Waifu yandere(Collection) - Capítulo 249
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Capítulo 249: Sienna Khan part 3 rwby
Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio
Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.
Agrego personajes no me pertenecen.
Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores. Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.
—
Me pregunta cómo he estado
y yo solo sé guardar silencio.
Si he protegido a los demás…
ya no lo sé.
He matado tanto,
he causado extinciones enteras,
que no distingo
si aún los salvo
o si solo prolongué su final.
El Trono no se detiene.
Recrea el universo
una y otra vez.
Yo intento protegerlos,
intenté salvarlos…
pero ya no puedo.
Yo…
siento mis manos hacerse pequeñas.
Siento mi cuerpo regresar
al del niño que una vez
deseó un abrazo.
Un niño atado
a una silla de quirófano,
extendiendo los brazos,
esperando que alguien
—por una vez—
lo sostenga.
—Dictador sangriento
_______________________________________________________________
El fauno con la máscara de Grimm le dio un empujón seco al mentón de Tn.
—Mira a la cámara, maldito —gruñó mientras ajustaba el ángulo de la transmisión—. Que te vean bien.
Las esposas estaban firmes, ancladas a la silla metálica. El cuarto era oscuro, apenas iluminado por focos improvisados que colgaban del techo. El aire olía a polvo, sudor y óxido. A su espalda, Sienna Khan apoyó ambas manos sobre su cuello con una naturalidad inquietante. Tn pudo sentir claramente las garras, afiladas, presionando apenas lo suficiente para recordarle que estaban ahí.
—¿Todo listo? —preguntó Sienna con voz calmada.
—Sí, líder —respondió otro fauno desde un costado—. Señal estable. Enlace directo con Atlas.
Tn respiró hondo. El escozor de su pierna ya no era tan intenso; su aura trabajaba lento pero constante, cerrando vasos, reparando tejido, de hecho lo revisaron un poco para asegurarse de que no muriera por infección. Había perdido mucha sangre, demasiada, pero no moriría aunque claro ni en chiste podria irse corriendo sin desmayarse. No hoy. Aun así, sabía que su cuerpo no le respondería si intentaba algo estúpido. Ni correr. Ni resistir.
La luz roja se encendió.
—Transmitiendo —anunció alguien.
Sienna acercó su rostro al de Tn, una sonrisa medida dibujándose en sus labios.
—Hola a todos —comenzó, con una dicción impecable—. Como ya sabrán, el Colmillo Blanco ha llevado a cabo un ataque exitoso en Atlas. Y como pueden ver… —tomó a Tn del mentón y lo obligó a mirar al frente— hemos tomado a un miembro de la familia Schnee como rehén.
La imagen llegó limpia y directa a una sala de reuniones en Atlas.
Ironwood estaba de pie, brazos cruzados, la mandíbula tensa. A su lado, varios senadores murmuraban entre ellos. Jacques Schnee, sentado al fondo, apenas levantó la vista del vaso que tenía en la mano.
—Este joven —continuó Sienna— es prueba de que Atlas no es intocable. Exigimos recursos: cargamentos de polvo, tecnología de comunicaciones y la construcción de una nueva torre de transmisión bajo supervisión fauno. Además, buques de suministro destinados exclusivamente a Menagerie.
Sus garras se cerraron un poco más alrededor del cuello de Tn. Él no emitió sonido, pero su respiración se volvió más corta.
—Tienen doce días —dijo ella—. Doce. Para cumplir cada una de nuestras demandas. A cambio, devolveremos a su… preciado heredero con vida.
Ironwood dio un paso al frente.
—Sienna Khan —dijo con voz firme—. Esto no ayudará a tu causa. Solo estás confirmando—
Sienna lo interrumpió sin mirarlo siquiera.
—No juzgo palabras. Juzgo acciones.
Sin previo aviso, estrelló el rostro de Tn contra la mesa. El golpe resonó seco. La sangre manó de su ceja y goteó sobre el metal.
—Esto —añadió ella con frialdad— es solo una demostración de buena fe.
La transmisión se cortó.
El silencio inundó la sala del Colmillo Blanco. Tn quedó jadeando, la frente ardiendo, la visión borrosa. Sienna soltó su cuello y dio un paso atrás.
—Llévenselo —ordenó—. Al calabozo. Que lo limpien lo justo para que no se muera.
Los faunos obedecieron.
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En Atlas, el silencio también pesaba.
Jacques fue el primero en romperlo. Escupió al suelo con desprecio.
—No voy a doblar la rodilla ante una maldita animal —gruñó—. Y menos por uno de mis mocosos.
Uno de los senadores se volvió hacia él, incrédulo.
—¿Está diciendo que… lo abandonará?
Jacques alzó los hombros.
—Mientras me quede Whitley como heredero, es suficiente. Ese chico siempre fue… prescindible.
Ironwood apretó los puños.
—Esto es inaceptable —dijo—. Propongo un operativo de rescate inmediato. Con inteligencia precisa, podemos—
—Denegado —intervino un senador mayor—. Un ataque directo podría provocar su ejecución.
Otro senador, de voz más suave, habló con cautela.
—Si no aceptamos las demandas… ¿no lo matarán de todos modos?
Hubo un silencio incómodo.
—La verdad —murmuró Andie, una de las senadoras— es que… aunque sea un Schnee, muchos ya lo dan por perdido.
Ironwood cerró los ojos un instante. Luego los abrió, duros como acero.
—Entonces no lo daré por perdido yo —dijo—. Aunque sea el único en esta sala.
Un senador rompió el murmullo final antes de que la reunión se disolviera.
—General Ironwood —preguntó, ajustándose las gafas—, con todo respeto… ¿por qué insiste en ayudar a ese chico? Es un Schnee. Su propio padre parece dispuesto a dejarlo morir.
Ironwood no respondió de inmediato. Caminó hasta la ventana blindada que daba a Atlas y observó la ciudad unos segundos antes de hablar.
—Porque es un civil de Atlas —dijo al fin, sin volverse—. Y si permitimos que un civil sea abandonado solo porque es incómodo o políticamente prescindible, entonces le estamos dando exactamente lo que quiere el Colmillo Blanco.
Se giró, su mirada dura recorriendo la mesa.
—Razones para decir que Atlas es débil. Razones para que otras facciones, otros reinos, piensen que pueden tocarnos y no habrá consecuencias.
Hubo un breve silencio.
—No me malinterpreten —continuó—. Esto no es altruismo. Es control. Es disuasión.
No podian mostrase debiles antes nadie.
Un senador frunció el ceño.
—¿Y vale la pena arriesgar recursos por un solo rehén?
Ironwood apretó la mandíbula.
—Además —añadió—, si recuperamos a Tn Schnee, me aseguro algo más: la lealtad absoluta de Winter Schnee. Y créanme… tener a una futura especialista leal al ejército es una inversión que vale el riesgo.
Nadie respondió. La reunión se dio por terminada sin más objeciones.
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En Menagerie, el golpe contra el suelo sacó el aire de los pulmones de Tn.
Fue arrojado de nuevo al calabozo como si fuera un saco de basura. Las cadenas tintinearon cuando su cuerpo se balanceó un poco antes de quedar colgado otra vez. Le dolía todo. El rostro, el pecho, la pierna… pero seguía consciente.
—No se muere… —murmuró una voz más suave.
Un fauno de menor estatura se acercó. Llevaba una máscara de Grimm, pero al inclinarse para revisarlo, Tn pudo distinguir orejas felinas sobresaliendo del cabello verde. Sus movimientos eran cuidadosos, casi profesionales.
La fauno le levantó el mentón con dos dedos, examinando la herida de la ceja, luego la pierna.
—Aura activa —susurró—. Lenta… pero estable.
Tn alzó la vista, encontrándose con los ojos dorados que lo observaban tras la máscara. Por un instante, creyó ver duda.
—Gracias… —murmuró con dificultad.
Ella se tensó. Lo entendió. Soltó el mentón de inmediato y se irguió.
—No hables —dijo en voz baja—. No me agradezcas.
Retrocedió un paso, como si temiera ser vista, y salió del calabozo sin decir nada más.
Tn cerró los ojos. No sabía si aquello había sido compasión… o simple curiosidad.
.
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Sienna caminó hasta la sala principal del Colmillo Blanco, su paso firme, aunque por dentro sentía un cansancio punzante. Varios miembros se le acercaron casi de inmediato.
—Líder —dijo uno—, ¿cree que Atlas enviará todo lo que pidió?
Sienna se cruzó de brazos, su cola moviéndose lentamente.
—Cincuenta y cincuenta —respondió sin rodeos—. Conozco a los humanos. Conozco su basura política. Si aceptan, será con trampa incluida.
—¿Y si se niegan? —preguntó otro.
Sienna ladeó la cabeza, pensativa.
—Entonces no ganamos nada matándolo —dijo—. Sería un desperdicio.
Algunos faunos se miraron entre sí.
—Podríamos obligarlo a hablar —continuó—. Que testifique. Que diga al mundo lo que su padre hizo en fábricas, minas, asentamientos fauno. Un Schnee denunciando a Schnee Industries… eso sí dolería.
Hubo asentimientos. La idea era peligrosa, pero poderosa.
—Retírense —ordenó de pronto—. Quiero estar sola.
Nadie discutió.
Cuando la sala quedó vacía, Sienna dejó escapar el aire que llevaba reteniendo desde Atlas. Sus hombros cayeron apenas perceptiblemente y se dejó caer en una silla de metal.
—Maldita sea… —jadeó.
Se llevó una mano al rostro, frotándose los ojos. Dirigir al Colmillo Blanco, mantener la disciplina, evitar que se convirtieran en mercenarios sin causa… todo la estaba desgastando.
Y, para su irritación, una imagen regresó a su mente: los ojos azules del chico, apagados pero aún vivos, mirándola sin odio.
—No debería importarme —murmuró, apretando los dientes—. Es solo una herramienta.
Pero la sensación persistía.
Como una espina clavada en la cabeza.
(advertencia leve suculencia)
Sienna jadeo, habia pasado un tiempo, miro sus dedos el leve sentimiento de tener un cuello en sus manos.
Ser lider le quitaba casi todo el timepo personal que tenia, pero el placer le causaba irritacion en su vagina.
Ella se sento y abrio las piernas apartando un poco la tela que le cubria la sintura. Jadeo al sentir el aire fresco. Una vagina de un color moca suave con algo de bello descuidado, tal vez podria afeitarse cuando tenga tiempo, pero ahora queria liberarse rapido.
Después de todo el toqueteo que había hecho hasta ahora, tenía muchas ganas de encontrar su punto G de verdad y estimularlo. Quería experimentar la sensación de correrse o eyacular. Quería sentir la humedad y quería saber si podía hacerlo.
-Ahhhh~ Ahhhh~ ! maldita sea aun no es epoca de celo!.
Pensó que no era tiempo aun porque no lo hbaia tenido desde hace meses, pero la vez anterior, se habia escapado y masturbado durante horas, no iba por una polla de algun subordinado, no les daria ese beneficio a esos simplones.
Preparó sus cosas de siempre: el espejo, una toalla y, un cojín. Colocó el cojín cerca del borde de la cama hecha solo de cojines de tamanos y colores de varios tonos de rojo, dejando espacio para el trasero y los pies. Normalmente lo hace tumbada en la cama, a diferencia de la posición vertical para dormir. Colocó la toalla sobre el cojín, por si acaso se corre, lo cual espera. Todo este tiempo, se puso una toalla debajo, porque le preocupaba ensuciar. Pero hasta ahora no lo ha hecho, y quería hacerlo. Quería sentir cómo se corre por todas partes, mojándose a sí misma y a su alrededor.
Se dio una ducha rápida para limpiarse los genitales y las manos. Llevaba sus telas al redero del pecho, una tela corta y fina de siempre, pero esta vez, llevaba bragas. Leyó, o mejor dicho, experimentó, que no tocarse la vagina directamente la hace mucho más erótica y la hace estar mucho más mojada. Es como caricias provocativas. Está ahí y de repente, desaparece, lo que la hace querer más. Empezó a leer literatura erótica para entrar en onda y excitarse sexualmente.
“Ninjas of Love”- Una novela que a su criterio era mas porno que romance.
Mientras leía, imitaba las acciones descritas en la erótica novela, acariciándose los pechos, turnándose para girar el dedo alrededor de sus pezones en la areola de un color mas oscuro a su piel y frotando la esquina del libro sobre ellos, esto los puso erectos. Se bajó de la tela manteniendo los tirantes sobre sus hombros de modo que sus pechos quedaran expuestos, y como era una tela de tirantes finos, actuaba como un corsé y tiraba de sus pechos hacia arriba, haciéndolos más voluptuosos y fáciles de acariciar. Por alguna razón, se sentía realmente bien tener sus pechos así, sus pezones se mantenían erectos sin tener que estimularlos, y cuando lo hacía, solo tenía que rodarlos suavemente en las palmas de sus manos mientras se acariciaba los pechos, y eso aumentaba enormemente su excitación sexual.
Al sentir que sus labios ocultos se humedecían y se hinchaban, levantó las piernas hasta ponerse en cuclillas y se acarició la parte exterior e interior de los muslos, antes de separarlas y colocar la palma de la mano en la ingle. Sentía el calor que sentía debajo y masajeó suavemente la zona alrededor del clítoris, evitando la protuberancia. Deslizó suavemente un dedo por sus bragas, contra los bordes de sus labios internos, frotando en pequeños círculos. Sentía cómo sus fluidos se filtraban sobre sus bragas, y le encantaba esa sensación. La hacía sentir caliente.
-Ahhhhh~ Ahhhhhh~ Mmmmmmm~ Ahhhhhh~.
Cuando sintió que estaba lo suficientemente mojada y excitada, se quitó las bragas. Se colocó los dedos corazón y anular de su mano dominante sobre los labios internos y los frotó suavemente en círculos, lubricándolos con sus fluidos. Luego, deslizó el dedo corazón en su ansiosa entrada; se deslizó suave y fácilmente; le encantaba esa sensación, así como el calor que sentía dentro. Luego, sacó el dedo corazón y lo reemplazó con el anular. Una vez que ambos dedos estuvieron bien cubiertos de sus fluidos, los deslizó dentro de ella, disfrutando de lo caliente y llena que se sentía.
Como ya se había masturbado con dos dedos muchas veces, su entrada estaba mucho más acostumbrada al tamaño y no sentía dolor. Recordó, por lo que había leído —según sitios en su pergamino sobre cómo encontrar el punto G—, usar los dedos medio y anular, y no introducirlos demasiado, ya que el punto G se encuentra a unos dos centímetros y medio de la entrada de la vagina, en la parte superior, donde está el ombligo. Deslizó los dedos lentamente, palpando la parte superior de la pared vaginal para ver si encontraba algo ligeramente protuberante o abultado.
Los dos dedos finalmente tocaron una zona áspera que se sentía como el paladar. Procedió a acariciar ese punto con un movimiento de “incitación”, como se menciona en internet como la mejor y más efectiva manera de estimular el punto G. Al principio no sintió mucho, pero continuó con las caricias y se dio cuenta de que se estaba mojando más que antes. Sus dedos estaban cubiertos con una cantidad bastante viscosa de su semen, tanto que sus dedos producían un vergonzoso “chapoteo”. Su interior también era mucho más espacioso que cuando empezó a tocarse; sentía que cabían al menos tres dedos. Sacó los dedos para observar la consistencia de la lubricación, solo por curiosidad, y era diferente a la habitual. Normalmente, cuando está mojada por la excitación sexual, la lubricación que produce su cuerpo es fina y transparente, como acuosa. Sin embargo, la que cubría sus dedos era cremosa, espesa y blanca. Hizo que su interior fuera mucho más resbaladizo que el tipo de lubricación acuosa.
Luego volvió a introducir los dedos y se dio cuenta de que no los sentía por dentro; estaban dilatados, suaves, calientes, pero entumecidos. Continuó acariciando con movimientos sensuales, pues quería tener un orgasmo, así que acarició y presionó ese punto continuamente. La sensación que sintió después fue difícil de describir con palabras, pero sentía como si algo creciera o se acumulara en su interior. La zona se volvió más prominente con el paso del tiempo, y ella ejerció aún más presión en ese punto mientras se movía con el movimiento sensual, como era fácil de identificar entonces, y esa sensación siguió creciendo y creciendo, en lo más profundo de ella, como una picazón inalcanzable, hasta que sintió ganas de orinar, como si estuviera conteniendo algo, y se “expuso” —algo que leyó ase tiempo que era necesario hacer para eyacular, empujando como si intentara dar a luz—. Cuando sintió que la creciente sensación estaba a punto de desbordarse, acarició ese punto cada vez más rápido hasta que esa sensación explotó internamente. Sintió un orgasmo muy profundo; su cuerpo experimentó breves espasmos mientras las paredes se le contraían alrededor de los dedos y respiraba con dificultad. No hubo eyaculación, y temblaba ligeramente; su mente estaba completamente atontada. Su orgasmo clitoriano habitual fue intenso, le provocó fuertes escalofríos y le dejó la mente en blanco durante unas decenas de segundos en el punto álgido del orgasmo, pero este orgasmo del punto G fue muy profundo y su mente perdió la concentración por completo durante unos minutos. Fue difícil recuperar la claridad mental inmediatamente después del orgasmo del punto G.
Tras sentir que las contracciones cesaban, sacó lentamente los dedos. Sentía las extremidades y todo el cuerpo pesados, su cerebro aún no había empezado a funcionar, aún estaba hecho papilla por el intenso orgasmo, y se sentía realmente agotada. Fue una experiencia interesante, pero no logró alcanzar su objetivo de eyacular.
-Ahhhh~ Ahhhh~ *lamer* Mmmm~ *lamer* masshh-. Comenzaba a chupar sus dedos limpiando el fluido residual de ellos, dejo su novela a un lado y una vez que temrino volvio a recargar su espalda contra los cojines.
Y seguia caliente……al menos liberor la tension de sus piernas y su mente se aclaraba.
Tal vez un par mas solucionen eso.
(fin de suculencia)
El agua fría cayó sobre el cuerpo de Sienna por segunda vez ese día.
Como fauno felino, la sensación le resultaba molesta, casi irritante; el instinto le pedía huir del chorro, sacudirse, erizar el pelaje inexistente. Pero no lo hizo. Permaneció allí, con las manos apoyadas en la pared de piedra, dejando que el agua recorriera su espalda.
Si alguien pudiera verla sin el vapor, notaría que bajo las marcas naturales de tigre había algo más: cicatrices antiguas. Líneas largas y torcidas de azotes, cortes mal cerrados, heridas que no pertenecían a ninguna batalla reciente. Marcas de otro tiempo. De cuando no era líder. De cuando aprendió lo que significaba ser fauno en un mundo gobernado por humanos.
—Tsk… —chasqueó la lengua, cerrando los ojos—. Ridículo….Sigo cachonda.
Apagó el agua de golpe y tomó una toalla áspera. Se secó sin cuidado y se vistió con algo sencillo: una banda de seda roja cubriendo el pecho y pantalones holgados. Nada más. Descalza, como prefería cuando estaba sola.
Tomó su libro de la mesa baja. Una novela gastada, con las esquinas dobladas por el uso. Se sentó, cruzando una pierna sobre la otra, y comenzó a leer. Un par de páginas. Luego cerró el libro y suspiró.
—Meditar… leer… pensar —murmuró—. ¿Qué más se supone que haga?
Apoyó la cabeza contra el respaldo, la cola moviéndose lentamente detrás de ella.
—Soy la única que queda —dijo en voz baja, como si alguien pudiera oírla—. La única que no huyó.
El nombre le vino solo.
—Ghira…
Una mueca de desprecio cruzó su rostro.
—El gran moralista —escupió—. Cuando las cosas se pusieron difíciles, corrió con la cola entre las patas.
Sabía exactamente dónde estaba. Kuo Kuana. La ciudad más grande de Menagerie. Viviendo tranquilo, con una familia, hablando de paz mientras otros sangraban.
—Y su hija… Blake —murmuró, frunciendo el ceño—. Parte del Colmillo Blanco… por lo que se.
Cerró los ojos un instante.
—Espero que no seas otro desperdicio —dijo sin verdadera dureza—. Porque ya he visto demasiados.
Ghira Belladonna. Fundador del movimiento. Idealista. Cobarde.
—Cuando todo se volvió feo —continuó, hablando con la habitación vacía—, dejaste esto tirado. A tu gente. A tus ideales.
Sienna abrió los ojos, duros.
—Yo no.
Se incorporó, caminó lentamente por la sala, cada paso silencioso sobre la piedra.
—Yo levanté esta organización de las cenizas —dijo—. Sí, derramé sangre. Mucha. Pero el infierno está pavimentado con buenas intenciones… y alguien tenía que ensuciarse las manos.
Se detuvo frente a la mesa, apoyando ambas manos sobre ella.
—Haré el camino —susurró—. Aunque me odien. Aunque me llamen monstruo. Aunque tenga que cargar con todo….. Soy hipocrita….
No.
No,
Solo queria lo que de joven jamas tuvo.
Por un instante, la imagen volvió a su mente sin pedir permiso: un chico de ojos azules, ensangrentado, mirándola sin desafío.
Sienna apretó los dientes.
—No te confundas —se dijo—. No eres más que una herramienta, Schnee.
Pero esta vez, la voz no sonó tan convincente.
Sienna se recostó finalmente, dejando que el cansancio la alcanzara. Cerró los ojos, aunque su mente seguía inquieta, pensamientos girando como un enjambre imposible de silenciar. Aun así, el cuerpo venció primero.
.
.
En el calabozo, el silencio era espeso.
Tn estaba sentado en el suelo frío, las rodillas recogidas contra el pecho. Las cadenas colgaban flojas ahora; al menos le habían permitido sentarse. Respiró hondo… y comenzó a tararear.
No era un gran cantante. Eso siempre había sido Weiss. Ella brillaba incluso sin quererlo. Pero Tn tenía algo distinto: la suavidad. Un eco de su madre, de aquellas noches lejanas en que Willow cantaba bajito antes de que el alcohol la consumiera del todo.
—Hmm… hmm… —tarareó, apenas un hilo de sonido.
Una melodía simple. Lenta. Triste, pero no rota.
Tararear. Matar el tiempo. ¿Qué más podía hacer?
—¿Van a matarme…? —murmuró para sí—. ¿Van a liberarme…? ¿O solo dejarme pudrir aquí?
Podía llorar. Podía gritar. Podía maldecir su suerte por haber nacido hijo de Jacques Schnee.
—Pero… ¿para qué? —susurró.
El canto se detuvo.
Apoyó la espalda contra la pared de piedra y dejó caer la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos. Entonces llegó la epifanía, pequeña pero cruel.
Repasó su vida.
La fiesta habría terminado. Habrían vuelto a casa. Weiss, Whitley y él.
Willow seguiría borracha, encerrada en su habitación, rodeada de botellas vacías. Whitley seguiría siendo el mismo desgraciado venenoso, repitiendo las palabras de Jacques como un loro orgulloso. Weiss… Weiss le habría dirigido unas pocas palabras, nerviosa, incómoda, y luego se habría refugiado en su cuarto, como siempre.
Winter no estaría. Nunca estaba. La academia, el ejército, Atlas.
Y él…
—Solo —murmuró—. Siempre solo.
Soltó una risa baja, amarga.
—Vaya vida de mierda.
Abrió los ojos y miró sus manos.
Comprendió algo entonces: en Atlas o en Menagerie, daba igual. Estaba igual de solo. Muerto en vida. Sin propósito. Sin rumbo.
—No tengo nada… —dijo—. Nada fuera de Weiss, Winter… y mamá.
Silencio.
—¿Y ahora qué? —preguntó al vacío—. ¿Qué se supone que sea?
¿Cazador?
—No… —negó con la cabeza—. No fui a ninguna academia. No sé pelear. Apenas sé usar el aura.
El estrés le oprimía el pecho. La respiración se volvió irregular. Sus dedos temblaron.
Sin darse cuenta, algo se activó.
Un frío suave recorrió el aire. Pequeños símbolos comenzaron a formarse alrededor de él: glifos delicados, translúcidos, herencia pura de los Schnee. La escarcha se extendió lentamente por el suelo de piedra, dibujando patrones finos, casi hermosos.
—Huh… —murmuró, sin notarlo—. Hace frío…
Uno de los glifos brilló apenas un segundo más que los demás… y luego se estabilizó, flotando en silencio.
Tn siguió sentado allí, perdido en sus pensamientos, sin saber que por primera vez en mucho tiempo, algo dentro de él había despertado.
.
.
A la mañana siguiente, el chirrido metálico de la puerta lo despertó.
Tn alzó la cabeza con lentitud. Un fauno entró, llevaba una bandeja sencilla: pan duro y un recipiente con agua. La dejó en el suelo sin decir palabra y se marchó, cerrando la celda tras de sí.
Tn parpadeó un par de veces.
—…gracias —murmuró, aun sabiendo que probablemente ya no lo escuchaban.
Se sentó con cuidado y tomó el pan. No era bueno, pero era comida. Y no se lo habían arrojado a la cara. Eso, en su situación, ya contaba como decencia. Comió despacio, bebió el agua y respiró hondo.
No pasó mucho tiempo antes de que regresaran.
Dos faunos, esta vez armados, abrieron la celda y lo tomaron de los brazos.
—De pie —ordenó uno.
Tn obedeció sin resistirse. Caminaron por pasillos de piedra hasta llegar a una sala amplia, casi solemne. No había tronos ni mesas lujosas. En el centro, varios cojines de distintos tamaños cubiertos con telas; en las paredes, armas: espadas, lanzas, látigos, rifles viejos. Todas usadas. Todas reales.
Lo hicieron sentarse en uno de los cojines más pequeños. Los dos faunos se quedaron a sus lados, inmóviles, como estatuas.
Entonces, una puerta lateral se abrió.
Sienna Khan entró con paso firme.
—Ha pasado apenas un día —dijo, cruzándose de brazos—. Sinceramente, esperaba algún movimiento de Atlas.
Sus ojos se clavaron en Tn.
—Pero mis espías dicen que no hay nada. Silencio total.
Tn bajó la mirada apenas.
—No me sorprende —respondió con voz baja—.
Sienna alzó una ceja y se sentó frente a él, en un cojín más alto.
—Bien —dijo—. Entonces vayamos a lo importante.
Se inclinó hacia adelante.
—Te propongo algo, Schnee. Cooperas… y tu estancia aquí será menos desagradable.
Tn soltó una pequeña exhalación.
—No creo poder ofrecerle mucho —admitió—.
—Eso lo decidiré yo —replicó ella—. ¿Cuánto sabes sobre las empresas de tu padre?
El tono cambió. Más frío. Más afilado.
—Y te conviene no mentirme.
Tn levantó la vista y la miró directamente.
—Poco o nada —dijo con sinceridad—. Nunca me interesaron.
Sienna se levantó de golpe. En dos pasos estuvo frente a él.
La bofetada resonó en la sala.
Tn jadeó, la cabeza girándole por el impacto.
—Habla —susurró Sienna, inclinándose hacia él—. O traeré a un verdugo.
Tn tragó saliva. El ardor en la mejilla era intenso, pero no desvió la mirada.
—Es la verdad —dijo—. Mi padre nunca me habló de la empresa. Nunca me pidió nada. Todo… todo lo manejaba Whitley.
No era el favorito en nada asi que jamas lo invitaba.
Sienna lo observó con atención, buscando una grieta. No la encontró.
—¿Y el maltrato a los faunos? —preguntó—. ¿Las fábricas? ¿Las minas? ¿La “corrección”?
Tn frunció ligeramente el ceño.
—No es que no viera noticias… —respondió—. Pero vivir encerrado en la mansión, estudiando o leyendo, no deja mucho espacio para… entender el mundo real.
Diganle ignorante, pero no era mayormente su culpa.
Por primera vez, Sienna abrió los ojos con genuina sorpresa.
—¿Cómo es posible —dijo lentamente— que no sepas nada?
Se enderezó, dando un par de pasos, claramente irritada.
—¿Números de cuenta? ¿Fondos ocultos? ¿Rutas de polvo?
Tn ladeó la cabeza apenas, y por un segundo, una sonrisa cansada —casi irónica— apareció en su rostro.
—El dinero lo cargaba el mayordomo —murmuró—.
—Y las cuentas… eso siempre fue cosa de Whitley. Yo y Weiss solo ibamos de paseo cuando habia una gala o fiesta ya que se nos prohibia salir.
El silencio cayó pesado en la sala.
Sienna se quedó quieta, mirándolo como si fuera un problema que no esperaba tener.
No un heredero útil.
No un rehén informado.
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Aquí esta…….Sienna se dio cuenta de que bueno se jodio secuestrando al niño menos importante (no es como que jacques quisiera alguno). Y como esto tendrá farcry 4 moment se vienen esenciaaaaaaaaa
Ok esta lista es de waifus que ya tendran su capitulo y en el final serian las votaciones y joer son demasiadas.
emerald sustrai (muy sad)
Kiana honkai impact
kafka(habra esenciaaaaaaa)
Belle parte 5
Pyrrha nikos parte 8
Yang xiao long parte 10 (se vienen problemas)
diamante azul parte 5
lapiz lazuli parte 6
Nora valkyrie
Neopolitan
penny polendina parte 12 (9 meses)
Neron claudius parte 5
sniper wolf
Theresa parte 2
kaltsit parte 3
mon3tr parte 3
jane doe parte 6
talulah parte 3
mudrock arknights
priestess arknights
gilgamesh fem parte 4 (oye y tn?)
akiza izinski parte 2
Capella emerada lugunica rezero
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