pueden abrir portales, deja un rastro energético. Solo es cuestión de tiempo para localizarla.

Steven la miró con preocupación.—¿Y si ella no quiere pelear? ¿Y si solo está asustada?

—Entonces hablaremos con ella —dijo Garnet, bajando un poco la voz—. Pero si representa una amenaza, haremos lo necesario para proteger la Tierra.

El ambiente se volvió pesado. El mar afuera rugía suavemente contra la costa, como si respondiera a la tensión.

De pronto, Perla levantó la vista, con el rostro tenso.—Hay algo más que debemos considerar.

Amatista frunció el ceño.—¿Qué cosa?

—Peridot. —El nombre quedó suspendido en el aire—. Hace semanas recibimos señales del Planeta Madre. Peridot está supervisando las estructuras abandonadas de la Tierra.

Steven abrió los ojos con sorpresa.—¿Otra gema?

—Sí —asintió Perla—. Una ingeniera del Planeta Madre. Si Lápiz logra contactarla… podría decirle todo sobre nosotras. Sobre Rose, sobre la rebelión.

Garnet apretó los puños.—No podemos permitirlo. Si Peridot informa a las Diamantes que aún existimos, enviarán tropas.

Amatista dejó caer la bolsa de papas y se levantó.—Bueno, eso suena mal. Muy mal.

Steven tragó saliva, sintiendo el peso del momento.—Entonces… ¿qué haremos?

Garnet lo miró directamente.—Nos preparamos. —Su voz sonó firme, casi como un eco de Rose—. Encontraremos a Lápiz antes de que ellas lo hagan.

Mientras el grupo se organizaba, las olas seguían golpeando el acantilado. Muy lejos, bajo el mismo cielo, Lápiz seguía nadando en dirección sur. Su determinación era firme. No volvería a ser prisionera. No esta vez. Y, mientras el agua se agitaba bajo su control, sus pensamientos se reducían a un solo nombre que sus labios repetían entre murmullos.

—Tn… espérame.

.

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.

Lejos.Muy lejos en el espacio.

Dentro del frío brillo metálico de aquella base construida sobre un asteroide muerto, el aire —si acaso podía llamarse aire— vibraba con el sonido de las máquinas y los pasos pesados de las rubíes que patrullaban los pasillos. En el centro de la sala principal, rodeada de luces amarillentas y pantallas holográficas, Jasper observaba detenidamente la figura encadenada frente a ella.

Jasper es una gema alta y musculosa de piel color mandarina con rayas anaranjadas más oscuras en la cara y brazos. Posee una larga cabellera ondulada de color beige y blanco, ojos de color ámbar y su gema está incrustada en la nariz. Físicamente, su complexión es robusta y musculosa, superando en tamaño a la mayoría de las gemas.

La gema cautiva —una obsidiana de nombre Tn— permanecía arrodillada, las manos selladas con campos de energía, la mirada vacía pero encendida con una luz oscura. Su piel tenía un tono gris profundo, casi negro, y de su espalda caía un cabello tan oscuro que parecía absorber la luz del lugar.

Jasper apretó los dientes.—Qué desperdicio… —gruñó, caminando en círculos alrededor de la obsidiana—. Toda esa fuerza, toda esa capacidad destructiva… y terminaste aquí, encerrado como un experimento fallido.

Tn levantó la mirada, su voz era profunda, casi resonante, con un eco metálico que hacía vibrar las paredes.—…sacame….no mas…..cumplido.

Jasper soltó una risa ronca.—¿Cumplido? Las obsidianas podian rebelarse, ¿lo recuerdas? Ustedes casi podian destruir una colonia entera porque “no querían terraformar más mundos”. Diamante Amarillo decidió que eran una amenaza… y tenía razón.

—No éramos ……….una amenaza —replicó Tn con calma, su tono cargado de una dignidad extraña—. planeta madre…prometio que nos enviarian juntos….tierra….no eramos rebeldes.

Jasper lo observó con desdén, aunque por un instante pareció contener cierta curiosidad.—Tus palabras suenan como las de esas Cristal Gems traidoras. No me sorprende que quieras justificarlas.

Tn desvió la mirada, los grilletes brillaron tenuemente.—No las justifico. …….no tuvimos la culpa de la rebelion.

Antes de que Jasper pudiera responder, una pantalla se iluminó a su lado. El rostro verde y geométrico de Peridot apareció en el holograma.—Jasper, necesito tu informe de contención. Y… —Peridot revisó rápidamente unos datos en su interfaz— el Cluster muestra inestabilidad. El proceso de maduración podría tardar más de lo previsto.

Jasper frunció el ceño.—¿Cuánto más?

—Unos ciclos más, tal vez dos. La fusión masiva de gemas rotas no es tan sencilla como creímos. El campo gravitacional de la Tierra está interfiriendo —respondió Peridot con evidente fastidio—.

Jasper golpeó la consola con el puño.—¡Mas ciclos! Eso es inaceptable. Si Diamante Amarillo lo descubre, me mandará a romper roca por cien mil años.

Tn sonrió apenas, una sonrisa cargada de ironía cierta locura escapaba de sus ojos.—Curioso… ustedes, las gemas perfectas, temen a su propio fracaso. ¿Y quién te dice, Jasper, que ese Cluster no hará lo mismo que nosotras? Rebelarse.

Sabia que era esa cosa….la mayoria de sus hermanos Obsidiana sirvio de materia prima para esa cosa.

Jasper se acercó de golpe, sujetando a Tn del cuello con una mano poderosa.—No te atrevas a comparar tus errores con nuestras creaciones. El Cluster es obediente. No tiene conciencia.

—Así pensaban de nosotras —susurró Tn, mirándola directo a los ojos—. Hasta que despertamos….aghgh solo queriamos irnos dle conflicto.

Por un segundo, las palabras resonaron en la sala como una advertencia profética. Jasper lo soltó con brusquedad, volviendo a su posición.—Hablas demasiado para alguien que está encadenado.

—Y tú escuchas demasiado para alguien que pretende no tener miedo —replicó Tn, con calma casi insolente antes se abria quedado callado o solo rogaria para ir con lapiz……dejalo con una gema y una mesa de experimentacion y perderia la poca cordura.

Peridot se tomo muy en serio su trabajo de investigacion,la gema no alvergaba odio en ella, pero su trabajo fue claro, o la propia diamante enviaria a alguien mas calificado.

Desde el holograma, Peridot carraspeó.—Ejem… Jasper, recuerda que la muestra debe mantenerse estable. No rompas su estructura, necesitamos sus datos. Si lo destruyes, Diamante Amarillo nos hará responsables a las dos.

—Lo sé, Peridot —gruñó Jasper, girándose hacia el holograma—. Pero dime algo… ¿qué quiere exactamente el Consejo con este trozo de piedra?

Peridot ajustó sus visores.—Información genética y energética. Si logramos entender cómo una Obsidiana canaliza la sombra y el vacío sin fragmentarse, podríamos recrear un nuevo tipo de soldado… sin conciencia. Sin voluntad.Oh eso dijo el informe meh no se porque se complican tanto si tenemos maquinas.

Tn bajó la mirada, murmurando con una voz tan baja que apenas se oyó—Entonces volverán a repetir el ciclo.

Jasper cruzó los brazos, mirando al prisionero con una mezcla de desprecio y respeto silencioso.—Si tanto odias a las gemas, Obsidiana, deberías sentirte orgulloso. Tu dolor servirá para mejorar a las futuras generaciones.

Tn levantó la vista, los ojos brillando con una luz oscura e insondable.—No, Jasper… servirá para otra cosa…..

El silencio que siguió fue tan pesado que ni las rubíes se atrevieron a moverse. Las luces del asteroide parpadearon, y por un instante, algo en los sensores pareció reaccionar al pulso de energía que emanaba de la gema cautiva.

Peridot observó los indicadores con alarma.—Jasper… su energía acaba de fluctuar. Está resonando con algo fuera del rango de control….

Jasper retrocedió un paso, los ojos entrecerrados.—¿Qué demonios eres tú, realmente?

Tn sonrió con una calma perturbadora.—Nada importante….solo que me estoy cansando…

El sonido de las alarmas empezó a retumbar, mientras las luces del laboratorio temblaban. Algo antiguo, olvidado en los circuitos de la base, comenzaba a despertar.

La cordura y estabilidad se perdia, si no podia dialogar con quienes fueron sus hermanas, entonces tomara todo a la fuerza.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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