Waifu yandere(Collection) - Capítulo 225
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- Capítulo 225 - 225 Mordred part 6 fgo
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225: Mordred part 6 fgo 225: Mordred part 6 fgo Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.
Agrego personajes no me pertenecen.
Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.
Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.
________________________________________________________________________ Mordred ajustó las correas del caballo con una concentración que parecía casi exagerada, pero en realidad era puro entusiasmo disfrazado de seriedad.
Los establos olían a heno, sudor y cuero; un aroma familiar que la preparaba para la aventura…
y para la posibilidad de encontrar esa dichosa pócima de hadas.
Sir Uwain se mantenía a su lado, recto, orgulloso, noble hasta en la forma de respirar.Sir Villians afilaba su lanza como si fuera a partir un gigante en dos.Sir Wingates se acomodaba la capa, ansioso, radiante como un joven caballero esperando su primera gesta legendaria.
-¿Cuánto tiempo tomará cazar al dragón, Sir Mordred?
-preguntó Wingates, cruzándose de brazos mientras observaba cómo ella montaba.
-Un día, dos…
depende si la bestia está de humor para morir rápido -respondió Mordred con una media sonrisa arrogante.
Uwain, más ceremonioso, intervino-Presentar la cabeza de tal monstruo ante nuestra rey Artoria sería un honor sin precedentes.
Una muestra de lealtad y valor digna de ser recordada.
Mordred casi gruñó por dentro.”Sí, sí…
la cabeza, lo que tú quieras.
Yo quiero la maldita pócima de hadas.
Si no existe, vuelvo por ese mercader y le arranco la lengua.”.
Pero por fuera, solo asintió.
-Le encantará, seguro -dijo con tono neutral.
Villians apareció entonces, sujetando su escudo adornado con el emblema de su casa.
-Estamos listos, Sir Mordred.
Los caballos también.
Ella montó de un salto, acomodó la espada a su cintura y se adelantó hacia la salida de los establos, seguida por los tres caballeros.
-Entonces vamos -ordenó-.
Si el mapa es correcto, llegaremos a la caverna del dragón antes del atardecer.
Wingates se rió, animado por la idea.
-¡Una verdadera gesta!
¡Una historia digna de cantar en los salones!-…o de morir calcinados -murmuró Villians, con un tono demasiado sincero.
-Bah, morir es para los que no saben blandir una maldita espada -replicó Mordred, sacando pecho….o lo poco que tenia.
Uwain apretó el paso para ponerse a su lado.
-Sir Mordred, ¿fue realmente un sacerdote quien te entregó ese mapa…?
-preguntó con sospecha disimulada.
-Sí -mintió sin remordimiento-.
Aseguró que el dragón lleva años reuniendo tesoros de viajeros.
Podría ser un peligro para el reino si crece más.
Uwain asintió, grave y decidido.
-Entonces hemos hecho lo correcto al salir.
Es nuestro deber como caballeros proteger Camelot.
Mordred miró hacia adelante, el viento levantando su capa.
-Exacto.
Y si de paso conseguimos gloria…
mejor.
Los cuatro caballeros espolearon a sus caballos, saliendo a toda velocidad del castillo.
El sol bañaba el horizonte y el aire fresco de la mañana anunciaba que el viaje sería largo.
Pero Mordred sonrió.Una sonrisa indomable, llena de fuego.
-Prepárense -dijo sin mirar atrás-.
Si ese dragón existe…
vamos a arrancarle cada maldito diente.
Y así, los cuatro caballeros de la Mesa Redonda partieron hacia la caverna marcada en el mapa, sin saber que lo que aguardaba dentro no era solo un dragón…sino un destino que ninguno imaginaba.
.
.
.
Los cuatro caballeros siguieron cabalgando durante horas, dejando atrás colinas, bosques y viejos caminos de piedra mientras el mapa temblaba en la mano de Mordred con cada galope.
Sir Villians llevaba su lanza apoyada contra el costado del caballo, firme, preparado.
Sir Uwain sostenía un hacha larga, pesada y brutal.
Sir Wingates cargaba su escudo y espada, la típica imagen de un caballero resuelto.
Mordred, en cambio, solo llevaba su espada.
No necesitaba más.
No con la sangre de ella corriendo por sus venas.
El viaje terminó cuando la estructura se alzó frente a ellos: una enorme cripta cubierta de musgo, con una entrada oscura que exhalaba un aire frío y antiguo.
-Bueno…
-murmuró Wingates con una sonrisa casi nerviosa-.
Esto trae recuerdos de nuestras gloriosas cacerías de Katakan, Kayran, Kikimora…-Gloriosas no.
Asquerosas, sí -resopló Villians, desmontando.-Puede que fueran de bajo nivel -añadió Uwain-, pero no dejan de ser un mal para las tierras del reino.
Encendieron antorchas y avanzaron.
El eco de sus pasos resonaba en las paredes de piedra.
Mordred caminaba adelante, sus ojos adaptados por la magia de Morgana permitiéndole ver en la penumbra con claridad.
-Hay marcas de garras -informó Uwain, agachándose para observar la piedra-.
Grandes.
Muy grandes.
-Entonces estamos en el camino correcto -respondió Mordred con una sonrisa de satisfacción.
Continuaron, avanzando entre columnas erosionadas y tumbas vacías.
El aire se volvió denso…
demasiado silencioso.
Hasta que Villians se tensó.
Un susurro.
Un roce.
Un latido grotesco.
-¿Oyeron eso?
-susurró Wingates.
Villians no esperó a una respuesta.
Giró y levantó su lanza justo cuando algo saltaba desde las sombras, rápido como un rayo.
El metal chocó contra garras negras y huesudas.
-¡Bestia!
-gritó Villians.
El monstruo retrocedió, moviéndose con una rapidez casi serpentina.
Una forma oscura, encorvada, con escamas y una cola huesuda que golpeaba el suelo.
Mordred maldijo, sacando su espada.
-¡Maldita sea, pensé que íbamos por un dragón, no por otro maldito engendro!Grrrrrr bastardo MUESTRATE!.
La criatura lanzó un grito agudo y se abalanzó sobre ella.
Mordred lo esquivó girando sobre el talón.
Las garras rozaron su mejilla.
Wingates levantó su escudo, tratando de acorralar a la criatura.
-¡Muéstrate, demonio!
¡En nombre de Camelot!
Uwain avanzó con el hacha en alto, observando atentamente cada movimiento del monstruo.
-No es un demonio.
No tiene el hedor a magia negra…
-susurró-.
Pero tampoco es un animal común.
Mordred apretó los dientes, sintiendo cómo la adrenalina ardía bajo su piel.
-Sea lo que sea, ¡lo vamos a partir en trozos!
¡Villians, a la izquierda!
¡Wingates, ciérrale el paso!
La bestia soltó otro chillido y se lanzó de nuevo, esta vez directo hacia la luz de las antorchas…
mostrando por fin su rostro.
Sus ojos eran amarillos.
Su mandíbula, doble.
Su piel, casi gelatinosa.
Villians tragó saliva.
-Eso no es un dragón…
-No -gruñó Mordred, preparando su espada-.
Es la bienvenida.
Y la pelea apenas comenzaba.
Al fin vieron qué era: el basilisco, un dracónido híbrido con características reptilianas y aviares.
Tenía un pico curvado como el de un ave de rapiña, alas membranosas que se agitaban con furia, garras capaces de desgarrar hierro y patas escamosas semejantes a un lagarto gigante.
Una criatura grotesca, casi absurda, como si alguien hubiese mezclado un reptil con un gallo monstruoso.
Mordred gruñó con asco.
-¡Joder, qué cosa más fea!Puto asco.
Wingates tragó saliva antes de murmurar-Un basilisco siempre merodea cerca de cavernas de dragones…
es una gran señal, Sir Mordred.
Podríamos estar muy cerca.
-Sí, una gran señal -refunfuñó Mordred-.
De que nos va a comer algo diez veces peor.
Pero mientras lo decía, el mana comenzó a crecer en su cuerpo.
La electricidad carmesí chisporroteó entre las placas de su armadura, elevando el aura violenta que la rodeaba.
En un destello fugaz, apareció detrás del monstruo y le cortó la cola de un solo tajo.
El basilisco chilló, pero Uwain ya estaba sobre él, hundiendo su hacha y cortando sus patas para inmovilizarlo.
El cuerpo reptiliano cayó con un golpe húmedo, finalmente muerto.
-Bien -murmuró Uwain, respirando agitado-.
Uno menos.
-Y ojalá no haya más como este -agregó Villians, levantando su lanza para encender su antorcha.
Continuaron bajando por la cripta.
El aire se volvió cálido y pesado, casi oleoso.
Hasta que, al fin, la oscuridad se abrió en una gran cámara subterránea.
Los cuatro caballeros se quedaron boquiabiertos.
Montañas de oro.
Cofres abiertos y repletos de joyas.
Monedas antiguas.
Armas decoradas.
Un botín digno de una leyenda.
-Por todas las estrellas…
-respiró Wingates-.
Es…
increíble…
-Es mío -pensó Mordred con un hilo de baba que casi se le escapaba bajo el casco-.Puta carajo concentrate.
Pero concéntrate, concéntrate, estúpida…
Obligándose a dejar el oro en paz, se enfocó en su objetivo y empezó a buscar entre los montones.
-¿Dónde demonios está esa maldita poción…?
-susurró, apartando joyas, abriendo cofres, empujando coronas.
Villians se acercó con su antorcha.
-¿Buscas algo en particular, Sir Mordred?
-Nada que te importe -respondió ella, aunque su tono no era hostil, sino concentrado.
Finalmente, al fondo de un cofre tallado, encontró un frasco de vidrio con líquido azul y verde que cambiaba de tonalidad como si respirara.
-Aquí estás…
-sonrió bajo el casco-.
Así que no eras solo un cuento de un viejo comerciante ebrio.
Guardó la botella rápidamente, justo cuando un profundo rugido resonó en toda la cámara.
El suelo vibró.
El oro empezó a licuarse como si se derritiera bajo un calor invisible, fluyendo hacia el centro de la sala.
Los caballeros retrocedieron con horror.
-¿Qué…
qué brujería es esta?
-balbuceó Wingates.
Las montañas de oro se elevaron, retorciéndose como serpientes líquidas.
Y entonces, lentamente, adoptaron forma:.
Un torso.
Alas.
Unos cuernos como lanzas.
Una cabeza reptiliana del tamaño de una carreta.
Un dragón entero, formado por oro líquido que brillaba como un sol derretido.
Mordred sintió un escalofrío recorrerla.
-Oh, carajo…
-murmuró-.
Con razón no encontrábamos al maldito.
El dragón abrió su boca de oro fundido, y el aire ardió.
-¡CABALLEROS!
-bramó Uwain, levantando su hacha-.
¡FORMACIÓN!
Mordred solo apretó los dientes, sacando su espada.
-Perfecto…
justo lo que me faltaba hoy.
Un dragón que también es rico.
Vamos a morir de formas creativas.
Pero aun así, dio un paso al frente.
Su electricidad carmesí estalló.
Y el dragón rugió.
.
.
Punto de vista de Mordred.
El corazón palpitó.
Todo fue tan rápido.
El rugido del dragón llenó la cámara hasta casi romperle los tímpanos.
Los reflejos dorados bailaban sobre su casco, distorsionando la realidad mientras cada caballero arrojaba lo mejor de sí, como si supieran que esa batalla sería la última de algunos.
Ella jadeaba.
El mundo parpadeó.
Vio a Sir Villians arrojar su lanza envuelta en un aura de mana azul.
La lanza silbó, atravesando el aire como un rayo y golpeó el torso de la criatura dorada, arrancándole un bramido metálico.
-¡MUERE, MALDITA ALIMAÑA!
-rugió Villians.
Mordred quiso responder con una burla, pero solo le salieron maldiciones entre dientes cuando tuvo que rodar para evitar que la cola dorada, gruesa como un árbol, la partiera en dos.
Otro parpadeo.
De pronto estaba en el aire, en el maldito cielo de la cripta.
Un golpe la había lanzado hacia arriba.
Su armadura ardía, su pecho dolía al respirar.
Caía de espaldas mientras veía la enorme boca del dragón abrirse, acumulando fuego líquido.
-¡NO JODAS!
-gritó, sin aire-.
¡NI LO PIENSES!
Otro parpadeo.
Sir Uwain gritaba.
Mordred escuchó el chasquido húmedo antes de poder reaccionar: la mitad del cuerpo de Uwain había sido aplastada bajo la garra dorada.
Mordred vio sus ojos perderse mientras sangraba.
-N-No…
no quiero…
morir…
-balbuceó el caballero, escupiendo sangre.
Gateward, poseído por la furia, saltó sobre la espalda de la criatura.
-¡¡SUÉLTALO, BASTARDO!!
-rugió, hundiendo su espada una y otra vez, arrancando trozos de oro líquido que chisporroteaban como metal vivo.
Mordred se arrastró como pudo hacia su espada.
Cada respiración quemaba.
Sintió las manos temblarle.
La tomó.
Parpadeó nuevamente.
A través de la visera de su casco vio el dragón erguirse, imponente, devorando el oxígeno de la sala.
Mordred sostuvo su espada con ambas manos.
La electricidad carmesí invadió cada placa de su armadura, trepando por los surcos del metal.
-Soy Mordred…yo -susurró entre dientes-.
¡NO…
ME…
MUERO HOY!
Tenia que cumplir con ese duelo……ese rostro.Esa sonrisa….si ese bastardo podia soportar el dolor ella tambien lo haria mil veces mejor.
Y salió corriendo.
No, avanzó como un relámpago, cortando todo lo que pudo.
Alas.
Cola.
Piel fundida.
Cada golpe hacía temblar sus brazos, pero siguió gritando insultos, blasfemias, promesas vacías de victoria.
Hasta que su visión se tornó borrosa por el calor.
**.
Punto de vista de Sir Villians.
**.
Se arrastraba.
Tenía la cara cubierta de sangre y humo.
A su lado, Uwain lloraba, tosiendo.
-Por favor…
Villians…
no…
no quiero…
-No te voy a dejar -respondió, aunque ya sabía la verdad-.
Aguanta…
hermano…
aguanta…
Un estruendo anunció que el dragón inhalaba otra vez.
Villians cerró los ojos un segundo.Luego tomó su lanza.
La sangre resbalaba por el asta el mango de su arma llegando a la punta afilada, pero él apretó los dientes, se levantó como pudo…
y encaró la corriente de fuego dorado.
-!GLORY FOR CAMELOOOOOOOOOTTTTTTTT!!!!!!!!!!!!.
La lanza repelió el fuego, rompiendo el hechizo en un estallido de chispas, el fuego siendo dividido por el filo del arma…
pero el brazo del caballero quedó destrozado, quemado y colgando.
-Agh…
mierda…
-jadeó.
Sin embargo, tomó la lanza con la otra mano.La sostuvo.La alzó.Gritó con todo lo que le quedaba.
-¡¡POR CAMELOT!!
Y la arrojó.
El impacto fue brutal.
El dragón rugió, la caverna tembló, y un estallido dorado iluminó todo como un segundo sol.
Después vinieron horas de guerra, explosiones, fuego, metal derretido.
**.
Y finalmente…
**.
Mordred logró salir tambaleándose de la cripta.
La mayor parte de su armadura había sido derretida; su casco estaba agrietado; sus guantes, carbonizados.
Cada paso era un golpe de dolor.
A su lado, Wingates cojeaba, cubierto de cortes, llevando la lanza de Villians.
No había señal de Sir Uwain.No había señal de Sir Villians.
Mordred tragó saliva.El aire frío la golpeó al salir de la cueva.El mundo parecía más silencioso que antes.
Wingates rompió ese silencio con una voz ronca.
-Sir…
Mordred…
lo logramos.
Mordred soltó una risa ahogada, cansada, casi rota.
-Sí…
-respiró, con los labios partidos-.
Lo logramos…
y si alguien vuelve a pedirme cazar un dragón…
lo mando a la mierda.
Wingates apretó la lanza heredada.
-¿Qué…
le diremos a la Rey Artoria?
Mordred bajó la cabeza, respirando hondo.
-La verdad -murmuró-.
Y que…
Wingates…
…hoy cargamos con el peso de dos vidas.Y con un jodido frasco que va a salvar otra.
Su mano apretó la poción oculta en su cinturón.
Y continuaron caminando, heridos, agotados, pero vivos.
Mordred no logró avanzar mucho cuando su visión se tornó borrosa.Un mareo súbito, un golpe en la cabeza, y luego-.
Cayó de frente contra el suelo de tierra y piedra, emitiendo un ruido sordo que resonó en la entrada de la cripta.
-¡SIR MORDRED!
-gritó Sir Wingates detrás de ella, su voz quebrada, desesperada.
Mordred quiso responder, pero el mundo dio una vuelta completa.
Sintió un golpe seco en su pecho, como si alguien le aplastara el corazón con un martillo.
Sus ojos verdes se vaciaron, perdiendo brillo, quedándose fijos en nada.
Así que…
era así como moría.
Sin duelo.Sin reclamar el trono.Sin hacer que Artoria reconociera su valor.
¿Por qué?¿Por qué era tan injusto?
¿Tan débil soy…
que voy a morir por heridas de un dragón?
Acaso era una simple perra como para morir de esa forma…..
Maldita sea ella era Hijo del Maltio Rey Artoria.No era una mujer debil…..no…..no.
Pero lo que más la irritó fue que, en sus últimos latidos, pensara en Tn.
¿Qué carajos?
¿Por qué pienso en ese enclenque de mierda ahora?
Tal vez…
porque ese mocoso, al menos, lograba mantenerse en pie cada día pese al dolor que lo hacía toser sangre.Tal vez…
él era más fuerte que ella en cierto sentido.Tal vez.
Bah…
qué mierda de pensamiento.No puedo morir con ideas tan tontas en la cabeza.
También lamentó no poder jugar un poco más con las sirvientas del castillo.Diablos ya tenia ganas de sexo…..esto era morir.
Eso sí le dolió verdaderamente.
Cerro los ojos…..
Espera….
.
.
.
.
.
Espera un puto segundo.
.
.
.
.
Pero…
si ya estoy muerta…
¿Entonces por qué…
le dolían las costillas?
¿Y por qué…
escuchaba la voz irritante de Merlin?
Mierda…llego al infierno!!!!!!
No no no no no no no no no no no no no no no no no.
Su puto castigo era ser torturada y escuchar la voz de mierda de ese sucubo inutil.
Que pecado cometio para llegar al inrfern-…..oh….si.
Fornicar fuera del matrimonio era pecado y ella se tiro a casi todas las doncellas del castillo…y a las cocineras……y algunas prostitutas fuera de Camelot…y no muy hace poco a una hija noble prometida para su medio hermano.
Cojio tanto como quiso.
‘Seh definitivamente no me arrepiento”.
Ese pensamiento de aceptar su castigo eterno se vio frustrado por las siguientes palabras.
-…dije que NO lo mueva, Alteza, sus costillas están hechas pedazos.
Mordred abrió los ojos a medias.Vio el techo de una tienda de campaña.
El olor a hierbas, sangre y antorchas encendidas llenaba el ambiente.
Apenas logró enfocar su mirada.
Merlin estaba de pie, con sus manos sobre la cintura, discutiendo con alguien.
-¡No puedes traerla aquí solo porque es Sir Mordred!
-decía el mago, exasperado-.
¡Hay otros heridos, y tú mismo estás…!
-Me importa poco -respondió una voz joven, fría y cansada.
Tn.
El príncipe estaba de pie, con su espada Caliburn apoyada en el suelo como si la necesitara para mantenerse en pie.
Tenía el rostro pálido, una vena del cuello marcadamente tensa.
Los ojos le ardían como brasas azules por el mana que forzaba para funcionar.
-Dijiste que estaba viva -escupió Tn, respirando con dificultad-.
Que mientras mantuviera mana estable…
sobreviviría.
Así que hazlo.
Estabilízala.
Merlin bufó.
-Alteza, tú eres quien menos debería estar cerca de un paciente en estado crítico.
¡Te estás desangrando internamente AHORA MISMO!
¿Quieres que te desmaye para obligarte a descansar?
Le gustaria verlo intentar ese truco.Por mas debil que estuviera tenia suficiente mana del dragon rojo para patear al mago desde Camelot asta francia.
Tn se inclinó apenas hacia adelante, sostenido por su espada.
-No hasta que me digas si el…
-se le cortó el aire un momento- …va a vivir.
Merlin lo miró con frustración.Era evidente que el príncipe estaba forzando su frágil cuerpo más allá de lo permitido.
-Rey Artoria me matará si permito que sigas usando mana para reemplazar tu sangre, ¿sabías?
-gruñó el mago-.
Tu cuerpo no puede soportarlo.
¡Ni tú ni Mordred pueden seguir así!
Un silencio pesado cayó.
Mordred intentó moverse.
Dolor.
Ardor.
Un gemido escapó sin querer.
-…tú…
-susurró, intentando enfocar a Tn-.
¿Qué…mierda haces aquí?
Tn la miró de reojo.
Sus ojos tenían ojeras profundas.
-Vine…
porque eras el único que no regresaba -respondió con un tono seco, pero con un leve temblor-.
Y porque si te morías…
no quería que Wingates cargara solo con el cuerpo.
Mordred hubiera preferido morir a admitir que ese gesto le tocó algo en el pecho.
Merlin exhaló resignado.
-Bien.
Ya despertó.
Eso facilita las cosas.
Se acercó y la empujó suavemente de regreso a la camilla, porque Mordred ya intentaba levantarse como si nada.
-¡Oye!
¡No me empu…
agh!
-un dolor punzante la dobló por la mitad.
-¿Ves?
-dijo Merlin-.
Costillas rotas, quemaduras de tercer grado, desgarros, mana residual descontrolado…
un desastre.
¿Qué pretendías, Mordred?
¿Que un dragón se matara solo?
Mordred gruñó.
-Le ganamos…
eso es lo que importa.
Tn murmuró, apenas audible-Es un idiota…
pero lo logró.
Ella lo miró mal.
-¿Qué dijiste, saco de mierda?
-Vaya forma de responderle al principe -Tn desvió la mirada-.
Descansa, o morirás, y el reino ya sufrio demasiadas trajedias ahora.
Mordred hubiera saltado a golpearlo si no fuera porque Merlin la sujetó.
-Ambos.
Cállense.
Y tú, Alteza, si sigues en pie un minuto más, te recogeremos del suelo también.
Tn apretó los dientes.Sabía que tenía razón.Pero aún no se iba.
Mordred suspiró, recostándose.
-…Merlin -murmuró, apenas audible-.
¿Wingates?
-Vivo -respondió el mago con un tono serio-.
Los demás…
no.
Un silencio pesado.Mordred cerró los ojos.
Tn apretó más su espada.
Merlin resopló y añadió-Debería avisar a la Rey Artoria.
Tendrá que decidir la ceremonia para honrar a los caídos.
Tn soltó un leve suspiro.
-…déjala dormir antes de traerle malas noticias -pidió, sorprendentemente suave.
Mordred abrió un ojo, mirándolo de reojo.
Y por primera vez en toda la misión…
le dedicó una pequeña sonrisa cansada.
-Al menos…
no eres tan inútil hoy, príncipe.
Tn bufó, débil pero vivo.
-Duérmete ya, cabeza dura.
Y Mordred, por fin…
cerró los ojos, mientras el murmullo de ambos se desvanecía junto al dolor.
.
.
Tn salió de la tienda con pasos lentos, casi arrastrando los pies.El aire olía a hierbas quemadas, barro húmedo y sangre fresca.
El campamento improvisado que rodeaba Camelot era un caos ordenado: tiendas, curanderos corriendo de un lado a otro, caballos nerviosos moviendo las orejas, antorchas iluminando la noche.
A unos metros, varios caballeros de rango bajo descendían de sus monturas con los cuerpos envueltos de Sir Uwain y Sir Villians.
Los murmullos eran sombríos, la atmósfera pesada.
Tn suspiró, tocándose el pecho donde aún sentía punzadas por el mana forzado.
Merlin apareció a su lado, flotando su bastón como si nada, su túnica impecable a pesar de haber estado metido entre sangre y caos.
-Alteza…
-empezó el mago con un tono que mezclaba exasperación y cansancio-.
No esperaba que cuatro caballeros de la mesa redonda desaparecieran así, para ir a matar un dragón sin permiso de nadie.
Tn pasó una mano por su rostro.
-Ni yo -gruñó-.
Ni siquiera puedo decir si estoy más molesto o más sorprendido de que Mordred no haya muerto en la primera hora.
Merlin rió suavemente.
-Cuando notamos que faltaban en la ceremonia de aspirantes a esposa de Su Alteza…
-Merlin chasqueó la lengua-.
Hubo pánico.
Cuatro sillas vacías entre los caballeros más importantes de Camelot.
No es algo fácil de ignorar.
Tn se encogió ligeramente de hombros.
-Imagino que la fiesta se detuvo.
-¡Por supuesto!
-Merlin levantó las manos-.
Su madre y, la Rey Artoria, estaba tan confundidas como furiosas.
Y los nobles…
bueno, pensarán que fue algún tipo de misión secreta, así que les dejaremos creerlo.
Salimos tan pronto como lo detecté con magia.
Tn observó el campo, el vaivén de antorchas y sombras.
-Wingates logró traer a Mordred casi hasta el borde de Camelot -dijo, recordando el estado del hombre-.
Le arrancaron media armadura al cargarla.
No sé cómo no se desangró.
-Mucha, mucha suerte.
Y una cantidad absurda de terquedad -respondió Merlin mientras sacudía la cabeza-.
Aunque…
-miró al príncipe de reojo- noté algo curioso.
Tn alzó una ceja.
-¿Qué?
-Cuando mencionaron que Mordred estaba entre los heridos graves…
su expresión fue…
interesante.
Un leve sonrojo cruzó las mejillas de Tn, casi imperceptible, pero Merlin lo vio.
-No seas ridículo mago -dijo el príncipe rápidamente,el antiguo titulo de maestro fue abandonado por el joven principe hace mucho-.
Mordred es un caballero.
Uno respetable.
No puedo permitir…
desviaciones…
de ningún tipo.
Ni mías ni de él.
-Mhmm, claro, claro -Merlin respondió con un tono que decía no te creo absolutamente nada.
…….No era bien visto la relacion de un hombre con otro seria un crimen atroz…..y mas viniendo de un principe.
No queria que sus padres se avergonzaran de el.
Tn lo miró con desdén.
-No empieces con tus fantasías, mago viejo.
-¿Viejo?
-Merlin se indignó-.
Soy eterno y perfectamente capas.
El príncipe ignoró la protesta, pasando la mano por su espada mientras sus ojos se cerraban un momento.
Le temblaban las piernas, pero se mantenía firme.
Merlin, mientras tanto, metió la mano en su túnica y sacó un frasco pequeño, con un líquido azul y verde que brillaba tenuemente.
Lo sostuvo entre sus dedos con expresión calculadora.
-Interesante…
-murmuró-.
Así que la historia del dragón que guardaba una poción no era del todo falsa.
Esta pequeña joya sería capaz de…
Tn lo miró.
-¿Qué es eso?
Merlin sonrió de forma demasiado inocente como para ser sincera.
-Un recuerdo de Sir Mordred -dijo mientras lo guardaba rápidamente dentro de su túnica-.
Algo que yo me encargaré de estudiar.
Nada de lo que tengas que preocuparte, Alteza.
Tn frunció el ceño.
-Preferiría que no ocultaras cosas ahora mismo.
No después de…
-Después de que tú casi te matas de pie y Mordred casi queda reducida a chatarra -completó Merlin-.
Sí, sí, lo sé.
Pero algunas cosas requieren…
análisis.
Paciencia, príncipe.
Tn respiró hondo, con el pecho oprimiéndosele.
-Merlin…
¿vivirá?
El mago miró la tienda donde Mordred dormía.
-Si no hace estupideces y sigue mis instrucciones…
sí.
Pero su recuperación será larga.
Tn asintió lentamente.
-Bien…
entonces…
quédate con el.
Avisa a mi madre cuando sea momento y al Rey…Preferiria ser yo mismo.
Merlin arqueó una ceja.
-¿Y usted, Alteza?
Debería dormir.
O desmayarse.
Lo que ocurra primero.
Tn le dio la espalda.
-Tengo cosas que hacer.
Y nobles con los que lidiar.
-¿Y su salud?
-Si no me mata el dolor, me matarán los nobles molestos por las muertes -respondió Tn, con un humor tan seco que hasta Merlin tosió para ocultar una carcajada.
El príncipe se alejó con paso firme…
aunque claramente le costaba.
Merlin lo siguió con la mirada, sonriendo como si hubiera visto algo que Tn no entendía aún.
-Ah, juventud…
y sus complicaciones -susurró.
Luego miró el frasco oculto en su túnica.
-Y tú…
-le habló al contenido luminoso-.
Lo que seas…
serás inutil.
Y con una sonrisa misteriosa, regresó hacia la tienda, mientras los sonidos del campamento seguían mezclándose con el murmullo del viento nocturno.
Merlin entró a la tienda, levantando apenas la solapa de lona.
La luz tenue de las antorchas exteriores se filtraba en líneas doradas, y allí, sobre un catre improvisado, vio a Mordred dormir profundamente.
Su respiración era lenta, pesada, como la de un guerrero agotado tras una batalla demasiado cercana a la muerte.
Merlin frunció el ceño.
-Maldición…
-murmuró con voz baja, casi un suspiro cargado de fastidio-.
Esbirro de Morgan, siempre haciéndome el trabajo más difícil…
Sacó el frasco que había recuperado, la pequeña botella con magia de hadas, aquella que él mismo había ocultado antes de entregarla al príncipe.
Sabía perfectamente qué contenía: una poción lo bastante fuerte como para revitalizar a Tn…
incluso curar la enfermedad que lo carcomía desde su nacimiento.
Movió el frasco entre sus dedos, viendo el líquido verde-azulado brillar.
-¿Y por qué diablos fuiste por esto, muchacho?
-dijo mirando al caballero dormido-.
Tú, de todos, obedeciendo una orden de Morgan…
¿chantajear al príncipe con una cura, quizá?
No…
Mordred no es tan sutil.
Ni tan paciente…..o inteligente.
Se quedó en silencio.
Sus pupilas, mitad humanas y mitad infernales, se estrecharon.
Como descendiente de súcubos, Merlin podía percibir la lujuria y los deseos ocultos de los mortales…
y lo que había sentido en Tn hace unos instantes lo hizo sonreír con una mezcla de ironía y lástima.
-Tch…
así que eso era.
-Alzó una ceja divertida-.
Una pizca de culpa…
¿De verdad te atormentaste por sentir atracción hacia un caballero?
Qué tiempos vivimos.
La “homosexualidad”…
-bufó con burla suave-.
Pecado, herejía…
tonterías humanas.
Fornicar con doncellas y ser montado por vardos hermosos era una gran experiencia si le preguntaran.
Caminó hacia Mordred, apoyando una mano en el borde del catre.
El caballero se movió ligeramente, murmurando algo entre sueños, pero no despertó.
Merlin inclinó la cabeza.
-Y tú…
tú también lo sientes, ¿eh?
-susurró con cierto tono de fascinación-.
Amor, deseo…
pero también ira, celos…
¡Qué curioso dúo hacen ustedes dos!
Dos idiotas luchando contra sentimientos que no comprenden.
Geys estupidos que les cuesta conseguir un cuerto y cojer.
(Nt:merlin tampoco sabe que mochan es mujer biologicamente).
Se incorporó y guardó el frasco en su túnica interior, más profundamente esta vez.
-Lástima que esto no pueda continuar.
-Su sonrisa se volvió triste…
pero falsa, calculada-.
Esta poción no verá la luz del día.
No permitiré que Tn viva…
él no debe hacerlo.
Miró un momento la tienda vacía, como si temiera que alguien hubiera escuchado, luego continuó hablando para sí mismo-Mi visión del futuro es clara…
Camelot caerá.
Y para que esa caída suceda, para que la humanidad avance al siguiente escalón, para que esta utopía se rompa como todas las grandes que la precedieron…
Artoria debe vivir.
Y tú también, Mordred.
-Su mirada se hizo dura-.
Pero él…
el príncipe…
Tn no aparece en ese futuro.
No existe.
Es una mala ecuación.
Un error.
Merlin suspiró, exhausto de su propia frialdad.Se arrepintio bastanet de darle un pene a Artoria para fornicar con Guinebra,.
-Aunque sea cruel abandonarlo a su destino, es lo mejor.
Para todos.
Incluso para él.
Se giró para marcharse, pero volvió a ver a Mordred dormir, y esa visión lo obligó a detenerse.
El muchacho -o eso creía- estaba cubierto de vendajes, respirando casi con dificultad.
El mago ladeó la cabeza, murmurando-Pobre criatura…
ni siquiera sabes quién eres realmente.
Ni quién te convirtió en esto……Sucio homúnculo.
El silencio envolvió la tienda.
Y Merlin, con el frasco oculto en su túnica y la sombra del futuro pesando en sus hombros, salió sin hacer ruido, dejando atrás a un caballero dormido y a un príncipe condenado.
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