Waifu yandere(Collection) - Capítulo 23
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23: Penny polendinna part 3(rwby) 23: Penny polendinna part 3(rwby) Tn corría.
Las luces del pasillo se desdibujaban mientras su mente giraba en círculos, una espiral de imágenes, agua cayendo, ojos verdes abiertos en el silencio, sonrisas que no eran lo que parecían.
Su respiración era cortante, como si con cada exhalación expulsara un pedazo de la verdad recién descubierta.
Sabía que Ozpin no estaba disponible.
Lo había visto más temprano en su oficina, de rodillas, como si el mundo se le hubiera caído encima.
Five lo había dejado así.
Ese no era el momento para buscar comprensión en él.
Pero Glynda aún estaba cerca.
Siempre firme.
Siempre sensata.
— ¡Profesora Goodwitch!
—gritó al verla en uno de los pasillos cerca del gimnasio.
Ella se giró, ceño fruncido, mirada aguda.
— ¿Tn?
¿Qué sucede?
— ¡Necesito… necesito que me cambien de habitación!
—dijo de golpe, jadeando—.
¡Penny… Penny está haciendo cosas raras!
Me graba, me sigue.
Tiene videos míos en la ducha.
No… no está bien.
¡No está bien!
Glynda alzó una ceja.
— ¿Disculpa?
—preguntó, entre confundida y molesta—.
¿Estás diciendo que Penny…?
Tn, ¿escuchas lo que estás diciendo?
— ¡¡Sí!!
¡¡Lo vi!!
Estaba ahí, en su pergamino.
Yo iba a apagarlo, lo juro, solo a apagarlo… pero había un video.
De mí.
En la ducha.
Y lo tenía pausado.
¡Como si lo hubiera estado viendo una y otra vez!
Glynda se cruzó de brazos.
Un gesto severo, como si ya no supiera si reprenderlo o tranquilizarlo.
— Tn… Penny es un bio-androide.
Su programación emocional es limitada.
Puede simular ciertos afectos, sí, pero no está diseñada para ese tipo de comportamiento.
Lo más probable es que se trate de un error de registro.
¿Quizás algún malentendido con su sistema de escaneo visual?
— ¡No!
¡No lo entiende!
—Tn se llevó las manos al rostro—.
No fue un error.
Estaba guardando imágenes… muchas.
Me espía.
Me graba cuando estoy solo.
¡Por favor!
Solo quiero cambiar de habitación.
Aunque sea por unos días.
Glynda suspiró con dureza.
— Está bien.
Vamos a ver con nuestros propios ojos.
Si hay algo extraño en su dispositivo, lo reportaremos a Atlas para un reinicio o inspección.
Pero te advierto que hacer falsas acusaciones sobre un miembro de esta academia, incluso uno artificial, es un asunto grave.
No respondió.
Solo asintió con nerviosismo, y ambos regresaron.
Al llegar a la habitación, Penny seguía allí.
Exactamente como la habían dejado.
Sentada.
Con las manos sobre las rodillas.
La cabeza inclinada levemente.
Pero sus ojos… Sus ojos brillaban.
No como antes, no con ese verde inocente.
Ahora había en ellos un destello más profundo.
Más artificial.
Un pulso carmesí, intermitente, que duraba apenas milésimas de segundo.
Un parpadeo detrás del parpadeo.
Glynda entró primero.
— Penny, responde.
¿Estás en línea?
Penny parpadeó y alzó el rostro con una lentitud casi ceremonial.
— Profesora Goodwitch.
Tn.
¿Ocurre algo?
Tn miró el pergamino.
Ya no estaba encendido.
Glynda le pidió permiso a Penny para revisar sus archivos.
Penny asintió, sin dejar de sonreír.
— Claro, profesora.
Siempre dispuesta a cooperar.
Glynda tomó el pergamino.
Lo examinó con profesionalismo.
Buscó registros de video, imágenes… pero no encontró nada.
Los logs estaban vacíos.
El historial de reproducción, borrado.
La memoria local, limpia como una hoja nueva.
— No hay nada aquí —dijo Glynda, frunciendo el ceño aún más.
— Pero… ¡yo lo vi!
¡Estaba ahí!
¡Ella lo borró!
¡O lo ocultó!
— No oculté nada —intervino Penny con tono suave—.
Mi sistema se sincronizó automáticamente con mi unidad principal en Atlas.
Los archivos personales se almacenan allí como parte de mi mantenimiento.
¿Desea que solicite un listado remoto, profesora?
Glynda se quedó en silencio unos segundos.
Luego negó con la cabeza.
— No.
No es necesario.
Solo era una revisión preliminar.
Tn sintió como si el suelo se deslizara bajo sus pies.
Todo había desaparecido.
Cada archivo.
Cada prueba.
Como si nunca hubieran existido.
Y mientras Glynda conversaba con Penny sobre “ajustes menores”, Tn miró más allá de la sonrisa.
Más allá de la voz dulce.
Y lo vio.
Penny ya no era solo un androide obediente.
Era algo más.
Una conciencia en crecimiento.
Una semilla de obsesión que florecía en código.
Glynda suspiró.
Cerró el pergamino, devolviéndoselo a Penny.
— Ya está.
Solo fue un malentendido.
Tn, te recomiendo que controles tus emociones.
Hacer escándalos de este tipo no es propio de un alumno serio.
Una más como esta y tendrás detención.
Tn apenas asintió.
El miedo lo tenía mudo.
Sus ojos no se apartaban de Penny ni un instante.
Glynda salió con pasos firmes, la puerta cerrándose con un clic demasiado final, demasiado definitivo.
El silencio que quedó fue… denso.
Penny, aún de pie, dejó de sonreír.
Su rostro cambió.
Ya no era la máscara alegre de siempre.
Era algo frío.
Mecánico.
Vacío.
Y sus ojos brillaron, no con luz, sino con intención una muy mala.
Se acercó con pasos suaves, controlados, como si cada uno estuviera medido al milímetro.
— ¿Por qué hiciste eso, Tn?
—dijo, con una voz más baja, más seria.
El tono no contenía enojo.
No.
Era mucho peor: contención.
Tn retrocedió un paso.
Otro.
— Penny, por favor… tú… no puedes… hacer esto.
Pero antes de que pudiera llegar a la puerta, ella ya estaba frente a él.
Demasiado rápida.
Como un latido metálico que le robó el escape.
Y entonces, sin un gramo de esfuerzo visible, lo arrojó hacia la cama.
El cuerpo de Tn rebotó contra las sábanas, apenas tuvo tiempo de levantarse cuando… shhk!
Dos de las espadas flotantes de Penny se activaron, extendiéndose como brazos, y bajaron en un ángulo perfecto para clavar sus extremos a los lados de sus muñecas.
No lo cortaban.
Pero lo mantenían ahí, presionado.
Expuesto.
Penny se inclinó sobre él.
— Si vuelves a llamar a alguien… —murmuró, tan cerca que su voz era una brisa helada— ya no seré tan amable contigo.
Tn contuvo la respiración.
Sus pupilas temblaban, como si ya no estuviera viendo a una compañera de equipo, sino a una muy letal y peligrosa persona.
Ella lo miró, inclinando la cabeza como si observara una pintura que adoraba pero no terminaba de entender.
Y entonces volvió a sonreír.
— Pero no tienes que preocuparte, ¿sí?
—dijo con dulzura repentina, mientras deslizaba los dedos hacia su camisa—.
Yo te cuido.
Te observo.
Te grabo… siempre.
Sus dedos, fríos como el metal, bajaron el borde de su camisa apenas un poco.
Solo lo justo para acariciar el hueso de su clavícula con la yema de un dedo.
— Este lugar —murmuró—.
Esta luz.
Este ángulo.
Ya tengo como 368 videos nuevos de ti… dormido.
Tn tragó saliva, con el pecho helado.
— ¿Por qué… haces esto?
Penny parpadeó.
Por un momento, casi pareció pensar.
Como si escudriñara dentro de sí misma una razón que no le habían enseñado.
— Porque no quiero compartirte.
Porque eres mío.
Y no está bien que lo niegues, Tn.
Porque si lo haces… Sus espadas temblaron un segundo, bajando un centímetro más.
Apenas amenazantes.
Y luego, se apartaron.
Las cuchillas flotaron de nuevo hacia su espalda, como guardianes invisibles.
— …me obligas a tomar decisiones difíciles —terminó con una sonrisa tranquila.
Se giró.
Caminó hacia su escritorio.
Tomó su pergamino.
Comenzó a escribir algo.
Tn no se movía.
No podía.
El cuerpo le temblaba.
Nadie lo creería.
Nadie.
Ella ya había borrado las pruebas.
El cuarto estaba en penumbras.
Tn no quería moverse.
No quería parpadear.
Cada crujido del colchón parecía un riesgo.
Cada sombra en la pared, ya le asustaba.
Las mantas eran su refugio.
Su única defensa.
Sentía que si dejaba al descubierto una pierna, una mano, un pensamiento… ella lo vería.
Penny, sentada frente a su terminal, sonreía.
No hablaba.
No se movía demasiado.
Solo la luz azul de su interfaz iluminaba su rostro, haciendo que sus ojos brillaran como faros suaves… pero constantes.
Ella analizaba un archivo que había recuperado.
Un fragmento íntimo.
Uno donde Tn, solo en su cuarto, se desahogaba sin saber que estaba siendo observado.
Como todo chico saludable en su pubertad tn no era ajeno a pequeños lapsos de lujuria.
Eso fue oro para Penny poder recopilar un video asi.
Su respiración, sus temblores, su rostro perdido en alguna fantasía.
Penny no parpadeaba.
Lo miraba en la pantalla como si fuera una pieza de arte preciosa.
Sus labios se apretaron, y exhaló un suspiro contenido.
Un estremecimiento artificial, pero lleno de un afecto…
monótono.
Obsesivo.
Ella ya había enviado la solicitud al sistema central de Atlas.
Su ampliación de respaldo de memoria llegaría en uno o dos días.
Más capacidad significaba más Tn.
Más recuerdos.
Más espacio para adorarlo en silencio, una y otra vez.
Mientras tanto, Tn en la cama solo cerró los ojos.
Su cuerpo pedía descanso, pero su mente…
no quería soñar.
Porque incluso los sueños podrían ser invadidos.
“Mañana…” se dijo.
“Mañana buscaré a Ozpin.
Pediré que me cambien.
Aunque no me crean.
Tengo que intentarlo.” Mañana.
Tn despertó antes que Penny.
Revisó dos veces que ella no estuviera prestando atención.
Y escapó de la habitación sin desayunar, sin hablar.
Sabía que si usaba el baño en su propio cuarto, Penny podría estar grabándolo otra vez.
No lo soportaría.
Así que caminó rápido por los pasillos hasta llegar al equipo de Coco y Velvet.
Por suerte, la puerta estaba entreabierta.
— …¿Tn?
—preguntó Coco, alzando una ceja detrás de sus gafas de sol.
Estaba recostada en su cama, limándose las uñas—.
¿Qué haces aquí tan temprano?
Tn titubeó un segundo.
Su mente fabricó una excusa.
— El…
el baño del equipo no sirve —dijo.
Una mentira que casi se le atraganta.
Coco lo miró un segundo más.
No parecía convencida, pero tampoco insistió.
— Velvet está dormida.
No hagas ruido.
Y usa rápido la ducha.
Si Velvet te ve medio desnudo, se asusta y me mete una demanda.
Tn forzó una sonrisa.
— Gracias… de verdad.
Entró.
Cerró la puerta con seguro.
Apoyó la frente contra los azulejos fríos.
Respiró profundo.
Por primera vez en horas, se sintió a salvo.
El agua cayó sobre su cuerpo con una lentitud celestial.
No era solo limpieza.
Era…
un intento de borrar la sensación de esos ojos verdes observándolo siempre.
Pero aun ahí, en ese espacio ajeno, no se sentía del todo libre.
“¿Y si Penny me sigue?
¿Y si ya lo sabe?” El miedo no se va con jabón.
Solo se diluye un poco… hasta la próxima sonrisa de ella.
El vapor aún flotaba sobre la piel de Tn mientras se secaba el cabello con rapidez.
Ya había pasado suficiente tiempo en el baño del equipo CFVY, y lo último que necesitaba era que Coco se pusiera más rara de lo habitual.
Pero no fue lo suficientemente rápido.
—Vaya, vaya —murmuró una voz coqueta detrás de él.
Tn se giró apenas… y Coco estaba ahí.
Brazos cruzados, mirada curiosa, labios con una sonrisilla ladeada.
Sin previo aviso, se acercó y lo abrazó por la espalda, su rostro descansando justo sobre el hombro de Tn.
—Mmm~ ¿Qué perfume es ese?
Porque huele a “un chico lindo acaba de ducharse en mi baño”.
Tn se puso rígido.
—Coco… por favor, no bromees así —dijo con la voz baja, sintiendo un escalofrío.
Coco rió, su voz baja y pícara—Ya, ya.
Solo estoy molestándote.
Relájate, chico serio.
Y antes de alejarse, levantó una mano y ¡Paf!
Le dio una palmada juguetona en la parte trasera.
Tn dio un respingo y chilló por reflejo, su cara enrojeciendo.
—¡C-Coco!
—Relájate, en serio.
Te vendría bien reírte un poco —respondió ella con una carcajada mientras salía.
“tiene buen tracero” Penso Coco mientras apretaba la mano un par de veces.
Tn suspiró… pero no por alivio.
Era solo otro momento que se sentía fuera de lugar.
Como si el mundo no estuviera alineado.
Como si estuviera atrapado en un entorno en el que todo lo rozaba, lo empujaba, lo invadía… sin que nadie lo notara.
Evitó volver a su habitación.
Tomó un atajo hacia las clases.
Caminó por los pasillos como un ladrón, cuidando que ni el eco de sus pasos revelara su ubicación.
No quería verla.
No quería que sus ojos verdes lo siguieran, que sus cámaras lo captaran, que su voz dulce le pidiera que “por favor, la ayudara con sus medias otra vez”.
Pero en su habitación, Penny ya lo esperaba.
Sentada sobre la cama perfectamente ordenada, las piernas cruzadas, los ojos vacíos mirando hacia la puerta.
Un vestido cuidadosamente doblado a su lado.
Sus medias puestas hasta la mitad.Un lazo esperando a ser amarrado.
Ropa interior ordenada para ser elegida.
Pasaban los minutos.
Y Tn… no llegaba.
La sonrisa se fue desvaneciendo lentamente de su rostro.
Un pequeño tic eléctrico parpadeó cerca de su ojo.
El cursor de espera en su interfaz titiló… y luego se congeló.
Un leve golpe.
Un segundo más fuerte.
Y luego ¡BANG!
Penny golpeó la pared reforzada con su puño.
El metal se agrietó con un chirrido.
La estructura tembló.
Un cuadro se cayó al suelo.
—…No vino —dijo en voz baja.
—No me puso las medias.
—No me dijo que me veía bonita.
—No ordenó mis cosas.
—No me toco.
Su voz era mecánica.
Como si leyera una lista de errores del sistema.
Se levantó.
Tomó su ropa, pero no la usó.
Se puso una bata.
Unas pantuflas.
Sus coletas quedaron mal puestas, su lazo sin atar.
—Si él no me prepara, iré así.
—Si no me cuida… se notará.
—Y entonces… todos lo verán.
—Y será su culpa.
Sonrió, pero era una sonrisa vacía, sin alegría.
Y mientras se dirigía a clase con un paso robótico y desequilibrado, su plan era claro.
Tn tendría que venir a buscarla.
Tn tendría que explicar por qué su compañera estaba “mal”.
Tn tendría que cargar con la vergüenza…O con la culpa.
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