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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 232

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  4. Capítulo 232 - 232 Echidna re zero
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232: Echidna re zero 232: Echidna re zero Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.

Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.

“Bailen, pues toda la creación no es más que un escenario que he preparado para mi diosa, mientras que ustedes son meros actores obedeciendo el guión”.

Nombre:Tn kraft.

Bendicion:Eterna recurrencia.

Asociación:Caótica sádica.

Magia:ying.

Autoridad:Eterna neutralidad (Incapaz de actuar o cambiar aspectos que puedan influir en la obra ya escrita del regente).

Y bueno este tn les diré que no es pacifista,parece tranquilo pero ufffff lo que se viene, pero no confunda crueldad con descortesia..

____________________________________________________________________— Caminar por los pueblos desolados no era algo rutinario.

No porque fuera raro, sino porque normalmente evitaba esos lugares: no había nada nuevo en la muerte repetida.

Sin embargo, ahí estaba, avanzando entre casas partidas como huesos viejos, con el olor a sangre seca y miasma impregnando el aire.

—Hm… —murmuró—.

Esto sí fue reciente.

Los símbolos torcidos en las paredes no dejaban dudas.El Culto de la Bruja había pasado como una carcajada mal escrita.

Un crujido débil llamó su atención.

Tn se detuvo y giró el rostro apenas un poco, como si ya supiera lo que encontraría.

Apartó los escombros con una mano, sin prisa, hasta descubrir a una mujer atrapada bajo una viga rota.

Su respiración era irregular, su pierna… irreparable.

Aun así, seguía consciente.

Sus ojos se abrieron de par en par al verlo.

—A… ayuda… —susurró, con la voz rota—.

Por favor….

Tn se arrodilló frente a ella.

Su expresión era tranquila, casi amable.

Extendió la mano y, con una delicadeza impropia del lugar, acarició la mejilla manchada de polvo.

—Oh… qué pena —dijo con cortesía—.

Tu pierna está destrozada.

Has perdido demasiada sangre.

Y ese olor… —inclinó un poco la cabeza—.

Sí, definitivamente estás maldecida.

Los labios de la mujer temblaron.

—P-pero… si sabes eso… puedes… ¿verdad?

Tn sonrió.

No con crueldad.

No con bondad.Con interés leve.

—Puedo —respondió—.

Pero no gratis.

Ella tragó saliva.

—¿Qué… qué precio…?

—Algo interesante —contestó él, sin cambiar el tono—.

Eso es todo.

La mujer parpadeó, confundida.

—No… no tengo dinero… mi familia… todo….

—No busco dinero.

Sus ojos recorrieron el cuerpo herido sin deseo alguno.

—Y no —añadió—.

Tampoco busco eso.

Ella respiró con dificultad, la desesperación aflorando.

—Entonces… ¿qué…?

Tn retiró lentamente la mano de su mejilla.

—Eso es precisamente el problema —dijo—.

No tienes nada.

La esperanza se quebró en el rostro de la mujer.

—Por favor… no quiero morir….

—No querer no es una moneda válida —respondió con suavidad—.

Y suplicar… suele ser terriblemente aburrido.

Algo carmesí salpicó su mejilla.

No fue un golpe.No fue un hechizo visible.

Simplemente, la vida dejó de estar ahí.

El cuerpo bajo los escombros se deshizo, como si nunca hubiera sido humano.

En su lugar, una serpiente blanca, translúcida, se retorció un instante antes de quedar inmóvil.

Tn se levantó, observándola.

—Hm.

Maldición residual convertida en forma —comentó—.

Nada nuevo.

Se limpió la mejilla con el dorso de la mano.

—Bueno… a seguir con mi camino.

..

El paisaje no mejoró con los pasos.Ruinas, caminos vacíos, miradas invisibles.

El Reino Dragón de Lugunica se extendía ante él como un tablero demasiado vigilado.

Caballeros Reales, facciones de la Selección Real, espíritus atentos… y, por encima de todo—.

—Reinhard —dijo Tn en voz baja, con una sonrisa ladeada.

No era miedo.Era fastidio.

—No es que no pueda contigo —añadió—.

Es que eres… imposible de matar.

Qué concepto tan molesto.

Giró levemente el rumbo.

—Y no pienso vagar cerca del Culto —continuó—.

No hoy.

Capella Emerada Lugunica cruzó su mente, y dejó escapar una risa breve.

—Aww… esa joven era encantadora.

Una pena que probablemente me mataría en pleno acto de apareo.

Suspiró.

—Qué mundo tan poco considerado conmigo.

El viento cambió.El miasma se volvió… distinto.

Tn se detuvo.

—Ah….

Sus ojos se entrecerraron, no por amenaza, sino por curiosidad auténtica.

—Esto sí es interesante.

En algún lugar, más allá del Santuario, alguien observaba.

Y por primera vez en mucho tiempo, Tn Kraft sintió que el aburrimiento… podía romperse.

.

.

El Santuario fue creado por la Bruja de la Avaricia, Echidna, como un refugio seguro para los semihumanos.Un lugar donde el mundo exterior no podía alcanzarlos, donde el odio de las razas se detenía ante una barrera invisible.

El clan Oni, entre muchos otros, había encontrado allí un hogar… y una jaula.

Un experimento envuelto en buena intención.

Curioso.

Desde el interior del Castillo de los Sueños, la omnisciencia de Echidna pareció retraerse, como si algo no encajara del todo.

—Qué extraño… —murmuró ella, apoyando la mejilla sobre su mano enguantada.

El nombre flotó en su mente.

Tn Kraft.

No aparecía en los registros relevantes.No en los libros de sabiduría.No en las profecías que valían la pena.

No era un héroe.No era un Arzobispo.No era una pieza notable del tablero.

—Y, sin embargo… —sus labios se curvaron en una sonrisa tenue— no estás vacío.

…

Tn Kraft no tenía fama en ninguno de los reinos.

Ni en el Reino Dragón de Lugunica, con sus Caballeros Reales y su ridícula Selección Real.Ni en el Imperio de Vollachia, donde la guerra era idioma materno.Ni en Kararagi, donde todo podía comprarse.Ni en Gusteko, donde incluso la fe se congelaba.

Era un vagabundo.

Bueno… casi.

—Técnicamente —murmuró mientras caminaba por el sendero boscoso— sigo siendo noble.

Soltó una risa baja.

—Lamentable.

La sangre noble que compartía con cierta candidata real lo convertía en un problema diplomático andante.

Un primo lejano de la familia de Priscilla Barielle.

—Mi querida prima… —dijo con fingida dulzura—.

Una perra.

Ese era el mejor insulto que tenía para ella.

No porque no hubiera otros… sino porque ese era el más honesto.

Priscilla Barielle: arrogante, orgullosa, convencida de que el mundo existía para entretenerla.

Bendecida por una suerte absurda y peligrosa.

Una estratega brillante cuando quería, y una tirana caprichosa siempre.Y muy conocida por causar la muerte de sus esposos.

—Salir del reino sería… molesto —reflexionó—.

Demasiadas hachas apuntando a mi cuello por asuntos de sangre.

Suspiró.

—Y Vollachia no está de humor para forasteros interesantes.

-Hump?.

El sendero se abrió.

Frente a él, el Santuario.

La barrera se percibía incluso antes de verse: una presión suave, constante, como un pensamiento ajeno empujando contra el propio.

—Ah… —murmuró Tn, ladeando la cabeza—.

Así que aquí escondiste a los tuyos.

Una risa tranquila escapó de sus labios.

—Bruja de la Avaricia… siempre tan considerada.

Un grupo de semihumanos lo observaba desde la distancia.

Ojos cautelosos.

Manos cerca de armas improvisadas.

Uno de ellos, un anciano con cuernos cortos, dio un paso al frente.

—Forastero —dijo con voz áspera—.

No eres bienvenido aquí.

Tn levantó ambas manos despacio, en un gesto pacífico.

—No busco problemas —respondió con cortesía—.

Solo… curiosidad.DIgamos que me gutaria probar mi suerte en el santuario.

—La curiosidad mata —escupió otro.

—Solo a los aburridos —corrigió Tn con suavidad.

El anciano frunció el ceño.

—¿Qué quieres?

Tn miró la barrera.

Luego, al cielo.

Luego, a la aldea.

—Ver —contestó—.

Pensar.

Tal vez conversar.

Sus ojos brillaron, apenas.

—Y si tengo suerte… encontrar algo interesante.

Desde el Castillo de los Sueños, Echidna rió en silencio.

—Así que vienes a mi jardín sin invitación… —susurró—.

Qué descortés.

Y aun así, no pudo apartar la mirada.

Por primera vez en siglos, algo no estaba escrito del todo.

Y eso…eso le encantó.

.

.

El líder de la aldea acompañó a Tn hasta la casa del jefe.El interior era sencillo, pero limpio.

Madera bien cuidada, amuletos colgados en las paredes, símbolos de protección gastados por el tiempo.

Le sirvieron té caliente en una taza de cerámica sin adornos.

—Gracias —dijo Tn, tomando la taza con ambas manos.

Dio un sorbo lento y dejó escapar un suspiro satisfecho.

—Ah… es grato refrescar la garganta de vez en cuando.

El jefe de la aldea, un semihumano de rostro curtido y cuernos oscuros, lo observaba con atención.

—Forastero —dijo finalmente—.

¿Qué hace exactamente en nuestra aldea?

Tn inclinó un poco la cabeza.

—Caminar —respondió—.

Pensar.

Y ahora… beber té.

El jefe no sonrió.

—Estas tierras están bajo el cuidado del noble Roswaal L.

Mathers, mago principal de la Corte Real.

Tn cerró los ojos.

—Ah… ese Roswaal.

Abrió uno apenas, con diversión leve.

—Un hombre con un gusto… muy particular por el maquillaje.

Recordaba bien aquellas reuniones obligatorias, los salones cargados de política inútil, y esa sonrisa pintada que no alcanzaba los ojos.

—Lo he visto antes —añadió—.

Más de una vez.

El jefe entrecerró los ojos.

—Entonces entiende que no podemos permitir que cualquiera….

—Quiero tomar las Pruebas del Santuario —interrumpió Tn con calma.

El silencio cayó como una piedra.

—¿Qué…?

—murmuró uno de los ancianos presentes.

El jefe lo miró con abierta desconfianza.

—Las Pruebas solo pueden ser tomadas por semihumanos.

—Qué restricción tan… encantadora —respondió Tn—.

Aun así, deseo intentarlo.

—¿Y por qué deberíamos permitirle vagar por nuestra aldea?

Tn bajó la mirada.

El reflejo en el té devolvía su propio rostro… y algo más.

Fastidio.

El aire se volvió pesado.

Una serpiente blanca emergió como un susurro del suelo, silenciosa, elegante… letal.

En un parpadeo, se enroscó alrededor del cuello del jefe de la aldea.

—¡¿Q-qué…?!

Los guardias reaccionaron tarde.

—No —dijo Tn, sin levantar la voz.

La serpiente apretó.

—Lamentablemente —continuó—, la paciencia no es algo que tenga en abundancia.

El jefe se retorció, los ojos desorbitados, sin poder emitir sonido.

—No haré nada más que entrar al Santuario —añadió Tn—.

Ver a tan famosa bruja.

Y marcharme.

La serpiente se disipó como humo.

El cuerpo del jefe cayó al suelo, inconsciente… o algo peor.

Tn dejó la taza de té sobre la mesa con cuidado.

—Gracias por la hospitalidad.

Se dio la vuelta y salió de la casa sin mirar atrás.

Nadie se atrevió a detenerlo.

..

El camino hacia el Santuario era corto.

Demasiado.

La arquitectura lo decepcionó de inmediato.

—Feo —comentó—.

Muy feo.

Observó las estructuras simples, funcionales, sin grandeza.

—Para alguien con tanto ego, esperaba algo más… gótico.

Aun así, entendió el propósito.

—Simplicidad para no distraer del experimento.

Frente a él, el lugar donde se realizaban las Pruebas.

Tres juicios mágicos:.

Superar el pasado.Aceptar el presente.Enfrentar el futuro.

Diseñados para los semihumanos.Para quebrarlos… o liberarlos.

Tn respiró hondo.

—Veamos qué consideras digno de ser mostrado.

Sus ojos se abrieron.

—Bruja de la Avaricia.

Desde el Castillo de los Sueños, Echidna sonrió.

—Así que has llegado… —susurró—.

Muéstrame qué eres.

El mundo se oscureció.

Y el pasado comenzó a abrirse.

.

Su pasado.

No había gritos.No había cadenas.No había sangre derramada con arrepentimiento.

Tn observó.

Un niño de mirada curiosa hojeando libros demasiado grandes para sus manos.El mismo niño, días después, diseccionando pequeños animales con la misma atención con la que otros juegan.Bestias menores abatidas no por necesidad, sino por comprensión.

—Hm… —murmuró—.

Sí, era raro.

No sintió vergüenza.

Fue criado en una casa noble en las afueras del Reino de Lugunica.

Grande, silenciosa.Sus padres eran sombras.

Presencias administrativas, no afectivas.

—Apenas los recuerdo —dijo, observando la escena—.

Supongo que eso dice suficiente.

Luego apareció ella.

Priscilla.

Joven, despampanante, irritantemente viva.

—Qué mujer tan molesta y bulgar —comentó—.

Incluso entonces.

La escena se desvaneció.

No hubo reproche.No hubo negación.

La Prueba no encontró nada que romper.

El mundo tembló.

.

El presente se abrió como un espejo cruel.

Actos repudiables.Manipulaciones suaves.Muertes innecesarias.Ayudas ofrecidas solo cuando resultaban beneficiosas.

Una mujer salvada… a cambio de algo.Un pueblo ignorado… porque no ofrecía nada nuevo.Una vida destruida… por aburrimiento.

Tn observó todo con atención crítica.

—Sí —asintió—.

Eso también soy yo.

No apartó la mirada.

—Ayudas si eso te ayuda.

Nada es gratis.—Si son corteses contigo, tú eres cortés.—Si no… bueno.

La Prueba esperó culpa.

No la encontró.

—No hay problema aquí —dijo con calma—.

Esto funciona.

El espejo se resquebrajó.

.

Y entonces….

El futuro.

—Ah… —susurró Tn—.

Veamos qué absurdo has preparado.

El mundo cambió.

Cielo azul.Un prado verde interminable.Calma.

Él estaba allí.

Sonriendo.

—…no.

En sus brazos, una niña.

Cabello blanco.Orejas de elfo.Ojos tranquilos.

—¿Qué…?

—su voz se quebró apenas—.

No.

La niña rió.

—Papá.

Su omnisciencia… se apagó.

No pudo ver más allá de ese instante.

No pudo analizarlo.

No pudo huir.

—Esto es… espantoso —murmuró—.

¿Yo?

¿Feliz?…..Familia.

Que mierda es esa.

Quien carajo pediria una familia.Ser soltero y libre era lo mejor que se podia pedir.

Si regresabas a casa no tenias a una mujer quejandoce,si querias fornicar no tenias que estar pidiendolo si, simplemente podrias pagar por el.

El mundo insistía.

El calor en su pecho era real.El peso de la niña, real.

—¿Dónde diablos me veo yo haciendo esto…?

El rechazo fue instintivo.

Su propia mano atravesó su costado.

—Despierta.

La sangre cayó al suelo.

Pero no hubo suelo.

.El escenario no se rompió.

La sangre se absorbió en un prado verde, extenso, infinito.

Tn retiró el brazo con un gesto seco y comenzó a curarse, el maná yin envolviendo la herida con precisión clínica.

—Eso no era una ilusión común —dijo, respirando hondo—.

Eso era… una posibilidad.

Una risa suave resonó.

—Correcto.

Ante él, sentada sobre la hierba como si siempre hubiera estado allí, Echidna lo observaba con interés absoluto.

—Fallaste —dijo ella—.

Y aun así… pasaste.

Tn la miró.

—Ese futuro era inaceptable.

Echidna sonrió.

—¿Porque te hacía débil?

—Porque me hacía feliz.

El silencio se tensó.

—Curioso —respondió ella—.

La mayoría teme al dolor.

Tú temes a la plenitud.

Tn entrecerró los ojos.

—No juegues conmigo, bruja.

—No estoy jugando —replicó con dulzura—.

Estoy observando.

Se levantó, caminando a su alrededor.

—Tres Pruebas.

Pasadas sin esfuerzo.—Sin arrepentimiento.—Sin negación.—Y con rechazo absoluto a un futuro… humano.

Se detuvo frente a él.

—Dime, Tn Kraft —susurró—.

¿Qué eres exactamente?

Tn la miró fijamente.

—Alguien que no debería ser padre.

Echidna rió, encantada.

—Entonces —dijo—, qué irónico.

El prado pareció latir.

—Porque acabas de mostrarme lo único que no puedes aceptar.

Y eso….

—Es infinitamente interesante.

.

Tn observó a la mujer frente a él.

La llamó bruja de forma instintiva.No como insulto.Como clasificación.

Así que esa era Echidna.

El entorno había cambiado sin que él lo notara.

Ya no estaban en el prado infinito, sino ante una mesa refinada, elegantemente dispuesta.

Un florero con flores blancas sin aroma.

Tazas de té delicadamente trabajadas.

Una sombrilla proyectando sombra perfecta, ni un centímetro fuera de lugar.

—Siéntate —dijo Echidna con una sonrisa tranquila.

No fue una orden.Fue una cortesía envenenada.

Tn la aceptó.

—Gracias —respondió, tomando asiento—.

Siempre es agradable conversar sin necesidad de violencia inmediata.

Ella sirvió el té con movimientos precisos.

—Por favor.

Tn observó el líquido oscuro un instante antes de probarlo.

Dio un sorbo pequeño, medido.

—Hm… —comentó—.

El sabor es… peculiar.

Echidna apoyó la mejilla en su mano.

—Me alegra que lo notes —dijo—.

Está hecho con mis propios fluidos.

La mano de Tn tembló.

Fue mínimo.Casi imperceptible.

En su mente se desplegaron dos opciones claras:.

Arrojar la taza.

Golpearla.

Ambas rápidas.

Ambas satisfactorias.

Pero entonces….

—Maldición —murmuró.

La cortesía.

Ese viejo vicio.

Bien iba a usar el mismo juego.

Tn alzó la taza y, sin apartar la mirada de Echidna, bebió el té de un solo trago.

—Interesante —dijo con voz firme—.

Entonces, supongo que me gustaría probar la fuente~.

El silencio fue absoluto.

Echidna parpadeó.

Luego… se sonrojó.

—Oh mi~ —rió suavemente—.

Eres el primero que responde algo así.Que audas~.

Cruzó las piernas con naturalidad, evaluándolo.

—Debo admitir que es encantador.

Y por un momento… tentador.Seria facil abrir las piernas y dejarte beber de la fuente.

Se inclinó un poco hacia delante.

—Pero no será hoy.

Ambos sonrieron.

No con deseo.Con cálculo.

Dos serpientes midiéndose.

Echidna tomó su propia taza.

—Este té es mágico —explicó—.

Único.

Dio un sorbo.

—No por el sabor.

Es… insípido para la mayoría.

Pero permite algo especial.

El aire se volvió denso.

—Quien lo bebe puede experimentar visiones, recuerdos míos, fragmentos del mundo tal como yo los percibo.

Es una forma… elegante de compartir información.

Tn frunció el ceño.

—Compartir poder —corrigió.

Ella sonrió, satisfecha.

—Exactamente.

Se levantó y comenzó a caminar alrededor de la mesa.

—Es una vía segura para acercarse a la Autoridad de la Avaricia.

Para explorar conocimiento a una velocidad absurda.

Se detuvo detrás de él.

—Y tú… lo soportaste sin vomitar.

Tn cerró los ojos un instante.

—He probado cosas peores querida~ —respondió—.

Y he visto más.

Echidna rió, genuinamente divertida.

—Lo sé.

Se inclinó, susurrando cerca de su oído.

—Por eso eres interesante.

Tn abrió los ojos.

—Y tú eres peligrosa.

Ella volvió a su asiento.

—Entonces estamos de acuerdo.

El té se enfrió.

Pero el interés…solo crecía.

Echidna ladeó la cabeza, apoyando el codo sobre la mesa.

—Entonces —dijo con tono curioso—, dime.

¿Qué deseas saber, Tn?

Él no respondió de inmediato.

Observó el té, ya frío, como si aún pudiera ocultar respuestas en su superficie.

—Cómo terminaste aquí —dijo al fin—.

Muerta.

El silencio fue distinto esta vez.

No tenso.Pesado.

Echidna cerró los ojos un instante.

—Hace unos cuatrocientos años —comenzó—, morí a manos de Satella, la Bruja de la Envidia.

Abrió los ojos.

—O, para ser más precisa… mi cuerpo murió.

Tn no interrumpió.

—Las demás Brujas del Pecado no tuvieron tanta suerte.

La mayoría no fueron asesinadas directamente.

Fueron devoradas por el miasma de Satella.

Echidna sonrió, sin alegría.

—Yo logré algo distinto.

Anclé mi alma al Reino de los Sueños.

Este lugar.

El Castillo.

Hizo un gesto amplio.

—Satella no solo mató a las otras brujas.

Las consumió.

Sus almas siguen con ella… atrapadas en un collar de cristal.

Los dedos de Echidna se cerraron lentamente.

—Puede permitirles manifestarse en su reino onírico, pero no son libres.

Tn alzó una ceja.

—Interesante colección.

—No es momento de mostrártelo —respondió Echidna con suavidad, como si hubiera leído el pensamiento.

Tn asintió.

—Satella es peligrosa —concluyó—.

Más de lo que la historia admite.

Echidna lo miró con atención renovada.

—Hay algo que no entiendo —dijo Echidna, inclinándose hacia delante—.

No puedo ver gran parte de tu esencia.

Sus ojos brillaron con auténtica curiosidad.

—Es… difusa.

Fragmentada.

Como si no perteneciera del todo a este mundo.

Tn sonrió apenas.

—Mi conexión con la magia es distinta.

—¿Distinta cómo?

Él se encogió de hombros.

—No sabría explicarlo.

Y aunque sí sabía…no pensaba hacerlo.

Echidna lo observó unos segundos más.

Luego rió.

—Ya veo.

Así que este es el juego.

Se recostó en la silla.

—Me gusta.

Pero entonces su sonrisa cambió.

Más afilada.

—Aunque hay algo que debes entender, Tn.

Chasqueó los dedos.

—Por más conocimiento que poseas… yo tengo cuatrocientos años de experiencia manipulando mentes, contratos y deseos.

El aire vibró.

—Y ahí —continuó— está mi ventaja.

Que mejor forma de manipular que usar el propio orgullo.

Un pergamino apareció sobre la mesa, desplegándose solo.

Runas finas, densas, casi vivas.

—Te propongo un trato —dijo Echidna—.

Yo me encargaré de satisfacer tu aburrimiento.

Tn la miró fijamente.

—Y tú te encargarás de recibir algo a cambio —respondió.

—Exacto —asintió—.

Tu poder.

Tu forma de ver el mundo.

Tu… omnisciencia.

El pergamino brilló.

—No todo de golpe, por supuesto.

Sería ineficiente.

Tn tomó el contrato.

Lo leyó.

Una vez.Dos veces.

Había demasiadas cláusulas.

Algunas escritas de forma tan elegante que rozaban la trampa conceptual.

—Hm —murmuró—.

Curioso.

No veo nada directamente perjudicial.

Echidna sonrió con dulzura.

—Las mejores cláusulas nunca lo son.

Tn dejó el pergamino sobre la mesa.

—Además —añadió—, este tipo de contrato debería hacerse con más… formalidad.

—Oh —respondió Echidna—, por supuesto.

Se inclinó hacia él, sus ojos brillando con avaricia pura.

—Pero dime, Tn….

Hizo una pausa.

—¿No te intriga saber qué podría descubrir yo… si tuviera acceso a ti?

El Castillo de los Sueños pareció contener la respiración.

El trato aún no estaba sellado.

Pero ambos sabían algo:.

Ninguno pensaba retirarse.

.

.

.

El Santuario brilló.

No con luz cálida, sino con un resplandor pálido, antinatural, como si la realidad hubiese aceptado a regañadientes lo que acababa de ocurrir.

Tn salió caminando con calma.

Una joya —blanca, pulida, con vetas imposibles— colgaba ahora de su cuello.

No pesaba.

No irradiaba magia evidente.

Era… discreta.

Sonrió.

—Hmph.

¿Eso es todo?

Avanzó entre las construcciones simples de la aldea, ignorando las miradas nerviosas de los semihumanos que evitaban cruzar ojos con él.

—Cualquier trampa que intente tenderme esa bruja… —murmuró— puedo destruirla.

El viento movió suavemente su abrigo.

—Al fin y al cabo, el poder es mío.

No sintió cambios.No mareo.No pérdida.Nada.

Y eso, precisamente, era lo peligroso.

..

En el Reino de los Sueños, Echidna reía.

No una risa suave.No una risa elegante.

Era una risa extasiada.

—Oh mi oh mi~… maravilloso.

Sostenía el contrato entre sus dedos, girándolo como si fuera una pieza de porcelana.

—Realmente maravilloso.

Lo dobló una vez.Luego otra.

Las letras se movieron.

Los párrafos, antes dispersos, comenzaron a alinearse.

—El orgullo —susurró— siempre es la mejor llave.

Sus ojos brillaban con avaricia pura.

—“Yo le otorgaré conocimiento.” —leyó en voz alta—.

Y lo haré.

El contrato volvió a doblarse.

—“Pero a cambio…” —sonrió— “…obtendré su omniciencia y su poder.”.

El pergamino tembló, satisfecho.

—En teoría —continuó Echidna—, Tn Kraft está completamente indefenso si yo lo deseo.

Se llevó una mano al pecho.

—Qué delicia.

No lo había engañado.Solo había dejado que él se engañara solo.

..

Tn caminaba fuera de la aldea.

El camino de tierra crujía bajo sus botas.

—Nada —murmuró, frunciendo el ceño—.

No siento absolutamente nada distinto.

Tocó la joya con dos dedos.

—¿Eso es todo lo que tienes, Echidna?

No hubo respuesta.

Pero el contrato existía.

Y eso le bastaba.

—Puedo preguntarte lo que quiera ahora —dijo en voz alta—.

Cuando tenga curiosidad.

El bosque se abrió ante él.

—Y tú solo… responderás.

Sonrió, satisfecho.

—Buen trato.

La joya brilló apenas, imperceptible.

Horas después, el paisaje familiar del territorio Kraft apareció en el horizonte.

—Casa —dijo Tn con desinterés—.

Al fin.

Suspiró.

—Y lo único que me espera es….

Chasqueó la lengua.

—Mi querida prima.

Priscilla Barielle.

—Seguro querrá algo.

Siempre quiere algo.

Recordó su sonrisa altiva, su voz cargada de desprecio elegante.

—“El mundo gira a mi favor”, ¿eh?

—murmuró—.

Qué fastidio.

Se llevó una mano a la frente.

—Al menos ahora tengo una bruja a la que consultar cuando me aburra.

La ironía no lo tocó.

Aún.

..

En el Reino de los Sueños, Echidna observaba un reflejo de Tn alejándose.

—No sentirás nada al principio —susurró—.

La omniciencia no se quita… se desplaza.

Alzó una taza de té.

—Un pensamiento aquí.—Una intuición allá.

Bebió.

—Hasta que un día mires el mundo… y ya no sepas si esa idea fue tuya.

Sonrió.

—Y cuando lo notes….

La joya en el cuello de Tn pulsó una vez.

—Ya será demasiado tarde.

__________________________________________________________.

Bien para la trama con Echidna la mujer solo quiere el conocimiento no importa de que forma, que mejor que darle algo que podría tener toda información y veamos a donde llegan estos dos loquitos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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