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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 236

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  4. Capítulo 236 - 236 Ellen Joe part 9 Zenless zone zero
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236: Ellen Joe part 9 Zenless zone zero 236: Ellen Joe part 9 Zenless zone zero Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio  Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.

Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.

Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos  ______________________________________________________________________________ Grrr… Gruñir mientras dormía era algo normal para Ellen.

Su cola se agitó un poco, golpeando suavemente el borde de la cama.

Sentía poco espacio.

Demasiado poco.

—…¿Mm…?

—murmuró entre sueños.

Había calor.

Algo estaba dormido a su lado.

Sus dedos se movieron con lentitud, tanteando el aire hasta tocar algo blando… peludo.

Un ronroneo bajo respondió al contacto.

—Benny… —susurró, aún inconsciente.

Pero su mente ya no estaba allí.

La voz del documental volvió a filtrarse en sus sueños, calmada, distante: “El tiburón blanco es una especie altamente sensible a su entorno.

Su memoria espacial y sensorial es extraordinaria…” La escena cambió.

Una Ellen pequeña caminaba de la mano de quien claramente era su madre.

Eran idénticas: mismo cabello, misma cola, misma mirada.

La niña llevaba un overol azul claro y reía mientras miraba todo a su alrededor.

—¡Mamá, mira!

—decía la pequeña Ellen, señalando—.

¡Hay tantos!

La costa de la vieja capital se extendía frente a ellas, luminosa.

Thirens y humanos convivían sin tensión, riendo, hablando, comprando dulces.

El aire olía a sal y azúcar.

Era un lindo dia del cual disfrutar.

—No te sueltes, Ellen —dijo su madre con una sonrisa tranquila—.

Hay mucha gente.

—¡No me voy a perder!

—respondió la niña inflando el pecho.

Entonces Ellen la vio.

Una mujer de cabello rubio corto, alta, con una chaqueta roja y ropa azul ajustada.

Llevaba gafas de sol redondas y una sonrisa despreocupada.

Su presencia destacaba incluso entre la multitud.

La mujer se agachó frente a Ellen y le tendió un dulce envuelto en papel brillante.

—Toma~ —dijo con una voz cálida—.

Para ti.

La Ellen niña parpadeó, sorprendida, y miró a su madre.

—¿Qué se dice?

—indicó la mujer tiburón con suavidad.

—G-gracias… —dijo Ellen, tomando el dulce con ambas manos.

La mujer rubia rió por lo bajo.

—Muy bien —respondió—.

Cuídala mucho~.

—Siempre —contestó la madre de Ellen, asintiendo.

La mujer comenzó a alejarse entre la gente.

Algo en el pecho de Ellen se apretó.

—¡Oiga!

—gritó la niña—.

¿Cómo se llama?

La mujer se detuvo.

Giró apenas la cabeza, su sonrisa visible incluso tras las gafas.

Sus labios se movieron despacio, formando un nombre.

—Varsha.

La palabra resonó.

De pronto, la luz cambió.

El cielo se volvió blanco, el sonido del mar se distorsionó, como si el mundo estuviera siendo arrastrado bajo el agua.

Ellen adulta frunció el ceño en sueños.

—…Varsha… —murmuró—.

Yo… te conozco… Su cola se agitó con más fuerza.

El ronroneo a su lado se volvió más intenso, y una voz, real, rompió la tensión del sueño.

—Mmm… tranquilo… —susurró Tn dormido, moviéndose apenas, sin despertar del todo.

La mano de Ellen se cerró instintivamente, aferrándose a la sábana… y luego, con cuidado, se relajó.

La luz del sueño se disipó.

Ellen respiró hondo, aún dormida.

—No… no te vayas… —dijo en un hilo de voz.

Pero esta vez, cuando el mundo se oscureció del todo, no estaba sola.

.

.

Ahora parecía estar mirando un techo blanco.

Demasiado blanco.

—¿M… mamá…?

—la voz era pequeña, temblorosa—.

¿Mami… dónde estás…?

Ellen niña se incorporó de golpe.

Su cola golpeó algo metálico y un dolor sordo recorrió su espalda.

El lugar no era la costa.

No había sol, ni olor a sal.

Solo un pitido constante y el aroma penetrante a desinfectante.

—Tranquila, cariño, tranquila —dijo una voz suave.

Una mujer vestida completamente de blanco se acercó.

Tenía una placa en el pecho y una sonrisa cansada.

—Soy enfermera.

Estás a salvo —añadió—.

Estás en el hospital de East Eridu.

Ellen parpadeó rápido, los ojos llenándose de lágrimas.

—¿Dónde está mi mamá?

—preguntó de inmediato—.

Ella estaba conmigo… estábamos en la costa… La enfermera dudó.

Apenas un segundo, pero fue suficiente.

—La costa sufrió un ataque —explicó con cuidado—.

Un Gran Domo de Éter colapsó.

La corrupción se propagó muy rápido… muchos civiles se transformaron en hollows.

Ellen apretó las sábanas.

—¿Mi mamá…?

La enfermera bajó la mirada.

—Los cazadores de hollows y Seguridad Pública rescataron a quienes pudieron —continuó—.

A ti te sacaron de allí a tiempo.

—¿Y mi mamá?

—repitió Ellen, con la voz quebrándose.

Silencio.

—No… no pudimos encontrarla —dijo al fin la enfermera—.

Lo siento mucho.

El mundo se rompió.

—¡No!

—Ellen se incorporó del todo—.

¡Tiene que estar!

¡Ella nada rápido, es fuerte, va a volver!

¡Va a volver por mí!

La enfermera la sujetó con cuidado.

—Lo sé, lo sé… —murmuró—.

Descansa.

Alguien te salvó… una chica con gafas redondas.

Dijo tu nombre cuando te entregó.

Ellen dejó de moverse.

—¿Gafas… redondas…?

Pero la respuesta nunca llegó.

El sueño se deslizó, como agua oscura.

.

.

Las voces ahora eran más lejanas.

—Hay varios menores sin familiares localizados.

—Si no aparecen tutores legales, deberán ser enviados a orfanatos certificados.

—Algunos grupos privados se ofrecieron a asumir la tutela…Esta la recien formada Ocean industries,Servicios de limpieza,Departamento de agentes,Industria Thymefield farmaseutica.

Ellen estaba sentada en una silla, los pies sin tocar el suelo.

Abrazaba su cola con fuerza.

—Mamá va a volver… —susurró para sí—.

Solo fue a buscar ayuda… Nadie respondió.

Un hombre de traje se agachó frente a ella.Un thiren clase licantropo.

Thiren canino alto y elegante, con pelo blanco, orejas y cola de lobo, ojos rojos y parches negros en el ojo y la ropa, destacando por sus piernas protésicas mecánicas, un traje formal de caballero.

—Ellen Joe, ¿verdad?

—preguntó con tono neutro—.

No tenemos registro de otros familiares.

Ellen levantó la mirada, con los ojos rojos.

—Solo tengo a mi mamá… El hombre suspiró.

—Entiendo.

Por ahora, quedas bajo custodia temporal.

.

.

El sueño volvió a cambiar.

Ellen tenía unos diez años.

Estaba de pie, recta, con un uniforme limpio.

Frente a ella, el mismo Thiren alto con porte elegante y mirada severa.

—Postura —corrigió—.

Una maid representa a la casa incluso cuando no habla.

—S-sí, señor Lycaon —respondió Ellen, enderezándose.

—Aquí no solo limpiamos —continuó él—.

Protegemos, servimos y obedecemos las normas.

Victoria Housekeeping te dará techo y comida.

Ellen dudó.

—¿Y… mi mamá…?

Lycaon guardó silencio unos segundos.

—Si aparece, hablaremos de ello —dijo al final—.

Hasta entonces, este será tu hogar.

Más tarde, otra voz, más amable, le explicó las opciones.

—Puedes vivir en la mansión con las demás —dijo una mujer, Alexandrina Sebastiane si no mal recordaba.—, pero deberás seguir reglas estrictas.

—O… —añadió— puedes vivir por tu cuenta cuando seas un poco mayor.

Trabajar.

Estudiar.

Ellen miró por la ventana.

—Quiero… vivir sola —dijo al fin—.

No quiero molestar a nadie.

No vivio sola porque esa fuera la razon.

No.

No.

No.

No.

Vivio sola porque la hecharon y no poder encajar en ningun lugar.

Las imágenes pasaron rápidas.

Ellen entrando a la escuela con miradas curiosas.

Ellen limpiando casas demasiado grandes.

Ellen contando monedas en una mesa pequeña.

Ellen volviendo sola a un apartamento silencioso.

—Así empezó… —murmuró la Ellen adulta en sueños—.

Así… sobreviví… Su respiración se agitó un poco.

Pero entonces, algo cambió.

Calor.

Una presencia.

Una mano seguía ahí, firme, real.

—…estás bien… —susurró Tn entre sueños, apenas audible.

Ellen se movió, acercándose un poco más sin despertar.

Su cola se relajó, rodeándolos con cuidado, como un instinto antiguo… pero protector.

—No estoy sola… —murmuró—.

Ya no… Benny pareció escuchar los murmullos de ambos.

El gato se estiró con pereza, bostezó mostrando los colmillos y, sin pedir permiso, se subió encima de Ellen.

Se acomodó hecho una bolita sobre su vientre y comenzó a ronronear con fuerza.

—…pesado… —murmuró Ellen dormida, pero no lo apartó.

El resto de la noche pasó sin sobresaltos.

.

5:00 a.m.

El nuevo celular de Ellen vibró suavemente sobre la mesita improvisada.

Ellen gimió, entrecerró los ojos y estiró la mano a ciegas.

—Ugh… Sus dedos tocaron la pantalla.

Lisa.

Suave.

Sin grietas.

Ellen abrió los ojos del todo.

—… —parpadeó—.

Es… nuevo… Deslizó el dedo por la pantalla y el brillo respondió al instante.

Nada de cortes en los dedos.

Nada de zonas muertas.

Una pequeña sonrisa se formó en su rostro.

—Gracias… —susurró, sin darse cuenta de a quién se lo decía.

Miró la hora.

—Tengo que levantarme… Se incorporó con cuidado y sintió peso en su espalda.

El felino era experto en acomodarse mientras ella se movia dormida.

—¿Hm…?

—giró la cabeza.

Benny dormía profundamente, estirado como si fuera el dueño de la cama.

—Claro… —murmuró Ellen—.

Tú cómodo, ¿no?

Del otro lado de la cama, Tn seguía dormido, respirando de forma tranquila.

Ellen se quedó mirándolo unos segundos más de lo necesario.

Su corazón dio un pequeño salto.

—Ah… es verdad… —susurró—.

Se quedó… Con cuidado, empujó a Benny.

—Baja… gato… —Mrrraaoo —protestó Benny, cayendo al suelo con dignidad ofendida.

Ellen no respondió.

Ya iba camino al baño.

.

El agua fría cayó sobre su cabeza.

Ellen se apoyó en la pared de la ducha, respirando hondo.

—Escuela 6 horas… trabajo 3 horas… —murmuró—.

Rutina normal.

Un poco de masturbacion.

Se talló la cola como siempre, quizá un poco más rápido de lo habitual.

Cerró la llave, se secó, se vistió con rapidez.

En menos de veinte minutos estaba lista.

Uniforme improvisado.

Mochila al hombro.

Cola controlada.

—Bien… —se dijo a sí misma.

.

.

—Uuugh… Un sonido detrás de ella.

Tn se removió en la cama, se sentó y se frotó los ojos.

—Buenos… días… —bostezó.

Ellen se giró de inmediato.

—¡B-buenos días!

—respondió rápido—.

L-lo siento, tengo que ir a la academia… Se inclinó un poco.

—Gracias por… quedarte a dormir aquí.

Tn parpadeó, procesando.

—Ah… claro —dijo con naturalidad—.

No fue molestia.

Se levantó y estiró los brazos.

—¿Vas a ir sola?

—Sí —respondió Ellen—.

Puedo irme ya.

—Entonces vamos juntos —dijo Tn sin pensarlo demasiado.

Ellen se quedó quieta.

—¿Eh…?

—Pasamos a comprar desayuno —continuó él—.

Benny y yo te acompañamos a la escuela.

—N-no hace falta… —Ellen agitó una mano—.

De verdad.

Tn negó con la cabeza suavemente.

—No hay problema —sonrió—.

Hoy no trabajo.

Y… me gusta caminar contigo.

Ellen sintió cómo el calor le subía al rostro.

—E-eso es… —desvió la mirada—.

Está bien… Benny saltó sobre el hombro de Tn como si aprobara la decisión.

—Mrrrow.

—¿Ves?

—dijo Tn—.

Él también quiere salir.

Ellen suspiró, resignada.

—…solo no llegues tarde por mi culpa.

Tn sonrió un poco más.

—Prometido.

Y así, los tres salieron del pequeño departamento mientras la ciudad comenzaba a despertar, sin darse cuenta de que, para Ellen, esa simple caminata ya significaba algo peligroso…PEro que seria.

.

.

Los tres salieron del departamento de Ellen y caminaron a paso rápido… o al menos Tn lo intentaba.

Ellen avanzaba con zancadas largas, acostumbrada a moverse deprisa, mientras que Tn tenía que alargar el paso para no quedarse atrás.

Benny, por su parte, decidió que caminar era innecesario y simplemente saltó al hombro de Tn, acomodándose como si fuera su lugar natural.

—Oye… ¿siempre caminas así de rápido?

—preguntó Tn, medio riendo, sin quejarse realmente.

—S-sí… —respondió Ellen—.

Si llego tarde me descuentan puntos.

—¿En la escuela?

—En todo.

Tn soltó una pequeña risa.

—Duro.

Benny soltó un mrrr satisfecho, moviendo la cola.

.

Llegaron a una mini cafetería de esquina, una de esas que abrían antes del amanecer.

El vapor salía por la puerta y el aroma a pan caliente envolvió el lugar.

Tn entró primero y, sin pensarlo demasiado, pidió dos lonches y bebidas.

—Listo —dijo al salir, entregándole uno a Ellen.

Ella lo tomó con ambas manos, sorprendida.

—E-espera… yo te lo pago —dijo rápido—.

De verdad.

—No —respondió Tn con naturalidad—.

Solo me acompañaste hasta tu escuela.

—Pero— —Insisto —sonrió—.

Además, el desayuno es importante.

Ellen bajó la mirada.

—…gracias.

Sus dedos apretaron el envoltorio con cuidado, como si fuera algo frágil.

La academia apareció frente a ellos poco después.

El edificio ya tenía movimiento: estudiantes entrando, voces mezclándose, risas dispersas.

Ellen se detuvo en la entrada.

—Y-ya llegamos… —Entonces te veo más tarde —dijo Tn—.

En mi casa, ¿no?

—Sí —asintió ella—.

Tengo que hacer las labores después de clases.

Tn se rió un poco.

—No hay problema.

Tómate tu tiempo.

—No —respondió Ellen rápido—.

Llegaré a la hora.

Tn levantó una ceja, pero no discutió.

—Entonces… suerte hoy.

—Igualmente… Tn se dio la vuelta, con Benny aún en el hombro, y comenzó a alejarse.

Ellen lo observó unos segundos de más… hasta que una sombra cayó sobre ella.

—Vaya, vaya… Ellen se tensó.

El mismo grupo de chicas la rodeó, cerrándole el paso.

La que parecía liderarlas cruzó los brazos, sonriendo con falsa curiosidad.

—¿Quién era ese chico tan lindo que te acompañó?

Ellen apretó el lonche contra su pecho.

—N-no es asunto tuyo.

—¿Ah, no?

—otra chica se inclinó hacia adelante—.

Porque se parece mucho a la foto que te quitamos la última vez.

Los ojos de Ellen se abrieron de golpe.

—…¿Qué?

La líder soltó una risa baja, casi ronroneando.

—Es verdad.

Mírenla, ya lo reconoció.

—Qué raro —añadió otra—.

¿Cómo es que una thiren sucia conoce a alguien así?

—Sí —continuó la líder—.

No pareces su tipo.

Ellen sintió un nudo en el pecho.

Bajó la cabeza, dio un paso al costado.

—Apártense.

—¿O qué?

Ellen no respondió.

Simplemente pasó entre ellas, empujando lo justo, y se dirigió hacia la entrada del edificio.

—Huye, entonces perra —le gritó una desde atrás—.

Pero no te va a durar.

Ellen no miró atrás….De lo contrario verian unos ojos tan rojos que cubrian toda su vision y unos comillos parecidos a cierras.

.

.

Dentro del edificio, el ruido de la academia la envolvió, pero no logró calmarla del todo.

Caminó por el pasillo, recordándose a sí misma algo que repetía siempre.

Tn es solo mi jefe.

Y yo… solo soy una maid problemática.

Apretó los labios.

—…mamá… —murmuró.

¿Qué haría ella?

¿Qué diría en una situación así?

Ellen no tenía la respuesta.

Pero por primera vez en mucho tiempo, deseó con fuerza que alguien la tomara del hombro y le dijera que todo estaría bien.

.

.

Tn siguió su camino con Benny acomodado en su hombro.

A simple vista parecía una escena extraña: un chico caminando por la calle hablando solo… pero si uno se fijaba bien, el gato respondía con maullidos perfectamente sincronizados, como si de verdad estuvieran conversando.

—Fue… agradable dormir en el departamento de Ellen —dijo Tn, con tono pensativo—.

Pequeño, pero cálido.

Benny soltó un “mew” largo, ladeando la cabeza.

—Sí, lo sé —continuó Tn—.

Me entristeció un poco verla vivir así… tan apretada.

No iba a decir pobre…….No parecia correcto.

El gato movió la cola, incómodo.

—No, no pienso forzarla —añadió rápido—.

No puedo obligarla a vivir cerca de mí si no quiere.

Benny volvió a maullar, más insistente.

Tn se quedó en silencio unos segundos, caminando más lento.

—…aunque —murmuró— comprar una casa junto a la mía podría funcionar, ¿no?

Ella podría vivir ahí.

Benny giró la cabeza y le mordisqueó el cabello.

—¡Oye!

—Tn bufó—.

Solo lo estoy pensando.

Se rascó la nuca.

—Además, Digo tengo buen dinero… y a mis padres poco o nada les importa en qué lo gaste.

Mi trabajo es solo hacer estadísticas en computadora desde casa.

Benny soltó un maullido escéptico.

—Lo pensaré, lo pensaré.

Tn se detuvo de golpe frente a un edificio enorme.

Una pantalla promocional ocupaba casi toda la fachada.

En ella, Astra Yao sonreía con elegancia, anunciando su próximo éxito.

—Ah… —murmuró—.

Sale pronto.

Benny inclinó la cabeza.

—Creo que compraré el álbum en físico para escucharlo bien.

—Mrrr.

—¿Qué?

—Tn lo miró de reojo—.

Tenerlo en físico es más genial que descargarlo en digital.

Benny pareció mirarlo con absoluto desprecio.

—Idiota… —bufó Tn, imitando al gato—.

Ya entendí.

Siguieron avanzando hasta que Tn notó a una thiren tigresa repartiendo panfletos en la acera.

La mayoría de la gente pasaba de largo, ignorándola por completo.

La chica era baja, de piel clara, ojos verde claro y cabello rubio dorado con rayas.

Sus orejas de tigre estaban caídas, y su cola rayada se movía sin ánimo.

Vestía ropa negra y amarilla con accesorios de estilo chino.

—…nadie parece interesado… —murmuró ella, mirando los panfletos casi con vergüenza.

Sus orejas se movieron hacia abajo aún más.

Tn se detuvo.

—Disculpa —dijo con voz tranquila—.

¿De qué es el panfleto?

La tigresa levantó la cabeza, sorprendida.

—¿Eh?

¿D-de verdad quieres saber?

—Sí —asintió Tn—.

Pareces llevar rato aquí.

Ella parpadeó un par de veces, como si no estuviera acostumbrada a que alguien se detuviera.

—E-es sobre la secta Yunkui —respondió—.

Bueno… secta no, es más como una organización espiritual.

—Mrrr… —Benny observó el panfleto con desconfianza.

La tigresa se apresuró a hablar.

—¡No hacemos nada raro!

Solo buscamos… armonía, conexión, ese tipo de cosas ademas de ayuda de caridad.

Yo soy Ju Fufu.

—Tn —respondió él, tomando el panfleto—.

Y él es Benny.

Benny maulló una vez, serio.

Ju Fufu miró al gato, luego a Tn, y por primera vez en la mañana sonrió un poco.

—Gracias… por detenerte —dijo en voz baja—.

De verdad.

Tn bajó la mirada al panfleto, curioso.

—Cuéntame más —dijo—.

Aún tengo tiempo.

Las orejas de Ju Fufu se alzaron, brillando levemente.

—¿E-en serio?

—En serio.

.

.

Ju Fufu era enérgica y decidida, eso se notaba incluso cuando estaba cansada.

Sus orejas de tigre se movían con nerviosismo mientras hablaba, y su cola no dejaba de balancearse de un lado a otro.

A veces entraba en pánico, otras se frustraba con facilidad… sobre todo cuando la gente la confundía con un simple felino o la trataba como si fuera una niña solo por ser bajita.

Aun así, se enorgullecía de su fuerza y de una cosa muy clara: quería proteger a la gente.

Llevaba todo el día recorriendo distintos sectores de Nueva Eridu repartiendo panfletos.

La sede del Templo Yunkui se encontraba en el distrito Waifei Peninsula, pero con el templo en ruinas y los números reducidos, muchos de sus miembros —los “apéndices”, como los llamaban— tenían que salir a otros distritos para intentar reclutar ayuda o seguidores.

La situación era mala.

Muy mala.

Por eso, cuando Ju Fufu notó que Tn no solo tomó el panfleto, sino que además escuchaba, su ánimo cambió por completo.

—¡De verdad, de verdad!

—decía, gesticulando con energía—.

No somos una secta rara ni nada así, ¿sí?

Somos una orden antigua de monjes guerreros.

Tn ladeó la cabeza.

—¿Monjes… guerreros?

De donde habia escuchado eso.

—¡Ajá!

—asintió con fuerza—.

Protegemos a la gente de los peligros de las Cavidades, luchamos contra enemigos etéreos y Huecos, y entrenamos discípulos para que encuentren su propio camino correcto.

Benny soltó un maullido dudoso.

Ju Fufu lo miró.

—Oye, gatito, no me mires así… —frunció el ceño—.

Somos un pilar de resistencia en Nueva Eridu, ¿sabías?

—Mrr.

—¡Eso no fue un cumplido!

—bufó ella, inflando las mejillas.

Tn dejó escapar una pequeña risa.

—Suena… diferente —dijo—.

¿Y tú qué haces exactamente?

Ju Fufu se irguió de inmediato, orgullosa.

—¡Soy combatiente y reclutadora!

—respondió—.

Aunque… bueno… hoy solo he sido reclutadora.

Sus orejas se bajaron un poco.

—Nadie quería escucharme —murmuró—.

Algunos me dijeron “gatita”, otros pensaron que solo vendía dulces o… —apretó los dientes— que era una mascota perdida.

—Eso es… grosero —dijo Tn con honestidad.

Ju Fufu levantó la vista, sorprendida.

—¿Verdad que sí?

—exclamó—.

¡Soy una tigresa!

¡Y soy fuerte!

Levantó el puño para demostrarlo, aunque enseguida se detuvo, nerviosa.

—P-pero… a veces me frustro —admitió—.

El templo está en ruinas, somos pocos… y si no conseguimos ayuda, Yunkui podría desaparecer.

Tn observó el panfleto otra vez.

—Dices que protegen a la gente.

—Sí —asintió Ju Fufu con firmeza—.

Aunque nuestros métodos sean… poco convencionales.

—¿Poco convencionales cómo?

Ella rió nerviosa.

—Bueno… meditamos, entrenamos, peleamos, comemos juntos, a veces dormimos en el suelo, a veces en ruinas… Y nuestra Maestra esta algo mmmm deslocada.—se encogió de hombros—.

Nada raro… ¿no?

Benny la miró fijamente.

—Mrrr.

—¡Deja de juzgarme!

—le gritó al gato.

Tn sonrió un poco más.

—Entiendo —dijo—.

Al menos entiendo por qué no quieres que desaparezca.

Ju Fufu abrió los ojos con brillo.

—¿De verdad?

—Sí —respondió—.

Proteger a otros… suena importante.

Las orejas de Ju Fufu se alzaron por completo.

—¡Entonces…!

—se inclinó un poco hacia él— ¿te gustaría saber más del Templo Yunkui?

Benny soltó un maullido bajo, como advirtiendo algo.

Tn pensó unos segundos… y luego asintió.

—Cuéntame.

Ju Fufu tomó aire, infló un poco el pecho y continuó hablando con renovado entusiasmo.

—Mi preceptora es la decimotercera preceptora, la Gran Maestra Yi Xuan —dijo con orgullo—.

Ella es quien nos dirige ahora.

Es… estricta, pero justa.

Y está haciendo todo lo posible para que el Templo Yunkui vuelva a levantarse.

Tn asintió con atención.

—¿Se están reconstruyendo?

—Sí —respondió Ju Fufu, bajando un poco la voz—.

El templo quedó muy dañado… por eso estamos buscando apoyo.

Incluso se ha hablado de pedir ayuda a las constructoras Belobog.

Si alguien puede reconstruir algo desde cero, son ellos.

Justo entonces, un gruñido fuerte interrumpió la conversación.

—Grrrrrr— Tn parpadeó.

—¿Eso fue…?

Ju Fufu se quedó rígida.

Sus orejas se alzaron de golpe… y luego se aplastaron contra su cabeza.

—E-eso fue mi estómago… —murmuró, completamente sonrojada—.

Salí desde la mañana y… no he comido nada.

Benny soltó un maullido agudo, casi burlón.

—Mrrraow.

—¡No te rías!

—le gritó ella al gato, señalándolo con el dedo.

Tn negó suavemente con la cabeza, divertido.

Sin decir nada, sacó el lonche que había comprado antes y se lo extendió.

—Toma.

Ju Fufu lo miró como si le hubieran ofrecido un tesoro.

—¿E-eh?

¿Para mí?

—Sí —dijo Tn—.

Te hace falta.

Los ojos de Ju Fufu brillaron de inmediato.

Literalmente podía sentir cómo se le hacía agua la boca.

—¡G-gracias!

¡Gracias, gracias, gracias!

—repitió mientras lo tomaba con ambas manos.

Se sentaron en una banca cercana.

Ju Fufu empezó a comer con una velocidad sorprendente, aunque tratando de mantener algo de dignidad.

—Hmmm… ¡está buenísimo!

—dijo con la boca medio llena—.

¡Con energía así seguro seré Gran Maestra algún día!

Tn levantó las cejas.

—¿Gran Maestra?

—¡Claro!

—respondió ella, inflando el pecho—.

¡Soy candidata!

Tengo habilidades increíbles, fuerza, espíritu… y determinación.

Yo misma levantaré el Templo Yunkui.

—Wow… —murmuró Tn, genuinamente impresionado.

Ju Fufu sonrió de oreja a oreja.

—Repartiré tantos panfletos que tarde o temprano reclutaré a alguien rico, con mucho dinero —dijo con total seriedad—.

Y entonces… ¡boom!

El templo volverá a brillar.

Tn no pudo evitar reír.

—Ese es… un plan bastante directo.

—¡Funcionara!

—aseguró ella.

Tn inclinó un poco la cabeza.

—Oye… ¿el templo acepta donaciones virtuales o solo en físico?

Ju Fufu parpadeó.

—Ah, sí, tenemos un sistema de ahorros virtual —explicó—.

Es algo nuevo.

Lo diseñó una exmiembro de la secta, bastante lista.Mmmm creo que fue Belle la que sugirio tal idea.-Murmuro tratando de recordar a quien se le ocurrio.

—Ya veo —dijo Tn.

Sacó su teléfono.

—¿Me das la numeración?

—¿Eh?

S-sí, claro… —respondió Ju Fufu, dictándola sin pensarlo mucho.

Tn tecleó durante unos segundos.

Benny se inclinó para mirar la pantalla.

—Mrr.

—Listo —dijo Tn, guardando el teléfono.

—¿Listo para qué?

—preguntó Ju Fufu.

Tn le mostró la pantalla.

Los ojos de Ju Fufu casi se salieron de sus órbitas.

—¿¡Q-QUÉ!?

—gritó.

La cantidad que Tn acababa de transferir era absurda.

Ridícula.

Estupida.

Era como regalar un grupo entero de bangboos hechos de oro puro.

—E-estás loco… —balbuceó—.

¡E-esto es muchísimo dinero!

Tn se rascó la mejilla, algo apenado.

—Bueno… si los Yunkui protegen a la gente —dijo con sencillez—, entonces también me protegen a mí.

Y vaya que hacian buen trabajo, nunca habia sido ataco por hollow ni una sola vez.

Claro ignorando que nunca salia del distrito donde vivia y tenia a un loco enano maton de otra dimension cuidandolo y a una thiren tiburon.

Ju Fufu lo miró, sin palabras.

—Así que… —continuó él— solo estoy contribuyendo.

Como un favor.

Ju Fufu apretó el lonche entre sus manos, temblando.

—Tn… —murmuró—.

Juro… juro que el Templo Yunkui no olvidará esto.

Sus orejas se alzaron con determinación.

—¡Te protegeremos!

¡Aunque tenga que volverme la Gran Maestra más fuerte de la historia!

Benny soltó un maullido largo.

—Mrrraaa.

Tn sonrió.

Era bueno ser amable…..Y tener dinero para regalar asi.

________________________________________________________ Bueno llego la hora de arruinar vidas 7w7

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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