Waifu yandere(Collection) - Capítulo 230
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230: March 7th Hsr 230: March 7th Hsr Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.
Agrego personajes no me pertenecen.
Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.
Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.
OK COMO ES COSTUMBRE, no soy un experto en todo el lore de hsr, y me gusta implementar horror cósmico aprovechando que hsr ocurre en el espacio, temas como,lovecraft,Stephen, Avesta,son usadas para esta clase de personajes.
En esta ocasión vote por uno de mis preferidos, “El problema de los tres cuerpos de cixin liu”.
Con esto aclarado les presento a los personajes.
Nombre:Tn Atman.
Habilidad:Dualismo.
Arma:Brazo de Arya.
Alineacion:Avesta bueno (Blanco).
________________________________________________________________________________________- El espacio, un lugar tan vasto y hermoso…¿por qué me cautiva?¿Qué hay más allá?
¿Por qué me devuelves la mirada?No lo hagas.Deja de mirarme.
¿Por qué sigues mirándome?Detente.Basta… basta… basta….
Está bien.Si yo no puedo ver,entonces tu tampoco puedes mirarme.
— March 7th.
___________________________________________.
El Expreso Astral avanzaba por el Sendero Estelar como una aguja atravesando la tela del cosmos.
Los rieles invisibles vibraban con una cadencia antigua, y las luces del vagón principal parpadeaban con suavidad, marcando un viaje que debía ser rutinario.
Viajan por el espacio usando el Expreso Astral y el Sendero Estelar, una red de caminos galácticos que conectan mundos, utilizando tecnología como el plegamiento espacial para acortar distancias, similar a un hiperimpulsor o motores de luz para viajes interestelares.
En una de las cadenas de mano del vagón, un chico joven viajaba en silencio.
Su nombre era Tn.
No miraba por la ventana.
No lo necesitaba.
El Gran Cosmos era un mapa que ya conocía demasiado bien.
Sectores lejanos, anomalías gravitacionales, restos de civilizaciones que habían creído entender el universo… nada de eso le provocaba sorpresa.
—Ruta estable —anunció una voz mecánica desde la cabina—.
Tiempo estimado de llegada: diecisiete horas estándar.
Tn no respondió.
Entonces ocurrió.
El Expreso vibró.
No fue un impacto violento, sino una resistencia, como si algo hubiese intentado interponerse en el Sendero Estelar sin pertenecer a él.
Las luces cambiaron a un tono ámbar y un pitido grave recorrió los vagones.
—¿Qué fue eso?
—preguntó uno de los técnicos, levantándose de su asiento.
—Lecturas anómalas delante del tren —respondió otro, revisando los monitores—.
Masa sólida… enorme.
Las imágenes se proyectaron en el panel central.
Un bloque de hielo flotaba en el vacío.
Era colosal, irregular, atravesado por vetas de luz azulada que no correspondían a ningún tipo de cristal conocido.
No era raro encontrar hielo en el espacio; el cosmos estaba lleno de imposibles.
Pero ese bloque… no seguía las leyes normales.
Tn levantó la mirada por primera vez.
—Detengan el Expreso —dijo.
El silencio fue inmediato.
—¿Qué?
—respondió el jefe técnico—.
Tn, esto no está en el protocolo.
Es solo—.
—No —interrumpió él, con calma—.
No es solo hielo.
El tren redujo la velocidad hasta quedar suspendido frente a la anomalía.
Brazos mecánicos se desplegaron desde el hangar inferior y comenzaron la maniobra de recolección.
Cuando el bloque fue introducido en el hangar, el aire cambió.
Los sensores se volvieron erráticos.
El frío no descendía… se imponía.
—Esto es… imposible —murmuró uno de los técnicos al acercarse—.
La temperatura no baja, pero el hielo no se derrite.
Es como si el concepto mismo del calor no aplicara aquí.
Entonces alguien lo vio.
—¡Hay algo dentro!
Tn avanzó.
Dentro del bloque, suspendida como una figura atrapada entre segundos, había una joven.
Su expresión estaba en calma absoluta, como si no estuviera dormida ni muerta.
No llevaba ropa; no por vulnerabilidad, sino porque nada externo parecía haber sido permitido junto a ella.
—¿Está… viva?
—preguntó alguien, en voz baja.
Tn no respondió.
Alzó su brazo izquierdo y apoyó la mano sobre la superficie helada.
No sintió frío.
El hielo rechazó su contacto, no con fuerza, sino con una negación absoluta.
—Intenten retirarlo —ordenó.
Herramientas térmicas, campos de energía, vibraciones sónicas.
Nada funcionó.
El hielo no se agrietaba, no reaccionaba, no existía para los métodos conocidos.
Tn observó en silencio.
Entonces habló—Apártense.
Los técnicos dudaron, pero obedecieron.
El brazo izquierdo de Tn cambió.
El Guante de Arya despertó.
Runas antiguas recorrieron la superficie metálica y una presión invisible llenó el hangar.
El Brahmastra cobró vida, no como un arma, sino como un principio: destrucción dirigida.
—Si eso falla… —comenzó a decir un técnico.
—No fallará —respondió Tn.
El primer golpe resonó como un trueno contenido.
El segundo dejó una grieta.
El tercero hizo que fragmentos del hielo desaparecieran, no cayendo al suelo, sino siendo negados de la realidad.
Pasaron minutos.
Luego horas.
El sudor recorría el cuerpo de Tn.
Se había quitado la camisa y la había amarrado a su cintura.
Su respiración era pesada, pero constante.
Golpe tras golpe, el Brahmastra respondía.
—¿Cuánto tiempo lleva?
—susurró alguien.
—Demasiado —respondió otro—.
Nadie debería poder hacer esto.
Finalmente, Tn alzó el brazo una última vez.
—Basta —dijo.
El golpe final cayó.
El hielo se rompió.
No explotó.
Cedió, como si hubiese aceptado su derrota.
El bloque colapsó en luz y silencio.
La joven cayó suavemente al suelo del hangar, respirando por primera vez.
Y abrió los ojos.
—¿…Dónde… estoy?
—susurró, con una voz débil pero clara.
Tn la miró.
Por primera vez desde que el Expreso Astral había partido…algo había cambiado el rumbo del viaje.
Tn pidió una toalla.
—Tráiganme algo para cubrirla —dijo, sin apartar la mirada de la joven—.
Ahora.
Uno de los técnicos reaccionó de inmediato y regresó con una manta térmica.
Tn la tomó con cuidado y cubrió el cuerpo de la chica antes de levantarla en brazos.
No pesaba mucho.
Era liviana, casi demasiado, como si parte de ella aún perteneciera al hielo.
—Llamen a una enfermera —ordenó—.
Y preparen un camerino.
Que esté aislado y estable.
—Entendido.
El hangar volvió poco a poco a su ritmo normal mientras Tn se alejaba con la joven.
Sus pasos eran firmes, pero su mente estaba alerta.
El bloque de hielo había sido una anomalía; la chica, algo más.
Al llegar al camerino, la dejó con cuidado sobre la camilla y se aseguró de que la manta no se moviera.
Ella dormía.
Su respiración era lenta, regular, como si el universo le hubiese concedido una tregua tras un tiempo inconmensurable.
Tn se giró y salió sin decir una palabra más.
.
.
La enfermera entró minutos después.
Era una mujer de mediana edad, con el uniforme blanco del personal médico del Expreso Astral y una expresión profesional que no lograba ocultar cierta inquietud.
Cerró la puerta tras de sí y se acercó a la camilla.
—Veamos qué tenemos aquí… —murmuró.
La examinó con cuidado.
Una chica joven.
Cabello corto, una mezcla imposible de rosa pálido y blanco, como si ambos colores hubiesen decidido coexistir sin dominarse.
Su piel era clara, sin marcas visibles.
Sus ojos, cerrados, parecían reflejar múltiples tonos incluso a través de los párpados.
La enfermera pasó el escáner médico por su cuerpo.
—Temperatura estable… ritmo cardíaco normal… —frunció el ceño—.
Eso no tiene sentido después de… lo que sea que haya sido ese hielo.
La joven se movió ligeramente, murmuró algo inaudible y volvió a quedarse dormida.
—Tranquila —susurró la enfermera—.
Estás a salvo… por ahora.
La vistió con ropa sencilla del Expreso, ajustada para no incomodarla, y la cubrió con una manta ligera.
Luego apagó algunas luces del camerino y salió, dejando que descansara.
.
.
.
.
En la cabina principal, Tn estaba sentado, recostado contra una de las paredes metálicas.
Su brazo izquierdo descansaba sobre sus piernas.
El Guante de Arya mostraba finas fracturas a lo largo de la superficie.
Escarcha se filtraba entre las grietas, evaporándose lentamente.
Sus dedos le dolían; un dolor profundo, persistente, consecuencia de horas golpeando algo que no debía romperse.
Cerró los ojos por un momento.
—Hmph….
La puerta de la cabina se abrió.
—Tn —dijo la enfermera, entrando—.
Ya terminé el examen preliminar.
Él abrió los ojos.
—Habla.
La enfermera consultó su tableta.
—Físicamente está bien.
Demasiado bien, si soy honesta.
No hay signos de hipotermia, daño celular ni trauma externo.
Es como si el hielo… no la hubiera afectado.
—Aja ¿Y mentalmente?
No queria un peligro para los pasajeros del expreso.
La enfermera dudó.
—Ahí está el problema.
Cuando despertó brevemente, no mostró reconocimiento alguno.
No recuerda su nombre, ni su origen, ni cómo terminó en ese estado.
Amnesia.
El silencio se extendió por la cabina.
—¿Total?
—preguntó Tn.
—Todo indica que sí —asintió ella—.
Puede ser temporal… o no.
Es imposible saberlo ahora.
Algunos técnicos, que habían permanecido cerca, intercambiaron miradas.
—¿Cómo alguien termina flotando en el espacio, dentro de un bloque de hielo así?
—murmuró uno.
—Tal vez fue un arma —dijo otro—.
O una prisión.
—O ambas —añadió un tercero.
Tn se puso de pie lentamente.
—No especulen —dijo—.
Cuando despierte, le preguntaremos.
Miró su brazo una vez más, luego hacia la puerta que conducía al camerino.
—Por ahora, manténganla a salvo.
La enfermera asintió.
—¿Y… su nombre?
—preguntó—.
Necesitaremos algo para el registro médico.
Tn pensó unos segundos.
—Aún no lo tiene —respondió—.
Esperaremos.
Sin saberlo, en ese camerino silencioso,una chica sin pasado dormía…y el universo acababa de ganar una nueva grieta.
.
Bitácora de navegación.Han pasado dos días desde el incidente del bloque de hielo.
El Expreso Astral llegó a su destino programado.
Los pasajeros descendieron sin incidentes.
Se reabastecieron suministros: combustible del plegamiento espacial, víveres, piezas de reemplazo.
El viaje continúa hacia un nuevo sector.
La anomalía permanece a bordo.
La joven sigue dormida.
La enfermera continúa monitoreando signos vitales.
No hay cambios.
El hielo ya no existe, pero su presencia aún se siente en el tren.
Fin de bitácora.
.
.
.
Tres días después, la chica abrió los ojos.
La luz blanca del camerino la golpeó de inmediato.
—Ah… —gimió, llevando la manta contra su rostro—.
Duele….
Sus pupilas tardaron en adaptarse.
El mundo era demasiado brillante, demasiado nítido.
Se quedó quieta unos segundos, respirando con dificultad, hasta que una sensación incómoda la recorrió por completo.
¿Dónde estoy…?
De pronto, se incorporó de un salto.
—¿¡Qué…!?
—miró a su alrededor, con el corazón acelerado—.
¿Dónde… dónde es esto?
El camerino era pequeño, metálico, con instrumentos médicos y una camilla en el centro.
Nada le resultaba familiar.
Nada despertaba recuerdos.
La puerta se abrió.
—¡Espera!
—exclamó la enfermera, entrando apresurada al verla de pie—.
Tranquila, por favor, no te muevas tan rápido.
La chica retrocedió un paso, aferrándose a la manta.
—¿Quién es usted?
—preguntó, con la voz temblorosa—.
¿Qué me pasó?
La enfermera levantó ambas manos en señal de calma.
—No estás en peligro —dijo con voz suave—.
Mi nombre no es importante ahora.
Estás a bordo del Expreso Astral.
Fuiste rescatada y puesta en reposo aquí.
La chica la miró fijamente, como si intentara encontrar una mentira en sus palabras.
—¿Rescatada…?
—repitió—.
¿De dónde?
La enfermera dudó un instante antes de responder.
—Del espacio —dijo finalmente—.
Estabas atrapada dentro de un bloque de hielo.
Los ojos de la chica se abrieron un poco más.
—¿Hielo…?
—se llevó una mano a la cabeza—.
Yo… yo no recuerdo nada.
El pulso se aceleró.
Su respiración se volvió irregular.
—No recuerdo… no recuerdo nada… —susurró, apretándose la cabeza—.
¿Mi casa?
¿Mi nombre?
¿Yo…?
—Escúchame —la interrumpió la enfermera, acercándose y tomándola con cuidado por los hombros—.
Respira conmigo.
Inhala… exhala… eso es.
La chica obedeció, temblando.
—No estás sola —continuó la enfermera—.
Esto puede pasar después de un trauma.
Siéntate, por favor.
La guio hasta la cama.
La chica se sentó, todavía confundida, pero un poco más calmada.
—¿Cuándo… cuándo me encontraron?
—preguntó en voz baja.
La enfermera consultó su tableta.
—Fue el 7 de marzo —respondió—.
March 7th, según el calendario del Expreso.
La chica se quedó en silencio.
Repitió la fecha en su mente.
—March… 7th… —murmuró.
Levantó la mirada.
—Si no recuerdo mi nombre… —dijo lentamente—.
Entonces… ¿puedo usar ese?
La enfermera parpadeó, sorprendida.
—¿Estás segura?
La chica asintió, con una pequeña sonrisa insegura.
—Es el día en que desperté, ¿no?
—apretó la manta entre sus dedos—.
Supongo que… es un buen comienzo.
La enfermera sonrió con suavidad.
—Entonces, March 7th —dijo—.
Bienvenida de nuevo.
Sin saberlo, en ese instante,un nombre había sido creado….
Encontraron ropa nueva para ella.
No era nada sofisticado: prendas funcionales del Expreso Astral, pensadas para viajes largos y cambios constantes de entorno.
Aun así, cuando March 7th se las puso, sintió que por primera vez algo le pertenecía.
La enfermera la esperó en la puerta del camerino.
—¿Lista?
—preguntó.
March asintió con entusiasmo.
—¡Sí!
Salieron al pasillo principal.
El Expreso Astral no era un simple tren.
March lo entendió en cuanto dio unos pasos.
Los vagones se extendían en direcciones que no parecían obedecer una geometría fija.
Algunos corredores eran amplios, con ventanales que mostraban el vacío estelar; otros se abrían a salas que parecían pequeños mundos en sí mismos.
—Es… enorme… —murmuró March, girando sobre sí misma.
—El Star Rail es modular —explicó la enfermera mientras caminaban—.
Se adapta a los viajes.
Hay vagones de descanso, de observación, de trabajo, incluso espacios recreativos.
Pasaron por un salón común donde algunos tripulantes conversaban, luego por un vagón panorámico donde el cosmos se desplegaba como un mar infinito.
March se pegó al vidrio.
—¡Es increíble!
—dijo, con los ojos brillando—.
¿De verdad todo esto se mueve?
—Todo el tiempo.
March rió suavemente, como si no pudiera contener la emoción.
—¿Y… hacia dónde vamos?
—preguntó de pronto.
La enfermera miró al frente.
—Seguimos una ruta establecida —respondió—.
Un mundo lejano.
Nada fuera de lo habitual para el Expreso.
March inclinó la cabeza.
—Ya veo….
Caminaron unos pasos más.
El entusiasmo de March no disminuía; tocaba las paredes, observaba los letreros, se detenía ante cada puerta.
Entonces se giró.
—Oiga… —dijo—.
¿Y qué pasará conmigo?
La enfermera se detuvo.
—¿Contigo?
—Sí —March apretó los puños contra su pecho—.
No recuerdo nada.
No sé de dónde vengo.
No sé a dónde pertenezco.
La enfermera suspiró, eligiendo sus palabras.
—Por ahora —dijo—, puedes quedarte en el Expreso Astral.
Hasta que encontremos una forma de ayudarte a recuperar tus recuerdos… o descubrir tu mundo de origen.
March la miró en silencio.
Luego sonrió.
—Entonces… —dijo lentamente— ¿puedo quedarme aquí como si fuera una trabajadora del lugar?
—¿Una… trabajadora?
—repitió la enfermera.
—¡Sí!
—March asintió con energía—.
Puedo ayudar, aprender cosas, limpiar, organizar… lo que sea.
No quiero ser una carga.
La enfermera sintió una gota de sudor recorrerle la sien.
—March… esto no es tan simple.
—¡Lo sé!
—respondió ella con una risa nerviosa—.
Pero si voy a quedarme, quiero hacer algo, ¿no?
La enfermera la observó con atención.
Había energía.
Demasiada.
Una necesidad urgente de pertenecer.
—Lo discutiremos con la tripulación —dijo al fin—.
Por ahora, tómalo con calma.
—¡Entendido!
—March levantó la mano como si recibiera una orden—.
Haré lo mejor que pueda.
La enfermera la vio alejarse unos pasos, observando otro vagón con fascinación.
Esta chica… pensó.No sabe quedarse quieta ni siquiera cuando no sabe quién es.
Y en el corazón del Expreso Astral,March 7th comenzaba a echar raíces…sin darse cuenta de lo profundo que podían crecer.
.
Siguieron con su recorrido.
March miraba todo con atención incansable.
Cada panel, cada luz, cada sonido del Expreso Astral parecía nuevo y digno de ser recordado.
Finalmente llegaron al módulo de control, donde varios técnicos trabajaban frente a consolas holográficas.
Y allí estaba él.
Tn se encontraba apoyado junto a uno de los paneles, revisando datos en silencio.
Su brazo izquierdo aún mostraba señales de desgaste; el Guante de Arya había sido reparado de forma provisional, aunque la escarcha persistía en algunas uniones.
La enfermera aclaró la garganta.
—Aquí es donde se controla el curso del Expreso —dijo—.
Y él es quien te encontró.
March levantó la vista.
Por un instante, se quedó quieta.
—Ah… —murmuró.
Tn la miró y ladeó ligeramente la cabeza.
—Así que despertaste —dijo con voz calmada—.
Me alegra ver que estás bien.
March bajó la mirada, un poco cohibida.
—Yo… —apretó los dedos contra el borde de su chaqueta—.
Gracias.
Por sacarme del hielo.
Tn sonrió suavemente.
—Solo hice lo más rápido que sabía hacer.
La enfermera intervino:.
—Ella decidió llamarse March 7th.
March levantó la cabeza.
—Es… un nombre inventado —admitió—.
Pero al menos es mío.
Tn la observó un segundo más de lo necesario.
—Es un buen nombre —dijo—.
Y encontraremos una forma de ayudarte, March.
No estás sola aquí.
March sonrió con fuerza, como si esas palabras hubieran sido un ancla.
.
.
Los días pasaron.
March resultó ser… entusiasta.
—¡Puedo ayudar aquí!
—dijo una vez, entrando a la cocina sin permiso.
Minutos después, una alarma se activó.
—¿Por qué hay humo saliendo del horno?
—gritó un técnico.
—¡No sabía que eso no era un botón decorativo!
—respondió March desde dentro.
Otro día, decidió explorar “atajos”.
—Si sigo este pasillo… —murmuró antes de desaparecer por una compuerta.
—March, espera— empezó a decir la enfermera.
Demasiado tarde.
—¡Estoy atrapada!
—se escuchó su voz resonar por los conductos de ventilación—.
¡Pero creo que encontré algo interesante!
Tardaron casi una hora en sacarla.
La enfermera se llevó una mano al rostro, exhausta.
—Esto no puede continuar….
Esa misma tarde, le entregó algo.
—Toma —dijo, poniendo una cámara en sus manos—.
Si vas a moverte por todo el tren… al menos hazlo sin romper nada.
March la miró, sorprendida.
—¿Puedo… usarla?
—Para eso es —respondió la enfermera—.
Toma fotos.
Guárdalas.
Haz álbumes.
March sostuvo la cámara con cuidado, como si fuera algo frágil y precioso.
—Entonces… —sonrió—.
No olvidaré nada.
Y así comenzó.
Fotografió los vagones, las estrellas, a los técnicos trabajando, al Expreso avanzando por el Sendero Estelar.
Incluso tomó una foto de Tn, sin que él lo notara, concentrado en una consola.
Aquello fue lo menos destructivo que pudieron darle.
Y sin saberlo, cada imagen que March guardabaera un intento desesperado por fijar el mundo…antes de que volviera a cambiar.
.
Llegaron a su destino.
El Expreso Astral desaceleró con suavidad hasta anclarse en el Sendero Estelar que orbitaba el mundo asignado.
Las compuertas se prepararon para abrirse y los sistemas entraron en modo de reposo temporal.
March fue la primera en reaccionar.
—¿Podemos salir?
—preguntó, con los ojos brillando—.
Solo un rato.
La enfermera revisó su comunicador.
—El Expreso descansará un par de horas antes del próximo viaje —respondió—.
Podemos dar un paseo corto.
March sonrió de oreja a oreja.
—¡Sí!Ahuevo.
Antes de bajar, se acercaron a Tn, que se encontraba revisando lecturas en el módulo de control.
—¿Está bien si bajamos un momento?
—preguntó la enfermera.
Tn levantó la vista.
—Tengan cuidado —dijo—.
No se alejen demasiado del punto de anclaje.
—¡Entendido!
—respondió March, levantando la cámara—.
Prometo no meterme en problemas… grandes.
Tn exhaló suavemente, casi una risa.
.
.
March tomó muchas fotos ese día.
Fotografió el cielo del mundo desconocido, las estructuras extrañas que emergían del suelo, los reflejos de luz en la atmósfera.
Fotografió a la enfermera de espaldas, caminando con cautela.
Fotografió el Expreso Astral desde afuera, recortado contra el firmamento.
—¿Por qué tomas tantas fotos?
—preguntó la enfermera en un momento.
March no dejó de mirar por el visor.
—Porque no quiero olvidar —respondió—.
Y porque es bonito.
Regresaron al Expreso cuando el tiempo asignado terminó.
Las compuertas se cerraron.
El viaje comenzó de nuevo.
.
.
March empezó a tener una rutina.
Iba a los buffets del tren y probaba de todo, aunque a veces mezclaba sabores imposibles.
—Esto… no combina —dijo un técnico, mirando su plato.
—¿Seguro?
—respondía March, masticando—.
A mí me gusta.
Paseaba por todo el Expreso, se detenía en el vagón panorámico y tomaba fotos del espacio profundo.
Luego volvía a su habitación y colgaba las imágenes en las paredes, organizándolas en álbumes.
Para ella, eran fotos normales.
Para alguien más observador… no lo eran.
En algunas imágenes, las nebulosas parecían rostros mirando de vuelta.
En otras, estructuras de gas y polvo formaban figuras alargadas, como manos extendidas.
Había tomas donde el vacío parecía demasiado oscuro, demasiado profundo, como si algo hubiera sido eliminado del encuadre.
Un técnico se detuvo una vez frente a una de las fotos, visible desde el pasillo.
—¿Eso… qué es?
—murmuró.
La enfermera se acercó y frunció el ceño.
—Es solo una nebulosa —dijo, aunque su voz no sonó del todo convencida.
La imagen recordaba a una calavera.
O a un ojo abierto.
—Da escalofríos —añadió el técnico.
Dentro de la habitación, March pasaba las páginas de un álbum, sonriendo.
—Esta salió bien —dijo para sí misma—.
El espacio se ve muy tranquilo aquí.
Tranquilo.
Para March, el cosmos no era hostil ni solitario.
Era simplemente… normal.
Y en esa normalidad inquietante,el universo comenzaba a reflejarse en sus ojosde una forma que pocos podían soportar.
.
.
Fotos.
Ese era su pasatiempo.
A veces, March volvía a la enfermería junto a la enfermera y pasaba el rato allí, sentada en una silla giratoria, balanceando las piernas mientras observaba cómo se revisaban monitores y se organizaban medicamentos.
—¿No te aburres aquí?
—preguntó la enfermera una vez, sin levantar la vista de una tableta.
—No —respondió March, sonriendo—.
Me gusta.
Es tranquilo… y bueno ya recorri el expreso varias veces.
La enfermera alzó una ceja.
—Eres la primera persona que dice eso.
March rió bajito.
.
.
Otras veces, caminaba hasta el Centro de Mando.
Siempre llevaba algunas golosinas en los bolsillos: caramelos, barras dulces, cosas que recogía del buffet.
Cuando llegaba, se detenía un segundo en la entrada, acomodándose la ropa, respirando hondo.
Tú puedes, se decía.
Tn solía estar frente a las consolas, revisando datos del viaje.
—Hola… —decía March, con un gesto tímido.
Tn giraba la cabeza.
—Hola, March.
Ella se acercaba despacio y dejaba las golosinas sobre el panel.
—Pensé que… quizá te gustaría algo dulce.
—Gracias —respondía él, con una leve sonrisa—.
¿Cómo te sientes en el Expreso?
March se sentaba a su lado, sin invadir su espacio, y comenzaba a comer en silencio.
—Me gusta —dijo tras unos segundos—.
Es grande… pero no se siente vacío.
Tn asintió.
—Eso es importante.
A veces no hablaban más.
March se limitaba a estar allí, masticando despacio, mirando las luces de los paneles.
No le molestaba el silencio.
—Entonces… —decía al final—.
Me iré a mi habitación.
—Descansa —respondía Tn—.
Y no te pierdas.
—No lo haré —sonreía ella.
.
.
De camino, siempre tomaba fotos.
Pasillos largos, ventanales abiertos al espacio, luces reflejadas en superficies metálicas.
Fotografías normales.
Nada raro.
No era extraño que algunas estrellas parecieran tener protuberancias, lenguas de fuego extendiéndose en el vacío.
No era extraño que algunas partículas se movieran más rápido de lo que deberían, cruzando el campo visual como destellos breves.
—El espacio es así —murmuraba March, ajustando el enfoque—.
Siempre se mueve.
Miles de kilómetros por hora.
Fragmentos diminutos capaces de atravesar metal.
Un entorno donde cualquier falla podía ser catastrófica.
Para quienes realizaban caminatas espaciales, el vacío era un precipicio sin fondo en todas direcciones.
March tomaba una foto.
—Bonito —decía, revisando la imagen.
En una de ellas, algo parecía estirarse demasiado.
En otra, una sombra no correspondía a ninguna fuente de luz.
En una más, el fondo parecía demasiado profundo, como si faltara algo.
Pero eran solo fotos.
March llegaba a su habitación, colgaba las nuevas imágenes junto a las demás y se recostaba en la cama.
—Hoy fue un buen día —susurraba.
Y mientras el Expreso Astral avanzaba,ella seguía capturando el universo tal como lo veía:sin miedo,sin sorpresa,como si siempre hubiese pertenecido a él.
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