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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 211

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  4. Capítulo 211 - 211 Mavuika genshin imapct
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211: Mavuika genshin imapct 211: Mavuika genshin imapct  Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.

Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.Bien como prometí un remake de la arconte fuego 7w7 y tengo la idea.

______________________________________________ ______________________________________________________________- Si crecieras escuchando las hazañas de los Arcontes, de seguro los mirarías como héroes….

Eso pensaba Mavuika junto a su hermana Hino.

Eso pensaba ella en aquel entonces—cuando el fuego le parecía eterno, cuando las leyendas pesaban más que la realidad, cuando ser Arconte era un sueño tan ardiente como ingenuo.

Ahora, renacida en un futuro que aún le resulta extraño, esos recuerdos regresan como cenizas calientes atrapadas en la palma de su mano.Recuerda perfectamente el peregrinaje, recuerda el día en que ganó el derecho a convertirse en la nueva Arconte Pyro.

Y recuerda a él.

A Tn.

El Ex-Arconte.

El Fuego Errante.

El Sol que jamás se pondría sobre sí mismo.

Era… especial.

Demasiado especial.

Mavuika recordaba haberlo visto por primera vez en el Coliseo Sagrado de Natlan, esperando encontrar a un héroe radiante que inspirara a su pueblo.

En lugar de eso, lo vio bebiendo directamente de una jarra enorme, bailando sin vergüenza, y tocando un arpa dorada como si la guerra no fuese más que otro escenario para su vanidad.

—¿Ese es… el Arconte Pyro?

—susurró Hino a su lado, horrorizada.—Creo… que sí —respondió Mavuika, intentando no mirar demasiado tiempo la pose dramática que Tn hacía entre cada acorde.—¿Está… posando?—Creo que siempre está posando.

Aun así, cuando Tn la miró, sonrió con una luz que no parecía de este mundo.

Era hermoso, sí… pero también aterrador en una forma distinta.

Tn, incluso en su caótica arrogancia, había velado por Natlan con más fuerza y furia de lo que cualquier historia podía contar.

Pero luego desapareció.

Sin aviso.

Sin legado claro.

Sin siquiera dejar un cadáver o un sucesor formal.

Mavuika murió hace 500 años, en su primer reinado….

Mavuika se sacrificó hace 500 años para salvar a Natlan, un acto que formaba parte de un plan a largo plazo para que pudiera resucitar en la época actual y liderar a su nación en una nueva era.

Su muerte fue un sacrificio deliberado para proteger a Natlan de la influencia del Abismo y garantizar que el reino estuviera listo para enfrentar al Abismo de nuevo, con su plan en marcha durante esos 500 años.

Y al renacer, encontró un Natlan que hablaba de Tn otra vez.

Decían que había regresado.

Que había gobernado parcialmente en su ausencia.Que su sombra ardía nuevamente detrás de cada volcán.

Y ahora, con 25 años y su divinidad recién recuperada, Mavuika caminaba por los senderos de la tribu Nanatzcayas, esperando encontrarlo.

Esperando… aunque no estaba segura si era emoción, temor o ambas cosas lo que ardía en su pecho.

Los niños de la tribu la saludaban mientras pasaban.

—¡Arconte Mavuika!

—gritó uno, con las mejillas manchadas de barro.

—¡¿Vendrá el Sol Eterno otra vez?!

¿El antiguo arconte?!

—Dicen que está cerca —agregó otro, con los ojos abiertos como brasas nuevas—.

¡Dicen que tocó su arpa anoche y la montaña tembló!

Sí, ese sonido… lo había sentido ella también.Un eco de luz y arrogancia que no podía confundirse.

El desgraciado se habia marchado dejandole el cargo hace 5 siglos y volvio solo cuando ella cayo.

Mientras avanzaba hacia la plaza central, una anciana la detuvo sujetando su brazo.

—Niña… si lo encuentras, no lo mires como antes —advirtió la mujer, los ojos temblorosos—.

El Sol de Medianoche no es un héroe.

—Lo sé —respondió Mavuika, con un susurro casi triste.

—No, no lo sabes.

Él brilla más cuando lo admiran… y más aún cuando lo temen.

—Aun así debo hablar con él.-Mavuika siguió adelante.

Un temblor leve bajo sus pies.

Una vibración luminosa que provenía del antiguo templo.

Y entonces lo escuchó.

Aquellas notas arrogantes, divinas y descaradamente sensuales que ninguna otra persona podía producir.

La Lira de Febo.

El sonido que podía anunciar tanto una bendición como una calamidad.

—Así que… regresaste —murmuró Mavuika, su voz teñida de nostalgia y cansancio.

Un destello de luz rojiza surgió detrás de las columnas del templo.

Una voz melodiosa, excesivamente dramática, habló:.

—Ah… mi pequeña sucesora renacida.

Qué hermosa has crecido.

Qué radiante… qué imperfecta… y, aún así, bellísima en tu lucha constante.

Mavuika apretó los dientes.

Había pasado tanto tiempo… y aun así esa personalidad seguía marcando cada sílaba.

—Tn —respondió ella—.

Necesito respuestas.

—Y yo necesito ser admirado —dijo él tranquilamente—.

Mira qué coincidencia, ambos tenemos prioridades.

Él salió finalmente de entre las sombras.Su piel brillaba como si ardiera por dentro.Sus ojos, dorados y peligrosos.Y su sonrisa… su sonrisa era la misma que había conquistado y destruido a miles.

—Ven, Mavuika —dijo extendiendo una mano, arrogante hasta la médula—.

Hablemos del futuro de Natlan… Y del tuyo.

Y aunque Mavuika no lo admitiera, su corazón ardió como un volcán.

No por amor.

No por miedo.

Por la certeza de que ese hombre…Ese ex-Arconte….

Traería una guerra de emociones que ni la diosa del fuego más joven podría controlar.

Tn la condujo a través del viejo templo en ruinas como si aquello fuera todavía su hogar, como si los siglos no hubieran pasado, como si todo siguiera siendo suyo.

El sonido de sus pasos resonaba entre columnas quebradas y muros cubiertos de raíces.Mavuika sentía cada latido como un golpe de lava en su pecho.

Había tantas cosas que quería decirle…Tantas cosas que quería reprocharle.

Cinco malditos siglos.

Cinco siglos donde ella había muerto, renacido, protegido, luchado…Y él había gobernado Natlan sin cambiar nada.Solo manteniéndola viva a duras penas.

Un reino detenido en el tiempo… igual que él.

Al llegar al salón principal, Tn se dejó caer en un sofá antiguo decorado con bordes dorados, como si estuviera en un palacio y no en un templo quebrado.

—Qué linda estás renaciendo —murmuró con una sonrisa ladeada y descarada—.

Más madura… más fuerte… y definitivamente más sexy.

Mavuika le devolvió una mirada plana, tan fría como podía permitirse una diosa del fuego.

—¿Eso es lo primero que tienes que decirme?

—preguntó con voz contenida.

Tn suspiró con dramatismo exagerado, haciendo desaparecer la arpa de entre sus manos.

El brillo dorado se apagó, y por primera vez, se sentó firme… sin poses.

Sin bailar.

Sin sonrisa ruidosa.

—Muy bien, muy bien… —dijo, apoyando los codos en las rodillas—.

Hablemos como dos arcontes.

O como lo que quieras que seamos ahora.

Mavuika apretó los dientes.Quería golpearlo.Quería borrarle esa sonrisa insolente hasta que dejara de brillar.

Pero respiró.

Ella era la Arconte Pyro ahora.

Ella era la que llevaba a Natlan sobre sus hombros.Ella no podía explotar… aunque él lo mereciera.

Tn ladeó la cabeza, observándola con curiosidad infantil.

—¿Cómo te va con el gobernaje, Mavuika?

—preguntó como si hablara del clima.

—¿De verdad me preguntas eso?

—respondió ella con incredulidad.

Él alzó una ceja.

—Pues sí, vine a ver cómo creciste.

No todos los días renace mi… sucesora imperfecta pero encantadora.

Ella se cruzó de brazos, sintiendo que el fuego le hervía en las venas.

—Mis deberes —comenzó, conteniendo su furia— incluyen proteger a mi pueblo del Abismo, buscar una manera de potenciar el fuego sagrado, preservar los recuerdos de nuestros héroes, y sostener un peregrinaje que ha sido cancelado porque no encontramos respuestas.

Tn escuchaba con atención… o eso parecía.

—También debo mantener un equilibrio con las tribus, alimentar el espíritu del volcán, asegurar que los luchadores no mueran sin guía, y….

—Wow —interrumpió él suavemente—.

Te dieron demasiadas tareas para una sola chamaquita renacida.Pruff por algo delegue todo eso a consejales.

Ella lo fulminó con la mirada.

—Son las responsabilidades de un arconte.

Cosas que tú ignoraste.

Un silencio denso cayó entre ambos.La luz que emanaba del cuerpo de Tn se volvió más tenue… y más fría.

—Yo mantuve Natlan viva —dijo él finalmente, sin su tono usual—.

No era mi era.

No era mi fuego.

Yo solo… cuidé lo que me pertenecía hasta que tú regresaras.

Mavuika frunció el ceño.

—¿Y por qué te fuiste cuando asumí el cargo?

¿Por qué desapareciste?

Tn sonrió… pero ya no parecía coqueto.Era una sonrisa triste, quebrada, como fuego cansado.

—Porque el sol no puede quedarse cuando nace uno nuevo —murmuró—.

Y tú necesitabas ser el centro.

No yo.

Mavuika retrocedió un paso.

—Eso no explica por qué no hiciste nada durante cinco siglos.

—Hice lo necesario —respondió él—.

Nada más.

Nada menos.

Natlan no necesitaba un dios creciendo.

Te necesitaba a ti.O algo mejor a mi.

Ella sintió un estremecimiento recorrerle la espalda.

—No soy una niña.

No busco tus halagos vacíos —dijo, casi en susurro.

—No son halagos —musitó Tn, levantándose y acercándose a ella—.

Lo creas o no… te admiré antes de que murieras.

Y ahora que volviste… Eres aún más impresionante.

Aún más tú.

Aún más… hermosa en tu deber.

Ella tragó saliva, irritada con él… y consigo misma por sentir esa punzada en el pecho.

—Natlan no necesita tu poesía —dijo Mavuika, retrocediendo—.

Necesita un arconte responsable.

Tn sonrió.Y el templo entero pareció iluminarse con él.

—Entonces… ¿me permitirás quedarme a tu lado?

Solo un poco.

Para ayudarte a encender este nuevo fuego.

O para recordarte cómo arde el viejo.

Mavuika sintió el corazón retumbar.No sabía si era furia, nostalgia, tentación… o peligro.

Ella misma lo pensó mientras lo observaba en silencio:.

Natlan tendría una fuerza incomparable si ambos arcontes trabajaran juntos.Dos fuegos, dos eras, dos voluntades.El pasado y el presente, hombro con hombro.

Pero algo no cuadraba.

Tn seguía teniendo la misma apariencia juvenil y radiante de siempre:Piel tersa, cuerpo perfectamente trabajado, cabello reluciente como oro líquido, y aquella corona de laurel que parecía brillar por cuenta propia.

Su toga blanca mezclada con detalles de kimono, su obi adornado con cadenas doradas, su pecho descubierto lleno de joyería solar…Una figura entre dios y artista.Entre rey y gigoló arrogante.

Pero esa luz….

Esa luz no era la misma.

Mavuika entrecerró los ojos, afinando sus sentidos divinos.

Tn seguía siendo hermoso.Pero ya no era radiante.

Sentía su llama interna como una vela terca, oscilante, aferrándose a no extinguirse.

Su corazón se percibía tenue, por momentos casi apagado.

Como si hubiera estado sangrando poder durante siglos sin decirle a nadie.

Como si su orgullo le impidiera mostrar debilidad.

Y aun así sonreía.Aun así posaba.Aun así pretendía ser el sol eterno.

Mavuika suspiró.Un sonido lleno de fuego contenido y resignación.

Extendió su mano hacia él.

Tn parpadeó, sorprendido por el gesto.

—¿Eso significa…?

—comenzó él, con un brillo juguetón en la mirada.

—Significa que acepto —dijo ella con firmeza—.

Gobernaremos Natlan juntos.

Pero con mis condiciones.

Tn tomó su mano con una elegancia exagerada.

—Sabía que no podrías resistirte a mí —declaró, inclinándose ligeramente—.Soy muy brillante como para quedarme fuera de tu reinado.

Pero justo cuando él iba a soltar una broma más, Mavuika apretó su mano con fuerza.

Mucha fuerza.

Suficiente para que Tn contuviera el aire y soltara un leve gemido involuntario.

Ella tiró de él con brusquedad, acercándolo hasta que sus rostros quedaron a pocos centímetros.

Los ojos de Tn se abrieron un poco, sorprendido y… no del todo incómodo.

—Escúchame bien, ex–Arconte —susurró ella, con voz baja y firme—.Si vas a quedarte en mi reino…Te pondré a trabajar.

El gemido suave que escapó de Tn fue casi un susurro quebrado.

—A-ay… eso sonó peligrosamente excitante —murmuró, con un rubor inesperado en las mejillas—.Continúa, por favor.

Ella lo sostuvo aún más cerca.

—No vine a rescatar tu ego —sentenció—.Vine a reconstruir Natlan.

Y tú serás parte de ese trabajo.

Te guste o no.

Tn tragó saliva.La luz en su pecho tembló.Pero esta vez no por debilidad… sino por algo más complejo.

—Eres… más estricta de lo que recuerdo —dijo él, intentando recuperar compostura—.Definitivamente más dominante.

Esto se está volviendo muy interesante.

Mavuika soltó su mano, dándole un pequeño empujón hacia atrás.

—Te advertí que te pondría a trabajar —repitió ella con dureza—.Y no aceptaré objeciones.

Tn sonrió ampliamente, tocándose la muñeca que ella había apretado.

—Si esa es tu forma de dar órdenes…Creo que seré muy buen subordinado.

Mavuika rodó los ojos, pero no pudo evitar notar algo.

En el instante en que lo había tomado con fuerza…La llama débil en su pecho titiló con más vitalidad.

Como si…Como si su autoestima —ese fuego ridículo que lo alimentaba— hubiera ardido un poco más.

Como si él necesitara que alguien lo empujara para volver a arder.

Ella respiró hondo.

Eso complicaría las cosas.

Había al menos seis tribus principales en Natlan, cada una con su propio modo de sobrevivir, luchar y celebrar la vida:.

Nanatzcáyan – Vástagos del Eco.

Huitztlán – Retoños Arbóreos,.

Meztli – Pueblo de los Manantiales.

Mictlán – Augures Vientonocturno.

Tlalocán – Tribu Plumaflora.

Teteocán – Comunidad de la Feracidad.

Mavuika caminaba a un paso firme detrás de Tn, mientras ambos cruzaban el puente colgante que marcaba el límite entre la zona ceremonial y los Cuarteles del Fuego Antiguo.

El viento ardiente traía consigo el aroma de maderas quemadas… y algo más.

Tn lo reconocía.

El hedor del Abismo, filtrado por los respiraderos del volcán.

Cuando llegaron al corredor central, Mavuika lo miró directamente—¿Qué estuviste haciendo todo este tiempo que yo no estuve?

—exigió, cruzándose de brazos—.

Y por favor no me digas que “te encargaste de todo”.

Tn se rascó la cabeza con fastidio.

—…Bueno… delegué todos los deberes en los consejales.

Como suelo hacerlo.

El ojo de Mavuika tembló.

Detestaba cuando se hacía el vago.

Lo detestaba más cuando era honesto al respecto.

—¿Delegar?

Tn… —resopló—.

No eres un guerrero cualquiera.

¡Eres el representante del Sol!

¿No puedes al menos fingir que trabajas?

—Claro que sí trabajo —respondió él con un suspiro—.

Tuve más líos con los ataques del Abismo que con los consejales.

Créeme, habría preferido escuchar quejas administrativas todo el día.

Mavuika frunció el ceño.

—El Abismo siempre intenta infiltrarse, pero… ¿tantos ataques como para usar tu arma?

¿Tanto como para gastar tu energía así?

Tn ladeó la cabeza ligeramente, casi avergonzado.

—Tuve a todos los colosos ocupados.

Literalmente.

Los puse a bombardear con flechas sin parar.

—…¿Colosos?

—repitió ella, incrédula—.

¿Te refieres a las estatuas guardianas o a la grande?

Tn no respondió de inmediato.

Sus ojos se desviaron hacia el horizonte volcánico, donde un destello dorado atravesó el cielo como una bengala solar.

—A la grande —admitió al fin.

Mavuika abrió los ojos como si hubiera escuchado una blasfemia.

—¿La estatua de Solaris Epicurus?

¿¡La Gran Estatua del Eclipse Solar!?

Tn… ¡esa cosa no se activa a la ligera!

Está hecha para guerras cataclísmicas.

Para meteoros.

Para dioses caídos.

¡No para—.

—Lo sé —la interrumpió él, cansado—.

Pero no podía darme el lujo de esperar a que se acercaran.

Si el Abismo entraba a Natlan, sería peor.

El suelo volvió a vibrar ligeramente.

Otro disparo.

Otro rugido solar rasgando el cielo.

—La dejé de guardián en las fronteras —explicó—.

Ataca cualquier amenaza.

Todavía funciona, aunque… —miró sus manos, temblorosas, como si no fueran suyas— no sé por cuánto tiempo más.

Mavuika lo observó en silencio unos segundos, finalmente comprendiendo la magnitud de lo que había hecho.

—Tn… —su voz fue más suave—.

Activar esa arma drena tu esencia.

No deberías mantenerla encendida tanto tiempo.

¿Qué clase de criaturas te obligaron a llegar a ese extremo?

Tn bajó la mirada.

Su sonrisa fue casi inexistente.

—No quieres saber qué monstruos vi.

—Cuéntamelo.

Ahora.

—ordenó Mavuika, acercándose un paso, fijando sus ojos en los de él—.

Si tú tuviste que enfrentar eso solo, tengo derecho a saberlo.

Tn tragó saliva.

Sus hombros parecían más pesados que antes.

No por el combate, sino por el recuerdo.

—Está bien… pero no digas que no te lo advertí.

El viento del volcán dejó de soplar.

El aire se volvió demasiado quieto.—El primer monstruo apareció tres días después de que te fuiste mmmm sacrificaste, justo en la grieta norte del Nanatzcáyan —empezó Tn, con la voz más baja—.

Y no era una criatura del Abismo normal.

No tenía forma.

Era… una sombra hecha de huesos, pero vivos.

Como si alguien hubiera mezclado cientos de cadáveres y los hubiese obligado a moverse juntos.Era espantosa.

Mavuika palideció levemente.

—Las flechas solares lo atravesaron —continuó—.

Pero no lo destruyeron.

Créeme, Mavuika… nunca había visto algo así.

Y ese solo fue el primero.

Hizo una pausa.

Sus ojos se oscurecieron.

—Vinieron en grupos.

Siete oleadas.

Cada una peor que la anterior.

Y no eran simples criaturas… eran inteligentes.

Buscaban puntos débiles, probaban patrones… y se organizaban.

Mavuika sintió un escalofrío involuntario recorrer su espalda.

—Por eso activaste la Estatua —susurró.

—Sí —admitió Tn, finalmente levantando la mirada—.

Porque si esas “cosas” llegaban a las aldeas… ninguna de nuestras tribus los habría detenido.

Un silencio largo se instaló entre ambos.

Mavuika respiró hondo.

—Entonces… quiero que me cuentes todo.

Desde el primer día hasta el último disparo.

No voy a dejarte cargar con eso solo.

Tn la miró.

Y por primera vez desde que volvió… dejó ver el cansancio real en sus ojos.

Tn se recargó en un pilar de obsidiana.

El rojo del volcán iluminaba su rostro a medias, marcando sombras profundas bajo sus ojos cansados.

Suspira una vez, y luego mira a Mavuika con cierta nostalgia.

—¿Quieres saber qué pasó?

—murmuró—.

Entonces tendrás que recordar quién eras antes.

Mucho antes.

Tu nombre antiguo, Mavuika… el nombre que llevabas cuando todavía eras fuego nuevo en Natlan.

Mavuika parpadeó, sorprendida.

—Mi… ¿nombre antiguo?

Tn sonrió apenas.

—Kiongozi.

La joven que gobernó con más fuerza que todos los ancianos juntos.

La futura Arconte que hacía temblar a los consejales solo al entrar en la habitación.

Los ojos de Mavuika se abrieron, como si una sensación olvidada despertara en su pecho.

—Hace siglos que nadie dice ese nombre… —susurró.

Tn se acomodó mejor en el pilar.

—Entonces escucha.

Así empezó todo.

Cambio al pasado – Natlan celebrando a KiongoziLa luz cambia.

El calor se vuelve más suave.

Gritos de celebración, tambores, plumas danzando en el aire.

Tn estaba sentado en su trono provisional, copa de vino en mano, mientras los consejales hablaban sin parar.

—Arconte Tn, necesitamos su firma para la redistribución de—.

—Arconte Tn, el tratado de comercio de—.

—Arconte Tn, la gente de Tlalocán pide—.

Tn levantó una mano, sin siquiera mirarlos.

—Tengo algo mucho más importante que hacer ahora mismo.

—¿Más importante que gobernar, su excelencia?

—preguntó un consejal incrédulo.

Tn sonrió de lado, con esa expresión descarada que solo él podía llevar sin que lo ejecutaran.

—Sí.

Los baños termales de Meztli me esperan… —dio un sorbo largo a su vino— y también varias mujeres muy preocupadas por mi estado emocional.

Debo atenderlas.

Es mi deber como Arconte… ¿no creen?

Los consejales se tomaron el rostro con ambas manos.

—Este hombre es una desgracia divina… —susurró uno.

—Que los cielos nos protejan… —murmuró otro.

Tn dejó la copa en la mesa y se levantó con elegancia exagerada.

—Bien, resolveré los asuntos diplomáticos cuando regrese de mis vacaciones.

No destruyan nada en mi ausencia.

Salió del pódium caminando entre risas, gritos y música.

Las calles estaban iluminadas por antorchas danzantes.

Toda Natlan celebraba a su nueva Arconte.

Kiongozi.

La joven Mavuika, hermosa, fuerte, con trenzas adornadas de jade.

Su hermana menor la abrazaba mientras la multitud coreaba su nombre.

Cuando Mavuika—Kiongozi—vio a Tn, se acercó de inmediato para mostrar respeto.

—Arconte Tn —dijo inclinando la cabeza.

Él sonrió… ese tipo de sonrisa que hacía que cualquiera quisiera golpearlo y besarlo al mismo tiempo.

—Tú ya eres la jefa del lugar ahora, Kiongozi.Le guiñó un ojo.—Yo me retiraré a mis vacaciones… prolongadas.

Ella se quedó paralizada, mirándolo alejarse como si fuera una broma pesada enviada por los dioses.

—¿…Se va?

—preguntó ella, confundida.

Los consejales inmediatamente se acercaron.

—Arconte Kiongozi, por favor síganos.

Hay mucho trabajo pendiente.

Ella solo suspiró profundamente mientras veía la figura de Tn desvanecerse entre la multitud, rumbo a Meztli a… atenderse.

.

.

.

.

La guerra Arconte El calor se intensifica.

El pasado se transforma en fuego, humo y gritos.El cielo de Natlan, antes rojo de vida, ahora era rojo de muerte.

Tn narraba con voz baja, casi ronca.

—La guerra llegó más rápido de lo que esperábamos.

El continente entero temblaba con la invasión.

Y Kiongozi… tú… —la miró— fuiste la primera en responder.

La imagen de Mavuika—Kiongozi—alzando su espada resplandece entre la ceniza.

—“Retirada no existe para el fuego”, dijiste antes de lanzarte contra los invasores.

Fue la primera en usar el poder completo de la muerte para sofocar la entrada de los ejércitos.

Y también la primera en pagar el precio.

En la Guerra de los Arcontes, lo que se invadió fue el poder y el derecho a gobernar sobre los siete asientos de Celestia, lo que llevó a los dioses a luchar por la supremacía en Teyvat.

El conflicto se extendió durante miles de años, hasta que finalmente se estableció un nuevo orden bajo los Siete Arcontes.

—Moriste quemando todo lo que estaba al otro lado —dijo Tn en voz baja—.

Quemaste incluso tu alma para impedir que cruzaran.

Mavuika desvió la mirada, como si dentro de su pecho algo ardiera.

—No recuerdo… pero siento el peso —susurró.

Tn volvió a hablar, su voz más grave.

—Mientras tú detenías la invasión… yo me encargaba del resto.

.

.

Colosos del Abismo cayendo bajo flechas solares que rompían la tierra.

Tn saltando sobre criaturas gigantescas con las manos ensangrentadas.

Dragones oscuros siendo arrastrados al suelo por Artemis Elenchos, sus hilos brillantes envolviéndolos como cadenas divinas.

Explosiones en el cielo, rugidos, el Eclipse Solar encendiéndose por primera vez en milenios.

—Te diré algo que casi nadie sabe —añadió Tn, cerrando los ojos con cansancio—.La mitad del ejército invasor jamás llegó a tocar tierra firme.

Porque yo… —tragó saliva— los maté antes.

Mavuika lo miró sorprendida.

—Nunca supe… que hiciste tanto.

—No tenía caso que lo supieran —respondió él—.

Al final… no salvamos todo.

Perdimos más de lo que ganamos.

Miró el cielo, donde la estatua colosal aún disparaba sus flechas.

—Pero esta vez —dijo— no pienso dejar que pase lo mismo.

No voy a perder otro Natlan.Ni voy a perderte otra vez.

El silencio se volvió profundo.

Mavuika dio un paso hacia él.

—Entonces sigue hablando —dijo suavemente—.

Quiero escuchar toda la verdad.

Toda.

Desde tu primera flecha hasta la última bestia que enfrentaste.

Tn respiró hondo.

La sonrisa descarada volvió a aparecer en los labios de Tn, la misma que Mavuika recordaba de sus vidas pasadas.

Esa sonrisa que anunciaba verdades incómodas… o desastres.

—Algunos pretendientes al puesto intentaron hacerse con el trono de Natlan —comenzó a decir Tn, moviendo la mano con despreocupación—.

Apenas murió Kiongozi, aparecieron como moscas sobre fruta podrida.

Usurpadores.

Charlatanes.

Genios autoproclamados.

Hubo uno que incluso decía que podía hablar con volcanes.Sucumbió en cinco minutos.

Explosión poco elegante, si te soy sincero.

Mavuika arqueó una ceja.

—¿Y los Arcontes Pyro después de mí?

¿Todos fueron…?

—Xbalanqué fue el único decente —admitió Tn—.

El resto eran simples aspirantes con ego.

Ninguno auténtico.

Ninguno con fuego real.

Tn levantó un dedo, adoptando un tono dramático.

—Y mientras tanto, yo estuve los primeros 347 años disparando a todo lo que entrara en el rango del Eclipse Solar.

Perpetua vigilia, día y noche.

Dragones, bestias, sombras, abisales, demonios, viajeros, ladrones, pájaros….

—¿Pájaros?

—Mavuika lo interrumpió.

—Algunos eran sospechosos.Como los Hilichurls o eran bardos?

Mhp bueno podian volar y tenian alas.

—¡No puedes arriesgarte con aves!

El Abismo es creativo —dijo él, completamente serio.

Mavuika se llevó la mano a la cara.

—Eres increíble….

Tn continuó—Después de eso, dejé la estatua funcionando con mi energía.

Me retiré un poco.

Volvía de vez en cuando a gobernar Natlan, aburrirme, beber, perseguir chicas, descansar… lo normal.

Hasta que tú volviste en esta vida.

Y entonces… simplemente me marché otra vez.

Mavuika lo golpeó en el hombro.

No muy fuerte… pero tampoco suave.

—¡Viejo irresponsable!

—rió ella—.

¡No vas a librarte tan fácil!

No después de dejarme el peso de Natlan encima DOS veces.

¡Dos!

¡¿Te parece divertido?!

Tn se encogió de hombros con descaro.

—No lo dejé caer encima… solo lo puse en tus manos.

Con amor.

—¡Eso no es amor, eso es abandono de responsabilidades me dejaste pagado deudas!

—Oh, por favor —responió él—.

Todo eso ya te lo conté.

Esa fue la historia completa.

Ahora lo importante es otra cosa.

Tn inclinó la cabeza, mirándola con curiosidad ardiente.

—¿Qué quieres hacer ahora, Mavuika?—¿Seguir quejándote?

¿Golpearme más?

¿Beber?

¿Reconstruir?Sexo tal vez.

Mavuika guardó silencio un instante.

Luego, con estilo exagerado, sacó sus gafas de sol y se las puso con un movimiento dramático.

—Vamos a arreglar Natlan juntos.

Empezamos hoy.

Tn la vio.

Bajó la mirada.

Subió una ceja.

—Mavuika….

—¿Sí?

—Usar gafas de sol en la noche… solo te hace ver estúpida.

El silencio.Luego el sonrojo.Feroz, instantáneo.

Mavuika bajó la cabeza mientras se quitaba las gafas rápido.

—¡Eres un anciano anticuado!

—reclamó, roja hasta las orejas.

Tn rió tranquilo, suave, casi cálido.

—Puede ser.

Pero al menos sé cuándo puedo ver lo que brilla.

Tn tocó por un instante su mejilla.

—Y ahora mismo Natlan tiene dos cosas brillando:—Tú…—Y nuestro desastre por arreglar.

Mavuika tragó saliva, intentando no sonreír.

Fracasó.

—Entonces muévete, viejo.

—dijo ella—.

Tenemos trabajo.

Mucho trabajo.

Tn se puso de pie, giró su corona de laurel y estiró los brazos.—Como ordene mi Arconte….

—¡No soy tu Arconte!

—Pero podrías serlo —sonrió él.

Mavuika lo empujó mientras caminaban hacia las escaleras del templo.

La reconstrucción —y su nueva vida juntos— acababa de comenzar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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