Waifu yandere(Collection) - Capítulo 217
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217: Jane doe part 5 zzz 217: Jane doe part 5 zzz Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.
Agrego personajes no me pertenecen.
Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.
Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.
_________________________________________________________________a___________________________________.
Jane salió del edificio de Seguridad Pública con el corazón latiéndole en los oídos.
Tan pronto dobló la esquina, se deslizó en un callejón estrecho, húmedo, sin cámaras.
Ahí, respiró hondo y comenzó su transformación.
Primero, desabrochó partes de su uniforme disimulado; luego, con movimientos rápidos, se alborotó el cabello, cambiando su ordenada melena por un desastre caótico y sucio.
Sacó un pequeño estuche de su bolsillo interno: maquillaje básico, lápiz negro, base un poco más oscura.
Unas cuantas manchas colocadas estratégicamente y parecía cansada, ajada, irreconocible.
—Así… nadie me verá —murmuró, aunque su voz tembló un poco.
Sabía que si era cierto: si alguien había filtrado identidades, si algún oficial había traicionado al departamento, entonces todo agente doble estaba en riesgo mortal.
Y ella, con su pasado, con su condición… era el blanco perfecto.
Mientras guardaba el estuche, un pensamiento la apuñaló.
Tn.
Su pecho se encogió.
—No quiero irme… —admitió en voz muy baja, apoyándose en la pared descascarada del callejón.
Tenía opciones.
Tenía casas de seguridad ocultas, almacenes donde nadie la encontraría.
Incluso un par de sitios en los anillos exteriores, cerca de Calydon, donde podría desaparecer por semanas.
Pero cada una de esas alternativas la alejaba de él.
Y pensarlo le dolía mucho más que cualquier bala que hubiese recibido en su vida.
—¿Qué soy…?
—susurró, tocándose los labios, recordando el beso indirecto que le había dado a Tn mientras dormía—.
¿Una rata de campo…?
¿O una de ciudad…?
Se miró a sí misma: sucia, alterada, casi irreconocible.
Y se rió bajito, una risa amarga pero llena de determinación.
La decisión ya estaba tomada, aunque intentara negarlo.
—Me quedo —dijo finalmente—.
Solo unos días… hasta que todo se calme.
Unos días donde podría verlo.
Donde podría ayudarlo sin que él sospechara demasiado.
Donde podría protegerlo, aunque fuera desde las sombras.
Además, Tn era médico de combate.
Su trabajo era atender a los agentes de Seguridad Pública.¿Y qué sería ella?
Jane sonrió ampliamente, como una niña que concibe un plan imposible pero perfecto.
—Seré su enfermera —decidió—.
¡Claro!
Si estoy con él, nadie sospechará.
Solo… solo una ayudante temporal.
Una sombra más en su consultorio.
Su cola invisible casi habría ondeado de alegría.
—Sí… perfecta idea, Jane… genial… —murmuró, murmurándose a sí misma.
Se ajustó la ropa, respiró hondo, y comenzó a caminar hacia el consultorio de Tn con paso ligero, casi emocionado.
Porque aunque todo su mundo se estuviera derrumbando…al menos podría quedarse un poco más a su lado.
.
.
.
La noticia explotó como una bomba.Cada oficial, cada escuadrón, cada división—desde Tropas Estándar hasta Equipos de Expedición Hollow y Cazadores—recibió el mismo mensaje urgente de Seguridad Pública.
Una filtración.Información personal expuesta.Agentes dobles comprometidos.
El caos apenas estaba comenzando.
En el consultorio de combate, el viejo teléfono institucional de Tn vibró con una fuerza casi desesperada.
Él lo tomó, deslizó el dedo para leer el mensaje… y su expresión se congeló.
—…oh carajo —fue lo único que salió de su boca.
Alguien había abierto la caja de Pandora.Ahora, las mafias, los clanes ilegales, incluso ciertos thirens violentos, iniciarían cacerías humanas.
Tn sintió un escalofrío en la columna.Buscó su otro teléfono—el personal, el que usaba para contactar a Agentes—pero antes de poder marcar, escuchó tres golpes en la puerta del consultorio.
Se tensó.Deslizó la mano bajo la mesa y tomó un bisturí—liviano, afilado, discreto.
—¿Tn…?
Soy yo.
La voz.Su voz.
Él suspiró, aliviado y angustiado a la vez.
Abrió la puerta.
Y Jane salió disparada hacia él, abrazándolo con fuerza.
Su cola de rata rodeó su espalda como un lazo protector.
Estaba temblando un poco, aunque intentaba ocultarlo.
—Tienes que ocultarte —susurró contra su pecho, como si temiera que alguien la estuviera escuchando.
Tn parpadeó, aún desorientado por la rapidez de todo.
—Pasa a la sala —murmuró—.
Necesito cerrar todo primero.
Ella obedeció, sin soltarlo completamente hasta llegar al interior.
Tn cerró con llave, corrió el seguro extra y activó la traba metálica que solo usaba en emergencias.
Cuando volvió a la sala y la vio… la reconoció y no la reconoció a la vez.
El cabello revuelto, el rostro maquillado con manchas estratégicas, la ropa desordenada… parecía alguien escapando de un ataque directo, alguien que había corrido por su vida.
—…Jane —dijo con el ceño fruncido—.
¿Por qué te ves así?
¿Qué hiciste?
Ella evitó sus ojos.Una mala señal.
—Las cosas se pondrán horribles —continuó él, acercándose y señalando su rostro—.
No deberías exponerte así.
No deberías haber venido.
Jane bajó la cabeza, pero su voz fue firme.
—Me voy a quedar quieta.
Aquí.
Contigo.
Hasta que todo pase.
—Eso no es una opción —respondió él, un poco más brusco de lo que quería.
Jane apretó los puños.
—Avisé… —susurró—.
Avisé sobre la droga que las mafias quieren soltar.
Ya hice mi trabajo.
No puedo regresar… no ahora.
No si están buscando a los míos.
Tn apretó la mandíbula.El peso de la situación lo golpeaba por todos lados.
—¿Quién más sabe de tu ubicación?
—preguntó, en modo profesional.
—Nadie —respondió ella sin dudar—.
Y si lo supieran… ya estaría muerta.
Él cerró los ojos un instante.Respiró hondo.
Era un médico.No un guardaespaldas.No un héroe.
Pero Jane estaba allí.Confiando en él.Temblando, aunque intentaba parecer fuerte.
—Está bien… —dijo finalmente—.
Quédate aquí unos minutos.
Voy a preparar el sótano.
Jane levantó la mirada.
Sus ojos, oscuros y húmedos, brillaron con un alivio que le rompió algo en el pecho.
—¿De… verdad?
Tn se rascó el puente de la nariz.
—Sí, pero escúchame —dijo, apuntándole con el dedo—.
Nada de salir sola.
Nada de abrir puertas.
Nada de acercarte a las ventanas.
Y si escuchas ruidos raros, llamas mi nombre.
¿Entiendes?
Ella asintió rápido.
—Sí.
Lo entiendo.
No voy a causar problemas.
Lo juro.
Tn suspiró de nuevo y se volvió hacia la escalera del fondo.
—Bien.
Entonces… prepárate.Esto apenas está empezando.
Y no sé si podremos salir ilesos esta vez.
Jane lo siguió con la mirada, y aunque el miedo le oprimía el pecho…por primera vez ese día, sintió que podía respirar.Porque al menos —al menos— estaba con él.
El consultorio de Tn siempre había parecido extraño para cualquiera que lo viera desde afuera: pequeño, discreto, casi abandonado.Pero por dentro… era una mini fortaleza.
Tenía su sala de operaciones para emergencias, una sala de estar, cocina, una habitación… y lo más importante: un sótano blindado, completamente equipado.
Mientras bajaba por la escalera, Tn iba apagando luces, cerrando cerrojos y ajustando el bloqueo manual del consultorio.
Jane lo seguía, en silencio, observando con atención casi militar.
Cuando llegaron al final, Tn encendió una lámpara de luz blanca.
El sótano se iluminó mostrando:.
Una cama reforzada.
Mantas gruesas.
Dos gabinetes llenos de agua, comida seca, cajas médicas y herramientas.
Un pequeño calentador.
Y al fondo, disimulado como una pared común, la entrada al túnel de escape, que conectaba con una salida trasera que daba a un callejón lejos de la clínica.
Jane abrió los ojos, impresionada.
—…Wow.
—Se dejó caer de espaldas en la cama—.
Está bastante bien.
Tn cruzó los brazos, vigilando que todo estuviera en orden.
—Debía estarlo —respondió—.
Este trabajo no te permite ser descuidado.
Jane volvió a dejarse caer dos veces más, probando el colchón.
—Firme —comentó, moviendo la cola—.
Pensé que dormiría en el piso, jaja….
—No soy tan cruel —respondió Tn, aunque sonaba cansado—.
Te dejaré esto a ti, Jane.
Pero escucha.
Se giró para verla a los ojos.
Jane se enderezó un poco.
—Voy a tener que mantener la clínica apagada un par de días.
Nada de luces fuertes arriba.
Nada de ruido.Y tú… —suspiró— solo podrás salir del sótano por la noche.
Cuatro horas como máximo.
Luego regresas.
¿Está claro?
Jane, lejos de ofenderse, solo asintió con comprensión.
—Lo entiendo, Tn.
No te preocupes.
Mientras esté contigo… estaré bien.
Él frunció el ceño, algo incómodo por la sinceridad.
—Y perdón —añadió—, pero es por tu seguridad.
No puedo correr riesgos.
Jane soltó una risita ligera.
—Peor sería irme a la región costera a vender pescado, ¿no?
—Se encogió de hombros, imitando a una vendedora callejera—.
“¡Pescado fresco, pescado fresco!
¡Tres por veinte!”Sería trágico.Odiaria ese olor.
Tn negó con la cabeza, medio frustrado, medio divertido.
—No durarías ni dos días haciendo eso.
—¡Duraría tres!
—protestó Jane, levantando un dedo.
Él solo suspiró, resignado.
—Voy a salir rápido a comprar cosas.
Herramientas,, comida adicional.
Regreso en veinte minutos.
Luego tú te quedas aquí y yo arriba.
Jane se levantó, suavemente.Y antes de que él pudiera moverse hacia la escalera, lo abrazó por detrás, rodeando su torso con fuerza.
Su voz fue un susurro en su espalda.
—…vuelve rápido, ¿sí?
No me gusta este silencio sin ti.
Los ojos de Tn se cerraron por reflejo.
Ese tipo de contacto siempre lo tomaba desprevenido… y ella lo sabía.
—Lo haré —respondió, más suave de lo que pretendía—.
Prometo regresar rápido.
Ella lo soltó lentamente, como si sus brazos no quisieran dejarlo ir.
Tn subió las escaleras, cerrando la puerta pesada del sótano detrás de él.
Jane, sola bajo la luz blanca, dio una vuelta sobre sí misma, examinando el espacio.
—Bueno… —musitó—.
No está tan mal.
Se dejó caer en la cama, abrazando una de las mantas como si fuera algo precioso.
—Al menos… estoy aquí.
Cerca de él.
Eso es suficiente… por ahora.
Jane se dejó caer boca arriba en la cama del sótano, su cola golpeando el colchón con irritación creciente.
Estar quieta podía hacerlo.
Aburrirse, en cambio, era una tortura.
—No hay nada… —gruñó mirando el techo—.
¡Nadaaa!
Sacó su teléfono, dejando que la pantalla iluminara su rostro.
Entró a la red, deslizándose entre páginas y foros.
Noticias:Corrupción en el Consejo Empresarial.Debate entre candidatos por el presupuesto de extracción de éter.Reformas insuficientes en seguridad pública.
Moda:La enésima influencer mostrando botas nuevas que ella nunca podría usar en su trabajo.
La nueva estrella Astra Yao en ascencion.
Política:Discursos vacíos, peleas en directo, promesas que durarían lo que un Hollow tarda en devorar un vehículo.
Jane bufó.
—Nueva Eridu… maldito basurero —murmuró—.
Con razón la mitad de la ciudad quiere irse al Yermo.
La situación con las mafias empeoraba minuto a minuto.La droga g-Hollow Tex era casi una bomba biológica.
Estimulaba éter, mutaba cuerpos, mataba neuronas.
Tarde o temprano, el mercado negro haría colapsar varias zonas de la ciudad.Y la policía lo sabía.
Pero había algo peor, algo que aún la hacía apretar los dientes.
Mientras seguía deslizando la pantalla, un titular viejo apareció entre los archivos guardados de Jane.
“Mafia colabora con secta Hollow que afirma servir a un ‘Dios de la Distorsión’.”.
Jane apretó los labios.Recordaba perfectamente aquella investigación.Recordaba el olor a putrefacción.Recordaba las máscaras.Recordaba la voz del sacerdote, distorsionada por el éter.
—Idiotas… —susurró—.
Adorar a un Hollow… ¿qué clase de estupidez necesita alguien para creer eso?
Ella misma se respondió.
—Bueno… Nueva Eridu tiene suficientes estúpidos para crear su propia religión.
Mientras revisaba notas antiguas, Jane hablaba sola, casi para no sentir el silencio del sótano.
—Esa secta… “Los Devotos del Vacío”.
Gente asquerosa.
Le cortaban la piel a la gente para “alimentar” a su dios.Y yo quejándome de aburrimiento… —suspiró—.
Tn me mataría si supiera cómo escapé viva de ese caso.
Deslizó el dedo otra vez en la pantalla.
—¿Dónde estás, Tn?… —murmuró, un dejo de ansiedad escapándose por primera vez—.
No tardes mucho….
Su cola se movió.
—No me gusta pensar en estas cosas sola.
Jane apagó el teléfono y se abrazó las piernas, respirando hondo.Recordar esa secta la dejaba inquieta, temblando por dentro.
—Hmph… al menos estoy aquí.Segura —se dijo a sí misma, aunque no lo creyó del todo—.
Segura… mientras él regresa.
.
.
.
Tn salió del pequeño mercado con dos bolsas llenas de provisiones colgando de sus manos.
Mientras avanzaba por la calle, notó algo que lo hizo fruncir el ceño.
Bangboo tirados, algunos sin dueño, otros con sus baterías arrancadas o destruidas.Chatarra, cables, ojos electrónicos apagados.
—Genial… —murmuró—.
Ni los bangboo se salvan hoy.
Más adelante, dos maleantes vendían cosas que claramente no eran legales.
Se escabulló entre sombras, sin mirarles demasiado; no podía meterse en problemas si quería volver rápido donde Jane.
.
.
Cuando por fin llegó a su consultorio, cerró con llave y bajó al sótano…donde encontró una escena que no esperaba ni en el peor de sus sueños.
Jane estaba arrodillada en el suelo, rodeada de latas apiladas como edificios diminutos.Agitaba los brazos, movía su cola como si fuera la cola de un dragón devastador…Y cantaba a todo pulmón—¡Sasageyooo!
Sasageyooo!
Shinzou wo sasageyooo!
La voz resonaba en el sótano, y ella incluso imitaba explosiones con la boca.
—¡Susumu beki mirai wo sono te!!!
—remató, derribando una torre de latas con un manotazo dramático.
Tn se quedó quieto en la escalera, mirándola con una expresión tan plana que podía servir de nivel de construcción.
—…¿Qué diablos estás haciendo?
—preguntó con tono muerto.
Jane se congeló.
Lentamente giró la cabeza hacia él, sus orejas temblando como si la hubieran atrapado robando galletas.
—Ehh… yo… esto… —intentó explicar—.
—¿Estabas… destruyendo una ciudad de latas?
Que edad tienes…..—repitió Tn.
—¡Me aburrí!
—admitió al fin, levantando ambas manos—.
¡Era eso o empezar a clavar cuchillos en la pared!
Tn cerró los ojos y exhaló como si su alma estuviera saliendo de su cuerpo.
—Perfecto.
Justo lo que necesito: vandalismo en miniatura y potencial vandalismo en tamaño real… —dejó las bolsas en la mesa metálica—.
Voy a preparar la cena antes de que destruyas el sótano.
Jane sonrió, saltando para abrazarlo por la espalda como un koala hiperactivo.
—¡Siempre tan responsable, Tn~!
—susurró contra su cuello—.
—Suéltame.
—Mmm no~.
Apretó aún más, su cola rodeando la cintura de él.
Luego murmuró con voz dulce—¿Podemos cenar queso?
¿Mucho queso?
¿Quesito delicioso?
Tn abrió una bolsa y respondió sin mirarla—Te voy a dar espárragos hervidos si no te comportas como adulta.
Jane se apartó inmediatamente, horrorizada.
—¡¿ESPARAGOS?!
¡Esos demonios verdes no!
¡Qué crueldad, Tn!
¡Eso viola los derechos básicos de los ciudadanos!
—Pues compórtate —dijo él sirviéndose agua—.
O vas a comer espárragos por una semana.
—¡Nooo!
Está bien, está bien, me porto bien —levantó las manos en rendición—.
Luego, inclinándose peligrosamente cerca del rostro de él, susurró—Pero solo si luego me das un abrazo extra… ¿trato?
Tn la empujó suavemente del rostro como si fuera un gato insistente.
—Primero cena.
Luego hablamos de abrazos.
Jane sonrió.Triunfante.Brillante.Completamente enamorada.
Y se sentó obedientemente… aunque su cola no dejaba de moverse, emocionada.
Tn subió las escaleras del sótano con pasos tranquilos.
En cuanto llegó a la cocina, comenzó a preparar la cena con la precisión casi ritual que tenía cuando cocinaba para alguien más.
Carne sellada en la sartén.Verduras salteadas.Unos pedazos de queso porque, aunque no quería admitirlo, sabía que Jane lo pediría igual.
Cuando todo estuvo listo, sirvió dos platos, tomó cubiertos, bajó nuevamente y encendió el pequeño televisor viejo que tenía en el sótano.
La pantalla parpadeó, mostrando películas de hace décadas.
Jane se sentó junto a él, con su plato en el regazo, y desde el primer bocado su cola ya se había enroscado instintivamente alrededor de la pierna de Tn.
Como si quisiera asegurarse de que él estaba ahí, de que no era un sueño… de que no la abandonaría.
—Siempre cocinas tan rico… —murmuró Jane con la boca medio llena, ojos brillantes.
—Y tú siempre encuentras una excusa para vaciar mi refrigerador —respondió Tn, seco pero no molesto.
—¡No es vaciar!
Es… optimizar el espacio.
—Jane sonrió inocentemente.
—Claro, optimización por consumo acelerado —Tn rodó los ojos mientras seguía comiendo.
Comieron así, en paz.
La película avanzaba sin que realmente la prestaran atención, iluminando el sótano con tonos azulados.
Jane estaba pegada a él, casi respirando en sincronía.
Cuando terminaron, Tn dejó el plato a un lado y se estiró.
—Voy a dormir un rato.
Ha sido un día… largo.
—Espera —Jane lo sujetó de la manga, sus dedos tensos—.
No… no quiero dormir sola.
No aquí.
Tn la miró por unos segundos.
Ella evitaba su mirada; sus orejas caídas, su cola apretándose un poco más alrededor de su pierna.La vulnerabilidad en ella era evidente, profunda… casi dolorosa.
Suspiró suavemente.
—Está bien.
Me quedo aquí esta noche —se acercó a la cama del sótano—.
Pero mañana vas a tener que acostumbrarte.
No voy a poder dormir aquí siempre, Jane.
—Lo sé… —ella bajó la mirada, murmurando apenas audible—.
Solo… solo hoy.
Por favor.
Tn asintió.
Se recostaron.
Jane se acomodó al instante contra él, como si su cuerpo estuviera diseñado para buscarlo.
Su cola rodeó ambos cuerpos con un abrazo tibio, protector, posesivo.
—Gracias… —murmuró Jane, con la voz temblorosa contra su pecho.—No tienes que agradecerme —susurró él, cerrando los ojos—.
Duerme.—Mm… pero sí quiero… —Jane rozó con los dedos la tela de su camisa—.Gracias por dejarme quedarme… aunque no lo merezca.
Tn abrió los ojos ante ese comentario.
Giró un poco su cabeza para verla mejor.
—Jane… nadie te está echando.
Ella se encogió ligeramente.
—Soy una rata de callejón… siempre lo he sido.
Una plaga.
Sucia.
No merezco… esto —su voz se quebró un poco, aunque intentó ocultarlo con una sonrisa torpe—.
Pero aún así… tú me dejas estar aquí.
Tn suspiró, suave pero firme.
—No eres nada de eso —dijo él con calma, casi con un toque de molestia por escucharlo—.Eres Jane.
Eres fuerte, eres útil, eres molesta… —Jane rió entre lágrimas—.Pero no eres basura.
Jane lo miró, con los ojos húmedos, y se aferró más a él como si temiera que desapareciera.
—Entonces… déjame quedarme así un poco más… ¿sí?
—Duerme —repitió Tn, más suave esta vez—.
Estoy aquí.
Jane sonrió, cerró los ojos y su respiración comenzó a calmarse.Aun así, en su interior, el nudo de sentirse indigna no desaparecía… pero al menos, esa noche, podía pretender que sí.
Podía pretender que él era su refugio.Y que ella era alguien digna de ese refugio.
.
.
.
No muy lejos de la ubicacion.
Los hangares abandonados del Sector C-9 siempre olían a óxido, aceite y miseria.
Aquella noche no era diferente.
Bajo luces parpadeantes, líderes de mafia y representantes industriales se reunieron alrededor de una mesa metálica deformada por explosiones pasadas.
Voces bajas, gruñidos, respiraciones tensas.
Discutían sobre los agentes infiltrados de Nueva Eridu.
Un empresario de traje impecable, su reputación lo precedía, deslizó un pequeño objeto sobre la mesa: una memoria USB negra, sin logos.
—Aquí —dijo limpiándose el sudor de la frente—.
Todo lo que necesitamos.
Nombres, fotos, rutas, contactos… Nuestra fuente lo verificó dos veces.
Un mafioso lo miró con ojos entrecerrados.
—¿Y quién demonios es tu “fuente confiable”?
—espetó golpeando la mesa—.
Más vale que no sea algún chiste barato.
El empresario tragó saliva.
—Vivian… la thiren banshee.
Un silencio helado cayó sobre el hangar.
Algunos se tensaron.
Otros sonrieron de lado.
La banshee era famosa: ladrona perfecta, traicionera cuando le convenía, pero eficiente.
Muy eficiente.
—Tsk… —gruñó un hombre tatuado mientras conectaban la USB a una laptop—.
Si ella lo dice, debe ser cierto.
En la pantalla comenzaron a aparecer nombres.
Rostros.
Direcciones.
Identidades secretas de agentes infiltrados.
Murmuros se elevaron como un enjambre:.
—Ese maldito era policía… —A esta yo la vi comprando en mi bar… —Ja, ja… los vamos a cazar.
A todos.
-—ZACK!
hijo de puta rata soplona chupa pollas.
–Emilia?…….Victor trae las pinzas de hierro y las peras de la angustia,iremos por esa perra.
Entonces uno de los presentes levantó la voz—¿Alguien llamó al líder de la secta Hollow White?
No podemos tomar decisiones sin ellos.
Otro mafioso bufó con visible incomodidad.
—Esos malditos fanáticos… están locos.
No quiero—.
Pero se detuvo.
Porque pasos resonaron en el pasillo.
Tac.
Tac.
Tac.
No eran pasos apresurados ni tensos.
Eran cadenciosos, elegantes, casi suaves… pero con un peso extraño, inhumano.Las conversaciones murieron.Las respiraciones se contuvieron.
De la oscuridad emergió una figura.
Una mujer hermosa, casi etérea, vestida con túnicas blancas manchadas en los bordes con un polvo grisáceo que parecía… ceniza.
Llevaba una semi-máscara rota, con venas rojas extendiéndose por la superficie como raíces vivas.
Bajo la máscara, su piel parecía demasiado perfecta, demasiado pura.
Sus manos… manchadas en carmesí fresco.
Sonrió con educación.
—Mis disculpas por la demora —dijo mientras inclinaba ligeramente la cabeza—.
Estábamos limpiando a los infiltrados dentro de nuestra secta.
Un asunto… urgente.
Algunos sintieron un escalofrío inmediato.
Uno de los mafiosos tragó saliva al ver una gota roja caer de la punta de los dedos de la mujer.
—L-La limpieza fue… ¿exitosa?
—preguntó otro con torpeza.
La mujer ladeó la cabeza, como un pájaro curioso.
—Oh, sí.
Gritaron bastante, pero el Hollow bendice a los puros —respondió con serenidad, como quien comenta sobre el clima.
Se adelantó a la mesa.
Su cabello rubio pálido, largo hasta la cadera, parecía brillar bajo la luz débil.
Sus ojos, verde-azulados, tenían un brillo inquietante, algo que no pertenecía a un humano “completo”.
Parecía joven, unos 27 años, pero había algo en su expresión que sugería siglos.
Posó sus manos ensangrentadas sobre la mesa.
—Permítanme presentarme formalmente.
Soy Maria Renard —dijo con una voz tan suave que contrastaba con el horror que cargaba—.
Líder de la secta Hollow White.
Nadie se atrevió a hablar.
Maria observó la laptop, vio las fotos, y sonrió como quien encuentra un juguete.
—Veo que ya han reunido información interesante… —sus dedos manchados pasaron por la pantalla—.
Y veo que algunos de estos agentes han interferido con nuestros rituales.
Un hombre intentó mirar a otro para buscar apoyo, pero Maria ya lo había notado.
—¿Acaso deseas decir algo?
—preguntó sin borrar su sonrisa.
El mafioso negó con rapidez.
—N-no, señora Renard.
—Excelente.
Me encanta cuando cooperan —respondió ella mientras se sentaba, cruzando las piernas con gracia casi real.
Luego elevó la vista, ojos brillando con un matiz peligroso.
—Bien.
Volvamos al punto.
¿Qué quieren hacer con estos intrusos?Porque si desean eliminarlos… —sus dedos presionaron suavemente contra la mesa dejando marcas rojas— …el Hollow estará complacido de ayudar.
La tensión se volvió tan densa que parecía que el aire mismo vibraba.
Y todos entendieron que la reunión recién acababa de volverse mortal.
Nadie se atrevió a hablar.
El silencio cayó sobre el hangar como una losa de plomo.
Todos conocían los rumores.Maria Renard no era solo una fanática más.
Decían que podía invocar un Grand Hollow, una criatura tan colosal y destructiva que podía arrasar una ciudad sin esfuerzo.Incluso cuatro cazadores expertos morirían sin poder hacerle frente.
Ninguno de los presentes quería averiguar si esos rumores eran ciertos.
Maria, satisfecha con el silencio, habló con tranquilidad—Mi secta solo pide lo básico —dijo acomodándose un mechón rubio detrás de la oreja—.
Espacio para nuestros rituales… adoración… sacrificios… y acceso directo a las cavidades Hollow.
Solo eso.
Un industrial tragó saliva.
—L-las cavidades están… muy inestables últimamente —murmuró tembloroso—.
El éter está distorsionando el terreno….
Maria lo observó como un predador a punto de estudiar a su presa.
—Perfecto —dijo con una sonrisa dulce—.
La inestabilidad es señal de bendición.
Es donde “Él” se manifiesta más.
La mención implícita del “Señor” estremeció a algunos.
Otros desviaron la mirada.Ella continuó hablando, paseándose alrededor de la mesa—A cambio —prosiguió con suavidad—, seguiremos proporcionando materia prima para su querida droga G-Hollow Tex.
Ya saben… fragmentos, células… residuos energéticos.
Un mafioso tosió, nervioso—Sí… eso… ha sido útil para mantener a raya a otras familias….
Maria chasqueó los dedos, divertida.
—Entonces este acuerdo sigue en pie.
Ustedes refuerzan sus círculos internos, cazan a sus soplones… y nosotros seguimos purificando a los intrusos.
Nada complicado.
El ambiente estaba tan tenso que parecía que el aire podía cortarse con un cuchillo.
—Bien —dijo ella mientras se levantaba con gracia—.
Me iré por hoy.
Debo regresar a las cavernas.
Mi Lord se impacienta si tardo demasiado.
Estaba por retirarse cuando un pandillero del fondo, borracho o simplemente suicida, soltó una carcajada estruendosa.
—¡JAJAJA!
¿En serio creen a esta loca?
—avanzó tambaleándose hacia ella—.
Ese “diosito” al que le reza… debe ser igual de imbécil.
Y tú….
Se acercó de manera lasciva, deteniéndose frente a ella.—…estás demasiado buena como para ser tan tonta, muñeca.
El hangar quedó helado.
Maria no hizo ningún gesto.
Solo levantó un dedo.La punta brilló con una luz negra, como un fragmento de vacío tratando de devorar la luz a su alrededor.
Un círculo oscuro se abrió en el aire, un vórtice silencioso.
De él emergió un pájaro enorme, hecho de sombras densas y huesos flotantes.
Su cuerpo emanaba un chillido silencioso que retumbaba en los cráneos de todos los presentes.
—¿Qué… qué demonios…?
—balbuceó el pandillero retrocediendo.
Las garras de la criatura cayeron sobre él.
Un crujido seco.
Un grito ahogado.
Sangre salpicando el suelo.
Y el cuerpo cayó como un saco roto.
Maria bajó su dedo y el círculo se cerró con un suspiro.
Luego habló, con una voz totalmente distinta: fría, solemne, con una devoción escalofriante.
—Nadie insulta a mi Lord.
Sus ojos brillaban de fe fanática mientras recitaba como un credo:.
—Shav.
El Dictador Sangriento.
El Blanco.
El Salvador.
Creador del Hollow y del Mundo.
Miró a los demás.
Nadie movió un músculo.
—Recuerden sus nombres —murmuró con dulzura cruel—.
Y no olviden quién gobierna realmente en las cavidades.
Con un movimiento elegante, se dio la vuelta y comenzó a alejarse.
Los mafiosos se quedaron petrificados.
Ninguno creía en las tonterías cósmicas que ella escupía…pero ninguno quería probar su suerte.
Al menos —pensaron— no había arrasado el hangar entero.
La puerta se cerró detrás de ella.
Y todos soltaron el aire que habían estado conteniendo.
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