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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 244

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Capítulo 244: Maki zenin part 5 jjk

Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio

Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores. Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.

_________________________

El carmesí cubre mi vista.

Quise cambiar, quise luchar…

proteger a una niña oni.

Jamás pensé que mi corazón latiera por algo así.

Pero, Yanagi…

¿por qué esa lanza me atravesó?

Ah… ya veo.

No querías matarme.

Solo querías dejarme a tu lado para siempre.

Pero yo…

oh, cazador…

soy indigno de vivir en paz.

_____________________________________________________________________

Nobara soltó un grito ahogado cuando una raíz gruesa la sujetó del cabello y la lanzó por los aires como si fuera una muñeca. Su cuerpo chocó contra el tronco de un árbol antes de caer pesadamente al suelo. —¡Mierda…! —gruñó, intentando incorporarse mientras escupía tierra. No tuvo tiempo de quejarse más: el suelo volvió a estallar.

Maki se movía entre las raíces con una precisión brutal, esquivando por centímetros los picos de madera que brotaban de la tierra para empalarla. —¡Tch! —chasqueó la lengua—. ¡No se detiene!

Entonces, dos presencias irrumpieron en el campo como un vendaval.

—¡Llegamos, mi brother! —rugió Aoi Todo, aplaudiendo con fuerza.

—¡Vamos! —respondió Yuji, sonriendo con una determinación casi absurda para la situación.

Ambos se lanzaron contra Hanami sin dudarlo. Puño tras puño, golpe tras golpe. Todo aplaudía, intercambiando posiciones con Yuji en un parpadeo, confundiendo a la maldición mientras los impactos resonaban como explosiones.

—¡Izquierda *platt*! ¡Ahora detrás *platt*! —gritaba Todo, riendo—. ¡Esto es magnífico!

PLatttt plattttt plattttt plattttt platttt

—¡Toma esto! —respondió Yuji, aunque también sonreía su golpe daba directo en la maldicion.

Mientras tanto, Maki llegó hasta donde Tn yacía en el suelo. Lo agarró del cuello de la camisa y lo levantó de un tirón. —¡Levántate! ¡No te atrevas a quedarte aquí tirado!

Tn respiraba con dificultad, los ojos desorbitados. La presión era demasiado. Una maldición de grado especial… esto no era un entrenamiento, no era una misión común. Era muerte real.

La adrenalina y el momento de valentía se habían mermado cuando su cerebro se dio cuenta a que se enfrentaba.

—Yo… yo no… —balbuceó, hiperventilando—. Esa cosa…

Maki lo miró fijamente, tan cerca que Tn pudo sentir su respiración. —Dime algo —dijo con voz baja, peligrosa—. ¿Qué prefieres? ¿Lidiar conmigo… o con esa maldición?

El cerebro de Tn hizo click.

El miedo no desapareció, pero se transformó. Se concentró. Apretó los dientes y reunió lo poco que le quedaba de energía maldita. Su brazo y su palma comenzaron a cubrirse de un resplandor azul intenso, vibrante, casi antinatural.

Todo se detuvo por un segundo.

Todo lo sintió. Se giró con una sonrisa enorme. —Ohhh… —rió—. ¡Ese brother tiene agallas!

Sin pensarlo, Todo corrió hacia Hanami y, en pleno ataque, aplaudió con fuerza. —¡Ahora, mi brother!

El mundo se invirtió.

En un instante, Todo intercambió lugares con Tn. El joven apareció frente a Hanami, con el brazo extendido, la energía comprimida al límite.

—¡Cross Arrow… Slash! —gritó, descargando todo lo que tenía.

El impacto fue brutal. Chispas de energía explotaron en todas direcciones. El aire se quebró.

Pero… no atravesó.

La piel de Hanami resistió.

—¿Qué…? —pensó Tn, con los ojos abiertos de par en par—. Oh, carajo…

El siguiente golpe lo alcanzó de lleno.

Todo se volvió borroso. Su cuerpo salió disparado, atravesando árboles como si fueran papel. Uno, dos, tres… hasta que finalmente cayó, rodando entre la tierra y las raíces rotas, completamente desorientado.

Maki apretó los dientes al verlo volar. —¡Tn!

Hanami observó el campo, su voz resonando con calma inquietante. —Incluso así… siguen levantándose. Humanos obstinados.

Yuji volvió a colocarse frente a la maldición, puños en alto. —No vamos a caer tan fácil.

Todo rió, aplaudiendo una vez más. —¡Exacto! ¡Esto recién empieza!

A lo lejos, entre árboles derribados, Tn apenas logró abrir los ojos, la cabeza zumbándole. El mundo giraba… pero una cosa estaba clara: esa cosa no iba a caer tan facil.

Maki corrió hacia Tn sin pensarlo, pero entonces algo se rompió con un estruendo seco, como vidrio estallando. La cortina desapareció y el cielo recuperó su color natural de golpe. El aire dejó de oprimir… y todos lo sintieron al mismo tiempo.

—¿Eh…? —murmuró Yuji, levantando la vista.

-Sensei?.

Allí estaba.

Satoru Gojo flotaba en el cielo, con el cuerpo relajado y una sonrisa peligrosa dibujada en el rostro. La presión de su energía maldita cayó como un océano invisible sobre todo el bosque. Todo se tensó de inmediato.

—¡YUJI! —gritó Todo con los ojos abiertos de par en par— ¡ALÉJATE AHORA MISMO!

Gojo inclinó un poco la cabeza, claramente divertido, y habló con una voz tranquila… demasiado tranquila.

—Vaya, vaya… tocar a mis estudiantes sin permiso no está bien, ¿sabes?

A su alrededor, dos esferas comenzaron a formarse. Una azul, densa y comprimida; otra roja, vibrante y violenta. Rayos púrpura recorrieron su cuerpo mientras la energía maldita explotaba hacia afuera como una tormenta.

—Ritual maldito amplificador… Azul.

—Ritual maldito inverso… Rojo.

Maki alcanzó a Tn, lo levantó de inmediato y se lo cargó al hombro, alejándose todo lo que pudo. Su mandíbula estaba apretada, pero su agarre era firme.

—No te muevas —le gruñó—. No ahora.

En su mente, el pensamiento fue claro y brutal: hacerlo luchar ahora sería matarlo. Ella quería que fuera fuerte, sí… quería que pudiera cuidarse solo. Pero no así. No frente a esto.

Todos lo notaron entonces.

El ataque no era solo contra Hanami.

Era contra el bosque entero.

—Esto es una locura… —susurró Megumi, cubriéndose el rostro.

Gojo juntó ambas fuerzas.

—Técnica vacio… —dijo con una sonrisa amplia— Púrpura.

El mundo explotó.

Una línea de destrucción absoluta atravesó el bosque, arrancando árboles, pulverizando tierra, borrando todo a su paso. Hanami rugió, cubriéndose desesperadamente con capas y capas de raíces, retirándose a toda velocidad ante algo que no podía enfrentar.

El estruendo fue tan brutal que el silencio posterior dolió.

Cuando el polvo comenzó a asentarse, Gojo descendió tranquilamente, estirándose como si nada hubiera pasado.

—Listo. Todo arreglado —dijo alegremente, colocándose de nuevo la venda negra sobre los ojos.

Yuji tenía la boca completamente abierta.

—E-eso… ¿eso fue un solo ataque?

Todo sonrió de oreja a oreja, con los brazos cruzados.

—Hermoso… absolutamente hermoso.

Todo el panorama estava destruido.

Nobara, llena de polvo y con la ropa hecha un desastre, se arrastró hasta apoyarse contra un árbol.

—Maldición… —bufó—. Estoy toda sucia… quiero irme a duchar ya.

Maki bajó con cuidado a Tn, comprobando que siguiera consciente.

—No te desmayes —le dijo en voz baja, sin mirarlo—. Aún no te doy permiso.

Tn respiró hondo, adolorido, pero asintió levemente.

—Sí… senpai…

Gojo observó la escena con una sonrisa relajada.

—Buen trabajo sobreviviendo, chicos —comentó—. De verdad. Eso también cuenta como victoria.

El bosque, devastado, guardó silencio.

El evento de intercambio había terminado… pero para muchos de ellos, algo mucho más importante acababa de empezar.

Como fue que se habian infiltrado en la escuela de hechiceria.

.

.

.

Un par de horas después, la enfermería estaba en silencio, rota solo por el sonido constante de la técnica maldita inversa de Shoko trabajando sin descanso. Uno por uno, los estudiantes pasaban por sus manos; moretones que se desvanecían, huesos recolocándose, heridas cerrándose como si nunca hubieran existido.

—De verdad deberían considerar no dejarse golpear tanto —murmuró Shoko con voz cansada, apoyando el cigarro apagado entre los labios mientras terminaba con otro estudiante—. No soy milagro gratis.

—Pero si tú nos salvas siempre —respondió Yuji desde una camilla cercana, sonriendo torpemente.

—Exacto —replicó ella sin emoción—. Y ese es el problema.

No le gustaba trabajar horas extra.

En otra parte del edificio, Gojo estaba apoyado contra una pared junto a Utahime, Yaga y el director anciano. La sonrisa despreocupada no abandonaba su rostro, pero había algo más afilado detrás.

—Una maldición de grado especial dentro de la academia —dijo Yaga, cruzando los brazos—. Eso no es un error menor.

—No lo es —respondió Utahime con seriedad—. Alguien conocía las barreras. Sabía cuándo y dónde golpear.

Gojo soltó una pequeña risa.

—Sí, sí… todo muy preocupante. Pero ya lo pensaremos con calma. Ahora mismo, mis estudiantes necesitan bajar revoluciones.

El director anciano lo miró de reojo.

—¿Y tu solución es…?

—Un partido de fútbol —dijo Gojo levantando un dedo—. Nada de energía maldita, nada de técnicas raras. Solo correr, gritar y cansarse.

Utahime parpadeó.

—¿Estás hablando en serio?

—Completamente —respondió él—. Aunque no seamos muchos. Tenemos tres días por delante y no voy a arriesgar otro ataque dejando a los chicos tensos y esperando lo peor.

Yaga suspiró.

—…Eres insoportable.

—Lo sé —contestó Gojo, orgulloso—. Pero funciona.

Ademas no iba a darles mas opciones.

.

.

En la habitación asignada, Tn estaba recostado en la cama, mirando el techo. El cansancio le pesaba en los párpados como plomo. Shoko había hecho su trabajo; el dolor ya no era agudo, pero el agotamiento seguía ahí, profundo.

Le sorprendía seguir en la cama.

Por alguna razón, Maki le había permitido quedarse ahí en lugar de enviarlo al futón del suelo. No había dicho nada, solo lo había empujado suavemente y le había ordenado descansar.

El sonido del agua corriendo desde el baño era lo único que llenaba la habitación.

Tengo suerte… pensó, medio adormilado.

Recordó rápidamente dónde estaban los demás:

Megumi-senpai descansando en su cuarto, Yuji-senpai en el comedor (seguro comiendo algo), Nobara-senpai… quién sabía. Probablemente explorando la academia o quejándose con alguien.

El sonido del agua se detuvo.

La puerta del baño se abrió y Maki salió, ya cambiada, con un top deportivo y pantalones cómodos. Su cabello aún estaba húmedo, algunas gotas cayendo por su cuello. Apenas lo miró.

—¿Sigues despierto? —preguntó con tono neutro.

—Sí —respondió Tn en voz baja—. Solo… descansando.

Ella asintió una vez y, sin decir nada más, se dejó caer al suelo. Apoyó las manos, estiró el cuerpo y comenzó a hacer planchas, el movimiento firme y constante.

Uno… dos… tres…

—¿No vas a descansar tú también? —preguntó Tn después de unos segundos.

—Quince Uffff~ Descansar no me mantiene viva —respondió Maki sin detenerse—. Veinte Mantenerme en forma, sí.

El silencio volvió a instalarse, solo roto por su respiración controlada y el conteo mental de los ejercicios. Tn la observó, no con curiosidad morbosa, sino con una mezcla de respeto y cansancio compartido.

—Hoy… —dijo él con duda— gracias por cubrirme.

Maki se detuvo un segundo, apoyando las rodillas en el suelo. No lo miró de inmediato.

—No te cubrí —respondió—. Evité que te rompieran algo que Shoko no pudiera arreglar.

—Aun así… —insistió él.

Ella se levantó, tomó una toalla y comenzó a secarse el cabello.

—Si vas a seguir en este mundo, tienes que aprender cuándo atacar… y cuándo quedarte quieto.

Maki finalmente lo miró, sus ojos serios pero no duros.

—Hoy hiciste lo que pudiste. Eso basta… por ahora.

Tn cerró los ojos, dejando escapar un suspiro.

—Sí, senpai…

Ella volvió a sentarse en el suelo y retomó el ejercicio.

Fuera, la academia parecía tranquila por primera vez en horas.

Pero ambos sabían que esa calma… no duraría para siempre.

Luego de casi dos horas de repeticiones constantes, el ritmo de la respiración de Maki finalmente cambió. Se sentó en el borde de la cama, estiró los hombros con un leve crujido y soltó el aire despacio.

—Ya estuvo… —murmuró.

Tn abrió un poco los ojos.

—¿Terminaste?

—Por hoy —respondió ella, quitándose las vendas húmedas de las muñecas—. Si sigo, mañana no voy a poder ni caminar.

Sin más palabras, Maki se recostó también en la cama, dándole la espalda al principio. Para Tn no era algo especialmente incómodo; ella se había asegurado, con el tiempo, de que se acostumbrara antes de obligarlo a dormir en el futón del suelo. Era una rutina extraña, pero ya no le resultaba ajena.

El silencio se volvió denso y tranquilo.

La respiración de Maki estaba muy cerca, rítmica, constante. Tn permaneció quieto, mirando la pared, hasta que el cansancio terminó de vencerlo.

—Oye —murmuró ella de pronto, con la voz ya cargada de sueño—… no te muevas tanto.

—Lo siento —respondió él en un susurro—. Ya me quedo quieto.

—Más te vale… —añadió, y poco después su respiración se volvió más profunda.

Dormían tranquilos.

.

.

.

En las habitaciones destinadas a los estudiantes invitados, el ambiente era muy distinto.

Miwa dormía atravesada sobre la cama, con una pierna colgando y el cabello desordenado. Momo movió el brazo y, medio dormida, tomó un pequeño espejo que había dejado sobre la mesita. Abrió un ojo, revisó su rostro y frunció el ceño.

—Tch… —gruñó—. Esa doctora sí que es buena…

No quedaba rastro de los golpes del martillo con los que Nobara la había dejado noqueada. Recordarlo le provocó un leve escalofrío.

—Nunca más… —murmuró, girándose y volviendo a dormirse.

La más afectada, sin embargo, no era Momo ni Miwa.

Mai Zen’in estaba sentada en su cama, con la espalda encorvada y la mirada perdida en algún punto inexistente. Los cortes de la lanza ya no estaban; Shoko los había curado como si nada hubiera pasado. Pero la sensación de derrota seguía ahí, intacta.

Derrotada por su hermana.

De forma unilateral.

Sin excusas.

—Qué patético… —susurró, apretando los dientes.

Recordó las palabras de Utahime sobre el partido de fútbol entre equipos, la supuesta “actividad para relajarse”. No le importaba. Nada de eso le importaba ya.

Lo que no podía sacarse de la cabeza… era él.

Ese chico.

El que siempre estaba cerca de Maki.

—Tn… —murmuró su nombre con fastidio.

La curiosidad que había sentido al principio se había vuelto algo más oscuro. ¿Qué era exactamente para su hermana? ¿Un pretendiente? ¿Un amigo con beneficios? ¿Un simple seguidor?

—No tiene sentido… —se dijo—. No tiene energía maldita. No es especial.

Y aun así… la seguía. La escuchaba. La miraba como si todo lo demás no importara.

Los celos le subieron al pecho como un nudo.

—¿Por qué tú sí? —susurró con rabia—. ¿Por qué alguien como tú…?

Apretó las sábanas con fuerza.

Maki la había abandonado.

La había dejado atrás.

Y aun así, ella tenía a alguien.

—No es justo… —dijo con voz temblorosa—. No lo mereces.

Mai cerró los ojos, respirando con dificultad. En el fondo, no quería solo ganar. No quería solo ser más fuerte.

Quería lo mismo.

Quería que alguien la mirara así.

Quería sentir devoción, atención, algo que fuera solo suyo.

Quería ser especial para alguien.

Sin saberlo, ignoraba por completo que en esa relación que tanto le molestaba, Maki era la que llevaba el control…

y que Tn, lejos de ser lo que ella imaginaba, ocupaba un lugar muy distinto al que su orgullo le hacía suponer.

La noche avanzó en silencio.

Y con ella, las tensiones que aún no habían terminado de despertar.

Mai notó primero el ritmo ajeno de las respiraciones.

Momo dormía tranquila, hecha un ovillo, con la escoba apoyada contra la pared como si incluso al dormir no pudiera separarse de ella. Miwa, en la cama contigua, murmuró algo incoherente y se dio la vuelta. Aquella escena, tan… normal, le produjo una incomodidad difícil de explicar. Sin hacer ruido, Mai se levantó de su cama, se puso la chaqueta y salió al pasillo de la academia.

Los corredores estaban en silencio, iluminados solo por luces tenues que proyectaban sombras largas sobre las paredes. Caminó sin un rumbo claro, dejándose llevar. Entonces notó una luz encendida bajo una puerta entreabierta: el cuarto de los chicos. Se acercó con cautela y asomó apenas la cabeza.

—…Takada-chan… —susurró una voz grave, cargada de emoción.

Era Todou.

Mai parpadeó, incrédula. El enorme hechicero estaba sentado frente a una pantalla, completamente absorto, mirando un programa grabado de su ídolo favorita. Sus ojos brillaban con una devoción casi religiosa.

—Ah, Takada-chan… tu sonrisa ilumina incluso la noche más oscura… —dijo, llevándose una mano al pecho—. Si estuvieras aquí, te preguntaría qué tipo de hombre te gusta… y respondería con orgullo.

Mai frunció el ceño, sintiendo un escalofrío.

—Qué… cosa más rara… —murmuró para sí, retirándose antes de que él notara su presencia.

Siguió avanzando. En otra habitación, Noritoshi Kamo dormía profundamente, el rostro relajado por primera vez desde el inicio del evento. Mechamaru… bueno, hasta donde sabía, ese “robot” simplemente se apagaba, y el verdadero cuerpo del chico seguía siendo un misterio. No le prestó demasiada atención.

Continuó caminando hasta acercarse al cuarto de su sensei. La puerta estaba cerrada; desde dentro solo se oía una respiración tranquila. Utahime dormía. Mai se detuvo un segundo, dudando, pero luego se dio la vuelta.

El aire nocturno la recibió cuando salió a los jardines exteriores. Había un poco de frío; lo suficiente para que se le erizara la piel. Caminó entre los senderos hasta sentarse cerca de un pequeño bosque, apoyando la espalda contra un tronco. Respiró hondo, intentando ordenar sus pensamientos.

—Tch… —exhaló—. Vaya día…

—Oh… lo siento.

La voz la hizo saltar.

—¡¿Qué diablos?! —espetó, girándose bruscamente.

Panda estaba ahí, de pie, rascándose la cabeza con torpeza.

—No quería asustarte —dijo—. Solo estaba… caminando.

Mai lo miró de arriba abajo con desconfianza.

—¿Y por qué demonios estabas detrás de mí? ¿Me estabas espiando?

—¿Eh? No, no —respondió rápidamente—. Yo suelo salir a caminar por la noche. Me ayuda a pensar. Y… bueno, te encontré aquí.

Mai chasqueó la lengua.

—Genial. Justo lo que necesitaba.

Panda ladeó la cabeza, observándola con curiosidad.

—Oye… tú eres la hermana de Maki, ¿verdad?

El rostro de Mai se tensó al instante.

—…Sí. ¿Y qué?

Panda asintió con naturalidad.

—Se parecen bastante.

Mai soltó una risa seca, cargada de amargura.

—Por algo somos hermanas.

En su mente cruzó la pregunta de si ese shikigami sufría algún tipo de retraso para decir algo así tan a la ligera. Panda, sin pedir permiso, se sentó a su lado. La diferencia de tamaño era absurda: él ocupaba casi todo el espacio, mientras ella parecía aún más pequeña a su lado.

—Hoy fue un día raro —comentó Panda, mirando al cielo—. Angustioso también.

Mai desvió la mirada.

—Yo me pasé gran parte del día noqueada en el bosque —murmuró—. Así que sí… supongo que fue raro.

Panda la observó de reojo.

—No parecía que estuvieras bien desde la pelea.

—¿Ah, sí? —replicó con ironía—. Qué observador.

—No lo digo por molestar —aclaró—. Solo… se nota cuando alguien está pasando por un mal momento.

Mai apretó los labios. El silencio se alargó unos segundos, roto solo por el viento entre las hojas.

—Oye, Panda —dijo al fin—. ¿Tú crees que alguien puede cambiar de verdad?

Él se tomó su tiempo antes de responder.

—Supongo que sí. Puede ser dificl no lo se, soy solo un panda. Y a veces… parece injusto ya que mi forma de pensar es diferente.

Mai cerró los ojos por un instante.

—Sí… injusto. —Luego soltó una risa breve—. Tal vez por eso odio tanto este mundo.

Panda no respondió de inmediato. Solo permaneció ahí, acompañándola en silencio, mientras la noche de la academia seguía su curso, indiferente a las emociones que se acumulaban lentamente en el pecho de la hechicera.

Mai lo miró de reojo, todavía sentada junto a el. El silencio le pesaba menos ahora, pero la curiosidad comenzaba a ganar terreno.

—Oye… —dijo al fin, con un tono fingidamente despreocupado—. ¿Tú conoces bien a mi hermana?

Panda giró un poco la cabeza hacia ella.

—¿A Maki? Sí. Somos estudiantes del mismo curso. La conozco desde que Satoru la trajo a la escuela.

Mai alzó ligeramente las cejas.

—¿Gojo…? Así que fue él quien la acogió.

—Ajá —asintió Panda—. Gojo-sensei ha traído a varios estudiantes por su cuenta. Formó casi su propio grupo.

—¿Quiénes? —preguntó Mai, sin ocultar del todo su interés.

—Inumaki, Yuji, Megumi, Nobara… yo mismo,Yuta —enumeró con los dedos—. Y también Tn.

El nombre hizo que Mai frunciera el ceño.

—¿Desde cuándo se conocen?

Panda miró al frente, como rebuscando en sus recuerdos.

—A Tn lo trajeron poco después del incidente del festival yōkai.

—…¿El de Suguru Geto? —murmuró Mai.

—Ese mismo. Cuando atacó la academia. Fue también cuando Yuta Okkotsu debutó oficialmente como hechicero de grado especial.

Mai cerró los ojos un instante.

—Sí… recuerdo el informe. Dos grados especiales enfrentándose. Geto murió en ese incidente.

Ella recordaba estar luchando contra maldiciones en esa ocacion.

—Y Okkotsu fue enviado fuera de Japón —continuó Panda—. Gojo-sensei lo ayudó a irse a África, para mantenerlo lejos de los altos mandos.

—Tch… —Mai chasqueó la lengua—. Muy propio de Gojo.

Panda soltó una pequeña risa.

—Después de eso… Maki se apegó bastante a Tn. Lo tomó casi como su pupilo.

Mai giró la cabeza de golpe.

—¿Pupilo…?

—Sí —respondió Panda con naturalidad—. En ese entonces, Tn era apenas un estudiante semi–grado 2. No destacaba mucho.

—Eso… —murmuró Mai— suena bastante patético.

—Tal vez —admitió Panda—. Pero era respetuoso con sus superiores. Y muy tímido.

Mai guardó silencio, escuchando.

—¿Sabes algo curioso? —añadió Panda—. Fue de los pocos que, al conocer a Maki, no la juzgó por no tener energía maldita.

Mai apretó los labios.

—Al contrario —continuó—. La alabó. Dijo que sobrevivir al ataque de Geto sin energía maldita era increíble.

Equivocado no estaba.

Mai sintió un pinchazo incómodo en el pecho.

—…¿En serio dijo eso?

—Sí —asintió Panda—. Desde entonces, Maki empezó a cuidarlo más. A entrenarlo. A empujarlo.

El viento nocturno volvió a soplar entre los árboles. Mai bajó la mirada hacia sus manos.

—Qué irónico… —susurró—. Alguien como él…

—¿Hm? —Panda ladeó la cabeza.

—Nada —respondió ella, volviendo a endurecer el rostro—. Solo pensaba que… algunas personas tienen demasiada suerte.

Panda no discutió. Se limitó a mirar el cielo, dejando que las palabras de Mai se asentaran solas en la quietud de la noche.

Mai se puso de pie con un movimiento seco y se sacudió un poco el polvo del uniforme.

—Ya me voy a dormir —murmuró, sin mirarlo realmente.

—Dulces sueños —respondió Panda con tono tranquilo, levantando una mano a modo de despedida.

—Ajá… —contestó ella, dándose media vuelta.

Caminó por los pasillos de la academia con pasos lentos, el eco de sus botas mezclándose con sus pensamientos. Las palabras de Panda le daban vueltas una y otra vez.

Así que eso es…

Maki se consiguió un chico patético y sumiso.

Una sonrisa torcida se dibujó en sus labios.

—Vaya… con razón esa gorila tiene tanta suerte —susurró para sí.

Apretó los puños mientras avanzaba. No era solo enojo, era algo más viscoso, más incómodo. Si Tn era capaz de sentir respeto por Maki… entonces, por ella, Mai Zenin, debía poder sentir algo más. Mucho más.

—No es justo… —murmuró, con la voz temblando apenas.

Su hermana había huido del clan. Había sido acogida por el mismísimo Gojo Satoru. Se había convertido en estudiante de la escuela de Tokio. Y ahora, encima de todo, tenía a un chico solo para ella.

—No es justo… —repitió, con los dientes apretados.

Se detuvo un momento bajo una lámpara del pasillo, llevándose una mano al rostro.

—¿Robarle el novio a mi hermana…? —susurró, casi incrédula de su propio pensamiento.

Frunció el ceño… y luego sonrió.

—Tch… —rió por lo bajo—. ¿Desde cuándo me importan esas cosas?

Si era para molestar a Maki, valía la pena. Al menos así se cobraría los golpes, la humillación, la derrota tan unilateral en el bosque.

—Además… —añadió en voz baja, con una chispa peligrosa en los ojos—. Si es tan obediente como dicen… no debería ser tan difícil.

Reanudó su camino hacia su habitación, con la decisión ya formándose en su mente.

.

.

.

En otra ala de la academia, la habitación de Maki estaba en silencio. La luz apagada, las cortinas apenas moviéndose por la brisa nocturna. Tn dormía profundamente, el cansancio del día reflejado en su respiración lenta y regular.

A su lado, Maki también dormía, pero su ceño seguía ligeramente fruncido, como si incluso en sueños se mantuviera alerta. Su mano, firme y callosa, sujetaba con fuerza la de Tn, como si temiera que desapareciera si lo soltaba.

—…idiota… —murmuró Maki entre sueños, apretando un poco más su agarre.

Tn se movió apenas, pero no despertó.

La noche continuó, tranquila en apariencia… mientras, en la oscuridad, la envidia de Mai comenzaba a tomar forma.

.

.

A la mañana siguiente, la rutina de Maki no perdonó a nadie, y mucho menos a Tn. Apenas amaneció, ya lo tenía metido en la ducha a empujones.

—Muévete, dormilón —gruñó desde fuera—. No pienso entrenar sin ti asi que apresurate.

—Y-ya voy… —respondió Tn, medio adormilado, mientras el agua fría terminaba de despertarlo de golpe—. ¡Ah…! ¡Está helada!

—Eso te despeja —replicó ella con total seriedad—. Cinco minutos.

No hubo piedad. Después de la ducha vino el entrenamiento: flexiones, esquives, carreras cortas y golpes controlados. Tn jadeaba, sudoroso, mientras Maki lo observaba con los brazos cruzados, corrigiendo cada postura.

—Baja más el centro de gravedad —ordenó—. Si te mueves así, te barren las piernas.

—S-sí… —respondió él, temblándole los brazos.

Tras eso, una comida “decente”, preparada por la propia Maki: sencilla, sin azúcar, sin excesos.

—Come —le dijo, empujándole el plato—. Lo necesitas.

—Gracias… Maki senpai—murmuró Tn, agradecido aunque exhausto.

.

.

.

Un rato después, ya en las instalaciones abiertas, el ambiente era mucho más relajado. Nobara estaba sentada en una banca, completamente abstraída en su celular.

—Si pierdo este partido, no me importa —dijo sin levantar la vista—. Pero si me ensucio el uniforme nuevo, voy a matar a alguien.

—¡Eso es espíritu deportivo! —rió Yuji.

A unos metros, Yuji Itadori… bueno, Yuji y Todou hablaban animadamente.

—Entonces, ¿te gustan las chicas altas con buen trasero? —preguntó Todou, cruzándose de brazos.

—¡Eh! ¡No lo digas así! —respondió Yuji—. Pero… sí, supongo.

—¡Excelente gusto, brother! —exclamó Todou, dándole una palmada tan fuerte que casi lo tira al suelo.

Megumi, por su parte, estaba apartado, ajustándose las vendas de las manos, fingiendo no escuchar nada.

—Qué desastre… —murmuró.

Fue entonces cuando Satoru Gojo apareció, caminando despreocupado y con una sonrisa enorme.

—¡Muy bien, muy bien! Atención todos —anunció, aplaudiendo—. Como compensación por el pequeño incidente de ayer… tendremos un partido de soccer entre escuelas.

—¿Soccer? —repitieron varios a la vez.

—Exacto —asintió Gojo—. Equipos ya definidos.

Señaló con el dedo mientras hablaba.

—Panda será el portero de Tokio. Yuji, Nobara, Megumi, Maki, Tn e Inumaki al campo.

Panda levantó una mano.

—Haré lo mejor que pueda… aunque mis reflejos no son exactamente humanos —comentó.

—….Es obligatorio—dijo Nobara.

Gojo giró hacia el otro lado.

—Del equipo de Kioto, el portero será… Mechamaru.

En la portería contraria, un extraño robot improvisado se movía de izquierda a derecha.

—Es lo más cercano que tenemos —explicó Utahime, suspirando.

Miwa miró su uniforme deportivo, ajustándose nerviosa los shorts y la camiseta con el logo de su escuela.

—E-esto es un partido amistoso… ¿verdad? —preguntó.

—Claro~ —respondió Gojo, canturreando.

Momo y Mai también estaban ya listas. Mai estiraba con calma, hasta que su mirada se cruzó con la de Tn. Sonrió… y le guiñó un ojo.

—… —Tn se quedó rígido.

Maki lo notó de inmediato. Un gruñido bajo salió de su garganta. Se acercó a Tn, inclinándose para murmurarle al oído con voz peligrosa.

—Ni se te ocurra mirarla —susurró—. Ni hablarle. Ni respirar cerca de ella. Hazlo y me asegurare de usar mi mano izquierda en la hora de recistencia de “miembro” y sabes que no regulo la fuerza con esa mano.

Tn palideció al instante.

—S-sí… entendido —respondió, asintiendo rápido.

—Más te vale —añadió Maki, enderezándose.

En el centro de la cancha, Gojo se colocó con el balón bajo el brazo.

—¡Muy bien! —anunció—. Yo seré el árbitro. Nada de técnicas malditas… bueno, no demasiado.

Todou y Yuji se colocaron frente a frente, listos para el inicio.

—No te contengas, brother —dijo Todou, sonriendo ampliamente.

—¡Daré lo mejor! —respondió Yuji, animado.

Gojo levantó el silbato.

—¡Prepárense…!

El ambiente se tensó.

Entre rivalidades, celos y sonrisas peligrosas, el partido estaba a punto de comenzar.

Gojo lanzó el balón hacia lo alto con una mano y, mientras se alejaba caminando despreocupado, alzó el silbato.

—¡Cuando toque el suelo… empieza! —anunció con una sonrisa peligrosa.

El balón cayó.

¡PUM!

Todou fue el primero en moverse. Sus ojos se pusieron completamente blancos y una sonrisa salvaje se dibujó en su rostro.

—¡¡VAMOS, BROTHER!! —rugió.

Le dio una patada tan brutal que el aire mismo pareció estallar. El balón salió disparado como un proyectil.

—¿¡PERO QUE MIERDA MUEVANSE!? —gritó Nobara, lanzándose a un lado para no morir en el intento.

Maki reaccionó al instante. Recibió el balón con la pantorrilla, clavando el pie en el suelo con fuerza.

—Tch… —chasqueó la lengua, sintiendo la vibración subirle por la pierna.

Con un giro seco, lo devolvió al otro lado de la cancha con un pase potente y preciso.

—¡Tn, muévete! —ordenó.

Miwa, del lado de Kioto, sintió cómo las piernas le temblaban. Cerró los ojos instintivamente.

“Me voy a morir me voy a morir me voy a morir”.

—¡A-ah…!

El balón pasó rozándole la cara despeinando su cabello y se estrelló de lleno contra el “portero”. El robot improvisado de Mechamaru fue arrancado del suelo, salió volando en piezas y el balón terminó dentro de la portería.

—¡GOOOOOL! —gritó Gojo levantando ambos brazos—. ¡Punto para Tokio!

Maki sonrió de lado, satisfecha.

—Bien.

Del lado de Kioto hubo un breve silencio incómodo.

—E-el portero… —murmuró Miwa.

—Se rompió —dijo Momo, mirando los restos del robot.

—Perfecto… —gruñó Mai.

Sin muchas opciones, Momo fue empujada a la portería.

—¿Yo? ¡Oigan, yo mido uno cincuenta! —protestó, cruzándose de brazos.

—Es eso o nada —respondió Utahime desde la banca.

Momo chasqueó la lengua.

—…Esto es ridículo.

Reanudado el juego, el balón volvió a Kioto. Momo lo despejó como pudo y Mai lo recibió con elegancia.

—Gracias~ —murmuró con una sonrisa torcida.

Echó a correr, esquivando una barrida de Tn por poco.

—¡Lo siento! —exclamó él, estirándose demasiado tarde.

Mai aceleró y, con un movimiento limpio, le hizo un túnel a Megumi.

—¿Eh? —Megumi parpadeó, dándose cuenta demasiado tarde—. Maldición…

—Muy lento —se burló Mai.

Ya frente al arco, levantó la pierna, lista para disparar.

—¡Este es mío!

Pero en ese instante, Maki apareció como un rayo.

—¡Ni lo sueñes! —gruñó.

Se barrió con toda su fuerza. El impacto fue seco y brutal.

—¡AAH! —gritó Mai al caer al suelo, agarrándose la pierna.

El silbato sonó con fuerza.

—¡FIIIIIIUUUU! —Gojo se plantó en medio del campo—. Alto ahí.

Maki se incorporó de inmediato, furiosa.

—¿¡Qué demonios!? ¡Eso fue limpio!

—Nope~ —respondió Gojo, canturreando—. Barrida por detrás, sin tocar balón primero. Falta grave.

Levantó la mano.

—Tarjeta roja para Maki Zenin.

—¿¡QUÉ!? —rugió ella—. ¡Estás bromeando!

—Y penal para Kioto —añadió Gojo, señalando el punto.

Mai, aún en el suelo, sonrió con dificultad.

—Heh… gracias, sensei…

Maki apretó los dientes, mirando a Gojo con pura ira.

—Esto es una estupidez.

Tn se acercó, nervioso.

—M-Maki… ¿estás bien?

Ella ni siquiera lo miró.

—Cállate. —Luego desvió la vista hacia Mai, con una expresión peligrosa—. No ha terminado.

El ambiente se volvió tenso.

El partido ya no era un simple juego.

.

Panda se plantó frente a la portería y, por primera vez desde que había empezado el partido, su expresión se volvió completamente seria. Sus enormes brazos se extendieron mientras se movía de un lado a otro, bloqueando el ángulo.

—Muy bien… un penal —murmuró—. Vamos, panda mode: guardián activado.

Mai, al otro lado, respiró hondo. Ignoró el murmullo del campo y clavó la mirada en el balón.

—No lo falles… —susurró para sí.

Corrió y pateó.

El balón salió rasante, rápido, buscando una esquina imposible.

—¡Ahora! —rugió Panda, lanzándose con todas sus fuerzas.

Sus garras rozaron el aire… pero no el balón.

¡GOL!

—¡Y entraaa! —gritó Gojo levantando los brazos—. ¡Punto para Kioto!

Mai sonrió apenas, apoyando las manos en las rodillas.

—Hah… —exhaló—. Al menos uno.

Desde las bancas, Maki chasqueó la lengua con fastidio. Tenía los brazos cruzados y el ceño fruncido.

—Tch.

A su lado, Mei Mei agitaba una pequeña banderita con total calma, como si estuviera disfrutando de un espectáculo cualquiera.

—Qué animado está esto —comentó con una sonrisa perezosa—. Los jóvenes siempre lo dan todo.

—No es un espectáculo —gruñó Maki—. Es una pérdida de tiempo.

—Claro, claro~ —respondió Mei Mei sin dejar de agitar la banderita.

El partido continuó.

Yuji y Todou eran un caos absoluto en el campo.

—¡BROTHER! —gritó Todou—. ¡PÁSALA CON CONFIANZA!

—¡YA VOY! —respondió Yuji, riendo como si esto fuera lo más divertido del mundo.

Nobara apenas trotaba, claramente desinteresada.

—Si alguien vuelve a patear el balón a mi cara, los mato —murmuró.

Miwa, por su parte, veía el balón como si fuera una maldición de grado especial.

—N-no… no me la pasen… —tartamudeó, dando un paso atrás cada vez que la pelota se acercaba.

Megumi recibió el balón y, sin dudarlo, hizo un pase preciso.

—Itadori.

—¡Recibido!

Yuji pateó con fuerza directo a la portería. Momo abrió los ojos con determinación.

—¡Puedo atraparlo!

El balón impactó de lleno contra su pecho.

—¡Ugh!

La fuerza la empujó hacia atrás, cruzando la línea junto con el balón.

—¡GOOOOL! —anunció Gojo—. Punto para Tokio.

—¡Bien! —celebró Yuji levantando los brazos.

—Eso fue… innecesariamente violento —murmuró Nobara.

El marcador seguía avanzando.

—Tokio cinco, Kioto tres —canturreó Gojo.

Miwa levantó la mano tímidamente, sudando.

—E-eh… ¿s-si hacemos gol… gana?

Desde las bancas, Maki casi se levantó de un salto.

—¡¿QUÉ CLASE DE REGLA ESTÚPIDA ES ESA?! —gritó—. ¡Eso no existe! ¡Sigan jugando!

—Gracias por tu opinión, jugadora expulsada~ —respondió Gojo con una sonrisa.

En una jugada caótica, el balón rebotó entre varios pies. Tn corrió a despejarlo al mismo tiempo que Mai se lanzó.

¡Thud!

Ambos terminaron en el suelo.

—¡Ah…! —jadeó Tn, incorporándose de inmediato—. L-lo siento, ¿estás bien?

Mai se levantó lentamente, tambaleándose a propósito. Se llevó una mano al brazo de Tn y se apoyó en él.

—N-no… creo que me mareé un poco… —dijo con voz suave—. ¿Podrías…?

—E-eh… s-sí, claro —respondió Tn, rígido, sosteniéndola por reflejo.

Desde las bancas, los ojos de Maki temblaron peligrosamente detrás de sus gafas.

—………

Mei Mei ladeó la cabeza, observando la escena con interés.

—Oh —murmuró—. Esto se puso… interesante.

El partido seguía, pero para Maki, algo acababa de romperse.

El partido terminó entre risas, jadeos y un campo completamente destrozado. Gojo levantó ambos brazos con exageración.

—¡Y con esto, Tokio gana seis a tres! —anunció alegremente.

—¡SÍ! —gritó Yuji.

Antes de que Gojo pudiera reaccionar, Yuji y Nobara aparecieron detrás de él con un enorme galón de bebida power.

—¡Por el espíritu deportivo! —rió Nobara.

—¡Sensei, Gojo ganamos! —añadió Yuji.

—¿Eh—?

¡Splash!

El líquido cayó de lleno sobre Gojo, empapándole el uniforme y el cabello.

—JAJAJAJA —rieron ambos, chocando las manos.

Gojo parpadeó un par de veces… y luego sonrió.

—Hmmm~ —dijo con voz peligrosa—. Esto contará como traición… pero los perdonaré porque ganaron.

Utahime suspiró, masajeándose la sien.

—Lo importante es participar, no ganar —dijo con tono cansado.

Momo, sentada en el césped, frunció el ceño.

—Diga eso cuando Kioto gane alguna vez —murmuró—. El año pasado Okkotsu nos barrió a todos…

Los estudiantes comenzaron a dispersarse poco a poco. Algunos reían, otros se quejaban de los golpes, y varios iban directo a buscar agua o sombra.

Mai observó a lo lejos cómo Tn caminaba detrás de Maki, claramente agotado. Sus labios se curvaron en una leve sonrisa.

Ahora… pensó. Solo necesito un pretexto.

Dio un paso al frente.

—Tn—

—Mai.

La voz de Maki la detuvo en seco.

Maki estaba frente a ella, brazos cruzados, mirada dura.

—Hermana —dijo con frialdad—. ¿Podemos hablar?

Mai ladeó la cabeza, sonriendo con descaro.

—¿Qué pasa? —preguntó—. ¿Tienes miedo de que te quite a tu chico?

Maki no parpadeó.

—No.

—¿Ah no? —Mai se acercó un poco más—. Porque parecía bastante cómodo sosteniéndome hace rato.

—Ya lo tengo bastante adiestrado —respondió Maki con voz baja— como para que me sea infiel.

Mai soltó una risa burlona.

—¿Adiestrado? —repitió—. ¿Qué es, tu perro? ¿Tu mascota?

—No —respondió Maki sin dudar—. Pero es mío.

El aire se tensó.

Mai dejó de sonreír. La miró fijamente, buscando alguna grieta.

—Sabes decir cosas grandes —murmuró—. ¿De verdad crees que quitártelo te serviría de algo?

Maki dio un paso al frente, obligándola a retroceder medio paso.

—Sé exactamente lo que quieres —dijo—. Y estás equivocada si crees que eso te va a llenar al menos no de la forma en la que esperas.

Los ojos de Mai temblaron.

—Puedes odiarme —continuó Maki—. Puedes tenerme envidia por hacer lo que tú nunca pudiste hacer. Huir del clan. Elegir mi camino. Tener algo propio.

Apretó los dientes.

—Pero no pongas tus manos en Tn.

Mai la miró en silencio, respirando con dificultad. Por un segundo pareció que iba a decir algo… pero no lo hizo.

—Tch… —chasqueó la lengua.

Se dio la vuelta.

—Como quieras, gorila —murmuró mientras se alejaba—. Esto no se ha terminado.

Maki no la siguió con la mirada. En cambio, se giró hacia Tn, que había observado todo desde unos pasos atrás, pálido y tenso.

—¿Entendido? —le preguntó, con tono firme.

Tn tragó saliva y demostrarlo con un asentimiento rápido.

—S-sí… entendido.

Maki se relajó apenas.

—Bien —dijo—. Vamos. Necesitas estirarte… y luego entrenar.

Tn suspiró internamente.

El evento había terminado.

Pero el verdadero conflicto… apenas comenzaba.

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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