Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Waifu yandere(Collection) - Capítulo 247

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Waifu yandere(Collection)
  4. Capítulo 247 - Capítulo 247: Glynda good witch part 4 RWBY
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 247: Glynda good witch part 4 RWBY

Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio

Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores. Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.

_____________________________________________________________________________

La alarma sonó un poco antes de lo habitual.

Tn abrió los ojos con lentitud, quedándose unos segundos mirando el techo, como si necesitara recordar dónde estaba. El cuarto estaba en silencio, apenas roto por el zumbido lejano de la ciudad despertando. Se incorporó y, casi por reflejo, volvió la mirada hacia la mesita de la izquierda.

La foto seguía ahí.

Él y Trivia, congelados en un instante que ya no existía.

Tn suspiró despacio, como si ese simple gesto pudiera aliviar el peso en el pecho.

—Otro día… —murmuró para sí mismo.

Se levantó, se duchó rápido y se vistió sin pensar demasiado. Antes de salir, volvió a mirar la foto una última vez.

—Voy a intentar seguir adelante —dijo en voz baja, más como una promesa que como una convicción.

Cerró la puerta tras de sí y se dirigió al club.

.

.

Arkadance ya estaba despierto cuando llegó.

Los ayudantes se movían de un lado a otro preparando las bebidas, limpiando las barras, revisando luces. El DJ probaba el sonido; una base grave retumbó brevemente antes de apagarse.

—Más bajo eso, todavía no abrimos —gruñó uno de los técnicos.

Tn asintió al pasar, revisando mentalmente la lista de pendientes. Todo parecía en orden.

Entonces la vio.

Glynda acababa de llegar, ajustándose la capa con un gesto automático. Llevaba el cabello perfectamente arreglado, aunque había algo en su expresión que delataba cansancio… o quizá costumbre.

—Buenos días —saludó Tn, con una leve inclinación de cabeza.

—Buenos días —respondió ella, acomodándose las gafas—. Veo que todo está igual que anoche.

—Rara vez cambia algo —comentó él—. Los eventos nocturnos suelen repetirse. Misma música, mismas bebidas, mismas caras… solo cambian los problemas si tenemos algo de suerte.

Glynda soltó una breve exhalación que casi fue una risa.

—En la academia pasa lo mismo —dijo—. Diferentes alumnos, mismas imprudencias.

—Supongo que eso nos hace expertos en lidiar con eso —replicó Tn.

Ella asintió lentamente.

—¿Pediré lo mismo que anoche? —preguntó, cruzándose de brazos.

—Si no te importa la rutina —respondió él—, sí. El cóctel suave sigue siendo el más pedido… por ti.

Glynda arqueó una ceja.

—Vaya, ¿ya me tienes identificada?

—Ventajas de ser observador —dijo Tn con una media sonrisa.

Por un momento, el ambiente se sintió… cómodo. Silencioso, pero no incómodo. Era agradable tener una relacion con un jefe tan relajado.

.

.

Muy lejos de ahí, en un hangar mal iluminado, el ambiente era todo menos tranquilo.

Roman Torchwick caminaba de un lado a otro entre cajas de dust, ajustándose los guantes con visible irritación.

Un hombre alto y delgado, con cabello largo y naranja brillante que le cubre el ojo derecho, ojos rasgados de color verde oscuro con delineador negro y pestañas muy largas; viste un traje blanco con detalles rojos, un bombín negro con banda roja y pluma, bufanda gris, guantes negros y pantalones negros.

—¿Cuántas veces tengo que repetirlo? —gruñó—. ¡Las rojas van separadas de las azules! ¿O quieren volar el hangar?

Uno de los mafiosos tragó saliva y obedeció de inmediato.

—Tsk… inútiles —murmuró Roman, pasándose una mano por el cabello naranja.

No muy lejos, sentada despreocupadamente sobre una caja de dust, una pequeña figura balanceaba las piernas como si nada de aquello fuera con ella. Su sonrisa ladeada contrastaba con el entorno peligroso.Sus caracteristicas eran inconfundibles,cabello mitad rosa y mitad castaño con mechones blancos (aunque cambia), piel pálida y ojos que cambian de color entre marrón, rosa y blanco, a menudo con heterocromía (ojos de distinto color). Es de baja estatura, viste ropa elegante en tonos rosa, marrón y blanco (como corsés y faldas), lleva guantes y un paraguas,

Neo.

Ella movió las manos con rapidez, gesticulando con entusiasmo.

—¿Un club nocturno? —leyó Roman, frunciendo el ceño—. ¿Ahora?

Neo asintió varias veces, exageradamente, y señaló hacia afuera del hangar. Luego imitó un vaso llevándose a los labios y se encogió de hombros, como diciendo ¿por qué no?

—No puedo aparecer en público —gruñó Roman—. Mi cara está en todos los carteles de búsqueda de Vacuo.

Neo ladeó la cabeza, sonriendo, y señaló su propio rostro. Luego hizo un gesto como de cambiar una máscara.

—Sí, sí, tú puedes —suspiró Roman—. Claro que puedes.

Ella dio un pequeño salto desde la caja y levantó ambos pulgares, claramente satisfecha.

—Pero nada de traer amantes de una noche al hangar —añadió él con desconfianza.

La sonrisa de Neo se tensó apenas un segundo. Luego, sin perder el gesto burlón, le levantó el dedo medio.

—Oye, oye… era una broma —bufó Roman—. Aunque contigo ya no sé.

Neo giró el rostro, su expresión cambiando sutilmente. Esa clase de bromas ya no le hacían gracia. No desde… antes.

Sin decir nada más, se dirigió a la salida. Al cruzar la puerta, su apariencia comenzó a cambiar: el cabello se acortó, el color se uniformó en tonos más discretos; sus ojos se tornaron de un rosa suave. La ropa elegante dio paso a algo moderno, práctico, fácil de perder entre la multitud.

Antes de desaparecer entre las luces de la ciudad, Neo miró hacia atrás un instante.

Sus pensamientos, silenciosos, tenían un solo nombre.

Tn.

Y sin saberlo, el camino de los tres estaba a punto de volver a cruzarse.

.

.

.

Glynda estaba sentada en la sección de bebidas, observando cómo el personal terminaba de preparar todo antes de que el club se llenara por completo. Se había puesto el traje formal del club, pero llevaba el abrigo abierto, dejando ver una camisa de botones sin corbata. El atuendo le resultaba extraño y familiar al mismo tiempo: elegante, funcional… distinto a la rigidez de Beacon.

Bajo la tela, ocultas de forma discreta, llevaba un par de armas proporcionadas por Arkadance. Solo los guardias tenían permitido portar armamento y utilizar sus semblanzas en caso de emergencia. Aun así, Glynda dudaba que alguna vez tuviera que hacerlo allí.

Para su sorpresa, empezaba a disfrutar ese trabajo.

Mucho más que trabajar con Ozpin.

Con Ozpin nada había sido sencillo ni honesto. Nunca.

¿Cuántos compañeros había enviado a morir con una sonrisa tranquila?

¿Cuántos alumnos habían caído siguiendo planes que jamás se les explicaron del todo?

Glynda apretó ligeramente los labios.

—Director amable… —murmuró para sí—. Una fachada perfecta para un monstruo enfermo.

Recordo casi con asco las insinuaciones que llego hacerle.

Desvió la mirada antes de que esos pensamientos la consumieran. Sus ojos se posaron en Tn.

Él estaba sentado en un extremo de la barra, el pergamino en la mano, desplazando la pantalla con el pulgar como si buscara algo que lo distrajera. Su expresión era la de siempre: tranquila, educada… pero con un trasfondo apagado, como si cargara algo que nunca terminaba de soltar.

Era muy deprimente, pero al menos parecia bien con ello.

Es extraño, pensó Glynda.

Un hombre con buena posición económica, un negocio próspero, contactos importantes… y aun así solo.

—¿Será su forma de ser… o algo más? —se preguntó en silencio.

El DJ comenzó a tocar música suave, un ritmo que poco a poco iría subiendo conforme avanzara la noche. Glynda tomó dos tragos del mostrador y caminó hacia Tn.

—¿Te importa? —preguntó, ofreciéndole uno mientras se sentaba a su lado.

Tn levantó la vista, sorprendido.

—Ah… gracias, pero no suelo beber —dijo con calma.

Glynda parpadeó.

—¿En serio? ¿En un club nocturno?

—Irónico, lo sé —respondió él con una leve sonrisa—. Pero prefiero evitarlo.

—¿Alguna razón en especial? —preguntó ella, apoyando el codo en la barra.

Tn dudó un segundo antes de hablar.

—Cuando era más joven… bebía demasiado. Más de lo que me gustaría admitir —confesó—. Hasta que alguien me hizo dejarlo.

Glynda lo miró con atención.

—¿Alguien importante?

—Sí —asintió—. Me dijo que, si quería vivir más tiempo y disfrutar de las cosas que realmente importan, debía dejar aquello que me hacía daño… incluso si parecía lo único que me ayudaba a soportar los días.

El silencio se instaló entre ambos, suave, reflexivo.

Glynda miró su propio vaso. El líquido se agitó apenas cuando lo dejó sobre la mesa.

—Yo solo bebo porque… —empezó, y luego se detuvo—. Porque llego a casa y no hay nada. Nadie. Solo silencio.

Tn no la interrumpió.

—Y cuando bebo de más… —continuó ella, con un tono más amargo— termino despertando con personas que no recuerdo bien en mi cama. Qrow incluido. Cretinos que se iban en cuanto entendían que no podían sacarme nada más. Ni prestigio, ni favores… ni una cazadora dispuesta a salvarlos. Je…… Se dieron cuenta de una patetica solterona casi en sus cuarenta.

Tn frunció ligeramente el ceño.

—No suena justo. No deberias despreciarte asi.

—Nunca lo fue ……Y acepte lo que soy—respondió ella, encogiéndose de hombros—. Tal vez… —miró el vaso otra vez— tal vez yo también debería mejorar algunos aspectos de mi vida.

Tn asintió despacio.

—No es fácil —dijo—. Pero tampoco imposible.

Glynda lo miró de reojo.

—Hablas como si lo supieras muy bien.

—Lo intento todos los días —respondió él, sin apartar la vista del frente.

La música subió un poco más de intensidad, las luces comenzaron a moverse, y el club empezó a llenarse lentamente. Aun así, en ese pequeño espacio junto a la barra, ambos parecían ajenos al ruido.

Por primera vez en mucho tiempo, Glynda no se sintió completamente sola.

Fue… agradable tener a Tn cerca.

Y pensar que técnicamente era su jefe hacía que todo resultara aún más extraño para Glynda.

Se apoyó un poco mejor en la barra y lo observó de reojo. No había autoridad en su forma de estar ahí, ni soberbia. Solo alguien cansado, tranquilo, intentando pasar la noche como cualquier otro.

—Es raro —admitió ella al fin—. Verte aquí, siendo dueño de todo esto… —hizo un gesto vago hacia el club—. ¿No tienes otros hobbies? ¿Otros lugares a los que ir?

Tn dejó el pergamino a un lado y se recostó ligeramente contra la barra.

—Supongo que este lugar es el resultado de no tener muchos hobbies sanos en el pasado —respondió con una media sonrisa—. Como te dije… era un caso perdido.

Glynda ladeó la cabeza.

—¿Tan grave?

—Fui expulsado de una academia de cazadores —confesó sin rodeos—. Fiestas constantes, peleas, problemas. Pensaba que nada importaba. Era un joven tan imprudente.

Ella frunció el ceño, sorprendida.

—Eso no encaja mucho con la imagen que das ahora.

—La cárcel suele cambiarte la perspectiva —dijo él con calma.

Glynda se quedó en silencio.

—Me metí con gente peligrosa. Muy peligrosa. —continuó—. Terminé en una celda. Luego me dieron una opción: rehabilitación… o convertirme en cazador y enviarme a luchar hasta que no quedara nada de mí. Elegí lo primero.

—Elegiste vivir —murmuró Glynda.

Tn asintió.

—Ahí conocí a Five. —Su expresión se suavizó—. Es… especial. Difícil. Intolerante con muchas cosas. Pero inteligente. Tenaz. Pensamos en hacer algo juntos cuando salimos.

—¿Un club nocturno? —preguntó ella, incrédula.

—Una casa medio destruida, en realidad —rió—. Hacíamos fiestas ahí. Luego otra casa. Luego hangares. Mansiones medio habitables. Contactos. Socios. El DJ siempre estuvo con nosotros.

Glynda lo escuchaba con atención genuina.

—Crecieron rápido.

—Demasiado —admitió—. Y en medio de todo eso… conocí a alguien.

Glynda notó el cambio inmediato en su voz.

—Ella me hizo dejar de beber —continuó—. Five se burlaba sin parar. Decía que me había vuelto blando.

—¿Y qué pasó con ella? —preguntó Glynda con cuidado.

Tn apartó la mirada.

—Un día… simplemente se fue.

Ese silencio no era incómodo. Era compartido.

—Lo entiendo —dijo Glynda finalmente—. A mí no me abandonaron así… pero siempre fui dejada atrás. Seguí reglas. Seguí órdenes. Seguí a Ozpin y su causa. —Soltó una risa seca—. Y mírame ahora. Sin familia. Pocos amigos. Nada realmente mío.

Tn la miró.

—Quizá somos más parecidos de lo que parece.

—Eso temo —respondió ella con sinceridad.

Tn soltó una pequeña risa.

—No creo estar listo para otra relación —admitió—. Todavía no.

Glynda bufó suavemente.

—Tranquilo. No estaba intentando llevarte a la cama —dijo con ironía—. Con empezar siendo amigos me parece más que suficiente.

Tn la observó un momento, pensativo.

—Amigos… —repitió.

Luego sonrió, una sonrisa auténtica, sin melancolía.

—Me gusta la idea.

Glynda sostuvo esa mirada unos segundos más de lo necesario… y por primera vez en años, sintió que algo nuevo estaba comenzando.

.

.

.

El DJ comenzó a cambiar entre pistas, una transición suave que pasó de ritmos electrónicos intensos a una melodía más profunda, casi melancólica. Las luces del club viraron lentamente a tonos azules y violetas, bañando la pista en una atmósfera irreal.

En medio de la multitud, Neo bailaba sola.

Tenía los ojos cerrados, el cuerpo moviéndose con naturalidad, como si la música la sostuviera.

Estaba en Arkadance.

Qué nombre tan extraño…

Juraría que lo reconocería si fuera importante, pero en todo el reino habían empezado a surgir clubes con ese mismo nombre. Nada especial. Solo otro lugar para que la juventud se perdiera entre alcohol y luces.

—Solo una bebida… un poco de baile… y regreso con Roman —pensó.

Pero entonces la música cambió.

Una nota.

Luego otra.

Y algo se rompió dentro de ella.

Su cuerpo siguió moviéndose, pero su mente ya no estaba allí.

Recuerdos.

Ella y Tn corriendo por las azoteas, riendo sin miedo, saltando de edificio en edificio como si el mundo les perteneciera. Huyendo de problemas y comentiendo mas.

Otro recuerdo: ambos bajo un árbol, el viento suave, un beso tierno que no necesitó palabras.

“Turn off the lights and light a candle. Turn off the lights and let’s get cozy”

Las luces azules parpadeaban y ella giraba lentamente, perdida.

Despertar en la misma cama que él.

Sonreírle al verlo aún dormido.

“Everybody likes to get taken for turns

To see how bright the fire inside of us burns

And everybody wants to get evil tonight.”

Tn preparando el desayuno torpemente mientras ella lo observaba desde la puerta, divertida.

Five y el DJ —Jason— riendo, noches enteras de juegos, música alta, bromas estúpidas.

“I’m searching for things that I just cannot see”

La música continuaba, envolvente, insistente.

Neo se llevó una mano al pecho.

—… —jadeó suavemente, sin darse cuenta.

¿Por qué dolía tanto?

No debía pensar en él.

No tenía derecho.

Yo me fui.

Yo lo dejé.

Imágenes más duras se colaron: ella saltando de pareja en pareja, en cama en cama solo para no pensar, robos con Roman, misiones peligrosas… todo para ahogar ese vacío.

El vacio en su vientre era peor……Duele.

Porque duele.

Antes no dolia.

Entonces lo escuchó.

La letra.

Sing me to sleep…Baby please just stay with me.

Sus ojos se abrieron de golpe.

—… —sus labios temblaron.

Miró hacia la cabina del DJ.

Ahí estaba.

Jason Deep.

—¿Qué… haces aquí…? —pensó, el corazón acelerándose.

El ritmo siguió, pero Neo ya no podía respirar bien. Comenzó a empujar entre la gente, chocando con hombros, disculpándose sin voz. El ruido era ensordecedor, el aire pesado.

—¡Ugh…! —gruñó al tropezar, cayendo de rodillas al suelo.

Algunas personas la miraron, otras la ignoraron.

Se puso de pie con dificultad, el pulso desbocado, y levantó la vista hacia la sección de bebidas.

Y entonces lo vio.

Tn.

Su corazón dio un vuelco tan violento que creyó que iba a detenerse.

—No… —pensó.

Ahí estaba él, apoyado en la barra.

Y no estaba solo.

A su lado, una mujer de cabello rubio, elegante, con porte firme y una expresión seria pero tranquila, conversaba con él. Neo no podía escuchar lo que decían desde allí, pero vio cómo ella inclinaba ligeramente la cabeza, cómo Tn sonreía.

Una sonrisa real.

Los ojos rosados de Neo temblaron.

—… ¿Quién es ella…? —pensó, sintiendo un nudo en la garganta.

.

.

.

En la barra, Glynda hablaba con calma.

—No esperaba una historia tan intrigante —comentó—.Mhp. Esta canción…

Tn levantó la mirada hacia la cabina.

—Es vieja —respondió—. La escuchábamos mucho antes.

—¿“Escuchábamos”? —preguntó Glynda con curiosidad.

Tn dudó apenas un segundo.

—Sí… —dijo—. Con ese alguien importante.

Glynda no insistió. Solo asintió.

.

.

Desde la distancia, Neo apretó los puños.

Así que… no me olvidó.

El dolor se mezcló con algo más oscuro, más punzante.

Y ahora… no está solo.

La música siguió sonando.

Y, sin saberlo, las heridas que nunca cerraron acababan de abrirse de nuevo.

Los ojos rosados de Neo se tornaron lentamente de un violeta profundo.

Sí… es Tn.

Podía reconocerlo incluso entre cientos de personas. No había parte de su cuerpo, ni gesto, ni expresión que no conociera de memoria. Su forma de apoyarse en la barra, la leve inclinación de la cabeza cuando escuchaba con atención, incluso esa sonrisa discreta que apenas mostraba los dientes.

—Maldita sea… —pensó.

Nunca creyó que él se quedaría solo para siempre. De hecho, había aceptado la idea de que algún día encontraría a otra persona. Eso era lo normal. Eso era lo que ella misma se había repetido una y otra vez.

Pero una cosa era pensarlo.

Otra muy distinta era verlo.

El pecho le dolió, una presión incómoda que la obligó a respirar hondo. Por más que se hubiera preparado mentalmente para este encuentro inevitable, la verdad era cruel: nunca quiso que ocurriera.

Neo apretó los labios.

Sin hacer ruido, comenzó a alterar su apariencia. El cambio fue sutil, calculado. Un poco más de pecho, la estructura del rostro menos suave, el cabello mutándose a un azul pálido. Una ilusión perfecta.

Tn no me reconocerá así.

No era miedo.

O al menos eso se decía.

Se deslizó hasta la barra y se sentó a una distancia prudente, fingiendo interés en su bebida mientras afinaba el oído.

—

—Nunca pensé que terminaría trabajando en un lugar así —comentaba Glynda, apoyando el antebrazo sobre la barra—. Pasé años en el campo como cazadora… y luego como profesora. Esto es… diferente.

Tn ladeó la cabeza, interesado.

—¿Te gustaba ser cazadora?

Glynda dudó un instante.

—Tenía sus momentos —admitió—. Lo poco bueno era la libertad: permisos especiales, transporte rápido, acceso a zonas restringidas. Pero el combate… —hizo una mueca—. No era lo mío.

—¿Qué tipo de Grimm enfrentaste? —preguntó él.

—Beowolves, Ursas… lo habitual —respondió—. Nunca nada verdaderamente monstruoso. Supongo que tuve suerte.

Tn asintió.

—Yo jamás me he topado con uno directamente —dijo—. Five se encarga de limpiar los alrededores. No quiere problemas cerca de los clubes.

Glynda arqueó una ceja.

—¿Five hace eso solo?

—Con ayuda, claro —respondió él—. Pero suele adelantarse a cualquier amenaza.

Neo apretó los dedos alrededor de su vaso.

Five… siempre el bastardo silencioso, pensó con un deje ácido. No es que odiara a su viejo conocido, pero entre todos el era al que mayor peligro podria darle.

—

—¿Y tú? —preguntó Glynda—. Nunca me hablaste de si estuviste en combate real.

—Evité ese camino —respondió Tn con honestidad—. Demasiado problematico para alguien que ya tenía suficiente dentro.

Glynda lo miró con atención.

—Eso… lo entiendo más de lo que crees.

Neo inclinó un poco la cabeza, observándolos con intensidad. La forma en que Glynda lo miraba no era casual. No era simple curiosidad.

Te está conociendo, pensó.

Y tú se lo permites.

El violeta de sus ojos brilló un segundo más intenso.

Neo dio un sorbo lento a su bebida, sin apartar la mirada.

—Tranquila… —se dijo a sí misma—. Solo escucha.

Pero en el fondo, una certeza comenzaba a formarse, incómoda y peligrosa:

Tn había seguido adelante.

Y eso… era algo que no estaba segura de poder aceptar.

.

Tn y Glynda ya parecían lo suficientemente cómodos el uno con el otro. La conversación fluía sin esfuerzo, como si el ruido del local se hubiera convertido en un murmullo lejano solo para ellos. Entonces, una nueva canción comenzó a sonar, el ritmo más marcado, más cercano, invitando sin pudor a moverse.

Tn dudó un segundo. Se rascó la nuca, claramente avergonzado.

—Eh… —sonrió de lado—, no sé si esto sea raro pero… ¿te gustaría ir a bailar?

Glynda alzó una ceja, sorprendida, y luego soltó una breve risa contenida.

—¿Recuerdas que soy la seguridad del lugar? —respondió, señalando su abrigo y el distintivo oculto—. Técnicamente, debería quedarme aquí observando.

—Claro, claro… —Tn rio un poco—. Supongo que fue una pregunta tonta.

Glynda lo miró unos segundos más, evaluándolo. Finalmente suspiró y se levantó del taburete, acomodándose el abrigo con un gesto elegante.

—Una canción no hará que el lugar se derrumbe —dijo—. Aunque debo advertirte que no tengo tanta práctica como antes.

—Con que no me pises ya es ganancia —bromeó Tn.

Ella sonrió, genuina esta vez.

Ambos bajaron hacia la pista de baile, perdiéndose entre la luz tenue y las sombras en movimiento.

—

Neo sintió cómo su ojo temblaba.

Muy bien, perra…

Te estás ganando un infierno si llegas a ponerle las manos encima.

Apretó los dientes. Su semblanza vibró de forma inestable, la ilusión casi reaccionando sola a su estado emocional.

Espera…

Cazadora, había dicho.

Neo frunció el ceño. Eso la convertía en algo más que una presa fácil. No una civil cualquiera. No alguien que pudiera desaparecer sin ruido.

Por un segundo —uno muy real— consideró eliminarla. El pensamiento fue frío, preciso. Un empujón mal calculado, una sombra en el momento justo, un “accidente”.

Se detuvo.

¿Estoy… considerando esto de verdad?

La respuesta la inquietó.

—Tch… —susurró para sí misma.

Quería retribución. Quería arrancar a esa mujer de la vida de Tn, empujarlo contra una cama, reclamar lo que sentía que el tiempo le había robado. Años perdidos. Silencios. Distancia.

Pero no podía.

No sabía si Five estaba cerca, y por muy poderosa que fuera su semblanza, sabía una verdad incómoda: ese enano adicto al café era mucho más peligroso de lo que aparentaba.

Neo respiró hondo, obligándose a calmar el pulso.

Y entonces… solo observó.

—

En la pista, Tn se movía con torpeza evidente.

—Te lo advertí —murmuró, incómodo—. No soy bueno en esto.

—No estás tan mal —respondió Glynda—. Solo… relaja los hombros.

Ella colocó una mano ligera sobre su brazo para guiarlo. El gesto fue breve, profesional, pero suficiente para que Neo sintiera una punzada aguda en el pecho.

—Así —continuó Glynda—. No es una pelea. Es dejarse llevar.

—Eso suele ser más difícil de lo que parece —respondió él.

—Lo sé.

Por un instante, sus miradas se encontraron. No había coqueteo abierto, pero sí algo más peligroso: comprensión.

—

De vuelta en la barra, Neo no apartaba los ojos de ellos cuando una sombra se inclinó demasiado cerca.

—Oye, muñeca —dijo una voz masculina, cargada de alcohol—. ¿Quieres ir a pasar un buen rato?

Neo giró lentamente la cabeza. El hombre sonreía de forma desagradable, convencido de su suerte.

Neo no respondió.

Solo sonrió.

Un segundo después, su puño impactó con precisión quirúrgica en el abdomen del sujeto. El aire abandonó los pulmones del hombre en un sonido ahogado antes de desplomarse inconsciente contra la barra de bebidas.

—…Patético —murmuró Neo en sus pensamientos, acomodándose como si nada hubiera pasado.

Algunos clientes miraron, confundidos. El barman alzó una ceja, pero decidió no preguntar.

Neo volvió la vista a la pista de baile.

Tn y Glynda seguían moviéndose al ritmo de la música, ajenos al pequeño incidente.

El violeta de sus ojos brilló una vez más.

—Disfruta la canción, Tn… —susurró—.

Porque no pienso desaparecer otra vez.

________________________________________________________

dije que habría depresión y depresion dare…..es medio jodido que pocos le presten atencion a los poemas ya que tienen spoilers pero la mayoria aqui solo vino asta abajo para ver cuando llega su waifu o algo asi…..bueno solo soy yo y sigamos con esto.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo