Waifu yandere(Collection) - Capítulo 240
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Capítulo 240: Jalter part 9 fgo
Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio
Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.
Agrego personajes no me pertenecen.
Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores. Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.
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El fuego explotaba como si el infierno hubiese descendido a la Tierra.
La nieve se evaporaba antes siquiera de tocar el suelo, convertida en vapor por la mera presencia de Jalter. El aire temblaba, pesado, cargado de un mana tan denso que dolía respirar.
Aquiles se movía como un relámpago, su lanza trazando arcos imposibles mientras esquivaba por centímetros las estacas negras que emergían del suelo, afiladas como lanzas sacrificiales.
—¡Tch! —chasqueó la lengua—. Maldicion no me deja acercarme… ¡toda la maldita zona apunta directo a mis pies!
—¡No bajes la guardia! —gritó Cu Chulainn mientras se lanzaba al frente.
El irlandés chocó contra Jalter en un sparring brutal, Gáe Bolg envuelta en runas golpeando contra la lanza negra de la Avenger. Cada impacto liberaba ondas de choque que partían el hielo y quebraban la tierra congelada. Pero aunque la santa era inferior en habilidad, su sola fuerza ya abrumaba al irlandés.
—¡Vamos, Jeanne! —rió Cu, excitado—. ¡Muéstrame si ese fuego tuyo puede contra la mala suerte!
—Cállate… —respondió Jalter con voz grave, distorsionada—. No pronuncies ese nombre.
Desde otro flanco, Beowulf emergió entre la nieve pulverizada, rugiendo como una bestia ancestral mientras levantaba su arma.
—¡MONSTRUO O NO, YO CAZO AMBAS COSAS!
Se lanzó con todo su peso, dispuesto a estrellarla contra el suelo.
Pero los ojos rasgados de Jeanne Alter lo vieron.
—…Demasiado lento.
Un sonido húmedo, antinatural, resonó.
Dos nuevas extremidades brotaron de su espalda, desgarrando la armadura. Brazos escamosos, deformes, con garras dracónicas que se cerraron a centímetros del rostro de Beowulf.
—¿Qué… demonios…? —murmuró el Berserker.
Un torrente de fuego negro envolvió a Jalter.
—¡CÚBRANSE! —gritó Aquiles.
Cu Chulainn se protegió los ojos con el antebrazo mientras el mundo se volvía blanco… y luego rojo.
Cuando el fuego se disipó, el silencio fue absoluto.
Jalter ya no era la misma.
Escamas de dragón cubrían partes de su cuerpo, brillando como obsidiana viva.
Los brazos adicionales ahora empuñaban armas negras, forjadas de puro mana corrompido.
Un par de alas negras se extendían desde su espalda, batiendo lentamente, levantando ceniza y vapor.
Una cola larga, terminada en una punta afilada, serpenteaba detrás de ella.
Sus ojos… ya no eran humanos.
Eran los ojos amarillos de un dragón.
Cu Chulainn tragó saliva.
—…Vale. Retiro lo de “divertido”.
Aquiles sonrió, pero la tensión se notaba en su mandíbula.
—Esto no debería ser posible. Ni siquiera para una Avenger.
Beowulf escupió al suelo, limpiándose la sangre del labio.
—He luchado contra reyes, demonios y bestias… —alzó la mirada—. Pero esto… esto es otra cosa.
Siendo un berserker el logro percibir el cambio mas rapido que sus dos camaradas.
Jalter exhaló lentamente. El aire que salió de sus labios era humo ardiente.
—Así que… —murmuró— así se siente estar en la cima.
Cerró los ojos un instante—. ¿Un dios? No… —rió con desprecio—. Nah, Dios puede irse a la mierda en lo que a mi respecta.
Abrió los ojos de golpe.
—Yo soy la Bruja Dragón.
El sistema de Chaldea comenzó a colapsar. Alarmas lejanas, fallos de energía, campos de contención rompiéndose uno tras otro. La presión mágica era abrumadora, casi sofocante.
—Dos griales… —continuó Jalter, su voz resonando como un eco antiguo—. Y un solo deseo.
Apretó el puño.
—Recuperar lo que me pertenece.
Aquiles bajó la lanza, adoptando una postura perfecta.
—Muy bien… —dijo con una sonrisa tensa—. Entonces no queda de otra.
Cu Chulainn ajustó su agarre, runas brillando a su alrededor.
—Tres contra uno, ¿eh? —rió—. Me gusta cómo suena.
Beowulf abrió los brazos, flexionando el cuerpo, listo para embestir.
—Ven, dragón. Veamos quién cae primero.
Jalter extendió las alas, el fuego elevándose a su alrededor como una corona infernal.
—Tres héroes… —susurró— contra una calamidad.
Sonrió.
—Intenten sobrevivir.
El choque estaba a punto de comenzar.
La triada más fuerte de Chaldea contra la calamidad más temible de la era actual.
Jalter fue la primera en atacar.
No hubo advertencia, ni pausa, ni tiempo para respirar.
En un solo movimiento, dos de sus manos ya estaban cerrándose sobre los rostros de Aquiles y Cu Chulainn. El impacto fue brutal: los estrelló contra el suelo congelado con tal fuerza que la nieve explotó en todas direcciones y el terreno se resquebrajó en grietas profundas.
—¡Gah…! —gruñó Cu al sentir cómo el hielo se hundía bajo su espalda.
Al mismo tiempo, la cola dracónica de Jalter barrió el aire y golpeó de lleno a Beowulf, enviándolo a volar varios metros hasta atravesar un bloque de hielo sólido.
Las garras ardientes de Jalter dejaron marcas negras y quemaduras en los rostros de Aquiles y Cu antes de soltarlos.
—Tch… —Aquiles rodó y se puso de pie casi al instante, sacudiéndose la nieve—. Eso estuvo cerca.
Su cuerpo ya se estaba regenerando. Mientras no tocaran su talón, no había ataque que pudiera derribarlo.
—Oye, dragón —sonrió con fiereza—. Vas a tener que hacerlo mejor que eso.
Aquiles avanzó con un rápido juego de pies, desapareciendo de la vista por un instante y reapareciendo frente a Jalter. Su bota se estrelló contra el abdomen de la Avenger, obligándola a retroceder un paso.
—¡Ahora! —gritó—. Akhilleus—
El aire vibró. El mitico escudo del mundo de Aquiles un noble tesoro que representa la Tierra y el Cosmos, reflejando su invencibilidad y su papel como Héroe de la Humanidad.
Antes de que pudiera completar el nombre, estacas negras surgieron violentamente del suelo, atravesando ambos brazos de Aquiles y clavándolo en el lugar.
—¿Qué…? —murmuró, sorprendido.
El dolor no le hizo ni parpadear… pero su cuerpo no podía moverse.
—Demasiado predecible —dijo Jalter con voz baja—. Los héroes siempre confían en sus nombres.
Aquiles apretó los dientes.
—Maldita… bruja.
.
.
Mientras tanto, en el interior de Chaldea—
Jeanne Ruler tomó a Tn del hombro con firmeza, pero sin brusquedad.
—Tenemos que movernos —dijo con urgencia contenida.
—Sí —asintió Martha, colocándose delante del chico como un muro—. Ahora.
Tn los miró, confundido.
—¿Pasa… algo malo?
Jeanne tragó saliva, forzando una sonrisa que no llegaba a sus ojos.
—Solo… un problema afuera. Nada que debas ver.
Ambas sabían la verdad.
Si Jalter lo atrapaba…
no lo mataría.
—No —murmuró Martha entre dientes—. Eso sería peor.
.
.
Volviendo al exterior—
Cu Chulainn ya estaba en movimiento.
—¡HEY, DRAGONA! —rugió, saltando con Gáe Bolg envuelta en runas—. ¡MÍRAME A MÍ!
La lanza roja descendió como un rayo directo al rostro de Jalter.
—…Tch.
Jalter desplegó sus alas negras, cruzándolas frente a sí. El impacto hizo temblar el aire; chispas de mana y fuego se dispersaron cuando la punta de Gáe Bolg rozó peligrosamente su cara, arrancando una escama.
Sus ojos amarillos se clavaron en Cu.
—Vas a pagar por eso.
Las armas de obsidiana de sus brazos adicionales se movieron como serpientes vivas, lanzándose contra el Lancer. Cu giró en el aire, esquivando por centímetros, riendo a carcajadas.
—¡JA! ¡Eso es! ¡Así se pelea!
Desde los escombros, Beowulf se levantó lentamente, sacudiéndose la nieve del cabello.
—Hrunting… —gruñó—. Encuéntrala.
Su espada vibró, respondiendo al rastro de sangre y mana de Jalter.
Pero algo iba mal.
En Chaldea, nadie más acudía.
No porque no quisieran.
Sino porque no podían.
En los pasillos internos, pétalos de flores irreales flotaban en el aire. Flechas hechas de flores impactaban suavemente contra servants y personal, y al hacerlo…
—Q-qué es este sentimiento… —murmuró un técnico, cayendo de rodillas.
—Es tan… cálido… —susurró un servant, perdiendo la fuerza en las manos.
Desde una sala oscura, Kama sonreía, recostada con aire despreocupado.
—Ufufu… —rió suavemente—. Kama Sammohana.
Un amor marchito no es pasión.
—No se muevan —susurró con dulzura venenosa—. Disfruten un poco más.
Las flechas de flores seguían cayendo, dejando a Chaldea vulnerable, paralizada por emociones que no podían controlar.
—¿Por qué hago esto? —se preguntó Kama, inclinando la cabeza mirando a un servant que intentaba levantarse—. Mmm…
Sonrió.
—Porque es divertido.
Penso que meterse con la bruja era divertido, vaya fue su sopresa al ver el potencial que estaba teniendo.
.
.
Afuera, Jalter rugió, el fuego envolviendo su cuerpo mientras avanzaba contra los tres.
—Nadie va a detenerme —declaró—. Ni héroes. Ni dioses.
Sus alas se abrieron por completo.
—Voy por él.
La batalla apenas estaba entrando en su fase más cruel.
Cu Chulainn recuperó su lanza y, por primera vez desde que comenzó el combate, dejó de sonreír.
El aire a su alrededor cambió.
—…Muy bien —murmuró, girando Gáe Bolg entre sus dedos—. Ya basta de juegos.
Los instintos de Jalter lo percibieron al instante.
No era miedo.
Era certeza.
Gáe Bolg no era una lanza común.
Era una maldición causal.
No importaba la distancia.
No importaba el enemigo.
Siempre iba al corazón.
Auque pudiera esquivarla por una milesima de segundo.
El impacto directo podria ponerla en desventaja, sin unn corazon estaria quemando mana del grial para mantenerla asi.
Los ojos del Lancer brillaron con un rojo profundo, y en esa fracción de segundo, Beowulf lo entendió. No por palabras, sino por algo más antiguo: la mirada de un guerrero que se despide.
—Tsk… —gruñó el Berserker—. Así que es ahora.
Antes de que Jalter pudiera reaccionar, Beowulf se lanzó contra ella.
—¡VEN AQUÍ, MONSTRUO!
Sus brazos rodearon el cuello de la Avenger en una llave brutal, anclando su cuerpo contra el suyo como si fuera una montaña de músculo y furia.
—¡SUÉLTAME BASTARDO! —rugió Jalter, el fuego explotando desde sus escamas.
Las llamas envolvieron a Beowulf, quemando carne espiritual, quebrando su Saint Graph.
Pero no la soltó.
—He cazado cosas peores que tú.Como rey jure que criaturas como tu !JAMAS TOCARIAN A LO HUMANO! —escupió entre dientes—. ¡DISPARA, CÚ!
Cu Chulainn inhaló.
El mundo se estrechó a un solo punto.
—GÁE—BOLG.
La lanza desapareció.
No voló.
No fue arrojada.
Simplemente ya estaba ahí.
Una estela roja atravesó el aire y empaló a ambos.
El impacto fue silencioso. Solo una rafaga de carmesi salio por la espalda del rey anglosajon.
Una línea delgada de sangre negra escapó de los labios de Jalter. Sus ojos se abrieron con sorpresa… solo por un instante.
—¿…Eh?
Beowulf gruñó, su cuerpo comenzando a desintegrarse en partículas de luz.
—Heh… —rió débilmente—. Valió… la pena…
—BEOWULF— —gritó Cu.
Pero Jalter rió.
Una risa baja, rota… y cruel.
—Ufufu… —sus cuatro manos se cerraron alrededor de la lanza clavada en su pecho—. ¿Eso era todo?
Con un movimiento lento, la empujó más adentro.
—¡GH—! —el cuerpo de Beowulf terminó de deshacerse, desapareciendo en motas doradas—.
El Rey Guerrero volvió al Trono de los Héroes con una sonrisa grabada en el rostro.
Cu Chulainn retrocedió un paso, incrédulo.
—No… —murmuró—. Dio en el corazón. Lo sentí. La maldición se activó.
Jalter inclinó la cabeza, observándolo como si mirara a un niño confundido.
—¿Corazón…? —repitió, divertida.
Con un chasquido húmedo, arrancó la lanza de su pecho. La herida se cerraba lentamente, escamas desplazándose para cubrirla.
—Te diré algo curioso, Lancer.
Se golpeó el pecho con un nudillo.
—Mi corazón no es humano.
Cu abrió los ojos.
—Los reptiles —continuó ella— tienen un corazón de tres cámaras. Dos aurículas… y un ventrículo incompleto.
No sabia como funcionaba esa mierda pero gracias a que funciono.
Quien diria que su tonteria de ponerse partes de dragon le salvaria el culo.
Sus ojos amarillos brillaron con burla.
—Serpientes. Lagartos. Dragones.
La Avenger sonrió mostrando colmillos.
—Tu lanza destruyó una parte.
Pero el resto…
El fuego volvió a rugir alrededor de ella.
—Funciona perfectamente.
Cu Chulainn apretó los dientes, sintiendo por primera vez un escalofrío real recorrerle la espalda.
—…Joder.
Jalter dio un paso al frente. El suelo se derritió bajo su pie.
—Ahora —dijo con voz grave, cargada de odio y algo más profundo—, voy a cobrarme el susto que me diste.
Sus alas se abrieron.
Sus garras se tensaron.
—Y luego… —susurró— iré por Tn.
El combate estaba lejos de terminar.
Pero ahora, solo dos seguían en pie.
*Crack*
Aquiles destrozó las estacas que lo mantenían clavado con un rugido furioso. La nieve salió despedida cuando cayó de pie, la lanza vibrando en su mano.
—¡JODER! —gritó—. Con dos griales metidos en el trasero, ni siquiera tú deberías aguantar mucho, bruja. ¡Ese maná tendría que reventarte desde dentro!
Había una mínima esperanza en su voz.
La clase de esperanza que nace cuando no queda nada más.
Jalter lo miró.
No con rabia.
No con urgencia.
Con calma.
—¿Reventarme…? —murmuró, ladeando la cabeza—. No.
Uno de sus dedos se alzó lentamente, apuntando al cielo.
Aquiles siguió el gesto.
Y su estómago se hundió.
—…Oh, carajo.
Sobre Chaldea, el aire comenzaba a retorcerse.
Un vórtice gigantesco de maná se estaba formando, girando como una herida abierta en el mundo. Las nubes se deformaban, la realidad crujía.
—Eso se parece demasiado a una… —empezó Aquiles.
—Singularidad —completó Cu Chulainn con un suspiro cansado—. Sí. Exactamente eso.
Jalter abrió sus cuatro brazos, sonriendo como una demente.
—Crearé otra Francia —declaró—.
Una mejor.
El vórtice rugió con más fuerza.
—Solo para mí.
Solo para Tn.
Sus extremidades adicionales se cerraron sobre su propio cuerpo, abrazándose. Se retorcian, sus garras acunando sus pechos, un escalofrio la tomaba imaginando todas las perversidades que ahora podria intentar con Tn.
—Habrá personas, sí… —continuó con desprecio—. Pero al diablo con sus rostros. Sin nombres, sin facciones claras. No importan.
Todo lo que necesito… lo tendré.
Aquiles sintió un nudo enfermo en el pecho.
—Esta tipa… —escupió—. Está completamente ida.
Cu Chulainn ajustó su agarre sobre Gáe Bolg, los ojos serios.
—Si mi maestra estuviera aquí… —murmuró— esto sería más rápido.
No hubo más palabras.
Ambos se lanzaron al ataque.
Aquiles por la derecha, como un rayo.
Cu por la izquierda, bajo y directo.
—¡MUERE! —rugió Aquiles, su lanza buscando el cuello.
—¡NO TE MUEVAS! —Cu atacó al torso.
Dos brazos de Jalter bloquearon, cruzándose como escudos.
Los otros dos contraatacaron, garras y armas de obsidiana descendiendo con violencia.
—¡Tsk! —Aquiles retrocedió por poco—. ¡Tiene cuatro brazos, cuatro malditos brazos!
—Y sabe usarlos —gruñó Cu, esquivando una estocada que habría partido su cabeza.
Jalter no se movía de su sitio.
Era el centro del combate.
—La cúspide del cuerpo… —susurró—. Diseñada solo para la guerra.
Entonces ocurrió.
Su pecho se abrió.
No una herida.
Una segunda boca.
Llenándose de dientes irregulares, negros, imposibles.
—¡¿Qué demon—?! —exclamó Aquiles.
La boca se abrió de par en par y habló.
Palabras en un latín profano, retorcido, blasfemo.
El sonido no era para oídos humanos.
—“Vox ignis, vox ruinae, mundus flectitur—”
—¡AH—! —Cu Chulainn cayó de rodillas, sangre escapando de sus oídos.
—¡MALDITA SEA! —Aquiles apretó los dientes, sintiendo cómo el mundo se desajustaba a su alrededor—. ¡Esto es magia como rayos lo hace si no es una caster!
Jalter rió, la boca secundaria cerrándose lentamente.
—Aunque mi clase sea Avenger… —dijo con satisfacción— con el poder de los griales, puedo imitar a un Caster.
El vórtice sobre ellos rugió con más fuerza.
—Y ustedes… —sus ojos amarillos los recorrieron— solo están perdiendo tiempo.
La Singularidad estaba naciendo.
Y si no la detenían ahora…
Todo Chaldea desaparecería con ella.
Con ambos Servants casi en el suelo, la diferencia entre ellos era clara.
Aquiles respiraba con dificultad, el pecho subiendo y bajando, pero seguía en pie. Su pseudo-inmortalidad hacía su trabajo, forzando a su cuerpo a resistir incluso cuando no debería.
Cu Chulainn, en cambio, escupió sangre sobre la nieve.
Jalter frunció ligeramente el ceño.
Entonces lo sintió.
Algo viscoso deslizándose por sus piernas.Sentia que su vagina palida y rosa con algo de bello descuidado.Sentia gotear algo.
Lo mismo goteaba desde la boca secundaria que aún murmuraba palabras incomprensibles.
—…Huh.
Una idea se encendió en su mente.
—Eso servirá.
Sus cuatro brazos comenzaron a moverse al unísono, realizando gestos complejos, antinaturales. La sustancia viscosa se desprendió de su cuerpo y se arrastró por el suelo, retorciéndose como una criatura viva.
Una exictacion tan grande le susurraba en la cabeza.
Aquiles abrió los ojos con alarma.
—Oye… dime que eso no—
La masa comenzó a tomar forma.
Primero un torso.
Luego extremidades.
Después un rostro.
Una copia imperfecta de Jeanne Alter se alzó frente a ellos, su cuerpo hecho de una sustancia negra y blanca translucida y brillante, los ojos vacíos pero obedientes.
Jalter la observó con satisfacción.
—Ve —ordenó con voz baja—.
Encuéntralo.
La copia asintió sin palabras y salió corriendo, deslizándose por los huecos abiertos en la estructura de Chaldea. Los mismos agujeros que Beowulf había dejado antes.
Cu Chulainn intentó levantarse.
—¡Maldita…! —jadeó—. ¡No puedes…!
Jalter volvió su atención a ellos, sonriendo con crueldad.
—¿Listos para más castigo? —preguntó—.
¿O prefieren ahorrarse el sufrimiento y regresar tranquilamente al Trono de los Héroes?
Cu escupió sangre y rió.
—No tendría derecho a llamarme héroe… —dijo con voz ronca— si dejo que una bruja me derrote.
Aquiles apretó la lanza.
—Pensaba exactamente lo mismo.
Ambos rugieron y se lanzaron al ataque una vez más.
.
.
Dentro de Chaldea, lejos del campo de batalla, el caos era distinto.
Astolfo se arrastraba por el suelo, los dientes apretados, luchando contra el Noble Phantasm de Kama que aún afectaba el área. Su respiración era errática, el cuerpo temblando.
—N-no… —murmuró—. Esto… esto no es amor…Maaaastaaaa
Una sombra viscosa se deslizó por el pasillo.
Astolfo levantó la vista… y sus ojos se abrieron.
—¿J-Jeanne…?
La figura se detuvo frente a él.
Su rostro era parecido… pero vacío.
De su brazo, la sustancia negra se solidificó, formando una espada.
Astolfo intentó moverse, pero su cuerpo no respondió.
—Espera… no soy—
La copia se arrodilló junto a él.
Sin odio.
Sin emoción.
La espada descendió lentamente.
—Guh—!
El golpe fue limpio. Lentamente la espada atraveso al servant en el suelo.
El cuerpo de Astolfo se desintegró en motas de luz, regresando al Trono de los Héroes. El maná liberado fue absorbido por la copia, que se estremeció, volviéndose más sólida, más definida.
—Objetivo eliminado —murmuró con una voz hueca.
Se levantó.
Sus ojos brillaron un poco más.
—Continuar limpieza.
La criatura comenzó a avanzar por los pasillos.
Destruyendo.
Devorando maná.
Antes de ir por Tn, iba a vaciar Chaldea de todo obstáculo posible.
Servant por Servant, la cacería continuaba.
La copia viscosa de Jeanne Alter se desplazaba por los pasillos como una sombra viva, entrando en salas dañadas, depósitos auxiliares, corredores secundarios. No atacaba al azar: buscaba a los debilitados, a los que aún sufrían los residuos del Noble Phantasm de Kama o las secuelas del caos reciente.
Un Servant herido.
Un golpe limpio.
Maná absorbido.
Sin palabras.
Sin duda.
Chaldea se iba quedando en silencio.
.
.
Casi al mismo tiempo, muy por debajo de los niveles principales, Kama descendía con paso despreocupado, tarareando suavemente. El aire se volvía más pesado cuanto más se acercaba al reactor principal.
Y entonces los vio.
Jeanne Ruler y Martha estaban junto a Tn, intentando mantenerlo tranquilo pese a los temblores constantes.
Kama sonrió.
—Vaya, vaya~ —dijo con voz melosa—. ¿No es esto una escena encantadora?
Martha giró de inmediato, interponiéndose frente a Tn.
—¡Oye! ¡Ni se te ocurra acercarte!
Kama ladeó la cabeza, divertida.
—¿Hm? Solo preguntaba si querían… ya saben… —hizo un gesto vago con la mano— un momento privado con el jovencito. Oigan querian tener un trio en privado y no comparten.
Jeanne parpadeó.
—¿Un… momento privado….trio? No comprendo a qué—
—¡Jeanne! —la interrumpió Martha, roja de furia— ¡No le sigas el juego! ¡Eso es indecente!
Kama soltó una risita suave.
—Ay, relájense~ Después de todo, soy la diosa del amor.
Antes de que Martha pudiera responder, un estruendo sacudió todo el complejo. El suelo vibró. Luces parpadearon.
Kama miró hacia el techo, interesada.
—Uf~ Esa brujita sí que se está luciendo, ¿eh?
Jeanne apretó los puños.
—¿Por qué no vas a ayudar a detener a Jeanne Alter?
Kama la miró como si acabara de escuchar algo absurdo.
—¿Ayudar? —repitió— ¿Por qué haría algo tan desagradable?
Martha frunció el ceño.
—¡Porque Chaldea está en peligro! ¡Porque hay gente muriendo!
—Blugh… —Kama hizo una mueca— Humanos. Qué asco. Y ni hablemos de ese maestro tan patético.
Jeanne se tensó.
—¿Qué… qué hiciste?
Kama sonrió, sin el menor remordimiento.
—¿Ritsuka? Oh, lo eliminé. No me servía para nada.
Además… —sus ojos brillaron con un tono peligroso— yo soy una candidata a Beast. ¿De verdad creían que iba a proteger a la humanidad?
El silencio cayó pesado.
Martha bajó ligeramente la cabeza. Su cabello cubrió parte de su rostro.
—Ya… —murmuró—. Ahora lo entiendo.
Apretó los puños con fuerza.
—Una Beast… siempre será enemiga de lo humano.
Jeanne dio un paso atrás, sorprendida por el cambio en su compañera.
—Martha…
La Santa levantó la mirada. No había ira ciega en sus ojos.
Había determinación.
—Jeanne —dijo con firmeza—. Protege a Tn.
Pase lo que pase… no la dejes acercarse a él.
Kama chasqueó la lengua, divertida.
—Oh~ ¿Vas a pelear conmigo? Qué adorable.
Martha dio un paso al frente.
—Puede que no sea la más fuerte —dijo—.
Pero soy una Santa. Y mientras yo siga de pie… no tocarás a nadie aquí.
Kama aplaudió lentamente.
—Maravilloso~ Entonces… entreténme un poco.
En algún lugar sobre ellas, Chaldea seguía colapsando.
Y la guerra, al fin, había llegado a su núcleo.
Martha era una Servant de la clase Rider.
Y no una cualquiera.
Su invocación no se basaba en sutilezas ni milagros delicados, sino en fuerza domada por fe.
Su invocacion concistia en sacar Tarasque: O’ Dragón Trágico que No Sabía Nada del Amor (o variaciones de nombre), que le permite invocar a la bestia mitológica Tarasque, un dragón que ella amansó, pudiendo usarlo como montura para ataques poderosos o como escudo defensivo.
—Tarasque —gruñó con los dientes apretados—. Dragón trágico que no supo nada del amor… ¡respóndeme!
El aire tembló.
El suelo se resquebrajó y, desde un círculo de maná rugiente, emergió Tarasque: un dragón acorazado, de escamas gruesas como murallas, con colmillos capaces de triturar acero. Su rugido sacudió el reactor y empujó el aire como una explosión.
Jeanne retrocedió instintivamente, protegiendo a Tn.
—Martha… —susurró.
—No mires —respondió ella sin apartar los ojos de Kama—. Quédate con el chico.
Kama, por su parte, aplaudió lentamente.
—Oh… así que esta es tu carta final —dijo con voz suave—. Qué adorable.
Una santa montada sobre un dragón… suena a cuento tan sexy oye lo has montado de verdad. Ya sabes sentir sus escamas y uuuuuuhhhhh diablos esto sirve como materia de bestias.
La diosa cambió por completo.
Antes de la destruccion viene la seduccion.
Su cabello se volvió plateado y largo, flotando como si no obedeciera a la gravedad. Sus ojos violetas brillaron con una calma antinatural. Sus pechos fueron cubiertos por petalos de oro al igual que su pelvis y vagina unidos por una fina linea de fuego azul. El sari adornado con lotos se desplegó como una constelación… y su piel dejó de parecer humana.
Era azul profundo, como el espacio mismo, salpicado de puntos blancos, estrellas vivas.
—Aunque esté desnuda —dijo Kama con una sonrisa torcida—, jamás lo estaría realmente. Asi que dime santa. Lista para rendirte al placer.
Martha escupió al suelo.
—No me importa lo que seas.
Mientras respires… puedo golpearte.
—¿Estás lista, santa? —preguntó Kama, invocando su lanza gigante, que flotó a su alrededor sin tocar el suelo.
—Siempre lo estuve.
Tarasque abrió sus fauces, lanzándose contra Kama con un rugido ensordecedor.
Kama alzó la mano.
—Qué grosero.
La lanza salió disparada como un rayo y se incrustó entre las mandíbulas del dragón, atravesando carne y escamas, bloqueando su mordida.
—¡GRAAAAH! —rugió Tarasque, incapaz de cerrar la boca.
—¡Tarasque, resiste! —gritó Martha.
No esperó más.
Corrió.
Su puño impactó directamente en el rostro de Kama.
—¡Toma eso!
El choque hizo vibrar el aire. El fuego azul envolvió los nudillos de Martha al instante.
—¡GH—! —gruñó la santa, apretando los dientes—. ¡Arde como el infierno…!
Kama sonrió, apenas ladeando la cabeza.
—Provienen de Shiva —susurró—. No se apagan tan fácil.
Martha retrocedió un paso… y levantó los puños.
Guardia cerrada.
Pies firmes.
Postura perfecta.
—No necesito apagar nada —dijo—.
Solo necesito seguir golpeando.
Se lanzó de nuevo.
Uno.
Puñetazo directo al pómulo.
Dos.
Gancho al mentón.
Tres.
Derecho limpio al puente de la nariz.
Cuatro.
Otro directo, sin dar respiro.
—¡Siempre a la cara! —rugió Martha— ¡Eso se llama boxeo!
Kama gruñó por primera vez, dando un paso atrás.
—Qué… molesta…
Su pie descalzo se cubrió de llamas azules y trazó un arco incandescente contra Martha.
—¡Inclínate! —gritó Jeanne.
Martha obedeció por instinto. El fuego pasó silbando sobre su cabeza.
—¡Buen intento! —respondió, girando sobre sí misma— ¡Pero todavía no!
BAM.
Otro golpe.
Luego otro.
Kama bloqueó con la lanza, pero el impacto la hizo deslizarse varios metros atrás.
Tarasque rugió, forcejeando con el arma aún clavada.
Kama chasqueó la lengua.
—Una santa…
Un dragón…
Y un chico humano como trofeo.
Sus ojos violetas se clavaron en Martha.
—Esto se está volviendo… interesante.
Martha respiró hondo, sangre y sudor mezclándose en su rostro.
—No te equivoques, diosa —dijo con voz firme—.
No peleo por diversión. No peleo por orgullo.
Alzó los puños una vez más.
—Peleo porque es lo correcto.
Y se lanzó otra vez al combate.
Pero.
Porque.
Odiaba.
Recordo el lamentable rostro del maestro, recordo como lloraba mientras ella simplemente lo atravesaba. No le servia ni como amante ni como consolador.
Odia, desprecia y se burla de todos los humanos.
Pero precisamente por eso… los mira a todos.
Kama lo sabía.
Como diosa del amor, Beast III/L era capaz de amar a cualquiera sin importar cuán miserable, patético o corrupto fuera.
Amaba a todos menos a sí misma.
Ese era su castigo.
Kama observó a Martha avanzar sin detenerse, con el cuerpo destrozado y el brazo izquierdo reducido a cenizas, aún humeante.
—…Sigues caminando —murmuró Kama, con una risa amarga—. Luchas porque crees que es lo correcto. Perra que tan repugnante eres.
Las llamas azules estallaron alrededor de ella, violentas, abrasadoras, trazando espirales que quemaban el aire mismo.
Martha no se detuvo.
—Si pelear por otros te parece repugnante… —gruñó la santa— entonces nunca entendiste qué es el amor.
Kama chasqueó la lengua y lanzó una oleada de fuego que arrasó el corredor.
Martha corrió entre explosiones, el suelo quebrándose bajo sus pasos. Tarasque se interpuso como un muro viviente, recibiendo el impacto de lleno.
—¡Tarasque, aguanta! —gritó Martha.
El dragón rugió, clavando sus garras en el suelo mientras las llamas devoraban su armadura.
Kama frunció el ceño.
—¿Usar a otro como escudo? —dijo con burla—. Muy humano de tu parte.
—¡Él pelea porque quiere! —respondió Martha, lanzándose de nuevo— ¡Porque eligió proteger me!
No le dio tiempo a terminar.
Jab.
Cross.
Hook.
El puño de Martha impactó una y otra vez contra el rostro de Kama, cada golpe cargado con todo el peso de su fe y su rabia contenida.
Kama gruñó, retrocediendo apenas, su cuerpo estelar ondulándose con cada impacto.
—¡Aléjate! —rugió la diosa, envolviéndose en fuego—. ¡No te acerques más!
Martha no dudó.
—¡LA SANGRE DE CRISTO TIENE PODER!
El fuego la envolvió por completo cuando lanzó el golpe.
—¡Y con una fe del tamaño de un grano de mostaza… SE MUEVEN MONTAÑAS, CARAJO!
El puño atravesó las llamas.
CRACK.
La cabeza de Kama giró violentamente. Saliva, sangre luminosa y fragmentos de dientes se dispersaron en el aire.
El fuego, sin embargo, hizo su trabajo.
El brazo de Martha quedó carbonizado hasta el hombro.
Un silencio breve.
Tarasque rugió con furia.
Martha miró su propio cuerpo… y no gritó.
—…Tsk —susurró Kama, llevándose una mano al rostro—. ¿Ni siquiera vas a caer?
Martha apretó los dientes, sujetó su brazo destrozado con la mano restante… y lo arrancó.
La carne se cerró a la fuerza.
Músculo contra músculo.
Sangre detenida por pura voluntad.
El brazo cayó al suelo, consumiéndose en cenizas.
—No necesito dos brazos… —dijo Martha, respirando con dificultad— para partirte la cara.
Kama la observó en silencio.
Por primera vez… sin burla.
—…Qué fastidio —murmuró—. Personas como tú son las que hacen que amar sea doloroso.
Martha adoptó de nuevo su guardia de boxeo, un solo brazo alzado, el cuerpo firme.
—Entonces aprende algo nuevo hoy —respondió—. El amor también duele. Y el todo poderosos nos inculco eso.
Dios mismo los hacia sufrir antes de darles amor.
Tarasque avanzó una vez más, rugiendo junto a ella.
Y Kama, Beast del Amor, sonrió…
no con placer,
sino con algo peligrosamente cercano al respeto.
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le calculo que 1 o 2 capitulos para finalizar con esta waifu y solo sacarla en algun especial o what if. ademas escribi pelea escuchando Judas de lady gaga y joder me gano la inspiracion. pero si 1 o dos antes de que todo se vaya al carajo weeeeeeeeeeee.
Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio
Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.
Agrego personajes no me pertenecen.
Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores. Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.
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Tn volvió a su cuarto con pasos silenciosos.
Belle seguía dormida, roncando suavemente, abrazando una almohada como si fuera un tesoro.
Aquella escena le arrancó una pequeña sonrisa.
Hablar con su Shifu había sido… agradable.
Más de lo que admitiría.
Miró su mano.
—…Carajo —murmuró entre dientes.
En su palma descansaba la prueba de su propia estupidez:
un par de bragas negras.
Las observó un segundo y negó con la cabeza, divertido.
—Definitivamente me va a matar…
Había perfeccionado su habilidad Trickstar demasiado bien.
Robarlas como broma había sido impulsivo, sí…
pero también muy “él”.
—Pero si se enoja conmigo… al menos no estará pensando en el futuro del templo —susurró.
Tn prefería mil veces a Yixuan molesta con él, golpeándolo más fuerte durante el entrenamiento,
que verla con esa expresión cansada, cargando sola con el peso del Templo Yunkui.
La apreciaba demasiado para verla triste.
Se apoyó contra la pared, dejó la prenda a un lado y cerró los ojos.
—Vale la pena… —murmuró antes de quedarse dormido.
.
.
Una respiración muy cerca de su rostro lo despertó.
Tn frunció el ceño, abrió apenas un ojo…
y no necesitó ver más para saber quién era.
—…¿Por qué estás en el suelo? —preguntó Belle con voz aburrida, demasiado cerca.
—Buenos días para ti también —respondió él, sin moverse.
Belle lo observaba inclinada sobre él, con las manos en las rodillas.
Luego su mirada bajó.
—¿Y eso? —señaló lentamente.
Tn siguió la dirección de su dedo.
Las bragas.
—Ah —dijo con total tranquilidad—. Hablé con la Shifu anoche.
Belle se llevó ambas manos al rostro.
—¡Tn! ¡¿Otra vez?! —exclamó—. ¡Tienes una obsesión enfermiza con hacerla enojar!
—Es parte de mi encanto.
—¡Eso no es encanto, idiota, si sigues asi te relevarán de tu cargo de heredero! ¿¡Y qué harás si los demás estudiantes se enteran?!
Belle tomó la prenda, la sacudió un poco y negó con la cabeza, riendo.
—Te va a golpear más duro hoy.
—Lo sé —respondió él, casi orgulloso—. Estoy preparado.
Ella suspiró, todavía sonriendo… pero entonces se detuvo.
—Ah… cierto.
—¿Qué? —preguntó Tn, incorporándose.
—Hoy llegan los estudiantes del tercer curso —dijo Belle—. Los más avanzados del templo.
Tn parpadeó.
—¿Hoy?
—¿En serio no lo recuerdas? —lo miró con incredulidad—. Es la reunión trimestral. Van a estar todos los candidatos importantes.
—…Genial.
—Genial dice —repitió ella—. Con ese humor tuyo y después de robarle cosas a la Shifu…
—Hey, todavía no se ha dado cuenta.
Belle lo miró en silencio.
—…¿Verdad?
Tn evitó su mirada.
—Probablemente.
Ella suspiró profundamente.
—Tn… prométeme que hoy no harás ninguna tontería.
—No prometo nada.
—¡Tn!
—Pero intentaré no comportarme.
Belle negó con la cabeza, aunque sonrió al final.
—A veces no sé si eres un genio o un idiota.
—Ambas cosas —respondió él levantándose—. Vamos, antes de que llegue alguien más.
—¿Y eso? —preguntó ella señalando el chaleco que no llevaba puesto.
—Se lo presté a la Shifu.
Belle se quedó quieta un segundo.
—…Ah.
No dijo nada más, pero algo en su expresión cambió apenas.
—Vamos —repitió Tn—. No quiero llegar tarde otra vez.
—Sí… —respondió ella, siguiéndolo—. Mejor no.
Mientras salían del cuarto, Belle miró una última vez la prenda negra en su mano, pensativa.
—De verdad… estás jugando con fuego —murmuró.
—Siempre lo hago —respondió Tn con una sonrisa ladeada.
Y sin saberlo, ambos caminaban directo hacia una reunión que cambiaría muchas cosas dentro del Templo Yunkui.
.
.
En la habitación principal, la actual Gran Maestra del Templo,
la Decimotercera Protectora, Yixuan, sintió algo fuera de lugar.
Una brisa fría recorrió la estancia.
Frunció ligeramente el ceño y giró la cabeza.
—…¿Hm?
Se acercó a la mesa baja junto a la ventana. Allí estaba el chaleco que Tn le había prestado la noche anterior, doblado con torpeza, como si hubiese sido dejado a toda prisa.
Y entonces lo notó.
Su mirada descendió apenas un poco más.
—……
El silencio se volvió pesado. Estiro un poco la tela de sus mini pantalones.
Miro.
Yixuan cerró los ojos lentamente.
Su ojo derecho dio un leve tic.
No era rabia completa.
Era una mezcla peligrosa.
Molestia… un poco.
Vergüenza… bastante.
Y algo más que no quería nombrar.
—Ese… pequeño…bribon —murmuró entre dientes.
Tomó aire, largo y profundo, obligándose a calmarse.
Conocía demasiado bien las travesuras de Tn.
Casi siempre ocurrían cuando él notaba sus cambios de humor, cuando su rostro se endurecía por la preocupación.
Y aunque jamás lo admitiría en voz alta…
el chico había desarrollado una habilidad inquietante para leerla.
—Siempre lo haces cuando me notas distraída… —susurró.
Ese pensamiento le calentó el pecho de una forma inesperada.
La hizo sentirse… vista.
Especial.
Pero no podía permitirse quedarse ahí.
Dejó la prenda a un lado, se enderezó y su expresión volvió a ser la de la Gran Maestra del Templo Yunkui.
—Hoy no es un día para juegos.
Se giró hacia el centro de la habitación, donde antiguos pergaminos y tablillas ceremoniales reposaban alineados.
La reunión de los estudiantes del mejor curso y los ancianos estaba por comenzar.
Y con ella… algo mucho más importante.
—Las pruebas… —murmuró.
Pronto comenzarían los exámenes para elegir a alguien compatible con la espada maldita Qingming.
Yixuan dirigió su mirada hacia el extremo del templo, como si pudiera ver a través de las paredes, hasta la cámara sellada donde reposaba la reliquia.
—Aunque el Gran Maestro porte la espada… —dijo en voz baja—, siempre se necesita a otro.
Uno de los maestros interiores.
Alguien capaz de dirigir, pensar, sentir… mientras el portador de la espada comienza a perder todo eso.
Sus dedos se cerraron lentamente.
La Qingming no mataba de inmediato.
Era peor.
Con cada uso, con cada activación de su poder como Cazador del Vacío,
consumía los cinco sentidos…
y luego los recuerdos.
—Dirigir una secta sin memoria ni emociones… —susurró—. Es imposible.
Por eso, desde generaciones atrás, el templo había adoptado ese sistema cruel pero necesario:
un líder simbólico con la espada,
y un maestro interior que cargara con el verdadero peso.
—Y esta vez… —murmuró.
Pensó en los candidatos.
Ye Shunguang, firme, disciplinada, amable,inocente.
Ju Fufu, ardiente, decidida, con un corazón que aún no conocía el miedo, y bastante competitiva.
Y…
—Tn…
El nombre escapó de sus labios antes de que pudiera detenerlo.
—Creciste demasiado rápido… —susurró con una sonrisa cansada.
No solo en cuerpo.
También en fuerza, en intuición… en presencia.
Demasiado pronto para alguien que había sufrido tanto.
Yixuan cerró los ojos un momento.
—Espero que hoy… no hagas nada imprudente.
Luego abrió los ojos, firmes otra vez.
—Porque este día marcará el futuro del Templo Yunkui.
Y sin saberlo, también marcaría el inicio de una cadena de eventos que pondría en movimiento la espada Qingming…
y el destino de todos ellos.
.
.
No hay un número fijo de miembros para un templo Yunkui en Nueva Eridu.
El Yunkui es flexible por naturaleza; la afiliación puede ser informal, casi espiritual más que institucional. Puede tratarse de unos pocos monjes, monjas, estudiantes y maestros residentes… o de miles de asistentes en templos locales, con cientos de miles de practicantes en toda Nueva Eridu que veneran o practican aspectos del taoísmo.
Al menos, así era en Waifei Peninsula.
Todo aquello era meditado en silencio por Ye Shunguang mientras ascendía las amplias escaleras del Gran Templo Principal, seguida por otros estudiantes de tercer curso.
—El Yunkui a ido en crecimiento gracias a los cambios que Shifu hizo… —pensó—. Es como un río en crecimiento.
Ye Shunguang era una mujer delgada y atractiva, una thiren, con el cabello largo castaño adornado con accesorios rojos que tintineaban suavemente al caminar. Sus ojos rojos observaban con calma, su gran cola marrón se balanceaba con elegancia y sus orejas puntiagudas se mantenían erguidas. Vestía un traje blanco revelador, tradicional pero adaptado a su físico, sin perder dignidad.
Mientras subía los escalones, su mirada se desvió.
—¿Hm?
Ahí estaba.
La otra candidata.
—Ju Fufu… —murmuró.
La pequeña tigresa corría escaleras arriba, jadeando apenas, con un plato de ramen en las manos. Sorbía los fideos con rapidez, como si el tiempo fuera su enemigo, sin dejar de avanzar.
—¡No-no-no, *slurrrp* llego tarde! —murmuraba Ju Fufu con la boca llena—. ¡Shifu me va a matar…*slurrrppp*!
Un fideo colgaba peligrosamente de su boca.
Ye Shunguang dejó escapar una leve risa y negó con la cabeza.
—Sigue siendo igual… —pensó—. Impulsiva, ruidosa… pero fuerte.
Muy fuerte.
.
.
En otra parte del templo, Wise caminaba con el ceño fruncido.
—¿Dónde se metió…? —murmuró.
Giró por un pasillo lateral y entonces la vio.
Belle caminaba despreocupada junto a Tn, riendo por algo que él había dicho. Ella hablaba con las manos, animada, demasiado cerca de él para el gusto de Wise.
Wise suspiró, claramente frustrado.
—Tch…
Apretó los labios.
—Otra vez… —pensó—. Siempre con él.
Aceleró el paso para alcanzarlos.
.
.
Mientras tanto, Tn y Belle caminaban tranquilos.
—Entonces después vamos a la cafetería, ¿sí? —dijo Belle con una sonrisa—. Dijeron que hoy hay bollos al vapor.
—Mientras haya comida… —respondió Tn con tono plano—. Me da igual.
—¡Eso no cuenta como entusiasmo!
—No me alimentan por entusiasmarme.
Belle rió.
Pero antes de que pudieran avanzar más, un grupo de estudiantes de primer curso les cerró el paso.
Cinco en total.
Uno de ellos, un chico calvo, dio un paso al frente con los brazos cruzados.
—Vaya… —bufó—. Así que tú eres el famoso candidato.
Belle se tensó y se escondió instintivamente detrás de Tn, sujetando su ropa.
—Tn… —susurró—. No me gusta cómo miran…
Tn bajó la mirada hacia ella.
—Shhh tranquila.
Luego alzó los ojos hacia el chico calvo.
—¿Quieres algo? A donde tan despeinado.
El estudiante soltó una risa despectiva.
—Solo me pregunto cómo alguien tan… informal… —dijo, recorriendo a Tn de arriba abajo— puede siquiera ser considerado heredero.
Otro estudiante añadió.
—Ni siquiera lleva el uniforme completo.
—Ni modales.
—Ni disciplina.
El calvo sonrió con arrogancia.
—El Templo Yunkui no es un refugio para vagabundos.
El ambiente se volvió tenso.
Tn inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Terminaste?
—¿Qué?
—Si ya acabaste de hablar —continuó Tn—, nos dirigimos a comer.
El calvo frunció el ceño.
—¿Te crees superior?
—No —respondió Tn con calma—. Solo tengo hambre.
Belle asomó la cabeza desde atrás.
—¡Y ustedes están bloqueando el camino! —añadió inflando las mejillas—. ¡Eso es grosero!
—Cállate, mocosa.
Antes de que Tn reaccionara, una voz familiar se escuchó detrás.
—¿Hay algún problema?
Wise había llegado.
Su mirada se posó primero en el grupo… luego en Tn.
—Este tipo —dijo el calvo— no debería estar aquí.
Wise ajustó su postura, serio.
—El Gran Templo no es lugar para provocaciones innecesarias —dijo con frialdad—. Retírense.
El grupo dudó.
Tn miró a Wise de reojo.
—No necesitaba ayuda.
—No lo hice por ti —respondió Wise sin mirarlo—. Lo hice por Belle.
Belle sonrió incómoda.
—Eeeh… gracias, hermano…
El calvo chasqueó la lengua.
—Tch. No vale la pena.
Se dio media vuelta, llevándose al grupo consigo.
El pasillo volvió a la calma.
Belle soltó el aire que contenía.
—Uff…
Tn estiró el cuello.
—Ahora sí… —dijo—. Vamos a comer.
Wise los observó en silencio.
Especialmente a Tn.
—Este lugar va a volverse problemático contigo aquí… —pensó.
Y en algún punto del templo, sin que ellos lo supieran,
Yixuan ya sentía que las corrientes comenzaban a agitarse.
.
.
Tn y Belle continuaron caminando por los pasillos del templo.
Belle notó de inmediato cómo los brazos de Tn estaban tensos, metidos con fuerza en los bolsillos de su chaqueta. No era algo visible para cualquiera, pero ella lo conocía lo suficiente.
—Está enojado… —pensó.
Tn rara vez se molestaba cuando lo despreciaban o intentaban hacerlo sentir inferior. Había crecido con eso; sabía lidiar con miradas, palabras y juicios.
Lo que realmente le molestaba… era que tocaran a Belle.
Habían tenido suerte de que Wise interviniera.
De lo contrario, alguien habría perdido dientes.
Belle desaceleró el paso y, con cuidado, tomó el brazo de Tn. Sus dedos se aferraron con suavidad, intentando anclarlo.
—Oye… —murmuró—. Ya pasó.
Tn no respondió de inmediato. Respiró hondo por la nariz.
—No debieron hablarte así —dijo finalmente, con voz baja—. No tenían ningun derecho.
Belle esbozó una sonrisa cansada.
—Estoy acostumbrada —respondió—. No soy precisamente… popular aquí.
Tn giró apenas la cabeza para mirarla.
—No deberías estarlo.
Ella se encogió de hombros.
—Supongo que ser curiosa, ruidosa y querer cambiar las cosas no es muy bien visto en un lugar donde todos prefieren el silencio eterno.
Belle suspiró.
Ella era partidaria del avance y la actualización de la secta Yunkui. Creía que el templo debía adaptarse, no quedarse anclado en tradiciones que ya no encajaban con Nueva Eridu.
Era una idea que incluso Yixuan compartía… pero como siempre, los grandes ancianos y los estudiantes más apegados a lo antiguo se oponían con firmeza.
—“El camino verdadero no cambia” —citaban—. “El mundo es el que debe adaptarse”.
Y Belle… sufría ese rechazo.
No solo por ser habladora, curiosa o demasiado sociable, sino por atreverse a pensar diferente.
—A veces —murmuró— me pregunto si este lugar es realmente para mí.
Tn apretó ligeramente el brazo que ella sujetaba.
—Lo es —dijo sin dudar—. Más que para muchos otros. Y si no lo fuera simplemente nos iriamos a otro lugar, el mundo es muy grande.
Belle lo miró sorprendida.
—¿De verdad crees eso?
—Sí.
Ella sonrió, genuina esta vez.
Caminaron unos segundos en silencio, hasta que el estómago de Tn gruñó con fuerza.
—… —Belle alzó una ceja.
—Mejor comamos algo antes de la reunión —murmuró él—. Pensar con hambre es inútil.
Belle rió levemente.
—¿Reunión? —dijo—. Tn… yo soy de segundo curso. No me dejarán entrar.
Tn bufó.
—¿Desde cuándo importa eso?
Belle parpadeó.
—¿Eh?
—Donde yo vaya, tú vas —afirmó con naturalidad—. Si alguien tiene un problema, que venga a decírmelo a la cara.
—Tn… —susurró Belle, con las mejillas ligeramente rojas—. No puedes decir eso tan fácil…
—Puedo y lo hago.
Ella apretó más su brazo.
—Eres un bruto.
—Lo sé.
—Y un problema andante.
—También.
Belle rio bajito, apoyando la frente un segundo contra su hombro.
—Gracias…
—¿Por qué?
—Por no dejarme sola —respondió.
Tn no contestó, pero caminó un poco más despacio para ajustarse a su paso.
Mientras tanto, en los niveles superiores del templo, las corrientes se reunían.
Candidatos, ancianos, decisiones antiguas… y un futuro que empezaba a tensarse.
.
.
Luego de un asalto rápido a la cafetería, Tn y Belle avanzaron por los pasillos principales hasta llegar al Gran Templo en forma de domo.
El lugar imponía.
Las paredes curvas se alzaban como un cuenco invertido, cubiertas de símbolos antiguos. En las alturas, los ancianos se sentaban formando un círculo perfecto, ocultos tras telas pesadas que caían como cortinas rituales. No se veían sus rostros, solo siluetas inmóviles.
Más abajo, los estudiantes ocupaban los asientos en penumbra, envueltos por la sombra que el domo proyectaba de forma deliberada. Velas encendidas rodeaban el centro, donde complejos patrones de la secta Yunkui estaban grabados en el suelo.
Si uno miraba con atención…
notaría algo que no debería estar ahí.
Entre los símbolos tradicionales, una esvástica dorada se entrelazaba con el diseño, disimulada, antigua, incómoda.
Debajo del círculo de ancianos se encontraba el lugar reservado para el Gran Maestro.
—Este sitio me da escalofríos… —murmuró Belle, pegándose un poco más a Tn.
—No mires demasiado al suelo —respondió él en voz baja—. O notaran que te comportas rara.
Cuando avanzaron, un guardia del templo dio un paso al frente y alzó una mano.
—Solo los estudiantes de tercer curso pueden entrar —dijo con voz firme—. La chica no—
No terminó la frase.
Un golpe seco, rápido, preciso.
El guardia cayó inconsciente antes de que el eco resonara en el domo.
—¡Tn! —susurró Belle, alarmada—. ¡¿Qué te pasa?!
—Relájate —respondió él con total calma—. Solo está dormido.
—¡Eso no fue “solo”!
—Respira —dijo, empujándola suavemente hacia dentro—. Nadie lo vio.
Belle frunció el ceño, pero terminó tomando asiento algo apartada, en la sombra, cruzándose de brazos.
—Eres un salvaje —murmuró.
—Y aun así sigues conmigo —respondió él sin mirarla.
Tn avanzó hasta colocarse junto a las otras dos candidatas.
Era la primera vez que las veía tan de cerca.
Ye Shunguang giró la cabeza hacia él. Sus ojos rojos brillaron suavemente, y una sonrisa tranquila apareció en su rostro.
—Así que tú eres Tn —dijo con voz suave—. He oído… bastantes cosas.
—Espero que no todas —respondió él, ladeando la cabeza.
Ella rió por lo bajo.
—Solo las interesantes.
A su otro lado, Ju Fufu estaba prácticamente vibrando de energía. La thiren tigresa lo miró de arriba abajo, sus orejas se movieron con curiosidad… y luego mostró los colmillos en una sonrisa desafiante.
—¿Tú eres el grandote del que hablan? —dijo—. Pensé que exageraban.
Tn respondió enseñando los suyos, sonriendo de lado.
—¿Quieres comprobarlo~?
Ju Fufu siseó, el sonido claramente felino, la cola agitándose detrás de ella.
—Cuando quieras.
Desde su asiento, Belle los observaba con el ceño fruncido.
—Genial… —murmuró—. Dos chicas fuertes más cerca de él…
En ese momento, una presencia pesada llenó el domo.
El murmullo se apagó.
Las velas titilaron.
Yixuan avanzó hasta su lugar, su paso firme resonando en el suelo grabado. Se detuvo, alzó la cabeza… y su voz se elevó clara, autoritaria.
—La reunión del Gran Templo Yunkui… —dijo— comienza ahora.
El silencio que siguió fue absoluto.
Yi Xuan alzó ambas manos con serenidad, y el murmullo del domo fue apagándose poco a poco.
—El templo Yunkui —comenzó— no solo ha resistido, ha crecido.
Un leve gesto suyo activó el bangboo, y sobre la pizarra holográfica comenzaron a aparecer cifras, mapas y proyecciones.
—En los últimos ciclos hemos recibido a más de un treinta por ciento de nuevos estudiantes. Muchos de ellos desplazados, heridos o marcados por las cavidades Hollow. No los rechazamos.
Los estudiantes intercambiaron miradas, algunos sonrieron con orgullo.
—Hemos brindado refugio, purificación y tratamiento —continuó—. Y cuando los Hollows atacaron sectores externos… fuimos nosotros quienes respondimos primero.
Un murmullo feliz recorrió las gradas. Aplausos contenidos. Incluso varios ancianos asintieron lentamente.
—Además —prosiguió Yi Xuan—, el gobierno y Seguridad Pública han reconocido nuestros resultados. Sus donaciones han permitido ampliar barreras, mejorar suministros y estabilizar zonas críticas.
Eso provocó una ovación más abierta. Jufufu prácticamente rebotaba en su asiento.
—¡Lo sabía, lo sabía! —susurró emocionada—. ¡Shifu es increíble!
Tn bufó por lo bajo, cruzándose de brazos.
—Al menos esta vez el gobierno sirve de algo —murmuró, aunque una leve sonrisa se dibujó en su rostro.
Yi Xuan no se detuvo.
—También hemos establecido lazos con los oni. Su conocimiento sobre métodos antiguos de purificación ha fortalecido nuestros talismanes, haciéndolos más efectivos contra la corrupción del Eter.
Eso sí arrancó aplausos claros. Incluso algunos estudiantes más tradicionales parecían satisfechos.
—¿Ves? —susurró Belle a Tn—. Todo va bien.
—Por ahora —respondió él, con un tono que solo ella notó.
Yi Xuan respiró hondo… y entonces su expresión cambió apenas, lo justo para que Tn lo percibiera.
—Sin embargo —dijo—, he recibido nuevas propuestas. Ideas que podrían llevar al Yunkui al siguiente nivel.
El silencio cayó de golpe.
La pizarra holográfica cambió. Diagramas de sensores, torretas y campos de energía se desplegaron en el aire.
—Propongo implementar tecnología de detección temprana —explicó—. Sensores de Eter en los perímetros, torretas ritual-tecnológicas capaces de proyectar domos de contención antes de que una cavidad se expanda.
Tn silbó, genuinamente impresionado.
—Eso… —murmuró— eso está bastante bien pensado.
Belle asintió con entusiasmo.
—¡Podría salvar muchísima gente! —susurró—. Y reduciría riesgos para los estudiantes.
Pero la reacción no tardó.
Un anciano golpeó el suelo con su bastón.
—¡Blasfemia! —tronó—. El Yunkui no es una fábrica ni un bastión militar.
—¿Máquinas protegiendo lo que debería proteger el espíritu? —añadió otro—. Eso es admitir que nuestra fe es insuficiente.
Desde las sombras, un estudiante gritó:
—¡Eso no es cultivo verdadero!
—¡Nos volveremos dependientes del gobierno!
—¡El Eter no se somete a engranajes!
Belle se encogió un poco en su asiento.
—Sabía que reaccionarían así… —murmuró.
Tn apretó los puños dentro de los bolsillos.
—Tradición usada como excusa para ser idiotas—dijo en voz baja—. Clásico.
Yi Xuan escuchó todo sin interrumpir, hasta que levantó la voz con firmeza.
—¿Creen que los Hollows respetan nuestras tradiciones? —preguntó—. ¿Que esperan a que completemos un ritual perfecto antes de matar?
Silencio.
—No propongo abandonar el camino —continuó—. Propongo protegerlo.
Un anciano habló con frialdad:
—Lo que propones cambiará la esencia del templo.
Yi Xuan lo miró directamente.
—No —respondió—. Cambiará su futuro.
Tn inclinó la cabeza, observándola con atención. Por un instante, algo en su mirada se volvió más agudo.
—Interesante… —pensó—. No es solo modernización. Está dispuesta a enfrentarlos a todos.
Sonrio casi de forma cruel, si su Shifu estaba dispuesta a exterminar a los ancianos el seria el primero en ayudarle.
Belle, sin notarlo, se convirtió en el centro de varias miradas… algunas curiosas, otras reprobatorias.
Yi Xuan lo notó.
Y por primera vez desde que empezó la reunión, su voz se volvió un poco más dura.
—Esta discusión no ha terminado —dijo—. Pero recuerden esto: no permitiré que el miedo al cambio condene al Yunkui.
Las velas temblaron.
Y Tn lo supo en ese instante:
este no era solo un debate.
Era el punto donde las lealtades empezarían a romperse.
El murmullo que antes era de aprobación se quebró como una vasija vieja.
Uno de los ancianos, envuelto en telas grises con bordes dorados, golpeó suavemente el suelo con su bastón. El sonido seco se expandió por el domo y forzó el silencio.
—Gran Maestra Yi Xuan —dijo una voz envejecida, áspera—. El Yunkui ha sobrevivido siglos sin depender de artefactos profanos. La tecnología es inestable, corruptible… una puerta abierta a la decadencia.
Otro anciano asintió lentamente.
—Los talismanes se activan por fe, disciplina y tradición —añadió—. Reemplazarlos con sensores y torretas es despojar al templo de su espíritu.
Desde las gradas inferiores, algunos estudiantes más conservadores comenzaron a murmurar con fuerza.
Belle apretó los labios, incómoda. Sus manos se cerraron sobre su regazo. Tn, en cambio, ladeó la cabeza con una sonrisa apenas visible, como si observara un experimento interesante a punto de fallar… o de explotar.
Yi Xuan no perdió la compostura. Sus ojos recorrieron el círculo con calma quirúrgica.
—No estoy proponiendo reemplazar nuestras artes —respondió con voz firme—. Hablo de complementarlas. Los sensores no sienten fe, pero detectan fluctuaciones de Eter antes de que un discípulo promedio pueda reaccionar.
Un estudiante se puso de pie desde las sombras.
—¡Eso es admitir debilidad! —gritó—. ¡El Yunkui no necesita ayuda externa!
Yi Xuan lo miró directamente.
—¿Y los setenta y tres heridos del último colapso Hollow? —preguntó—. ¿También fue fortaleza?
El silencio volvió, más pesado.
Jufufu se inclinó hacia adelante, incapaz de contenerse.
—¡Shifu tiene razón! —dijo con brillo en los ojos—. ¡Si podemos salvar más gente, ¿por qué no hacerlo?!
La thiren tigresa soltó un bufido bajo, cruzándose de brazos.
—La fuerza no se pierde por usar mejores garras —murmuró—. Solo los débiles confunden orgullo con poder.
Eso provocó siseos. Algunos estudiantes se removieron incómodos.
Tn, hasta entonces callado, habló por fin. Su voz no fue alta, pero atravesó el domo como una hoja fina.
—Curioso —dijo—. Temen que la tecnología corrompa al templo…
Sus ojos se alzaron, recorriendo las velas, los patrones del suelo… deteniéndose un segundo de más en la esvástica dorada casi oculta.
—…pero parecen bastante cómodos ignorando símbolos que no pertenecen aquí.
Un anciano se tensó.
—Cuida tu lengua, forastero.
Tn sonrió, sin humor.
—Oh, la cuido. Precisamente por eso hablo.
Belle lo miró con sorpresa, tirando suavemente de su manga.
—Tn… —susurró— no empeores las cosas.
Él bajó un poco la voz.
—No me gusta que te miren como si fueras el problema —respondió sin apartar la vista del círculo—. Y no lo eres.
Yi Xuan observó la escena con atención. Sus ojos se detuvieron un instante en Belle… luego en Tn. Algo calculó. Algo decidió.
—Este debate demuestra exactamente mi punto —dijo alzando la voz—. El mundo exterior cambia. Los Hollows evolucionan. Si el Yunkui se queda inmóvil, morirá.
Uno de los ancianos habló con frialdad.
—¿Y qué dirá el gobierno cuando vea torretas en un templo?
—¿Qué dirán los estudiantes cuando vean que su Gran Maestra prefiere máquinas a discípulos?
Yi Xuan cerró los puños… solo un poco.
—Dirán que prefiero que vivan.
La tensión se volvió casi tangible. Las velas titilaron. Algunos estudiantes miraban a Yi Xuan con admiración. Otros, con desconfianza. Y unos pocos… con algo más oscuro.
Belle sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
Tn, en cambio, inclinó la cabeza, evaluando.
Aquí, pensó,
es donde empieza a romperse el equilibrio.
Y sin que nadie lo notara del todo, Yi Xuan volvió a mirar a Belle.
No como a una simple estudiante.
Sino como a algo que no pensaba perder.
Era evidente.
Desde la primera réplica, desde el primer gesto rígido, los ancianos ya no estaban del lado de Yi Xuan. Sus siluetas ocultas tras las telas parecían más densas, más pesadas, como si el aire mismo se hubiera vuelto hostil.
Los estudiantes continuaban debatiendo en murmullos bajos, una marea inquieta que recorría el domo.
—Esto va mal… —susurró Belle, entrelazando los dedos con nerviosismo.
Jufufu, en cambio, ya había abierto la boca.
—¡Pero si las torretas suenan gen—
Shhhh.
Ye Shunguang reaccionó de inmediato, cubriéndole la boca con una mano.
—Shhh —le susurró con una sonrisa tensa—. Si hablas ahora, te van a usar de ejemplo.
Jufufu infló las mejillas, ofendida, pero asintió a regañadientes.
Entonces, una voz vieja y autoritaria se alzó desde lo alto.
—Discípulo de Yi Xuan.
—El tal… Tn. Preséntate ante la sala.
Un silencio incómodo cayó como un telón.
Tn bufó sin disimulo.
—Tsk…
Se puso de pie con calma, las manos aún en los bolsillos. Al hacerlo, todas las miradas se clavaron en él. Por primera vez, muchos estudiantes lo veían claramente: su postura relajada, su ropa informal, esa expresión que no conocía el miedo… ni el respeto impuesto.
Belle cerró los ojos un segundo.
—Por favor… que no pase nada… —murmuró, cruzando los dedos.
Tn dio unos pasos al frente y se detuvo en el centro.
—Tn —dijo simplemente—. Discípulo de Yi Xuan.
Un anciano habló de inmediato, su voz cargada de desdén.
—¿Eso es todo? ¿Sin títulos, sin linaje, sin reverencias?
—¿Quiere que invente alguno? —respondió Tn con una sonrisa ladeada.
Un murmullo indignado recorrió la sala.
—¡Mide tus palabras! —tronó otro anciano—. Tu falta de respeto es evidente. Tu manera de hablar… y de vestir.
—¿Acaso eres un exhibicionista? ¿Crees que este templo es un mercado callejero?
Algunos estudiantes rieron nerviosos. Otros bajaron la mirada.
Tn inclinó la cabeza apenas, como si reflexionara… y entonces sonrió un poco más.
—Me visto y actúo según lo que mi karma dicta —dijo con calma, mientras sus ojos se entrecerraban—.
—¿O acaso eso no es uno de los caminos del Yunkui?
El silencio se tensó.
—Seguir tu propio karma —continuó—.
—Como el loto que avanza contra la corriente del río.
—Como el cuerno del rinoceronte… avanzando solo, fiel a su ideal.
Yi Xuan sintió un orgullo punzante en el pecho.
Ese idiota… pensó. Pero es exactamente eso.
Sin embargo, los ancianos reaccionaron con furia.
—¡Herejía!
—¡Insolencia intolerable!
—¿Quién te crees para hablar del Camino del Iluminado?
Uno de ellos golpeó el suelo con violencia.
—¡Solo un Gautama verdadero! ¡O un clan consagrado a la senda pura puede proclamar tal comprensión del karma!
Tn ladeó la cabeza, mirándolos como si evaluara algo… y luego suspiró.
—¿En serio? —dijo—.Desde aquí solo veo a unos ancianos aferrados a su poder, aterrados de que el mundo siga avanzando sin ustedes. Muevan sus lamentables culos fuera y tomen aire y miren el panorama.
Y entonces…
Tn levantó la mano.
Y alzó el dedo medio.
—Con todo respeto —añadió—. Pueden meterse su falsa iluminación donde no llega la luz.
El silencio que siguió fue cruel, absoluto.
Belle abrió los ojos de par en par, llevándose ambas manos a la boca.
—T-Tn… —susurró, pálida.
Yi Xuan sintió cómo la sangre abandonaba su rostro. Su respiración se detuvo por un segundo eterno.
—Idiota… —pensó, entre el terror y el orgullo más puro—. Bendito idiota…
Estaba feliz de que el la apoyara……Pero no esperaba que hiciera tal falta de respeto.
Ye Shunguang se quedó inmóvil, la cola rígida.
Jufufu ni siquiera parpadeó.
Las dos candidatas restantes permanecieron quietas, como estatuas, conscientes de que acababan de cruzar un punto sin retorno.
Uno de los ancianos habló al fin, con una voz temblorosa de ira.
—Tú…
—Tú no caminas el sendero del Yunkui.
Tn lo miró fijamente.
—Nunca dije que caminara el suyo.
Las velas titilaron con violencia.
Y en ese instante, todos lo supieron:
la reunión ya no trataba del futuro del templo…
sino de quién tendría el valor de desafiarlo.
Un murmullo áspero se filtró desde las alturas, como veneno deslizando entre dientes viejos.
—Ya hemos recibido demasiadas quejas sobre él… —dijo uno de los ancianos, con voz baja pero cargada de intención. Mientras las otras figuras acentian.
Otro continuó, más alto, más severo:
—Un estudiante alto en indisciplina.
—Robo constante de comida de la cafetería.
—Falta de respeto reiterada hacia maestros y tutores.
—Intimidación a otros estudiantes.
—Y… —hizo una pausa calculada— supuestos actos degenerados con algunas monjas del templo.
Un murmullo escandalizado recorrió la sala.
Belle sintió un nudo en el estómago.
—¡Eso es mentira…! —susurró, pero su voz se perdió entre las sombras.
Tn ladeó la cabeza, claramente irritado.
—Lo de intimidar —dijo con frialdad— fue golpear a unos idiotas que molestaban a Belle. Y desde cuándo coquetear es degenerado, ¿eh?. Celosos por seguir virgenes a los 60.
—¡Mide tu lengua! —espetó un anciano.
—No —respondió Tn sin levantar la voz—. Ya la mido bastante bien~. Preguntelen a Belle~.
Lo dijo casi con voz cantarina mientras que la joven Proxy sentia que vapor escapaba de su cabeza.
El anciano que había iniciado el recuento prosiguió, ignorándolo deliberadamente.
—Hemos tolerado todo ese comportamiento únicamente por tu talento…Y por ser candidato directo de Yi Xuan.
La tela que cubría su figura se agitó.
—Pero después de este desplante…Estamos considerando seriamente expulsarte del templo.
Un silencio pesado cayó como una losa.
—¡No! —la voz de Yi Xuan se alzó de golpe, firme, cortante—.Solo yo, como Gran Maestra del Yunkui, tengo la autoridad para decidir eso.
Todos los ojos se dirigieron hacia ella.
—Yo decido quién se queda y quién se va.
Por un instante, pareció recuperar el control… hasta que uno de los ancianos rió con sequedad.
—¿De verdad, Gran Maestra?
—Porque desde nuestra perspectiva, usted no ha cumplido adecuadamente con sus deberes.
Yi Xuan apretó los labios.
—No ha formado un vínculo con la espada sagrada.
—No ha demostrado la resolución necesaria para portar el peso del templo.
—Y en lugar de sacrificarse, ha preferido aferrarse a sus apegos.
—¡Eso no es verdad! —exclamó Belle, poniéndose de pie, pero Ye Shunguang la sujetó del brazo, obligándola a sentarse.
—Silencio —ordenó otro anciano—.
—Ha vendido la dignidad del Yunkui al gobierno.
—Ha permitido que la tecnología manche la senda.
—Todo porque teme usar la espada.
Yi Xuan guardó silencio.
No porque no tuviera respuesta…
sino porque esas palabras sí dolían.
—Prefiere conservar sus emociones —prosiguieron—.
—Prefiere no perder su memoria.
—Prefiere no convertirse en lo que el templo necesita.
Tn bajó la cabeza.
Su rostro quedó oculto por las sombras.
—… —sus labios se movieron apenas.
—¿Qué dijiste? —preguntó uno de los ancianos.
—Callate.
Fue tan bajo que pocos lo oyeron.
—¿Cómo dices? —exigió otro—.
—¡Repite eso!
Tn alzó la mirada.
Sus ojos ardían.
—Cállate.
El domo entero pareció estremecerse.
Eso iba dirigido a los ancianos.
A todos.
—No voy a tolerar que le digan eso a mi shifu.
Dio un paso al frente.
CRACK.
El piso de piedra se resquebrajó bajo su pie, una grieta extendiéndose como una advertencia.
Belle se levantó de golpe.
—¡Tn, espera…!
—¿Saben qué es lo gracioso? —continuó él, con voz grave—.Hablan de coraje… de sacrificio… de portar una espada de mierda que borra memoria y emociones.
Levantó la barbilla, desafiante.
—Si tanto les duele el trasero porque ella no la usa…
Alzó la mano, señalando hacia lo alto.
—¿Por qué no la usan ustedes?
Un murmullo de shock recorrió a los estudiantes.
—¡Insensato!
—¡Blasfemia!
Tn sonrió, pero no había humor en su expresión.
—Vamos —dijo—Demuestren que tienen el coraje del que presumen.
El aire se volvió pesado, opresivo.
Yi Xuan sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—Tn… —susurró—. No…
Pero ya era tarde.
La línea estaba cruzada.
Y ahora, frente a todos, el desafío había sido lanzado.
!Hah!…
Hahahahahahahahahahahahahahahahahahahahahahahaha.
Una risa suave rompió la tensión y fue escalando.
No era burlona.
No era cruel.
Era… interesada.
—Oh vaya, oooooh vaya. Hmph… —una voz grave resonó desde lo alto—. El chico tiene coraje.
Una de las telas que ocultaban a los ancianos fue retirada de golpe.
Allí estaba.
Un thiren bestia, un guepardo antropomórfico de pelaje gris ceniza, cuerpo cubierto de músculos definidos y cicatrices antiguas. Su rostro felino mostraba colmillos visibles aun con la boca cerrada. Vestía ropas ornamentadas, antiguas, con símbolos del Yunkui bordados en oro gastado.
—Thaifong… —murmuraron varios estudiantes con asombro.
Uno de los ancianos más respetados.
Uno de los pocos que aún había peleado en guerras reales.
Apenas aparentaba cuarenta años, pero su presencia era aplastante.
Thaifong saltó desde el podio.
BOOM.
Aterrizó justo frente a Tn, levantando polvo y fragmentos de piedra. El impacto sacudió el suelo como un pequeño sismo.
Tn era alto, al menos dos metros…
pero Thaifong lo superaba con facilidad, rozando los 2.60 metros.
(Tn:Estatura: 2.10 m. Peso: 70 kg. Características: Es alto y musculoso, pero a pesar de su tamaño, tiene un cuerpo ligero y ágil. Thaifong:2.60 m. Peso: 140 kg.)
El thiren lo miró desde arriba, ojos felinos brillando con curiosidad.
—Tienes agallas, chico —dijo con una sonrisa ladeada—. Decir eso delante de todos estos viejos… hm.
—Thaifong, retírate —ordenó un anciano—. Esto no es asunto tuyo.
Thaifong gruñó, mostrando los colmillos.
—Cállate —respondió sin siquiera mirarlo—.Este chico habla claro. Eso ya es más de lo que puedo decir de muchos aquí.
Volvió su mirada a Tn.
Sus ojos se afilaron.
—Dime… —dijo lentamente—.Si Yi Xuan te pidiera matar a todos los ancianos de esta sala…¿lo harías?
Un murmullo de horror explotó en el domo.
—¡Thaifong!
—¡¿Qué estás diciendo?!
—¡Eso es una locura!
Yi Xuan abrió los ojos con sorpresa.
—Thaifong, basta—.
Tn no apartó la mirada.
Su expresión no cambió.
—… —sus labios se movieron apenas—.Acertaste bastante bien.
El tipo era peligroso, todas las alarmas en la cabeza de Tn sonaron.
El silencio que siguió fue brutal.
Yi Xuan lo miró, el corazón golpeándole el pecho.
—Tn… —susurró, con mezcla de alarma y culpa.
Thaifong soltó una carcajada profunda.
—¡JA! —rió—.Eso no es locura. Eso es lealtad. Vaya hace tiempo que no miraba tal dedicacion. Aunque-Miro a la mujer y al chico- No sabria decir si es por puro apego hormonal o de verdad te importa.
El rostro de Tn no cambio, pero Thaifong apostaria que era un poco de ambas.
Dio un paso a un lado… y entonces sus ojos se desviaron.
Hacia el fondo.
Hacia el cabello azul.
Belle.
Ella sintió el peso de esa mirada como una garra invisible. Instintivamente dio medio paso atrás.
—Oh… —murmuró Thaifong—.Así que ella es Belle.
Estuvo prestando atencio en toda la maldita junto.
El aire cambió.
Tn lo sintió al instante.
Sus músculos se tensaron, su respiración se volvió más profunda. Su mano descendió lentamente… buscando su arma por puro reflejo.
—Ni un paso más —dijo, con voz baja y peligrosa. Lo que fuera que quisiera no podia ser nada bueno.
Thaifong empezó a caminar hacia Belle con calma, evaluándola como un depredador curioso.
—Relájate, chico. Solo quiero verla de cerca—
No terminó la frase.
TCHAK.
El brazo de Tn se cerró alrededor de la muñeca de Thaifong con una fuerza inhumana.
El impacto fue seco. El sonido de hueso tensándose resonó.
—No —dijo Tn, levantando lentamente la mirada—.A ella no la miras así.
Los estudiantes se pusieron de pie.
—¡Lo está sujetando!
—¡Está loco.Es una gran falta de respeto.!
—¡Thaifong es un anciano respetable.!
Thaifong bajó la vista hacia el brazo que lo retenía. Apenas estaba poniendo fuerza pero noto que el agarre del chico era bastante bueno.
Sus ojos se entrecerraron.
Luego… sonrió.
—Hah… —murmuró—.Interesante.
Un depredador estaba reconociendo a otro.
Giró ligeramente la muñeca, probando la presión.
—Me sujetas como si de verdad creyeras que puedes detenerme.
Tn apretó más.
El piso volvió a crujir bajo sus pies.
—No creo —respondió—.Sé que puedo.
Belle lo miraba con los ojos muy abiertos, el corazón acelerado.
—Tn… por favor… —susurró.
Yi Xuan dio un paso al frente, la voz firme aunque por dentro temblaba.
—Thaifong —ordenó—. Basta. Este no es el momento.
El thiren bestia soltó otra risa baja.
—Tranquila, Gran Maestra —dijo sin dejar de mirar a Tn—.No voy a tocar a tu gente.
Luego inclinó ligeramente la cabeza hacia Tn.
—Cuida bien de lo que amas, chico. Porque eso… —sus colmillos brillaron—es exactamente lo que hace fuerte… y peligroso… a un candidato.
El aire quedó en silencio.
La reunión ya no era solo política.
Y el instructor mas cruel del templo era el que iba a probarlos.
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uffffff como sabran las familia heydrich fue algo muy especial y el que se haya leido la guia de shav sabrá las peculiaridades que este cabron hace. y el que pregunte oye porque cambiaste el lore, y dire nananananan solo estoy usando las cartas, la secta yunkui tenia cosas interesantes que aun no se tocan en el juego asi que me adelante e implemente lo que me funciona, thaifong es una parodia de tailong 7w7, porque en toda buena trama necesito a un buen contrincante,ademas la shifu ya comprobó a que punto tn podria ir por ella. como yuta dispuesto a seguir a gojo.
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