Waifu yandere(Collection) - Capítulo 251
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Capítulo 251: Kiana honkai impact
Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio
Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.
Agrego personajes no me pertenecen.
Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores. Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.
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No pedimos esta habitación ni esta música; fuimos invitados a entrar.
Por lo tanto, porque la oscuridad nos rodea, volvamos nuestros rostros hacia la luz.
Soportemos las dificultades para estar agradecidos por la abundancia.
Se nos ha dado dolor para asombrarnos por la alegría.
Se nos ha dado vida
para negar la muerte.
No pedimos esta habitación ni esta música.
Pero porque estamos aquí, bailemos.
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ADVERTENCIA ⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️⚠️ como la waifu base sera yandere buena parte de la trama se cambiaría, osea Kiana era alguien con la meta de proteger y salvar a todos y bueno no tuvo una familia en la palabra tradicional, y como sabrán en estos casos me gusta meter un poco de horror cósmico y como dije esto es yandere así que partes se modifican para hacer otra línea de historia y no seguir con el canon porque de ser así mejor hago un copypaste 😑.
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Le dolía.
Le dolía todo el cuerpo.
El frío de la nieve se le había metido en los huesos mientras yacía tirada boca arriba, jadeando, con los pulmones ardiendo como si hubiera tragado fuego. Su cabello blanco estaba completamente despeinado, manchado de sangre y hollín, y la pistola que había usado para luchar yacía a unos metros de distancia, medio enterrada en la nieve.
Kiana intentó moverse.
Un espasmo recorrió su espalda y un quejido ahogado escapó de sus labios.
Frente a ella, la criatura biomecánica comenzó a incorporarse.
Silicio y carne fundidos en una forma antinatural.
Un arma del Honkai, creada con un solo propósito: erradicar a la humanidad.
—N-no… —murmuró Kiana, arrastrándose torpemente hacia atrás—. No te acerques…
Sus ojos azules, abiertos de par en par, buscaron desesperadamente una salida mientras la bestia alzaba su cuerpo, las extremidades clavándose en la nieve con un sonido húmedo.
Solo quería protegerlo.
Solo quería que Siegfried estuviera a salvo.
La criatura alzó su extremidad para asestar el golpe final.
Entonces—
Fshhhk.
Una flecha atravesó el aire y se hundió en el cráneo del Honkai.
Fshhk.
La segunda atravesó el torso.
Fshhk.
La tercera perforó el núcleo.
Tres impactos.
Tres flechas.
La criatura se quedó rígida durante un segundo… y luego se desplomó, desintegrándose en fragmentos cristalinos que se apagaron como cenizas.
El silencio regresó al campo nevado.
Kiana parpadeó, confundida, con el corazón golpeándole el pecho.
—¿…eh?
Unos pasos suaves crujieron sobre la nieve.
Un joven descendió la colina, sosteniendo un arco de diseño simple, casi primitivo, pero con una presencia que hacía que el aire a su alrededor se sintiera pesado. En cuanto llegó a su lado, el arma se desvaneció entre partículas de luz, como si nunca hubiera existido.
“Jumong fundador de tres reinos”
El muchacho se agachó frente a ella.
Llevaba guantes oscuros.
Su mirada era tranquila… demasiado tranquila.
—Tranquila —dijo con una voz baja, casi parecia feliz—. Ya terminó.
Extendió la mano hacia ella.
—No va a levantarse.
Kiana dudó un segundo. Sus dedos temblaban.
Pero al final, tomó su mano.
El calor que sintió la sorprendió.
—G-gracias… —susurró—. Yo… yo pensé que…
—Lo sé —respondió él, ayudándola a incorporarse con cuidado—. Pero esta bien porque yo estoy aqui. Eso es suficiente.
Ella lo miró con los ojos brillantes, como si acabara de ver algo irreal.
—¿Eres… un valquirio?
El chico negó con suavidad.
—Eh…..No, no exactamente.
Antes de que pudiera decir algo más, una voz grave y furiosa resonó detrás de ellos.
—¡¿Kaslana?!
Siegfried Kaslana apareció corriendo entre los árboles, cubierto de heridas, con el arma aún humeante. Sus ojos se abrieron de par en par al verla sentada en la nieve.
—¡¿Estás loca?! —exclamó, arrodillándose frente a ella—. ¡Te dije que no salieras sola!
Kiana bajó la mirada, apretando los labios.
—Yo… —sus dedos se aferraron al abrigo—. Solo quería protegerte…
Siegfried se quedó en silencio.
Su expresión dura se quebró apenas un instante.
Entonces notó al joven.
Sus ojos se estrecharon al reconocer el emblema discreto en su ropa.
—Schicksal… —murmuró.
El chico se puso de pie y asintió con educación.
—Solo estaba de paso —dijo—. La aldea estaba infestada de Honkai. Me encargué de uno que se acercó demasiado. Asi que descuiden simples civiles yo estoy de servicio asi que me encargare de todo.
Sonrio apenas mostrando los dientes y cerrando los ojos.
Siegfried exhaló lentamente.
—Gracias… —dijo al final, con una inclinación de cabeza—. Le salvaste la vida.
—Ella se la salvó sola —respondió el joven con una leve sonrisa, cerrando los ojos—. Yo solo llegué al final. Y vaya que se defendio muy bien.
Kiana lo miró, sorprendida.
—¿Cómo te llamas?
Él se giró hacia ella.
—Tn.
Solo eso.
Poco después, se marchó despidiendoe con un saludo, perdiéndose entre la nieve como una sombra que nunca hubiera pertenecido allí.
Cuando quedaron solos, el viento sopló con más fuerza.
Kiana apretó los puños, esperando el regaño.
—Papá… yo…
Siegfried la miró largo rato.
Luego, suspiró.
—Celebraremos tu cumpleaños —dijo de pronto—. Habrá tarta. Y regalos.
Kiana alzó la cabeza, confundida.
—¿E-en serio?
Siegfried dudó… y luego, con una voz más suave:
—Y dejaré de llamarte “niña”.
Se acercó y apoyó una mano sobre su cabeza.
—Tu nombre… será Kiana Kaslana.
Los ojos de la niña se llenaron de lágrimas.
Mientras el frío seguía envolviendo el mundo, Kiana sonrió.
Muy lejos de allí, sin que ella lo supiera, una parte dormida en su interior tembló.
Y en su mente quedó grabado un pensamiento simple, peligroso y silencioso:
Ese chico… no me miró como a una niña.
Me miró… como si fuera algo real.
.
.
Tal como Siegfried lo había prometido, Kiana recibió un nombre… y una tarta.
Dentro de la pequeña cabaña de madera, el frío quedaba afuera. El fuego crepitaba en la chimenea, llenando el aire de un calor suave y reconfortante. La nieve golpeaba las ventanas, pero allí dentro todo se sentía seguro.
Kiana estaba sentada frente a la mesa, con las piernas colgando del banco, observando la tarta como si fuera lo mejor en el mundo.
—¿Puedo… comerla? —preguntó en voz baja, levantando la vista.
Siegfried soltó una breve risa nasal.
—Para eso es —respondió, cruzándose de brazos—. Es tu cumpleaños.
Kiana sonrió con una felicidad torpe y sincera. Tomó el tenedor con cuidado exagerado y dio el primer bocado.
—¡*Nham~* Está dulce! —exclamó—. Mucho más que las raciones.
—No todo en la vida tiene que saber mal —gruñó él, apartando la mirada.
Ella lo miró de reojo.
—Papá…
Siegfried se tensó un instante… pero no la corrigió.
Durante un tiempo, vivieron así.
En una aldea nevada, aislada del mundo.
Cazando, entrenando, sobreviviendo.
Y siendo felices.
.
.
.
Mientras tanto, Tn seguía con su labor.
La cacería de Honkai nunca se detenía……..vaya mierda.
Avanzaba solo entre bosques congelados y ruinas cubiertas de escarcha, con la respiración casi congelandolo y la mente distante, como si todo aquello fuera una historia ajena.
O se estaba volviendo loco por estar solo en medio de la nada.
Cada vez que abría la Bóveda de Caín, sentía esa presión familiar en el pecho.
—…que sea largo alcance —murmuraba, casi como una plegaria.
La luz blanca se abría frente a él.
Un arma tomaba forma.
A veces un rifle antiguo.
A veces una lanza rara.
A veces algo que no debería existir o que no sbaia como rayos nombrarlos.
—Bien… —decía cuando tenía suerte—. Hoy no tendré que acercarme.
Prefería la distancia.
Siempre la distancia.
.
.
.
Pasó un año.
Un año en el que Kiana luchó codo con codo junto a Siegfried contra los Honkai.
—¡Cubre el flanco! —gritaba ella, apuntando con decisión.
—¡No te adelantes! —respondía él, cortandto con la espada llameante mientras la vigilaba de reojo.
Kiana aprendió rápido.
Demasiado rápido.
Pero algo… algo comenzó a cambiar.
.
.
Una noche, el aire se volvió pesado.
Kiana despertó jadeando, con la cabeza ardiéndole y un susurro desconocido retumbando en su mente.
—¿Por qué lo proteges?
—Él no es tuyo.
—Mátalo.
—¡No…! —gimió, llevándose las manos a la cabeza.
La energía explotó.
La nieve se levantó en espiral. Las paredes de la cabaña crujieron. El cielo se tiñó de un violeta enfermizo.
—¡Kiana! —gritó Siegfried, entrando de golpe—. ¡Mírame!
Pero sus ojos ya no eran solo azules.
Siegfried comprendió en ese instante.
—Sirin… —murmuró, con los dientes apretados.
La fuerza lo lanzó contra el suelo. Árboles se partieron. La tierra se abrió.
—¡Apártate! —rugió ella con una voz que no era del todo suya—. ¡Tú no deberías existir!
Siegfried se levantó, sangrando, y avanzó aun así.
—Escúchame —dijo—. Tú no eres eso.
La energía se concentró.
No había tiempo.
Siegfried activó el sello con un grito ahogado.
Juicio de Shamash manifestndo su poder.
El dolor fue inmediato.
Su brazo izquierdo quedó destrozado, chamuscado, inutilizado.
Kiana cayó de rodillas, inconsciente.
El silencio volvió… roto solo por la respiración agitada de Siegfried.
La miró.
Tan pequeña.
Tan parecida a ella.
—No puedo quedarme… —susurró—. Si sigo aquí… te matarás a ti misma.
Con manos temblorosas, la acomodó entre mantas.
—Perdóname… Kiana.
Y se fue.
.
.
Cuando Kiana despertó, la cabaña estaba vacía.
—¿Papá…? —llamó, con la voz quebrada.
No hubo respuesta.
Solo huellas que se perdían en la nieve.
Kiana cayó al suelo, abrazándose a sí misma.
—Me… abandonó… —susurró, con lágrimas resbalando por sus mejillas.
Muy lejos de allí, una figura observaba desde una colina.
Tn.
Había sentido la explosión de energía.
—Pero que rayos fue eso… —murmuró.
En algún lugar profundo, Kiana apretó los dientes.
Y sin saberlo aún, una idea peligrosa comenzó a germinar en su corazón:
Si alguien se queda conmigo…
No lo dejaré ir.
.
.
.
Para Tn fue demasiado repentino.
Ese pico de energía no tenía sentido.
Había pasado casi un año con el trasero congelado limpiando la zona, erradicando Honkai sin descanso. A veces recibía suministros por su labor, a veces no. El silencio era su única compañía. Y ya se estaba artando.
Pero eso… eso no era normal.
—…mierda —murmuró.
Activó la Bóveda de Caín sin pensarlo.
La luz blanca se abrió y, de ella, cayó en su mano un arma extraña: un garrote cuchilla, pesado, tosco, definitibamente iba a doler. No era elegante, pero serviría.
—Suficiente.
Corrió.
La nieve crujía bajo sus botas mientras avanzaba a toda velocidad. El aire estaba caliente… demasiado caliente. Cuando llegó al epicentro, lo entendió.
—¿Un… pueblo? —dijo en voz baja.
Solo quedaban restos.
Un par de árboles calcinados.
Nieve derretida que volvía a congelarse al tocar el suelo.
Silencio absoluto.
Tn apretó el arma y miró alrededor.
—¿Honkai…? —susurró.
Nada.
Entonces la vio.
Cabello largo y blanco, desordenado, usualmente recogido en dos coletas trenzadas. Ojos azul claro, apagados, sin foco. La misma chica de aquella vez.
—…tú —murmuró.
Bajó el arma lentamente y se acercó con cuidado.
—Oye —dijo, firme pero calmado—. ¿Hay algún Honkai cerca?
La chica no respondió.
Se levantó despacio, con la cabeza baja, como si el cuerpo le pesara toneladas.
Tn frunció el ceño.
—¿Estás herida? —preguntó—. ¿Te encuentras bien?
Kiana abrió la boca… pero no salió nada.
No sabía qué decir.
No sabía dónde estaba papá.
No sabía qué había pasado.
No sabía por qué se había ido.
El pecho le dolía.
Al ver a alguien frente a ella… alguien real… simplemente se quebró.
Dio un paso… y lo abrazó.
Con fuerza.
Como si soltara todo lo que había estado conteniendo.
Tn se quedó completamente quieto.
—…eh —murmuró—. Esto es… raro.
No la apartó.
Mientras no lo apuñalara, estaba bien.
Kiana enterró el rostro en su abrigo, aferrándose a él con manos temblorosas.
—No se fue… ¿verdad…? —susurró, con la voz rota—. Dime que no se fue…
Tn miró al frente, serio.
—No lo sé —respondió con honestidad—. No veo señales de algo de yo pueda reconocer… solo una explosión de energía.
Ella apretó más fuerte.
—Me dejó… —murmuró—. Papá me dejó…
Ah….
Daddy issues, bueno tenia zero idea de eso.
El silencio se volvió pesado.
Tn suspiró lentamente.
—Oye —dijo, bajando un poco la voz—. Respira.
Kiana negó con la cabeza.
—Tenía miedo… solo quería protegerlo… —sollozó—. Y ahora no está.
Tn dudó un segundo… y luego apoyó una mano enguantada en su cabeza, torpemente.
—Eh bueno se hace lo que se puede —dijo—. Y podriamos empezar por solucionar esto.
Kiana tembló.
—Hace frío… —susurró—. Mucho frío…
—Sí —respondió—. Este lugar está muerto.
La miró por primera vez con atención real.
—¿Cómo te llamas?
—…Kiana —respondió tras un momento—. Kiana Kaslana.
Tn asintió.
—Bien me presentare de nuevo. Soy Tn.
Ella alzó un poco la cabeza.
—¿Te vas a ir…? —preguntó con miedo.
Tn guardó el arma; esta se deshizo en luz al volver a la Bóveda.
—No ahora —dijo—. No voy a dejar a una niña sola en medio de la nieve.
Kiana cerró los ojos, aferrándose a esa frase como si fuera una promesa sagrada.
Solo quería calor.
Algo real.
Algo que no desapareciera.
Y sin saberlo, ese abrazo marcó el inicio de algo peligroso… y profundo.
Tn la miró un momento más antes de hablar.
—¿Tienes… alguna casa? ¿Algún lugar donde quedarte? —preguntó con calma.
Kiana negó lentamente con la cabeza.
—No… —murmuró—. Solo quiero sentarme un rato… respirar.
Tn asintió.
—Está bien. No hay prisa.
Se sentaron en los restos de un banco de madera, cubierto de nieve medio derretida. El viento soplaba suave, y por primera vez desde la explosión, el silencio no era opresivo.
Pasaron horas.
Contra lo esperado, el pueblo no había sufrido daños graves. Algunas casas estaban chamuscadas, sí, pero la mayoría seguía en pie. No había cadáveres. No había rastros de una evacuación forzada.
Tn observó alrededor, pensativo.
—Podríamos quedarnos aquí un tiempo —dijo finalmente—. Al menos hasta que decidas qué hacer.
Kiana alzó la mirada.
—¿De verdad…? —preguntó, insegura.
—No es un mal lugar para esconderse del Honkai —respondió—. Y tú necesitas descansar.
Ella asintió, en silencio.
.
.
Pasaron los meses.
La aldea volvió a llenarse de huellas, de humo saliendo de las chimeneas. Kiana ayudaba como podía, y Tn desaparecía durante días enteros para cazar Honkai, siempre regresando cubierto de nieve y con suerte solo algo de suciedad.
Una noche, sentados frente al fuego, Kiana habló.
—Tn… —dijo en voz baja.
—¿Hm?
—Quiero… ser más fuerte.
Él la miró de reojo.
—¿Para qué?
Kiana apretó los puños.
—Para que nadie vuelva a irse… —susurró—. Para poder luchar.
Tn no respondió de inmediato.
—¿Estás hablando de una academia? —preguntó al final.
Ella asintió con decisión.
—Quiero entrar a una academia de Valkirias.
Tn suspiró.
—Son instituciones de élite —dijo—. Entrenamiento duro, combate real, disciplina estricta y toda esa propaganda.
—No me importa.
—No es una vida normal.
—Nunca tuve una.
El silencio se alargó.
—…Está bien —dijo al final—. Te ayudaré.
Los ojos de Kiana brillaron.
—¿De verdad?
—No soy bueno diciendo que no —respondió, con una leve sonrisa cansada.
.
.
Así fue como Kiana ingresó a la Academia St. Freya.
Dos años.
Dos años desde su ingreso en 2014, tras los eventos de la Academia Senba en 2016.
Dos años que, en muchos sentidos, los pasó casi sola.
Al menos eso sentía.
Theresa, a quien Kiana llamaba “tía”, era la única figura constante. Pequeña, estricta, pero preocupada.
—No te excedas, Kiana —le advertía—. Tu control aún es inestable.
—¡Estoy bien! —respondía ella, forzando una sonrisa.
Bajo la guía de Murata Himeko, el entrenamiento era implacable.
—¡Otra vez! —gritaba Himeko—. ¡Si el Honkai no te da descanso, yo tampoco!
—¡Sí, señora! —respondía Kiana, jadeando.
Allí conoció a Raiden Mei.
—Si mantienes la postura así, gastas menos energía —le explicó Mei, con suavidad.
—Eres muy seria —bromeó Kiana—. Pero gracias.
Y a Bronya Zaychik, siempre distante. Ella era la mas rara.
Por alguna razon le recordaba a Tn.
—El rendimiento de Kiana Kaslana es… aceptable —comentó Bronya.
—¡“Aceptable” es un cumplido viniendo de ti! —rió Kiana.
A veces, Tn aparecía.
Sin avisar.
Parado en el patio, con el abrigo largo y esa expresión indiferente.
—¿Tn? —dijo Kiana una vez, sorprendida—. ¿Qué haces aquí?
—Pasaba cerca —respondió—. Quería ver si no te habian expulsado.
—¡Oye!
Mei la miró de arriba abajo.
—¿Ese es… tu tutor? —preguntó.
—Algo así… —murmuró Kiana, sonrojándose.
Bronya ladeó la cabeza.
—Relación curiosa.
—¡No es lo que piensan! —protestó Kiana.
Tn, por su parte, ya se estaba yendo.
—Entrena bien —dijo mientras levantaba un brazo—. Volvere otro dia.
Ligero problema anti social.
Kiana lo observó marcharse, con el corazón un poco más ligero.
—Siempre dice eso… —susurró.
Pero cada vez que él se iba… el miedo regresaba.
El miedo de que un día… no volviera.
.
.
Tn caminaba ya casi saliendo de la academia cuando una voz lo detuvo en seco.
—No sabía que tenías permiso para meterte dentro de la academia.
El cuerpo de Tn se puso rígido al instante.
…mierda.
Giró lentamente, forzando una sonrisa que no le llegaba a los ojos.
—Buenas tardes —saludó—. Profesora.
Frente a él estaba Murata Himeko.
Es una mujer alta, de piel clara y cabello rojo largo, a menudo recogido en un moño o cola de caballo con adornos de rosas doradas, y ojos dorados o anaranjados.Suele incluir elegantes atuendos como vestidos tipo toga blancos o abrigos negros con detalles dorados, y accesorios como gargantillas y guantes. , ojos ámbar que lo analizaban como si fuera un Honkai particularmente sospechoso. Su abrigo negro con forro dorado ondeaba ligeramente, y su presencia llenaba el pasillo.
Himeko se cruzó de brazos.
—Así que eras tú —dijo—. El tipo raro que aparece y desaparece en la academia.
—Prefiero “visitante ocasional” —respondió Tn.
Ella dio un paso más cerca. Demasiado cerca.
—¿Sabes que no cualquiera puede entrar aquí? —añadió—. Aunque… —lo recorrió de arriba abajo— no pareces un espía común.
Tn tragó saliva.
—Solo estaba de paso.
—Ajá… —murmuró ella—. ¿Y siempre que “pasas”, evitas a seguridad?
—Tengo talento.
Himeko alzó una ceja.
—Eso o tienes permiso especial.
Tn negó.
—No.
—Entonces eres un problema.
Silencio.
Luego, ella sonrió de lado.
—Un problema interesante.
Tn suspiró por dentro.
Otra vez no…
—Dime —continuó Himeko, apoyándose ligeramente en la pared—, ¿qué hacías dentro de mi academia?
—Visitaba a Kiana.
El ambiente cambió.
Los ojos de Himeko se afilaron.
—…¿Perdón?
—A Kiana Kaslana —repitió Tn, algo despistado—. La he estado visitando desde antes de que entrara aquí.
Himeko se enderezó de golpe.
—¿La visitas? —preguntó, con tono peligrosamente calmado—. ¿Y se puede saber por qué un hombre adulto entra a una academia femenina para “visitar” a una estudiante?
—No empieces. Tampoco soy tan mayor solo creci demas —respondió Tn, cansado—. No seas perversa.
—¿Perdón?
—La ayudé hace tiempo —continuó—. Es una mocosa que estuvo sola en medio de la nieve. Nada más.
Himeko lo miró fijamente.
—…¿No prefieres a las jóvenes, verdad?
—¿Qué? ¡No! —Tn la miró horrorizado—. ¿Qué demonios te pasa?
Ella parpadeó.
—Solo pregunto.
—Pues deja de preguntar tonterías —gruñó—. No es la primera vez que vengo. Normalmente la veo fuera de la academia. Una o dos veces al mes.
Himeko frunció el ceño.
—¿Y cómo es que en casi dos años nunca te noté?
Tn ladeó la cabeza.
—Ah. Eso.
Metió la mano en el abrigo y sacó lo que parecía una daga sencilla, oscura, sin adornos.
Himeko tensó los músculos al instante.
—Oye, guarda eso—
—Tranquila —dijo Tn—. No corta… casi.
La daga emitió un leve brillo.
—Es un pequeño truco —explicó—. Oculta mi presencia mientras no ataque. Sensores, humanos, incluso bestias Honkai… me ignoran.
Himeko lo miró, sorprendida.
—Eso es… —murmuró— realmente útil.
—Lo es —asintió Tn, guardando el arma—. Especialmente cuando no quieres llamar la atención.
Ella suspiró.
—Con razón seguridad nunca reportó nada.
—No soy tu enemigo —añadió él—. Solo vigilo desde lejos.
Himeko lo observó unos segundos más… y luego sonrió, cansada.
—Sabes —dijo—, sigues debiéndome una respuesta.
—¿Cuál?
—La cita.
Tn se quedó en silencio.
—No —respondió finalmente.
—¿Por qué? —insistió ella, cruzándose de brazos—. No soy fea.
—No dije eso.
—Entonces…
Tn la miró, serio.
—Porque no necesito ese tipo de lazos.
Himeko lo estudió, por primera vez sin burla.
—…ya veo.
Se apartó un poco, dándole paso.
—No vuelvas a entrar sin avisar —dijo—. Pero mientras no molestes a mis alumnas… haré la vista gorda.
Tn inclinó ligeramente la cabeza.
—Agradecido.
Antes de irse, Himeko añadió:
—Y Tn…
—¿Sí?
—Si alguna vez le haces daño a Kiana…
Tn la miró a los ojos.
—No estaría vivo para hacerlo —respondió con calma.
Himeko sonrió, satisfecha.
—Entonces estamos de acuerdo.
Tn se alejó por el pasillo, activando de nuevo su truco.
Desde lejos, Kiana sintió un leve escalofrío… y sin saber por qué, sonrió.
.
.
Tn soltó el aire que había estado conteniendo en los pulmones.
—…diablos.
¿Por qué siempre le pasaban esas cosas?
Además, no era tan adulto como todos parecían creer. Solo se veía un poco mayor… culpa del estrés, de una genética basura o de ambas. No ayudaba que siempre cargara ojeras y esa expresión cansada que no se le iba nunca.
Con el paso del tiempo, había seguido visitando a Kiana.
Y ella… se veía feliz.
No se alejaba mucho de la academia, y su trabajo seguía siendo, en su mayoría, por su cuenta. Podía pedir provisiones, algo de apoyo ocasional, pero casi siempre estaba solo. Como siempre había sido.
Mientras caminaba, un recuerdo volvió a su mente.
El primero.
.
Pasado
Tn y Kiana estaban frente a la Academia St. Freya.
La isla recuperada se alzaba ante ellos, rodeada por el mar del Lejano Oriente. La estructura era enorme, sólida, casi intimidante. Torres blancas, muelles, hangares. La sucursal principal de Schicksal en la región.
Kiana tragó saliva.
—Es… enorme —murmuró.
—Eso me han dich- *toser* D-digo. Lo es —respondió Tn, con las manos en los bolsillos—. Si vas a entrenar en algún lugar, este no es malo.
Ella se balanceó un poco sobre los pies.
—¿Y si no soy suficiente?
Tn la miró de reojo.
—Sobreviviste al Honkai en medio de la nieve —dijo—. Eso ya dice algo ademas aceptan a cualquiera aqui.
Kiana apretó los puños.
—Pero… tú estarás cerca, ¿verdad?
—Vendré a visitarte, no me dajarian quedarme ahi —respondió—. No desapareceré.
Eso pareció tranquilizarla… un poco.
Entraron.
La primera sorpresa los esperaba en la oficina de dirección.
Detrás del escritorio estaba una chica de apariencia infantil: cabello blanco recogido en una coleta baja, ojos azules brillantes, estatura pequeña.
Kiana parpadeó.
—¿…una niña?
—¿Hm? —la “niña” los miró—. ¿Puedo ayudarlos?
Tn ladeó la cabeza.
—Tú debes ser Theresa.
Ella sonrió ampliamente.
—¡Directora Theresa Apocalypse! —corrigió—. Encantada.
Kiana abrió los ojos como platos.
—¿Eres… la directora?
—Así es —respondió Theresa, con una sonrisa orgullosa—. ¿Vienes a inscribirte?
Kiana asintió con nervios.
—S-sí…
Theresa la observó unos segundos, como si pudiera ver más allá de ella.
—Interesante… —murmuró—. Muy interesante.
Luego miró a Tn.
—¿Y tú eres…?
—Su tutor —respondió él sin rodeos—. Al menos hasta ahora.
Theresa inclinó la cabeza.
—Entonces, señor tutor —dijo—, ¿sabe que una vez que ingrese aquí, el camino será peligroso?
—Lo sé —respondió—. Por eso está aquí.
Theresa sonrió con suavidad.
—Bienvenida a St. Freya, Kiana Kaslana.
Los ojos de Kiana brillaron.
—¿De verdad…?
—De verdad.
.
.
.
Más tarde, afuera, frente al muelle, Kiana se quedó en silencio.
—Tn… —dijo finalmente.
—¿Sí?
—No quiero que te vayas.
Tn se detuvo.
—Kiana —dijo—. Este lugar es para ti. Yo no puedo quedarme, crei que ya lo aviamos discutido.
Ella bajó la mirada.
—Tengo miedo de quedarme sola otra vez…
Tn suspiró, y apoyó una mano en su cabeza, como solía hacer.
—No estás sola —dijo—. Vendré. Aunque sea una o dos veces a la semana.
Kiana lo miró.
—¿Promesa?
—Promesa.
Ella sonrió… pero aun así lo abrazó fuerte.
—No tardes.
Tn se quedó quieto un segundo… y luego respondió al abrazo, torpemente.
—No lo haré.
.
.
.
Presente
Tn abrió los ojos.
—…sí —murmuró—. Creciste bien.
Desde algún lugar de la academia, Kiana reía con Mei y Bronya.
Y aunque Tn no se quedara…
seguía vigilando desde las sombras.
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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com