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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 243

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  4. Capítulo 243 - Capítulo 243: Zhu yuan part 5 Zenless zone zero
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Capítulo 243: Zhu yuan part 5 Zenless zone zero

Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio

Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores. Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.

_______________________________________________________________________

Nunca podré expiar mi pecado,

pero estoy preparado.

Tn… nunca sera como la capitana Hoshimi.

Dime, ¿de qué estás hablando?

Será mejor que se vuelvan.

Esto será horrible.

El nuevo cambio en mi visión ha comenzado.

El compromiso llega a su fin.

Porque para ser una espada que corte al enemigo

no se necesitan emociones.

Es todo o nada.

6 minutos serán suficientes.

El cuerpo sigue caminando,

pero ya no hay nada que lo controle.

.

.

.

__________________________________________________________

—¿Y bien? —dijo Tn al fin, cruzándose de brazos—. Estoy esperando.

Zhu Yuan sintió cómo el corazón le golpeaba en los oídos. Por un instante creyó que iba a vomitar. Tragó saliva, apretó los puños y luego los aflojó, como si eso pudiera darle valor. Dio un largo suspiro antes de hablar.

—Yo… —empezó, con la voz tensa—. Soy capitana de escuadrón. Al menos, de un sector. Eso ya lo sabes.

Tn no respondió. Su mirada se desvió hacia la calle, a los neones apagados y al asfalto húmedo.

—Desde que asumí el cargo —continuó ella—, las expectativas fueron… enormes. La alcaldesa, los altos mandos, todos. Esperaban que fuera perfecta. Que limpiara las calles, que combatiera Hollows, que protegiera civiles, que liderara expediciones de recolección de Éter, que atrapara hackers, mafiosos… todo.

—Eso es el trabajo —murmuró Tn sin mirarla—. Nada nuevo.

Zhu Yuan asintió despacio.

—Lo sé. Pero… —se mordió el labio—. Empecé a querer destacar más. No solo cumplir. Sobresalir. Quería resultados rápidos, cifras altas, arrestos importantes. Pensé que, si lograba eso, dejarían de subestimarme.

Tn frunció ligeramente el ceño, pero guardó silencio.

—Entonces… pedí ayuda —confesó ella—. A un hacker proxy.

El aire pareció tensarse. Tn giró el rostro de golpe y la miró fijamente.

—¿Qué?

—No fue al azar —se apresuró a decir Zhu Yuan—. Pensé que podría usarlo como una fuente. Información. Nombres, rutas, contactos. Con eso podría atrapar a criminales más grandes.

Tn apretó la mandíbula.

—¿Te das cuenta de lo que estás diciendo? —preguntó en voz baja—. La mejor de la academia… cometiendo un delito deliberado para “atrapar otros delitos”.

—No era un vacío legal, lo sé —respondió ella, bajando la mirada—. Era un crimen.

—Y aun así lo hiciste.

Zhu Yuan cerró los ojos por un segundo.

—Sentía que no tenía opción.

Tn soltó una risa seca, sin humor.

—Siempre hay opción.

Ella levantó la vista, con los ojos brillantes.

—Los altos mandos no me respetan. Soy la imagen pública, la cara bonita de los informes. Me subestiman por ser mujer, por mi edad. —Su voz tembló—. Y en términos de fuerza bruta… no soy como otros agentes. Sé pelear, sé disparar, pero sola no puedo con todo y Qingyi hace lo que puede pero casi siempre la envian sola a patrullar su sector.

El silencio se extendió entre ambos.

—¿Entonces mi expulsión fue porque casi te atrapan? —preguntó Tn al fin.

Zhu Yuan no respondió de inmediato. Desvió la mirada, los labios tensos.

Ese gesto fue suficiente.

—Lo sabía —murmuró él—.

—T-tn… —dio un paso hacia él—. Cuando revisaron los archivos, entré en pánico. Si veían las grabaciones de mi uniforme, todo saldría a la luz. Yo… —apretó los puños—. Moví los archivos. Los pasé a tu registro. Pensé que nadie los revisaría tan a fondo.

—Y te equivocaste…..

—Sí.

Tn dejó caer los brazos, cansado queria gritar,desquitarse,diablos incluso ir al departamento de seguridad y denunciar.

—¿Sabes qué es lo peor? —dijo, sin ira—. Que yo lo sabía. Desde el primer momento. Y aun así no dije nada.

El era apenas un oficial remplazable,carne de frente desechable, pero Zhu yuan……ella era mejor que el y mas importante.

Zhu Yuan lo miró con sorpresa.

—¿Por qué?

—Porque pensé que, tal vez, lo hiciste creyendo que era por el bien de todos —respondió él—. Y porque… —hizo una pausa—. No quería destruirte…..Eras capitana con un servicio increible.

Los ojos de Zhu Yuan se llenaron de lágrimas.

—Yo te destruí a ti.

—Me quitaste el uniforme —asintió Tn—. Pero no la conciencia.

Ella respiró hondo, intentando no llorar.

—No te pido que me perdones —dijo al fin—. Solo quería que supieras la verdad.

Tn la observó durante unos segundos que parecieron eternos.

—La verdad no borra las consecuencias —dijo finalmente—. Pero al menos explica por qué estoy aquí… sirviendo café.

Se giró ligeramente hacia el local.

—Esto es mi vida ahora. Y tú sigues siendo Seguridad Pública. No sé si esas dos cosas pueden coexistir.

Zhu Yuan apretó los labios, con una determinación nueva asomando entre la culpa.

—Entonces… déjame cargar con las consecuencias —susurró—. Aunque sea ahora.

La noche siguió en silencio, mientras ambos entendían que, a partir de ese momento, nada volvería a ser simple.

.

Tn volvió al café y encontró a Five tirado sobre el mostrador, con la cara ladeada y un brazo colgando, como si el cansancio le hubiera caído encima de golpe.

—¿Cerramos ya? —preguntó Tn, dejando las llaves sobre la barra.

Five apenas levantó dos dedos en señal vaga.

—Seh… hoy sí. No estoy para lidiar con idiotas nocturnos.

Tn asintió. Apagó las luces del área de clientes, bajó parcialmente la cortina metálica y se quedó unos segundos mirando el local en silencio. No pensó en Zhu Yuan. O al menos, intentó no hacerlo.

.

.

Zhu Yuan, en cambio, se subió a su patrulla con las manos temblándole. Cerró la puerta de golpe y se quedó ahí, inmóvil, respirando agitadamente. Luego, sin previo aviso, apretó el volante con fuerza.

—¡Maldita sea! —gritó.

Golpeó el tablero con el puño, una vez, dos veces.

—¡Carajo! ¡Carajo!

No entendía por qué le dolía tanto. Él solo era… una persona más. Una que había sacrificado.

Pero no quería eso.

No quería “una persona más”.

—Yo… yo quería arreglarlo… —murmuró, con la voz quebrada—. Quería cargar con la culpa, pero… no así.

Su respiración era errática. Las emociones se le mezclaban: culpa, rabia, miedo, apego. Todo mal, todo al mismo tiempo.

El teléfono vibró.

Zhu Yuan lo miró de reojo. Wise.

—Te bloqueé… —susurró, frunciendo el ceño—. Bastardo.

Recordó, demasiado tarde, que estaba tratando con un hacker. Con un Phaethon.

Tomó el teléfono y lo lanzó al asiento trasero.

—¡Déjame en paz!

Pisó el acelerador.

—Helado… —murmuró—. Televisión. Eso ayuda.

Condujo sin rumbo fijo hasta que se detuvo frente a una tienda de conveniencia abierta las veinticuatro horas. Bajó del vehículo y entró.

—Si viene por denuncias de marihuana, no hay nada —dijo la cajera sin levantar mucho la vista de una revista, claramente más interesada en el chisme que en su trabajo.

—No —respondió Zhu Yuan, seca.

Fue directo a los refrigeradores. Al abrir uno, frunció el rostro con disgusto.

—¿Ratas…? —susurró, viendo sombras pequeñas correr entre las estanterías—. Qué asco…

Sacó un par de helados procesados del congelador. Nada orgánico. Nada caro.

Entonces vio las botellas de licor detrás del mostrador. Su garganta se sintió repentinamente seca.

—Yanagi dijo que ayudaba… —murmuró, dudando—. Solo un poco…

Que tan malo podia ser, recordo a la oficial beber con regularidad mientras se quejaba sobre que su pareja era un caso perdido.

Si tan solo supiera a lo que se referia la peli rosa con eso.

Pagó sin mirar a la cajera y regresó a la patrulla. Apenas arrancó, destapó la botella y dio un sorbo.

—Puaj… —hizo una mueca—. Amargo…

Aun así, volvió a beber.*Puaj* *Sorber* Pequeños sorbos. Uno tras otro.

Apenas estaba prestando atencion al camino.

Entonces ocurrió.

*CLANK*

—¡¿Qué fue eso?!

El golpe sacudió la patrulla. La botella salió volando y rodó bajo el asiento.

—¡Carajo, carajo, carajo!

Frenó en seco y se bajó corriendo. Detrás del vehículo rezando que no fuera un civil,pero era un Bangboo yacía en el suelo, su cuerpo metálico retorciéndose mientras chispas salían de sus articulaciones.

—No, no, no… —susurró Zhu Yuan, pálida—. Yo no…

El pequeño robot emitió un pitido distorsionado, como un quejido electrónico.

—Tranquilo, tranquilo… —dijo ella, arrodillándose—. No fue a propósito.

Miró a ambos lados de la calle. Nadie.

—Si se enteran de esto… —tragó saliva—. Estoy acabada.

Que dirian sobre la capitana conduciendo con alcohol y atropellando a un inocente robot ia.

Lo levantó con cuidado y lo metió en el maletero. Cerró de golpe y volvió a subir a la patrulla.

—Solo… solo llegar a casa —murmuró, arrancando de nuevo—. Mañana pensaré qué hacer.

Mientras conducía hacia su apartamento, el eco de las palabras de Tn seguía resonando en su cabeza, más fuerte que el motor, más pesado que la culpa.

.

Llegó a su hogar y cerró la puerta tras de sí con demasiada fuerza. El sonido seco resonó en el lugar vacío. Zhu Yuan dejó la botella y el helado sobre la mesa del comedor; las llaves tintinearon al caerle de las manos. Le temblaban los dedos.

—Cálmate… —se dijo en voz baja, respirando rápido—. Solo… cálmate.

Se llevó una mano al pecho, como si pudiera obligar a su corazón a disminuir el ritmo. Luego caminó directo al baño, encendió la ducha y dejó la radio prendida en la sala.

El agua caliente comenzó a caer mientras ella se desnudaba sin pensar, como por inercia. Entró bajo el chorro y cerró los ojos con fuerza.

—Buenas noches, Nueva Eridu —sonó la voz del locutor, Alastor, desde la radio—. En las noticias de hoy: robo a gran escala durante una subasta privada en el distrito este, y el descubrimiento de nuevas ruinas subterráneas bajo el sector sur…Mhp~ La universidad de investigacion dra un informe completo el jueves por la tarde.

Zhu Yuan apoyó la frente contra la pared de la ducha. El agua resbalaba por su cabello oscuro, empapándole la espalda bien formada.

—Además —continuó la voz—, la alcaldesa Rem Saverem~ dio un comunicado importante sobre la nueva industrialización del Éter. Se abrirán más fábricas de regulación y se importarán fondos adicionales para las farmacéuticas de Thymefield…

Zhu Yuan tomó jabón y comenzó a tallarse los brazos, luego los hombros, con demasiada fuerza, como si quisiera arrancarse algo de la piel. Paso la espuma por sus pechos sintiendo la suabidad de estos.

—Más control, más producción… —murmuró—. Más mentiras bonitas….Tendre el doble de trabajo.

La radio siguió hablando, indiferente.

—En otros temas, éxitos de taquilla en los cines por parte del director James Gunnicci, nuevas polémicas en la red sobre la secta Hollow White~ Ooohhhh~ vaya~ vaya~ Supuestos actores involucrados en dicha secta…

El agua corría con fuerza. Zhu Yuan se talló el cuello, el pecho, el abdomen. Cada movimiento era mecánico, casi desesperado.

—Y en noticias virales —añadió Alastor con un tono animado—, la capitana de Seguridad Pública Zhu Yuan~ se ha convertido en una nueva sensación en la red, elogiada por su dedicación incansable para limpiar las calles de criminales…

Zhu Yuan abrió los ojos. Miró hacia abajo.

El agua y el jabón se deslizaban por sus piernas, desapareciendo por el desagüe. Sus pies, quietos. Su reflejo distorsionado en el vidrio empañado.

—Hacer el bien… —susurró, casi sin voz—. ¿Qué es hacer el bien?

Apretó los dientes.

—¿Arrestarlos para que salgan libres por tecnicismos? ¿Llenar celdas que ya no pueden sostener a nadie?

El recuerdo de las jaulas abarrotadas, de los gritos, de Recursos Humanos presionando, le atravesó la mente.

Y como olvidar los que salieronmas rapido por culpa de que Qingyi los haya golpeado.

—Y cuando salen… —continuó, con amargura—. Vuelven a hacerlo. Siempre vuelven.

“No hay mejor bandido que bandido muerto”………..Recordaba bien quien dijo eso.

Apoyó ambas manos contra la pared. Sus hombros temblaron.

—¿Entonces para qué?

La radio seguía parloteando, ajena a su crisis.

—La ciudad avanza, Nueva Eridu prospera…

—Mientes… —murmuró Zhu Yuan—. Todos mienten.

Cerró la llave del agua de golpe. El silencio fue abrupto, pesado. Solo quedó el sonido de su respiración.

Se quedó ahí, empapada, con la cabeza gacha.

—Jane… —susurró—. Tn…

Se pasó una mano por el rostro, arrastrando el agua y las lágrimas que no sabía cuándo habían empezado a caer.

—Yo quería ser correcta…

Salió de la ducha lentamente, tomó una toalla y se envolvió en ella sin secarse del todo. Caminó hasta la sala y apagó la radio de un manotazo. El apartamento quedó en silencio.

En la mesa, la botella de licor y el helado la esperaban. También, en el maletero de su patrulla, un Bangboo roto.

Zhu Yuan se dejó caer en una silla.

—Mañana… —murmuró, sin convicción—. Mañana pensaré qué hacer.

Pero en el fondo sabía que el mañana solo traería más decisiones imposibles.

Tomó la botella sin pensarlo demasiado y la volcó sobre el helado. El líquido transparente empapó la superficie, derritiéndola de forma irregular hasta convertirla en una mezcla espesa y brillante. Zhu Yuan no leyó la etiqueta del envase, no vio la advertencia impresa en letras pequeñas: CONASUPO:helado sintético refinado — no mezclar con alcohol, jugo,cafe, cierto tipo de sodas.

Efectos:Dolor abdominal,alucinaciones,cambios de temperamento.

Se sentó y comenzó a comer.

—Qué… asco… —murmuró, pero siguió—. Da igual.

El frío y el amargor se mezclaron en su boca. Tragó otra cucharada. Y otra.

En su mente apareció el recuerdo de un viejo agente de Seguridad Pública. Uno de los más letales que había conocido la institución. Frank Castle.

No hay mejor bandido que bandido muerto.

Diablos sonaba tan bien, que facil seria.

—No… —susurró Zhu Yuan, apretando la cuchara—. No somos juez, jurado ni verdugo.

Se repitió esas palabras como un mantra.

—Existe la justicia. Existen las reglas.

Justicia que se compraba….Los casos de experimentacion con infantes.

Las reglas se rompian…..Jovenes cantantes que se perdieron por culpa de las promotoras.

Pero el mundo empezó a sentirse… raro.

La habitación parecía inclinarse apenas. El zumbido del refrigerador se volvió más fuerte, casi como un susurro.

Zhu Yuan se levantó de la mesa y encendió la televisión para ahogar el silencio. La pantalla mostró imágenes sin sentido: noticieros, anuncios, rostros que parecían mirarla directamente.

—¿Por qué Tn no te perdona? —dijo una voz que no venía de la TV ni de la habitación.

Zhu Yuan se tensó.

—Porque… porque le fallé —respondió, sin darse cuenta de que hablaba en voz alta.

—Todo se resolvería si hicieras más —insistió la voz—. ¿Por qué no sales y atrapas a más pandilleros?

—Eso hago todos los días… —murmuró.

Otra idea se filtró, suave como veneno.

—Podrías volver a patrullar con él. Tn era bueno. Juntos serían imparables.

El corazón de Zhu Yuan dio un salto.

—Sí… —susurró—. Podríamos…

Entonces otra voz, más fría, se impuso.

—¿Y si Tn ya no quiere verte?

Zhu Yuan negó con la cabeza, con más fuerza de la necesaria.

—No… eso no puede pasar.

Las imágenes en la televisión cambiaron. El café. FIVE’S. Tn detrás del mostrador.

—Si cierras el café por investigación —sugirió la voz—, tendrá que verte. Tendrá que escucharte.

—No… —dijo Zhu Yuan, llevándose una mano a la sien—. Eso sería… abuso de poder.

—Pero funcionaría.

—¡Cállate! —exclamó, golpeando la mesa.

Las ideas se superponían: Tn como su compañero otra vez, las calles limpias, los criminales acorralados, ella arreglando todo con sus propias manos.

—Solo quiero… —su voz se quebró—. Solo quiero arreglarlo.

El mareo se intensificó. La habitación giró lentamente. Zhu Yuan dejó caer la cuchara y se llevó ambas manos al rostro.

—Esto… esto no es real…

Sus piernas flaquearon. Caminó torpemente hasta el sofá y se dejó caer en él. La televisión seguía encendida, murmurando sin sentido.

—Mañana… —susurró, con los ojos cerrándose—. Mañana pensaré mejor…

El cansancio la venció. Los efectos se disiparían pronto, pero las ideas ya habían echado raíces.

Zhu Yuan se quedó dormida, con el rostro pálido y la mente llena de pensamientos que no sabía si eran suyos… o algo más.

.

Bippppp biiippppp.

.

Biiiiipppp biiiippppp.

.

La alarma sonaba demasiado fuerte.

Zhu Yuan se llevó una mano al estómago mientras se incorporaba de golpe.

—Ugh… —un espasmo la recorrió entera—. Maldición…

Quería vomitar. Todo le dolía.

Tenía frío, pero al mismo tiempo sentía el cuerpo ardiendo, como si tuviera fiebre. Cada músculo protestaba. Podía escuchar cosas absurdas: el zumbido eléctrico del reloj, el goteo del fregadero… incluso el aleteo de una mosca en la otra habitación.

—Primera… y última vez… —gruñó—. No vuelvo a beber en mi vida.

Se apoyó contra la pared, respirando hondo.

¿Cómo demonios Yanagi puede aguantar esto como si nada?

Con pasos torpes se levantó del sofá y fue a su cuarto. Abrió el armario, sacó el uniforme de Seguridad Pública y empezó a vestirse mecánicamente. Cada movimiento dolía, pero la costumbre podía más.

—Trabajo primero… quejarse después —se dijo frente al espejo, con el ceño fruncido.

Se ajustó el cinturón, tomó su arma y la colocó en la cintura con un clic seco. Al mirarse de nuevo, la capitana Zhu Yuan estaba ahí… aunque por dentro se sintiera hecha pedazos.

Salió al garaje y subió a la patrulla.

Mientras conducía, una sensación incómoda le recorría la espalda.

—Hay algo mal… —murmuró—. Lo sé.

Condujo hasta una zona alejada, casi abandonada. Detuvo el vehículo, bajó y abrió el maletero.

—…¿Qué?

Ahí dentro estaba el Bangboo, retorciéndose de forma antinatural. Sus luces parpadeaban de manera errática mientras emitía un murmullo roto.

—Th… thumb*error*… thump*error*… thump *error*…

—Shhhh shhh Tranquilo, tranquilo —dijo Zhu Yuan, alarmada, arrodillándose frente a él—. Hey, mírame. No voy a hacerte daño.

El visor del Bangboo se iluminó de pronto. Letras rojas aparecieron una tras otra:

CÓDIGO MADRE: No atacar a humano. Servir.

ESTADO: DESACTIVADO.

—¿Qué…? —Zhu Yuan abrió los ojos—. Espera, no—

No tuvo tiempo de reaccionar.

El Bangboo se lanzó directamente a su rostro.

—¡¿QUÉ DEMONIOS QUITATE QUITATE—?!

Zhu Yuan gritó cuando el pequeño robot se aferró a su cara, golpeándola con sus diminutas manos metálicas y tirándole del cabello con una fuerza sorprendente.

—¡Suéltame! ¡Suéltame ahora mismo! AHHGHGGHHG

Se tambaleó de un lado a otro, tratando de quitárselo a manotazos. Tropezó, cayó de rodillas y luego al suelo. Con un esfuerzo desesperado, logró arrancárselo de encima y lo pateó lejos.

—¡Quieto!

El Bangboo rodó hasta chocar contra la patrulla. En un movimiento torpe pero decidido, tomó la antena de transmisión del vehículo y la arrancó de cuajo.

—Oh, no no no— ¡eso no! —exclamó Zhu Yuan, incorporándose.

Corrió hacia él, pero el Bangboo se movió al otro lado del vehículo. Cuando Zhu Yuan intentó rodearlo, el robot la hizo tropezar y cayó de bruces.

—¡Kyaaaaa Maldición!

Antes de que pudiera levantarse, el Bangboo empezó a golpearla con la antena en las piernas y el trasero una y otra vez.

—¡Ay! ¡Oye! ¡Para!AjJajaAHAHAAAGAg —gritó, más indignada que herida—. ¡Eso no duele aghghghg es humillante!

El bangboo seguia moviendo el arma improviasada apuntando al trasero de la mujer.

Los golpes no eran letales, ni siquiera realmente peligrosos… era como el castigo torpe de un padre regañando a su hijo. Aun así, Zhu Yuan gruñía, tratando de ponerse de pie.

—¡No soy tu enemiga, pedazo de chatarra!

Logró incorporarse y, sin más paciencia, lo pateó con fuerza. El Bangboo salió despedido unos metros, rodando por el suelo. Se levantó de nuevo, tambaleante, claramente dispuesto a seguir peleando.

Zhu Yuan suspiró, agotada.

El bangboo blandio la antena de arriba abajo de forma magistral.

Adopto una pose mientras su mano derecha hacia un gesto de acercate a luchar.

—Esto es ridículo…

Sacó su arma, apuntó con firmeza y disparó al centro del cuerpo del Bangboo.

*Chispas*

Un solo tiro. Preciso.

El robot cayó al suelo, inmóvil. Luces apagadas. Fuera de combate.

Zhu Yuan se quedó de pie, respirando agitada, mirando la escena en silencio.

—Capitana Zhu Yuan… —murmuró con una risa amarga—. Casi derrotada por un Bangboo.

Se pasó una mano por el rostro y negó con la cabeza.

—Si alguien se entera de esto… me jubilo.

Bajo una mano a su retaguardia.

Ouch.

Sentía que su trasero ardía… pero su rostro ardía de ira.

Zhu Yuan caminó lentamente hasta el Bangboo caído, cada paso cargado de frustración. Lo observó desde arriba, respirando con fuerza.

—¿Qué diablos te pasó…? —murmuró.

Hasta donde ella sabía, todo Bangboo, sin importar el modelo, viejo o nuevo, estaba programado para jamás dañar a un humano. Ni a thirens. Ni a onis. Ni a thirens bestia.

Servían. Ayudaban. Obedecían.

—No atacan… nunca —se dijo, más para convencerse que por certeza.

Lo empujó con la punta del pie. El cuerpo metálico se movió apenas. Entonces lo vio:

una luz roja parpadeando débilmente en su visor roto.

—…Genial.

Un escalofrío le recorrió la espalda.

—Por favor dime que eres un Bangboo callejero… —susurró—. Sin dueño. Sin registro. Sin alguien que pregunte por ti.

No obtuvo respuesta. Solo el parpadeo irregular.

Zhu Yuan negó con la cabeza, dio media vuelta y subió a su patrulla.

—No tengo tiempo para esto —gruñó mientras encendía el motor—. Ya tuve suficiente locura por hoy.

Ajustó el retrovisor. Su rostro se veía cansado. Ojeras marcadas. Mandíbula tensa.

—Concéntrate —se ordenó—. Trabajo. Nada más.

No notó cómo, detrás de ella, el Bangboo tembló.

No vio cómo una de sus manos se apoyó en el asfalto.

El bastardo no hbaia acabado, se puso de pie y tomo la antena.

Pero ella.

No percibió la intención.

Puso reversa.

El vehículo retrocedió con brusquedad.

CRACK.

—¿Qué fue eso…? —murmuró, sin detenerse.

Luego avanzó hacia adelante y tomó la carretera sin mirar atrás.

No supo que lo había atropellado otra vez.

No vio cómo, segundos después, entre chispas y metal doblado, el Bangboo volvió a moverse.

Su visor, roto, mostraba una sola línea de texto distorsionado:

OBJETIVO: HUMANA

ESTADO: ELIMINACIÓN

El pequeño robot se arrastró, dejando un rastro de chispas en el pavimento.

Una mano funcional. La otra destrozada.

Su cuerpo apenas respondía… pero había algo nuevo en él.

Voluntad.

Aunque fuera imposible.

Aunque no tuviera sentido.

Aunque estuviera condenado.

—…Thu…man…thuuum chuuum —emitió, apenas audible.

.

.

.

Horas después, Zhu Yuan llegó a Seguridad Pública.

—Capitana, buenos días —saludó un agente.

—Buenos —respondió automáticamente.

Se sentó en su escritorio. Papeleo. Reportes. Incidentes menores.

Robo en un sector bajo.

Disputa entre pandillas.

Nada fuera de lo común.

—Todo sigue igual… —murmuró mientras firmaba documentos—. Siempre igual.

Más tarde salió a patrullaje. La ciudad seguía viva, caótica, indiferente.

Mientras conducía, su mente divagó.

Tn…

Apretó el volante.

—Tal vez… —susurró—. Tal vez si vuelvo a pasar por ahí…

No decía perdonarme.

No se atrevía a pensar en eso.

—Convivir… solo convivir —se dijo—. Como antes. Como si nada estuviera roto.

Suspiró.

—Si tengo suerte…

La patrulla avanzó entre luces de neón.

.

.

.

Muy lejos de ahí, arrastrándose lentamente por un callejón, un Bangboo destrozado seguía avanzando, guiado por una única idea deformada.

No entendía el mundo.

No entendía el error.

Pero recordaba a la humana.

Y no iba a olvidarla.

Se arrastró varios metros más hasta que algo se cruzó en su campo de visión.

Un gato.

El Bangboo levantó la cabeza como pudo y emitió sonidos rotos, en su idioma mecánico.

—Chuumm… thuuum… chumm…

El gato lo observó un segundo, ladeó la cabeza… y sin pensarlo dos veces le soltó un arañazo.

—¡THZZT! —chilló el Bangboo mientras saltaba una chispa de su carcasa.

El gato bufó y salió corriendo.

El Bangboo vibró de ira. Sus sensores parpadeaban en rojo.El reconocimiento de lenguaje comenzbaa aescapar de el.

—Veng… za… —gruñó con voz distorsionada— Gran… venganza… humana…

Entonces escuchó algo distinto.

—¡Oh, dios mío…! ¿Estás bien?

Una voz suave. Cálida. Humana.

El Bangboo alzó la mirada.

Frente a él estaba a una chica joven de piel clara, cabello azul oscuro con puntas anaranjadas y ojos aguamarina que viste ropa urbana moderna, incluyendo una camiseta gráfica, chaqueta, falda corta y zapatillas, con accesorios como un collar y guantes, y un clip “N” distintivo en su peinado. Sus ojos azules reflejaban genuina preocupación.

El Bangboo la analizó de inmediato.

OBJETIVO NO COINCIDENTE

AMENAZA: BAJA

—…No… —gruñó— No eres…

La chica se agachó sin miedo.

—Hey, tranquilo, tranquilo… —dijo con una sonrisa nerviosa—. Estás todo destrozado.

Lo levantó con cuidado y lo acurrucó entre sus brazos, como si fuera algo frágil.

El Bangboo se retorció.

—Suéltame… misión… humana…

—¿Eh? —Belle ladeó la cabeza—. ¿Estás perdido?

Lo miró más de cerca.

—¿Y por qué estás tan… dañado? —preguntó con un tono casi maternal—. Pobrecito…

—Venganza… —repitió él, obstinado— La pagar…

Belle rió suavemente.

—Jajaja… no te entiendo nada, amiguito.

Se levantó con cuidado.

—Me llamo Belle —dijo—. Y no te voy a dejar aquí tirado.

El Bangboo emitió un sonido de protesta.

—No… no… no…

—Sí, sí —respondió ella, como si entendiera—. Te llevaré a casa.

Caminó por la calle iluminada mientras lo sostenía.

—Seguro mi hermano Wise se pone feliz —comentó—. Siempre quiso un Bangboo extra para la tienda.

Sonrió con cierta picardía.

—Y oye, mejor todavía… no tuvimos que pagar una fortuna por uno nuevo. Recoger uno callejero es… bastante barato.

El Bangboo se estremeció.

—Thuuum thuuuum No soy… asistente…

—Mmm —Belle lo observó—. Estás muy alterado. Necesitas reparación urgente.

Se detuvo un momento.

—Tal vez mi novio pueda ayudarte —añadió—. Él es bastante bueno arreglando cosas….con dinero claro.

El Bangboo levantó la cabeza de golpe.

—…Nombre… —emitió, su visor parpadeando— ¿Nombre…?

—¿Mi novio? —Belle sonrió—. Se llama Tn.

Algo dentro del Bangboo crujió.

NOMBRE DETECTADO

PRIORIDAD: MÁXIMA

—…Tn… —susurró, con un tono que ya no era solo mecánico.

Belle no notó el cambio. Solo siguió caminando.

—Seguro puede dejarte como nuevo —dijo alegremente—. Te va a gustar conocerlo.

El Bangboo, atrapado entre sus brazos, dejó de resistirse.

No porque quisiera.

Sino porque, sin saberlo, el camino hacia su objetivo acababa de cambiar.

.

.

.

—Oe, ¿no está algo flojo? ¡Mueve tu trasero!

La voz de Five llegó desde el otro lado del mostrador, perezosa y burlona.

Tn apenas levantó la mirada de la máquina de café.

—Ya voy —respondió sin prisa, ajustando la jarra—. Si lo muevo más rápido, se quema.

Five resopló y se dejó caer sobre una silla, estirando las piernas.

—Bah… excusas.

—Luego añadió, bajando un poco la voz—: Oe… esa policía de gran trasero sigue merodeando por la zona.

Tn se tensó apenas un segundo.

—¿Zhu Yuan? —preguntó, aunque ya sabía la respuesta.

—¿Y quién más? —Five apoyó el mentón en la mano—. Desde la priemra hora pasa y repasa como si buscara algo. Me está dando malas vibras.

Tn sirvió el café con calma.

—No está buscando problemas —dijo—. O al menos no conmigo.

—Ajá… —Five alzó una ceja—. Eso dicen todos antes de que Seguridad Pública les caiga encima.

Tn guardó silencio. Desde la conversación de anoche, tenía claro que Zhu Yuan quería arreglar las cosas, pero él no estaba listo. No aún.

—Prefiero mantener distancia —murmuró al final—. Unos meses. Pensar con la cabeza fría.

Five lo observó un momento.

—Mmm… —sonrió de lado—. Eso sonó maduro. No te queda.

—Cállate.

Five rió, luego cambió de tema como si nada.

—Oe, por cierto… ¿tu nombre no es raro?

Tn parpadeó.

—¿Cómo?

—Tn —repitió Five—.He conocido a un par con un nombre así.letras, números, ni nada normal.

Tn lo pensó un segundo.

—Tú te llamas Five.

—Cinco —corrigió—. En otro idioma.

Tn ladeó la cabeza.

—Sigue siendo un número.

—Touché —admitió Five—. Aunque… —frunció el ceño— juraría haber escuchado “Tn” un par de veces antes.

Tn lo miró con atención.

—¿Dónde?

—Ni idea —se encogió de hombros—. No me importa. Si pagas renta y no traes problemas, puedes llamarte como quieras.

Mentira.

Se levantó de golpe y le dio una palmada al mostrador.

—Ahora anda, vuelve a servir café y postres. Los clientes no se atienden solos.

—Sí, jefe —respondió Tn sin ganas.

.

.

Afuera, Zhu Yuan patrullaba el mismo sector una vez más.

—…Central, aquí Unidad 3 —dijo por la radio.

Solo recibió estática.

—Maldición… —golpeó suavemente el tablero.

Miró la radio. La antena arrancada o lo que quedaba de ella apenas se sostenía.

—Genial… —murmuró—. Tendré que pedir reparación.

Suspiró.

—Y pensar una excusa creíble —añadió para sí.

No iba a decir la verdad.

No iba a decir que un Bangboo casi la había noqueado con su propia antena.

Redujo la velocidad al pasar frente al café Five’s. Sus ojos se desviaron, casi por reflejo, hacia la ventana.

Vio a Tn detrás del mostrador, concentrado, serio, distante.

Zhu Yuan apretó el volante.

—Solo unos dias… —susurró—. Solo dame tiempo.

La patrulla siguió su camino, dejando atrás el café… y una tensión que todavía no terminaba de disiparse.

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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