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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 239

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  4. Capítulo 239 - 239 Goldship part 3 Uma musume
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239: Goldship part 3 Uma musume 239: Goldship part 3 Uma musume Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio  Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.

Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos..

__________________________________________________– Un gemido ahogado escapó de su garganta.

Algo pesado presionaba su pecho, robándole el aire.

Tenía los ojos cerrados, pero la sensación era demasiado real como para seguir durmiendo.

Respirar costaba, como si un peso muerto lo anclara a la cama.

Abrió apenas los ojos… y ahí estaba.

Sonriendo.

—Ya es hora de levantarseee —canturreó—.

Comer primero, estudiar después.

La figura sobre él se acomodó sin pudor, sentada prácticamente encima de su torso, la cola balanceándose con total tranquilidad.

Él la miró con una expresión simple, todavía atrapado entre el sueño y la realidad, y trató de empujarla.

—G-Gold… —gruñó—.

¿Podrías… moverte… un poco?

Ni siquiera se inmutó.

—¿Hm?

¿Tan temprano y ya te quejas?

—cruzó las piernas, aumentando la presión—.

No sé a qué hora nos dormimos anoche, pero te aviso algo: tengo una carrera en unos días.

Hay que empezar a mentalizarse.

El movimiento cesó de golpe.

Él la miró ahora totalmente despierto.

—¿Una carrera…?

—murmuró.

—Sip.

—Sonrió de lado—.

Algún día tú también estarás ahí conmigo, ya lo verás.

Suspiró profundamente.

—Gold… en serio… ¿podrías moverte, por favor?

—Bueno, bueno~ —cantó finalmente, bajándose de encima como si nada.

El aire volvió a sus pulmones de golpe.

Se incorporó, respirando hondo, pasando una mano por su pecho.

—Gracias… casi me matas.

—Exagerado —rió—.

Pero es verdad lo que dijiste ayer.

Pronto correrás carreras de verdad.

No solo entrenamientos.

—Eso espero —respondió con una pequeña sonrisa—.

Quiero correr como tú.

En la misma pista.

—Heh… —lo miró de reojo—.

Ya veremos si puedes seguirme el ritmo.

Ambos se levantaron y se dirigieron a la puerta, listos para ir a desayunar.

Gold Ship iba adelante, hablando sola sobre comida, cuando de pronto— ¡PUM!

—¡AUUUU!

Se estrelló directamente contra la puerta, golpeándose justo en el ojo.

Cayó al suelo de inmediato, pataleando con dramatismo absoluto.

—¡ME ATACÓ!

¡LA PUERTA ME ATACÓ!

—¡¿Gold?!

—gritó, corriendo hacia ella—.

¿Estás bien?

—¡Creo que no voy a volver a ver con este ojo!

¡Dile a Spica que me recuerde como una leyenda!

—¡Deja de exagerar!

—se agachó a su lado, claramente alarmado—.

¡No te muevas!

Ella abrió apenas un ojo, mirándolo entre los dedos… y sonrió.

—¿Ves?

Ya estás actuando como parte del equipo.

Él la miró en silencio unos segundos… y negó con la cabeza, suspirando.

—Definitivamente… no has cambiado nada.

—¡Y espero nunca hacerlo!

.

.

Las horas pasaron sin que apenas se dieran cuenta.

Después de comer, ambos continuaron con sus clases, moviéndose de un aula a otra como parte del flujo natural de la Academia Tracen.

Tn todavía seguía procesando muchas cosas, pero hubo una en particular que lo dejó completamente desconcertado.

Oguri Cap.

No era solo que comiera mucho… era cómo comía.

—¿Eso… eso es normal?

—murmuró, viendo cómo los platos desaparecían uno tras otro.

—Para Oguri, sí —respondió alguien con total naturalidad—.

Si deja de comer, preocúpate.

Tn parpadeó varias veces.

Incluso en la granja de cría, donde el esfuerzo físico era constante, jamás había visto a una Uma devorar comida de esa manera.

Oguri, por su parte, parecía completamente ajena a las miradas, concentrada únicamente en su siguiente bocado.

Poco después, regresaron al entrenamiento.

Y ahí vino lo verdaderamente extraño.

Gold Ship no estaba entrenando.

Estaba sentada a un lado de la pista… jugando cartas consigo misma.

—¿Está… apostando contra ella misma?

—pensó en voz alta.

—Y perdiendo —añadió alguien—.

Creo.

El entrenamiento, como era costumbre en Tracen, era todo menos ortodoxo.

Algunas Uma corrían vueltas completas, otras hacían ejercicios de salida, otras entrenaban resistencia en la arena.

Tn se integró con relativa facilidad, ajustando su ritmo junto a varias chicas, midiendo cada paso, cada respiración.

Su cuerpo respondía bien.

Demasiado bien.

Fue entonces cuando una presencia se deslizó a su lado.

—Fascinante… simplemente fascinante.

La voz era rápida, excitada, casi atropellada.

Tn giró la cabeza y se encontró con unos ojos brillantes detrás de unas gafas, una sonrisa demasiado amplia para ser tranquila.

—Tus pulsaciones… ¿las sientes?

¿El ligero desfase entre respiración y zancada?

Es hermoso.

—¿Eh…?

—tragó saliva—.

¿Perdón?

—Agnes Tachyon~ —se presentó, inclinándose apenas—.

Científica, genio incomprendido y futura responsable de romper todos los límites conocidos de la velocidad Uma.

Agnes Tachyon es una Umamusume de apariencia científica y peculiar, con cabello castaño corto y despeinado, un distintivo ahoge doblado, y ojos rojos con patrones de cuadrícula y sin brillo, usando una bata de laboratorio larga con tubos de ensayo y mangas que cubren sus dedos como parte de su uniforme.

—Mucho gusto… —Eres un caso extraordinario —continuó sin darle tiempo—.

El primer Uma masculino accesible, linaje de los tres grandes, estructura muscular distinta, feromonas activas… oh, esto es oro puro.

Tn sintió cómo el sudor bajaba por su frente.

—Eso… suena un poco peligroso.

—¡Lo es!

—respondió encantada—.

Pero por eso es divertido.

Se acercó aún más, observándolo como si fuera un experimento andante.

—Propongo un trato.

Yo comparto conocimientos.

Teorías, métodos, optimización de energía, cosas que ni los entrenadores se atreven a explicar… y a cambio, tú y algunas de tus compañeras se ofrecen como sujetos de prueba.

—¿Sujetos de…?

—Prueba —repitió, con una sonrisa que no inspiraba demasiada confianza—.

Nada letal.

Probablemente.

Tn se quedó en silencio unos segundos, mirando a las otras Uma entrenar, sintiendo el latido firme en su pecho, el deseo de mejorar, de correr más rápido, más lejos.

—Si realmente sabes tanto… —dijo al fin—.

Supongo que escuchar no hace daño.

Los ojos de Agnes brillaron como los de una depredadora que acaba de recibir permiso.

—Excelente decisión.

Te prometo que no te arrepentirás.

Desde la distancia, Gold Ship levantó la vista de sus cartas, observando la escena con una sonrisa torcida.

—Heh… —murmuró—.

Ya empezaron a rodearlo.

No estaba molesta……..aun no .

.

Tachyon reunió a más Uma casi de la nada.

Nadie supo exactamente en qué momento apareció una pizarra, pero allí estaba, apoyada contra una valla, como si siempre hubiese pertenecido al lugar.

Agnes ya estaba escribiendo con una energía casi febril, llenando el espacio de fórmulas, flechas y esquemas que parecían más propios de un laboratorio que de una pista de entrenamiento.

—Atención, atención~ —dijo, golpeando la pizarra con el marcador—.

Empecemos por lo básico: el terreno.

Dibujó líneas, capas, símbolos.

—La firmeza de la pista lo es todo.

Terreno duro, mayor velocidad.

Terreno blando, menor velocidad pero mayor desgaste.

La resistencia se pone a prueba ahí, y muchas Uma no lo entienden hasta que ya están sin aire.

Algunas asentían, otras fruncían el ceño intentando seguirle el ritmo.

—Y luego está el clima —continuó, sin respirar—.

Humedad, viento, temperatura.

Todo afecta la zancada, la respiración y el consumo de energía.

No existe la “mala suerte”, solo malas lecturas de condiciones.

De pronto, sin previo aviso, se giró hacia Tn.

—Tú.

Antes de que pudiera reaccionar, ella ya estaba frente a él, palmeándole las piernas con rapidez, luego el abdomen, marcando con el dedo como si estuviera midiendo proporciones invisibles.

—¿E-e-eh?

Oye— —Baja estatura relativa, centro de gravedad compacto… —murmuraba—.

Excelente adaptación para carreras cortas y medias.

Terrenos duros o arenosos.

Resistencia natural elevada.

Fascinante.

Sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

Los ojos rojos de Agnes brillaban con una intensidad inquietante mientras seguía hablando, ahora mezclando genética y crianza como si fueran piezas de un rompecabezas perfecto.

—La herencia lo explica casi todo.

Dime, ¿tu madre de qué línea provenía?

El silencio se volvió pesado.

—Yo… —tragó saliva—.

Preferiría no entrar en demasiados detalles.

—Oh~ —sonrió—.

Eso lo hace aún más interesante.

Otra Uma carraspeó, levantando la mano con cierta cautela.

—E-entonces… ¿cómo podemos adaptarnos mejor a la pista y sacar ventaja?

Agnes se giró de golpe, emocionada.

—¡Excelente pregunta!

Golpeó la pizarra con fuerza.

—La adaptación no es magia.Non Nein Nain es progresión.

Entrenamiento gradual que fortalece los músculos, mejora la resistencia y afina la coordinación.

Pendientes para fuerza, intervalos de velocidad para desarrollar capacidades aeróbicas y anaeróbicas.

Escribía tan rápido que el marcador chirriaba.

—Y no olviden lo mental.

La multitud, el ruido, el ambiente del hipódromo.

Exposición gradual, rutinas constantes, nutrición precisa y cuidado veterinario adecuado.

El cuerpo y la mente deben correr juntos.

Tn escuchaba con atención, aunque una parte de él seguía en guardia.

Aquella Uma era… peculiar.

No al nivel de Gold Ship, pero definitivamente peligrosa a su manera.

—Si dominan todo eso —concluyó Agnes, ajustándose las gafas—, no solo correrán.

Controlarán la carrera.

Desde un costado, Gold Ship observaba la escena con los brazos cruzados y una sonrisa torcida.

—Heh… —murmuró—.

Ya lo metieron en la boca del lobo.

Tn lo sabía.

Pero también sabía otra cosa.

Si quería sobrevivir —y ganar— en ese mundo, necesitaría conocimiento… incluso si venía de una científica loca.

Tachyon no se detuvo.

Caminaba de un lado a otro frente a la pizarra, el marcador ahora reemplazado por un puntero improvisado hecho con el mismo entusiasmo febril de siempre.

—En las carreras, las lesiones no son una posibilidad —dijo, golpeando el suelo con el pie—, son una certeza.

Y una muy problematica.

Algunas Uma se removieron incómodas.

—Tendinitis, desgarros de ligamentos, sobre todo en los tendones flexores.

Sobrecarga constante.

Impacto repetido.

—Levantó un dedo—.

Luego vienen las contusiones óseas, microfracturas, problemas articulares como osteoartritis u osteocondrosis.

Hizo una pausa, su sonrisa desapareciendo por un instante.

—Y en casos graves… fracturas catastróficas.

Fin de la carrera.

A veces, fin de la vida.

El silencio fue absoluto.

—También existen problemas cardíacos y lesiones internas —añadió, como si hablara del clima—.

Por eso el tiempo de una Uma en la pista es limitado.

Años, no décadas.

Todo depende del tipo de carreras… y de cómo hayan sido tratadas.

Reanudó su caminata.

—La medicina moderna ha avanzado mucho.

Podemos reparar, aliviar, retrasar el deterioro.

—Se ajustó las gafas que mas que nada eran para pura estetica—.

Pero nada de eso es permanente.

Sin aviso, tomó una manguera cercana y abrió la llave.

El agua cayó con fuerza sobre un tramo de la pista, empapándolo hasta convertirlo en barro espeso.

—Terreno húmedo —anunció, satisfecha—.

Perfecto para una demostración.

Se giró hacia tres figuras.

—Tú, tú… y tú.

—¿Eh?

—parpadeó.

—Tú primero —señaló a Special Week—.

Luego tú —miró a Tn—.

Y finalmente tú —sonrió hacia Gold Ship—.

Se acomodaron frente al tramo embarrado.

La diferencia de estaturas era evidente: Special Week más baja, Tn de complexión mediana, Gold Ship la más alta.

—Aplicaremos teoría a la práctica —declaró—.

Quiero que corran.

Nada extremo.

Solo lo suficiente para ver cómo responde cada cuerpo.

El silbato improvisado sonó.

Corrieron.

Desde los primeros pasos quedó claro el problema.

El barro se aferraba a los pies, robando tracción.

Special Week luchaba por mantener el equilibrio, cada zancada exigiendo más esfuerzo del esperado.

Gold Ship, con su estatura y peso, tenía problemas evidentes para estabilizarse.

Tn, en cambio… Su cuerpo se adaptó casi de inmediato.

La pisada firme, el centro de gravedad bajo, la fuerza distribuida con precisión.

Avanzó con mayor control, ganando metros.

—Como era de esperarse —comentó Tachyon, revisando el cronómetro—.

Ventaja clara.

Al cruzar el tramo, Tn redujo la velocidad, respirando con dificultad.

El mundo le dio una ligera vuelta y tuvo que apoyarse en las rodillas.

—Oye… —murmuró—.

Me siento… raro.

—Es normal —respondió ella sin levantar la vista—.

Esfuerzo muscular extra, consumo acelerado de energía.

Gold Ship miró sus zapatos, ahora completamente arruinados por el barro.

—Genial… los acabo de perder —bufó.

Special Week se secaba el sudor de la frente, jadeando.

—Es… mucho más pesado de lo que parece… Tachyon levantó la vista, claramente satisfecha.

—Y ahí lo tienen.

El terreno decide ganadores antes de que la carrera empiece.

Tn se incorporó lentamente, aún mareado, pero con una certeza nueva en la mente.

Tachyon volvió a girarse hacia el resto de las Uma, dando un par de palmadas para recuperar su atención.

El barro aún brillaba húmedo detrás de ellas, como un recordatorio físico de la lección.

—Ahora, ampliemos el panorama —dijo con una sonrisa calculada—.

Las carreras no son solo Tracen ni Japón.

Escribió rápido en la pizarra.

—Asociación Japonesa de Carreras.

La JRA gestiona los diez hipódromos principales del país.

Gracias a inversionistas, patrocinadores y acuerdos internacionales, las carreras se han convertido en un fenómeno global.

Algunas Uma murmullaron entre ellas.

—Las más destacadas pueden ser invitadas a competir fuera del país.

Europa, América, Medio Oriente incluso Estados unidos.

Prestigio, contratos, fama.

Todo lo que siempre se puede pedir.

Una de las chicas levantó la mano con timidez.

Sus orejas bajaron un poco antes siquiera de hablar.

—Puedo preguntar algo… sobre los Uma masculinos…?

Hubo un breve silencio incómodo.

Tn sintió varias miradas desviarse hacia él.

La Uma dudó, pero continuó.

—¿Por qué… casi nunca corren?

Tachyon no se burló.

Al contrario, sonrió, complacida.

—Buena pregunta.

Y no es tonta en absoluto.

Se acomodó las gafas.

—En términos generales, los Uma masculinos poseen cuerpos más pesados y una musculatura pensada para la fuerza bruta, no para la velocidad sostenida.

Por eso, la mayoría no es apta para carreras.

Señaló con el marcador, como si dibujara siluetas invisibles.

—Tradicionalmente, se les contrata para trabajos de carga pesada.

Arar campos, tirar de carros y troncos, labores agrícolas y forestales, mover maquinaria, transportar mercancías.

Destacan por su potencia, tamaño y temperamento estable en tareas de tracción constante.

Algunas asentían, como si aquello confirmara lo que siempre habían oído.

—Pero… —añadió, levantando un dedo—.

Hay excepciones.

La mirada de Tachyon se posó brevemente en Tn.

—Las ramas fundadoras.

Los primeros linajes adaptados específicamente para correr.

Darley Arabian, Godolphin Arabian, Byerley Turk.

Su descendencia heredó cuerpos distintos: más equilibrados, más ligeros, más eficientes para la velocidad.

Por eso se les pirmite correr.

Caminó lentamente frente al grupo.

—Ver un Uma masculino así es extremadamente raro.

Tan raro que, de hecho… —frunció el ceño pensativa— no recuerdo al último que haya competido oficialmente en carreras modernas.

Se detuvo.

—En la historia quedan nombres legendarios.

Man o’ War.

Lexington.

Casos excepcionales, con legados tan impactantes que aún se estudian hoy.

El murmullo creció.

Varias miradas se dirigieron sin disimulo hacia Tn.

Él sintió un nudo en el estómago.

—Así que —concluyó Tachyon, sonriendo de nuevo— lo que tenemos aquí no es solo un estudiante nuevo.

Es una anomalía estadística y posiblemente no tengamos otro en un par de decadas.

Desde un costado, Gold Ship chasqueó la lengua, cruzándose de brazos.

—Heh… —murmuró—.

Y pensar que lo conocí cuando solo corría entre cercas en la granja.

Tn respiró hondo, consciente de una verdad incómoda que empezaba a asentarse.

Volviendo a aplaudir con energía, Tachyon dio por terminada la sesión.

—Conclusión final: aunque los Uma masculinos sean raros en las carreras… no son imposibles —declaró, levantando el marcador como si fuera un trofeo.

Algunas Uma asintieron, otras seguían mirando a Tn con una mezcla de curiosidad y respeto nuevo.

Tachyon miró su reloj y chasqueó la lengua.

—Hm.

Ya casi es hora de volver a la academia.

No quiero que nos acusen de saltarnos las clases.

Las risas aliviaron un poco el ambiente.

Tn soltó un suspiro largo; había sido una clase intensa, pero sorprendentemente agradable.

Se acercó a Tachyon con cierta timidez.

—Oye… —dijo—.

¿Seguirías enseñándome?

Quiero decir, aunque no sea parte oficial del programa.

Los ojos de Agnes brillaron de inmediato.

—¿Seguir?

—repitió—.

Por supuesto que sí.

Sería un desperdicio científico no hacerlo.

—G-gracias… —Oh, no me agradezcas todavía —sonrió—.

Aún no hemos empezado con lo divertido.

Antes de que pudiera responder, sintió de pronto un brazo rodearle el cuello con firmeza.

—Yaa~ basta de ciencia por hoy —dijo una voz conocida, tirando de él—.

Es hora de irnos.

—Gold— —Ni una palabra más —rió—.

Te vas a sobrecalentar si sigues hablando con la loca de laboratorio.

—¡Oye!

—protestó Tachyon—.

Eso es difamación científica.

—Claro, claro~ —respondió sin mirarla, arrastrándolo—.

Ven, antes de que se nos haga tarde.

Era evidente.

Gold Ship caminaba pegada a él, demasiado cerca incluso para alguien tan excéntrica.

Su personalidad siempre había sido así: impredecible, libre, cambiante.

Podía pasar de una broma absurda a una mirada fija y silenciosa en cuestión de segundos.

Bien pudo ser bipolar, pero Agnes no ha podido diagnosticarla con claridad.

Tn lo notó.

Y Tachyon también.

Mientras los veía alejarse, Agnes se quedó quieta, ajustándose las gafas.

Una sonrisa lenta, casi inquietante, se dibujó en su rostro.

—Feromonas activas… —murmuró para sí—.

Fascinante.

Sabía que el cuerpo de Tn desprendía señales sutiles.

No afectaban a todas las Uma, solo a algunas, provocando cambios leves en el comportamiento.

Nada fuera de lo biológicamente natural… pero suficiente.

Y Gold Ship no era precisamente conocida por su autocontrol.

—Ya quiere marcar territorio —susurró Agnes, con una risa baja—.

Nada raro, considerando sus peculiaridades.

A lo lejos, Gold Ship inclinó la cabeza hacia Tn, sonriendo de esa forma traviesa y posesiva tan suya.

—Oye, T.N.~ —dijo—.

A partir de ahora, corres conmigo.

¿Entendido?

Tn tragó saliva.

No sabía si aquello era una broma… o una advertencia.

Pero conociendola se le olvdiara en un rato.

Ambos regresaron a la academia cuando el cielo ya empezaba a oscurecer.

Tal como era de esperarse, Gold Ship apareció en la habitación de Tn arrastrando una almohada enorme y una cobija, instalada con total naturalidad, como si ese cuarto siempre hubiera sido suyo.

—Listo, pijamada oficial —anunció, tirando todo sobre la cama.

—Otra vez no… —suspiró él, aunque no la detuvo.

La escena se repitió: televisión encendida, el sonido bajo, imágenes cambiando sin demasiado interés.

Tn comía algo sencillo sentado en la cama, mirando la pantalla con atención distraída.

Gold Ship, en cambio, estaba recostada boca abajo, completamente absorta en su celular.

Vibración.

Vibración.

—Hm~ —sonrió.

Mensajes.

Transferencias.

Números que seguían creciendo.

Deslizó el dedo por la pantalla, satisfecha.

Incluso perdiendo algunas carreras “estratégicas”, su cuenta bancaria seguía siendo más que considerable.

Premios acumulados, contratos, favores cobrados.

Su nombre era una marca.

—Nada mal para una loca impredecible, ¿no?

—murmuró para sí.

Había ganado fortunas en su carrera, carreras legendarias que aún se mencionaban con reverencia… y con rabia por parte de los apostadores que habían perdido cantidades absurdas.

Su fama no solo se medía en trofeos, sino en caos económico.

Gold Ship recaudó una fortuna en premios durante su carrera (2011-2015), ganando múltiples carreras importantes, incluyendo el Satsuki Sho, el Kikuka Sho y el Arima Kinen, aunque la cifra exacta de sus ganancias totales no está en los resultados, su fama por pérdidas de apostadores (¡12 mil millones de yenes!) y victorias legendarias lo convirtió en una leyenda, y como semental, su costo de monta es de 2 millones de yenes por servicio.

Cerró la app y dejó el teléfono a un lado, mirando el techo.

—Cuando me retire… —dijo de pronto— voy a vivir como reina.

—¿Eh?

—respondió él, sin apartar la vista de la TV.

—Casa grande, comida buena, cero entrenamientos a las seis de la mañana —rió—.

Y cumplir un sueño.

Giró la cabeza para mirarlo.

—¿Sabes que las Uma retiradas pueden pagar servicios especiales, no?

—He oído algo…Porque?

—Ajá.

—Sonrió, ladeada—.

Pagas una fortuna, eliges un linaje fuerte… y traes al mundo a alguien con un futuro brillante.

Volvió a mirar la pantalla, fingiendo desinterés.

—Muchas lo sueñan.

El silencio se estiró unos segundos.

—¿Y tú…?

—preguntó él, con cautela—.

¿Lo has pensado?

—Desde hace tiempo —respondió sin dudar—.

El porcentaje puede variar.

Si es femenina, gloria asegurada.

Si es masculino… Rió bajito.

—Oh, eso sí que sería el premio mayor.

Giró lentamente la cabeza hacia él.

No dijo su nombre.

No hacía falta.

—Pero eso es cosa del futuro —añadió, estirándose—.

Muy, muy futuro.

Tn sintió un escalofrío que no supo explicar.

Volvió la mirada a la televisión, carraspeando.

—Siempre hablas como si ya tuvieras todo planeado.

—Claro que sí —respondió ella, acomodándose más cerca—.

Improviso en la pista… no en lo importante.

Apoyó la cabeza en la almohada, cerrando los ojos.

—Relájate,Tttttnnnn.

Hoy solo miramos la tele.

El brillo de la pantalla iluminó sus rostros mientras el cuarto quedaba en calma.

Gold Ship sonreía, tranquila.

El futuro podía esperar.

.

.

.

.

En un almacén apartado, muy lejos del brillo ordenado de la Academia Tracen, una sola bombilla colgaba del techo, balanceándose lentamente.

La luz caía justo sobre una mesa metálica y dos sillas.

En una de ellas estaba sentada Haru Urara.

Pequeña, con los pies sin alcanzar del todo el suelo.

Su largo cabello rosado caía en suaves ondas sobre sus hombros, las orejas cubiertas por orejeras magenta con un lazo blanco.

Las tiritas en sus piernas contrastaban con la limpieza exagerada de su sonrisa.

Frente a ella, un hombre de traje oscuro, rostro curtido y ojos afilados.

Tenía el aire inconfundible de alguien acostumbrado a mandar sin levantar la voz.

Un lider Yakuza.

—Siempre es un placer verte —dijo con amabilidad estudiada.

Colocó un maletín sobre la mesa.

Clack.

Lo abrió despacio.

Billetes.

Muchísimos.

—Gracias a ti, las ganancias han ido de maravilla —continuó—.

La gente sigue apostando con el corazón… y perdiendo con la cabeza.

Ella inclinó un poco la cabeza.

—¿Ah… sí?

—respondió con voz suave—.

Yo solo corro como siempre.

—Justamente —rió bajo—.

La mayor perdedora esta vez fue una de las favoritas.

Nadie lo vio venir.

Haru parpadeó.

—No sé nada de eso… El hombre cerró el maletín con cuidado, sin perder la sonrisa.

—Claro que no.

Se apoyó en el respaldo de la silla.

—Lo curioso es que, sin ganar una sola carrera importante, has logrado algo que muchas campeonas jamás conseguirán.

Ella ladeó la cabeza, fingiendo curiosidad.

—¿Eh?

—Patrocinadores.

Apoyo popular.

Y… alianzas —dijo, mirando alrededor del almacén—.

Muy buenas alianzas.

Haru bajó la mirada por un instante.

—Solo uso el dinero para ayudar —murmuró—.

Otras Uma lo necesitan más que yo.

—Y por eso te protegen —asintió él—.

Donaciones aquí, favores allá.

Has comprado buena voluntad… incluso entre gente peligrosa.

Ella sonrió, una sonrisa tan pura que casi dolía mirarla.

—Me alegra poder ser útil.

El hombre sacó un sobre y lo deslizó hacia ella.

—Las ganancias se repartirán como de costumbre.

Tu parte está incluida.

Haru tomó el sobre con ambas manos, como si fuera algo frágil.

—Gracias.

—Tendrás otra carrera pronto —añadió, ahora con un tono más serio—.

Ya sabes qué hacer.

Ella levantó la vista.

—Perder.

—Como siempre.

Haru asintió con energía, apretando el sobre contra su pecho.

—Daré todo de mí.

El hombre se levantó, ajustándose el traje.

—Eso es lo que más me gusta de ti —dijo antes de irse—.

Nunca dejas de correr… aunque todos sepamos el resultado.

La puerta del almacén se cerró con un eco metálico.

Haru Urara quedó sola, balanceando suavemente las piernas en la silla.

Su sonrisa no se desvaneció.

Al contrario, parecía aún más firme.

—Está bien… —susurró—.

Mientras todos estén a salvo.

La bombilla siguió oscilando.

Y en la penumbra, la Uma más “inocente” del circuito seguía moviendo hilos que nadie se atrevía a ver.

________________________________________________________ Este capítulo fue mas para explorar como funciona el sistema de los Uma, y un poco sobre como se maneja el negocio de apuesta.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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