Waifu yandere(Collection) - Capítulo 223
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223: Talulah part 2 Arknights 223: Talulah part 2 Arknights Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.
Agrego personajes no me pertenecen.
Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.
Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.—.
No temas, pequeña.Yo soy el vacío.Soy el blanco eterno,el ave sin alas que aún recuerda cómo caer.
Llegué a este mundo buscando comprender lo que llaman familia,pero no puedes encerrar cuatro bombas mundiales en una caja de cartón y esperar que nada ocurra.
¿Quieres saber por qué estoy aquí?Es simple:ni yo lo sé.
Solo sé que todo terminó en aquel baile,cuando padre y madre ignoraron al hijo descarriado,cuando las dos hermanas negaron haberme conocido,cuando el hermano dolido exigió que la música se detuviera.
Muy bien.Si me niegan mi muerte,entonces que así sea.
Plagaré al mundo con mi vacío.Hollow.Grand Hollow será el grito que mi alma quebrada ansía.
—Shav.
………Que fue lo que viste?
_______________________________________________________________________ Habían pasado varios días.
Talulah ya podía moverse sin dolor, sin vendajes, sin fiebre.
Caminaba por los corredores de la antigua base médica como si explorara el fantasma de una vida que no era suya.
Cada pared, cada pasillo, cada habitación había sido limpiada, reparada o modificada por Tn con una paciencia enfermiza.
A ella le molestaba un poco.
No la limpieza —sino la constancia.¿Quién demonios limpiaba una base entera por decisión propia?Tn, al parecer.
Se detuvo frente a una ventana rota que él había remendado con planchas de metal y tornillos viejos.
Afuera, el viento cargaba polvo grisáceo y restos de Originium pulverizado.
Terra seguía siendo igual de hostil que siempre.
Nada había cambiado.
Nada cambiaría.
Y sin embargo… dentro de esa base sí había cambiado algo.Ella lo sentía en los silencios, en la forma en que el aire parecía más respirable, menos condenado.
Su reflejo en el vidrio la observaba: Talulah.La “ex líder fría y despiadada”.La terrorista.La asesina.La traidora.La que quiso incendiar el mundo para salvarlo.
Pero aquí estaba, conviviendo con un joven que tenía un sueño tan absurdo que rozaba la locura:Una utopía.Un mundo donde los infectados pudieran vivir sin miedo.Un cielo que Terra jamás había conocido.
Talulah apretó los dientes.
—Una utopía… —murmuró con desdén, sin saber si se burlaba de él o de sí misma—.
Ni los dioses pudieron crear una.
La sombra de Tn apareció reflejada en el vidrio detrás de ella.
—Los dioses suelen ser pésimos constructores —dijo con naturalidad, como si comentara sobre el clima.
Talulah se volvió, sorprendida.
—No te escuché acercarte.
—Caminas muy absorta —respondió él, sosteniendo una caja llena de herramientas y cables—.
Y yo… bueno, tengo práctica en pasar desapercibido.
Dejó la caja sobre una mesa cercana y la observó, con esa calma irritante que siempre llevaba puesta.
—¿Cómo te sientes?
—Como alguien que podría haber muerto hace una semana —respondió con franqueza—.
Y como alguien que aún no entiende por qué sigues con esta… idea.
—Su voz se tornó más baja, más cargada—.
Sabes dónde vivimos.
Sabes lo que hay allá afuera.
Oripatía.
Colapsales.
Facciones asesinas.
Gobiernos corruptos.
Riots.
Guerra.
Miedo.
Ella lo miró con dureza.—¿Cómo planeas cambiar un mundo que está podrido desde los cimientos?
Tn no desvió la mirada.No retrocedió.No se intimidó.
—Piedra por piedra —respondió, como si fuera lo más lógico del mundo.
Talulah entrecerró los ojos.
—Eso no es un plan.
Es… una fantasía.
—¿Y qué era lo que tú querías?
—preguntó él, dando un paso hacia ella—.
¿No querías salvar a tu gente?
¿No querías que los infectados dejaran de ser tratados como basura?
¿No querías un futuro donde no tuvieran que huir o esconderse?
Talulah sintió un golpe en el pecho.No era magia.Era la verdad chocando contra el trauma.
—Yo quería… —su voz se quebró apenas—.
Yo quería que nadie más sufriera como ellos.
Como yo.
Tn se acercó a la ventana y miró el horizonte como si viera algo que ella no podía ver.
—Entonces queremos lo mismo —dijo—.
Solo que yo no pienso hacerlo a base de cenizas.
Y tú… ya lo intentaste.
Te quedaste sola.
Moriste por esa idea.
Y aun así… sigues viva.
Talulah lo miró fijamente.
Esa calma, ese convencimiento, esa terquedad tranquila… la desconcertaba.
Y la atraía, sin que ella lo admitiera.
—No entiendo cómo un solo hombre piensa lograr algo que ni ejércitos pudieron.
—Lo dijo casi como un desafío.
—No soy un solo hombre —respondió él, volviendo la mirada hacia ella—.
No desde que aceptaste quedarte.
Talulah sintió un calor extraño subirle al pecho.
No era ira.
No era vergüenza.
No era miedo.Era… algo más peligroso.Más íntimo.
Desvió la mirada hacia el pasillo para ocultarlo.
—No he aceptado nada —dijo con aparente frialdad.
Tn sonrió muy levemente.
—Pero sigues aquí.
Ella apretó los puños.No tenía respuesta.
—Talulah —continuó él, con voz baja—.
No te estoy pidiendo que creas en mí.
Solo que me acompañes lo suficiente para demostrarte que no estoy equivocado.
Ella respiró hondo, conteniendo emociones que no sabía manejar.
—Solo diré una cosa, Tn… —avanzó unos pasos hasta quedar frente a él—.
Si tu sueño fracasa… no dejaré que te maten.
Ni que te destruyan.
Y si tu utopía arde… arderé con ella antes de volver a perderlo todo.
Tn no retrocedió.No cambió su expresión.Solo inclinó la cabeza, como quien acepta un juramento.
—Entonces caminemos —dijo—.
Lo demás vendrá después.
Talulah siguió caminando por el pasillo, pero ahora sus pasos tenían un peso distinto.Una dirección.Un vínculo.
Y sin darse cuenta, la idea de protegerlo…Empezó a sentirse inevitable.Casi natural.Casi… posesiva.
La caminata los llevó hasta la sección central de la base.
Las antiguas pantallas parpadeaban, algunas ya reparadas por Tn, otras apenas reanimadas por cables improvisados que colgaban del techo.
El enorme monitor principal iluminaba la estancia con un azul tenue.
Talulah miró todo en silencio; aquella “mansión” era más bien un refugio militar deteriorado, pero ver que ahora funcionaba… eso ya era un logro.
—El sistema volvió a levantarse —murmuró Tn mientras ajustaba un panel lateral—.
Esta mansión puede albergar al menos ciento cincuenta personas.
Más si optimizamos el espacio de los dormitorios inferiores.
Talulah arqueó una ceja, incrédula.
—¿Ciento cincuenta?
Ahora mismo solo somos dos.
Y los recursos no son infinitos.
—No son tan limitados como crees —respondió él sin dejar de trabajar—.
Los invernaderos siguen funcionales: patatas, tubérculos, algunas hortalizas.
No es un banquete, pero es comida estable.Se inclinó, revisó una tubería de agua y añadió—:La munición y las armas sí son un problema.
Pero no es algo con lo que no podamos lidiar.
—¿Y la medicina?
—preguntó Talulah, cruzándose de brazos.
Tn soltó un pequeño suspiro.
—Esa sí es… escasa.
Muy escasa.
Pero aún queda equipo de diagnóstico, un par de sintetizadores y algo de Originium convertido en soluciones médicas de emergencia.
No es Rhodes Island… pero sirve.
Talulah lo observó de perfil mientras él revisaba un mapa holográfico.
La base entera funcionaba gracias a un solo hombre obstinado.
—Con todo esto… —dijo ella lentamente— ¿cómo planeas traer gente?
Terra no es precisamente un paseo turístico.Su tono se volvió más duro—:Victoria está en guerra civil, Ursus sigue siendo un imperio que aplasta a cualquiera que estorbe, Yan y Higashi viven en sus propios conflictos… y Columbia y Leithanien tampoco son lugares seguros.Miras un mundo quebrado y dices que vas a reunir personas como si fueran piedras en el camino.
Terra es un mundo dividido en naciones inspiradas en la Tierra, destacando potencias como Victoria, Galia, Ursus, Iberia, Laterano (el “corazón”), Yan (inspirado en China), Higashi (Japón), Sargón (Medio Oriente/Amazonía), Columbia (EE.
UU.), Kazimierz (Europa del Este) y Leithanien (Europa Central), cada una con sus propias culturas, conflictos y geografías únicas que influyen en la historia del mundo.
Tn dejó de trabajar y la miró a los ojos.
—Tal vez no pueda cambiar Terra.
No todavía.
Pero… —tocó el marco de un monitor recién encendido— empezar con poco es suficiente.Hizo un gesto suave con los dedos, mostrando los campos de datos—:Reuniremos número a número.
Dos personas.
Luego cinco.
Luego diez.Las facciones están en conflicto constante por Originium, poder, ideologías… Sí.
Pero en medio de todo eso, hay gente que solo quiere sobrevivir.
Talulah frunció el ceño.
—¿Crees que se unirán así como así?
No todos aceptarán vivir bajo un techo desconocido.
Y menos si descubren que yo estoy aquí.
—No planeo atraer naciones enteras —respondió Tn con calma—.
Solo a quienes necesiten un lugar donde no los persigan.
Infectados, marginados, soldados cansados, huérfanos…Hizo una pausa—:No soy un líder, Talulah.
Ni pretendo serlo.
Solo alguien que puede ofrecerles algo funcional.
Ella bufó, casi divertida.
—Un hombre con una utopía imposible.Se cruzó de brazos, mirando la gigantesca sala de control—.¿Y esperas que yo preste mi fuego a esa fantasía?
Tn parpadeó una vez, sin retroceder.
—Yo no espero nada de ti… pero tú sigues aquí.La miró directamente, sin miedo ni exageración, solo con una serenidad que la confundía—:Eso ya dice algo.
Talulah sintió un pequeño estremecimiento.
No era miedo.
No era desconfianza.
Era… molestia.
O confusión.
No estaba segura.
—Sigues siendo un insensato —gruñó ella—.
Conoces mi historia.
Sabes de lo que fui capaz.
Y aun así hablas de mí como si fuera… necesaria.
—Porque lo eres —respondió él con una franqueza que la desarmó por completo—.
Si quieres destruir esta idea, puedes hacerlo.
Pero si quieres construir algo distinto… puedes hacerlo también.
Talulah guardó silencio.No porque no supiera qué responder, sino porque por primera vez en mucho tiempo… no sabía qué quería destruir.
—Sigamos caminando —dijo finalmente.
Tn asintió y retomaron la marcha hacia las zonas aún no restauradas de la base.
Y por primera vez, Talulah no iba detrás de él para vigilarlo… sino para ver qué demonios veía él en un mundo que ella ya había dado por muerto.
.
.
.
El ascenso a la parte superior de la mansión fue silencioso, apenas interrumpido por el murmullo del viento colándose entre las vigas oxidadas.
Al llegar a la terraza, el aire frío golpeó sus rostros.
El cabello de Tn se elevó con la brisa, liberado, casi danzando mientras él observaba el cielo nocturno.
Las barreras del firmamento —aquella distorsión tenue creada por el Originium del entorno— fluctuaban como grietas luminosas entre nubes rotas.
Tn extendió la mano hacia arriba, como si pudiera tocar esas fisuras.
—Dentro de mí nace esa idea —murmuró—.
Una soberbia que no quiere morir.
Un orgullo que se niega a desaparecer tan fácil.
Talulah bufó, pero esta vez sin burla, sin desprecio.
Más bien… resignación.
—Si la soberbia te mantiene vivo —respondió ella—, entonces aprovéchala.
Terra ha sido movida por cosas peores.
Tn bajó la mano, sonriendo apenas.
—Esta locación está lejos de muchos conflictos.
Podemos atraer refugiados de Yan, que es la nación más cercana.Miró el horizonte oscuro—:Hay más bases abandonadas de Rhodes Island por ahí.
Algunas, tal vez, aún tengan energía o suministros.Hizo un gesto suave—:Sobrevivir a base de carroña… no es muy diferente a lo que hace todo el mundo.
Talulah inclinó la cabeza, pensativa.
Los infectados con Oripatía… marginados, perseguidos, tratados como cargas o armas improvisadas.
Muchos terminaban en barrios miserables, otros en zonas de cuarentena.
Algunos iban directo a las minas de Ursus, o a los escenarios de sacrificio de Leithanien… y ahora también a los nuevos gulags improvisados por Yan.
—Yan empezó a implementar campos de trabajo —añadió Tn con voz fría—.Su mirada se endureció—:Así que pensé… ¿por qué no ir a sacar a los infectados antes de que los entierren vivos?
El silencio se hizo un momento.Luego Talulah sonrió.
Una sonrisa cruel.Una que prometía fuego.Dolor.Y un mensaje claro a quien intentara oprimir otra vez.
—Eso sí que suena a algo que valga mi tiempo —susurró Talulah—.
Si quieres incendiar un gulag… puedo ayudarte a encontrar el fuego adecuado.
Tn no se sobresaltó.No la miró con miedo.Solo asintió, como quien confirma un plan lógico.
—Prepararé el transporte —dijo él, ya girándose hacia la escalera—.Tenemos combustible suficiente para un viaje corto.
Si todo sale bien, volveré con los primeros refugiados.
Talulah lo siguió con la mirada, apoyando un codo en la baranda.
—¿Y si no vuelves?
—preguntó, con un tono entre desafío y curiosidad.
Tn se detuvo un segundo.
—Entonces tú seguirás lo que empezamos —respondió con tranquilidad—.Y tú incendiarás el mundo por mí.
Talulah soltó una carcajada baja, oscura.
—O por diversión —corrigió ella.
—Nos vemos en unas horas —dijo Tn, bajando los escalones.
—No tardes —gruñó Talulah, encendiendo una pequeña llama en su palma—.Quiero ver si tu pequeña utopía realmente puede comenzar con fuego.
Y así, mientras Tn descendía para preparar el transport, la antigua líder que había incendiado una nación sonreía bajo un cielo quebrado….
…esperando ver si aquel hombre podía, contra toda lógica, empezar a construir algo en un mundo decidido a destruirlo todo.
.
.
.
La motocicleta vieja rugió como un animal enfermo cuando Tn la encendió.
Vibraba, tosía, amenazaba con apagarse… pero aun así avanzó.Él ajustó el revolver en su cadera, aquel arma que llevaba días limpiando y afinando.Sacó el tambor, revisó las balas una por una.
Todas cargadas.
Todas limpias.
Todas necesarias.
Suspiró.
Los gulags…Campos de trabajo forzado brutales.Herencia de Ursus que otras naciones, con menos escrúpulos y más miedo, empezaban a copiar.
—Dos mil… diez mil… —murmuró mientras revisaba su mapa desgastado—.Pero este… este apenas tendrá quinientos.
Quinientos infectados que Yan había decidido enterrar en vida.Quinientos que nadie extrañaría.Quinientos que él no podía dejar ahí.
Giró el acelerador y la motocicleta tembló, pero obedeció.Kilómetros pasaron bajo las ruedas como cicatrices viejas.La carretera, rota por catástrofes del Originium, lo obligaba a esquivar grietas y zonas cristalizadas.
Yan… una nación militarizada, reviviendo criaturas antiguas.Jugando con Feranmuts como si fueran simples herramientas.
—Un mundo que busca dioses destructores… —murmuró mientras avanzaba—.Y aun así, teme a sus propios enfermos.
Cuando llegó a la colina, apagó el motor.El silencio fue absoluto.
Tn se bajó lentamente, se inclinó y observó el gulag desde la distancia.
Una serie de barracones metálicos, rodeados por vallas eléctricas.Torres de vigilancia con reflectores que barrían el terreno.Guardias armados —unos veinticinco, tal vez treinta— patrullando el perímetro.
Y dentro….
Sombras.Hileras de cuerpos exhaustos.Hombres, mujeres, jóvenes.Infectados.
—Quinientos… —susurró Tn, apretando el arma—.Todavía puedo manejarlos.
Todavía puedo ayudarlos.
Tomó aire.Se arrodilló sobre la tierra y sacó un pequeño cuaderno lleno de anotaciones y croquis.
Talulah le había dicho que estaba loco.Que quería reconstruir el mundo con ideas, con fuego y con esperanza.Que era imposible.
Pero si no empezaba por esto…¿para qué demonios serviría su utopía?
Mientras analizaba la posición de las torres, una voz lo sorprendió, resonando en su mente más que en el aire.
—No vas a bajar ahí solo… ¿verdad?
—preguntó Talulah, a través del comunicador improvisado que Tn había instalado antes de salir.
Él sonrió levemente.
—Creo que puedo hacerlo.
—Eres un sankt sin todas las capacidades que se les atribuyen —replicó Talulah, gruñendo como toda una draco—.
No tienes Artes, no tienes escamas, no tienes un ejército.
Solo tienes ese juguete de metal.
—Es un buen juguete —respondió Tn, girando el cilindro del revolver para escuchar su clic metálico.
Talulah resopló al otro lado.
—Si mueres… no pienso ir a recoger tu cadáver.
—No pienso morir —dijo él con calma.
—Lo dices con demasiada confianza —refunfuñó ella.
—La confianza es una virtud del orgullo —Tn guardó el cuaderno—, y tengo bastante de el.
Hubo silencio unos segundos.Hasta que Talulah habló, más baja, más seria.
—…si destruyes aunque sea una torre de vigilancia, podré ver la explosión desde la mansión.Y sabré que estás en problemas.
—Lo tomaré como un “estarás atenta” —respondió él.
—Lo tomarás como quieras —replicó Talulah, y cortó la transmisión.
Tn se puso de pie.Sacó una manta oscura de la moto para camuflarla entre rocas.Ajustó sus guantes.Se apretó el cinturón del revolver.
Y mirando el gulag, respiró profundo.
—Bien… —dijo en voz baja—.Hora de liberar a quinientas personas.
Con pasos silenciosos, empezó a descender por la colina hacia la oscuridad, hacia las torres, hacia los guardias….
Infiltrarse no fue tan problemático como Tn había temido.El gulag estaba mal distribuido, diseñado más para intimidar que para defenderse bien.Los infectados estaban hacinados en hangares de madera vieja, mientras que las torres cubrían solo ciertos ángulos, dejando huecos amplios entre sombras.
Yan quería convertir aquel lugar en una mina…y a nadie le importaba la vida de los trabajadores.
Tn desenfundó su arma, respirando hondo.Luego se deslizó entre contenedores metálicos y pilas de herramientas.
Un guardia pasó caminando cerca.Tn esperó.
Contó los pasos.
Respiró.Y cuando el hombre dio la espalda, Tn lo atrapó por el cuello desde atrás y le dio un golpe seco en la base del cráneo.
El guardia cayó sin ruido.
Tn arrastró el cuerpo entre cajas, le quitó el comunicador de la cintura y revisó el arma.
—Bien… —susurró—.
Esto también servirá.
Sacó unas bombas de aturdimiento del cinturón del guardia caído y guardó todo en su chaqueta.
Siguió avanzando en silencio.Cada vez que un guardia aparecía, Tn lo interceptaba con una eficiencia inquietante:un codazo, una llave al cuello, un golpe con la culata.Los escondía entre sombras sin dejar rastro.
En la mansión-base, Talulah estaba sentada en la sala de monitores.Sus dedos tamborileaban con impaciencia sobre la mesa, su pie golpeando el suelo rítmicamente.
—¿Por qué tarda tanto…?
—gruñó.
Sabía que tenía que esperar a la señal.
Sabía que él insistió en entrar solo.Pero odiaba sentirse inútil.
Odiaba sentir preocupación.Eran emociones que había enterrado hacía años.
—Idiota… —murmuró, frunciendo el ceño mientras veía imágenes borrosas de las cámaras que Tn había hackeado estando ahi—.Si mueres, no pienso llorar.
Aun así, no dejaba de mirar.
Tn se movía entre sombras, estudiando el área.Torres.Rutas de patrulla.Cables de energía.Y en cada poste cercano a los hangares había unas cajas metálicas amarillas: transmisores de alarma.
(Nt:Farcry 4 como te amo carajo).
—Perfecto… —susurró mientras sacaba una pequeña herramienta de su cinturón—.Si esto cae, la red cae.
Destornilló la tapa, cortó dos cables principales y la caja soltó un pequeño chispazo.
—Uno menos.
Siguió a la siguiente.La destrozó con la culata del arma, con precisión para no activar nada por accidente.Luego otra.Y otra.
Cada transmisor destruido era una línea menos que los guardias podían usar para alertar refuerzos.
Mientras cortaba el último cable, escuchó el zumbido suave del comunicador recién robado.
Una voz masculina habló desde el otro lado:.
—¿Unidad 4?
¿Por qué tu señal desapareció hace treinta segundos?
Responde.
Tn se congeló un momento.Miró el cuerpo inconsciente del guardia que había dejado atrás.
Luego, presionó el botón del comunicador… y habló con voz grave e imitando el acento de Yan.
—Unidad 4 aquí.
Tuvimos… una fluctuación de energía.
Revisando los paneles.
Cambio.
Hubo silencio.Luego la voz respondió:.
—Asegúrate de arreglarlo.
El supervisor hará ronda pronto.
Tn respiró aliviado.
—Copiado —dijo, y cortó la transmisión.
Mientras guardaba el dispositivo, murmuró para sí mismo:.
—No tengo Artes… no tengo escamas… pero tengo inteligencia.
Eso vale algo.
Avanzó hacia el centro del campamento donde los refugios de madera crujían con el viento.Dentro, escuchaba toses, sollozos, susurros apagados.
Los infectados.
—Aguanten un poco más —susurró, apretando el puño—.La señal viene pronto.
En la mansión, Talulah apretó la mandíbula.Miró la pantalla que mostraba una franja oscura del gulag.Podía sentir la tensión como si fuera suya.
—Vamos, carajo vamos… —murmuró—.
Enciende el maldito cielo.
Justo en ese instante, una luz pequeña apareció en la pantalla.Un destello blanco.
Talulah se incorporó bruscamente.
—…esa es la señal.
Sus ojos se llenaron de una emoción peligrosa.
El fuego.
—Muy bien, Tn… —dijo levantándose—.Es hora de ir.
.
.
Después de dar la señal, Tn sintió un cosquilleo frío en la nuca.Una sombra.
Un clic metálico.
Se giró apenas… dos guardias le estaban apuntando directamente al pecho.
Tn sonrió con esa calma peligrosa que solo surge cuando sabes que no deberías seguir vivo.
—¿Qué pasa?
—dijo levantando la ceja—.¿Así reciben a los invitados en Yan?
Los guardias no lo encontraron gracioso.Ambos cargaron sus armas al mismo tiempo.
Tn susurró—…Carajo.
Desenfundó en milésimas de segundo, disparó dos veces y se lanzó al suelo.Las balas pasaron silbando sobre su cabeza mientras rodaba hacia la oscuridad.
Entonces, desde la torre, una lluvia de disparos cayó como un martillazo.Madera volando, polvo, gritos.
Tn corrió inclinándose hacia adelante, una sombra entre sombras, hasta lanzarse dentro de una de las casas de madera para guardias.Las balas entraban rompiendo tablas como si fueran papel.
—¡Mierda, mierda…!
—gruñó mientras se cubría y revisaba el cargador—.Claro que tenían que encontrarme ahora….
Afuera, escuchó a uno de los soldados gritar—¡Tenemos intruso!
¡Bloqueen los hangares!
Otro gritó—¡Activen la alarma!
¡Ya!
Un silencio denso.Casi embarazoso.
El líder gritó—¿¡POR QUÉ NO SUENA NADA!?
Uno de los guardias revisó desesperado la caja amarilla más cercana, colgando torcida y llena de agujeros.
—¡Los transmisores…!
¡Están destruidos!
Tn asomó la cabeza por la ventana rota.Tres soldados normales, armados, nerviosos…al menos no eran Espadas del Emperador.
—Gracias a todos los cielos —susurró—.Si fueran Blades ya estaría cortado en cuatro.
Los soldados apuntaron a la cabaña y abrieron fuego otra vez.
Tn contestó disparando dos veces desde la cobertura.Uno de los guardias cayó con un grito.
—¡Flanqueen la casa!
—ordenó el líder.
Tn sacó su cargador, vio que le quedaban apenas cuatro balas.
—Perfecto —rió sin humor—.Cuatro es mejor que cero.
Afuera los pasos se dividieron: dos por la izquierda, uno por la derecha.
Tn habló en voz alta para que lo escucharan—Oigan…Antes de que entren, ¿alguien quiere rendirse?Prometo no dispararles en nada vital.
Uno respondió—¡Cállate, perro infectado!
Tn entrecerró los ojos.
—Ya veo.No son negociadores.
Se arrastró hacia la puerta trasera, se apoyó sobre una rodilla, respiró…y cuando uno de los guardias apareció por la esquina, Tn le disparó directo al muslo.
El hombre cayó con un grito desgarrador.
—¡Uno menos!
—¡Bastardo!
—rugió el líder mientras entraba por la puerta frontal.
Tn apenas tuvo tiempo de rodar hacia atrás.El líder descargó casi un cargador entero donde él había estado un segundo antes.
Tn disparó desde el suelo, rompiendo la lámpara colgante del techo.La cabaña quedó casi a oscuras.
El líder maldijo.
—¡Sal de ahí, cobarde!
Tn, ya cerca de la ventana, murmuró—No me interesa morir hoy.Tengo una cita con una dragona cabreada.
Saltó por la ventana justo cuando el líder disparó otra vez.
Rodó por la tierra, se levantó, corrió detrás de un pozo.
A la distancia…un rugido encendió el cielo.
Una luz naranja-rojiza iluminó la noche.
Talulah estaba llegando.
Los guardias la escucharon.
—¿Qué demonios fue eso?
Tn sonrió, respirando con dificultad.
—Eso, amigos míos… —dijo recargando su arma con la última bala suelta—es su infierno personal acercándose.
El horizonte se tiñó de fuego.La tierra vibró bajo sus pies.
Y entonces, una voz resonó como un trueno:.
—¡¡¡TN!!!
Los ojos del muchacho brillaron un instante.
—…Llegó la caballería.
Talulah cayó desde el cielo como un meteorito, despejando el suelo carbonizado bajo sus botas.
La Corona Estelar ardía en su mano, escupiendo llamas blancas y naranjas que hacían temblar el aire.
Sus ojos, encendidos por la furia, iluminaron la noche como dos faros demoníacos.
Tn sonrió apenas.
—Siempre llegas en el momento justo —murmuró.
Los guardias restantes intentaron reaccionar, pero la respuesta de Talulah fue inmediata.
Con un solo movimiento, la Corona Estelar trazó un arco incandescente, partiendo a un soldado en dos.
Otro gritó, tratando de dispararle, pero desapareció en una explosión de fuego puro.
—¡Llamen al Lamin—!
—intentó gritar el líder.
Un disparo seco de Tn le atravesó la garganta.
—Muy tarde para eso, amigo —escupió mientras avanzaba.
Talulah no dejó de moverse.
Cada paso era una estela de brasas.
Cada golpe, una sentencia de muerte.
Con cada soldado que la miraba, ella respondía con violencia ardiente.
Tn se acercó al hangar, disparó al candado y empujó las enormes puertas.
El olor a miedo y encierro salió como un golpe en el rostro.
Decenas de infectados lo miraron con ojos cansados y esperanzados.
—Tranquilos —dijo levantando la mano—.
Venimos a sacarlos de aquí.
Todos van a salir con vida.
Algunos comenzaron a llorar.
Otros se quedaron quietos, incrédulos.
Pero todos lo escuchaban.
—Busquen camiones.
Yan siempre deja algo útil tirado —ordenó Tn.
No tuvo que buscarlos mucho: varios camiones estaban estacionados, con plataformas amplias para transportar carga… o rehenes.
Los infectados comenzaron a organizarse.
Tres choferes voluntarios subieron a los vehículos, mientras Tn les daba indicaciones rápidas.
—Llenen los camiones.
No dejen nada ni a nadie atrás.
Talulah se acercó, limpiando su espada con un giro rápido.
—Tn, ¿cuánto tiempo necesitamos?
—preguntó ella.
—Con suerte, dos minutos.
Sin suerte—.
Un impacto brutal lo interrumpió, enviándolo por los aires.
Tn atravesó la pared de madera del hangar, quebrando tablones y rodando por el suelo.
Soltó un quejido mientras trataba de recuperar el aliento.
—Agh… mierda….
Del polvo emergió una figura acorazada, alta, imponente.
Placas negras como obsidiana, una máscara sin expresión, y un aura que arañaba la piel.
Una Espada del Emperador.
El guerrero levantó su arma, una hoja de energía oscura que crepitaba con un chillido antinatural.
—“Objetivo identificado.
Ejecución autorizada.” —dijo la voz metálica, distorsionada, sin rastro de humanidad.
—Genial… lo que me faltaba —gruñó Tn levantando su arma.
La Espada del Emperador cargó, golpeando con una fuerza sobrenatural.
Tn apenas alcanzó a rodar a un costado.
Otra estocada bajó, cortando el suelo como si fuera mantequilla.
—¡Talulah!
—gritó Tn.
La hoja descendía hacia su cuello….
CLANG.
Una explosión de fuego estalló entre ambos.
Talulah había bloqueado el ataque con la Corona Estelar, sus pies hundiéndose en el suelo por la fuerza del impacto.
—No.
A él no lo tocas —gruñó con los dientes apretados.
La Espada del Emperador inclinó la cabeza.
—“Hechicera detectada.
Prioridad actualizada.
Amenaza alta.”.
Talulah sonrió, una sonrisa peligrosa, encendida.
—Quédate conmigo, monstruo.
Empujó con una llamarada, separándolos.
Tn se reincorporó y cargó su arma temblorosa.
—Yo puedo manejarlo —dijo Talulah sin apartar la mirada del enemigo.
—No pienso dejarte sola con ESO —respondió Tn sacudiéndose el polvo.
—Entonces quédate detrás de mí y dispara cuando te diga —ordenó ella.
La Espada del Emperador levantó su arma y las sombras se arremolinaron alrededor.
Talulah levantó la Corona Estelar, y su fuego respondió.
El combate estaba a punto de comenzar.
__________________________________________________________.
Los soldados de Yan en Arknights, conocidos como las Espadas del Emperador (Emperor’s Blades), son guerreros formidables con apariencia marcial, a menudo vistiendo armaduras elaboradas, pero lo crucial es que llevan fragmentos de Colapsales (entidades extradimensionales) sellados en sus armaduras, otorgándoles poder inmenso y habilidades sobrenaturales como crear espadas sombrías y contaminar con energía demoníaca.preferi tomarme mi tiempo con estas waifus devido a que implemente paradise lost en ellas.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com