Waifu yandere(Collection) - Capítulo 228
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- Capítulo 228 - 228 Cyrene part 1 HSR
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228: Cyrene part 1 HSR 228: Cyrene part 1 HSR Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.
Agrego personajes no me pertenecen.
Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.
Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.
Como ya eh dicho no soy un experto en honkai así que haré lo mejor que pueda ok.
Meteré mucho de dies irae.
Tn.
Especie:Apoptosis mercurial.
Habilidades:Eterna recurrencia visor.
7w7 como me va a gustar meter un chingo de esencia en esto pero con coherencia y algo de lore porque si esta loca ala primera meh.
Iba a dejar poema de zzz pero dudo que alguien se haya leído los anteriores lastima…….ahí estaban cosas sobre corin.
Y el que encuentre este tn algo despistado todo cobrará sentido a medida que avance la trama.
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Ciudad natal: Aedes Elysiae.
Aedes Elysiae se extendía como un tapiz antiguo entre colinas suaves y prados interminables, donde el trigo crecía tan dorado que parecía capturar la luz del sol y devolverla multiplicada.
Las casas de piedra clara y madera tallada conservaban un aire medieval, con balcones floridos y campanas que sonaban con un eco lento y amable.
El viento olía a pan recién horneado y a hierbas secándose al sol; era una ciudad nacida para la memoria, no para la guerra.
Bajo uno de los árboles más antiguos del prado, un roble de copa ancha y hojas densas, yacía un chico de cabello ligeramente despeinado.
Vestía ropajes ornamentados de color púrpura, tejidos con un cuidado que no coincidía del todo con la sencillez del lugar.
Descansaba con los brazos cruzados sobre el pecho, respirando con calma, ajeno al murmullo del mundo… y roncando apenas, en un ritmo suave y casi infantil.
Más arriba, sentada sobre una de las ramas gruesas, una joven de largas piernas balanceándose en el aire lo observaba con atención.
Cyrene.
Su cabello rosa claro caía hasta los muslos, con mechones blancos que se disolvían en tonos azulados y verdes; las trenzas en forma de corazón brillaban al atrapar la luz, y la pieza de cristal plateada en su centro tintineaba levemente.
Sus orejas élficas se movieron con curiosidad, y sus ojos morados, de pupilas en forma de diamante, reflejaron el dorado del campo.
—…Qué chico tan raro —murmuró para sí, inclinando un poco la cabeza—.
Viajero, dicen… pero duerme como si este lugar le perteneciera desde siempre.
Lo había visto apenas hacía unos días.
Había llegado sin escolta, sin fanfarria, como si Aedes Elysiae fuera solo una parada más en un camino interminable.
No hablaba demasiado, y cuando lo hacía, elegía las palabras con un cuidado extraño, casi monótono.
Cyrene se preguntó si era antisocial… o simplemente demasiado tímido.
El chico soltó un ronquido un poco más fuerte.
—Pfft… —Cyrene se cubrió la boca para no reír—.
Así que sí sabes dormir profundamente.
Con un movimiento ágil, descendió del árbol.
Las hojas crujieron suavemente bajo sus pies cuando tocó el suelo.
Caminó despacio, como si temiera despertarlo, y se sentó a su lado, lo suficientemente cerca como para sentir el calor de su cuerpo, pero sin tocarlo.
Lo observó unos segundos más.
Luego, movida por la curiosidad, se inclinó un poco y tomó entre sus dedos una parte de la ropa púrpura.
La tela era suave, resistente, con bordados que no reconocía.
Pasó la yema de los dedos por los detalles, fascinada.
—Este estilo… no es de aquí —susurró—.
Ni de las ciudades del norte… ¿De dónde vienes tú?
En ese momento, el chico se movió.
—¿Qué haces?
—¡Kyaaaaaaa!
—Cyrene soltó la tela de golpe y retrocedió un poco, con las orejas erguidas y el corazón acelerado.
El chico abrió los ojos lentamente.
Eran de un color difícil de definir, como si reflejaran el cielo antes de una tormenta.
Parpadeó un par de veces, confuso, y luego la miró directamente.
—Ah… perdón —dijo, incorporándose un poco—.
No quería asustarte.
Cyrene lo miró, todavía con una mano sobre el pecho.
—¡Tú fuiste el que me asustó!
—protestó, inflando ligeramente las mejillas—.
¿Por qué hablas justo cuando alguien está concentrado?
Él ladeó la cabeza, observándola con atención, como si tratara de recordarla.
—¿Concentrada… en mi ropa?
—¡E-eso no es asunto tuyo!
—replicó ella, apartando la mirada—.
Solo… se veía interesante.
El chico dejó escapar una pequeña risa.
—Me alegra.
Entonces no fue una mala elección.
Cyrene lo miró de reojo.
—Oye… —dijo con curiosidad renovada—.
¿Tú y yo… nos hemos visto antes?
Él se quedó en silencio por un instante.
Algo cruzó su expresión: una duda, un déjà vu que no lograba tomar forma.
—No lo sé —respondió finalmente—.
Pero… por alguna razón, no me resulta extraño que estés aquí.
El viento agitó el trigo dorado a su alrededor, como si el mundo entero hubiera contenido el aliento.Cyrene sonrió, sin saber por qué su corazón latía un poco más rápido.
—Entonces —dijo, con voz suave—, supongo que eso significa que podemos empezar por presentarnos.
Y sin darse cuenta, bajo la sombra de aquel árbol antiguo, la primera página de una historia destinada a repetirse incontables veces acababa de ser escrita.
.
.
Cyrene se presentó con una sonrisa suave, inclinando un poco la cabeza, como si aquel gesto fuera tan natural como respirar.
—Me llamo Cyrene.
El chico la miró durante unos segundos, como si el nombre despertara algo dormido en lo más profundo de su mente.
Luego parpadeó y murmuró—Eh…Ah- s-si , Tn… me llamo Tn.
Cyrene ladeó la cabeza, divertida, y probó el nombre en voz alta, saboreándolo como una fruta desconocida.
—Tn… Tn… Tn… —rió bajito—.
No suena muy común, ¿verdad?
—Supongo que no —respondió él con tranquilidad—.
Pero es el que tengo.
—Hm… —asintió ella—.
Entonces está bien.
Se hizo un breve silencio.
El viento movió las hojas del árbol sobre sus cabezas y el trigo onduló como un mar dorado.
Cyrene volvió a mirarlo, esta vez con curiosidad genuina.
—Oye, Tn… ¿por qué dormías al aire libre?
¿No tienes posada?
¿O una casa?
—Puedo dormir donde sea —respondió él sin pensarlo—.
El suelo, un techo, un árbol… no hay mucha diferencia.
Cyrene arqueó una ceja.
—Eso suena sospechosamente a alguien que no quiere pagar alojamiento.
Tn dejó escapar una pequeña risa.
—Tal vez.
Ella lo observó unos segundos más y luego preguntó—Entonces… ¿es verdad que eres un viajero?
—Sí.
—¿De verdad de verdad?
—De verdad de verdad.
Cyrene apoyó la barbilla en la palma de su mano.
—¿Y qué buscas?
Tn se quedó en silencio.
Miró el cielo, luego las hojas, luego el horizonte dorado del prado.
Pasaron varios segundos.
—Para ser honesto… —dijo al fin— no tengo ni jodida idea.
Cyrene parpadeó.
—¿…Eh?
—Solo camino —continuó él, encogiéndose de hombros—.
Y si un lugar me gusta, me quedo un tiempo.
Cuando deja de gustarme, sigo adelante.
Cyrene lo miró con una expresión completamente inexpresiva.
Cara de póker absoluta.
¿Este chico tiene algún problema en la cabeza…?
pensó.
—¿Viajas… sin razón alguna?
—preguntó lentamente.
—Supongo que sí.
Ella suspiró, llevándose una mano a la frente.
—Eres increíble… —murmuró—.
¿No tienes metas?
¿Sueños?
¿Algo que quieras lograr en la vida?
Tn la miró con calma.
—¿Para qué?
—respondió—.
En un lugar tan pacífico como este… creo que es mejor dejarse guiar.
Como un río.
Fluyes, avanzas, y ya está.
Cyrene lo miró un momento más… y luego bufó, divertida.
—Ja… —sonrió—.
Pensé que eras raro, pero no eres tonto.
—Gracias… creo.
—Al menos no suenas deprimido ni amargado —añadió ella—.
Solo… bastante simple.
Tn asintió.
—Eso intento.
El silencio que siguió no fue incómodo.
Cyrene observó cómo el sol avanzaba lentamente y entonces se levantó de golpe.
—Oye, viajero*río* —dijo—.
¿Tienes hambre?
Tn parpadeó.
—Un poco.
—¿Y cómo piensas comer?
—Podría conseguir peces del lago cercano.
Cyrene lo miró de arriba abajo.
—¿Tú?
¿Pescando?
—Sí.
—¿Y sabes cocinar?
—Pescado al carbón no es la cosa más difícil del mundo.
Ella lo observó unos segundos más, evaluándolo, y luego sonrió de manera traviesa.
—Muy bien —dijo—.
Entonces hagamos una prueba.
—¿Prueba?
—Si tu pescado es comestible, te invito pan y fruta de la ciudad.
—¿Y si no lo es?
Cyrene se inclinó un poco hacia él, con una sonrisa brillante en los ojos.
—Entonces admitirás que necesitas quedarte en Aedes Elysiae un poco más… para aprender a vivir como la gente normal.
Tn la miró.
Por alguna razón que no supo explicar, la idea no le desagradó.
—Trato hecho.
Cyrene dio una palmada, satisfecha.
—Perfecto.
Entonces sígueme, Tn.
Y sin saberlo, mientras caminaban hacia el lago bajo el cielo dorado, ambos acababan de sellar algo mucho más importante que una simple comida:el comienzo de un vínculo destinado a romperse y reconstruirse una y otra vez, como el fluir interminable de un río.
Ambos caminaron por el bosque que bordeaba Aedes Elysiae.
Las hojas caían lentamente desde las copas altas, girando en el aire como si el tiempo mismo se tomara su calma.
El sendero era estrecho, cubierto de musgo, y el sol se filtraba entre las ramas en destellos suaves.
Tn avanzaba unos pasos detrás de Cyrene.
Observó cómo ella caminaba con ligereza, cómo la tela blanca de su vestido se movía al ritmo de sus pasos.
Notó también que tarareaba algo en voz baja: una melodía sencilla, casi infantil, que parecía no tener principio ni final.
—¿Qué cantas?
—preguntó sin pensarlo demasiado.
Cyrene se giró apenas, sorprendida.
—¿Eh?
—parpadeó—.
No lo sé.
Sale solo.
—Es agradable —comentó él.
Ella sonrió, satisfecha, y siguió adelante.
No tardaron en llegar al lago.
Era amplio, de aguas claras y tranquilas, rodeado de piedras lisas y juncos que se mecían con la brisa.
El reflejo del cielo lo hacía parecer un espejo infinito.
Cyrene se detuvo en la orilla y extendió ambos brazos, como presentándolo.
—Aquí estamos.
Muy bien, viajero —dijo—.
Demuestra tus habilidades.
—De acuerdo.
Tn dio un paso adelante… y, sin previo aviso, una prenda de ropa voló por el aire y cayó de lleno sobre el rostro de Cyrene.
—¿Eh…?
—dijo, confundida, quitándose la tela.
Cuando se dio cuenta de lo que era, sus orejas se pusieron rígidas.
—¡¿Q-QUÉ HACES?!
—gritó, cubriéndose el rostro con ambas manos—.
¡¡DEGENERADO!!
—¿Hm?
—respondió Tn con total calma mientras se desabrochaba el resto de la camisa—.
No voy a meterme al lago con ropa puesta.
Se mojara y no pieno secarala en fogata.
—¡ESO NO ES EL PROBLEMA!
—replicó ella, roja como una amapola—.
¡Avísame antes de… de… de hacer eso!
Tn la miró, genuinamente confundido.
—Pero ya te cubriste.Ademas que edad tienes u cuerpo masculino no deberia ser mucho problema.
—¡NO ES ESO!
—protestó, inflando las mejillas—.
¡Además!
¡¿Desde cuándo vas a meterte al lago?!
—Desde ahora.
Y sin más, caminó hasta la orilla y se adentró en el agua.
El lago le llegó primero a las rodillas, luego a la cintura, y finalmente se sumergió por completo.
Cyrene apartó un poco las manos de su rostro y lo miró con el ceño fruncido.
—Pfft… —hizo un puchero—.
Pensé que usarías una caña de pescar como la gente normal.
La cabeza de Tn emergió a unos metros de distancia.
—Eso tarda demasiado.
—¡¿Qué?!
—Es mejor atraparlos con las manos.
Dicho eso, volvió a sumergirse.
El agua se cerró sobre él con apenas una onda.
Cyrene lo observó desde la orilla, todavía con las mejillas calientes.
Cruzó los brazos, fingiendo desinterés.
—Tonto… —murmuró.
Pasaron unos segundos.
Luego otros.
Cyrene se inclinó un poco hacia adelante, entre curiosidad y nerviosismo.
—Oye… —dijo—.
¿No te ahogas ahí abajo?
Justo entonces, el agua se agitó, y Tn salió a la superficie sosteniendo un pez plateado que se retorcía entre sus manos.
—Listo.
Cyrene abrió los ojos con sorpresa.
—¿Q-qué rápido…?
—Te dije que funcionaba.
El pez dio un último coletazo.
Cyrene lo señaló, aún impresionada.
—E-eso no cuenta como trampa, ¿verdad?
—No hay reglas para cazar.—respondió Tn con una leve sonrisa.
Ella lo miró unos segundos… y luego desvió la mirada, resoplando.
—Hmph… —dijo—.
Supongo que… es aceptable.
Pero, mientras observaba cómo el agua resbalaba por los hombros de Tn y el sol brillaba sobre el lago, Cyrene sintió una extraña sensación en el pecho.Como si aquella escena… ya hubiera ocurrido antes.
Sin saber por qué, su tarareo regresó, suave, casi nostálgico, mientras el destino —una vez más— tomaba nota silenciosa.
Cyrene se cubrió el rostro con ambas manos mientras Tn salía del agua.
Escuchó el sonido de la tela al colocarse y, unos segundos después, su voz tranquila.
—Listo.
Ella se descubrió con cautela.
Tn ya estaba vestido, como si nada hubiera pasado, acomodándose la camisa púrpura con total naturalidad.
—Hmph… —murmuró ella, evitando mirarlo directamente—.
Más te vale.
Tn no respondió.
Se sentó cerca del lago, tomó el pez con cuidado y comenzó a limpiarlo con movimientos precisos.
Cyrene lo observó un momento, intrigada por lo seguro que parecía.
—Cyrene —dijo él sin levantar la vista—.
¿Podrías recoger algunas piedras?
—¿Piedras?
—repitió ella.
—Sí.
Planas, si es posible.
—Ah… claro.
Asintió y se alejó un poco, agachándose para recoger piedras cerca de la orilla.
Tomó varias, cargándolas entre sus brazos.
—Oye —dijo mientras volvía—, ¿haces esto seguido?
—Cuando tengo hambre —respondió Tn—.
Y no hay nadie alrededor.
Cyrene dejó las piedras cerca y se sentó en el suelo, observándolo trabajar.
No mucho después, la fogata crepitaba bajo el cielo nocturno.
Las estrellas comenzaban a asomarse entre las copas de los árboles, y el lago reflejaba su luz como si fuera otro cielo invertido.
El pescado se cocinaba lentamente sobre el fuego, empalado en un palo improvisado, soltando un aroma que hizo que el estómago de Cyrene rugiera.
—¡Huele increíble!
—exclamó ella, inclinándose hacia adelante—.
¡De verdad sabes lo que haces!
—Es solo fuego y paciencia —respondió Tn.
Eso y quemar tanta carne que terminas aprendiendo a no joderlo.
Cuando por fin estuvieron comiendo, Cyrene dio el primer bocado… y sus ojos se iluminaron.
—¡Está buenísimo!
—dijo, casi saltando—.
¡Deberías abrir un puesto en la ciudad!
Tn comía en silencio, con los ojos cerrados.
El sonido del fuego, el agua del lago y la presencia de alguien más… todo era relajante.
Por un instante, recordó vagamente haber tenido compañeros antes.
Personas que caminaban con él… aunque, por lo general, no permanecían mucho tiempo.
Abrió los ojos y miró a Cyrene.
Ella comía con entusiasmo, dejando los huesos del pescado a un lado sin ningún cuidado.
—Eres un desastre —comentó él.
—¡Oye!
—protestó ella—.
Comer bien es importante.
Terminó su comida, se levantó y bostezó largamente, estirando los brazos.
—Aaah… —murmuró—.
Tengo que volver a casa.
—¿Ya?
—preguntó Tn.
—Sí.
Phainon debe estar esperándome.
Tn alzó la vista.
—¿Phainon?
Cyrene asintió, sonriendo.
—Es mi amigo querido.
Vive conmigo.
—¿Tu amigo… querido?
—¡Sí!
—dijo ella con naturalidad—.
Es bastante agradable.
Tierno, incluso.
Y muy protector con sus amigos.
Tn guardó silencio un momento.
Algo se movió en su interior, una sensación difícil de nombrar.
—Parece una buena persona —dijo al final.
—Lo es —respondió Cyrene con orgullo—.
Por eso no debo hacerlo esperar mucho.
Ella tomó su cesta, se giró un poco y luego lo miró de nuevo.
—Oye, Tn….
—¿Sí?
—Gracias por la comida.
Tn asintió.
—Cuando quieras.
Cyrene sonrió y comenzó a alejarse por el sendero iluminado por la luna.
Tn la observó irse, sentado junto al fuego ya casi apagado.Por alguna razón… la idea de que regresara con alguien más dejó un eco extraño en su pecho.
No era molestia.No era celos.
Era… déjà vu.
.
.
.
Cyrene avanzó por el sendero iluminado tenuemente por faroles hasta llegar a la cabaña de Phainon.
La casa, hecha de madera clara y piedra, desprendía un calor acogedor.
Al abrir la puerta, el aroma de comida recién hecha la envolvió de inmediato.
—Ya llegué —anunció con voz alegre.
—Bienvenida, Cyrene —dijo su padre,(adoptivo) Jerónimo, desde la mesa, donde acomodaba platos—.
Llegas justo a tiempo.
(Nt:hice que la medio adoptaran ya que buneo es mejor amiga de su hijo y hare esto mas o menos normal).
—¿Te fue bien hoy?
—preguntó su madre, Audata, removiendo algo en la olla.
Antes de que Cyrene pudiera responder, el chico de cabello blanco que estaba ayudando a poner la mesa se giró hacia ella y le sonrió.
—Llegaste temprano —dijo Phainon—.
Pensé que volverías más tarde.
—En realidad… ya cené —respondió ella, un poco apenada.
Jerónimo alzó una ceja.
—¿Ya comiste?
—Sí.
Conocí a un chico en el prado —explicó Cyrene—.
Fue al lago, atrapó peces con las manos y los cocinó.
Phainon abrió los ojos, sorprendido, y luego rió.
—¿En serio?
Eso suena increíble.
Me gustaría hacer algo así algún día.
—Te gustaría —asintió ella—.
Deberías intentarlo.
—Tal vez mañana —dijo él con una sonrisa.
Cyrene bostezó ligeramente.
—Estoy cansada.
Subiré a dormir.
—Buenas noches, Cyrene —dijo Audata con dulzura.
—Descansa —añadió Jerónimo.
Ella subió las escaleras de madera, cada paso crujía suavemente bajo sus pies.
Entró a su recámara, cerró la puerta y se dejó caer sobre la cama.
Miró el techo, escuchando el lejano murmullo de las voces abajo.
Fue un día agradable, pensó.
Giró un poco sobre la almohada.
Tal vez mañana pueda ir de nuevo al lago….
…y ver a Tn.
La idea la hizo sonreír.
Tener más amigos era algo bueno.
Cerró los ojos y, poco a poco, el sueño la venció.
.
.
.
Mientras tanto, lejos de allí, Tn se acomodaba bajo otro árbol en lo profundo del bosque.
Se recostó sobre la hierba, usando su mochila como almohada.
Los sonidos nocturnos lo rodeaban, pero no le preocupaban los animales salvajes.
Por alguna razón, nunca se le acercaban demasiado.Bueno… tal vez algunas serpientes, de vez en cuando.
Suspiró, cerrando los ojos.
Debería dormir….
Pero no podía.
La imagen de la chica regresó a su mente sin pedir permiso.
Cyrene.
Frunció el ceño, confundido.
—¿Por qué…?
—murmuró al cielo estrellado.
Normalmente no prestaba atención a casi nada.
Personas, lugares, despedidas… todo fluía y se iba.
Así había sido siempre.
Entonces, ¿por qué con ella era diferente?
—No es especial —se dijo—.
No debería serlo.
Pero algo en su pecho se negaba a asentir.
El viento movió las hojas sobre su cabeza.
Por un instante, tuvo la sensación de haber pensado lo mismo antes… en otro tiempo, bajo otro cielo.
Tn cerró los ojos con más fuerza.
—Tonto… —susurró.
Y aun así, su mente se aferró a un solo pensamiento antes de caer en un sueño inquieto:.
Tal vez… mañana.
.
.
.
—Oye, oye, despierta.
Te digo que te levantes… despierta.
Tn sintió que algo lo sacudía con bastante fuerza.
Frunció el ceño, giró el rostro y abrió apenas un ojo.
—Ah… carajo… qué fastidio… —murmuró con la voz aún pesada por el sueño.
Lo primero que vio fue una cortina de cabello rosa claro balanceándose frente a su cara.
Luego, un par de orejas élficas inclinadas con impaciencia.
No necesitó pensar mucho para saber quién era.
—Ya… ya voy —dijo, cerrando el ojo de nuevo por un segundo—.
Cyrene….
—¡No te duermas otra vez!
—protestó ella, dándole otro empujón—.
¡Llevo rato llamándote!
—Eso explica el intento de asesinato —respondió él, incorporándose lentamente.
Cyrene cruzó los brazos, inflando ligeramente las mejillas.
—Dormías como una piedra.
¿Siempre eres así?
—Solo cuando nadie me despierta —contestó Tn, estirándose—.
¿Se te ofrece algo?
—Hmph… —murmuró ella—.
Vago.
Tn la miró de reojo.
—Seré vago, pero al menos tengo modales para cocinar.
Cyrene se quedó en silencio un segundo… y luego bufó.
—¡Oye!
—le dio un leve golpe en el brazo—.
Eso fue innecesario.
Pero enseguida soltó una risa.
Una risa genuina, clara.
Se estaba divirtiendo.
Me recuerda un poco a Phainon… pensó.Pero más flojo.
Tn se puso de pie, sacudiéndose la tierra y las hojas de la ropa.
—Sabes —dijo bostezando—, es demasiado temprano para despertarme así.
—¡Ya es media mañana!
—replicó ella—.
Tú eres el problema.
Él iba a responder… cuando algo golpeó de pronto sus sentidos.
Un nombre.
Amphoreus.
Imágenes fragmentadas cruzaron su mente sin permiso: un planeta o dimensión retorcida, entidades destructivas, llamas que devoraban cielos enteros.
El Devastador de Llamas, una presencia familiar y ajena a la vez.
Y más allá… fuerzas inmensas de Destrucción, algo que resonaba con un nombre imposible de olvidar.
Nanook.
suirucreM.
Tn se llevó una mano a la sien, frunciendo el ceño.
—…¿Qué diablos fue eso…?
Cyrene inclinó la cabeza, preocupada.
—¿Te sientes mal?
—No —respondió rápido—.
Solo… un pensamiento raro.
¿Por qué algo así vendría a mi cabeza ahora?Algo andaba mal.
Muy mal.
Pero el hilo de ideas se rompió cuando Cyrene sonrió de nuevo, como si el mundo no cargara ningún peso.
—Oye —dijo con entusiasmo—.
¿Me ayudas a explorar el bosque?
—¿Explorar?
—Sí —asintió—.
Buscar frutas, bayas silvestres… dicen que en esta época hay unas muy dulces.
Tn la miró.
Por alguna razón, la inquietud que lo había invadido hacía un segundo se disipó un poco.
—Suena… tranquilo.
—¡Exacto!
—dijo ella—.
Además, tú conoces mejor el bosque que yo, ¿no?
Él suspiró.
—Supongo que sí.
Cyrene dio un pequeño salto, satisfecha.
—¡Entonces vamos!
Comenzaron a caminar entre los árboles, el sol filtrándose entre las hojas.
Tn avanzaba con las manos en los bolsillos, Cyrene observándolo de reojo de vez en cuando.
—Oye, Tn —dijo de pronto—.
¿Soñabas algo?
—No lo recuerdo.
—Hm… —murmuró ella—.
Yo sí soñé algo raro.
—¿Ah, sí?
—Sí… —dijo pensativa—.
Era como si te estuviera buscando… pero no sabía por qué.
Tn se detuvo un instante.
La miró.
—Qué coincidencia.
—¿Coincidencia?
—Nada —respondió, reanudando el paso—.
Vamos antes de que te comas las bayas equivocadas.
—¡Oye!
Cyrene se apresuró a seguirlo, riendo.Y mientras el bosque los envolvía, el destino, paciente y cruel, volvía a acomodar sus piezas… preparando un ciclo que ninguno de los dos recordaba aún, pero que ambos ya estaban empezando a sentir.
.
.
Caminaron por el bosque sin notar que, a cierta distancia, una porción del paisaje parpadeaba.
No era un efecto de la luz.Los troncos, las hojas y hasta el aire mismo parecían descomponerse por un instante en pequeños fragmentos cuadrados, como píxeles mal alineados, antes de volver a su forma natural.
Un fallo breve, casi imperceptible… como si el mundo dudara de sí mismo.
Cyrene avanzaba alegre, agachándose de vez en cuando para recoger bayas.
—¡Mira estas!
—dijo, levantando un pequeño racimo—.
Son perfectas.
—No te comas nada sin preguntarme antes —respondió Tn—.
Algunas se parecen demasiado.
—Siempre dices eso —rió ella—.
Y sigo viva.
—Por ahora.
Cyrene sacó la lengua y siguió caminando.
Su paso era ligero, despreocupado.
Parecía genuinamente feliz.
Entonces algo rosado saltó de entre los arbustos.
—¡¿KYAA?!
—gritó Cyrene cuando la criatura flotante se lanzó directo hacia su rostro.
Tn dio un paso al frente por reflejo… pero Cyrene no retrocedió.
La criatura se quedó suspendida frente a ella.
Era pequeña, esponjosa, con forma de conejo redondeado, orejitas suaves y un cuerpo que flotaba como si el aire la sostuviera.
Su pelaje rosado parecía brillar desde dentro.
Cyrene la miró fijamente.
Sus ojos comenzaron a brillar.
—… —se quedó en silencio un segundo——¡¡ES LINDÍSIMA!!KAAAAWAAAIIIIII.
—¿Qué…?
—murmuró Tn.
Cyrene acercó las manos con cuidado.
—Hola~ —dijo con voz suave—.
¿De dónde saliste tú?
La criatura emitió un pequeño sonido, casi un maullido, y dio una vuelta en el aire.
—¡La adoptarè!
—declaró Cyrene sin dudar—.
Te llamaré… Mem.
Tn frunció el ceño.
—Cyrene, espera.
Eso….
La criatura giró lentamente… y miró a Tn.
Por un instante, sus ojos brillaron de una forma distinta.
No tierna.
No animal.
Reconocedora.
Luego, como si hubiera cometido un error, Mem dio un salto hacia atrás y salió disparada entre los árboles.
—¡EH!
—gritó Cyrene—.
¡Espera!
Corrió unos pasos tras ella, pero la criatura ya se internaba en lo profundo del bosque.
—¡Vuelve!
¡Mem!
Tn se detuvo en seco.
—…Esa cosa era muy rara.
—¡Oye!
—protestó Cyrene—.
¡Era adorable!
—Rara y adorable no se excluyen.
Ambos observaron cómo la criatura huía… hasta que, de pronto, se desintegró en píxeles, desapareciendo como una imagen mal cargada.
Cyrene se quedó quieta.
—…¿La viste desaparecer?
—Sí.
—Eso no es normal, ¿verdad?
—No —admitió Tn—.
Nada de esto lo es.Tal vez debe ser una criatura mistica.
El bosque volvió a la normalidad.
Demasiado normal.
Cyrene bajó la mirada, un poco decepcionada.
—Quería quedármela….
Tn no respondió.
Algo en su interior se había tensado.
.
.
.
.
Muy lejos de allí… y a la vez, peligrosamente cerca.
Mem reapareció en otro punto del “mundo”.
El suelo ya no era hierba, sino piedra fría y agrietada.
Una cripta antigua, enterrada bajo capas de realidad.
Las paredes estaban cubiertas de símbolos borrosos, como recuerdos a medio borrar.
Mem flotó unos centímetros sobre el suelo y soltó un pequeño sonido.
—Mrr….
A su lado, apareció una figura pequeña: un peluche con forma de gato, con una capa roja y una capucha que le cubría parte del rostro bordado.
Sus ojos, sin embargo, brillaban con la maldita malicia que siempre lo carectirisaba.
—…No se supone que debías correr hacia Cyrene —dijo Kouha con voz cansada.
Mem bajó las orejas y emitió otro maullido suave.
—¿No pudiste evitarlo?
—suspiró Kouha—.
Claro que no….
Mem asintió torpemente, flotando en círculos.
—Mrr….
Kouha cruzó los brazos.
—Te dije que el acuerdo es claro.
No interferir directamente.
No antes de tiempo.
Mem se quedó quieta.
—La burbuja existe por una razón —continuó Kouha—.
Es el regalo que Cyrene original pidió.
El aire de la cripta vibró ligeramente.
—Un campo de juegos —añadió—.
Un refugio.
Mientras afuera….
La imagen de más allá de la burbuja se proyectó brevemente:un vacío en llamas, cielos desgarrados, un bastión absoluto de destrucción.
—…no hay nada más que eso.Nanook se tomo en serio lo de aniquilar.
Mem emitió un sonido triste.
—Mrr….
Kouha se acercó y le dio una leve palmada en la cabeza.
—Lo sé.
Pero si te acercas demasiado… si recuerdas demasiado… todo puede romperse.
Mem flotó un poco más alto, como si temblara.
—Ella aún no debe saber —dijo Kouha con firmeza—.
Ni él tampoco.
El silencio cayó sobre la cripta.
.
.
En algún lugar dentro de la burbuja, Cyrene levantó la vista, con una sensación extraña en el pecho.
—…Juraría que ya había visto a esa criaturita antes —murmuró.
Tn la miró de reojo.
—¿Sí?
—Sí… —dijo, llevándose una mano al corazón—.
Como si… la hubiera perdido.
El bosque permaneció en silencio.Y la burbuja del recuerdo, frágil pero persistente, siguió sosteniendo un mundo que no debía existir… todavía.
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Ufffff como me encanta meter trama de stephen king en hsr por algo siempre tienen toques de fantasia y terror.).
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