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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 234

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  4. Capítulo 234 - 234 Mavuika part 2 Genshin impact
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234: Mavuika part 2 Genshin impact 234: Mavuika part 2 Genshin impact Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.

Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.

_______________________________________________________________________________ “Ahh~”.

Un suave gemido se escapó de la habitación, seguido de otro, más apagado.La madrugada envolvía el lugar con un silencio tibio, y la cama —demasiado suave para los estándares de Natlan— hacía maravillas con cualquiera que hubiera pasado siglos durmiendo sobre piedra volcánica.

El cabello de Mavuika le caía sobre el rostro, desordenado.

Había pasado buena parte de la noche anterior planeando con Tn cómo poner a trabajar a ese flojo incorregible mientras ella reorganizaba la administración de Natlan.Planes, mapas, discusiones…¿A qué hora se había dormido?

Frunció levemente el ceño, aún con los ojos cerrados, cuando estiró la mano buscando calor… y lo encontró.

Algo cálido.Firme.

Sus dedos se movieron por inercia, tanteando con torpeza.

—…¿eh…?

Una voz perezosa y demasiado cercana respondió:.

—Oe~ tan temprano y ya estás tocando este lavadero… qué entusiasmo, Arconte.

Mavuika abrió un ojo.

Luego el otro.

Tn estaba ahí.A su lado.Desnudo del torso, relajado, con esa sonrisa insoportable incluso medio dormido.

La mano de Mavuika estaba apoyada, sin ningún pudor, sobre sus abdominales.

El silencio duró exactamente dos segundos.

—…¿Qué haces en mi habitación?

—preguntó ella con voz baja, peligrosa.

Tn bostezó, estirándose como si estuviera en su propia casa.

—Tuvimos una cena agradable —respondió con total calma—.

Luego nos fuimos a dormir.Hizo una pausa.—Mi habitación asignada era una tragedia muy inferior a la que ostente, así que me mudé a la única habitación digna de mí.

Mavuika apretó los dientes.

—…¿La mía?

—La tuya —confirmó él, sonriendo con orgullo.

No hubo advertencia.

Un pie descalzo salió disparado y lo golpeó de lleno en la cara.

—¡GH—!

Tn cayó de la cama con un ruido seco, llevándose consigo una manta y su dignidad.

El golpe resonó por la habitación.

Mavuika se incorporó apenas, retraía la pierna mientras se tallaba el cabello con una mano y bostezaba.

—Es demasiado temprano para tus tonterías —murmuró—.Luego añadió, con un tono más satisfecho:—Pero patearte ayudó bastante a despertarme.

Desde el suelo, Tn se quedó unos segundos en silencio… y luego rió.

—Sigues teniendo un despertar violento —dijo, apoyándose en un codo—.

—Y tú sigues sin saber tocar una puerta.

—Oh, sabía perfectamente dónde estaba entrando —respondió él, mirándola desde abajo—.

Solo pensé que no te molestaría tanto.

Mavuika lo miró desde la cama, con el cabello revuelto y una expresión cansada pero peligrosa.

—Levántate —ordenó—.

Tenemos trabajo.

—¿Ni siquiera un “buenos días”?

—se quejó él.

Ella tomó la almohada y se la lanzó directo a la cara.

—Muévete, ex–Arconte.

Tn atrapó la almohada, sonrió… y se puso de pie.

—Como ordene mi hermosa y temperamental Arconte —respondió—.Pero la próxima vez, al menos admira el lavadero con los ojos abiertos.

Mavuika le lanzó una mirada fulminante.

—Una palabra más y te saco del templo a patadas.

Tn rió mientras se dirigía a la puerta.

—Ah… Natlan realmente volvió a encenderse.

Y por primera vez en mucho tiempo, ambos lo sabían:el día apenas comenzaba… y iba a ser largo.

.

.

Decían lo que quisieran, pero el carisma de Tn era simplemente absurdo.

Mavuika lo observaba desde la plataforma central de la plaza mientras él caminaba entre la gente como si nunca se hubiera ido.

Reía, escuchaba, tocaba hombros, hacía promesas vagas pero dichas con tanta seguridad que el pueblo asentía convencido.

—…Increíble —murmuró ella para sí—.

No trabaja, pero todos creen que sí.

El problema no terminaba ahí.

El séquito de mujeres que lo rodeaba parecía no disminuir nunca.

Jóvenes, adultas, guerreras, comerciantes… algunas solo suspiraban, otras directamente no disimulaban.Y como si eso no fuera suficiente, Tn decidió sentarse en una piedra, sacar su arpa y tocar como un bardo descarado, con melodías alegres y provocadoras.

—Claro… —dijo Mavuika poniéndose las gafas de sol—.

Eso ayuda muchísimo a mi paciencia.

Contó en silencio.

Uno.Dos.Tres.

¡PÁF!

Un grito salió de su garganta cuando una bofetada directa impactó en su trasero.

—¡¿QUÉ—?!

—Jajaja —rió Tn sin el menor remordimiento—.

Volver al trabajo no era tan pesado como recordaba.

Mavuika se giró lentamente.

Muy lentamente.

—…Te voy a matar.

—Vamos, vamos —respondió él levantando ambas manos—.

Solo dije que ese traje te favorece mucho.Levantó el pulgar con total descaro.—Excelente elección, Arconte.

El atuendo de Mavuika es un traje de motociclista negro y ceñido con detalles rojos en forma de sol, que deja expuestos los costados y la espalda, combinando con una minichaqueta a juego y botas de tacón alto negras con adornos.

Accesorios clave incluyen guantes, una gargantilla dorada y pendientes solares.

Su diseño evoca una mezcla de rebeldía moderna y referencias culturales prehispánicas (como el tlahuiztli) y maoríes, simbolizando su conexión con el fuego y la identidad de Natlan, la nación de los guerreros.

El golpe no fue una amenaza.

Fue una declaración de su pleno disgusto.

Mavuika avanzó un paso y le dio un puñetazo limpio que lo envió volando varios metros, aterrizando entre cajas de madera y levantando polvo.

La plaza quedó en silencio.

Tn se levantó riendo, sacudiéndose la ropa.

—Uff… —dijo—.

Ese sí fue directo.

Se nota que sigues entrenando.

Mavuika cruzó los brazos, aún molesta.

—No vuelvas a tocarme sin permiso.

—Entendido —respondió él inclinando la cabeza exageradamente—.

Aunque admitiré algo….

Ella frunció el ceño.

—¿Qué?

—Que me tranquiliza saber que incluso debilitado… todavía necesito que me golpees con intención.

Mavuika desvió la mirada.

—No digas tonterías.

Pero en el fondo…le gustaba saber que no era solo ella la que cargaba con el peso.Que incluso ese ex–Arconte flojo, gastado y arrogante… seguía ahí.

Luchando a su manera.

Tn terminó de quitarse el polvo y se acercó otra vez.

—Bien —dijo—.

Ya organizamos al pueblo, calmamos a los líderes, hicimos promesas vagas…La miró con una sonrisa curiosa.—¿Qué sigue aparte de regularlo todo?

Mavuika suspiró y se quitó las gafas.

—Tenemos un problema en los caminos del sur —explicó—.

Un grupo de bandidos.

Atacan caravanas entre Meztli y Tlalocán.

—¿Bandidos normales o…?

—preguntó Tn.

—Demasiado organizados para ser normales —respondió ella—.

Y demasiado persistentes.

—Ah… entonces no son simples ladrones.

—No —confirmó Mavuika—.

Y si están ahí, es porque alguien los está empujando.

Tn sonrió, estirando los hombros.

—Perfecto.

Hace tiempo que no salgo a caminar.La miró de reojo.—¿Vamos juntos o prefieres lanzarme primero?

Mavuika encendió una pequeña llama en su mano.

—Camina —dijo—.

Pero esta vez… en serio vas a trabajar.

Tn rió mientras comenzaban a avanzar.

—Como digas, jefa.

El sol de Natlan brilló un poco más fuerte.

.

.

La motocicleta de Mavuika, conocida en Natlan como el Pirociclo, rugía como un dragón despertando.

Su diseño combinaba escamas metálicas, grabados antiguos y núcleos ígneos que latían con energía Pyro.

Las ruedas dejaban estelas de fuego al tocar el suelo, y por momentos se plegaban, adaptándose al terreno como si el vehículo estuviera vivo.

Mavuika lo conducía con absoluta seguridad.

Tn iba en la parte de atrás, sujetándose de la estructura mientras el viento le azotaba el rostro.

Su cabello se mecía libre, y por primera vez en mucho tiempo, reía sin reservas.

—¡Esto es increíble!

—gritó para hacerse oír sobre el rugido del motor—.

En mis tiempos usábamos saurios… fuertes, sí, pero esto…Soltó una carcajada.—¡Esto es mucho más divertido wooooooohooooooo!

Mavuika sonrió sin apartar la vista del camino.

—No todo en Natlan se quedó en el pasado —respondió—.

Aprendimos a mezclar lo antiguo con lo nuevo.

Tn se inclinó un poco hacia adelante.

—Debo admitirlo… —dijo con honestidad—.

Me impresiona.Luego añadió, con su tono habitual—Aunque sigo pensando que yo me veía mejor montando un dragón.

Mavuika dejó escapar una risa breve.Sentía orgullo, aunque no lo admitiría en voz alta.Había logrado impresionar a su predecesor.

El camino se abrió a gran velocidad entre rocas volcánicas y llanuras abrasadas, hasta que el Pirociclo trepó una colina con facilidad imposible y se detuvo en la cima.

Desde ahí se dominaba un amplio tramo de rutas comerciales.

Mavuika apagó el motor y ambos descendieron.

Tn estiró los brazos, relajado.

—Entonces… —dijo— ¿nos quedamos aquí a esperar a los bandidos?La miró de reojo.—Suena terriblemente aburrido.

¿No sería más fácil descansar un poco?

Mavuika cruzó los brazos.

—No podemos tomárnoslo a la ligera —respondió—.Señaló el camino abajo.—En esa zona también se han visto hilichurls, y hay informes de movimientos de la facción Fatui.

Tn frunció el ceño apenas.

—Ah… esos no juegan limpio.Che que fastidio.

—Exacto —asintió ella—.

Si están involucrados, esto podría ser una distracción o una prueba de fuerza.

Tn apoyó una mano en la cadera y suspiró.

—Muy bien, muy bien… —cedió—.

Nada de siestas.Sonrió con picardía.—Pero si aparecen, déjame empezar.

Prometo no destruir el camino… demasiado.

Mavuika lo miró con severidad.

—No te fuerces anciano.

Él la observó un segundo más de lo habitual, sorprendido por el tono.

—…Tranquila —respondió con una sonrisa más suave—.

Aún sé pelear….Creo.

El viento sopló con fuerza desde el valle, llevando consigo un murmullo extraño… pasos, metal chocando, y voces lejanas.

Mavuika encendió una llama en su mano.

—Prepárate —dijo—.

Creo que no tendremos que esperar mucho.

Tn alzó la vista, los ojos brillándole con un destello antiguo.

—Entonces que vengan.

La colina se iluminó con el resplandor del fuego.

Y Natlan volvió a sentir el rugido de la batalla acercándose.

Los hilichurls avanzaban torpemente entre las rocas, sus máscaras de madera ladeadas y lanzas improvisadas golpeando el suelo con un ritmo casi tribal.

Eran pocos, sí, pero su número nunca era lo que preocupaba: era la persistencia.

Siempre volvían.

Tn entrecerró los ojos al verlos a la distancia.

Luego miró el mandoble de Mavuika, apoyado contra su hombro como si pesara lo mismo que una pluma.

Mavuika usa principalmente mandobles (claymores) , siendo su mejor arma la distintiva Mil Soles Abrazadores (A Thousand Blazing Suns), diseñada para ella, y que ofrece un gran daño crítico y de ataque, especialmente en composiciones de Vaporizar, como Orgullo Celestial o Espada de las Melusinas.

—Eso es… un poco excesivo para esas cosas, ¿no crees?

—comentó con una media sonrisa—.

Un sol abrasador para una fogata.

Mavuika chasqueó la lengua, girando el arma para que el filo reflejara la luz ardiente de Natlan.

—Los subestimas —respondió—.

Si les das tiempo, llaman refuerzos.

Y si llaman refuerzos, perdemos horas limpiando caminos.

Tn alzó una ceja.

—¿Horas?

Eso suena terrible.

Extendió los dedos y el aire a su alrededor vibró.

El Pyro no explotó ni rugió; se afinó.

Líneas ígneas se entrelazaron como hilos de orfebre, forjándose alrededor de sus manos hasta tomar forma sólida.

Oro incandescente, pulido, preciso.

Un par de manoplas brilló con un calor controlado, casi elegante.

Tn chocó los puños una vez.

El sonido fue seco, metálico.

—Mano a mano siempre fue lo mío.

Mavuika lo observó en silencio durante un segundo.

Luego sonrió de lado.

—Sigues siendo imprudente —dijo—.

Veamos si también sigues siendo efectivo.

Sin esperar más, dio un paso al frente.

El suelo crujió bajo su bota y el Mil Soles Abrazadores se encendió, el filo envuelto en llamas que parecían latir como un corazón.

Los hilichurls se agitaron, chillando al verla.

—Cuenta hasta tres —dijo Mavuika, sin mirarlo.

—¿Tres?

—Tn inclinó la cabeza—.

Pensé que dirías uno.

—Tres —repitió ella.

Tn suspiró, divertido.

—Está bien, jefa.

Uno.

Mavuika avanzó como un meteoro, su mandoble describiendo un arco amplio que partió el aire.

Dos hilichurls salieron volando antes de entender qué había pasado.

Dos.

Tn desapareció en una estela de calor.

Reapareció frente a otro enemigo, su puño dorado impactando directo en el torso.

El golpe no explotó; comprimió.

El Pyro se liberó después, lanzándolo contra una roca.

Tres.

El campo quedó en silencio, roto solo por brasas crepitantes.

Tn se sacudió las manos, disipando las manoplas como si fueran humo.

—¿Ves?

—dijo—.

Eficiente y sin dramatismo.

Mavuika apoyó el mandoble en el suelo y lo miró de arriba abajo.

—Lo admitiré —respondió—.

Sigues teniendo buen control.

Luego giró la vista hacia el camino, donde el polvo aún flotaba.

—Pero esto solo fue el calentamiento.

Si hay Fatui cerca, no serán tan amables.

Tn sonrió, esa sonrisa tranquila que siempre la irritaba un poco.

—Entonces supongo que no habrá tiempo para descansar.

Mavuika resopló.

—Ni lo sueñes.

Natlan no se gobierna sola.

Y sin decir más, retomaron el camino, el fuego aún danzando bajo sus pasos.

“Unos kilometromes en la motomami~”.

—Entonces… esta es la aldea de hilichurls —murmuró Tn.

El terreno se abría ante ellos como una cantera natural.

Terrazas de roca descendían en espiral hasta un fondo ennegrecido por hogueras antiguas.

Choza tras choza, estandartes torcidos, huesos y madera.

Y entre todo eso, movimiento: decenas de figuras encorvadas, máscaras toscas, armas primitivas.

No era un campamento pequeño.

Era un nido.

—Demasiados —dijo Mavuika con calma—.

Yo me encargo.

—Puedo ayudar —respondió Tn casi de inmediato—.

No es para tanto.

Mavuika no contestó enseguida.

En lugar de eso, giró un poco el cuerpo y lo observó con atención.

El sudor resbalaba por la frente de Tn, perdiéndose por su sien.

Su respiración era estable… pero forzada.

Demasiado control para alguien que decía estar bien.

—Tn —dijo ella al fin.

Él alzó la vista.

—¿Sí?

—Estás cansado.

—Nah —sonrió—.

Apenas calenté.

Ella frunció levemente el ceño y dio un paso más cerca.

Vio cómo su energía fluctuaba, como una llama intentando no delatar que el combustible empezaba a escasear.

—Tu coloso sigue activo —añadió—.

Lo siento.

Aún está disparando, ¿verdad?

Tn chasqueó la lengua.

—Bueno… técnicamente sí.

Pero está bajo control.

—Drenando energía —corrigió ella.

Él abrió la boca para responder, para bromear, para insistir… pero Mavuika apoyó una mano firme sobre su hombro.

El calor de su palma no quemaba; era estable, reconfortante.

—Esta vez no —dijo con voz baja—.

Me encargo yo.

—Mavuika, puedo—.

No terminó la frase.

Ella se inclinó apenas y le dio un beso rápido en la mejilla.

Fue breve, casi impulsivo.

Lo suficiente.

—No te esfuerces, tonto —añadió, separándose—.

Ya hiciste suficiente.

Tn se quedó en silencio, con los ojos abiertos un segundo de más.

—…Eso fue trampa —murmuró al final.

Mavuika ya se alejaba.

Invocó su arma con un gesto fluido y el Mil Soles Abrazadores respondió de inmediato, materializándose con un pulso ardiente.

Se colocó las gafas de sol con una mano, como si se preparara para una caminata cualquiera.

—Quédate atrás —ordenó—.

Y descansa.

Ella avanzó hacia el borde de la cantera.

Tn la observó descender, el fuego reflejándose en su silueta.

Una parte de él sonrió.

Otra… dolía.

—Diablos… —susurró, cubriéndose el rostro con una mano—.

De verdad que la extrañaba.

Miró de nuevo a la aldea.

A las criaturas que se agitaban al notar la presencia de la Arconte.

A los hilichurls que alzaban armas sin saber lo que venía.

—Tal vez después… —pensó en voz alta— debería buscar una forma de ayudarlos.

A ellos.

A Natlan.

Algo debe existir.

Sacudió la cabeza.

—Estoy divagando.

Respiró hondo y bajó la mano.

Aun sin entrar al combate principal, extendió su voluntad.

Su arma respondió, materializándose con un pulso contenido.

El fuego lo cubrió como un manto silencioso, obediente.

Desde abajo, un rugido estalló.

Mavuika alzó el mandoble.

—Perdónenme —dijo a las bestias, su voz amplificada por el eco—.

Esto va a doler.

Y el sol descendió sobre la cantera.

¡Ay!

Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido.

Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

—¡Hyaaaah!

El grito de guerra de Mavuika partió el aire.

Se lanzó cuesta abajo como un cometa ígneo, el Mil Soles Abrazadores describiendo un arco ardiente.

El primer golpe cayó con la fuerza de una erupción: roca, madera y cuerpos salieron despedidos.

Los hilichurls apenas tuvieron tiempo de reaccionar.

—¡Yaah!

¡Yoto!

—chillaron algunos, alzando escudos improvisados.

El metal primitivo aguantó… un instante.

El mandoble descendió de nuevo y los escudos se partieron como carbón húmedo.

Uno tras otro, los enemigos eran barridos.

Cada paso de Mavuika dejaba el suelo marcado, cada giro del arma levantaba una ola de fuego controlado.

No había furia desmedida en sus movimientos, sino precisión: una Arconte cumpliendo su deber.

—Demasiado lentos —murmuró mientras giraba sobre sí misma y derribaba a tres de un solo tajo.

Desde las terrazas superiores, algunos hilichurls intentaron flanquearla.

Arcos tensados.

Flechas toscas silbando en el aire.

—¡Ahora!

—gruñó uno de ellos.

No llegaron a soltar el segundo disparo.

Zzzhhh—.

Líneas de luz descendieron desde lo alto, más rápidas que el sonido.

Flechas doradas atravesaron máscaras, torsos y armas con una precisión quirúrgica.

No explotaron.

No quemaron.

Simplemente… terminaron.

Mavuika frunció el ceño y alzó la vista.

En la cima de la cantera, Tn estaba de pie, su arma completamente manifestada.

Helios Epicurioso.

Las Flechas Doradas del Meteoro Brillante se formaban a su alrededor como constelaciones obedientes, disparándose una tras otra con intervalos imposibles.

Cada proyectil cubría los ángulos muertos de Mavuika, interceptando emboscadas, cortando retiradas, despejando el campo.

—Tn… —gruñó ella entre dientes mientras bloqueaba otro ataque—.

Te dije que descansaras.

Zzzh— zzzh—.

Dos flechas más, protegiendo su flanco izquierdo.

—Solo estoy mirando —respondió su voz, amplificada por la distancia—.

Y debo decir que ese es el trasero de natlan~.

—Eso NO es descansar.!TN!

—Es apoyo relajate, te saldran canas antes que te des cuenta.

Ella giró el mandoble y aplastó al último enemigo cercano, clavando la hoja en el suelo humeante.

Por un segundo, respiró hondo.

—Eres imposible —murmuró.

Desde arriba, Tn sonrió apenas, aunque el temblor en sus dedos no pasó desapercibido para ella.

Apretó la empuñadura invisible de su arco, manteniendo el ritmo.

Mavuika volvió al combate.

Cada flecha de luz parecía guiar sus golpes, cubriendo su avance como si el campo entero conspirara a su favor.

Así era antes, pensó ella por un instante.

Luchando juntos, incluso cuando decía que no lo necesitaba.

Un grupo mayor emergió del fondo de la cantera, rugiendo al unísono.

—Tsk… todavía quedan —dijo Mavuika, ajustándose las gafas.

Tn bajó ligeramente el arma.

—¿Ves?

Te dije que eran muchos.

—Cállate y apunta bien.

—Siempre lo hago.

Ella sonrió, casi imperceptible.

Mientras blandía de nuevo el Mil Soles Abrazadores, un pensamiento peligroso se abrió paso en su mente, tan tentador como el fuego mismo.

Podría buscar una forma de ayudarlo… curarlo, aliviar esa carga.

El mandoble descendió, partiendo a otro enemigo.

O podría mantenerlo así.

Controlado.

Presente.

A su lado.

La duda ardió en su pecho… y Mavuika no la apagó.

La duda mordió su corazón… y el campo de batalla no perdona distracciones.

—¡Grahhh!

El garrote descendió desde un ángulo muerto.

Un golpe seco, brutal, que impactó contra el costado de Mavuika y la lanzó varios pasos atrás.

El mundo le giró un instante; polvo y chispas nublaron su vista.

—¡Mavuika!

—gritó Tn desde lo alto.

Ella apoyó una rodilla en el suelo, apretando los dientes.

El dolor no era grave, pero el golpe había sido lo bastante certero para romper su ritmo.

Antes de que los hilichurls restantes pudieran aprovecharlo, el aire cambió.

Tn cerró los ojos un segundo.

—Vamos… solo dame fuerzas —murmuró, más para sí mismo que para el mundo.

El sol pareció inclinarse.

Helios Epicurioso brilló con una intensidad distinta, más profunda, casi desesperada.

Las constelaciones doradas se multiplicaron hasta cubrir el cielo.

Y entonces cayó la lluvia.

No una descarga común, sino una lluvia imposible: flechas de luz descendiendo en patrones precisos, cruzándose, corrigiendo su trayectoria en pleno vuelo.

Cada enemigo que intentó huir fue atravesado.

Cada arma levantada fue pulverizada.

En segundos, la cantera quedó en silencio.

Cuando la última flecha se desvaneció, Tn respiraba con dificultad.

Mavuika se incorporó lentamente, tocándose el lugar del impacto.

—Tch… —masculló—.

Eso dolió.

Miró alrededor.

No quedaba ninguno en pie.

La idea… pensó, ajustándose las gafas.

La idea no suena tan mal.

Tal vez en ruinas antiguas.

Tal vez en textos olvidados.

Tal vez algún sabio loco aún recordaba cómo sostener un sol que se apaga.

—Definitivamente tengo que investigar eso —murmuró.

Un sonido apresurado la sacó de sus pensamientos.

Tn descendía a toda prisa por la cantera, casi resbalando en su ansiedad.

—¿Estás bien?

—preguntó al llegar frente a ella, examinándola con los ojos muy abiertos—.

Te dije que esos golpes—.

—Estoy viva —lo interrumpió—.

Eso ya es suficiente.

Él soltó el aire, aliviado… y entonces, como siempre, su sonrisa descarada regresó.

—Vaya, vaya —dijo, estirándose un poco—.

Sigues siendo una joven distraída.

Antes habrías esquivado algo así con los ojos cerrados.

No terminó la frase.

Mavuika lo sujetó del frente de la toga y lo acercó de golpe.

—Escucha bien, ex Arconte —le dijo en voz baja, firme—.

Te dejé claro que debías descansar.

—Oye, solo estaba ayud—.

—Y segundo —continuó, sin soltarlo—, cuando regresemos… no habrá vino para ti.

El rostro de Tn se torció en una expresión dramática.

—¿Qué…?

Eso es cruel incluso para ti….

—Decisión final.

—Mavuika, eso es un castigo desproporcionado—.

Ella lo besó.

Rápido.

Directo.

Suficiente para robarle la queja… y el aliento.

—No seas terco —susurró al separarse—.

No esta vez.

Tn parpadeó, claramente desarmado.

—…Eso fue trampa —murmuró.

—Y funcionó.

Ella lo soltó y se dio la vuelta, ocultando una leve sonrisa mientras caminaba hacia el Pirociclo.

Tn la siguió, aún tocándose los labios, resignado.

—Definitivamente ya no eres la misma de antes.

—Y tú sigues siendo igual de problemático.

Pero mientras el motor rugía y el sol comenzaba a caer, ambos sabían la verdad que ninguno dijo en voz alta:.

El fuego aún ardía.Y ninguno estaba dispuesto a dejar que se apagara.

.

.

Caminaron entre los restos de la aldea casi en ruinas, atentos a cualquier sombra que se moviera de más.

Las chozas quemadas crujían con el viento, y el suelo aún conservaba marcas recientes de combate.

Mavuika avanzaba con la mano cerca del mango de su mandoble; Tn iba unos pasos delante, observando con una calma que parecía ensayada.

—No queda nadie más —murmuró él tras un momento—.

Si hubiera algo escondido, ya habría salido con todo el ruido que hicimos.

—Aun así, revisamos —respondió Mavuika—.

Natlan no puede permitirse sorpresas.

Tn sonrió de lado.

—Sigues igual de meticulosa.

Supongo que eso es bueno.

Caminaron un poco más, y el silencio terminó por empujar la conversación.

—Mencionaste antes… —dijo Mavuika, sin mirarlo— que habías estado explorando Natlan.

“Haciendo cosas por aquí y por allá”.

—Ah —Tn se rascó la nuca—.

Suena peor cuando lo dices así.

—Tn.

—Bien, bien —suspiró—.

He estado patrullando las fronteras, sellando grietas, destruyendo cosas que no deberían existir.

Lo normal.

Ella se detuvo en seco.

—¿Qué cosas?

Tn también se detuvo.

Por primera vez desde que lo había visto renacer, su sonrisa no regresó de inmediato.

—Bestias del Abismo profundo —dijo—.

No como las que conoces.

No como los hilichurls, ni como los engendros comunes.

Mavuika frunció el ceño.

—¿Dragones?

—Ojalá —respondió con una risa seca—.

Los dragones, al menos, obedecen reglas.

Estas cosas… no.

Se giró un poco, mirando un punto perdido entre las montañas.

—No tenían forma fija.

A veces parecían carne, a veces sombra.

Otras veces algo que imitaba vida, pero sin entenderla.

Incluso los dragones antiguos serían comparables… solo en tamaño.

Mavuika sintió un peso en el pecho.

—¿Y todo este tiempo…?

—preguntó con cuidado.

—Décadas —respondió él—.

Siglos, si contamos los peores momentos.

La estatua, las flechas, mis patrullas… —miró sus manos—.

Todo era para mantenerlas lejos de Natlan.

Ella no dijo nada.

Observó su espalda: recta, confiada, pero con una tensión que ahora sabía leer.

Ese hombre descarado, narcisista, perezoso cuando quería… había estado sosteniendo la frontera del mundo prácticamente solo.

Así que eso era, pensó.Mientras yo moría… él seguía aquí.

—Tn… —murmuró.

—¿Sí?

—Eres un idiota.

Él rió.

—Eso ya lo sabíamos.

Pero Mavuika sonrió.

No una sonrisa burlona, sino algo más suave, más decidido.

Mi opinión… está cambiando.

La duda que había nacido antes no desapareció.

Al contrario: se solidificó.

Si está debilitándose… y yo lo cuido.Si lo mantengo aquí, a mi lado.Si su fuego se apaga lentamente… pero no solo.

Ella apretó los puños.

No lo estaría condenando.Le estaría salvando la vida.

—Vamos —dijo, retomando el paso—.

Terminemos de revisar y volvamos.

—¿Eso es todo?

—preguntó Tn—.

Pensé que me interrogarías más.

—Habrá tiempo —respondió ella—.

Mucho tiempo.

Él la miró de reojo, intrigado.

—Cuando dices eso, me preocupas un poco.

—Debería.

Siguieron caminando entre las ruinas, mientras el sol caía lentamente.Y en el corazón de Mavuika, la decisión ya estaba tomada.

El fuego del sol no moriría.No mientras ella pudiera sostenerlo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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