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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 233

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  4. Capítulo 233 - 233 Seed proxy Zenless zone zero
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233: Seed proxy Zenless zone zero 233: Seed proxy Zenless zone zero Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.

Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.

_________________________________________.___________________________________ No puedo ver.

No es oscuridad.La oscuridad tiene peso, tiene forma.Esto es… nada.

—¿Por qué no puedo ver…?

Mi voz sale rota, como si no me perteneciera.

La garganta arde, seca, cada palabra raspa por dentro.

Trago saliva y apenas consigo hacerlo.

—¿Qué… qué es ese sonido…?

Un pitido constante, irregular.

Cerca.

Demasiado cerca.

Late al mismo ritmo que algo dentro de mi pecho.

—Trigger… Orphie… capitana Magnus….

No hay respuesta.

Intento moverme.Nada.

No siento las piernas.No siento los pies.Ni siquiera siento el vacío donde deberían estar.

Hay voces.

A mi derecha.

A mi izquierda.

No puedo ubicarlas bien.

—…el fiasco de la misión fue total.—El Grand Hollow no estaba en los registros.—Apareció de la nada.

Aprieto la mandíbula.

O lo intento.

—¿Mi… escuadrón…?

No me responden.

Siguen hablando, como si yo no estuviera despierta.

—El chico de la secta Yunkui…—Sí.

Se sacrificó.

Dios hubieras visto la escena; estaba hecho pedazos, apenas era reconocible.—Se llevó al Grand Hollow con él.

El pitido se acelera.

Mi respiración también.

—¿Y la chica de cabello azul?

—Belle según la identificación que dio.

Está fuera de la sala de autopsias.

—No ha dejado de llorar desde que confirmaron las bajas.

La palabra me atraviesa.

—Seguridad Pública vendrá a revisar el informe.

—Quieren saber el coste real del Escuadrón Obol.

—Personal, equipamiento… todo.

Coste.

Algo caliente resbala por el costado de mi cara.

No sé si es sangre.

No sé si estoy llorando.

—…espera.

Siento algo moverse cerca.

Una presencia se inclina sobre mí.

—Agente Seed.

Una luz blanca atraviesa mis párpados cerrados.

Duele.

Mucho.

—¿Puede oírme?

Gimo.

Mi garganta apenas responde.

—¿Cuántos dedos ve?

—No… veo… nada….

La luz se mueve de un lado a otro.

—Reacción pupilar mínima.

—Daño severo, pero no total.

Respiro hondo.

O lo intento.

—¿Dónde… están… ellos…?

El silencio dura apenas un segundo.

Pero lo siento eterno.

—Está en el Gran Hospital Central de Nueva Eridu —dice al fin—.

Está a salvo.

—Mi… escuadrón….

Otra pausa.

Esta es más larga.

Más pesada.

—Agente, necesita descansar.

—Hablaremos cuando esté más estable.

—No….

La palabra sale como un hilo.

—Dígame.

El médico suspira.

Lo oigo claramente.

—Francotirador:Trigger sufrió daño ocular irreversible… y pérdida auditiva severa.—Teniente:Orphie quedó incapacitada.

No podrá volver al servicio activo.—La capitana Magnus….

Se detiene.

No necesito que termine.

—Murió en el lugar —dice al final.

El pitido se vuelve ensordecedor.

Todo el cuerpo se tensa, menos aquello que ya no siento.

—Y usted… —continúa—.

El daño en la cadera y la columna inferior es extenso.

No hay garantías de recuperación motora.

—¿Caminar…?

No responde de inmediato.

—Lo siento.

Cierro los ojos que no ven.

Aprieto los dientes.

—¿Seed Sr.…?

Silencio otra vez.

—El constructo quedó destruido —dice con voz baja—.

No se pudo recuperar el núcleo.

Algo se rompe dentro de mí.

No explota.

No grita.

Simplemente… se apaga.

—Es mejor que duerma ahora —añade—.

Su cuerpo necesita recuperarse.

Siento una mano en mi brazo.

Algo frío entrando en la vena.

—Desc… cansar….

La palabra se disuelve.

Mientras la anestesia me arrastra, una idea se queda flotando, clara y afilada:.

El Escuadrón Obol no falló.Fue sacrificado.

Y yo…Yo sobreviví.

Sin piernas.Sin ojos que vean el futuro.Sin nadie que me reclame.

El pitido se aleja.Luego… nada.

.

.

.

Las horas pasaron, y con ellas llegó la junta de altos mandos de Seguridad Pública.

Todo se fue al carajo con esa misión.

—No es solo Obol —dijo una voz grave en la sala—.

Cada día es más difícil explorar cavidades para extraer éter.

Los Hollows están creciendo más rápido de lo que podemos mapear.

Un holograma mostró sectores de la ciudad marcados en rojo.

—Un Grand Hollow ya es motivo de evacuar un distrito completo —añadió otra ejecutiva—.

Y hemos tenido tres avistamientos en menos de dos meses.

—Y ahora esto —intervino un hombre mayor, golpeando la mesa—.

Un escuadrón entero neutralizado.

—No “entero” —corrigió alguien—.

Técnicamente hay supervivientes.

—Inútiles para el campo de batalla —respondieron de inmediato.

Silencio incómodo.

—Trigger perdió la vista y gran parte de la audición.—Orphie quedó incapacitada.—Seed… paraplejia confirmada.—Magnus, KIA.

-La secta Yunkui exige el cuerpo de su ex miembro.

-Y?.

Que se jodan, para empesar dicho miembro habia robado un arma de eter, esa espada debio de ser usada contra los hollows.

El nombre quedó suspendido en el aire.

—Este nivel de fracaso no se veía desde el Cuerpo de Exterminio Oni —dijo una mujer con tono frío—.

Y todos recordamos cómo terminó eso.

—Disuelto.

Enterrado.

Borrado de los registros públicos.

Hasta donde sabian.

—Exacto.

Un ejecutivo deslizó varios documentos.

—Reparar el Escuadrón Obol es inviable.—Transferencia de conciencia a clones o droides está prohibida por las nuevas reformas.—Las prótesis de grado militar necesarias para devolverlos al servicio… son demasiado costosas.

—¿Para que luego no vuelvan al frente?

—bufó otro—.

No valen la pena.

La frase no fue discutida.

Nadie la contradijo.

—Propongo la baja definitiva del escuadrón —dijo alguien—.

Pensiones mínimas.

Reubicación administrativa si es posible.

—¿Y la opinión pública?

—Se culpará al Hollow.

Como siempre.

Cuando estaban a punto de cerrar sesión, la puerta se abrió.

—Disculpen el retraso~.Koyanskaya estaba muy empalagosa~.

Todas las miradas se giraron.

Un hombre de cabello rubio entró con paso tranquilo, demasiado tranquilo para esa sala.

Sonreía como si estuviera llegando a una reunión social, no a un juicio.

—Vash Stampede Heydrich —murmuró alguien entre dientes.

—Representante de Ocean Industries —anunció él—.

Y filántropo, según algunos titulares exagerados.

—Esta es una sesión cerrada —dijo una ejecutiva con evidente disgusto—.

—Lo sé querida~—respondió Vash—.

Por eso pedí permiso.

Y me lo concedieron.

Dejó una carpeta sobre la mesa.

—He venido con una propuesta de ayuda benéfica para los miembros supervivientes del Escuadrón Obol.Asi como muchos otros agentes que hayan sufrido bajas en accion.

Varias cejas se fruncieron.

—Ocean Industries no tiene jurisdicción aquí.

—No —admitió Vash—.

Pero sí recursos.

Atención médica privada.

Rehabilitación.

Tutela legal.

Pasó una página.

—Solicito la custodia de Orphie.Seed sr, y Trigger.

La sala estalló en murmullos.

—¿Qué?

—¿Tutela?

-Jodase.

—Las jovenes no pueden valerse por sí mismas —continuó Vash con calma—.

Puedo garantizarle cuidados, educación, y una vida digna fuera del abandono institucional.

—¿Y por qué ellas?

—preguntó alguien con suspicacia.

Vash sonrió un poco más.

El silencio volvió a caer.

—Solicitud aprobada —dijo finalmente uno de los directivos—.

Orphie queda bajo tutela externa de Ocean Industries.

Vash asintió, satisfecho.

—¿Y Seed?

—preguntó otro, casi con desgano—.

¿Trigger?

La sonrisa de Vash no desapareció, pero se volvió más fina.

—También me interesan.

—Negado —respondieron de inmediato.

—No podemos permitirlo —añadió la ejecutiva de antes—.

Ya ha ganado suficiente capital político con Orphie.

—Aumentar su influencia ayudando inválidos lo vuelve peligroso —dijo otro sin rodeos—.

—No vamos a permitir que juegue al samaritano con todos.

Vash levantó las manos en un gesto conciliador.

—Una pena —dijo—.

De verdad.

Recogió su carpeta.

—Entonces me conformaré con lo que me han concedido.

Por ahora.

Antes de salir, se detuvo.

—Solo un consejo —añadió, mirando a todos—.

No subestimen a quienes dejan atrás.

A veces… sobreviven.

La espada oni seguia en pie.

La puerta se cerró tras él.

—Bien —dijo el presidente de la junta—.

Sesión cerrada.

Archiven Obol como pérdida total.

.

.

Muy lejos de esa sala, en una habitación blanca del Gran Hospital Central, Seed seguía dormida.

Su respiración era lenta.

Regular.

No oyó la sentencia.No oyó los números.No oyó cómo decidían su valor.

Pero algo, muy profundo, se agitó en su interior.

Como una máquina que, aun apagada,recuerda quién la dejó así.

.

.

Abrió los ojos despacio.

Esta vez sí había algo.

Formas borrosas, luces que no eran solo manchas.

El blanco del techo dejaba de ser un concepto y empezaba a ser… techo.

Parpadeó.

Le dolió.

—…veo….

Su voz sonó extraña, como si no estuviera acostumbrada a existir.

Lo primero que pensó no fue en su cuerpo.Ni en el dolor.Ni en la misión.

—¿Dónde está… mi robot…?

Tragó saliva.

—¿Esporos…?—¿Seed …?

La habitación respondió con silencio.

Un médico entró poco después.

Sus pasos eran suaves, cuidadosos, como si temiera romper algo más.

—Agente Seed —dijo—.

Veo que ya está despierta.

Seed giró ligeramente la cabeza hacia la voz.

—Quiero ver a mi… padre.

El médico se detuvo un segundo.

—¿Se refiere al constructo de combate?

Seed asintió despacio.

—A Seed Sr.

Otra pausa.

Distinta.

Profesional.

—Lo siento —dijo—.

El constructo fue declarado pérdida total.

No pudo recuperarse nada funcional.

Seed cerró los ojos un momento.

No gritó.

No lloró.

—Entiendo.

El médico consultó su tableta.

—Hay… otros asuntos que debemos informarle.

Ella volvió a abrir los ojos.

—Será dada de baja de Seguridad Pública —continuó—.

Baja honorable.

Con indemnización completa.

Seed lo miró, sin comprender del todo.

—¿Baja…?

—Libre del servicio activo —aclaró—.

No volverá al frente.

Algo dentro de ella se tensó… y luego se aflojó.

—También se le otorgará una pensión básica y una silla de ruedas adaptada a su distrito de residencia.

—¿Distrito…?

—Las afueras de Nueva Eridu —respondió—.

Según registros, usted reside en una zona no urbanizada.

Un refugio… bastante aislado.

Seed asintió.

—Está bien.

El médico dudó.

—¿No tiene preguntas?

Ella pensó un momento.

—¿Trigger…?—¿Orphie…?

—Ambas están vivas —respondió—.

Recibirán tratamiento y seguimiento.

Eso fue suficiente.

—Entonces… estarán bien.

El médico no la corrigió.

Cuando se quedó sola otra vez, Seed miró sus manos.

Luego miró hacia abajo.

No sentía nada.

No desde la cadera hacia abajo.

Apretó los dientes.

—Estoy… bien —se dijo—.

Estoy viva.

Ser positiva.

Eso había aprendido.

Horas después, el alta fue rápida.

Demasiado rápida.

Dos pequeños bangboos llegaron empujando la silla de ruedas nueva.

Uno emitía pitidos animados; el otro parecía concentrado en no chocar contra las paredes.

—¡Ehn!

¡Ehn!

↗—¡cheee cheee emuuuun (Ruta despejada)!

—chilló uno, orgulloso.

Seed observó el pasillo del hospital pasar frente a ella.

Médicos.

Soldados.

Gente que seguía caminando.

—Gracias —murmuró a los bangboos.

—¡Bangboo nnenenenenmeeeee(feliz ayudar)!

↗.

El aire exterior la recibió con un golpe frío.

Nueva Eridu seguía siendo ruidosa, viva, indiferente.

Seed alzó la vista hacia los edificios.

—Supongo que… estaré bien.

La llevaron hasta el transporte que la dejaría en las afueras.

El viaje fue largo.

Cada kilómetro alejándola del ruido, de las luces, del metal.

Cuando finalmente llegó, el paisaje cambió.

Vegetación.

Silencio.

Un refugio improvisado entre rocas y árboles.

Flores silvestres creciendo sin permiso.

Amapolas.

Seed respiró hondo.

—Hogar.

Los bangboos la ayudaron a entrar y se despidieron con pitidos alegres antes de marcharse.

El silencio volvió.

Seed se quedó sola.

Miró las flores que había cultivado con sus propias manos.

Se inclinó lo suficiente para arrancar una amapola y la llevó a su boca, masticando despacio, como siempre.

—Sabe igual….

Se permitió una pequeña sonrisa.

—Mis amigas estarán bien —se dijo—.

Cuando salgan… podremos volver a como antes.

La frase quedó flotando en el aire.

No sabía aún que “antes” ya no existía.Que Obol había sido enterrado.Que Trigger y Orphie no volverían a ser las mismas.

Pero por ahora….

Por ahora, Seed se recostó en su silla, rodeada de flores y silencio, convencida de que sobrevivir era suficiente.

Y por primera vez desde el hospital,durmió sin oír pitidos.

.

.

Despertarse con el ruido de los animales silvestres que aún vivían era… gratificante.

No había alarmas.No había pitidos.Solo alas batiendo, hojas moviéndose, algún roedor correteando entre los escombros.

Seed abrió los ojos despacio.

El techo no era un techo.

Eran vigas rotas, concreto agrietado y un pedazo de cielo gris filtrándose entre los huecos.

Dentro del edificio parcialmente colapsado, alguien había levantado una estructura improvisada: telas tensadas, placas metálicas, cables atados con cuidado.

Parecía una tienda de campaña… o un puesto de mando abandonado.

Su hogar.

Dormía en un sofá rojo, viejo, la tapicería gastada y remendada con parches de distintos colores.

Uno tenía forma de flor.

No recordaba cuándo lo había cosido.

Se estiró como pudo, brazos primero, luego el torso.

Las piernas no respondieron, como siempre.

—Mnn….

Bostezó.

—Buenos días….

Se quedó un momento escuchando.

El crujido distante del metal dilatándose.Un ave posándose sobre una viga.El viento entrando sin pedir permiso.

No estaba mal.

—Sigo aquí —murmuró—.

Eso es bueno.

Giró la silla de ruedas con cuidado, las ruedas chirriaron un poco pero seguían funcionando.

El espacio era amplio, despejado a propósito.

Cajas apiladas contra las paredes, piezas de maquinaria desarmada, restos de viejos dispositivos recogidos del basurero de la ciudad cuando tenía fuerzas para ir.

Todo servía para algo.O serviría.

Avanzó hasta la mesa central.

Era una puerta vieja apoyada sobre dos barriles.

Encima había herramientas, cables, un pequeño generador a medio reparar… y un florero vacío.

Seed frunció el ceño.

—Hmm.

Miró alrededor.

—No hay flores.

Eso era un problema.

Rodó hasta una caja cercana y la abrió.

Dentro había frascos, tornillos, una radio rota… y otro florero, astillado pero usable.

—Este sirve.

Lo tomó y lo apoyó en la mesa.

—Ahora… flores.

Rodó hacia la entrada del refugio.

Afuera, la vegetación había reclamado el lugar.

Amapolas crecían entre el concreto roto, rojas y vivas, como si no supieran que no deberían estar allí.

Seed tomó una con cuidado, luego otra.

—Perdón —les dijo—.

Necesito comer.

Arrancó una y se la llevó a la boca, masticando despacio.

—Mm… amarga.

Se quedó mirando el florero mientras colocaba las demás.

—Luego iré por más.

El pensamiento se detuvo a medio camino.

—…cuando tenga tiempo.

El silencio volvió a envolverla.

Seed apoyó los codos sobre la mesa y observó su pequeño reino de chatarra y flores.

—No es tan malo —se dijo—.

Tengo espacio.

Tengo comida.

Tengo… paz.

Sus dedos tocaron sin querer un viejo comunicador apagado, enterrado entre piezas.

No lo encendió.

—Ellas estarán bien —murmuró otra vez, como si repetirlo lo hiciera cierto—.

Trigger.

Orphie.

Miró sus piernas inmóviles.

—Yo también estaré bien.

Afuera, un animal chilló a lo lejos.

Seed cerró los ojos un segundo, respiró hondo, y siguió comiendo flores en su refugio improvisado, convencida —todavía— de que la soledad era solo descanso, no abandono.

.

.

.

Las ruedas de la silla eran impulsadas, pero aun así todo dependía de sus brazos.Seed empujaba con las manos, una y otra vez, avanzando por su ruta habitual: del refugio al basurero, del basurero a los barrios medios.

Ese era su circuito.

—Uno… dos…Uno…dos..

—murmuraba mientras avanzaba—.

No es tan lejos.

El basurero estaba lleno como siempre.

Chatarra útil, bolsas rotas, restos que otros no querían.

Seed rebuscó con cuidado, separando lo inútil de lo que aún podía servir.

Un par de cables.

Un envase intacto.

Un bolso grande, sucio, pero resistente.

—Perfecto.

Lo colgó en el respaldo de la silla y siguió camino hacia la zona comercial.

Ahí gastaría parte de la indemnización.

No mucho.

Solo lo necesario.

Las calles estaban llenas.

Demasiada gente.Demasiado ruido.Demasiadas piernas moviéndose rápido.

Seed avanzaba despacio, esquivando como podía.

Algunos la veían tarde.

Otros no la veían en absoluto.

—Perdón… —decía—.

Disculpa….

Nadie se detenía.

Todos tenían prisa.

Todos tenían algo en mente.

El pecho le empezó a apretar.

—Está bien… —se dijo—.

Respira.

Giró hacia una calle un poco más tranquila y llegó a una tienda pequeña.

Entró con dificultad; la rampa era estrecha, improvisada.

—Buenos días —dijo al dependiente.

El hombre apenas levantó la vista.

—¿Qué va a llevar?

Seed compró lo básico: comida seca, agua, baterías, vendas.

Pagó sin decir mucho más y guardó todo en el bolso recogido del basurero.

—Gracias.

—Ajá.

Salió de nuevo a la calle.

Y el problema volvió.

Las personas se amontonaban aún más en esa zona.

Su silla quedaba a la altura de las caderas, de los abrigos, de las mochilas.

Apenas veía rostros.

—Disculpa… —repitió—.

Perdón….

Un empujón.Un tropiezo.

La rueda delantera chocó con algo duro.

—¡Oye, fíjate por dónde vas!

La silla se ladeó.

Seed perdió el equilibrio y estuvo a punto de caer.

Sus manos se aferraron al borde del asiento con fuerza.

—¡Lo siento!

—dijo rápido, con la voz tensa—.

Yo… no la vi….

Alzó la mirada.

Frente a ella había un chico, más o menos de su edad.

Cabello despeinado, ropa de civil sencilla, una mochila colgándole de un hombro.

Fruncía el ceño, claramente molesto.

—Tsk… —gruñó—.

De verdad, la gente no—.

Se detuvo.

Sus ojos bajaron.Vieron la silla de ruedas.

La expresión le cambió al instante.

—Ah… —dijo, incómodo—.

Oye, lo siento.

No te vi.

Seed lo vio claramente.

La pausa.El cambio de tono.Esa mirada.

Lástima.Comprensión forzada.

Le apretó el estómago.

—Está bien —respondió ella rápido—.

Fue mi culpa.

El chico se rascó la nuca.

—¿Estás bien?

¿No te golpeaste?

—Estoy bien.

—¿Quieres ayuda?

Puedo… no sé… empujarte o—.

No terminó la frase.

Seed sintió cómo algo le subía por el pecho.

No enojo.

No tristeza.

Algo peor.

—No —dijo, un poco más brusca de lo que pretendía—.

Puedo sola.

El chico parpadeó, sorprendido.

—Ah… claro.

Perdón.

Se quedó ahí, dudando.

—Es que… hay mucha gente.

Es complicado moverse así.

Así.

Seed apretó los dedos contra las ruedas.

—Lo sé.

Hubo un silencio incómodo.

La gente seguía pasando a su alrededor, ajena.

—Bueno… —dijo él—.

Ten cuidado, ¿sí?

Asintió.

—Lo haré.

El chico se apartó, pero antes de irse la miró una vez más.

No con enojo.

No con curiosidad.

Con esa mezcla de pena y buena intención que Seed odiaba más que cualquier insulto.

Cuando se perdió entre la multitud, ella exhaló lentamente.

—No necesito… —murmuró, pero no terminó la frase.

Reacomodó el bolso, enderezó la silla y siguió avanzando, empujando con más fuerza.

No quería ayuda.No quería ser frágil.No quería que la miraran así.

Pero esa mirada se le quedó pegada, como polvo difícil de limpiar.

Y sin saberlo, acababa de cruzarse con alguien que no iba a desaparecer tan fácilmente de su camino.

.

.

.

Un poco menos molesta, Seed siguió avanzando hasta que la calle se estrechó y empezó a bajar.

Se detuvo en seco.

Frente a ella… solo había escaleras.

—Ah… no….

Lo murmuró casi para sí misma.

Miró a un lado, luego al otro.

No había rampas.

No había desvíos visibles.

Solo concreto descendiendo en escalones irregulares.

—Genial….

Apretó las ruedas con fuerza.

—¿Y ahora qué ruta tomo…?

Estaba a punto de dar media vuelta cuando escuchó esa voz otra vez.

—Oye… ¿necesitas ayuda?

Seed giró la cabeza lentamente.

Era el mismo chico.

El del choque.

El de la mirada.

Su expresión se volvió plana al instante.

—No —dijo—.

Puedo sola.

Tn la observó unos segundos.

Miró la silla.

Miró las escaleras.

Maldita sea, pensó.

Si no ayudo, voy a parecer un idiota.

—No parece que puedas bajar por ahí —dijo con cuidado—.

Solo… solo pregunto.

Seed miró hacia abajo.

Los escalones parecían interminables.

Exhaló despacio.

—No necesito….

Se detuvo.

Cerró los ojos un segundo.

—…ayuda.

Pero su voz ya no sonó tan segura.

Tn dio un paso adelante.

—Puedo ayudarte a bajar.

Si quieres.

Solo dime cómo.

—No te acerques.

Aceleró un poco la silla, intentando colocarse mejor.

Fue un error.

La rueda delantera resbaló.

—¡Ah—!

La silla se volcó.

Seed cayó al suelo con un golpe seco.

El aire se le escapó del pecho.

—¡Mierda!

—exclamó Tn—.

¡Perdón, perdón!

Corrió hacia ella y se agachó para ayudarla a levantarse.

—No me toques.

Seed interpuso el brazo con fuerza, temblándole.

—Yo… puedo….

Intentó incorporarse sola.

Sus brazos se esforzaron, resbalando contra el concreto.

Le dolía el hombro.

Le ardían las manos.

—Puedo —repitió, con la voz más baja—.

Yo puedo.

Tn se quedó quieto, dudando.

—Está bien —dijo—.

Tranquila.

No te voy a levantar.

Seed respiraba agitada.

Miró su silla, caída de lado.

Silencio.

Al final, soltó el aire con un suspiro largo.

—…Solo ayúdame con la silla.

No lo miró.

—Bájala… por las escaleras.

Tn asintió rápido.

—Sí.

Claro.

Se acercó a la silla y la levantó.

—Diablos… pesa más de lo que parece.

Bajó el primer escalón con cuidado, luego otro.

Cada movimiento lento, controlado, como si cargara algo frágil… o importante.

Mientras tanto, Seed empezó a arrastrarse escaleras abajo.

Usó los brazos, apoyándose en los codos, bajando escalón por escalón.

El concreto le raspaba la piel, pero no se detuvo.

—No mires —murmuró.

—No estoy mirando —respondió él rápido—.

Solo… bajando la silla.

—Ajá.

El sonido de la silla golpeando suavemente cada escalón se mezclaba con su respiración.

—Ya casi —dijo Tn cuando llegó al final—.

Falta poco.

Seed alcanzó el último escalón segundos después.

Se quedó ahí, apoyada, exhausta.

Tn dejó la silla a un lado y se apartó, dándole espacio.

—La dejo aquí —dijo—.

No voy a tocarte.

Ella asintió despacio.

—Gracias… —murmuró, casi inaudible.

Tn dudó.

—Soy Tn —añadió—.

Por cierto.

Seed tardó un momento en responder mientras se acomodaba como podía.

—…Seed.

Se sentó de nuevo en la silla con esfuerzo, sin ayuda.

Sus manos temblaban.

—No tenías que quedarte —dijo sin mirarlo.

—Lo sé.

Tn se encogió de hombros.

—Pero me habría sentido peor si no lo hacía.

Seed apretó las ruedas y se quedó en silencio.

No lo había pedido.No lo había querido.

Pero, por primera vez desde el hospital…alguien no se había ido cuando más lo necesitaba.

Tn se fue alejando con la conciencia un poco mejor.

Seed, por su parte, retomó su camino con las manos firmes sobre las ruedas, siguiendo la ruta que ya conocía de memoria hacia el sector donde estaba su hogar.

Cada giro, cada calle menos concurrida, hacía que su respiración se calmara poco a poco.

No pensó más en él.O eso intentó.

Tn caminó varias cuadras hasta que el ruido de la ciudad cambió de tono.

El murmullo se volvió más bajo, más ordenado.

El letrero del FIVE’S apareció entre luces cálidas y ventanales amplios.

Empujó la puerta.

—Bienvenido… —dijo una voz seca—.

Si no sabes qué pedir, no te quedes bloqueando la entrada.

Tn alzó la vista.

Detrás del mostrador había un chico joven, de baja estatura, brazos cruzados y una mirada que parecía juzgarlo todo.

—Un mocha —respondió—.

Normal.

Five tecleó algo en la pantalla.

—Eso te va a doler un poco.

—¿Cuánto?

Five giró la pantalla.

Tn parpadeó.

—…¿Es café o una inversión a largo plazo?

—Productos cien por ciento orgánicos genio—replicó Five con una sonrisa ácida—.

Si quieres barato, hay máquinas en la calle.

Tn suspiró.

—Está bien.

Pagó y se sentó en una mesa cercana a la ventana.

Cuando le entregaron el café, el aroma era intenso, casi reconfortante.

Dio un sorbo.

—…Maldita sea.

—Lo sé —dijo Five desde el mostrador—.

Por eso vuelve la gente.

Tn asintió en silencio.

Mientras bebía, su mente volvió, sin pedir permiso, a la chica de la silla de ruedas.

A Seed.

No era raro ayudar a alguien, pensó.

Nueva Eridu está llena de gente rota de una forma u otra.

Pero aun así… algo había sido distinto.

No había llanto.No había gratitud exagerada.Solo resistencia.

Terminó el café y se levantó.

—Buen café —dijo.

—Siempre lo es —respondió Five—.

No lo estropees diciendo que volverás.

Tn sonrió apenas y salió.

El camino a casa fue tranquilo.

Las calles de su sector eran normales, casi aburridas.

Casas alineadas, luces tenues, vecinos que preferían no llamar la atención.

Apenas se escuchaban alertas de hollows en esa zona.

Su casa era pequeña, sencilla, pero suficiente.

Entró, dejó las llaves sobre la mesa y encendió la luz.

—Hogar….

Se sentó frente a la laptop y la abrió.

Navegó sin demasiado interés.

Las redes eran un bucle infinito:.

—“Nuevo avistamiento de hollow en el sector siete.”—“Posible aparición de un Grand Hollow.”—“Advertencia: actividad de la secta White Hollow en zonas periféricas.”.

Tn cerró una pestaña, luego otra.

—Siempre lo mismo….

Apoyó la espalda en la silla y se quedó mirando la pantalla apagada unos segundos, antes de cerrarla por completo.

.

.

Mientras tanto, en otro punto de la ciudad, Seed llegó a su hogar.

El edificio era viejo, silencioso.

Entró con cuidado, subió como pudo y cerró la puerta tras ella.

Dejó el bolsón en el suelo y empezó a acomodar las provisiones.

—Bien… esto debería durar.

Se pasó una mano por el brazo adolorido y miró hacia una pequeña repisa junto a la ventana.

Estaba casi vacía.

—Necesito más….

Tomó un recipiente y volvió a salir, dirigiéndose a un área cercana donde crecían plantas silvestres entre el concreto roto.

Se inclinó como pudo y empezó a buscar.

—Flores… aquí….

Arrancó algunas con cuidado.

—No son las mejores… pero sirven.

El viento nocturno movió las hojas.

Seed se detuvo un momento, mirando el cielo de Nueva Eridu.

Sin saber por qué, pensó en el chico del café inexistente para ella.

Frunció el ceño.

—Tch… idiota.

Y siguió recolectando flores, ignorando la extraña sensación de que ese encuentro no había sido tan casual como quería creer.

__________________________________________________________.

Bueno hay lo tienen las consecuentias de sus acciones.

el que se haya visto el anime de josee to tora 7w7 digamos que se viene cosas “especiales” 10 estrellas y saco mavuika para el dia siguiente.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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