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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 24

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  4. Capítulo 24 - 24 Yang xiao Long parte 4 rwby
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24: Yang xiao Long parte 4 (rwby) 24: Yang xiao Long parte 4 (rwby) Yang se recostó sobre su cama con un suspiro pesado, la toalla de Tn aún doblada cuidadosamente bajo su almohada como si fuera un amuleto secreto.

Ruby dormía plácidamente en la litera de abajo, murmurando algo sobre galletas en sueños, mientras Weiss resoplaba cada tanto desde su lado de la habitación y Blake leía en silencio, aunque Yang sabía que esas orejas estaban siempre atentas a todo.

Con cuidado, sacó su libreta de planes.

En la portada tenía escrito con tinta roja:”Operación: Tn será MÍO (sí o sí).” Pasó las primeras páginas, llenas de corazones, garabatos de su rostro junto al de Tn, y esquemas absurdos con títulos como “Entrenamiento sexy diario” o “Cómo decirle ‘te amo’ sin parecer desesperada”.

Luego llegó a la nueva sección: PLANES DE CONQUISTA.

Mostrar mis pectorales ✔ Visibilidad alta ✘ Ineficaz.

Tn está igual de mamado que yo.

Ni se inmutó cuando entrenamos juntos.

Conclusión: Tiene estándares imposibles o no le gustan las rubias (imposible).

Cocinarle algo delicioso ✔ Romántico.

Apela al corazón y al estómago.

✘ Ruby casi muere.

Weiss dijo que la cocina parecía un campo de batalla.

Conclusión: Riesgo biológico.

Descarta antes de que Beacon llame a emergencias.

Darle una nueva arma personalizada ✔ A todos los chicos les gusta una buena arma.

✘ Tn es del tipo que usa sus puños.

Tiene un cañón oculto en el brazo izquierdo.

WTF.

Conclusión: Demasiado práctico.

Probablemente destruiría cualquier cosa que le diera para probarla.

Yang dejó caer su cabeza sobre la libreta con un golpe suave.

Soltó un quejido amortiguado.

Se sentía atrapada en su propio juego.

¿Cómo se suponía que enamoraría a un chico que parecía…

indiferente al mundo que conocia?

—¡Ugh, maldito seas por ser tan perfecto!

—murmuró contra las páginas, su voz llena de frustración y anhelo.

Levantó la mirada con ojos brillantes, pensativa.

—¿Y si…

lo sigo más?

Tal vez solo necesito aprender más de él… entenderlo…

como una sombra… Luego, una sonrisa se dibujó lentamente en sus labios.

Retorcida.

Dulce.

Peligrosamente motivada.

—Sí… sí, eso haré.

Lo observaré.

Lo estudiaré.

Como una…

ehhhhh pensare luego en el nombre.

Se levantó de la cama con energía repentina, sacando un mapa del campus y varios marcadores de colores.

Comenzó a trazar los lugares donde Tn solía pasar más tiempo: El gimnasio La biblioteca El jardín trasero (donde se sentaba a leer solo) La cafetería a las 17:00 exactas (siempre pedía lo mismo: té negro y un pan con mantequilla de manzana) Blake levantó la vista de su libro con el ceño fruncido.

—¿Qué estás haciendo, Yang?

Yang se giró lentamente, escondiendo la libreta detrás de su espalda.

—¡Nada!

¿Acaso es ilegal hacer un seguimiento táctico y estratégico de las rutinas diarias de un chico?

Blake la miró fijamente.

Luego volvió a su libro.

—Solo…

no uses drones otra vez.

El director aún está buscando al responsable de espiar los baños.

Yang silbó con inocencia, caminando hacia la ventana mientras murmuraba.

—El amor es una guerra…

y yo no pierdo.

Lo que no sabía, era que justo en ese instante, Pyrrha se entrenaba en secreto en el campo trasero, golpeando objetivos de metal con una furia silenciosa.

Su semblanza chispeaba con intensidad, y cada estocada era más rápida que la anterior.

Velvet, por su parte, se había encerrado en la sala de arte, donde había empezado un nuevo dibujo… uno de Tn dándole el helado bajo el sol.

Tres corazones.

Tres caminos.

Una guerra no declarada, pero inevitable.

Y Tn… solo quería vivir tranquilo.

Velvet seguía sola en la sala de arte, el silencio roto solo por el trazo constante de su lápiz.

Al principio eran dibujos simples: ella y Tn caminando juntos, Tn regalándole flores, Tn abrazándola mientras el atardecer los cubría en tonos cálidos…

Pero entonces… algo en su mente hizo clic.

Sus mejillas se tiñeron de rojo.

Su mano empezó a moverse más rápido, más intensa, como si sus dedos ya no obedecieran a su voluntad sino a un deseo más…

curioso.

Las líneas se volvieron más osadas.

La ropa empezó a desaparecer.

Las poses se volvían cada vez más no aptas para Beacon.

—¡¿Q-qué estoy haciendo?!

—dijo en voz baja, tapándose la boca con ambas manos, con los ojos tan abiertos que parecía una presa asustada.

Miró los dibujos.

Luego a la puerta.

Luego de nuevo a los dibujos.

¡Tenía que esconderlos!

Con rapidez, arrancó esas páginas de su libreta y las dobló con cuidado, metiéndolas en el doble fondo secreto de su mochila.

Era un espacio que solía usar para guardar zanahorias, pero ahora tenía una función mucho más…

comprometida.

—Nadie puede ver esto —susurró, palmeando la mochila como si intentara calmar a una bestia salvaje.

Mientras tanto… Yang Xiao Long, la loca del amor, estaba en lo alto de un árbol armado con binoculares, una libreta y una sonrisa que alternaba entre enamorada y maquiavélica.

—Veamos, veamos… —murmuraba mientras observaba a Tn desde su escondite.

Tn salía del gimnasio con su toalla (la nueva, porque la anterior desapareció misteriosamente), su camiseta pegada al cuerpo por el sudor.

Saludaba a cada estudiante con una sonrisa cortés, incluso se detuvo para ayudar a un fauno que dejó caer sus libros.

Yang tomaba nota, murmurando con cada descubrimiento: Le gustan los postres amargos.

(Anotar: estudiar cómo hacer tiramisú.

También: aprender qué es un tiramisú.) Entrena dos veces al día, sin falta.

(Estamina nivel dios.

Me gusta.) Es ridículamente amable.

(¡Eso incluye sonrisas a otras chicas!

¡Inaceptable!

¡Amenaza identificada: Velvet!

¡Nivel de peligro: ALTO!) Notas promedio.

(¡Perfecto!

Yo también!

¡Somos compatibles académicamente!) Yang se acomodó con orgullo en la rama… justo cuando una ardilla gorda saltó sobre su cabeza y empezó a escarbarle el cabello como si buscara nueces.

—¡AAAAH!

¡NO, MI CABELLO NO, MALDITA ROEDORA!

—gritó, perdiendo el equilibrio.

La rama crujió.

El mundo giró.

Yang cayó con un estruendo entre arbustos, ramas y dignidad rota.

Su libreta voló por el aire, cayendo a los pies de… —¿Eh?

¿Qué es esto?

—preguntó Blake, que había salido a leer al jardín.

Levantó la libreta con curiosidad.

En la portada decía.

“Operación: Tn será MÍO – Yang’s Love Manifesto.” Blake la abrió lentamente.

Sus cejas se alzaron.

—…¿‘Ubicar a Velvet en zona de alto riesgo por su cola fluffy’?

¿‘Infiltrarse en lavandería para obtener más camisas’?

¿‘Ensayo sobre si Tn se m4stvrb4 o no (ayudarle si lo hace)?

Yang salió de los arbustos con hojas en el cabello y una mirada llena de pánico.

—¡BLAKE, NO LEAS ESO!

—Too late.

—¡ES INFORMACIÓN CLASIFICADA!

—Yang… esto es acoso.

—¡ES AMOR ESTRATÉGICO!

Blake le lanzó la libreta directo al rostro.

Yang cayó de espaldas con un gemido, mientras la ardilla —como si fuera cómplice del destino— le dejaba una bellota encima.

A unos metros, Tn tomaba un té negro mientras observaba el cielo con tranquilidad.

En su mente, solo había pensamientos simples y amables… sin saber que, en las sombras, una guerra silenciosa de corazones obsesionados estaba en pleno auge.

Y en ese momento, Velvet pasó cerca, murmurando.

—No puedo permitir que nadie se acerque a él…

No después de lo que soñé anoche… Sus orejas temblaban, y su mochila… también.

Yang se sacudió las hojas del cabello y se ajustó la chaqueta antes de mirar a Blake con una sonrisa demasiado amplia.

—Blake~.

Ven.

Tenemos que hablar —dijo con un tono dulce… demasiado dulce.

Blake la miró con escepticismo.

—No estoy interesada en tus dramas románticos ni en tus… listas perturbadoras.

Pero entonces, Yang se detuvo frente a ella.

Su sonrisa desapareció.

Y sus ojos… ya no eran del usual violeta brillante.

Eran rojos.

Intensos.

Penetrantes.

Vacíos.

Blake sintió un escalofrío.

Como si una garra invisible se deslizara por su espalda.

Yang se inclinó, su voz bajó de tono como una amenaza susurrada.

—Más te vale no decirle nada a Tn… ni a nadie.

¿Entendido?

Blake tragó saliva.

—S-sí… sí, claro.

No diré nada.

Yang le dio unas palmaditas en el hombro con una sonrisa angelical que solo empeoraba el terror.

—¡Así me gusta!

Que haya armonía entre amigas~.

Y sin más, giró sobre sus talones, sacó un pequeño espejo de bolsillo y empezó a peinarse mientras murmuraba cosas en voz baja.

—Maldita ardilla… seguro trabaja con Velvet… necesito un plan mejor… Blake la vio alejarse y suspiró largamente, apoyando la espalda contra un árbol.

—Pobre de Tn… tiene una lunática siguiendo cada uno de sus pasos —dijo en voz baja.

A kilómetros de ahí, en un claro del bosque, Pyrrha Nikos, campeona de Vale, ícono de honor y perfección académica, estaba actualmente… Derribando un árbol con sus propias manos.

Cada golpe de su puño iba acompañado de una exhalación furiosa.

Troncos caían, corteza volaba por el aire.

—¡¿Cómo pude dejarme intimidar por esa rubia pecho hinchado y cerebro plano?!

—gritó, estampando su escudo contra otro tronco.

El árbol explotó en astillas.

Pyrrha respiraba agitadamente, el sudor cayendo por su frente.

Su semblanza brillaba como si la estuviera usando inconscientemente, manipulando los fragmentos de metal a su alrededor como si fueran satélites girando con rabia.

—Si Yang quiere jugar sucio… entonces… —su expresión se endureció, su sonrisa se volvió peligrosa—.

Yo también puedo jugar.

Tomó su lanza y apuntó al cielo como si desafiara a los dioses mismos.

—¡Tn no será víctima de una rubia psicópata!

Si alguien va a estar con él… ¡seré yo!

Mientras tanto, Tn estornudó suavemente en la biblioteca, donde estudiaba tranquilamente con Velvet, sin saber que dos titanes de la obsesión estaban desatando una guerra silenciosa por su alma… y su amor.

Velvet lo miró, roja como un tomate, y fingió que escribía algo mientras en su mochila, las hojas comprometedoras se deslizaban peligrosamente hacia afuera.

—¿Estás bien, Velvet?

—preguntó Tn con una sonrisa amable.

—¡¿Eh?!

¡Sí, sí!

¡Perfectamente!

¡Todo bien!

¡Solo… dibujando!

N-nada raro, jeje… Tn asintió con su habitual calma.

Pero entonces… desde el fondo de la biblioteca, una sombra apareció: Yang.

Velvet reía nerviosamente mientras Tn hojeaba un libro de historia de los Grimm.

Ella intentaba mantener la compostura, pero por accidente, al guardar de nuevo su libreta… una hoja cayó al suelo.

No una cualquiera.

Una de esas hojas.

Ilustración detallada.

Anatomía precisa.

Ciertas poses… bueno, bastante dinámicas.

Y la expresión de Tn en el dibujo era algo que jamás mostraría en público.

La hoja quedó expuesta justo cuando alguien se agachó para recoger un libro caído: Ruby Rose.

Ruby parpadeó al ver la hoja.

Su cara pasó del pálido al rojo intenso en menos de un segundo.

Sus manos temblaron.

Sus ojos se agrandaron.

—¿Q-qué… es… esto…?

—susurró.

Levantó lentamente la hoja como si fuera un artefacto maldito.

Pero en lugar de destruirla, como lo haría una heroína de corazón puro… Se la guardó discretamente dentro de su capa.

Y luego salió de la biblioteca caminando muy rápido, murmurando cosas incomprensibles y con la mirada perdida.

—Solo para… investigación.

Sí.

Eso.

Investigación académica.

¡Nada raro!

—se dijo a sí misma.

Mientras tanto, a unos metros, Yang había visto todo.

No la parte de Ruby, claro… La parte donde Velvet y Tn reían juntos.

Compartían un helado que Tn le había comprado a Velvet para animarla más temprano.

Yang apretó los dientes.

Su cabello se encendió espontáneamente.

El fuego se esparció en ondas doradas.

Algunos libros cercanos empezaron a chamuscarse y la alarma anti-incendios parpadeó.

Hasta que… ¡CLACK!

Un golpe certero con una regla cayó sobre su cabeza.

Yang parpadeó y giró.

Allí estaba un bibliotecario con gafas, un sombrero ridículo y una sonrisa inquietante.

—No.

En mi biblioteca —dijo con voz tranquila, pero con un aura que helaba la sangre.

Yang retrocedió un paso.

—¿Q-quién eres tú?

El bibliotecario solo murmuró.

—Llamémoslo… Five.

Ahora siéntate y lee.

O te saco con una patada en el trasero y un bote de vinagre.

Yang bajó la cabeza.

—Lo siento… Pero cuando levantó de nuevo la mirada… Tn ya se había ido.

Y Velvet la miraba… con miedo.

Puro miedo.

Sus orejas de conejo temblaban y sin decir palabra, salió corriendo, su mochila en mano, directo hacia los dormitorios.

—¡Vuelve aquí, conejo degenerada!

—gritó Yang, explotando de nuevo en furia mientras la perseguía por los pasillos, dejando huellas carbonizadas en la alfombra.

Velvet esquivaba estudiantes, volteaba solo para ver los ojos ardientes de Yang detrás de ella.

—¡¿Por qué siempre yo?!

—gritó sollozando, abrazando su mochila llena de dibujos que ahora parecían condenarla.

Desde una ventana del tercer piso, Pyrrha observaba… con una ceja arqueada.

—Tch.

Ni siquiera puede controlar sus emociones.

Amateur.

—dijo, cruzándose de brazos mientras planeaba su próximo movimiento.

En su habitación, Ruby cerraba la puerta con llave, respirando agitada, y sacaba lentamente la hoja de su capa… —Velvet, Velvet… no sabía que dibujabas esto tan bien… —susurró, roja como una manzana.

Y en la esquina más oscura de la biblioteca, el bibliotecario disfrazado —Five— suspiró largamente mientras organizaba libros.

—Este lugar es peor que el apocalipsis número 1683… y eso que ese involucró clones vampiros y un tiburón gigante parlante junto con esa loca furra.

En el dormitorio de las chicas de la Beacon, Ruby seguía abrazada a su manta como si fuera una fortaleza sagrada.

El dibujo estaba oculto debajo de su almohada, cuidadosamente doblado su mano, bajando y subiendo suavemente por cierta zona.

Su rostro estaba rojo como el emblema de su capa.

Aun así, los ojos le brillaban con esa mezcla adictiva de vergüenza, curiosidad y… ¿obsesión?

Toc, toc, toc.

—¡Ruby Rose!

¡Abre esta puerta ahora mismo!

—gritó Weiss desde afuera, irritada como siempre.

—¡No estoy aquí!

—respondió Ruby desde debajo de las mantas con voz temblorosa.

Weiss frunció el ceño.

—¿Qué demonios significa eso?

Entonces, escuchó ciertos… sonidos.

Raros.

Suspiros contenidos, pequeños chillidos, movimientos inquietos sobre el colchón.

Weiss entrecerró los ojos.

—¿Otra vez estás viendo esa serie absurda de ese rubio tonto y su novia loca?

Si sabes que es pornografia.

—¡N-no!

¡Lo juro!

¡No es Vash y Mordred esta vez!

¡Lo juro por los waffles de Nora!

Pero justo cuando Weiss ya iba a invocar un poco de su polvo de hielo y derribar la puerta, Ruby se levantó de golpe, escondiendo el dibujo como una ninja experta, y se lanzó a la cama fingiendo un perfecto “estoy profundamente dormida”.

Weiss abrió la puerta con expresión triunfal… solo para encontrar a Ruby roncando exageradamente con un hilito de baba falsa y murmurando.

—Tn… sí… helado… conejo suave… Weiss arqueó una ceja.

—Definitivamente necesito mudarme.

Mientras tanto, en los pasillos, Velvet corría con todo su poder de piernas de conejo.

Esquivó a un par de estudiantes, saltó una papelera voladora (gracias a Nora), y llegó de milagro a su habitación.

¡CLACK!

Cerró la puerta.

Puso el seguro.

Arrastró su escritorio.

Colocó una trampa para ratones (por si acaso).

Del otro lado del pasillo, se escuchaba la voz furiosa de Yang.

—¡SAL DE AHÍ, CONEJITO PERVERSO!

¡NO TERMINAMOS DE HABLAR!

Velvet se apoyó contra la puerta, jadeando.

—¿Cómo… cómo supo lo del dibujo?

¿Acaso su semblanza puede ver a través de las cosas…?

—murmuró, con los ojos abiertos como platos.

Entonces, una sombra se asomó por el marco de la puerta del dormitorio de enfrente.

Coco.

Vestida como siempre, con sus gafas oscuras puestas incluso dentro del dormitorio, cruzó los brazos.

Observó a Velvet sin decir nada.

Ni una palabra.

Velvet tragó saliva.

—Y-yo puedo explicarlo… Coco levantó una ceja.

Luego suspiró, se quitó lentamente las gafas y dijo—¿Era… al menos anatómicamente correcto?

Velvet se encogió.

—Sí… Coco asintió lentamente, se las volvió a poner, y se alejó.

—Entonces no estoy tan decepcionada como pensé que estaría.

Y justo cuando Velvet iba a sentir alivio… ¡THUMP!

La puerta vibró con un golpe seco.

—¡VELVET!

¡TENGO PREGUNTAS!

¿QUÉ HAY ENTRE TÚ Y MI TN?

—¡NO ES TUYO!

—gritó Velvet desde adentro, sin pensarlo.

El silencio se volvió espeso.

Yang, en el pasillo, apretó los puños mientras su cabello chispeaba.

—Eso es lo que vamos a discutir… muy de cerca, con fuego.

Y mientras todas esas tensiones crecían y se enredaban, en un rincón del comedor, Tn estaba tranquilamente comiendo una tarta de limón amarga, sin saber que su vida social estaba a punto de convertirse en una guerra civil dentro de Beacon.

Un chico se le acercó con curiosidad.

—Oye, ¿sabes que varias chicas te están siguiendo últimamente?

Tn solo se encogió de hombros, terminando su porción.

—Mientras no interfieran con mi postre ni mi siesta, no me importa.

Pero en algún lugar, muy lejos, una ardilla observaba desde la ventana.

La misma ardilla que cayó sobre Yang.

Y juraba venganza.

(algo humorístico para probar algunas cosas ademas no vovlere asesina a yang de la noche a la manaña, es una escuela se darian cuenta si un estudiante muere tan de repente.)

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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