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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 207

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Capítulo 207: Vivian part 3 Zenless zone zero

Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores. Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.

__________________________________________________________________

Vivian siguió su camino, ocultando la mirada con el ala baja del sombrero como si fuera una actriz huyendo de la luz. Había sentido el calor de la sospecha cuando aquel oficial la había observado demasiado tiempo, pero por suerte su actuación fue precisa: un ceño, un paso más decidido, y la multitud la tragó. Salió del edificio sin ser reconocida.

En la calle, pegó la USB al borde de la palma y la miró como si fuera una joya. La memoria contenía información que valía más que muchas vidas: planos de contingencia, agentes dobles, nombres, fechas. Sonrió, amarga y satisfecha a la vez.

Sacó el teléfono y, con dedos seguros, comenzó a publicar ofertas en la red oscura. Mientras tipeaba, no pudo evitar que la saliva le hiciera un pequeño brillo en el labio: la boca le ardía con sed de lo que sabía que allí le esperaba, el sabor único que no conseguía olvidar.

Las notificaciones llegaron rápido, una tras otra como moscas sobre miel. Vivian las observó con una mueca calculadora.

—Oferta inicial: 10.000 créditos —decía el primer mensaje.—¿Transferencia inmediata y entrega física? —preguntó el segundo.—Interesados: Dos pandillas menores, un corredor de información de Ocean y… un coleccionista anónimo que pregunta por “material sensible de alta prioridad”. —aparecía en la lista de la app.

Vivian pulsó una respuesta breve y fría—Solo transferencia en cuenta fraccionada. Entrega contra verificación. No contacto directo. —y agregó mentalmente: Cobraré más. Mucho más.

Mientras su dedo pulsaba para enviar el mensaje, su otra necesidad la tironeaba con fuerza: la sangre de Tn. Pensó en la calidez que todavía le latía en la lengua y se mordió el labio. Maldijo en voz baja.

—Maldita hambre… —murmuró para sí—. Primero los negocios, luego mi pequeño lujo.

Decidió mantener la venta en stand-by. No por escrúpulos, sino por estrategia: tener la información como moneda de cambio le daba poder; si la vendía rápido perdería palancas para exigir exclusividad sobre Tn más adelante. Mejor tantear, inflar las apuestas y ver quién mordía primero.

Mientras tanto, impulsada por un impulso que era mezcla de deber y posesión, se dirigió hacia la tienda de música y videocasetes “Randomplay” donde trabajaban Belle y Wise. Cada paso la acercaba a la posibilidad de verlos, o al menos de observarlos desde la sombra, respirar el mismo aire. El pensamiento la calmaba, hasta cierto punto.

Su teléfono vibró otra vez. Un nuevo mensaje, esta vez con una oferta mayor y una advertencia: “Compra ahora y tendrás datos de agentes encubiertos: 50.000 créditos. Pago en cripto y código de verificación en 24h.” Vivián sonrió lentamente, sus ojos brillando con la avaricia y algo de malicia. Contestó en forma de juego:.

—Interesante. ¿Demostración? Envíenme una prueba del acceso que ofrecen y una parte del pago. Yo decidiré el resto.

A continuación, otro comprador, más impaciente, escribió: “Te doy 30k y acceso a armas. Entrega mañana.” Vivian arqueó una ceja, con fingida ofendida tranquilidad respondió.

—Suba a 60k y hablamos de armas. De lo contrario, pierde la oportunidad.

Mientras negociaba, su mente volvía a Tn, a aquella sangre imposible. En su interior algo se cerró en torno a la idea de poseerlo por completo: no permitiría que nadie más tuviera acceso a lo que él ofrecía, ni que otros compraran la pieza que la hacía sentir viva.

Cerca de la tienda, la vitrina mostraba un letrero con la hora y algunos discos en oferta. Vivian se detuvo un instante, tomó aire y empujó la puerta. La campanilla tintineó. Belle estaba detrás del mostrador, arreglando un estuche; Wise apareció desde la trastienda con una sonrisa profesional que, a Vivian, le parecieron demasiado exictante.

—Buenos días Vivian —dijo Belle sin alzar mucho la vista—. ¿Puedo ayudarte en algo?

Vivian simuló una sonrisa disimulada, controlada. Su voz era suave, casi melosa—Solo quería ver… si los CD’s de Lennon habían llegado.

Por dentro, cada fibra de su ser estaba en alerta: observarlos de cerca, comprobar que estaban bien, medir cualquier gesto de atención entre ellos. Si alguien más oía la calma de su voz, no lo mostraron. Pero la necesidad de controlar, de poseer, ya no era solo una idea: era una maquinaria que se ponía en marcha, y la USB en su bolso era el primer cilindro en girar.

Mientras se alejaba con uno o dos discos que fingió comprar, su teléfono volvió a vibrar: el comprador mayor había aceptado enviar una muestra y realizar una transferencia inicial. Vivian apretó los labios. Todo iba conforme a su plan; el mundo funcionaba como ella lo había dispuesto —por ahora—.

—Bien —murmuró, casi para su propio oído—. Te mantendré cerca, Tn. No porque te quiera… sino porque necesito que estés conmigo cuando llegue la tormenta.

Iba ser una tormenta de mierda cuando todo cayera.

La frase flotó hacia adentro, ignorada por la tienda y sus ocupantes, pero retumbando en la cabeza de Vivian como una promesa que solo ella entendía.

Wise entró desde la trastienda con el ceño apenas fruncido y un suspiro cargado de costumbre.—…¿Otra vez tú, Vivian? —dijo con esa calma seca que usaba para no sonar directamente hostil—. ¿Viniste a comprar algo o solo a espantar a los clientes otra vez?

Vivian, con una sonrisa que intentaba parecer inocente, alzó la mirada desde los discos.—Lord Phaeton… —susurró con voz soñadora, usando aquel apelativo que tanto irritaba a Wise—. Solo vine a admirar su radiante presencia… y quizá comprar algo.

Wise pasó una mano por su rostro.—Sí, claro, “comprar algo”… —bufó—. Hazlo rápido, antes de que alguien más te vea rondando.

Vivian rio con un aire de falsa ligereza, aunque por dentro solo pensaba en la distancia entre ellos, en lo fácil que sería borrarla si él la mirara diferente.—Tranquilo, no pienso acosar a nadie —dijo, con un deje de sarcasmo que hizo que Wise arquease una ceja.

Mientras tanto, Belle estaba en el mostrador, concentrada en revisar inventario. El sonido de su teléfono rompió el silencio. Contestó con tono dulce, casi melódico.—¿Sí?… ¡Oh, claro que sí, estoy libre esta tarde! —dijo con una risa breve que a Vivian le pareció demasiado hermosa para alguien más que no fuera ella—. ¿Dónde nos vemos? … Perfecto, te mando un mensaje cuando salga.

El corazón de Vivian se detuvo por un segundo. Una cita. ¿Una cita?

Sintió que el aire se volvía espeso, que los colores de la tienda se distorsionaban.—¿Una cita…? —susurró sin darse cuenta, con los ojos muy abiertos.

Belle, ajena a la tormenta que acababa de desatar, guardó el teléfono con una sonrisa alegre.—Wise, saldré un rato esta tarde, ¿de acuerdo? Puedes encargarte del cierre tú solo.

—¿Otra vez? —protestó Wise, cruzándose de brazos—. No sé ni con quién te estás viendo, Belle.—Sip saldre con el de nuevo—respondió ella con voz ligera—. No te preocupes tanto.

El “El” fue la palabra que terminó de quebrar la compostura de Vivian. Su mandíbula se tensó y sus dedos se crisparon sobre el borde del mostrador.Entonces era un hombre al que veria su amada Belle.

Dentro de ella, una voz siseante le exigía saber quién y por qué.

Y como deberia matarlo.

Wise la notó y levantó una ceja.—¿Qué te pasa? No pongas esa cara, no es asunto tuyo.

Vivian forzó una sonrisa.—No… nada, solo me alegra que mi dulce Belle tenga tiempo para… disfrutar —dijo con un tono entre amable y envenenado.

Belle apenas le devolvió una sonrisa amable antes de tomar su bolso.—Nos vemos luego, Vivian. No te metas en problemas, ¿sí?

Vivian asintió, pero su voz tembló levemente.—Por supuesto, querida… jamás lo haría.

La puerta se cerró detrás de Belle, y el sonido de la campanilla se sintió como un disparo. Vivian quedó allí, inmóvil unos segundos, mirando el reflejo de la puerta hasta que Wise tosió, rompiendo el silencio.

—¿Vas a pagar eso o solo viniste a fingir que comprabas?

—Claro, claro… pagaré —respondió Vivian, sacando un par de billetes mientras intentaba mantener la compostura.

Wise tomó el dinero sin más palabras, pero su mirada permaneció unos segundos en ella, sospechando algo que prefería no confirmar. Vivian tomó la bolsa y, con un gesto apurado, se giró hacia la puerta.

Apenas salió, su expresión se desmoronó.El temblor en su mandíbula volvió, la ira palpitando como un segundo corazón.

—¿Una cita? —susurró entre dientes mientras caminaba rápido por las calles—. ¿Quién se atreve…? ¿Quién tiene el valor de tocarla…?….voy a matarlo.

matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matarmatar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.matar.

Respiró hondo y sonrió, forzando la calma que siempre precedía a sus planes.—Tranquila, Vivian. Solo… observa. Solo asegúrate de que él no sea una amenaza. Solo eso….

Pero, en el fondo, sabía que no sería solo eso.Ya estaba marcando mentalmente el rastro de Belle, cada lugar donde podría haber ido, cada posible rostro con el que sonreiría.Y mientras la tarde comenzaba a teñirse de rojo, Vivian murmuró, casi cantando para sí misma:.

—Belle no me necesita… pero yo la necesito a ella. Nadie… nadie más la tocará.

Vivian corrió un buen rato por las calles de Nueva Eridu, su paraguas cerrado en la mano como si fuera un arma.El aire frío de la tarde apenas podía apagar el fuego que le ardía en el pecho. Buscaba a Belle entre la multitud, entre los cafés y las tiendas, entre los reflejos de los escaparates… pero no la encontró.

—¿Dónde estás…? —murmuró entre dientes, su voz teñida de frustración—. No puedes esconderte de mí, Belle… no de mí.

Pero después de varios minutos, su respiración se volvió entrecortada y el enojo fue reemplazado por cansancio.Se detuvo, jadeando, con el corazón apretado en un nudo de impotencia.

—Idiota… —susurró con un tono que oscilaba entre rencor y tristeza—. Corriste como una tonta y ni siquiera sabes si fue una cita de verdad….

No lo sabía, porque en una calle lateral, el café FIVES albergaba a Belle, sentada junto a un joven de cabello oscuro que reía con ella mientras el vapor del café empañaba el cristal.Antes de darse un beso con el chico.

Pero Vivian, lamentablemente, nunca miró en esa dirección.

Con los nervios destrozados, regresó a su casa. Cerró la puerta con fuerza, dejando caer el paraguas contra la pared.

Sacó su teléfono, intentando distraerse con trabajo.Había notificaciones nuevas.

El comprador de la red oscura ya había enviado el pago y un mensaje.

“Transferencia confirmada. Envío de cortesía incluido. Espero que disfrutes los regalos.”.

Vivian arqueó una ceja, curiosa.—¿Regalos? —murmuró mientras abría el archivo adjunto.

Una foto apareció en pantalla: un grupo de Onis, mujeres de piel rojiza,verde,azul, y cuernos adornados, algunas con sonrisas provocadoras, otras con miradas salvajes.

Jovenes y maduras.

El texto que acompañaba la imagen la hizo soltar una risa cansada:.

“Puedo mandarte algunas de mis chicas si quieres, cortesía del club.”.

Vivian dejó caer la cabeza hacia atrás, riendo con ironía.—Tsk… hombres y sus gustos exóticos… creen que una mujer se calma con juguetes nuevos.

Pasó la foto con desdén.

—Además, la sangre oni… —dijo, relamiéndose apenas los labios—. Es picante, fuerte… deja un sabor amargo. No me gusta. Prefiero algo más… dorado.Mmm incluso el sushi sabria mejor.

Los thiren tipo marino siempre estaban frescos.

Antes de que pudiera seguir pensando en Tn, otra notificación llegó.

Un segundo comprador.

Nombre de usuario: Yuno el Rojo.

El mensaje era más directo:“Quiero una copia de lo que conseguiste. Pago el doble si incluyes nombres de agentes o rutas de transporte. Entrega en persona.”.

Vivian suspiró, masajeando su sien.—Yuno el Rojo… —repitió, reconociendo el apodo—. El organizador de peleas y traficante de Onis… los apostadores son los peores.

Dejó el teléfono sobre la mesa y se sirvió un vaso de sangre hospitalaria.—Escandalosos, prepotentes, siempre queriendo impresionar con dinero o amenazas… —murmuró con cansancio mientras bebía un sorbo—. Pero pagan bien.

Abrió el archivo con la información robada y lo observó unos segundos, calculando.—Si juego bien mis cartas, podría usar esto para conseguir lo que quiero….

Su mirada se desvió hacia el retrato arruinado en la pared, con aquel hombre encadenado de rostro borrado. Y, por un momento, juró que el aire en la habitación se volvió más frío.

Vivian se encogió de hombros.—No tengo tiempo para fantasmas… —dijo mientras tomaba su teléfono otra vez, respondiendo a Yuno con un simple mensaje:.

“Acepto. Punto de entrega: medianoche, distrito C-09. No traigas compañía.”.

Antes de enviar el mensaje, sonrió con un toque de crueldad.—Yuno el Rojo… mejor que no grites mucho cuando te vea. Odio a los hombres ruidosos.

El ruido era sofocante, nada como el jadeo silencioso cuando mordia el cuello y dejaban de hablar.

Presionó “enviar” y se recostó en el sofá, mirando el techo.La ciudad afuera rugía con vida, pero dentro de su apartamento, solo quedaban sus pensamientos:una mezcla venenosa de obsesión, hambre y soledad.

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.

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El mensaje no tardó en llegar al hombre del club de peleas. Yuno sonrió, casi con sorna, deslizando el pulgar sobre la pantalla mientras el recuerdo de viejas glorias lo golpeaba con la suavidad de un puñetazo bien dado. Llevaba mucho tiempo en ese negocio —desde la época de la Antigua Eridu, cuando los Onis todavía guerreaban contra humanos y las distintas especies Thiren— y había aprendido a sobrevivir con reglas que ahora pocos respetaban.

Recordó, por un segundo, a su mejor perro de lucha, Filo Silente. Aquella bestia le había dado noches de oro y sangre en las manos; ver su retirada fue como perder un talismán. Dolió, pero no lo debilitó. Yuno era de los pocos que aún temían poco: grand hollow, ex-cazadores de oni usados en la guerra, el gobierno secreto, Ocean Industries —esos eran los únicos nombres que todavía podían arrancarle un escalofrío.

Aun así, había vivido por tanto tiempo porque respetaba el Código. No te metes con otros mafiosos. No atacas a la población civil. No llamas la atención de los peces grandes. Y, por nada en el mundo, no pidas apoyo a la secta de Hollows. Ese conjunto de reglas le había permitido abrir rutas seguras, arenas clandestinas y mantener a raya a los oportunistas. Por eso la información que Vivian ofrecía le interesaba: con esos planos y rutas podía blindar sus envíos, asegurarse que los repartos de Onis y apuestas cruzaran sin sorpresas, y, sobre todo, anticiparse a movimientos de bandas rivales.

Las liebres autistas eran problematicas, pero nada que enviar unas orejas y dedos no arreglara.

Se reclinó en la silla del despacho mientras llamaba a uno de sus hombres de confianza. La voz al otro lado sonó rasposa, obediente.

—Karo —dijo Yuno con voz baja—. ¿Sigues con el tema de las rutas por C-09?

—Sí, jefe. A medio reconstruir, pero estable. ¿Por? —respondió Karo, con atención.

—Quiero algo que me dé ventaja. Copias de planos, nombres de agentes encubiertos, horarios de drones… lo que sea que tenga esa chica. Pago doble y quiero verificaciones. No traes a nadie que no sea de la casa. ¿Me entiendes?

—Entendido. ¿La vivesa de la muchacha? ¿La “banshee”? —Karo tanteó el nombre con cuidado.

—Así la llaman —sonrió Yuno, intranquilo por una mezcla de respeto y peligro—. No la subestimes. Que no sea al azar: la quiero en un punto muerto, sin cámaras que nos puedan empapelar. Mediodía en el almacén de Nueve, entrada C. Tú llevas caja de seguridad. Yo llevo efectivo.

Colgó y miró el viejo mural en la pared: una foto de Filo Silente en acción, mandíbula afilada, ojos encendidos. Suspiró y volvió a su oficina. No le gustaba depender de terceros, pero en este negocio la información era la defensa más pura. Si podía comprar las rutas de la competencia —o al menos saber por dónde transitaban— podría cerrar tratos con nuevos apostadores, expandir sus peleas y, con suerte, proteger a los suyos.

Encendió un cigarro y habló en voz alta, más para sí que para nadie—Vivian… pequeña ladrona. Niña de esa casa de mierda vampirica. No me decepciones. Si lo que vendes me vale, el trato será simple: precio justo, y un favor de mi parte cuando la ciudad se vuelva demasiado ruidosa.

Antes de salir, dejó instrucciones claras a sus hombres: nada de contactos con agencias, ningún policía “amigo”, y que el equipo de verificación llegara primero. No quería sorpresas ni cámaras que grabaran rostros ni números. Yuno apagó la luz del despacho con la calma de quien apaga la vela antes de comer.

Mientras la ciudad vibraba abajo, preparó su chaleco y las bolsas con el dinero. Sabía que negociar con Vivian era jugar con fuego: la “banshee” tenía mirada y mordida. Pero tenía algo que él necesitaba: piezas de un mapa que, bien armado, lo harían invulnerable por un tiempo.

Yuno sonrió una vez más, sin diversión.—Que venga cargada, entonces. Si esta chica cree que puede engañar al viejo Yuno, le mostraré lo que cuesta jugar con mi mesa.

Con eso, se encaminó hacia el almacén, la sombra de Filo Silente mirándolo desde el marco. La ciudad se cerraba alrededor del trato que estaba por suceder, y en algún lugar una mujer con sombrilla ya estaba calculando cómo mantener a su tesoro dorado en su mano.

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Vivian estaba exactamente donde dijo que esperaría: en la penumbra del muelle elevado, la capucha baja, el ala del sombrero proyectando una sombra que ocultaba su sonrisa. Tenía la copia de la USB prometida bien escondida en la bota; la original ya había sido enviada al comprador mayor —con instrucciones estrictas sobre las onis, que cambiara la mercancía por Thirens marinas: tiburones o pulpos—. La sangre de esas especies, pensó ella, corría más fresca, más viva. El comprador había aceptado el cambio.

Cuando Yuno el Rojo apareció, caminó despacio entre las cajas apiladas, bufando levemente por el aire salado. Era un hombre mayor, algo fuera de forma, con unos dientes de oro que brillaron cuando sonrió. A pesar de la edad, había en él esa calma de quien ha visto demasiadas batallas para sorprenderse.

—!Vivian!—dijo con un gruñido afectuoso—. Graccie graccie.Gracias por venir puntual. No me gusta esperar.

Ella le devolvió un suspiro corto, manos en los bolsillos.—¿Trajiste lo que dijiste? —preguntó, con la voz fría.

Yuno chasqueó la lengua y, con un gesto, sacó una caja pequeña envuelta en lona. La abrió sin ceremonias: dentro, cuatro lingotes de oro sólido relucían como promesas.

—Más fácil de mover que billetes, menos preguntas en los puntos de control —explicó Yuno—. Además, con eso puedes comprar silencio por semanas si quieres.

Vivian inspeccionó el metal con una mueca de aprobación contenida. Se quito la bota notandose dedos delicados mientras sacaba la USB. Dio la USB a cambio, dejándola lo bastante visible para que Yuno verificara.

—Dime algo, viejo —dijo entonces—. ¿Por qué no traficáis con éter? Es la energía del momento. Más valiosa que el metal.

Yuno soltó una risa seca que no alcanzó sus ojos.—¿Estás loca? —respondió—. El éter es oro, sí. Pero es veneno en manos de quienes no saben extraerlo. Se saca de cavidades infestadas de Hollows. Te arriesgas a quedarte sin cuello y sin mercancía si no sabes con quién te metes. Y además… atraes la atención de los peces grandes. Ocean Industries y el gobierno no perdonan errores con el éter.

Esa mierda era ponerte una liana en la espalda.

Vivian frunció los labios. La idea la picó: el poder que significaba el éter le llamaba, pero también traía demasiadas manos gigantescas dispuestas a cortar.—Entonces prefieres lingotes que quemarte el cuello —comentó, casi en broma—. Bien, supongo que el oro es menos toxico, pero más limpio Mmm este grabado es interesante.

Los lingones estaban marcados y gravados con la insignia del cuerpo de cazadores onis.El oro habia sido robado por el gobierno de arcas Oni y en honor por el trabajo se les marco con la insignia.

No quedaban muchas piezas asi.

Yuno alzó un lingote como si brindara.—Limpio y pesado en la mano. Eso me gusta.Ademas el grabado les da un precio mayor.

Vivian apartó la vista un instante, pensando en su futura compra, en su sangre, en la necesidad de mantenerlo cerca. Decidió empujar la conversación a lo que verdaderamente la atormentaba.—Hay algo más —dijo—. Necesito una garantía. No me refiero al dinero. Quiero protección. Si alguien intenta usar la información para tocar a mis… proxys, o para tocar a alguien que me importa, quiero que vuestro nombre no aparezca en la lista de culpables.

Yuno la miró con los ojos entrecerrados, entendiendo el subtexto. En su mundo, las promesas se pagaban con favores.—Eso cuesta —dijo con calma—. No se compra solo con oro. Pero si trabajas conmigo, y si me debes un favor, te cubro la espalda en lo que pueda. No me interesa que los Hollow o los cazadores ensucien mi tablero.

Vivian meneó la cabeza, mordiéndose el labio inferior. Luego, como si pensara en voz alta:—Bien. Te doy esto —dijo, dejando clara la condición—. Mi copia vale oro, pero no quiero que la información entre en manos de tipos que vendan su alma por un par de créditos. Si veo que mis rutas son usadas contra civiles, o que alguien viene a molestar a Belle o Wise… vendré yo primero.

Yuno sonrió, mostrando los dientes dorados.—Entonces es un pacto. Tú me das acceso a lo que quieres vender, yo te doy cubierta y te devuelvo favores. Pero no me pidas que me ensucie con cosas que atraigan la mirada de Ocean o del gobierno.

Ella asintió, aliviada en su pragmatismo.—Trato hecho. Yuno… —se inclinó un poco, como ofreciendo algo más que palabras—. Si alguien toca a mis queridos Phaethon, pagarás con sangre.

La amenaza colgó en el aire como una nube pesada. Yuno no respondió con juramentos, pero asintió, firme. Con movimientos prácticos, colocó los lingotes en una bolsa reforzada y le dio un apretón corto a Vivian en el hombro, un gesto extraño de camaradería.

—Nos veremos pronto para la entrega formal —dijo—. Cierra el trato con la otra parte, y yo me encargo del movimiento.

Vivian volvió a esconder la copia en su bota y, con la misma calma con la que había llegado, se dio media vuelta para marcharse. Antes de desaparecer entre las sombras del muelle, Yuno la llamó—Oye, niña… no juegues con fuego más grande del que puedes soplar.

Ella se detuvo, sin mirarlo.—Lo sé. Pero me gusta jugar —contestó, y se perdió en la noche con el brillo de los lingotes en la oscuridad y el sabor de la promesa en la lengua.

Una vez que Vivian se marchó, Yuno dejó de sonreír. La mocosa había tenido los huevos (ovarios) de pedirle protección para tres personas, y eso no era algo que uno diera a la ligera. Normalmente los traficantes de información pedían cobertura para sí mismos —un corredor limpio, una coartada, un pago—; pedir que otros quedaran intocables era… nuevo, y potencialmente problemático.

Se quedó un momento en la penumbra del muelle, mirando el brillo de los lingotes en la bolsa como si fueran ojos que lo juzgaran. Entonces llamó a Karo y a dos hombres de su confianza. La voz de Yuno era baja, cortante:.

—Karo, verifica todo lo que puedas sobre esos nombres. Wise, Belle, y ese tal Tn. ¿Quiénes los cubren? ¿Tienen padrinos? ¿Algún vínculo con Ocean o con el gobierno o seguridad publica? No me traigas cuentos; quiero pruebas.

.

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Karo regresó con respuestas en cuestión de horas. El patrón se dibujó claro y no era tranquilizador: Wise, el joven propietario de la tienda de música randomplay, además de atender el local, manejaba rutas de información desde cavernas Hollow —un recurso peligroso pero rentable—. Belle era su hermana y, lo más explosivo, mantenía una relación con el heredero de Ocean Industries: un nombre que, por sí solo, abría guerras. Y Tn… trabajaba para una compañía de placer, un proveedor de servicios privados —la clase de manos que se metían en todos los bolsillos sin hacer ruido.

Yuno apretó los dientes.

—La puta madre. Ocean Industries —murmuró, trazando el nombre en el aire—. Eso complica todo. No toco sus intereses por nada del mundo. Si esto es cierto, niña, me das problemas.

Llamó a otro contacto, un viejo en los muelles que aún recordaba los días de la Antigua Eridu. Habló sin rodeos—¿Belle ligada a Ocean? —preguntó Yuno.

—Sí —respondió el hombre—. Novia del heredero. No un noviazgo cualquiera; familia ligada al consejo. Mucho cuidado si pisas ahí.

Yuno dejó escapar un suspiro largo. Pensó en la promesa que había hecho en el muelle: cubrir a Vivian si las cosas se torcían. Eso ya no era solo proteger una ladrona; era cruzarse con Ocean Industries y con los ecos de la guerra, y esos eran peces que devoraban redes enteras.

Se volvió hacia sus hombres y habló con voz fría pero firme—El trato sigue en pie, pero por cada favor que me pida esta chica quiero garantizado un pago y una pieza de su trabajo. Quiero que me entregue puntos de acceso, rutas alternativas, y que nos permita verificar los movimientos antes de que alguien más se mueva. Y si alguien intenta usar esa información contra civiles… yo decido cómo responde la mesa. ¿Me quedó claro?

Karo asintió, leyendo la gravedad del encargo.

—Entendido, jefe. Montamos vigilancia discreta. Nada que atraiga a Ocean. Si detectamos algo, te aviso y lo manejamos con la sutileza de siempre.

Yuno volvió a mirar la bolsa con el oro, luego al muelle vaciado, donde las sombras bailaban con la marea. Sabía que aceptar el trato era abrir una puerta que podría no cerrarse. Pero también sabía cómo operar en la cuerda floja: con reglas, favores y, cuando hiciera falta, con violencia calibrada.

—Muy bien —dijo para sí, mostrando apenas una sonrisa dura—. Que venga la mocosa. Si ella cree que puede repartir órdenes desde la sombra y que yo limpiaré sus desastres gratis… aprenderá que todo tiene un precio. Pero por ahora, prefiero pagar ese precio. Porque cuando Ocean se mueva, no querrás estar del lado equivocado.

Con eso dio la orden final: mantener ojos en Wise, Belle y Tn; preparar rutas limpias por si había que mover a alguien; y esperar a que Vivian cumpliera su parte. La ciudad seguía zumbando, y en el centro del zumbido, una mujer con sombrilla comenzaba a atar piezas que nadie más entendía.

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Vivian regresó a su casa con paso ligero, el sonido de sus botas resonando en el suelo como si acompañara el ritmo de su satisfacción. El mensaje de Yuno seguía brillando en la pantalla de su teléfono: “Trato aceptado. Condiciones cumplidas.”La banshee sonrió, una de esas sonrisas suaves que no llegaban a los ojos, y se dejó caer en el sofá.

—Sabía que aceptarías, viejo lobo… —murmuró con voz tenue, acariciando el borde de su sombrilla—. Nadie rechaza a Vivian cuando hay informacion de por medio.

Unos golpes en la puerta interrumpieron su autoelogio. Toc-toc. Dos, luego tres más, más fuertes.Vivian arqueó una ceja, con un suspiro teatral, y se levantó. Al abrir la puerta, encontró a dos hombres con máscaras negras, corpulentos, portando un maletín y escoltando a una mujer Thiren de clase pulpo.

Sus tentáculos se movían con inquietud, reflejando el nerviosismo de quien sabía que ya no tenía elección. Los ojos de Vivian brillaron apenas.

—Ah… el pedido especial —dijo en un tono casi musical—. Llegan justo a tiempo, mis adorables mensajeros.

Uno de los hombres dejó el maletín sobre la mesa con un golpe seco.—Sesenta mil en efectivo —dijo con voz distorsionada por la máscara—. Y la mercancía fresca, como pidió. Sin daños.

—Excelente —respondió Vivian con una sonrisa satisfecha, abriendo el maletín para comprobar el contenido. Los lingotes dorados relucían bajo la tenue luz de la lámpara—. Siempre tan profesionales. Denle mis saludos a su patrón.

Los hombres asintieron y se marcharon en silencio. Vivian cerró la puerta con un clic y miró a la mujer pulpo, que se había quedado de pie, observando el viejo retrato arruinado colgado en la pared.

—¿Ese hombre… quién era? —preguntó la Thiren, su voz temblando entre curiosidad y miedo.

Vivian la miró de reojo y sonrió con un dejo de melancolía.—Nadie importante. Un recuerdo que se niega a morir, supongo —respondió mientras se acercaba lentamente—. Pero no viniste a hablar de arte, querida. Siéntate, relájate… prometo que no dolerá demasiado.

La mujer obedeció, sentándose con rigidez en el sofá. Sus tentáculos se recogieron, como si intentaran esconderla. Vivian se sentó a su lado, la miró con dulzura fingida, y luego, sin previo aviso, acercó los labios a su cuello.

—Shh… tranquila —susurró la banshee—. Esto es natural… casi íntimo, ¿no lo crees?

Mordio con hambre,la thiren jadeo ante la repentina sensacion.

La piel se rompió bajo la presión de sus colmillos. La sangre tibia, salada y dulce al mismo tiempo, fluyó lentamente. Vivian cerró los ojos, saboreando cada trago gimiendo por el sabor, cada sorbo estremecimiento de la Thiren. Los sonidos eran suaves: un jadeo, un murmullo, el roce de tela contra piel.

-Ahh ahhh ahhh L-lady ahh no duele ahhhhhh!-Vivian aplico mas fuerza sobre la thiren en el sofa mientras apartaba su boca del cuello dejando un rastro del liquido carmesi.

-Ah~ Ah~ Ah~, aun no termino-Rasgo la parte superior de su ropa liberando sus pehcos,con hambre la vanshee se arrojo a un pecho y empezo a morder, su lengua jugueteo un poco con el pezo de la thiren y metio tanto como pudo en su boca y comenzo a comer de nuevo.

—Mmm… deliciosa —murmuró Vivian al separarse, limpiándose los labios con el dorso de la mano—. La sangre marina siempre tiene ese toque fresco… como un beso al océano.

Volvio a morder el otro pecho los tentaculos debajo de ellas se retocian pero ninguno se movio en contra de la Vanshee.

Por lo que debieron ser horas Vivian habia terminado su cena.

La mujer jadeó, tambaleándose apenas, y Vivian la ayudó a recostarse.—Descansa un poco, cariño. Has sido una cena perfecta —dijo con tono dulce, casi maternal.

Luego se levantó, con calma, y fue a buscar su costurero. Se acomodó frente a su mesa, bajo la tenue luz de la lámpara, y comenzó a tejer. Hilo blanco, tela suave, bordes cuidadosamente cosidos. Pronto, las figuras tomaron forma: una nueva funda de almohada, con los rostros sonrientes de Belle, Wise y Tn.

Mientras pasaba la aguja por la tela, tarareaba una melodía triste y familiar.—Mis queridos Proxy… tan lejos de mí, tan perfectos… —susurró—. Nadie los tocará, nadie los dañará. Son míos, solo míos… y todo lo que hago es por ustedes.

Una gota de sangre cayó de su dedo sobre la tela, tiñendo el hilo de rojo. Vivian la miró y rió suavemente.—Supongo que un poco de mí no les hará daño. Así estarán más cerca… más reales.

La mujer Thiren dormía en el sofá, el retrato seguía en su sitio, y la casa olía a hierro y flores marchitas. Vivian siguió tejiendo, cantando para sí, atrapada entre el amor y la locura, entre la devoción y el hambre.

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no se si sere yo pero al parecer ya a varios no les llama la atencion lo que escribo o la trama se les hace monotona……tal vez sea solo yo pero bueno seguire actualizando todos los dias

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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