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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 224

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224: Theresa arknights 224: Theresa arknights Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.

Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.

Nombre:Tn (Zaratusthra).

Afiliaciones:Corte real de Sarkaz.

Magia:Tiempo eterno.

Raza:Sensor.

_______________________________________^^.

El sol apenas se filtraba entre las cortinas de la habitación real, un rayo tenue y cálido que rozó la punta de la nariz de Theresa.Ella soltó un gemido suave, la clase de sonido que uno hace cuando la mañana llega demasiado pronto, cuando el mundo insiste en despertarte aunque tu cuerpo clame por cinco minutos más.

Intentó darse la vuelta, hundiéndose más entre las sábanas, pero la luz se coló de nuevo, terca, acariciándole las pestañas.

No quería levantarse.Tenía deberes.Tenía responsabilidades con la Corte Real de Sarkaz.…pero quería dormir.

Solo un poco más.

—My lady, es hora de despertar.

—murmuró una voz suave, contenida, con ese tono respetuoso que ella reconocería incluso entre un millón.

Una sonrisa se dibujó en sus labios adormilados, antes incluso de abrir los ojos.

—Tn… —susurró, con cariño perezoso, como si solo pronunciar su nombre ya fuera un alivio.

Se obligó a incorporarse un poco, lo justo para ver al chico parado a la orilla de su cama.

Tn, con su cabello corto ligeramente despeinado y la ropa ornamentada que denotaba su rol, la miraba con una mezcla perfecta entre paciencia y sueño.

En realidad, él parecía el que más necesitaba una siesta; tenía esa actitud de quien solo quiere dejarse caer en la silla más cercana y dormirse de inmediato.

—Cinco minutos más… por favor.

—pidió Theresa, volviendo a tirarse en la almohada con un pequeño bufido.

Tn suspiró, como cada mañana.

—La Corte ya está reunida, mi lady.

No es apropiado hacerlos esperar tanto.

—intentó sonar severo, pero su voz siempre acababa suavizándose cuando hablaba con ella.

Theresa, sin contestar, extendió los brazos hacia él, como una niña exigiendo ser levantada.

—…No.

—Tn retrocedió medio paso, anticipando lo que venía—.

Así no funciona.

Soy su acompañante, no su doncella personal.

Y definitivamente no pienso vestirla otra vez.

Ella gimió como si aquello fuera la peor crueldad del mundo.

—Pero Tnnnnnn~… estoy cansada.

—su queja se convirtió en un puchero audible—.

Siempre es lo mismo.

Consejo, reuniones, discusiones… me estoy aburriendo de hacer todo para la Corte.

Él apretó los labios, luchando entre el deber y ese afecto silencioso que llevaba años escondiendo.

—Mi lady… si no se levanta ahora, tendré que—.

—¿Tendrás que qué?

—sonrió ella, ladeando la cabeza entre las sábanas, provocadora, sabiendo exactamente cómo desarmarlo.

Tn desvió la mirada, frustrado y ruborizado.

—…Tendré que insistir.—Lo estás haciendo muy mal.—Porque usted no ayuda, mi lady.

Theresa soltó una pequeña risa, clara y suave, esa que él solo escuchaba cuando estaban solos, esa que hacía que su corazón perdiera el ritmo.

—Tn, ven aquí.

—No, mi lady.

—otra vez ese suspiro—.

Si me acerco, no va a levantarse.

—Pero si tú me ayudas, sí.

—mintió descaradamente.

Él la miró.

Ella lo miró de vuelta.Y durante un instante, el deber dejó de existir.

Tn cedió primero, como siempre.

—…Muy bien.

Pero solo para que se levante.

Ella alzó los brazos con más fuerza, feliz como una niña mimada.Y él, resignado y secretamente encantado, se acercó al borde de la cama.

—Mi lady… por favor no haga esto más difícil de lo que ya es.

—¿Difícil?

—Theresa sonrió con languidez, sus dedos rozando suavemente la muñeca del chico—.Solo estoy pidiendo la ayuda de mi querido Tn.

Él tragó saliva.

Y la mañana, al final, había terminado de comenzar.

Tn la cargó tal y como ella quería, con ese suspiro resignado que Theresa ya conocía demasiado bien.La Reina de Sarkaz tenía sus excentricidades…Y él, por alguna razón, siempre terminaba aceptándolas.

Sus brazos la sostuvieron con suavidad, sin esfuerzo; Theresa apoyó la cabeza contra su pecho mientras él caminaba por los pasillos privados de la residencia real.

Sus cuernos rozaron suavemente su clavícula, y Tn se tensó sin querer, aunque ya estaba más que acostumbrado.

Ella era una Sarkaz, una hija de una especie demoníaca de sangre antigua.Tenía poder, tenía linaje…pero aun con todo eso, había delegado gran parte de su autoridad al Consejo para evitar que la acusaran de tiranía.

Era lista.

Precavida.

Humanitaria.

Y aún así, en momentos como este, se comportaba simplemente como… ella.

Camino al baño—Mi lady, debería caminar por sí misma al menos una vez por semana.

—murmuró Tn, intentando sonar firme.

—Pero Tn… Se ue adoras cargarme,esa mano tuya esta mas abajo de lo necesario.

—Theresa sonrió, apoyando una mano en su pecho—.Además, tú lo haces tan bien.

—Eso no es… —él apartó la mirada cuando sus ojos se encontraron— …apropiado.

—¿Apropiado para quién?

—Theresa elevó una ceja—.¿Para la Corte?

—Para cualquiera.

—Entonces no importa.

Tn tragó saliva.Cada palabra suya hacía que su autocontrol se tambaleara.

Al llegar, él empujó la puerta del baño con la espalda.

El vapor tibio inundaba la habitación, perfumada con hierbas relajantes.

Habían preparado el agua como ella lo pidió.

Él la depositó con cuidado en un asiento acolchado junto a la bañera.

—Ahí tiene, mi lady.

—dijo suavemente—.Puedo esperar afuera hasta que—.

—Tn.

—Theresa lo llamó antes de que diera un paso atrás.

Él se detuvo.

Ella lo miró… largo, intenso, con una calma que escondía algo mucho más profundo.

—Hace mucho que te encontré.

¿Verdad?

—…sí, mi lady.

—Y aún no sé qué eres exactamente.

Tn bajó la mirada, incómodo.

—Mi raza no importa.

—Jamás importó.

—interrumpió ella inmediatamente—.Eres leal, eres útil… y eres mío.

Él se estremeció.

—Mi lady… no diga esas cosas.

Theresa sonrió, levantándose solo lo suficiente para que su rostro quedara cerca del suyo.

—Lo digo porque es verdad.

Luego dejó caer su túnica lentamente, sin vergüenza alguna.

Solo la piel marmórea de una reina acostumbrada a no esconder nada ante él.

Se deslizó dentro del agua tibia, dejando escapar un suspiro profundo.

—Mmm ahh~… perfecto.

Tn, con las mejillas rojas, volvió a su puesto junto a la puerta, dándole la espalda para darle privacidad.

Ella lo observó desde la bañera, con los ojos entornados.

Pensó en él… en ese niño extraño que encontró hace años, con el cuerpo lleno de marcas brillantes como runas, en cómo manipulaba el Originium como si fuera una extensión natural de su respiración.

“Tiempo eterno”, lo llamaba él.

Una técnica de Artes que distorsionaba el flujo temporal alrededor de su cuerpo, ralentizando heridas, acelerando movimientos, estabilizando procesos.

Extraño.

Poderoso.

Peligroso.

Las Artes de Originium son la manipulación de energía y materia usando el cristal de Originium como catalizador, manifestándose en varios tipos elementales (fuego, hielo, electricidad), manipulación física (fuerza, control de drones, barreras), sanación, control mental, y aplicaciones tecnológicas como armas (firearms) y escudos, con cada operador teniendo una especialización única, desde el poder puro hasta funciones específicas como la detección.

Algo que no pertenecía a ninguna raza conocida.

Pero a ella no le importaba.

Porque Tn era fiel.Porque Tn jamás la había traicionado.Porque Tn… era un amor prohibido, dignamente trágico.

—Tn.

—lo llamó, su voz suave resonando sobre el agua.

—¿Sí, mi lady?

—Acompáñame un momento.

No quiero estar sola.

Él cerró los ojos un instante, exhaló…y obedeció.

Dio un paso hacia ella.

—Solo un momento.

—dijo él, sabiendo que sería mucho más.

Theresa sonrió al verlo acercarse.

—Sabes que eso es suficiente para mí.

—Nunca es suficiente para usted.

—respondió Tn con esa voz baja que usaba cuando intentaba ocultar lo que realmente sentía—.Mi lady, debe apurarse.

La Corte no esperará para siempre.

Theresa abrió los ojos en un suspiro, como si el mundo entero la estuviera llamando de vuelta antes de tiempo.

Pero esta vez no protestó.Se levantó del agua,mostro toda su dignidad frente a el, se dejó secar, vistió su ropa ceremonial y dejó que Tn acomodara mínimamente los detalles que ella no alcanzaba.

Finalmente, tomó su brazo.

Una reina y su sombra.

Mentirosamente formales mientras caminaban hacia la Sala del Trono.

…

Los pasillos resonaban con los ecos de su paso.

Tn avanzaba un paso por detrás, pero su brazo seguía entrelazado con el de ella; Theresa no le permitió soltarlo.

—Tn… —susurró, sin girar la cabeza—.¿Recuerdas lo que dijiste?

Que nunca es suficiente para mí.

—…sí, mi lady.

—Te equivocas.Contigo, siempre quiero más.

Él titubeó un instante en su caminar.

Theresa sonrió apenas.

—Mi lady… eso no debe decirlo antes de una asamblea.

—Por eso lo digo ahora —respondió ella, divertida—.

Antes de que todos esos viejos gruñones me arruinen el humor.

Tn respiró profundo, como si necesitara enterrar sus emociones bajo diez capas de autocontrol.

—Prometo mantenerle el humor estable, entonces.

—Lo haces sin intentarlo.

..La Sala del TronoLas enormes puertas se abrieron, revelando el amplio salón donde el Consejo de Kazdel ya la esperaba.Sabios, estrategas, médicos, representantes de tribus… todos se arrodillaron ante ella.

Theresa tomó asiento en el trono oscuro de la Sala Sarkaz, mientras Tn se colocaba a su lado, brazo cruzado, el rostro serio y los ojos atentos como siempre.

La reunión comenzó inmediatamente.

Un sabio de barba plateada se adelantó—Majestad, las reservas de alimentos de la región oeste bajaron un treinta porciento este mes.

Necesitamos reasignar caravanas o más ciudadanos pasarán hambre.

Otro consejero añadió—Y los territorios del norte reportan ataques constantes de bestias alteradas por el Originium.

Exigen refuerzos o abandonarán los asentamientos.

Theresa los escuchó con calma, sin interrumpir.Finalmente habló—Saben que los abandonos solo alimentan la inestabilidad.

Refuerzos tendrán, pero debemos evitar desangrar nuestras tropas.

¿Qué propone el General Vos?

El general, un Sarkaz musculoso con cicatrices negras, inclinó la cabeza.

—Mi reina, movilizaré dos escuadras élite.

No debería comprometer nuestra defensa fronteriza.

Tn, desde su puesto, murmuró casi imperceptible—Ambicioso… pero posible.

Theresa asintió.

—Aprobado.

Otra consejera, con trajes de médico, levantó la voz—En cuanto a los infectados… tenemos brotes nuevos por el oeste.

La gente teme que los Originiados se conviertan en bestias.

Piden más clínicas, pero no contamos con suficientes voluntarios.

Theresa frunció suavemente el ceño.

—No podemos abandonar a los infectados.

Son ciudadanos de Kazdel.Propongo usar fondos del Tesoro para entrenar nuevos médicos y mejorar la protección de las clínicas.

Un murmullo inquieto se extendió.

—Majestad, eso costará demasiado…—La corte no puede sostener tanta caridad…—Los otros reinos nos verán débiles….

Tn golpeó ligeramente el suelo con su espada ceremonial, su voz firme—La reina ya dio su orden.-Ojos tan frios miraron a todos en la sala.

Los consejeros se callaron de inmediato.

Theresa lo miró de reojo, divertida, como quien observa un perro leal ahuyentando a los intrusos.

—Gracias, Tn.

—dijo en voz baja.

Él no respondió, pero su postura lo hizo por él:“Por usted, siempre.”.

Un embajador levantó un documento.

—También está la cuestión de Leithanien.

Sus magos fronterizos están probando armas nuevas.

Esto podría ser una provocación.

Theresa apoyó la barbilla en su mano, pensativa.

—Podría… o podría ser simplemente investigación.

No iniciaremos otra guerra por paranoia.Enviaremos observadores.

Ningún movimiento militar sin confirmación.

—Pero, Majestad—.

—He dicho que no.

—su tono fue afilado, helado.

Tn miró a los consejeros con la misma firmeza.Ellos bajaron la cabeza.

Porque Theresa no era solo bondad.Era bondad con un filo afilado.Una reina Sarkaz que podía cortar a cualquiera si era necesario.

—.

Finalmente, tras horas de debate, ella exhaló.

—Ese será el destino de Kazdel esta semana.

¿Alguna objeción?

Silencio absoluto.

Theresa se levantó.

Tn le ofreció su brazo.Ella lo tomó sin dudar.

Los consejeros desviaron la mirada;esa cercanía era… impropia.Pero nadie se atrevía a señalarlo.

Pero aun con todo eso delego mayormente su poder politico con el consejo,no queria sufrir un golpe de estado por supuesta tirania asi que dividio todo…

Cuando la puerta se cerró detrás de ellos, Theresa suspiró profundamente.

—Dime la verdad, Tn.

¿Fui demasiado dura?

—No.

Fue justa.

Como siempre.

Ella sonrió.

—¿Y contigo?

¿Fui muy… evidente?

Tn se sonrojó levemente.

—Mi lady… siempre es evidente.

Theresa rió, sincera.

—Bien.

Me gusta que lo sea.

Tn bufó un poco, un gesto pequeño pero sincero, casi infantil.

Theresa lo miró de reojo, divertida; para todos era la primera reina mestiza, la líder amable y compasiva que buscaba la paz para un pueblo acostumbrado a la guerra… pero para él, solo para él, era otra cosa:provocadora, juguetona, cálida.

—Ya te he dicho —susurró ella, acercándose un poco más—, que no me llames lady cuando estamos en privado.

Me agobia.

—…Lo sé —respondió Tn, medio avergonzado, medio rendido—.

Es una costumbre difícil de quitar.

—No cuando quiero que te relajes —dijo Theresa, tocando suavemente su brazo—.

Te lo ordeno… como tu reina~.

La sonrisa que acompañó esas palabras no tenía nada de regia; era dulce, íntima, traviesa.

Tn no pudo evitar sonreír de vuelta.—Gracias… Theresa.

Y entonces simplemente se dejó caer a su lado, con un suspiro largo, derrotado por el cansancio al que su cuerpo era inmune, pero su mente no.Había pasado la mañana entera organizando documentos, rutas de suministros, verificando informes de contagios, preparando la sala del trono y conteniendo a los consejeros más ruidosos.

Toda la estructura de la corte funcionaba porque él la sostenía desde las sombras.

Theresa lo entendía perfectamente.

Él apoyó la cabeza sobre sus piernas, dejando que ella lo acomodara como quisiera.Theresa sonrió con ternura, deslizando los dedos entre su cabello oscuro.

—¿Quieres que te mime?

—preguntó con voz suave, una que nunca usaría frente a nadie más.

—No… —murmuró Tn, cerrando los ojos—.

Solo quiero dormir todo el día.

Aunque sé que no puedo.

—Podrías intentarlo —sugirió ella, riendo bajito—.

Podría cancelar la tarde, decir que estoy enferma, o que estoy harta de los consejeros, o que quiero escapar por la ventana….

—Mi trabajo sería impedir que hagas esas cosas —respondió él sin levantar la cabeza—.

Aunque… suena tentador.

Ella rio, y el sonido retumbó delicado en sus cuernos.

Pero mientras lo acariciaba, mientras él se rendía al peso de su mano, algo antiguo se movió dentro de la mente de Tn.

No un recuerdo claro.

No una imagen.Una melodía.

Suave.Triste.Eterna.

“Deseo que el mundo se detenga…Deseo proteger a todos los que amo…Por eso, en este instante… que todo se detenga…Permítanme cantar esto… una vez más…”.

Tn frunció el ceño apenas, como si aquella canción invisible tirara de un hilo roto dentro de él.

—¿Tn?

—preguntó Theresa, inclinándose un poco—.

¿Te duele algo?

—No… —mintió él, respirando hondo—.

Solo… escuché algo.

Como… una canción.No sé de quién es.

No deberia importar.

Theresa dejó de acariciarlo un instante, observándolo con la calma de una reinay la preocupación de una amante secreta.

—Quizá fue una memoria vieja —murmuró ella—.

O quizá… un deseo.

Los tuyos siempre han sido fuertes.

Tn levantó la mirada.Sus ojos brillaban con esa mezcla de fidelidad absoluta… y un afecto que se volvía más difícil de ocultar.

—Mi deseo es simple, Theresa.Quiero protegerte.

Aunque el mundo se rompa.

Aunque yo… cambie.

Ella lo tocó en la mejilla, suave, cálida, con una devoción que jamás mostraría ante nadie más.

—Entonces duerme, mi caballero… —susurró—.

Antes de que el mundo vuelva a pedirnos algo.

Tn cerró los ojos.Y por primera vez en días… pareció en paz.

Aunque en el fondo, muy al fondo…la melodía seguía llamándolo.

Theresa era alguien con defectos; por más que el pueblo la idealizara, por más que los leales la llamaran reina perfecta, ella sabía que no podía serlo todo el tiempo.

Tenía impulsos, cansancio, dudas… y un pequeño egoísmo que solo salía cuando Tn dormía con la cabeza en sus piernas.

Y movio una de sus manos hacia la prenda inferior de su querido guardia.

Miró al chico respirando suavemente, completamente rendido, y una pequeña molestia —tierna, no real— le cruzó por la mente.

—Eres tan flojo… —murmuró, pellizcando levemente una mejilla de Tn con su otra mano—.

Flojísimo.Pero… eres mío.

Él no reaccionó.

Dormía como una piedra.Theresa suspiró, resignada, y siguió acariciándole el cabello.

Recordó entonces, como una punzada, el entrenamiento brutal que Tn había tenido que superar para que se le permitiera quedarse a su lado.Recordó la sangre en el suelo.Recordó que él no sabía cansarse, pero sí sabía sufrir en silencio.

Pensó en su hermano.

Theresis.El Señor Coronado Negro.Figura imponente, rígida como una estatua de guerra, honorable pero aterrador.

Un general cuya sola presencia hacía temblar a cualquier soldado.

Y, por supuesto, alguien que despreciaba abiertamente a Tn.

—“No sabemos qué es.

No sabemos de dónde vino.

No sabemos qué quiere.” —imitó ella en voz baja, murmurando con burla contenida—.

Siempre repites lo mismo, Theresis….

Acarició la frente de Tn.

—Si supieras lo que quiere, hermano… —susurró—.

No dormirías tranquilo.

El movimiento de un guardia afuera de la puerta le recordó que no estaban solos.El murmullo de pasos, de susurros, de gente entrando y saliendo del corredor, dejó claro que la corte se agitaba más de lo normal.

Ella entrecerró los ojos.

—Están moviéndose demasiado últimamente… ¿verdad, Tn?

—preguntó, aunque él seguía dormido.

Un instante después, una voz profunda resonó desde el pasillo, claramente dirigida al interior.

—Theresa.Reconozco cuando tus consejeros están nerviosos.¿Tn vuelve a estar aquí… descansando?

Era la voz de Theresis.

Los dedos de Theresa siguieron acariciando el cabello de Tn, sin detenerse.

—Sí, está aquí —respondió ella con una calma peligrosa—.

¿Algún problema?

Theresis cruzó la puerta sin pedir permiso, cubierto con su armadura oscura, la corona de su linaje brillando con un fulgor casi gélido.

Miró la escena con desaprobación abierta: su hermana, la reina, con un “don nadie” dormido en sus piernas.

—El consejo está inquieto —dijo él, sin rodeos—.

Algunos creen que tu… cercanía con ese chico compromete tu juicio.

Theresa torció una sonrisa fina.

—¿Y tú qué crees, hermano?

Theresis clavó la mirada en Tn, como si evaluara si debía sacarlo a la fuerza.

—Creo —dijo lentamente— que estás permitiendo que un desconocido tenga demasiada influencia.

Theresa respondió con dulzura venenosa—También soy yo quien permite que tú sigas caminando en este castillo, querido hermano.

El silencio entre ambos fue tenso, afilado.

Theresis respiró hondo, no intimidado, pero sí consciente de que había cruzado un territorio peligroso.

—Solo vine a advertirte —dijo finalmente—.

Hay consejeros que ya me han jurado apoyo explícito.

Siento…movimientos.

Theresa acarició otra vez el cabello de Tn.

—Me alegra saberlo —susurró, mirándolo a los ojos con una sonrisa inquietante—.

Así sé exactamente a quién debo vigilar.

Theresis apretó los dientes.La tensión creció.

Y antes de retirarse, lanzó una última mirada a Tn.

—Algún día —dijo en voz baja—, ese chico mostrará lo que realmente es.Espero que estés lista para ello.

Theresa respondió sin miedo—Lo estoy.

Y él también.

Theresis se marchó con un giro seco de capa, dejando tras de sí un aire pesado, como si la corte entera contuviera el aliento.

Theresa suspiró de nuevo, más cansada que antes, y bajó la mirada a Tn.

—Mi valiente caballero dormilón… —murmuró, tocando su mejilla—.

¿Qué haría sin ti?

Él murmuró algo incoherente, hundiéndose un poco más en el regazo de la reina.

Theresa sonrió, pero su mirada se ensombreció.

Porque ya no era un rumor:El consejo se estaba alineando tras Theresis.Y la sombra de un futuro golpe empezaba a tomar forma.

.

.

.

Theresis salió de la habitación con pasos firmes, casi mecánicos, pero la tensión en sus hombros delataba lo que realmente sentía.

Su sangre hervía.

Apretaba los puños tan fuerte que, si cerraba un poco más, la piel cedería y la sangre resbalaría entre sus dedos.

Odiaba lo que había visto.Odiaba cómo su hermana, la Reina Mestiza de los Sarkaz, se comportaba con ese… indigno.Odiaba el modo en que lo miraba.Odiaba cómo lo defendía.Odiaba que Tn estuviera tan cerca de ella.Odiaba que él no pudiera hacer nada al respecto sin provocar una guerra civil.

Pero lo que más odiaba…era que Theresa no se inmutó ante su advertencia.Ni un temblor.Ni un gesto de nerviosismo.Ni un mínimo reconocimiento de la amenaza.

Simplemente siguió mimando al vago inútil como si él, Theresis, fuera un invitado sin importancia.

—Ridículo… —escupió entre dientes mientras caminaba por los pasillos.

Los guardias lo vieron acercarse y, como era habitual, se apartaron de inmediato, bajando la cabeza.

Nadie quería interponerse en el camino del Lord Coronado Negro.

Su sombra parecía más pesada que su armadura.

Atravesó el corredor principal hasta la Sala del Trono.

Vacía a esa hora, silenciosa como un templo muerto.

Las antorchas proyectaban sombras largas que se movían como espectros sobre los muros grabados con la historia sangrienta del pueblo Sarkaz.

Theresis se detuvo a mitad del salón, mirando el asiento donde su hermana se sentaba cada día.

Ese trono que le pertenecía por nacimiento… y que, según él, la debilitaba cada vez más.

Un eufemismo venenoso cruzó su mente.

“Toda la nación estaría mejor gobernada por mí.”.

Era una verdad.Tenía el apoyo de los consejeros más conservadores, de los generales que temían a los enemigos externos, de los clanes que desconfiaban del idealismo de Theresa.

Tenía respeto.Tenía miedo.Tenía fuerza.

—Mientras ella se dedica a jugar a la paz con las demas tribus —murmuró con desprecio—, yo mantengo vivo el filo de esta nación.

Se acercó al trono, rozando el metal frío con la punta de su dedo cubierto en armadura.

—Una reina que acaricia la cabeza de un desconocido mientras la política se desmorona… —rió sin alegría—.

El pueblo merece algo mejor.

Pero su sonrisa se torció, recordando la otra pieza en el tablero.El obstáculo inesperado.El problema más irritante.

Tn.

El mocoso.

Por mucho que lo odiara, sabría reconocer un talento peligroso.

Había visto, con sus propios ojos, las palizas que Tn resistía durante su entrenamiento.

No se rompía.

No lloraba.

No retrocedía.

Era como si el dolor no lo detuviera sino que lo templara.

Theresis gruñó, recordando cómo, un día, Tn se levantó después de un golpe que habría matado a un soldado común.

—Ese bastardo… —susurró con los dientes apretados—.

Es más una bestia que un hombre.

Pero incluso así, sonrió.

Una sonrisa lenta, llena de confianza oscura.

—Nada que no pueda manejar en el futuro….

Giró, dejando que su capa larga arrastrara un sonido profundo contra el suelo.

—Solo esperen… —murmuró, mirando hacia la puerta cerrada donde había estado su hermana mimando al chico—.Verán.

Ella verá.Y ese monstruo que tiene a su lado… caerá también.

Con pasos pesados pero seguros, abandonó la Sala del Trono.No era una amenaza.Era una promesa.

____________________ (uffffff y bien, pense en meter esencia pero no queria causar mucho impacto por el momento y el que se lo pregunta si,este Tn ya detonó a Theresa y pondre suculencia luego,y bueno el que la pidio la quería viva ya que ella se muere en el lore…….ya tengo cosas planeadas y bueno los vere luego 7w7).

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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