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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 248

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Capítulo 248: Kali belladonna part 4 Rwby

Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio

Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores. Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.

Ella tomó mis manos con suavidad

y me preguntó si había comido bien.

Qué pregunta tan tonta.

Los monstruos como yo

no necesitan alimentarse.

Dijo que se alegraba de verme,

que estas manos

no debieron cometer tantas masacres,

que yo merecía ser feliz.

¿Feliz…?

¿Cómo se alcanza una emoción

que jamás conocí?

¿Cómo merecerla

cuando elegí vivir como humano,

luchar por ellos,

solo para encontrar decepción?

Así abracé lo Hadou.

Me arranqué las alas,

como el ave de Hermes que soy,

incapaz de huir del tormento

que ahora me consume,

condenado a caminar

en el infierno que yo mismo acepté.

-Quinto trono.

_________________________________________________________________

El auditorio de Beacon estaba lleno. Voces mezcladas, nervios contenidos, miradas expectantes. Blake permanecía sentada con la espalda recta, las manos cruzadas sobre el regazo, el listón negro firmemente atado ocultando sus orejas de fauno. Respiraba con cuidado, midiendo cada gesto, como si cualquier movimiento en falso pudiera delatarla.

—Ahora procederemos a anunciar los equipos —dijo la voz calmada del director Ozpin desde el podio—. Equipo JNPR.

Blake alzó ligeramente la mirada.

—Joana… Pyrrha Nikos… Nora Valkyrie… Lie Ren.

Un murmullo recorrió la sala. Blake frunció apenas el ceño al escuchar el nombre de Joana en lugar del que había visto en los registros preliminares.

—¿No era Jaune Arc? —susurró una estudiante detrás de ella.

—Fue expulsado —respondió otra voz en tono bajo—. Falsificó sus documentos de ingreso. Lo descubrieron ayer.

El estómago de Blake se tensó.

¿Falsificación…?

El pensamiento le atravesó la mente como un relámpago. Por un instante, el miedo la recorrió de pies a cabeza. Si habían descubierto a alguien así… ¿qué tan seguro estaba su propio disfraz?

Mantuvo el rostro impasible. Nadie la miraba. Nadie decía su nombre.

—Equipo RWBY —continuó Ozpin—. Ruby Rose… Weiss Schnee… Blake Nightfall… Yang Xiao Long.

Blake parpadeó.

Nightfall.

El nombre falso resonó en su mente. Era oficial. Estaba dentro.

Sintió una mano golpear con entusiasmo el respaldo de su asiento.

—¡Lo logramos! —exclamó una voz alegre a su lado—. Soy Ruby, tu capitana.

Blake giró ligeramente el rostro y asintió con una sonrisa medida.

—Blake… mucho gusto.

Mientras el auditorio seguía con los anuncios, Blake bajó la mirada.

Ahora solo tenía que fingir. Aprender. Observar. Y, cuando fuera necesario, filtrar información… pero no demasiado. Nunca algo que pudiera convertirse en una masacre.

No mancharé más a los faunos, pensó con firmeza.

.

.

.

.

Muy lejos de Beacon, en Menagerie, la casa Belladonna seguía envuelta en su silencio habitual.

La rutina de Kali no había cambiado: limpiar, ordenar, preparar la comida, sentarse junto a Tn y dejar que las horas se disolvieran. Pero esa mañana, algo la mantenía inquieta. Caminaba de un lado a otro de la sala, con una mano apoyada en su mejilla, el ceño ligeramente fruncido.

—El cumpleaños de Tn… —murmuró para sí.

No era fácil pensar en un regalo. No salía al pueblo. No quería enfrentarse a las miradas, a los susurros, a las palabras que aún dolían pese al paso de los años.

—Tal vez… ropa nueva —pensó en voz alta—. Podría tejer algo yo misma.

Se detuvo. Sus orejas felinas se movieron con suavidad, captando un sonido familiar: pasos ligeros, el roce de hojas.

—Claro… —dijo en un suspiro, relajándose—. Al jardín.

Cerró los ojos por un instante. Una sonrisa suave, casi involuntaria, se dibujó en sus labios. Su corazón latía con ese ritmo tranquilo que solo Tn sabía darle.

Mi niño… mi pequeño zorro blanco.

Abrió los ojos y dejó escapar una risa baja, apenas audible.

—Puede que haya cometido errores —susurró—. Puede que haya fallado como esposa… pero no me arrepiento de ti.

El nombre de Ghira pasó por su mente sin fuerza. Distante. Ajeno. El hombre que se había marchado cuando todo se volvió difícil.La pasion se apago cuando dejo el colmillo blanco. Luego, como una sombra más profunda, apareció otro recuerdo.

—Shav… —murmuró, casi sin darse cuenta.

Negó con la cabeza, como si quisiera expulsar ese pensamiento. El pasado no volvía. Nunca lo había hecho.

Kali tomó un chal ligero y se lo colocó sobre los hombros.

—No importa —dijo para sí—. Tengo que ocuparme de lo que es real.

Abrió la puerta y salió de la casa, siguiendo el sonido de pasos hacia el huerto, donde sabía que encontraría a Tn entre la tierra fértil y las plantas que cuidaba con tanto esmero.

.

.

Con sus facciones cubiertas por una tela ligera, Kali caminó entre los puestos del mercado de Kuo Kuana. El murmullo constante de voces, el olor a especias y fruta madura, y el sonido de pasos sobre la arena compactada le resultaban familiares… y, aun así, incómodos. Kuo Kuana era la ciudad más grande de Menagerie, el corazón de la isla y su principal asentamiento. Un santuario para los faunos, decían.

Aun así, Kali nunca se había ido.

—¿Y a dónde iría…? —murmuró para sí, ajustándose la tela del rostro mientras avanzaba.

Menagerie era árida, peligrosa, rodeada de desiertos y zonas infestadas de Grimm. Pero tenía una casa. Tenía tierra fértil. Tenía recuerdos. Y, sobre todo, tenía a Tn. Marcharse habría significado empezar de cero en un mundo que nunca fue amable con los suyos.

Se detuvo frente a un puesto de telas. Rollos cuidadosamente apilados mostraban colores vivos, otros más sobrios, algunos con patrones intrincados. Kali pasó los dedos por una de ellas, sintiendo la textura.

—¿Busca algo en especial? —preguntó la vendedora, una fauno con orejas de liebre, sonriente—. Tenemos telas importadas de Atlas. Muy buena calidad.

Kali levantó la mirada con cautela.

—Colores claros —respondió—. Blanco… y azul.

La vendedora asintió, sacando dos rollos.

—Excelente elección. Estas vienen de Atlas, resistentes y suaves. Perfectas para ropa duradera.

Kali observó las telas. El blanco limpio. El azul profundo. Por un instante, un recuerdo le cruzó la mente: abrigos claros, tonos fríos, una presencia que se asemejaba al invierno.

—Me llevaré estas —dijo, sacando el lien.

Mientras pagaba, la vendedora la miró con más atención, entrecerrando los ojos.

—Disculpe… ¿no es usted…?

Kali ya había dado media vuelta.

—Buen día —respondió con educación seca, alejándose antes de que la pregunta tomara forma.

Continuó por el mercado, comprando lo justo: hilo, agujas, algunas especias. Evitó las miradas, los comentarios, los puestos donde sabía que podía ser reconocida. Cuando tuvo todo, emprendió el camino de regreso.

La hacienda Belladonna la recibió con su silencio habitual. Cerró la puerta tras de sí y, solo entonces, se retiró la tela del rostro. Exhaló despacio, como si hubiera estado conteniendo el aire todo el tiempo.

—Nadie… —susurró—. Nadie me reconoció.

Dejó las compras sobre la mesa y apoyó una mano en el respaldo de una silla. El corazón le latía con fuerza, pero ya no era miedo. Era alivio.

—Bien… —dijo en voz baja—. Ahora sí.

Desde el fondo de la casa llegó un sonido familiar, pasos suaves dirigiéndose desde el jardín.

—¿Mamá? —llamó la voz de Tn—. ¿Ya volviste?

Kali cerró los ojos un segundo y sonrió.

—Sí, cariño —respondió, enderezándose—. Ya estoy en casa.

Tn se acercó con curiosidad, ladeando un poco la cabeza, las orejas blancas moviéndose con atención.

—¿Compraste algo? —preguntó, mirando las bolsas que Kali aún sostenía.

Kali reaccionó un poco tarde. Parpadeó, y luego sonrió con naturalidad forzada.

—Oh… solo algunas cosas —respondió—. Ya sabes, telas, y ammm… cosas de mujeres.

Tn la observó un segundo más, como si evaluara la respuesta. Luego encogió los hombros.

—Ah… está bien.

Mientras él asentía, Kali movió con discreción las bolsas detrás de su cuerpo, ocultándolas. Tn no pareció darle mayor importancia.

—Voy a preparar la cena —dijo él, girándose hacia la cocina—. Estaba pensando en algo sencillo.

—Gracias, cariño —respondió Kali, aliviada—. Te lo agradeceré mucho.

En cuanto Tn desapareció entre los muebles de la cocina, Kali subió las escaleras con pasos rápidos, casi silenciosos. Entró en su habitación y cerró la puerta con cuidado. Dejó las telas dentro del armario, bien guardadas, como si fueran un pequeño secreto. Las cosería más tarde, cuando Tn estuviera en el jardín o explorando los senderos de la jungla que rodeaban la casa, como a veces hacía.

—Será una sorpresa… —murmuró para sí.

Al bajar de nuevo, el aroma de la comida comenzaba a llenar la casa. Kali inspiró profundamente, guiándose por el olor hasta la cocina. Tn estaba concentrado, removiendo una olla con cuidado.

Kali se acercó sin hacer ruido y apoyó suavemente la cabeza entre las orejas de zorro de su hijo, suspirando con cansancio. Sus brazos lo rodearon en un gesto breve, familiar, como tantas veces.

—Mi niño… —murmuró—. Has crecido mucho.

Tn soltó una pequeña risa.

—No es para tanto, mamá.

Ella cerró los ojos un instante, dejando escapar un ronroneo bajo, casi inconsciente.

—Para mí sí lo es —dijo con voz suave—. Mi niño grande…

—La cena estará lista en unos minutos —respondió él, sin dejar de remover—. Solo falta esto.

Hubo un pequeño silencio antes de que Tn hablara de nuevo.

—Mamá… —dijo con cautela—. ¿Crees que Blake esté bien?

Kali se quedó quieta. El nombre la tomó desprevenida. Retiró lentamente los brazos y se apoyó en el marco de la cocina, pensativa.

—No lo sé —respondió al final—. Blake siempre fue fuerte… y terca. Espero que haya encontrado lo que buscaba.

No añadió nada más. Pensar en su hija aún le dejaba una incomodidad difícil de explicar, una mezcla de culpa, distancia y algo que no quería nombrar. Tn asintió en silencio, aceptando la respuesta.

La olla burbujeó suavemente, llenando el espacio de un sonido tranquilo, casi doméstico. Por un momento, ninguno de los dos habló.

El ojo amarillo de Kali se fijó en el cambio casi de inmediato.

Una pequeña cicatriz, fina como un hilo, comenzaba a marcar el cuello de Tn.

Su respiración se detuvo por un segundo.

—… —sus dedos se tensaron apenas contra la ropa de su hijo—. Tn…

Él ladeó un poco la cabeza, confundido.

—¿Qué pasa?

Kali alzó la mano con cuidado, rozando la piel alrededor de la marca. No había sangre. No había calor. No había dolor. Lo supo por la forma en que Tn ni siquiera se estremeció.

Esa fue la parte que más la inquietó… y al mismo tiempo, la que ya estaba empezando a aceptar.

—Otra vez… —murmuró, más para sí misma que para él.

Tn llevó una mano a su cuello, palpando la zona.

—Ah… ¿esto? —dijo con tono despreocupado—. Apareció hace rato. Y otras mas creo.

Kali cerró los ojos un instante.

Había visto lo mismo demasiadas veces: marcas que surgían sin aviso, cicatrices que no correspondían a ninguna herida previa. El cuerpo de Tn cambiaba, se corregía, se reparaba… como si algo dentro de él estuviera constantemente reescribiéndose.

—Debe ser tu aura… o tu semblanza —susurró ella, buscando convencerse—. Tal vez se está adaptando.

No lo llevaría con ningún médico. No permitiría que lo miraran como una rareza, como un objeto de estudio. Menagerie podía ser un refugio, pero también sabía cuán rápido corrían los rumores en la isla.

Lo abrazó un poco más fuerte.

Tn soltó una risa baja.

—Mamá… —murmuró—. La comida se va a enfriar. Ve a sentarte, ¿sí? Ya casi termino.

Kali dudó, luego asintió.

—Está bien… pero no tardes.

Se separó a regañadientes y fue hacia la mesa. Se sentó, entrelazando las manos, observando cómo Tn se movía por la cocina con una naturalidad que todavía le resultaba extraña. Demasiado grande. Demasiado capaz. Demasiado… lejos del niño pequeño que alguna vez fue.

Tn regresó con dos platos llenos y los dejó sobre la mesa.

—Aquí tienes.

—Gracias, cariño —respondió ella con una sonrisa suave.

Comieron en silencio unos segundos, solo el sonido de los cubiertos llenando el espacio. Entonces Tn habló, sin mirarla directamente.

—Oye… —dudó—. ¿Cómo crees que le esté yendo a Blake?

Kali se quedó quieta.

El nombre cayó pesado, como siempre.

—…No lo sé —respondió tras una pausa—. Beacon es… diferente a Menagerie.

Tn la observó de reojo.

—¿Te preocupa?

Kali apretó los labios.

Blake. Su hija. La que se fue sin mirar atrás. La que cargaba con el peso de las historias que los faunos susurraban en las calles, las mismas que habían manchado el nombre de Kali durante años. La misma que, como Tn, había nacido fuera del matrimonio… y que había aprendido demasiado pronto lo cruel que podía ser el mundo con quienes no encajaban.

—Me preocupa —admitió finalmente—. Pero también sé que eligió su camino.

Tn asintió, en silencio.

.

.

.

A la misma hora, en Beacon, Blake Belladonna yacía despierta en la litera inferior.

Yang dormía encima de ella, roncando suavemente. Weiss se había quejado hasta el último minuto antes de rendirse al cansancio, y Ruby… Ruby dormía como si nada en el mundo pudiera tocarla.

Blake no compartía ese lujo.

Se incorporó con cuidado, tomando su pergamino. Lo revisó una vez más, el brillo de la pantalla iluminando sus ojos dorados.

Los mensajes estaban ahí. Claros. Fríos.

Infiltrarse.

Obtener los planos.

No dejar rastro.

Cerró los dedos alrededor del dispositivo.

—Siempre igual… —susurró para sí misma.

Se levantó sin hacer ruido, ajustó su capa y salió de la habitación. Los pasillos de Beacon estaban en silencio, demasiado ordenados, demasiado limpios para alguien como ella.

Subió con agilidad hasta el techo de la academia, dejando que el aire nocturno le despejara la mente. Desde allí, la escuela parecía tranquila… casi inocente.

Blake activó de nuevo el pergamino, releyendo las instrucciones.

—Ozpin… —murmuró—. ¿Qué es lo que escondes?

Se quedó allí, de pie, mirando la pantalla, sabiendo que el siguiente paso no tendría marcha atrás.

Con agilidad silenciosa, Blake comenzó a moverse.

Había asumido que infiltrarse en la oficina del director de una academia de cazadores sería prácticamente imposible. Sensores, cámaras, alarmas, profesores patrullando… algo. Cualquier cosa.

Confiaba en que, al ser el primer día de clases, Ozpin y el personal estarían demasiado ocupados lidiando con papeleo y estudiantes perdidos como para notar una sombra más.

Pero la realidad fue… inquietante.

—Nada… —murmuró para sí misma, agazapada en una cornisa.

No había cámaras.

No había alarmas visibles.

Ni siquiera un aura de seguridad digna de una escuela que entrenaba guerreros contra los Grimm.

Beacon parecía abierta al mundo como si nada pudiera tocarla.

—Esto es un chiste… —susurró, con el estómago tenso.

Por un momento, la paranoia le mordió la nuca.

¿Una trampa?

¿Demasiado fácil?

Sus orejas felinas se movieron, atentas, captando solo el murmullo lejano del viento y la calma artificial del lugar. No había nada. Nadie.

Apretó los dientes.

—No… —se dijo—. Si fuera una trampa, ya habría pasado algo.

Se deslizó hasta una ventana de la oficina del director y la abrió con cuidado, colándose dentro sin hacer un solo ruido. El despacho era amplio, ordenado, casi… humano. Nada del aura misteriosa que esperaba.

Blake se dirigió directo a la computadora.

—Vamos… vamos… —susurró mientras conectaba su pergamino.

La pantalla se iluminó. Acceso libre. Sin contraseñas complejas. Sin bloqueos reales.

Su corazón latía cada vez más fuerte.

—Ozpin… ¿en qué estás pensando…?

Comenzó a descargar todo lo que consideró útil: planos de Beacon, esquemas de arquitectura, rutas internas, planes de estudio, diseños de armas experimentales. Información. Poder. Todo lo que el White Fang podría usar.

Sus dedos volaban sobre la pantalla.

Entonces, sus orejas se tensaron de golpe.

Voces.

—…es más temprano de lo que esperaba —dijo una voz grave y calmada.

Blake se congeló.

—Los nuevos estudiantes siempre lo son —respondió otra voz, más suave, pero con una autoridad que le erizó el pelaje.

Ozpin.

El pánico la atravesó como un rayo.

Desconectó el pergamino de inmediato, guardándolo bajo la capa, y corrió hacia la ventana. Se deslizó fuera justo a tiempo, quedando colgada del marco, su cuerpo pegado a la pared exterior.

Sus dedos se clavaron en la piedra.

Desde dentro, las voces se acercaron.

—¿Ha notado algo extraño esta noche? —preguntó la segunda voz.

Blake contuvo la respiración.

—No —respondió Ozpin con tranquilidad—. Mhp que raro hace algo de frio cerrare la ventana… Me pregunto si el conserje la dejo habierta.

El clic seco de la ventana cerrándose resonó como un disparo.

Blake apretó los dientes con fuerza para no gritar.

Su cuerpo temblaba, no por el esfuerzo físico, sino por la presión en el pecho. Las lágrimas comenzaron a acumularse en sus ojos sin que pudiera detenerlas.

—Maldita sea… —susurró, con la voz quebrada—. Estuve ahí… estuve justo ahí…

Se quedó colgando unos segundos más, hasta que estuvo segura de que nadie miraba. Luego, con un movimiento ágil, se dejó caer y desapareció entre las sombras del tejado.

Las lágrimas cayeron al fin.

No por miedo.

Sino por la sensación amarga de que, una vez más, había cruzado una línea… y que Beacon, con toda su falsa calma, no era tan inocente como aparentaba.

Se movio por el tejado y se metio por otra ventana.

Sus dedos le dolían.

Blake se detuvo un momento en uno de los pasillos altos de Beacon, lejos de cualquier ruta habitual, y se los sobó con cuidado. El ardor era leve, pero constante, recordatorio de lo cerca que había estado de caer… o de ser atrapada.

—Tch… —chasqueó la lengua en voz baja—. Cálmate.

Respiró hondo y, ya más lejos, se sentó en el borde de un tejado secundario. Activó el pergamino y comenzó a revisar lo que había robado, enviando los archivos poco a poco, en paquetes cifrados, al canal seguro del Colmillo Blanco.

Planos.

Horarios.

Diseños de armas.

Todo normal. Todo útil.

Hasta que lo vio.

—¿…eh? —murmuró.

Dos archivos destacaban entre la marea de información.

PROJECT_MAIDEN

PROJECT_PARADOX

Blake frunció el ceño, sus orejas felinas inclinándose hacia atrás.

—Doncella… —susurró.

El nombre le resultaba inquietantemente familiar. El cuento de las Cuatro Doncellas de las Estaciones era algo que incluso ella había escuchado de niña. Una historia. Un mito. Un cuento para dormir.

—¿Por qué…? —apretó el pergamino—. ¿Por qué un director de academia tendría algo con ese nombre?

Dudó apenas un segundo antes de abrir el archivo.

El color abandonó su rostro.

—No… —su voz salió ahogada—. Esto no puede ser real.

Imágenes comenzaron a proyectarse en la pantalla: una chica, apenas un par de años mayor que ella. Cabello cafe. Piel bronceada. Inconsciente. Suspendida dentro de una cápsula de vidrio, tubos conectados a su cuerpo, sensores clavados en la piel.

Nombre del sujeto: Amber.

—¿Qué… qué es esto…? —susurró, sintiendo un nudo en la garganta.

Los archivos hablaban de energía, de transferencia, de contención. Palabras clínicas, frías, desprovistas de humanidad.

—Esto no es…Por los dioses —susurró con horror—. Esto es un experimento.

Sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

Sin pensarlo más, Blake se levantó y corrió. No miró atrás. No se detuvo hasta llegar a su habitación. Abrió la puerta con cuidado, se deslizó dentro y la cerró sin hacer ruido.

Se metió en la cama, cubriéndose con las mantas como si eso pudiera protegerla de lo que estaba viendo.

—Tranquila… —se dijo, aunque su voz temblaba—. Piensa. Solo piensa.

Siguió revisando.

Projecto Doncella.

Registros médicos.

Gráficas de aura.

Notas firmadas por varios nombres… algunos tachados, otros clasificados.

—Beacon… —murmuró, con los ojos vidriosos—. ¿Cuántos secretos sucios estás escondiendo…?

Sus dedos se movieron solos. Adjuntó todos los archivos relacionados y los envió al Colmillo Blanco. El icono de transmisión parpadeó.

—Respóndanme… —susurró—. Por favor.

El silencio de la habitación se volvió pesado.

Blake apagó la pantalla por un momento y se llevó las manos al rostro. Su respiración era irregular.

—No vine aquí para esto… —murmuró—. No vine para descubrir… monstruos.

Aun así, volvió a encender el pergamino, incapaz de apartar la mirada de la verdad que acababa de desenterrar.

.

.

.

—Vamos, Tn… es hora de dormir —murmuró Kali con voz suave, después de terminar de limpiar los platos y dejarlos acomodados.

—Sí… —respondió él, con un bostezo contenido.

Ambos subieron las escaleras en silencio, acompañados solo por el crujir leve de la madera. El dormitorio los recibió con la luz tenue de la lámpara. Tn se recostó primero y Kali lo arropó con cuidado, como había hecho incontables veces.

Ella tomó la cola esponjosa de su hijo y, como siempre, frotó suavemente sus mejillas con ella.

—Buenas noches, pequeño zorro —susurró.

—Buenas noches, mamá… —murmuró él, ya medio dormido.

No pasó mucho tiempo antes de que su respiración se volviera lenta y profunda. Kali observó su rostro unos segundos más, asegurándose de que realmente estuviera dormido. Entonces, con extremo cuidado, se levantó de la cama.

Abrió el armario despacio y sacó las telas que había comprado. Las extendió sobre la mesa pequeña del cuarto, buscando agujas, hilos y tijeras.

—Bien… —susurró para sí—. Manos a la obra.

Ya tenía la prenda clara en su mente.

Blanco y azul.

Elegante, sobria, resistente.

—Te va a quedar perfecto… —murmuró, mientras enhebraba la aguja.

Puntada tras puntada, Kali fue dando forma a la prenda. Un abrigo tipo gabardina, de esos que protegían del viento y la lluvia, con botones bien alineados y costuras firmes. Un diseño clásico, casi de Atlas… pero ella sabía exactamente a quién le quedaba ese estilo.

—No eres de Atlas… —dijo en voz baja, sonriendo—, pero aun así… te ves mejor que cualquiera de ellos.

Sus orejas felinas se movían cada vez que escuchaba el sonido de la respiración de Tn. Se detenía un instante, miraba hacia la cama y solo cuando comprobaba que seguía dormido, continuaba cosiendo.

—Aún no… —susurró—. Aún no puedes verlo.

La noche avanzó lentamente. El hilo se tensaba, la aguja brillaba a la luz tenue y el abrigo comenzaba a tomar forma bajo las manos pacientes de Kali, que cosía con cuidado, con cariño… y con la atención constante de una madre que no quería despertar a su niño antes de tiempo.

Las horas habían pasado poco a poco, casi sin que Kali lo notara. Un gran bostezo escapó de sus labios, dejando ver sus pequeños colmillos. Con cuidado, guardó las telas, las agujas y el hilo, y volvió a la cama. Juró que apenas cerró los ojos cuando un gemido de molestia salió de su garganta.

—Mmm… —gruñó, cubriéndose con las mantas.

—Mamá… ya es hora de levantarse —dijo Tn en voz baja, de pie junto a la cama.

Kali respondió con otro gruñido, girándose de lado.

—Cinco minutos más… —murmuró, medio dormida.

Tn la miró un momento. Pensó que quizá realmente necesitaba dormir un poco más; no era raro, considerando que era una fauno felina. Se inclinó con cuidado, acomodó mejor las mantas y la arrulló con suavidad.

—Descansa. Yo me encargo de la casa —susurró.

Kali abrió apenas un ojo y le dedicó una pequeña sonrisa antes de volver a quedarse dormida.

Tn bajó las escaleras y comenzó con la rutina de siempre: limpiar la casa, ordenar lo que había quedado fuera de lugar y, finalmente, salir al jardín trasero para cuidar el cultivo. El sol ya estaba alto cuando sus orejas de zorro se movieron de pronto.

Alguien se acercaba.

Eso era raro. Nadie iba a su casa.

Tn frunció el ceño, dejó lo que estaba haciendo y entró a la casa con paso silencioso. Se colocó junto a la puerta principal, atento, esperando. Los pasos se detuvieron. Unos segundos después, llamaron.

Toc, toc.

Tn abrió la puerta con cautela… y la vio.

Una fauno tigre de Bengala se encontraba frente a él. Su piel oscura contrastaba con el pelo negro, corto y salvaje. Las orejas de fauno, adornadas con pendientes, se movían levemente. Tatuajes con rayas de tigre recorrían su cuerpo. Vestía un atuendo imponente: un top oscuro sin mangas, una capa roja que caía sobre sus hombros, faja, medias negras y sandalias. Sus ojos anaranjados lo observaron con intensidad.

—Vaya… —dijo ella, ladeando la cabeza—. Así que tú debes ser Tn.

Tn parpadeó, sorprendido.

—¿Me… conoce? —preguntó con cautela—. ¿Busca a alguien?

La fauno sonrió de lado.

—Busco a Kali Belladonna —respondió con voz firme—. Dile que Sienna Khan ha venido a verla.

El nombre cayó como un peso en el aire.

Tn dudó un instante.

—Ella… está descansando —dijo al final—. Si quiere, puedo avisarle.

Sienna lo observó unos segundos más, evaluándolo, antes de asentir.

—Hazlo —dijo—. Dile que no pienso irme. Tenemos asuntos pendientes.

Tn tragó saliva, asintió y cerró la puerta con cuidado, sabiendo que esa visita no traería nada bueno.

Tn entró de nuevo a la casa y subió las escaleras con rapidez. Abrió la puerta del dormitorio con cuidado y se acercó a la cama.

—Mamá… —murmuró—. Hay una mujer abajo. Dice llamarse Sienna Khan. Está esperándote.

Kali abrió los ojos de golpe. El sueño se evaporó al instante.

—¿Sienna…? —susurró, incorporándose de golpe.

Se levantó de la cama y tomó a Tn de los hombros, mirándolo fijamente.

—Escúchame bien —dijo en voz baja, firme—. Te quedas aquí. No bajes, no salgas y no escuches nada. ¿Entendido?

—Pero—

—Tn —interrumpió, con un tono que no admitía discusión.

El zorro asintió despacio.

—Está bien…

Kali le acomodó una oreja con rapidez, casi como un reflejo, y salió del cuarto. Bajó las escaleras con paso tenso y abrió la puerta principal.

Sienna seguía allí, apoyada con tranquilidad, como si el tiempo no existiera.

—Vaya —dijo con una sonrisa ladeada—. Sigues igual, Kali. Aunque más… a la defensiva.

—¿Qué haces aquí? —preguntó Kali, sin rodeos—. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que hablaste conmigo.

—Eso es cierto —respondió Sienna, divertida—. Pero no podía irme de Kuo Kuana sin saludar a una vieja conocida.

Sus ojos se deslizaron por el interior de la casa, con descaro.

—Ya vi a tu pequeño bastardo —añadió, lamiéndose uno de los colmillos—. Debo admitirlo… es bastante lindo. Y parece tener un cuerpo trabajado. ¿Lo has entrenado tú?

El siseo que salió del pecho de Kali fue puro instinto, felino y contenido.

—No vuelvas a hablar de mi hijo de esa forma —gruñó—. ¿Qué quieres, Sienna?

La tigresa levantó las manos en un gesto teatral.

—Tranquila, tranquila. Solo estoy de visita en la capital —dijo—. Pensé que sería descortés no pasar a verte.

Miró alrededor una vez más y soltó un silbido bajo.

—Debo decir que la casa de Ghira sigue en muy buenas condiciones.

—Esta casa es mía —espetó Kali, con los ojos brillando de ira—. No vuelvas a mencionarlo.

—Claro, claro… —respondió Sienna con una sonrisa burlona—. Entonces dime, ¿me vas a invitar a pasar o me dejarás aquí afuera como a una desconocida?

Kali apretó los dientes. La idea de dejarla fuera era tentadora… pero también peligrosa. Sienna no era alguien a quien se pudiera ignorar sin consecuencias.

Tras unos segundos de silencio, dio un paso atrás y abrió más la puerta.

—Pasa —dijo, seca—. Pero no te quedes mucho.

Sienna sonrió con satisfacción y cruzó el umbral.

—Siempre tan hospitalaria —comentó—. No has cambiado tanto como pensaba, Kali.

Kali cerró la puerta tras ella, con el corazón latiendo fuerte. Sabía que permitirle entrar había sido un error… pero ya era demasiado tarde.

________________________________________________________

este yandere es amor materno y no, no hare incesto tampoco llego a tanto….solo el amor muy obsesivo de una madre en un lugar que practicamente no la aprecia.

Ok esta lista es de waifus que ya tendran su capitulo y en el final serian las votaciones y joer son demasiadas.

sienna khan parte 3

emerald sustrai

Kiana honkai impact

kafka(habra esenciaaaaaaa)

Belle parte 5

Pyrrha nikos parte 8

Yang xiao long parte 10 (se vienen problemas)

diamante azul parte 5

lapiz lazuli parte 6

Nora valkyrie

Neopolitan

penny polendina parte 12 (9 meses)

Neron claudius parte 5

sniper wolf

Theresa parte 2

kaltsit parte 3

mon3tr parte 3

jane doe parte 6

talulah parte 3

mudrock arknights

priestess arknights

gilgamesh fem parte 4 (oye y tn?)

akiza izinski parte 2

Capella emerada lugunica rezero

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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