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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 216

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  4. Capítulo 216 - 216 Miyabi hoshimi part 6 zzz
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216: Miyabi hoshimi part 6 zzz 216: Miyabi hoshimi part 6 zzz Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.

Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.

Dios parece que nadie se lee las pistas o spoilers……y eso que deje de hacerlos poemas para que se entendieran mejor 😞😑 ya deberían saber que clase cosas meto……..bueno a seguir con esto asta donde aguante.

_________________________________________.

La alarma sonó temprano, a las 7 a.m., con ese timbre metálico que siempre hacía estremecer ligeramente a Miyabi.

Abrió los ojos, se incorporó y miró hacia el suelo, donde Kuro —su pequeño universo— “esperaba”.

—Hoy iremos a casa otra vez… a la finca Hoshimi —murmuró con una sonrisa suave.

Kuro maulló.O eso creyó o intentó creer.Ella se inclinó, puso comida en su tazón… un tazón que, para cualquiera, estaba vacío.

—Come despacio, ¿sí?

No te vayas a ahogar —agregó mientras se ponía de pie.

Encendió la radio para romper el silencio.

De inmediato, la voz del famoso locutor Alastor llenó el apartamento con su tono enérgico y algo siniestro.

“Última hora: varios agentes de Seguridad Pública continúan desaparecidos.

Tras la filtración de identidades de agentes encubiertos, múltiples mafias han iniciado una cacería directa.

También se reporta el avistamiento de un Grand hollow de clase desconocida en los anillos exteriores de Calydon…Esto causó preocupación en la poblacion,Seguridad Pública implementó equipos de evacuación”.

Miyabi frunció el ceño.

Ese tipo de reportes hacía que una parte de ella se tensara instintivamente.

—Jane… —susurró, sintiendo una punzada de inquietud.

Por un instante, su pulgar se posó sobre el nombre de su compañera en el comunicador.Por un instante, quiso llamarla.Por un instante, quiso asegurarse de que estaba viva.

Pero retiró la mano.Para mantener a Jane a salvo… mientras más lejos estuvieran, mejor.

Desayunó rápido: té negro y un pequeño onigiri comprado la noche anterior.

Después tomó su katana envainada, ajustó los seguros y salió de su apartamento.

El pasillo estaba en silencio salvo por un bangboo que hacía limpieza.

—Nenenek khfuihd Hongnh shimiii saaagmaa (Buenos días, Hoshimi-sama)—pitó el pequeño robot al verla.

—Buenos días —respondió ella, caminando hacia la calle.

La mañana en Nueva Eridu estaba fresca; pequeñas ráfagas mecánicas de los drones de seguridad pasaban de un lado a otro.

Miyabi bajó las escaleras y se dirigió a la plaza donde había quedado con Tn.

Al enviarle un mensaje avisando que ya estaba en camino, recibió una respuesta casi inmediata:.

Tn: “Estaré allí en diez minutos.

Caminaremos despacio hacia el transporte.

Si notas cualquier malestar, me lo dices.”.

Miyabi observó el texto por unos segundos.Algo cálido, extraño, incómodo y agradable a la vez se instaló en su pecho.

—Es… muy considerado —murmuró, más para sí misma que para el bangboo que pasaba repartiendo volantes.

Cuando llegó a la plaza, se apoyó en una de las barandas metálicas y observó la fuente central, escuchando el rumor tranquilo del agua mientras los ciudadanos empezaban a moverse entre sus rutinas diarias.

Un grupo de bangboos de asistencia pasaba con pequeñas bolsas de compra, otro le entregaba flores a una pareja.

Miyabi suspiró.No sabía si estaba nerviosa o ansiosa.

Solo sabía que hoy… volvería a casa.Y no estaría sola.

Entonces escuchó pasos acercándose.

La voz de Tn, suave y controlada, rompió la distancia que quedaba entre ellos:—Buenos días, Miyabi.

¿Dormiste bien?

Ella se giró, sosteniendo su espada con ambas manos, como si fuera un ancla emocional.—Dormí… lo suficiente —respondió con sinceridad pausada.

—¿Listo para… ir?

—Solo si tú también lo estás —contestó él, ofreciéndole una sonrisa ligera que no presionaba, no exigía, solo acompañaba.

Miyabi tragó saliva, dio un paso adelante y afirmó—Sí… estoy lista.

Vámonos.

El transporte llego y ambos subieron,Tn se sento en el haciento junto a la ventana mientras Miyabi fue a su lado.

Miyabi sostenía su katana en posición vertical, como un bastón apoyado entre sus piernas.

El metal envainado descansaba inmóvil, pero algo en él vibraba, casi imperceptible.Sus orejas se movían cada tanto, reaccionando a sonidos que Tn no podía captar.

Él, sentado a su lado, mantenía una postura tranquila.

Desde la ventana veía pasar el paisaje, pero en su mano sostenía su teléfono, revisando notas, ejercicios respiratorios y recordatorios terapéuticos.

Preparándose.

El transporte dejaba atras la nueva capital avanzando a las zonas rurales.

—¿Estás bien?

—preguntó de pronto, sin levantar la voz.

Miyabi siguió mirando al frente por unos segundos antes de responder—No lo sé.

Tengo años sin volver a este lugar… —susurró—.

No sé cómo sentirme.

Triste, enojada… ansiosa.

Es… demasiado.

Tn asintió, guardando el teléfono.—No tienes que decidir cómo sentirte ahora mismo —dijo con suavidad—.

Solo respira.

Inhala… y exhala.

Vamos a usar esto como parte de la terapia.

No estás sola en esto.

Ella inhaló hondo, sus orejas hundiéndose ligeramente hacia atrás.—Gracias… —murmuró, aún tensa.

El transporte se detuvo con un chasquido hidráulico.

Ambos bajaron.El aire aquí era diferente: más frío, más real, como si el mundo respirara más lento.

Tn vestía ropa de civil: pantalón oscuro, chamarra ligera, nada que llamara demasiado la atención.

Miyabi, igual.

No llevaba su uniforme de capitana.

Solo a Tailless —la condena y el legado del clan Hoshimi.

Y entonces ocurrió.Frente a Miyabi, flotando apenas un metro sobre el suelo, apareció Foxfire, la manifestación espiritual de la espada.Una esfera etérea, un ojo grande, dos pequeños cuernos y un brillo molesto que insistía en hacerse notar.

—Hoh… mírala, volviendo después de años —bufó la criatura, con una voz aguda que solo Miyabi podía escuchar—.

¿Vienes a llorar o a hacer algo útil por fin?

Ella apretó la mandíbula.—Ignórame otra vez y haré ruido justo cuando estés dormida —añadió Foxfire en tono cantarin.

Miyabi simplemente siguió caminando, sin darle importancia.Tn la observó de reojo, notando la ligera rigidez en su cuello.—¿Todo bien?

—Sí.

Solo… es el viento —respondió ella, aunque ni una brisa soplaba en ese momento.

Foxfire rodó su ojo y flotó más cerca de ella mientras avanzaban por el camino de tierra.—El humano te mira mucho, ¿eh?

Qué interesante.

Parece que te tiene afecto… o lástima.

Aunque para ti, ¿cuál sería peor?

Miyabi frunció el ceño, murmurando apenas audible:—Cállate.

—¿Perdón?

—preguntó Tn, sin comprender.

Ella negó con la cabeza.—Nada.

Pensaba en voz alta.

Mientras avanzaban, Tn mantuvo un paso constante, sin presionarla.—Cuando lleguemos —dijo con tono cuidadoso— no tienes que entrar de inmediato, ¿vale?

Podemos rodear el terreno, caminar un poco, o si te sientes abrumada, simplemente parar.

Miyabi lo miró con una mezcla de agradecimiento y vulnerabilidad.—Siempre piensas en eso… en cómo me voy a sentir.

—Es mi trabajo —respondió, pero su voz transmitía algo más profundo.

Foxfire soltó una risita que solo ella oyó.—Claro, claro… “trabajo”.

Si te lo repites lo suficiente, tal vez te lo creas.

Miyabi apretó más fuerte la empuñadura envainada.—¿Tn?

—preguntó de pronto.

—Si… si algo pasa allá dentro… prométeme que no me vas a dejar sola.

Tn se detuvo en seco.—No te voy a dejar sola.

Pase lo que pase, voy a estar contigo.

La expresión de Miyabi tembló apenas, como si el corazón se le apretara.Foxfire, a unos centímetros, murmuró con tono casi oscuro—Cuidado, humano.

Hoshimi no sabe soltar a quienes le dan la mano.

Pero Miyabi no lo escuchó.O no quiso escucharlo.

El sendero se abría frente a ellos, y al fondo, entre árboles torcidos y maleza silenciosa, empezaba a verse la silueta…La entrada a la antigua finca Hoshimi.

La finca, aunque parecía casi destruida por el tiempo, aún se conservaba sorprendentemente bien.

Era una reliquia de otra época.Las haciendas tradicionales como esa se caracterizaban por su arquitectura de madera, integradas en la naturaleza, con espacios que parecían respirar con el viento.

El tatami crujía bajo los pies, las puertas corredizas de papel shōji y fusuma dividían las habitaciones con una ligereza casi frágil, y la engawa rodeaba la casa como un abrazo silencioso entre interior y exterior.

El tejado, aún en pie pese a décadas de abandono, se alzaba en puntas tímidas hacia el cielo nublado.

El aire que corría entre las vigas viejas aún conservaba esa ventilación amplia que alguna vez fue orgullo… y maldición en los inviernos largos.

Miyabi y Tn avanzaron por el camino de piedra cubierto de musgo.

Ella miraba todo.

Absolutamente todo.Cada tablón, cada sombra, cada árbol inclinado por el paso de los años.Recordaba.Estaba recordando.

Foxfire, flotando a unos pasos detrás de ella, empezó a reír.

Una risa hueca, afilada, como madera astillándose.El espíritu —una esfera con un único ojo y cuernos retorcidos— danzaba en el aire con malicia.

—Qué nostalgia, ¿no?

—se burló—.

Después de todo, fuiste tú quien acabó con todos aquí.

La hoja aún lo recuerda.

Y yo también.

Quien cubrio mi hoja con la sangre de la familia.

“Yo”.

Quien atraveso a todos y cada uno de los hoshimi con mi hoja.

“Yo”.

Y quien matara a lo que mas amas.

Miyabi se detuvo.Un ruido sordo llenó sus oídos, como si el mundo entero hubiera caído bajo agua.

No escuchaba la brisa, ni los pasos de Tn, ni siquiera la risa cruel de Foxfire… solo ese zumbido pesado y creciente.

biiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiippppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppppp.

Tn dio unos pasos hasta quedar a su lado.—Miyabi —dijo suavemente—, ¿es demasiado para ti?

Ella negó apenas, sin voz.El zumbido no cesaba.

—¿Estás… viendo algo?

—preguntó él, observando la tensión en su mandíbula, el leve temblor de sus orejas puntiagudas.

Miyabi asintió.Tragó saliva, pero las palabras no salían.

Su labio tembló, apenas, como si su cuerpo estuviera abriendo una herida antigua que no recordaba haber permitido.

Tn, con movimientos lentos para no abrumarla, tomó su mano.

Su tacto fue cálido, controlado, firme.—Respira conmigo —murmuró—.

Solo eso, Miyabi.

Respira.

Ella inhaló, intentando obedecer.Una exhalación temblorosa escapó de sus labios.

—Dime —continuó Tn, inclinándose un poco hacia ella—.

¿Qué estás mirando ahora mismo?

Miyabi abrió la boca, pero la voz no apareció.Miró hacia el interior de la finca, hacia la vieja engawa parcialmente derrumbada, hacia el umbral donde alguna vez corrió descalza.Las imágenes se mezclaban con otras… mucho más oscuras:el olor a hierro,la noche interminable,sus manos ensangrentadas.

—Yo… —su voz se quebró apenas—.

Estoy viendo…Tragó de nuevo, sus pupilas dilatadas—…todo lo que destruí.

Foxfire se inclinó, riéndose como un niño cruel.—Y apenas estamos empezando.

Tn apretó suavemente su mano, anclándola.—No estás sola aquí —dijo, sin elevar la voz, pero con una firmeza que cortó el murmullo de Foxfire como si fuera viento—.

Estoy contigo.

Y vamos a atravesarlo juntos.

Miyabi cerró los ojos por un momento.Solo un momento.Porque sabía que abrirlos significaba ver aquello que había enterrado… y que Tn no la soltaría.

Cuando volvió a mirar la casa, el temblor en su labio se acentuó.Pero respiró.Por él.Por sí misma.

Y dieron el siguiente paso hacia la entrada de la hacienda Hoshimi.

Pequeños pasos.Eso era lo único que podían permitirse.

Avanzaron despacio, Miyabi sujetando su katana con una mano —como si Foxfire pudiera morderla si la soltaba— mientras con la otra se aferraba a Tn.

Su agarre no era fuerte, pero sí constante; necesitaba ese ancla para no perderse entre los fantasmas.

A cada metro que avanzaban por la vieja finca, las orejas de Miyabi temblaban.

Su mirada viajaba por los pasillos rotos, y, por momentos, ligeros destellos aparecían ante ellos:ella misma corriendo por ahí de niña,tablas rotas que en sus recuerdos estaban nuevas,paredes agrietadas que se alzaban impecables en su mente.

Era como caminar en dos tiempos a la vez.

Llegaron a la recámara de armas.

El lugar estaba casi vacío, las estanterías caídas y oxidándose… pero para Miyabi estaba lleno.

—Aquí… —murmuró, como si las palabras se escaparan solas—.

A todo niño se le pide que escoja un arma para empezar su entrenamiento.

Tn observó el lugar en silencio, dejando que ella guiara el ritmo.

—¿Y tú escogiste la katana?

—preguntó con suavidad.

—No.

—Miyabi bajó las orejas como si recordarlo doliera—.

La katana me escogió a mí…Foxfire…o lo que quedaba dentro de ella.

Habia probado todo tipo de armas………la maldita katana se quedo.

El espíritu flotó detrás, riendo con su único ojo entrecerrado.—Oh, sí.

Qué momento más adorable.

Sangre, gritos, lágrimas… un nacimiento digno de una Hoshimi.

Miyabi lo ignoró, aunque su mano tembló levemente sobre la empuñadura.

Siguieron avanzando por la finca principal.

Cada paso era un roce con el pasado.

Foxfire la molestaba siempre que podía, lanzando comentarios venenosos o recuerdos distorsionados… pero ella mantenía la respiración estable, sin regalarle la reacción que buscaba.

Finalmente, llegaron a los jardines exteriores.Las malezas habían cubierto gran parte del sendero, pero aún se veía la forma del antiguo jardín zen, las piedras desplazadas y los troncos secos de lo que alguna vez fueron bonsáis cuidados.

Miyabi miró el sitio… y por primera vez desde que llegaron, su expresión se suavizó.No del todo.Apenas un matiz.Pero para Tn fue notable.

—No lejos de la casa… —dijo en voz baja— había un invernadero.

Y más allá… hectáreas para sembrar cosechas.

Tn giró un poco su cuerpo hacia ella.—¿Qué sembraban?

Ella avanzó unos pasos más, tirando suavemente de su mano para que la siguiera, como si quisiera mostrarle su mundo tal como era, no como lo veía ahora.

—Arroz… rábanos… lechugas… —enumeró mientras señalaba distintos puntos invisibles donde alguna vez hubo vida—.

Y en las montañas altas… había árboles de sakura y frutales.

Melocotón, ciruela… incluso castaños.

Tn la observó un momento, dejando que su voz llenara el espacio que Foxfire trataba de ensuciar.

—¿Eso te traía paz, Miyabi?

—preguntó, en tono más íntimo, más humano.

Ella bajó la cabeza.

Sus orejas se inclinaron hacia atrás, casi tímidas.

—Sí… —susurró—.

Era… lo único que me daba paz.

Tn acercó un poco más su mano, entrelazando lentamente los dedos con los de ella.

—Entonces —dijo suavemente—, vamos a recuperarla.

Aunque sea un fragmento.

Aunque sea solo un momento… aquí, contigo.

Miyabi tardó un segundo en levantar la mirada…pero cuando lo hizo, el temblor de su labio no era de miedo.Era otra cosa.

Algo que no se permitía sentir desde hacía años.

Y, por primera vez, Foxfire guardó silencio.

Tn caminaba a su lado cuando la idea surgió con naturalidad en sus labios—Miyabi… ¿te gustaría reconstruir esto?

Ella se detuvo un instante.

El viento levantó un poco el polvo del viejo jardín, y por primera vez en mucho rato, Foxfire no dijo nada.

Ese silencio —una tregua inesperada— le dio espacio para pensar con claridad.

Reconstruir…volver a darle forma a lo que fue destruido…¿era posible?

Miyabi alzó la vista hacia lo que quedaba de la casa.—Podría… —murmuró lentamente— contratar los servicios de Industrias Pesadas Belobog.

Ellos tienen el personal y la tecnología para levantar estructuras antiguas… incluso replantar los cultivos.

Tn ladeó la cabeza, curioso.—¿Y qué cultivarías?

Ella no dudó.

—Melones.

Tn parpadeó.—¿Melones?

Los ojos de Miyabi estaban muy serios, intensos.—Sí.

Melones.

La cosecha es tranquila, requiere paciencia… y se pueden usar las ventas para mantener la finca y a la comunidad.

Vender productos autenticos dejaba buenas ganancias…..Aunque claro el unico problema seria lidiar con los bandidos o mafias.

Tn, por primera vez en esa mañana, soltó una risa suave.—Pensar en el futuro es un excelente avance, Miyabi.

—Se acercó un poco más, lo suficiente para que los hombros casi se rozaran—.

Planear una vida tranquila… sin combates, sin expedientes… es un buen signo en tu terapia.

Ella apretó su mano.

No demasiado fuerte, pero sí con intención.

Como si algo dentro de ella, algo peligroso y profundo, hubiese despertado.

—Aunque sería bueno empezar de cero… —susurró con voz baja, casi temblorosa—.

No quiero hacerlo sola.

El silencio cayó entre ambos.

Incluso Foxfire permaneció callado, como si esperara la respuesta.

Tn inclinó ligeramente la cabeza.—¿Qué te preocupa?

—preguntó con suavidad—.

¿Qué te haría sufrir?

Miyabi tragó saliva.

Sus orejas temblaron apenas.Durante un momento pareció querer hablar… pero nada salió.

Tn dio un paso más cerca.—Estoy aquí, Miyabi.

Puedes decirlo.

No voy a juzgarte.

Ella respiró hondo, mirando el viejo suelo de madera vencida.Finalmente murmuró, con una honestidad dolorosa:.

—Me preocupa… que si empiezo de cero sola… nunca encuentre nada más.

Nunca encuentre… a nadie.

Tn sintió el peso de esas palabras.No eran solo miedo.Eran deseo.Dependencia.Una peligrosa mezcla que él reconocía perfectamente en pacientes que miraban al terapeuta como salvación.

Aun así, su voz se mantuvo calmada.

—No tienes que hacerlo sola —dijo—.

Pero tampoco debes apresurarte a llenar el vacío con alguien.

Yo estaré para apoyarte… pero el futuro lo construyes tú, paso a paso.

Miyabi levantó la mirada hacia él, las pupilas ligeramente dilatadas.

—¿Y si…?

—comenzó.

Tn la detuvo suavemente.—Respira, Miyabi.

Respira y dime lo que realmente sientes.

Ella lo observó… y el silencio que siguió fue tan intenso como un latido contenido.

Siguieron caminando un poco más por los viejos senderos hasta que el sol empezó a caer sobre las montañas.

Había mucho por ver, y mucho más por sanar, pero los dos sabían que no podían quedarse eternamente allí.

Así que regresaron al pueblo, abordaron el transporte y emprendieron el camino de vuelta a Nueva Eridu.

Antes de llegar a la capital, Tn sugirió—Hagamos una parada en un sauna termal.

Después de un día tan intenso… tu cuerpo y tu mente lo agradecerán.

Miyabi lo miró de reojo.—¿Un sauna?

¿Por qué?

—Porque descansar también es parte de la terapia —respondió él con una leve sonrisa—.

Y porque hoy hiciste más de lo que crees.

Ella no discutió más.

Al llegar, cada uno fue a su sección.

Tn se deslizó en el agua caliente, dejando que el vapor relajara sus músculos.

Cerró los ojos, permitiéndose unos minutos de silencio.

Le sorprendía lo rápido que Miyabi avanzaba… y al mismo tiempo, lo frágil que era la base emocional que sostenía ese avance.Aun así, estaba funcionando.

Un paso a la vez.

Mientras tanto, en la sección femenina, Miyabi entró al agua lentamente, dejando que el calor envolviera su cuerpo.

Estaba sola, o al menos eso quiso creer por unos breves segundos.

—Ohh… mira quién vino a pensar demasiado.

—La voz chillona y burlona resonó cerca de su oído.

Foxfire apareció flotando a su lado, una esfera etérea con un solo ojo y sus cuernos pequeños, tambaleándose como si disfrutara del vapor.

Miyabi exhaló con cansancio.—No estoy de humor, Foxfire.

—Nunca lo estás .Y finalmente me contestas maldita—rió el espíritu—.

Pero igual estoy aquí.

Es mi hobby molestarte cuando intentas tener paz.

Ese estupido gato lo mantenia fuera de la cabeza de Miyabi.No sabia como una simple molestia mental era capaz de suprimir su coneccion con la ultima portadora de Tailness.

Ella hundió un poco más el cuerpo bajo el agua, mirando cómo las ondas se expandían.

—¿Qué vas a hacer cuando reconstruyas la finca?

—preguntó Foxfire, moviéndose como un pez curioso—.

¿Vivirás ahí como si nada hubiera pasado?

¿Crees que te mereces una vida tranquila?

—No lo sé —respondió Miyabi, cerrando los ojos un momento—.

Quiero intentarlo.

—¿Y si mueres?

—insistió Foxfire, acercándose de forma invasiva—.

¿La dejarás a la caridad?

¿Harás un orfanato?

¿Ooooh, tal vez… tendrás muchos, muchos hijos para repoblar el clan Hoshimi?

—El espíritu soltó una carcajada áspera—.

¿Lo imaginas?

Tú, rodeada de pequeños zorritos llorones.

Miyabi abrió los ojos y lo miró con desgana.—No necesito escucharte para saber que dices tonterías.

—¿Tonterías?

—Foxfire ladeó el cuerpo, como si hubiera encontrado oro—.

Ya te vi hoy, ¿sabes?

Pensando demasiado cerca de cierto psicólogo.

Que no te sorprenda si el clan renace con ojos rojos y cara de sufrido.

—Cállate.

—Miyabi le lanzó una mirada que habría congelado magma.

Foxfire sonrió aún más, complacido con la reacción.—¿Vas a decirme que no lo pensaste?

¿Que no te cruzó la mente tenerlo ahí… contigo… en vez de solo como terapeuta?

Miyabi levantó un brazo y dejó que el agua escurriera por su mano, observando el brillo cálido en su piel.

—No sé qué quiero —murmuró finalmente—.

Solo sé que… no quiero estar sola.

El espíritu inclinó su ojo, casi con burla… pero también con un leve matiz de compasión.

—Ese es el problema, Miyabi.No sabes si deseas compañía…o deseas a él.

Ella pasó una mano por su cabello mojado, masajeando el cuero cabelludo.—Tn solo está haciendo su trabajo.

—¿Y tú?

—preguntó Foxfire, acercándose hasta flotar justo frente a su rostro—.

¿Estás haciendo el tuyo?

Miyabi lo apartó con un suave empujón y apoyó la cabeza en el borde de piedra del sauna, mirando el techo lleno de vapor.

No respondió.Y Foxfire, satisfecho con haber sembrado más dudas, se desvaneció lentamente entre el humo.

La soledad volvió… pero Miyabi no supo si la agradecía o la temía.

Horas sumergida en esas aguas nublaron su mente.

El calor relajaba su cuerpo, pero sus pensamientos… no.Foxfire había sembrado una duda peligrosa.

¿Y si era verdad?¿Y si lo que realmente quería… era a Tn?

Miyabi apretó los dientes y negó con la cabeza, como si pudiera expulsar esa idea por la fuerza.

Salió del agua, tomó una toalla y empezó a secarse, intentando concentrarse en la respiración.

Tomo sus bendas y dio vueltas alrededor de su pecho.La tela cubriendo sus pezones y manteniendo firme su busto,el vendaje urbio sus atributos para que no fueran una molestia en su estilo de lucha.

Fue entonces cuando su comunicador vibró.

Un mensaje.Un código rojo.

“AGENTE JANE DOE — DESAPARECIDA.MEDICO DE COMBATE — DESAPARECIDO.ÚLTIMA UBICACIÓN: ZONAS POBRES DEL SECTOR 15.”.

Los ojos de Miyabi se abrieron con un shock frío que la atravesó desde el pecho hasta la nuca.

La sangre le cayó como hielo.

Jane… y el médico… desaparecidos.

Un patrón.

Un enemigo.

Una cacería.

En ese momento, Tn salió ya vestido, con el cabello seco, ajustándose la camisa mientras se acercaba.

—Miyabi… ¿estás bien?

—preguntó, notando el temblor casi imperceptible en sus manos.

Ella no respondió.

Lo tomó de su ropa, apretando el puño con más fuerza de la necesaria.

—Tn… debemos regresar a Nueva Eridu ahora.

Ya.

Él frunció el ceño con calma, evaluándola.—El próximo transporte no tardará en llegar.

Diez minutos a lo sumo.

—¿Y no salió uno hace poco?

—preguntó Miyabi con voz tensa, casi urgente.

—Sí… —admitió Tn—.

Pero ya lleva ventaja en el camino.

No podríamos alcanzarlo caminando.

Miyabi respiró profundo, miró a la salida, luego a él.Se agachó de golpe, dando la espalda a Tn.

—Sube.

Ahora.

Tn parpadeó, sorprendido.—¿Subir?

¿Por qué…?

—Necesitamos regresar cuanto antes —dijo ella, la voz firme como un filo—.

Y puedo hacerlo más rápido que cualquier transporte.

Tn vaciló.—¿Mi estatura y peso no serán un problema?

Miyabi negó con firmeza.—Mi entrenamiento y mis músculos son perfectamente capaces.

No te preocupes por eso.

Tn bajó la mirada por un instante, notando que su torso estaba envuelto en las vendas tradicionales de espadachín, firmes y seguras bajo la ropa ligera.Un hábito antiguo.Una disciplina férrea.

Suspiró.

—Está bien… confío en ti.

Miyabi no esperó más.Cuando sintió el peso de Tn afirmarse sobre su espalda, apoyando las manos en sus hombros para equilibrarse, sus músculos se tensaron como cuerdas bien afinadas.

—Sujétate fuerte —ordenó ella.

—¿Fuerte cómo?

—preguntó, intentando no sonar nervioso.

Ella inclinó un poco la cabeza.—Fuerte como si tu vida dependiera de ello.

Porque sí.

Y entonces—.

Miyabi despegó.

Sus piernas golpearon el suelo una vez, y el mundo se volvió un borrón.El viento rugió alrededor.Los árboles se doblaron al paso de su velocidad antinatural.Tn tuvo que aferrarse a ella con los brazos rodeándole los hombros para no salir despedido.

—Miyabi… —dijo él entre el viento—.

¿Tu corazón está bien?

Estás usando mucha energía.

—Calla y confía —respondió ella, sin bajar el ritmo—.

Tengo que llegar.

No dejaré que otra persona desaparezca.

No esta vez.

Tn sintió algo en su voz.No era miedo.Era furia contenida.Y dolor.

—Te escucho… —murmuró él, acercándose un poco para que no se lo llevara el viento—.

Pero no cargues sola con esa culpa.

Miyabi apretó los dientes, hundiendo los pies en la tierra antes de lanzarse en un salto largo sobre un arroyo.

—No tengo tiempo para sentirme culpable —respondió con un tono que quemaba—.

Pero sí tengo tiempo para pelear.

El paisaje seguía pasando a una velocidad casi absurda.

Tn miró hacia adelante, sorprendido y a la vez preocupado.Miyabi estaba liberando parte de la presión que llevaba años acumulando.No como capitana.No como espadachina.

Sino como alguien a punto de perder lo poco que le quedaba.

—Mantente conmigo, Miyabi —dijo Tn con un tono más suave, pero firme—.

Estoy aquí.

Ella no respondió.Pero sus orejas se movieron apenas.

Una señal.Muy pequeña.Pero suficiente.

Y siguieron avanzando hacia Nueva Eridu como un rayo atravesando la tierra.

Miyabi respiraba con fuerza mientras corría, cada zancada impulsándola como si el suelo fuera incapaz de retenerla.

Tn, sujeto a su espalda, sentía la vibración de sus músculos tensarse y relajarse como cables de acero.

Frente a ella, a decenas de metros, el transporte avanzaba a velocidad constante.

No era suficiente.

Miyabi apretó los dientes.

—Aguanta —dijo entre jadeos—.

Voy a acelerar.

Tn asintió, aferrándose un poco más.

—No te esfuerces de más, Miyabi.

Solo necesitamos llegar.

Ella no respondió.

El mundo se volvió un túnel difuso, los vapores del sauna aún impregnados en su piel, mezclándose con la preocupación que le apretaba el pecho.Jane Doe desaparecida.

Y el médico de combate también.Eso no era coincidencia.

Apretó los dedos en el suelo y saltó.

Su cuerpo voló varios metros, cayó sobre el techo del transporte con un golpe seco que hizo gritar a varios pasajeros.

Sin perder tiempo, desenvainó su katana y cortó el techo de un movimiento limpio, abriendo el metal como si fuera papel.

Cayó dentro del vagón, flexionando las rodillas.

Los pasajeros comenzaron a gritar, algunos retrocedieron, otros levantaron las manos instintivamente.

—División Seis, capitana Miyabi Hoshimi —rugió ella, dejando a Tn en el piso suavemente—.

¡Permanezcan en sus asientos!

Avanzó con paso firme hacia el conductor, un pequeño bangboo con gorrito de uniforme que casi soltó el volante al verla.

—¡Nhuumm nuuu moon (C-capitana?!

¡No puede hacer est—)!

—Acelera.

A fondo.

Rumbo directo a Nueva Eridu.Su voz no dejaba espacio para negociación.

El bangboo tembló, miró un momento el panel, luego a ella, y finalmente asintió con decisión.

—¡Roger!

Muuuumh hdudud (¡Acelerando a máxima potencia!).

El transporte rugió, los pasajeros chillaron, y en minutos la ciudad comenzó a pasar como líneas borrosas a través de las ventanas.

.

Llegaron a Nueva Eridu con un frenazo violento.

Miyabi tomó a Tn del antebrazo y lo llevó hacia la salida.

—Vete directo a mi apartamento —ordenó—.

Cuida a Kuro.

No abras a nadie.

—Miyabi… —Tn intentó tocarle el hombro, preocupado—.

Que ocurre?

estas actuando tan erratico.

Ella miró un instante al suelo, respiró hondo.

Sus dedos temblaron apenas.

—No puedo perder a más gente, Tn.

No otra vez.

Tn la abrazó breve pero firme.

—No lo harás.

Ella se separó de él con una reverencia mínima y salió corriendo hacia Seguridad Pública.El corazón le latía a un ritmo irregular, entre adrenalina y miedo.

Jane… por favor….

Al llegar, las puertas se abrieron automáticamente, dejando ver a su teniente Yanagi esperándola con el rostro pálido.

—Capitana.

Gracias a los cielos….

—Habla —dijo Miyabi, aún jadeando—.

¿Qué ocurrió?

Yanagi tragó saliva.

—Recibimos una llamada de auxilio de Jane Doe hace cuarenta minutos.

El canal se cortó inmediatamente después.

—¿Hay ubicación?

—Sí… —Yanagi levantó una tableta holográfica—.

La última señal fue… aquí.

Mostró un punto rojo.

Miyabi sintió que el estómago se le hundía.

—Los puertos de la Bahía….

Yanagi asintió, visiblemente preocupado.

—Capitana… no es solo Jane.

El médico de combate también desapareció.

Sus rastreadores dejaron de emitir en el mismo sector.

—Es una trampa —murmuró Miyabi—.

Quieren que vayamos.

Yanagi la miró con miedo y respeto mezclados.

—¿Qué ordena?

Miyabi respiró hondo.Su mente pasó por todas las posibilidades: emboscada, secuestro, Hollow… o algo todavía peor.

Pero había una cosa clara.

—Preparen un equipo —ordenó, su voz volviéndose acero puro—.Nos movemos hacia la Bahía.

Nadie toca a mi gente.

Nadie.

Se giró hacia la puerta, tensando los dedos alrededor de la empuñadura de su katana.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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