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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 206

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Capítulo 206: Pyrrha Nikos part 7 Rwby

Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores. Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.

Para los que piden lore de zzz yandere…..Nicole Demara Hargreeves tendrá su aparición pronto o si alguien la pide en sugerencias luego.

___________________________________________________________________

Weiss apretaba los dientes, el rostro encendido mientras Tn sostenía su pierna con cuidado. Cada estiramiento era una mezcla de alivio y tortura; el músculo tenso temblaba bajo sus manos, y ella sentía cómo el calor del esfuerzo subía hasta su rostro.

—Relájate, si resistes más, dolerá peor —murmuró Tn con calma, moviendo la pierna con cuidado.

—¡N-no puedo relajarme con tus manos ahí! —replicó Weiss, entrecortando su voz por el dolor y la vergüenza.

Tn suspiró. —Estoy intentando ayudarte, Weiss. No lo complicas, ¿sí?

Ella apretó los puños, mirando hacia otro lado, con las mejillas encendidas como brasas. Cada vez que el músculo se estiraba correctamente, un pequeño gemido de dolor se le escapaba, y aquello solo empeoraba su humillación.

—Ya casi… —dijo Tn, manteniendo el estiramiento unos segundos más. Luego soltó su pierna con cuidado y se sentó atrás—. Debería mejorar un poco, pero no vas a poder caminar sin ayuda.

Weiss asintió débilmente, respirando agitada. Su orgullo la estaba matando más que el dolor.

—Entonces… llévame a mi habitación —murmuró con voz baja, evitando mirarlo.

—¿Estás segura? —preguntó Tn.

—Sí —replicó ella rápido, con un tono seco—. Solo… llévame.

Tn se incorporó, pasó un brazo bajo sus piernas y otro por su espalda. Weiss soltó un leve quejido al ser levantada en brazos, y enseguida escondió su rostro contra su pecho, el color de sus mejillas rivalizando con el de la capa de Ruby.

—¿Duele demasiado? —preguntó Tn, mirando hacia ella.

—Ahh~ N-no… —murmuró Weiss, enterrando más el rostro en su camisa—. Solo… cállate y llévame.

Tn sonrió apenas. —Entendido, Su Alteza.

Con paso firme, la llevó de regreso a la academia, ignorando las miradas curiosas de algunos estudiantes que lo veían cargar a la heredera Schnee en brazos. Weiss no decía una palabra, solo escondía más el rostro, deseando que el suelo se la tragara.

Cuando llegaron al dormitorio del equipo, Tn empujó suavemente la puerta con el pie.

Yang, recién salida del baño, tenía una toalla sobre los hombros y un par de marcas moradas en el cuello. Murmuraba algo sobre una “pelirroja salvaje” mientras se veía al espejo.

—Maldita Pyrrha… juega sucio —rezongó, sobándose la marca de mordida justo donde su pecho se tornaba roza por el pezon.

Al escuchar la puerta abrirse, giró con curiosidad, y su sonrisa apareció apenas vio la escena.

—Bueno, bueno, bueno… —dijo con tono juguetón—. ¿Qué tenemos aquí? El príncipe azul cargando a la princesa herida. ¿Qué, Weiss? ¿Se les fue la mano con el snu snu?

Weiss casi se atraganta con el aire.

—¡¿Qué dijiste, Yang Xiao Long?! —gritó, roja hasta la raíz del cabello—. ¡No digas cosas tan obscenas!

Yang soltó una carcajada sonora. —Vamos, era broma. No te pongas tan tensa… bueno, más de lo que ya estás.

Tn suspiró, depositando a Weiss con cuidado sobre su cama. —Duele verla más roja que tu hermana—comentó con una sonrisa leve.

—¡No ayudes, Tn! —gritó Weiss, ocultando de nuevo el rostro con la almohada.

Yang se apoyó en la puerta, sonriendo divertida. —Al menos admito que mi equipo es entretenido. Tenemos a la diva, al caballero, y a la rubia sexy.

Tn cruzó los brazos, negando con la cabeza. —Si lo ves así, reina a lo grande, Yang.

Yang levantó el pulgar con una sonrisa confiada. —Claro que sí, pequeño héroe.

Weiss gruñó entre la almohada, queriendo desaparecer del mundo.

.

.

Ruby estaba sentada en el suelo, rodeada por piezas metálicas, tornillos y un par de planos arrugados. Su lengua asomaba apenas por el borde de sus labios mientras ajustaba el cargador de su nuevo proyecto con un pequeño destornillador. Desde que el profesor Ozpin la nombró líder del equipo, había tratado de distraerse en algo que le devolviera la confianza, aunque su taller improvisado parecía más un campo de batalla que un área de trabajo.

Era curioso: ella, la más joven, ahora debía liderar a una campeona nacional, a una hiperactiva que podía derribar un Beowolf de un golpe, y a un chico que apenas hablaba pero siempre obedecía.

Mientras pensaba eso, el silencio fue roto por un portazo repentino.

—¡AH! —Ruby dio un brinco y el destornillador voló de sus manos—. ¡Casi me das un infarto!

La puerta había golpeado contra la pared, y en el marco estaba Pyrrha, la pelirroja de rostro serio, el cabello húmedo pegado a su frente y un aura de frustración casi palpable al parecer descargo su furia durante un par de horas. Ruby le sonrió nerviosa.

—E-eh… ¡Buenos días, Pyrrha! ¿Todo bien? —intentó saludarla con una sonrisa temblorosa.

Pyrrha apenas la miró. Su mirada parecía perdida, como si estuviera cargando algo dentro que no podía soltar. Sin responder, pasó junto a ella y se encerró en el baño. A los pocos segundos, Ruby escuchó el sonido del agua correr.

Ruby suspiró, dejando caer los hombros.—Creo que no fue un buen día para decirle que soy la nueva líder….

Entonces, Nora apareció desde el pasillo, balanceando sus caderas con un trasero más grande que su cabeza (ruby) y saludando con energía.—¡Ruby! ¡Capitana Ruby Rose! —dijo con exagerado entusiasmo.

Ruby se giró rápido, nerviosa. —¿Q-qué? ¿Capitana?…Mouuuu no hace falta que me digas asi.

Nora soltó una risita. —¡Por supuesto! ¡Te designe como la capitana! Aunque…Mmm —se acercó bajando la voz— …creo que Pyrrha no está muy feliz con eso.

Ruby suspiró, dejando el desarmador a un lado. —Sí, lo noté. Entró como si quisiera romper la puerta y ahora está en la ducha. No me miró, no me habló….

Nora encogió los hombros. —Nah, no te preocupes, lo harás bien. Eres linda, simpática, y sabes gritar órdenes. ¡Eso es de líder!

Ruby levantó la mirada con una mezcla de sorpresa y confusión. —¿Saber gritar órdenes?

—¡Sí! —dijo Nora riendo—. Además, si algo sale mal, ¡yo golpeo lo que haga falta hasta que funcione!

Ruby sonrió débilmente. —Eso no suena muy… estratégico.

—Por eso tú eres la líder —respondió Nora, guiñándole un ojo—. Yo solo soy la artillería divertida.

Se hizo un breve silencio. Ruby volvió a su proyecto, ajustando una pequeña cámara en el cañón del arma. Nora la observó curiosa.—¿Qué haces?

Ruby sonrió apenas. —Es un regalo… para Tn.

—¿Para el chico popular? —preguntó Nora, sorprendida—. ¿El que le salvó la vida a Yang?Mmm me gusta, parece agradable y quisiera probar quien de los dos aguantaria mas descargas de rayos.

Ruby asintió. —Sí. Fue mi primer amigo aquí en Beacon… —murmuró con un toque de nostalgia—. Pensé que si le daba un arma que combinara con su estilo, sería algo especial.

—Awww, ¡eso suena romántico! —dijo Nora con una sonrisa traviesa.

Ruby se puso colorada de inmediato. —¡N-no es romántico! Es solo… un gesto de amistad… de gratitud… de… —suspiró, dándose por vencida—. Olvídalo.

Nora rió, golpeando amistosamente el hombro de Ruby. —Tranquila, tranquila, lo entiendo. Pero, oye… si es para Tn, más te vale que sea impresionante. Ese chico tiene a medio Beacon siguiéndolo con la mirada.

Ruby apretó un tornillo con fuerza y sonrió con determinación. —Lo será. Voy a hacer que sea un arma digna de alguien como él.

El sonido del agua en la ducha cesó, y Ruby escuchó los pasos de Pyrrha saliendo del baño. La campeona se veía más tranquila, aunque aún tenía el ceño fruncido. Al verla, Ruby se enderezó con una sonrisa tensa.

—B-buenos días otra vez, Pyrrha. Estaba… trabajando en algo especial.

Pyrrha la observó unos segundos, sin responder. Luego simplemente asintió y se dirigió a su cama, secando su cabello con una toalla. Ruby sintió el ambiente volverse más tenso, pero no dejó que eso la detuviera.

—Haré que esto funcione —murmuró para sí, apretando el mango de su herramienta—. No solo como líder… también como amiga.

Pyrrha solo se acostó en su cama, el cuerpo aún húmedo por la ducha, y sacó su pergamino. La luz azulada del dispositivo iluminó su rostro, reflejándose en sus ojos verdes con una calma fingida. Deslizó el dedo por la pantalla hasta llegar a los foros de la academia, donde los fans hablaban sin descanso sobre Tn.

Algunos posteos tenían su nombre junto al de él, con montajes de ambos en torneos, combates o incluso entrenando juntos. En la mayoría, los usuarios los llamaban “los campeones gemelos”. Pyrrha sonrió suavemente.—Vaya… —murmuró para sí—. Al menos alguien más ve lo bien que combinamos.

Diablos como queria manosearse, pero no podia con las chicas en el mismo cuarto.

En el otro extremo de la habitación, Ruby seguía trabajando sobre la mesa de su lado, con piezas metálicas, resortes y balas desparramadas por todos lados. Llevaba más de una hora calibrando el mecanismo de la espada-escopeta que estaba construyendo.—A ver… si ajusto el perno aquí… debería tener más estabilidad cuando cambie de modo… —masculló con la lengua asomando entre los labios, concentrada.

El chasquido repentino de la hoja saliendo casi la hizo saltar.—¡¡AAAH!! —gritó Ruby cayendo de espaldas, el arma vibrando sobre la mesa.

Pyrrha giró la cabeza de inmediato, dejando su pergamino sobre la cama.—¿Ruby? ¿Estás bien? —preguntó, incorporándose un poco.

Ruby se levantó tambaleante, con el cabello despeinado y una expresión entre susto y vergüenza.—¡Estoy bien, estoy bien! Solo… solo que casi me saco un ojo con mi propia espada… —bufó frotándose la frente.

Pyrrha soltó una pequeña risa, suave pero sincera.—Quizás deberías dejar las armas con gatillo oculto para los ingenieros de Atlas, ¿no crees?

“Perra enana debiste quedarte tuerta asi Tn no se fijaria en una lisiada”.

Ruby infló las mejillas.—¡No! Esta va a funcionar. Es para Tn, y quiero que sea perfecta —replicó con determinación, volviendo a tomar el arma.

Oh….no.

—¿Para Tn? —repitió Pyrrha, arqueando una ceja, aunque intentó que sonara casual.Sin saberlo su mano izquierda tratando de buscar su lanza.

Ruby asintió mientras giraba la espada en sus manos, revisando la junta del cañón.—Sí. Fue el primero en ayudarme cuando llegué… y además, salvó a Yang. Pensé que sería lindo hacerle un regalo, algo que combine con su estilo de pelea.

—Mmm… —Pyrrha se recostó de nuevo, cruzando las piernas con aparente serenidad, pero sus ojos no se apartaban de Ruby—. Es un gesto… muy considerado de tu parte.

Ruby no notó el matiz en su tono. Seguía probando el mecanismo, hablando consigo misma.—Si la hoja se divide justo en el cañón, puedo cargarle dos disparos rápidos… aunque el retroceso podría romper la articulación… —murmuró, haciendo girar el tambor—. Quizás si uso una aleación más liviana….

De repente, el cañón se trabó, emitiendo un chasquido metálico.Ruby frunció el ceño.—Ugh, otra vez… —gruñó—. Voy a tener que calibrarlo mejor.

Dejó el arma sobre la cama con un suspiro y se estiró, los brazos por encima de la cabeza mientras el sonido de sus articulaciones resonaba.—Ahh… creo que me gané un descanso. Tengo hambre… ¿ustedes no?

Pyrrha levantó la vista, cerrando el pergamino con un leve movimiento de los dedos.—Tal vez deberíamos bajar al comedor. Seguro Ren preparó algo.

—¡Siii! —entró Nora repentinamente a la habitación, casi derribando la puerta con su energía—. ¡Ren está haciendo panqueques! ¡Y jarabe! ¡Y crema! ¡Y—!

Ruby rió con nerviosismo.—Ok, ok, Nora, ya entendí… panqueques.

Mientras las tres chicas se preparaban para salir, Pyrrha echó una última mirada a la mesa, donde el prototipo de Ruby descansaba reluciente bajo la luz del dormitorio. Su sonrisa volvió, aunque más tenue.—Una espada-escopeta para Tn… —susurró para sí misma—. Qué detalle tan dulce, Ruby….

Pero mientras salía de la habitación, su mirada reflejaba algo más que simple dulzura. Una chispa de competencia, quizás. O algo más profundo, más difícil de nombrar.

Pero si lo definieramos en algo.

Por dentro, Pyrrha gritaba de rabia. Cada palabra amable que Ruby decía sobre Tn, cada sonrisa nerviosa y cada gesto torpe cargado de buena intención, se clavaban en su mente como espinas invisibles.

Ella ya había descartado a Ruby como amenaza de nivel bajo —una niña brillante, sí, pero demasiado ingenua, demasiado infantil—.Sin embargo….

El que quisiera acercarse así a Tn era otra historia.

Cada blasfemia y mala palabra en el alfabeto era gritada desde lo profundo de la mente de Pyrrha hacia Ruby.

Cada idea de tortura y castigo pensada en esa cabeza.

De las pocas razones que impedian que hiciera todo eso…..Que posiblemente la metan a prision y estando en prision no estaria con Tn.

“¿Una espada para él?” pensaba con desprecio contenido mientras seguía a las demás por los pasillos. “¿Qué sabrás tú de cómo lucha estupida perra enana? Tn pelea cuerpo a cuerpo, siente el pulso del combate, no necesita un arma torpe, improvisada o sentimental. ¡Él no necesita eso!”.

Por fuera, su rostro seguía siendo el de siempre: calmado, elegante, inquebrantable. Pero por dentro, una tormenta se desataba.

Llegaron a la cafetería, que a esa hora estaba medio vacía. Las luces suaves del mediodía caían sobre las mesas metálicas, y el aroma a café y mantequilla flotaba en el aire. En una esquina, Ren estaba sentado leyendo un libro, tranquilo como siempre.

—¡Ren! —gritó Nora con la misma energía de siempre—. ¡PANQUEQUES! ¡MUCHOS! ¡CON CREMA Y FRUTAS!

Ren suspiró, cerrando el libro lentamente, sin siquiera alzar la voz.—Buenos tardes, Nora.

—¡Buenos tardes, panqueques! —respondió ella eufórica, agitando los brazos.

Ren se levantó con resignación, caminando hacia la cocina con una paciencia que solo él podía mantener.—Está bien… pero tú ayudas a limpiar después —dijo mientras se colocaba un delantal.Peor lo mas seguro que el limpiaria todo.

Ruby, algo más tímida, levantó una mano.—Um… ¿podrías hacerme algunos también? Con… no sé, ¿miel, tal vez?

—Por supuesto, Ruby —respondió Ren amablemente—. ¿Y tú, Pyrrha? ¿Quieres también?

Pyrrha sonrió, cruzando una pierna sobre la otra mientras se acomodaba en una silla cercana.—No, gracias, Ren. Estoy bien. Debo cuidar lo que como si quiero mantenerme en forma —respondió, con un tono suave pero firme.

Ruby volteó hacia ella con una sonrisa inocente.—Eso es cierto, ¡aunque tú siempre te ves perfecta, Pyrrha! Seguro podrías comer una docena y seguirías igual.

La campeona de Mistral le devolvió la sonrisa… pero su mirada se endureció apenas por un instante.—Eres muy amable, Ruby. Pero la disciplina también es una parte importante de ser una cazadora.

Nora se dejó caer en la mesa de al lado, apoyando la cabeza en las manos.—Yo digo que la parte importante es la comida. Sin energía no hay fuerza, y sin fuerza no hay golpes.

—Eso… tiene algo de sentido —respondió Ren desde la cocina, medio resignado.

Ruby rió con suavidad mientras sacaba de su mochila una libreta de dibujos gastada y la abría sobre la mesa. Entre páginas llenas de garabatos, fórmulas y bocetos, había decenas de diseños de armas. Cada una con notas escritas en lápiz, con fechas, medidas y hasta anotaciones personales.

—Veamos… —murmuró, mordiendo el extremo del lápiz—. Si cambio la estructura del cañón por una junta flexible, podría reducir el peso… o tal vez usar una aleación de Dust reforzado… —su voz se volvió un murmullo constante mientras pasaba página tras página.

Pyrrha la observaba en silencio. Desde su asiento, veía cómo Ruby sonreía al imaginar posibles combinaciones, cómo sus ojos brillaban cada vez que escribía el nombre de Tn junto a un boceto.

“Tn… otra vez su nombre.”.

Pyrrha entrelazó las manos sobre la mesa, sus uñas presionando con fuerza la piel.”Ni siquiera sabe lo que está haciendo. Cree que un regalo así lo impresionará, como si la bondad ingenua bastara para llamar su atención. Él admira la fuerza, la precisión, el esfuerzo… no un juguete bonito….Le metere esa maldita cosa por la garganta.”.

Ren volvió con un plato humeante, colocándolo frente a Nora, que prácticamente brillaba de emoción.—Aquí tienes. Panqueques con miel y frutas.

—¡Eres un ángel, Ren! —gritó Nora antes de devorar la primera porción.

Ruby levantó la vista, sonriendo agradecida.—Gracias, Ren.

—De nada. —El chico asintió, regresando a su libro mientras limpiaba el mostrador.

El silencio se apoderó por un instante del lugar, roto solo por el sonido del lápiz de Ruby contra el papel y los murmullos de Nora mientras comía.

Pyrrha suspiró y se levantó, alisando su falda.—Voy a entrenar un poco. Nos vemos más tarde.

Ruby levantó la mirada, todavía con el lápiz en la boca.—¿Tan pronto? Pensé que podríamos comer juntas….

—Tengo que mantenerme en forma, ¿recuerdas? —respondió Pyrrha con una sonrisa amable, aunque sus ojos decían algo muy distinto—. Tú sigue con tus diseños, Ruby. Seguro a Tn le encantará tu esfuerzo.

Ruby sonrió tímidamente, sin notar la sombra que cruzó por el rostro de la campeona.Mientras salía del comedor, Pyrrha pensó, “Sí… seguro le encantará. Hasta que yo le recuerde quién es realmente su igual.”.

Y en silencio, con paso elegante, se marchó rumbo al gimnasio.

Pyrrha había pasado las últimas dos horas entrenando con una furia que pocos podrían imaginar. Cada golpe de lanza, cada giro, cada embate resonaba en el aire como una catarsis silenciosa. El sudor le corría por el cuello, y su respiración se mantenía firme, disciplinada. Pero su mente… su mente ardía.

“Ruby. Su regalo. Su sonrisa. Tn sonriendo al recibirlo…”.

Apretó los dientes, descargando una última estocada contra el maniquí de práctica, que se partió en dos con un sonido seco. El metal doblado cayó al suelo, y solo entonces, la campeona de Mistral exhaló un suspiro profundo.

Cuando volvió a su habitación, el silencio la recibió.No había nadie.Ruby, Nora y Ren estaban fuera.

Sus ojos se deslizaron hacia la cama de Ruby, y allí lo vio: el prototipo.A medio armar.Frágil.Esperando.

El brillo del metal la hipnotizó por un segundo. Ruby había dejado el arma con su libreta de diseños abierta, los trazos de su letra pequeña y entusiasta llenaban las páginas: “Para Tn, mi primer amigo en Beacon”.

Pyrrha frunció el ceño.—Amigo… claro —susurró con un dejo de veneno en la voz.

Caminó despacio hasta la cama. Se sentó en el borde, mirando el prototipo.Le bastaba un movimiento de su semblanza, un impulso, y esa cosa se convertiría en chatarra. Pero no lo hizo.No… debía parecer un accidente.

Abrió la palma y sostuvo un pequeño cristal de polvo metálico que Ruby tenía guardado en una caja.Lo observó brillar entre sus dedos, susurrando:—No es personal, Ruby. Solo… orden natural.

El aire vibró sutilmente cuando su semblanza se activó. El metal del arma tembló, los engranajes giraron fuera de sincronía y unas cuantas piezas internas se deformaron con un sonido seco.Un leve crack fue todo lo que necesitó para sentirse satisfecha.

No la destruyó por completo. Solo lo suficiente para que Ruby tardara días en descubrir el problema.Tn nunca recibiría el arma en ese estado.

Sonrió suavemente, guardando el cristal en su bolsillo.—Lo siento, Ruby —murmuró mientras se recostaba—. La próxima vez, no te metas donde no perteneces.

Sabe que se comporta como una niña enamorada e infantil, pero anhela con todas sus fuerzas convertirse en su esposa. Eso sí, después de convertirse en cazadora profesional. De hecho, si pudiera hacer equipo con Tn seria mucho mejor.

Esto le dibuja una sonrisa en el rostro, que pronto se desvanece. Se da la vuelta, apoyando la nuca en la almohada. Perfectamente estirada en la cama, mira fijamente al techo, con la mente en blanco. No dura mucho; los pensamientos regresan, una variedad de ellos. Conversaciones con Tn, cosas que ha leído en un manga, visto al azar o escuchado en la televisión. Unas cuantas preguntas existenciales que se hace, sin mucha importancia, como «¿cómo se hacen los yogures de fresa que tanto le gustan?» o «si el sol se apagara, ¿cuánto tardaría en extinguirse la vida en la Tierra?». Pyrrha es como cualquier ser humano; cuando su mente divaga, puede ir muy lejos. Sus pies, que se mueven sin energía, dan fe del estado vegetativo de su cuerpo, pero la viva consciencia que la invade es palpable.

Siendo una romántica empedernida, recuerda el manga romantico erotico que está leyendo, ese que antes no quería seguir. Los personajes se besaron, y le encantaría saber qué pasó después, sobre todo porque la escena del beso estaba bellamente dibujada y era cautivadora. Por un instante, se pregunta cómo sería besar a Tsuna, si sus labios serían suaves, si él sería tierno, si el beso sería largo o corto, casto o apasionado. Se sacude con fuerza, sintiéndose tonta. Se suelta la coleta y se gira sobre su lado derecho, de espaldas a la pared.

Su corazón se acelera, aprieta los muslos y una mano descansa sobre su pecho, que se alza rápidamente. Apenas se muerde las mejillas, con el rostro congelado en una expresión pensativa, una especie de rubor entre el asombro y la vergüenza. Recuerda una escena que leyó en otro manga, un manga para mujeres adultas, esta vez. Tenía curiosidad; la historia le parecía interesante, o mejor dicho, las historias, ya que se trata de una colección de situaciones cotidianas protagonizadas por una pareja en edad de casarse. Quería saber cómo el manga retrataba su vida, intentar hacerse una idea de lo que era ser una pareja adulta, pero aún joven y enamorada, más apasionada que sus padres, el ejemplo a seguir. La escena que le viene a la mente los muestra en su momento más íntimo: el acto de hacer el amor.

El joven la inmovilizó bajo su kimono, dejando al descubierto uno de sus pechos. La besó con pasión, haciéndola sonrojar, y comenzó a acariciar su pecho con una mano firme y fuerte mientras la otra descendía lentamente hacia su vientre, deslizándose finalmente con destreza dentro de sus bragas, rozando su feminidad. Por supuesto, Pyrrha no esperaba ver semejante escena y cerró el manga de golpe con un sonoro ¡Jejeje!, sintiendo cómo le ardían las mejillas. Ahora se preguntaba cómo sería hacer esto con Tn, ser inmovilizada en la cama por él, expuesta ante él y dispuesta a soportar cualquier placer que quisiera darle.

Deja escapar un sonoro Mmmm, y de repente se tapa la boca con la mano, apretando los muslos. Ni siquiera se habían besado; le resultaba imposible imaginar algo así: era demasiado pronto y le daba vergüenza. Todo se quedaba en su cabeza; no le hacía daño a nadie… Pero para ella, claro, era un shock, ya que era perfectamente consciente de lo que estaba pensando.

Su mirada recorre el papel tapiz de su habitación de equipo. Sensaciones extrañas, pero familiares, comienzan a agitarse en su interior. La vida aún es joven, pero ya no una niña. Es una mujer en ciernes, que siente deseo y se afirma en ese sentido poco a poco, con el paso del tiempo. Ya lo había hecho antes, aunque recientemente. Todavía se siente culpable por algo, como si la convirtiera en una mala chica, pero sabe que es una tontería. Al fin y al cabo, los chicos lo hacen, eso es obvio, y Pyrrha no se siente culpable por tener necesidades hormonales que satisfacer. Aunque sea muy inquietante para una chica, ya que se las considera menos propensas a hacer este tipo de cosas, no puede sacudirse la sensación de ser una de las pocas pervertidas que no conoce la vergüenza.

Sus integrantes de equipo aún no han regresado del trabajo, tiene la habitacion para ella sola y pensarán que está dormida cuando vuelvan; probablemente lo estará para entonces, así que en realidad es el momento adecuado.

Decide no contenerse, por temor a una represión tonta. Sus manos se mueven para desabrocharse la blusa; sabe que de lo contrario tendrá demasiado calor. No se la quita de los hombros para abotonarla de nuevo; simplemente quiere liberar sus pechos. En cambio, se quita el pantalón del pijama y lo coloca con cuidado sobre la mesita de centro junto a la cama. Se recuesta y comienza. Primero, se humedece los labios pasándose la lengua entre ellos. Su mano derecha sujeta su pecho izquierdo y comienza a masajear su pezón hasta que se endurece. Unas pocas caricias hábiles, y la punta está dura. Su mano izquierda hace lo mismo con su pecho derecho.

No es excesivamente placentero, pero le hace cosquillas. No lo suficiente como para que gima o se estremezca, pero sabe que al presionar, las sensaciones pueden intensificarse.

Su mano izquierda acaricia su pecho derecho, con suavidad, amasándolo y moldeándolo, pero sin presionar demasiado, creando una sensación de masaje relajante y envolvente. Su mano derecha descansa sobre su vagina recorriendo tambien su six pack, por encima de sus bragas blancas, rozando la parte interior de su muñeca con el lazo a cuadros de la prenda. Pyrrha se endereza, elevando la parte inferior de su cuerpo y apoyando la espalda en la almohada y el cabecero. Su mano izquierda masajea un poco más despacio y, con un dejo de aprensión, baja los dedos de su mano derecha hacia sus labios vaginales sensibles, rozando apenas el clítoris con las yemas. Sus dedos índice y corazón se deslizan de un lado a otro sobre los labios mayores, provocando un cosquilleo similar al que siente en el pecho. Finalmente, los introduce entre los labios menores, que separa, conectando sus puntos de contacto con las pequeñas terminaciones nerviosas.

Todavía no podía creer que tocarse allí, tocar algo tan pequeño, tan insignificante que nunca lo había notado, le hiciera sentir tan bien, le diera tanto placer a su cuerpo y desvaneciera los últimos vestigios de pensamiento coherente que intentaba formar. Su dedo índice rozó el pequeño botón, y su dedo medio lo mantuvo en su lugar; no podía sujetar la tela con firmeza, pero estaba ligeramente rígida, lo cual era perfecto para lo que pretendía hacer. La primera oleada de placer comenzó. Pyrrha ya sentía sus sienes palpitar de deseo, y quería más.

La joven se dejó llevar por un ritmo suave, con el índice y el corazón apoyados sobre el clítoris, y comenzó a frotarlo. Presionó hacia abajo, con la otra mano acariciando su pecho mientras sus gemidos brotaban. El pequeño clítoris se rindió a los movimientos de sus dedos que lo amasaban sin piedad. Sus rodillas, tensas, flaquearon; separó los muslos y elevó la pelvis para recibir sus dedos. Intensificó el movimiento, que se volvió cada vez más regular; su rostro se sonrojó y sintió sus propios fluidos a través de las bragas al deslizarse un poco más abajo de lo previsto. Inmediatamente volvió a subir, aún más sonrojada, y gimió, empujando su clítoris hacia adelante para acariciarlo con mayor precisión.

Se muerde el labio y sus dedos se deslizan más rápido, luego aprieta ligeramente la mandíbula al sentir que el aire se le queda atascado en la garganta.

El botón nervioso se estremece bajo su toque ansioso, y la intensa sensación hace temblar sus muslos. De repente siente un calor intenso. Echando la cabeza hacia atrás, Pyrrha deja escapar otro gemido, continuando torturando ese pequeño apéndice. Suspiros lascivos brotan de su boca rosada, sus labios hinchados de tanto mordisquearlos, y un dedo de su mano izquierda juega con su pezón. Finalmente deja escapar un chillido y decide que tocarse a través de la tela no es suficiente. Levanta la goma de sus bragas y su mano se desliza voluntariamente dentro. Pronto, regresa a su vagina húmeda, sus dedos se deslizan entre sus labios, hundiéndose en sus fluidos, hasta el clítoris, que siente congestionado de sangre. Extiende su lubricación allí para humedecerlo aún más, y no piensa perder el tiempo; quiere llegar al orgasmo.

Porque es bueno. Es buenísimo.

Con delicadeza, posa los dedos sobre su clítoris y lo masajea de nuevo. Suavemente al principio. El placer comienza a crecer de nuevo, con bastante rapidez e intensidad considerando la estimulación anterior, y finalmente, los movimientos se vuelven impulsados ​​por la necesidad mientras lo amasa con ardor. Pyrrha aprieta los labios cuando sus dedos terminan el recorrido e inmediatamente los reanuda, presionando su pecho con menos suavidad, haciéndolo moverse de un lado a otro contra su pecho. Nada le importa excepto el placer que siente y apreciar la alegría que su cuerpo le proporciona.

Ella lo ve como una forma de autoemanciación, de autocontrol, aunque sus sonidos indiscretos demuestran claramente que no lo ejerce en gran medida.

Ella es su propia verdugo y, sin embargo, está orgullosa de ello.

Tiene los ojos cerrados, los labios nunca llegan a cerrarse del todo y las cejas arqueadas hacia abajo; su cuerpo está completamente congelado, uno de sus pies comienza a golpear el aire.

La intensidad cambia, los nervios de su clítoris hormiguean y siente que el orgasmo está cerca. Sus muslos tiemblan imperceptiblemente y mueve los dedos en un ángulo que le proporciona una estimulación excesiva, una que no puede soportar. Molesta por tener que cambiar de posición, cambia por completo. Se arrodilla en la cama, con la cara hundida en la almohada, las nalgas levantadas, la espalda arqueada, y los dedos permanecen sobre su clítoris, que acaricia desde dentro hacia fuera. La inquietud de sus piernas se intensifica mientras sus dedos se curvan contra el edredón, sus dedos acarician más rápido, frotando la punta inflamada de una manera que libera la inflamación nerviosa por todo su cuerpo.

Pyrrha mueve las caderas involuntariamente y comienza a gemir de nuevo sin control. Cierra los ojos mientras una bruma blanca cubre sus pupilas, apretando firmemente los dientes. Cada movimiento provoca un sonido que intenta desesperadamente reprimir, y su pecho corre el riesgo de ser aplastado si la exquisita tortura no termina. Finalmente, la intensidad aumenta considerablemente, pero siente que puede soportarlo; esto es todo . Ya no intenta reprimir sus pequeños gemidos. Está llegando al clímax, embargada por el preorgasmo que la empapa por completo, y sus caricias, paradójicamente, se vuelven más rápidas, más excitadas. Sin embargo, al escuchar esas expresiones de placer, que le parecen ridículas, se dice a sí misma que será mejor que no haga esto el día que le entregue su virginidad a Tn… Y el orgasmo la invade al pensarlo.

Pyrrha tiembla, abrumada por la fase postorgásmica, y retira la mano que estaba dentro de sus bragas. Se deja caer de espaldas sobre el colchón, sin aliento, y se toma un momento para recuperarse de sus emociones. Pasan un minuto o dos. Primero se abotona la blusa, luego se levanta y va al baño a lavarse las manos y asearse. También se pone unas bragas limpias. Una vez hecho esto, se pone el pantalón del pijama y se mete en la cama. Está cansada, pero justo cuando está a punto de dormirse, Pyrrha se pregunta brevemente si, cuando Tn se toca, está pensando en ella. Desearía que sí.

‘Acaso Tn necesitaria ayuda para masturbarse y estara dispuesto para que yo lo haga.”.

La joven se duerme relajada, liberada de toda presión y feliz de haber tenido un nuevo Día Pyrrha .

El sueño la envolvió rápido, y Pyrrha durmió con una paz fingida que solo alguien con culpa reprimida podía tener.

.

.

Mientras tanto, en el dormitorio del equipo de Tn….

Weiss seguía acostada, una almohada pequeña colocada bajo sus muslos adoloridos. Su cabello, normalmente impecable, estaba un poco desordenado. Cada vez que intentaba moverse, su rostro se contraía de dolor.—Ugh… siento como si me hubieran arrancado la pierna —gruñó con los dientes apretados.

Jamas practico cardio en sus entrenamientos y se desgarra el maldito muslo asi……patetico para una Schnee.

—Te dije que descansaras —replicó Tn con calma, revisando unas notas en su cuaderno—. No puedes forzar un músculo desgarrado, incluso si tienes aura.

Weiss rodó los ojos, pero su tono se suavizó.—Sí, sí… lo que digas, “líder”. —Suspiró, intentando acomodarse mejor—. Aunque admito que cargaste bien. No todos pueden decir que fueron rescatados en brazos.

Yang soltó una carcajada desde su cama.—¡Ohh, así que Weiss cayó rendida literalmente! ¿Seguro que no fue otra clase de ejercicio, eh? —le guiñó un ojo con una sonrisa pícara.

—¡YANG! —Weiss se puso roja hasta las orejas—. ¡Cierra esa boca! ¡No fue nada de eso!

Blake, sentada en su cama, levantó la vista del libro mientras mordía un trozo de pescado.—Técnicamente, sí fue un tipo de ejercicio… aunque no de ese tipo —comentó sin levantar el tono.

Yang soltó una carcajada más fuerte mientras Weiss se hundía entre las sábanas, tapándose el rostro.Tn solo suspiró.—A veces me pregunto si este equipo entiende la palabra “disciplina”.

Yang se estiró perezosamente, dejando su pergamino a un lado.—Oh, vamos, líder. No seas tan serio. Si te relajaras un poco, tal vez hasta Weiss se curaría más rápido con tus… encantos.

Tn levantó la mirada, serio.—Si eso fuera cierto, Yang, te dejaría a cargo de curarla con tus chistes.

Blake disimuló una sonrisa detrás de su libro, mientras Weiss murmuraba algo entre dientes, claramente avergonzada.

Tn cerró el cuaderno, cruzando los brazos.—Mañana retomaremos el entrenamiento, pero quiero que sea individual. Ya practiqué con Weiss, así que será tu turno, Blake.

La faunes levantó la vista, asintiendo.—Está bien. No tengo problema con eso. —Sus ojos dorados se encontraron con los de Tn por un instante—. Solo… no esperes que te lo ponga fácil.

—Nunca lo hago —respondió él con una ligera sonrisa.

Yang silbó burlonamente desde su cama.—Uhhh, cuidado, Weiss. Blake va tras tu “fisioterapeuta”.

—¡YANG! —gritó Weiss otra vez, ahora con el rostro completamente carmesí.

Tn se frotó la sien, suspirando por última vez antes de decir:—Deberíamos dormir. Mañana será un día largo.

Yang bufó, Weiss lo miró de reojo con una mezcla de agradecimiento y enojo, y Blake simplemente volvió a su lectura.

Mientras tanto, Pyrrha dormía profundamente en su dormitorio, ignorando por completo que su pequeña venganza había alterado el rumbo de un futuro gesto amable.

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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