Waifu yandere(Collection) - Capítulo 205
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- Capítulo 205 - 205 Leonardo da Vinci part 8 Fgo
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205: Leonardo da Vinci part 8 Fgo 205: Leonardo da Vinci part 8 Fgo Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.
Agrego personajes no me pertenecen.
Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.
Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.
ok lectores…..esta cosa ya casi se acaba y como sabrán se viene trama singularidad 7w7.
Fue bueno mientras duró yo le soy mmmmm unos dos o tres capítulos para finalizar con leo……aunque como me gustan los What if jejejejejej luego veremos que pudo salir mal.
_______________________________________________________ Estaba irritada, pero ya casi finalizaba.
Tenía todo listo.
Los cálculos, los planos, los componentes… todo encajaba con una precisión casi divina.
Sonrió con una mezcla de alivio y sorna: ese proyecto era su obra más secreta, más íntima, y quizás… la más peligrosa.
Salió corriendo del taller, el corazón latiendo rápido.
El eco de sus pasos por los pasillos de Chaldea la hacía parecer una sombra movida por la urgencia.
Necesitaba verlo.
Necesitaba tenerlo.
No como colega, no como experimento, sino como aquello que su mente había intentado negar tantas veces: el único que la había hecho sentir realmente viva.
Cuando lo encontró, Tn estaba tranquilo, sentado junto a la ventana, pincel en mano.
Pintaba algo simple, casi doméstico: un cielo, una luna incompleta, y una figura borrosa al fondo.
Al verla, levantó la mirada y sonrió con esa calma que siempre desarmaba a Da Vinci.—Oh, Leo —dijo con suavidad—.
Llegas justo a tiempo, acababa de terminar…se te ofrece algo.
Ella se detuvo, observando el cuadro.
Su pecho se apretó.—¿Así me llamas aún?
—preguntó con una media sonrisa, aunque sus ojos se humedecieron apenas.
—Siempre lo haré.
—Tn apoyó el pincel—.
Eres mi mejor amiga… mi hermana de ciencia.
¿Por qué no habría de hacerlo?
Da Vinci rió, pero fue una risa vacía, casi quebrada.
Caminó hasta él, tomó sus manos con una delicadeza inusual, como si tuviera miedo de que se deshiciera entre sus dedos.—Tn… si pudieras volver atrás… —dijo ella con un hilo de voz—, ¿cambiarías algo?
¿Cambiarías todo lo que fuiste… todo lo que hicimos?
Una pregunta.Una respuesta.
Tn se quedó pensativo.
Luego sonrió con esa tristeza serena que tanto la atormentaba.—Nunca me arrepentí, Leo.
Viví como quise, morí como debía.
No me arrepiento de no haberte entregado a la Iglesia… ni de haber seguido tus locas teorías sobre el mundo.
—Entonces… —ella apretó sus manos con fuerza— ¿no te arrepientes de dejarme atrás?
El silencio se volvió pesado.
Tn no supo qué responder, pero Da Vinci apartó las manos lentamente, su cabello cayendo sobre el rostro.—Cuando moriste —susurró— y quemaron tu cuerpo junto a tus pinturas de astronomía… huí.
Fui a Francia.
Francisco I me protegió.
Dijo que era una joya del mundo, que mis ideas eran revolucionarias.
Me dio un castillo, me trató como a un tesoro.*risa* Incluso medio un titulo pomposo “Primer Pintor, Ingeniero y Arquitecto del Rey”.Pero… —su voz se quebró— nunca dejó de cortejarme.
Y aun así… lo rechacé.
Por ti.
Leonardo se trasladó a Francia en 1516, bajo el patrocinio de Francisco I, quien lo nombró “Primer Pintor, Ingeniero y Arquitecto del Rey” y le proporcionó el Castillo de Clos-Lucé en Amboise.
Ella habia huido cuando la caceria de la iglesia atormento.A tantos hombres de ciencia.
Tn bajó la mirada, sintiendo una punzada en el pecho.—Leo….
—No digas nada —interrumpió ella con un gesto suave, acercándose aún más—.
Él me preguntaba por qué rechazaba su cariño, y yo solo pensaba en ti.
En tu sonrisa… en la forma en que decías que el mundo podria cambiar si personas como nosotros hacian algo….No te equivocaste.
Da Vinci se detuvo frente a él, sus ojos brillando con una intensidad casi febril.—¿Sabes lo que es pasar siglos con un corazón que no envejece?
Ver morir todo… y seguir recordando un rostro que nunca debería haber existido en este tiempo.
—Soltó una risita amarga—.
Supongo que eso también es una forma de inmortalidad.
Tn la observó, y por un instante, creyó ver algo detrás de la máscara de genio: una mujer perdida entre siglos, atada a una obsesión que ni el tiempo ni la ciencia pudieron borrar.—Leo… yo no sé si lo que sientes es amor o culpa.
Pero… —extendió su mano— sigo aquí.
No en el pasado.
En este momento.
Ella lo miró, dudando.
Sus dedos temblaron antes de rozar los de él.—No, Tn… —murmuró con una sonrisa rota—.
Eres el eco de lo que perdí… y yo soy el error que intentó rehacerte.
La pintura sobre el caballete quedó entre ellos, inacabada.
La luna seguía incompleta, como si esperara el toque final… o el fin de una historia que ambos sabían que no podría repetirse.
Terrible respuesta………..
Da Vinci bajó la mirada, la voz quebrándose al pronunciar aquellas palabras.—Perdóname, Tn… —susurró.
Tn apenas alcanzó a levantar la cabeza, confundido, cuando los guantes de Da Vinci se materializaron en sus manos, emitiendo un brillo azulado.—¿Leo…?
¿Qué estás—?
El golpe fue rápido, certero, eléctrico.
Un destello recorrió el cuerpo de Tn, paralizándolo.
El aire chispeó, un olor a ozono llenó la habitación, y su cuerpo cayó al suelo sin siquiera poder gritar.
Era un caster de rango medio con un Np poderoso.Pero era un tanque de cristal.
—Lo siento… de verdad lo siento —murmuró ella, temblando mientras lo observaba—.
Pero si te lo hubiera explicado, tú habrías dicho que no.
Y no puedo soportar otro “no” tuyo.
Tn, inconsciente, yacía en el suelo, su cuerpo aún con leves espasmos por la descarga.
Da Vinci respiró hondo, guardó los guantes y se inclinó sobre él, apartando un mechón de su frente con ternura.—Te prometí que arreglaría todo, ¿recuerdas?
Que haría que el pasado y el futuro se reconciliaran… —sus labios se curvaron en una sonrisa triste—.
Y esta vez, no fallaré.
Con un esfuerzo casi sobrehumano, lo cargó entre sus brazos y lo llevó de vuelta a su taller.
El lugar estaba lleno de planos, tubos de energía mágica y una máquina enorme conectada a un Santo Grial sellado en un contenedor de cristal.
Al colocarlo sobre una camilla metálica, el sonido de las válvulas llenó el aire.
La computadora comenzó a emitir una voz sintética, neutra, pero solemne:.
«Iniciando singularidad: Venecia, año 1472.
Ajustando proyección temporal.
Reconfigurando cuerpos base».
El corazón de Da Vinci latió con fuerza.
Aquella fecha… la suya.—Venecia… cuando todo empezó —murmuró, casi con reverencia—.
Cuando aún podía mirar al cielo sin preguntarme nada.Y lo mejor de todo la odiosa iglesia no estara ahi.
Joderia decadas de historia humana…….
Valia la maldita pena.
Miró a Tn, su expresión entre la ternura y la locura contenida.—Al fin, lo logré.
—Su sonrisa se ensanchó, casi infantil—.
Al fin tendré lo que quise… lo que debí tener.
Ella configuro la maquina, en teoria ella estaria en sus 20 y Tn estaria en ese rango de edad.Cuerpo fertil y voluminoso.Jackpoint.
El Grial comenzó a vibrar, su superficie líquida brillando con un resplandor dorado.Tn se agitó un poco, inconsciente, su cuerpo reaccionando al poder que se acumulaba alrededor.
—Shhh… tranquilo, amore mio.
—Da Vinci acarició su mejilla—.
No dolerá.
No como antes.
Solo dormirás… y cuando despiertes, serás libre.
Libre de tu pasado, libre de tus heridas… libre de la muerte.
La computadora continuó:.
«Advertencia: Energía del Grial inestable.
Contención superada en 37%.
Riesgo de retroceso temporal elevado».
Da Vinci tecleó con rapidez, sudando.—¡No me importa!
¡Que se rompa el tiempo si es necesario!
—gritó, con una voz que ya no era la del genio sereno de Chaldea, sino la de alguien al borde del abismo—.
¡Solo hazlo!
«Confirmando orden manual.
Sobrescritura mental parcial: iniciada».
El aire se volvió denso.
Rayos de luz púrpura y dorada comenzaron a brotar del Grial, extendiéndose por los cables y la maquinaria.
Las pantallas mostraban diagramas cerebrales, líneas de ADN y patrones espirituales.
—Adiós, Tn… el que fuiste —susurró Da Vinci, colocando su mano sobre el pecho de él—.—Bienvenido a casa, mi Tn.
Mi igual.
Mi sueño renacido.
La luz la envolvió.
El Grial tembló, y la máquina rugió como si el mismo tejido de la realidad estuviera siendo rasgado.
Por un instante, la imagen de Tn en la camilla se distorsionó, su cuerpo parpadeó entre el actual y el de un joven de cabello corto y ropas del Renacimiento.
Da Vinci lo observó, lágrimas cayendo por sus mejillas, mientras el mundo a su alrededor comenzaba a plegarse.
«Transferencia en curso.
Singularity Venice 1472… estabilizando».
Ella rió suavemente, entre la euforia y la desesperación.—Lo conseguí… lo conseguí, Tn.
Esta vez… viviremos como debimos hacerlo.
Juntos, en la ciudad donde empezó todo.
El resplandor final llenó la habitación, y Chaldea quedó en silencio.
Solo el eco del sistema repitiendo la última línea permaneció:.
«Destino alterado.
Historia reescrita».
.
.
.
Venecia, 1472.
La ciudad resplandecía bajo un sol pálido que se reflejaba sobre las aguas del Gran Canal.
Las góndolas, impulsadas por motores de engranajes y vapor, se deslizaban suavemente entre estructuras renacentistas coronadas con antenas de cobre y cristal.
Las campanas ya no repicaban por Dios, sino por los cambios de turno en los talleres de inventores y filósofos.
Era un mundo que mezclaba el hierro y el mármol, el arte y la ciencia.
Un mundo donde la inquisición nunca había existido, y el progreso se había vuelto religión.
El estilo steampunk fusiona la tecnología a vapor y la estética de la era victoriana con un toque de ciencia ficción retrofuturista.
Se caracteriza por diseños que mezclan moda decimonónica, como corsés y trajes elegantes, con elementos mecánicos como engranajes, máquinas de vapor, dirigibles y autómatas.
Si le preguntaras a un infante que era o fue la iglesia este responderia que fueron una secta loca que queria eliminar la ciencia.
Pero lograron erradicarlos.
Los heroes de la ciencia gobernaron el tiempo y mundo.
Para proteger europa construyeron un gran domo.Alejado de los problemas que el resto del planeta tenia que dar.
.
.
.
Da Vinci gimió al despertar.
Un tenue dolor le recorrió el cuerpo, pero al mirar sus manos… jadeó, incrédula.—…Lo hice.
—Su voz tembló, humana, cálida, imperfecta.
La piel tenía temperatura, peso, y la sangre corría bajo sus venas.
No era un cuerpo de éter ni de circuitos mágicos—.
Estoy viva.
De verdad… viva.
Sus dedos rozaron su pecho, sintiendo los latidos del corazón.—Jodidamente viva.
—Rió, un poco histérica, un poco maravillada.
Giró el rostro hacia la cama a su lado.
Allí, sobre sábanas blancas, Tn dormía profundamente.
Su respiración era tranquila, y su semblante, joven.
Los rasgos del hombre que una vez conoció, pero suavizados por la inocencia de quien aún no cargaba con el peso de la muerte.
—Dulce cielo… —murmuró, acercándose lentamente—.
Hasta tus pestañas son iguales….
La voz metálica resonó en su mente, fría y mecánica:.
«Singularidad Venecia, año 1472: estabilizada.
Memoria del sujeto Tn: reescritura en proceso.
Recordatorios residuales… detectados.
Nivel de sincronización: 92%.».
Da Vinci alzó la vista al techo, exhalando con una sonrisa fatigada.—Sí, sí, ya lo sé.
No me des estadísticas ahora… déjame saborear el aire.
—Se levantó, tambaleante, y se acercó a la ventana.
El aire de Venecia era húmedo y lleno de vida.
Se respiraba aceite, metal, pan recién horneado y el perfume salado del mar.
Las torres y talleres se extendían en el horizonte, y en lo alto del Palacio Ducal ondeaba un estandarte con el símbolo de un sol rodeado de engranajes.
—Ah… —susurró, con los ojos húmedos—.
Lo hice.
Maldije siglos de historia humana, pero lo logré.—Jodí a la Iglesia, al Orden, y al propio tejido de la realidad… Chupate esa puta Jeanne—rió suavemente, con ironía y triunfo—.
Pero al carajo todo eso.
Él está aquí.
Cerró los ojos y se apoyó contra la pared, dejando que el viento le moviera el cabello.
Detrás de ella, Tn murmuró algo entre sueños.—…Leo… ¿ya terminaste el modelo del ala delta?
Hay ternurita.
Da Vinci se giró lentamente, conteniendo el aliento.
Lo vio girarse sobre la cama, aún medio dormido, sonriendo como si nada malo hubiera pasado nunca.—¿Tn…?
—susurró, acercándose con cautela.
Él abrió los ojos.
Tenían el mismo brillo que recordaba de su juventud: esa chispa que no pertenecía a ningún sistema ni a ningún santo, sino al fuego puro de la curiosidad.
—Buenos días, Leo~.
—Le sonrió, sin rastro de dolor o sospecha—.
Tu taller sigue siendo un desastre…..
Da Vinci se quedó muda por unos segundos, la garganta apretada.
Luego soltó una carcajada suave, húmeda, llena de emoción.—Ja… sí, lo es.
Supongo que algunas cosas nunca cambian.
—¿Dónde estamos?
—preguntó Tn, mirando por la ventana, sin notar del todo el brillo mecánico del cielo—.
Esto… ¿es tu habitacion?
Da Vinci se acercó, colocó su mano sobre la suya y le respondió con voz tranquila—Sí.
Mi habitacion… nuestro hogar.
Dime acaso no recuerdas que me ayudarias con algo.
Tn entrecerró los ojos, confundido.—Eso… suena raro en ti, Leo.
No….*suspirar* Creo que estoy algo cansado.
Da Vinci sonrió, aunque sus manos temblaban ligeramente.—Shh tonto no necesitas preocuparte demasiado.
Tn asintió lentamente, aún desorientado, y se volvió a mirar el paisaje.—Es hermoso.
—Dijo con una calma serena—.
Aunque… no sé por qué, siento que algo falta.
Como si olvidara algo importante.Segura que no tenemos otro encargo de los Medici.
Ella se inclinó sobre él y rozó suavemente su frente con la suya.—No pienses en eso.
Yo me encargo.
Tn la miró por un momento, luego suspiró.—Etsa bien Leo dormire otro rato.
Da Vinci sonrió, aunque en sus ojos danzaba un brillo culpable.—Si tal vez eso te ayude.
Pero ahora… ya no importa.
El sonido de las campanas mecánicas se alzó en la distancia.
Venecia había despertado, y con ella, un mundo nuevo.
Pero.
Venecia, 1472 — o al menos, lo que la historia recordaría como tal.
Tn se durmío aún, respirando con una calma perfecta.
Da Vinci lo observó por unos segundos desde la puerta, una sonrisa agotada pero satisfecha curvando sus labios.El corazón de él latía, su piel tenía calor, y su mente… estaba limpia.No quedaba nada de la sangre, el fuego ni los gritos del calabozo donde había muerto defendiendo su nombre.
Para Tn, solo existía este mundo.
Un mundo donde Leonardo da Vinci nunca fue un espíritu heroico, sino una mujer de carne y hueso.
Donde nunca hubo Chaldea, ni magos, ni guerras santas.
Solo arte.
Ciencia.
Y ellos dos.
—Descansa, mio caro… —susurró ella, alisándole el cabello con ternura—.
Ya no hay cadenas, ni inquisidores, ni órdenes que nos separen.
Solo esto.
Nuestro renacimiento.
Salió de la habitación con pasos ligeros, el eco de sus botas resonando por los pasillos de mármol y cobre.
El amanecer bañaba las ventanas con un brillo dorado que parecía líquido.Bajó las escaleras y llegó al comedor, un amplio salón adornado con relojes de péndulo y autómatas que servían café y pan.
Da Vinci respiró profundamente.—Huele a casa… Diablos tendre que actuar como ama de casa si quiero tener hijos corriendo por aqui—murmuró, con una sonrisa que no recordaba haber sentido en siglos.
Se sirvió una taza y, mientras revolvía el azúcar, activó el comunicador incrustado bajo su muñeca.
Un tenue zumbido le avisó que la inteligencia del sistema —su “computadora”— seguía operativa dentro de esta realidad reescrita.
[SISTEMA: ONLINE.][Verificando integridad de la Singularidad Venecia… completado.].
—Informe del estado actual —ordenó con voz calmada.
[Estructura estable al 99,7%.
Un domo energético cubre todo el continente europeo.][Más allá de ese límite, la existencia física se disuelve.
El planeta carece de territorios fuera de Europa.].
Da Vinci dio un sorbo al café y soltó una risita suave.—Europa… el centro del mundo.
Como siempre soñaron los reyes y filósofos.
Qué conveniente.
[La expansión de la ciencia eliminó toda influencia eclesiástica.
La “iglesia” no existe en esta línea temporal.][Gobierno actual: Consejo de Inventores.
Sistema social: meritocracia científica.].
Da Vinci arqueó una ceja, entretenida.—Un consejo de inventores gobernando el mundo… ¿y aún me sorprendo de que haya funcionado?
—dijo con sorna—.
Aunque, si eliminamos los dogmas, algo teníamos que poner en su lugar.
Apoyó la barbilla en su mano, pensativa.—Dime, computadora.
¿Cuál es mi papel en esta… utopía steampunk que acabo de fabricar?
[Leonardo da Vinci, humana, inventora y filósofa.
Profesora titular en la Academia de Ciencias Avanzadas de Florencia.][Reconocida como una de las fundadoras del Consejo de Inventores.].
—¿Y Tn?
—preguntó con un leve temblor en la voz, aunque ya conocía la respuesta.
[Tn, artista y pintor reconocido.
Mecenas: familia Medici.
Estado: humano.
Recuerdos previos, eliminados con éxito.].
Da Vinci sonrió con satisfacción.—Perfecto… —murmuró mientras entrelazaba los dedos—.
Un pintor bajo el amparo de los Medici, y una inventora a cargo de la academia.
Todo encaja… como si el destino se hubiera reescrito con precisión mecánica.Bien bien Da vinci~ te ganaste un merecido descanzo.
Se levantó, paseándose por el comedor mientras observaba los grabados de su casa: bocetos de alas mecánicas, planos de relojes, y retratos que nunca antes había tenido tiempo de pintar.Su cuerpo se sentía cálido, más real de lo que jamás lo había sentido en su vida como servant.
Podía sentir el pulso en las sienes, el sudor, la tensión muscular.
Era humana, con todo lo que eso implicaba.
—Así que, Osakabehime… tus sistemas sirvieron de algo, después de todo.
—Rió para sí misma—.
Qué ironía.
Aunque la diminuta bomba implantada en ese utero solo por dibujar a Tn con otras mujeres deberia activarse en cuenta ella quiera manosearse.No la matara, pero si la hara sufrir.
[Advertencia: anomalías cuánticas detectadas en el perímetro del Domo.].
Da Vinci giró los ojos.—Oh, no empieces con tus advertencias.
Hoy no.
[Posibilidad de intrusión: 0,04%.].
—Lo tomaré como un cumplido.
Terminó su café, dejando la taza sobre la mesa, y miró hacia la escalera por la que había bajado.Su voz se suavizó, apenas un susurro.—Si todo sigue estable… quizás mañana podamos ir a Florencia.
Presentarte ante los Medici, ver tu taller, tus cuadros.
—Sonrió con nostalgia—.
La historia nos debía esta vida, Tn.
[Confirmación: parámetros vitales del sujeto Tn estables.
Reescritura completa al 100%.].
Da Vinci cerró el comunicador y exhaló lentamente, con una mezcla de alivio y vértigo.—Entonces… el sueño renació.
Se quedó unos segundos en silencio, observando cómo el vapor de su café se desvanecía entre los rayos del amanecer.Luego, sonrió con un brillo travieso.—Bueno… veamos qué tan lejos puedo llevar este “mundo perfecto” antes de que alguien lo note.
El reloj de engranajes marcó las ocho de la mañana.Venecia bullía afuera, los canales repletos de barcos metálicos y risas.El Renacimiento había vuelto a nacer, sin Dios, sin Iglesia, sin muerte.Solo ella.
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