Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Waifu yandere(Collection) - Capítulo 254

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Waifu yandere(Collection)
  4. Capítulo 254 - Capítulo 254: Pyrrha nikos part 8 Rwby
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 254: Pyrrha nikos part 8 Rwby

Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio

Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores. Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.

—

El Sector Hogar,

un lugar próspero y único,

no por sus muros

ni por su poder,

sino porque ahí

el peligro no tenía nombre.

Era un hogar verdadero,

uno donde siempre estarías a salvo.

Vash.

Varsha.

Five.

Howard.

Kukulkan.

Quetzalcoatl.

Todos podían cruzar ese umbral

sin temor,

sin máscaras,

sin espadas desenvainadas.

Una familia próspera,

no unida por la sangre,

sino por la decisión

de quedarse.

Un regalo de paz,

una paz real,

de esas que no se imponen,

de esas que se viven

en silencio.

TN Saverem,

no es tu culpa ser como eres.

Nunca lo fue.

Así que deja de cargar culpas

que no te pertenecen,

deja de vigilar amenazas

que aquí no existen.

Solo disfruta esta vida, chico.

Respira.

Camina sin mirar atrás.

Y vive…

vive en paz.

__________________________________________________________________________________________________________

Pyrrha despertó un poco más relajada.

Solo un poco.

El colchón aún estaba tibio bajo su espalda cuando la realidad regresó de golpe y frunció el ceño, como si Beacon mismo le pesara sobre el pecho. Se incorporó despacio, el cabello rojizo algo despeinado cayéndole por los hombros. Ruby y Nora seguían dormidas en posiciones imposibles; una con la boca entreabierta, la otra abrazando la almohada como si fuera un arma.

Ren, en cambio, estaba sentado en su cama, inmóvil, con los ojos cerrados y las manos apoyadas sobre las rodillas. Meditando, como siempre.

Pyrrha no dijo nada.

Se levantó en silencio y se dirigió al baño.

.

.

El agua caliente cayó sobre sus hombros y recorrió su espalda como un alivio largamente esperado. Cerró los ojos, apoyando la frente contra la pared de la ducha, dejando que el vapor relajara sus músculos tensos por horas de entrenamiento… y por algo más que no quería admitir.

—Ah~… —murmuró apenas, soltando el aire. Tenia ganas de darse placer, pero no sería un buen hábito por la mañana.

Tendrían que entrenar más. Mucho más.

Y con suerte… podría verlo hoy tambien.

El sonido constante del agua llenó el espacio hasta que sus ojos verdes descendieron sin darse cuenta hacia el piso mojado. Sus pies desnudos, las uñas pintadas de un rojo apagado, casi gastado. El agua yendose por el drenaje.

Tn.

El nombre apareció sin permiso.

Luego otro pensamiento.

Y otro.

Tn, Tn, Tn…

Su pecho se apretó.

¿Por qué él no la miraba como ella quería?

No era falta de amor propio, lo sabía. Pyrrha Nikos no dudaba de su fuerza, de su disciplina ni de su valor. Pero Tn… Tn había sido distinto desde el inicio. El único que podía seguirle el paso sin quedarse atrás. El único que no la miraba como un trofeo, sino como a un igual.

—No es que sea tonto… —susurró, con la voz temblorosa—. No lo es…

Él no ignoraba sentimientos.

El problema era ella.

Pyrrha había estado ahí. Siempre.

Lo saludaba.

Conversaba con él.

Entrenaban juntos.

Diablos ella no paraba de darle like a sus fotos en la web.

Pero nunca… nunca había dicho lo que sentía de verdad.

Sus dedos se cerraron lentamente.

—Soy una cobarde…

¿La gran campeona de Mistral?

¿La invencible?

¿La que enfrentaba grimms in temblar?

¿Y no podía acercarse al chico que amaba y decirle la verdad?

El pensamiento la golpeó más fuerte que cualquier combate.

Tal vez si se lo digo…

Tal vez me acepte…

Pero el miedo se alzó de inmediato.

¿Y si no?

¿Y si la rechazaba?

El agua siguió corriendo mientras Pyrrha apretaba los labios, su respiración acelerándose.

—No… —negó en voz baja—. No puedo seguir así.

Apagó la ducha.

El vapor se disipó poco a poco, como si el aire mismo le diera espacio para decidir.

—No seas una cobarde… —se dijo—. No seas una cobarde.

Su aura comenzó a manifestarse de forma inconsciente, un resplandor suave rodeando su cuerpo mientras se vestía. No era para luchar. Era determinación.

Se colocó su armadura con movimientos firmes, se peinó con cuidado frente al espejo y levantó la mirada hacia su propio reflejo.

—Voy a decírtelo, Tn —murmuró con voz decidida—. Pase lo que pase.

Salió del baño. Ruby seguía dormida, completamente ajena a todo.

—Vaya capitana… —pensó, cais con rencor.

Tomó sus libros y se detuvo un momento frente a Ren.

Él abrió los ojos con calma, como si ya supiera que ella estaba ahí.

—Me adelantaré a clases —dijo Pyrrha, intentando sonar normal.

Ren la observó en silencio unos segundos.

—Tu aura está… inquieta —comentó con suavidad—. Pero más estable que ayer.

Pyrrha esbozó una pequeña sonrisa.

—Gracias, Ren. Volveré luego.

Él asintió.

—Ten cuidado.

Pyrrha salió del dormitorio con el corazón latiéndole con fuerza.

Cada paso por los pasillos de Beacon resonaba como un conteo regresivo.

Hoy no huiría.

Hoy… iba a decirle la verdad.

.

.

.

Mientras tanto, con Tn.

El sonido rítmico de los golpes contra el suelo llenaba la habitación del equipo.

Flexiones. Una tras otra. Controladas. Precisas.

Tn respiraba con calma, la parte superior de su vestimenta abandonada en una silla cercana. El sudor descendía por su pecho y espalda, marcando cada músculo que se tensaba y relajaba con disciplina. La rueda no estaba presente; esto era puro esfuerzo físico.

—Cuarenta y ocho… cuarenta y nueve… cincuenta.

Se incorporó de un salto, sacudiendo un poco los brazos.

Weiss, sentada en su cama con varios libros abiertos, alzó la vista apenas un segundo antes de volver a concentrarse en sus apuntes. Blake permanecía recostada, leyendo en silencio, pasando páginas con calma casi felina.

La única que no intentaba disimular nada era Yang.

La rubia apoyó el codo en la rodilla, ladeó la cabeza y silbó de forma exagerada.

—Ufff… a mami le gusta lo que ve.

Tn soltó una risa corta, negando con la cabeza.

—Eres imposible, Yang.

—¿Imposible? —respondió ella con una sonrisa ladina—. No, líder. Solo honesta.

—Ajá… —murmuró Weiss sin levantar la mirada—. Algún día te meterás en problemas por esa boca.

—Ese día aún no llega —replicó Yang, guiñándole un ojo a Tn—. Además, él ya se acostumbró.

Y no estaba equivocada.

Tn ya se había habituado tanto a las bromas de doble sentido de Yang como a las miradas curiosas de estudiantes en los pasillos. Terminó de estirar, tomó la toalla y se dirigió al baño.

—Cinco minutos —avisó—. Luego nos vamos.

—No tardes —dijo Blake sin apartar los ojos de su libro.

—

Cuando Tn salió de la ducha, ya vestido y con el cabello aún húmedo, encontró a su equipo prácticamente listo. Weiss cerraba uno de sus libros con gesto concentrado, Blake guardaba el suyo en la mochila y Yang ya estaba de pie, ajustándose los guantes.

Weiss se levantó con cuidado. El gesto apenas perceptible en su pierna no pasó desapercibido para Tn.

—¿Aún duele? —preguntó, acercándose.

—Solo un poco —admitió ella, frunciendo levemente el ceño—. Punzante… pero soportable.

Tn asintió. Golpeó su puño contra la palma con una sonrisa confiada.

—Te entrenaré mejor resistencia. Nada extremo al inicio, pero lo suficiente para que tu cuerpo se adapte. Y al final combates simulados conmigo usando mi semblanza.

Weiss tragó saliva.

—¿E-entrenamiento físico…?

—Ajá. No te haré cargar toneladas —añadió con calma—. Músculos delgados, definidos. Eso te irá perfecto para tu estilo de combate y tus glifos.

Ella se quedó en silencio unos segundos… y luego asintió, algo sonrojada.

—S-supongo que… confío en tu criterio.

Yang sonrió de lado, cruzándose de brazos.

—Mira eso. Nuestro líder ya está moldeando guerreras.

—Yang… —advirtió Weiss.

—¿Qué? Yo ya estoy en forma —respondió la rubia, señalándose a sí misma—. Años de puños, explosiones y mala vida formaron a estas bebes~.-Dio enfasis en sus pechos firmes.

Blake levantó la mirada del todo esta vez.

—Yo no voy a levantar pesas. Ni lo piensen.

Tn parpadeó.

—Nunca dije que lo harías.

—Bien —dijo ella, relajándose—. Entreno a mi manera.

—Mientras entrenes, me sirve —respondió él sin problema.

Yang se estiró perezosamente.

—Entonces, ¿listos para la primera clase?

Weiss tomó su mochila.

—Más vale llegar a tiempo.

Blake se puso la capucha.

—Vamos.

Tn abrió la puerta y salió primero.

—Bien, equipo. Empezamos en serio hoy.

Los cuatro avanzaron por los pasillos de Beacon rumbo a su primera clase, cada uno con pensamientos distintos…

.

.

Pyrrha iba de camino a su primera clase cuando los vio.

Tn caminaba unos metros más adelante, acompañado por su equipo. Su postura relajada, la forma en que hablaba con Weiss y Blake… y entonces lo vio a ella.

Yang.

El gesto de Pyrrha se tensó apenas un segundo. La sonrisa que había nacido al verlo se apagó, reemplazada por una seriedad dura. El recuerdo del pasillo volvió como un latigazo: el forcejeo, el cabello arrancado, la mordida, el ardor en los pechos de la rubia… y el suyo propio.

Yang también la vio.

Y tampoco parecía encantada.

Las miradas se cruzaron. No fue un intercambio largo, pero sí cargado. No era odio puro, sino algo más incómodo: rivalidad. Pyrrha quería a Tn. Yang, en cambio, lo veía como algo distinto… un interés pasajero, divertido, provocador. Pero después de lo ocurrido, ya no era solo una broma.

Tn fue quien rompió la tensión.

—¡Pyrrha! —saludó con una sonrisa genuina, alzando la mano.

Ella reaccionó de inmediato, como si alguien hubiese accionado un interruptor. Su rostro cambió, la dureza desapareció y sonrió con calidez mientras se acercaba.

—Buenos días, Tn.

Justo entonces, Yang dio un paso adelante y se colocó a su lado. Con total naturalidad —y demasiada confianza— rodeó el cuello de Tn con un brazo.

—Vaya sorpresa verte tan temprano —dijo Yang con una sonrisa ladeada—. ¿No eres tú la famosa campeona que siempre llega perfecta a todo?

Pyrrha se quedó quieta.

Sus ojos verdes se estrecharon apenas, casi imperceptible. La mano de Yang alrededor del cuello de Tn era demasiado cercana. Demasiado posesiva. Por un instante, el impulso fue brutal: su lanza, un movimiento rápido, separar a esa rubia tetona insolente de él.

Pero no lo hizo.

Inspiró. Contuvo la ira. Se la tragó entera.

—Tn —dijo, manteniendo la voz firme—. ¿Puedo hablar contigo un momento?

Tn parpadeó, algo sorprendido, pero asintió sin dudar.

—Claro.

Con suavidad, se apartó del brazo de Yang.

—¿Está bien si hablamos a solas?

Yang frunció apenas el ceño.

—¿A solas?

Sus ojos se movieron de Tn a Pyrrha, evaluándola. No le gustaba. No después de lo que había pasado.

—No tardaremos —añadió Pyrrha, mirándola directamente—. Es algo importante.

Yang chasqueó la lengua, cruzándose de brazos.

—Hm… no sé. Justo íbamos a entrar a clase.

Weiss intervino, incómoda.

—Yang…

Blake observaba en silencio, demasiado atenta.

Tn alzó una mano.

—Será rápido. Los alcanzo en un momento.

Yang lo miró unos segundos más, claramente dudando. Finalmente, dio un paso atrás.

—Bien. Pero no te tardes, líder.

El énfasis no pasó desapercibido.

Pyrrha ya caminaba unos pasos más allá, alejándose del grupo. Tn la siguió. Cuando estuvieron lo suficientemente lejos, el ruido del pasillo pareció apagarse.

—¿Pasa algo? —preguntó él con genuina preocupación.

Pyrrha bajó la mirada un instante. Sus manos se cerraron y abrieron lentamente. El valor que había reunido en la ducha ahora temblaba… pero seguía ahí.

—Sí —dijo al fin, alzando los ojos para mirarlo—. Pasa algo, Tn.

Detrás de ellos, Yang los observaba sin disimular del todo, con una expresión que mezclaba curiosidad, desconfianza… y un leve presentimiento de que aquello no sería tan simple.

.

.

Pyrrha se preparó mentalmente.

Inspiró hondo, levantó la mirada y sostuvo los ojos de Tn sin apartarse. Esta vez no iba a huir.

—Nos conocemos desde hace un buen tiempo, ¿verdad? —dijo despacio, como si cada palabra necesitara afirmarse en el aire.

Tn parpadeó, un poco sorprendido por el tono tan serio.

—Sí… —respondió—. Casi un año, supongo.

Pyrrha sonrió apenas, una sonrisa suave, nostálgica.

—¿Recuerdas la primera vez que nos vimos?

—En el torneo —dijo él sin dudar—. Cuando… te gané.

Ella soltó una pequeña risa, genuina.

—Sí. Ese día.

Bajó la mirada un segundo, como si reviviera la escena.

—Fue uno de los días más felices de mi vida.

Tn arqueó las cejas, incrédulo.

—¿Feliz? Pensé que… bueno, que habría sido humillante.

—No —negó ella con firmeza, volviendo a mirarlo—. Fue liberador. Por primera vez alguien no me vio como la campeona, como un trofeo que vencer o admirar desde lejos. Me viste como una igual.

Tn se rascó la nuca, riendo bajo.

—Fue un buen combate. De los mejores que he tenido.

Pyrrha asintió lentamente. Luego dudó. Su mano subió, apartó un mechón de cabello de su frente con un gesto nervioso. Sus labios se abrieron… se cerraron… volvió a intentarlo.

—Tn… yo… —tartamudeó.

Él inclinó un poco la cabeza, atento, sin interrumpirla.

—Pyrrha, ¿estás bien?

Ese fue el empujón final.

Pyrrha dio un paso al frente y, antes de que él pudiera reaccionar, lo besó.

No fue largo. No fue torpe. Fue decidido.

Tn abrió los ojos con sorpresa, el cuerpo completamente rígido. Cuando Pyrrha se separó, su respiración estaba agitada, sus mejillas encendidas.

—Yo… —dijo ella, sin darle tiempo a escapar—. Quiero que seas mi pareja.

El mundo pareció detenerse.

Tn no encontró palabras. Su boca se abrió apenas, pero no salió sonido alguno.

Pyrrha, temblando, tomó su mano y la llevó a su propio pecho, apoyándola con firmeza sobre su corazón.

—¿Lo sientes? —susurró—. Late así por ti.

Tragó saliva, los ojos brillándole.

—Desde que me derrotaste… desde que no me miraste como un premio… supe que eras distinto. Cuando ese Grimm te golpeó y caíste herido… yo no pensé. Solo salté. Porque no podía perderte.

Su voz se quebró un poco.

—Me siento… realmente apreciada cuando estoy contigo, Tn. Más que con nadie.

Él seguía en silencio. Su mente iba demasiado rápido.

Nunca había tenido una relación. Nunca alguien se le había confesado así. Todo había sido repentino, intenso… abrumador.

—Pyrrha… —murmuró al fin, apretando ligeramente su mano.

Ella contuvo el aliento, mirándolo con una mezcla peligrosa de esperanza y miedo.

Tn tragó saliva, buscando las palabras correctas, sabiendo que lo que dijera a continuación cambiaría algo entre ellos para siempre.

Era delirante.

En la realidad, quizá solo habían pasado unos pocos minutos de conversación.

Pero en la cabeza de Tn… el tiempo se estiró y se contrajo de formas imposibles.

En un instante estaba allí, de pie frente a Pyrrha; al siguiente, su mente recorría recuerdos como si alguien hubiese abierto un libro y pasado las páginas a toda velocidad.

La vio entrenando con él, corrigiéndose mutuamente.

La recordó sentada en su sala, visitándolo sin avisar, hablando de combates y torneos.

La recordó sonriéndole al llegar a Beacon, siguiéndolo con la mirada sin que él se diera cuenta.

Cada momento en el que Pyrrha había estado a su lado, cada conversación, cada silencio compartido.

—…Siempre estuvo ahí —pensó, con una sensación extraña apretándole el pecho.

No podía negarlo.

Pyrrha era hermosa.

No solo bonita: fuerte, decidida, intensa.

A su gusto… probablemente la chica más hermosa que había conocido.

Pero entonces vinieron las preguntas.

—¿Y mi carrera?

—¿Puedo ser cazador… y tener una pareja?

—¿Podré mantener mi rendimiento, mis entrenamientos, mis metas?

Tn siempre había tenido claro lo que quería:

ser cazador, ayudar, pelear contra los Grimm, sobrevivir… y algún día retirarse con la conciencia tranquila.

Y ahora, en esa ecuación, aparecía Pyrrha.

Sin darse cuenta, en su mente ya había vivido toda una vida con ella: entrenando juntos, peleando espalda con espalda, compartiendo noches tranquilas después de misiones peligrosas.

Era absurdo.

Era imposible.

Y aun así… había sucedido en cuestión de segundos.

—¿Cómo demonios…? —pensó, aturdido.

Antes de que pudiera ordenar sus ideas, una voz rompió ese trance como un golpe seco.

—Oye, líder —dijo Yang desde un costado—. El profesor ya nos está esperando para la clase.

Pyrrha giró la cabeza de inmediato.

Su mirada hacia Yang fue tan afilada que, por un instante, pareció que podría atravesarla con solo verla.

Yang sostuvo la mirada sin sonreír.

No provocó.

No bromeó.

Eso lo hizo peor.

Tn parpadeó, saliendo de golpe de sus pensamientos. Se dio cuenta de lo cerca que estaba de Pyrrha y se apartó un poco, carraspeando.

—Y-yo… —tosió, llevándose una mano al cuello—. Pyrrha… necesito pensarlo.

Ella se quedó inmóvil.

—No lo tomes a mal —continuó él, apresurado—. Lo que me dijiste es… importante. Demasiado importante como para responder sin pensar.

El silencio pesó.

Pyrrha sintió algo cerrarse alrededor de su corazón, como un puño invisible. Aun así, sonrió. Cerró los ojos un instante y asintió.

—Lo entiendo —dijo con suavidad—. Fue repentino. Esperaré tu respuesta… el tiempo que haga falta.

Tn la miró un segundo más, indeciso, y luego dio media vuelta para reunirse con su equipo.

Mientras se alejaba, Pyrrha volvió lentamente la vista hacia Yang.

Y entonces lo supo.

Lo del profesor había sido una excusa.

Yang no sonreía, pero en su postura había algo claro:

planeaba hablar con Tn.

Tal vez sobre la pelea.

Tal vez sobre ella.

Pyrrha apretó los dientes.

—No… —pensó—. No quiero que se entere. No así.

No podía permitir que Yang contaminara la imagen que Tn tenía de ella.

Respiró hondo, recomponiendo su expresión, y caminó hacia el salón.

Al final, todos tomaron sus lugares, esperando al profesor como si nada hubiera pasado.

Pero bajo esa calma aparente, Pyrrha sentía su aura vibrar suavemente.

La confesión ya había sido hecha.

Ahora… solo quedaba esperar.

Y ella no era buena esperando.

.

.

Al sentarse, Tn permaneció en silencio, con la mirada fija en la superficie del pupitre. No estaba realmente allí.

Las palabras de Pyrrha seguían resonando en su cabeza como un eco persistente, mezclándose con imágenes que no sabía si eran recuerdos, suposiciones… o simples posibilidades.

—¿Te pasa algo? —preguntó Weiss, inclinándose ligeramente hacia él, con el ceño fruncido.

Tn parpadeó, como si despertara de un sueño corto.

—Solo… estoy pensando en algo —respondió, sin entrar en detalles.

Weiss no insistió, pero lo observó unos segundos más antes de volver la vista al frente.

Yang, en cambio, se dejó caer con toda naturalidad a su lado. Subió las piernas sobre la mesa, cruzándolas despreocupadamente, y comenzó a balancearse hacia atrás y adelante.

—Hm~ estás muy callado hoy, líder —dijo con una sonrisa ladeada—. Eso no es normal en ti.

Tn soltó un leve resoplido.

—¿Eso es bueno o malo?

—Depende —respondió Yang—. A veces significa que estás concentrado… otras, que alguien te metió ideas raras en la cabeza.

Sus ojos lilas se deslizaron, de forma nada sutil, hacia Pyrrha.

Pyrrha estaba sentada un poco más atrás. Recta. Demasiado recta.

Sus manos reposaban juntas sobre el pupitre, pero sus dedos se apretaban entre sí con fuerza.

No dejaba de mirar a Yang.

No como una compañera.

Como una amenaza.

El sonido de la puerta abriéndose anunció la llegada del profesor, cortando cualquier otra interacción. La clase comenzó, centrada en teoría del Dust, fórmulas, aplicaciones prácticas.

Los minutos pasaron lentos.

Demasiado lentos.

Un golpe rápido en la puerta interrumpió la explicación.

—¡Profesor! —se escuchó la voz de Ruby, agitada—. ¡Lo sentimos, llegamos tarde!

—¡Fue culpa mía! —añadió Nora, sonriendo como si no fuera nada grave.

El profesor suspiró, abrió la puerta y les lanzó una mirada severa.

—Entren. Pero no se acostumbren.

Ruby y Nora entraron apresuradamente, tomando asiento.

La clase continuó… y finalmente terminó.

.

Después de la clase

En cuanto el profesor se retiró, Pyrrha se levantó de inmediato.

Su mirada buscó a Tn al instante.

—Tn, yo—

Pero Yang se movió antes.

Se colocó justo frente a Pyrrha, sonriendo con una naturalidad casi insultante.

—Hey, Pyrrha —dijo—. Estábamos pensando en dar una vuelta, ¿te parece si vienes con nosotras más tarde? —giró un poco la cabeza hacia Tn—. ¿Verdad que sí?

Tn abrió la boca para responder… pero Yang ya estaba caminando, obligando a Pyrrha a seguirla unos pasos más allá, lejos del resto.

Cuando estuvieron solas, la sonrisa de Yang desapareció.

—Escucha —dijo, cruzándose de brazos—. Sé lo que quieres. Sé exactamente lo que planeas.

Pyrrha frunció el ceño.

—No tienes derecho a—

—¿Derecho? —Yang soltó una risa seca—. ¿Después del drama que hiciste? ¿Pidiéndole que sea tu novio así, de golpe?

La miró de arriba abajo.

—Parecías desesperada. Una migajera buscando atención.

El rostro de Pyrrha se tensó.

—Cállate —dijo, con voz baja pero firme—. ¿Qué sabes tú de sentimientos, rubia tonta? Tú te acostarías con cualquiera si te aburres lo suficiente.

¡SLAP!

El sonido de la bofetada resonó en el pasillo.

Pyrrha giró la cabeza por la fuerza del golpe.

Por un instante, no dijo nada.

Yang respiraba agitada.

—No vuelvas a hablarme así, Nikos —escupió—.

Se inclinó un poco hacia ella.

—Dime algo… ¿qué vas a hacer si Tn elige a alguien más? ¿Lo has pensado siquiera?

Pyrrha levantó lentamente la mirada.

Sus ojos no mostraban lágrimas.

Mostraban certeza.

—Él no elegirá a nadie más —respondió—. Nadie es digno.

Yang frunció el ceño.

—¿Y tú quién eres para decidir eso? ¿La “invencible perfecta”? —bufó—. Esto no es más que un berrinche tuyo.

Se giró para irse, deteniéndose solo un segundo.

—Y tranquila. No le diré nada a Tn de esto. Te lo dejo a ti.

Yang se alejó.

Pyrrha permaneció inmóvil, mirando el suelo.

Su mejilla ardía.

Su pecho dolía.

Yang se equivocaba.

No era obsesión.

No era desesperación.

Era convicción.

Y si el mundo se interponía…

entonces el mundo era el problema.

.

Ahora.

Ser estudiante y convertirse en cazador no era algo inmediato.

Pyrrha lo sabía mejor que nadie.

El proceso normal tomaba al menos tres años: entrenamientos, evaluaciones, misiones supervisadas. Los equipos podían separarse, volverse independientes, pero solo después de demostrar resultados reales.

Sin embargo, también existían excepciones.

Logros sobresalientes.

Misiones completadas con éxito.

Festivales de lucha.

Pyrrha caminaba por los pasillos de Beacon con la mente en constante movimiento.

Si me gradúo antes…

Tendré plenos privilegios.

Podré elegir misiones.

Podré ir con él.

No sería solo una compañera de equipo.

Sería su igual.

Pero antes de todo eso… necesitaba una respuesta clara.

Aceleró el paso.

Buscó a Tn durante un buen rato: aulas vacías, pasillos, la biblioteca.

Nada.

Hasta que escuchó el sonido metálico inconfundible del gimnasio.

.

.

El gimnasio

.

.

El aire estaba cargado de esfuerzo y olor a metal.

Pyrrha se detuvo un segundo en la entrada.

Allí estaba Tn.

De pie, concentrado, con los brazos cruzados, observando atentamente.

A su lado, Weiss, vestida con ropa deportiva, estaba recostada en un banco de pesas. Su abdomen estaba expuesto, perlado de sudor, y sus manos temblaban mientras sostenía la barra.

—Respira, Weiss —decía Tn con calma—. No fuerces los hombros. Controla el movimiento.

—¡L-lo estoy intentando ahghg! —respondió ella entre jadeos—. ¡Esta cosa pesa como un Grimm!

La barra descendió lentamente… demasiado.

Los brazos de Weiss comenzaron a temblar con más fuerza.

—Tn… —murmuró— creo que… ya no—

—Tranquila, estoy aquí —dijo él, acercando un poco más las manos, listo para ayudar.

Pyrrha dio un paso al frente.

—Tn.

Él se giró de inmediato.

Al verla, se tensó.

—Pyrrha… —dijo, claramente nervioso—. Yo… eh…

Ella se acercó despacio.

—No te preocupes —dijo con suavidad—. Dijiste que pensarías en tu respuesta. Solo quería saber si… te hice sentir incómodo.

Tn negó rápido con la cabeza.

—No, no. Está bien. De verdad.

Mientras tanto, Weiss soltó un gemido ahogado.

—¿Podemos… hablar… después…? —dijo, con los ojos muy abiertos por el esfuerzo.

—Un segundo, Weiss —respondió Tn, aunque su atención ya estaba dividida.

Pyrrha lo miró directamente a los ojos.

—¿Lo pensaste mejor?

Tn suspiró.

Un suspiro largo, pesado.

—No estoy seguro —admitió—. No sé si sería un buen novio. Nunca he tenido una relación. No quiero… arruinar algo contigo.

La barra bajó un poco más.

—Tn… —jadeó Weiss— en serio…

Pyrrha dio un paso más cerca.

—No te pido que seas perfecto —dijo—. Solo que seas tú.

Hizo una pausa.

—Entonces… ¿aceptas?

Tn tragó saliva.

Miró a Pyrrha.

Pensó en Yang.

Pensó en Weiss.

Pensó en su futuro, en misiones, en responsabilidades.

La barra casi se les cayó encima.

—¡TN! —gritó pero el grito sono mas a un chillido por la presion en el pecho de Weiss.

Él reaccionó por reflejo, sujetando la barra con fuerza y ayudándola a subirla de nuevo al soporte.

—¡Lo siento! —dijo rápido.

Weiss quedó recostada, respirando con dificultad, completamente agotada.

—Esto… —jadeó— …no fue… lo que… prometiste…

Tn soltó una pequeña risa nerviosa… y volvió la vista hacia Pyrrha.

—Supongo que sí —dijo, forzando una sonrisa—. Acepto.

Por un segundo, el mundo se detuvo.

Los ojos de Pyrrha se abrieron levemente… y luego brillaron.

—Tn…

Lo abrazó con fuerza, enterrando el rostro contra su pecho, como si temiera que desapareciera si lo soltaba.

—Gracias —susurró—. No te arrepentirás. Te lo prometo.

Tn dudó un instante… y luego le devolvió el abrazo, aún confundido.

Detrás de ellos, Weiss levantó lentamente una mano temblorosa.

—¿Puedo… morir… ahora…? —murmuró— Porque siento que acabo de pasar por el infierno…

Nadie le respondió.

El abrazo continuó.

Y sin que Tn lo notara,

Pyrrha sonrió.

Pyrrha se separó de Tn con una sonrisa radiante, casi triunfal.

—Entonces —dijo con voz suave pero firme—, ¿qué te parece si planeamos algo? Podríamos comprar algunas golosinas, o tal vez entrenar juntos más tarde.

Tn se rascó la nuca, visiblemente nervioso.

—Pyrrha… yo creo que podríamos tomárnoslo un poco más despacio. Quiero decir, todo pasó muy rápido y—

No terminó la frase.

Pyrrha lo tomó del cuello de la camiseta con decisión y lo besó.

No fue un beso tímido ni corto.

Fue profundo, dominante.

Ella lo sostuvo con la seguridad con la que un hombre sostendría a su esposa al inclinarla hacia atrás. Por un segundo, parecía que los roles se habían invertido por completo.

El mundo volvió a desaparecer.

Cuando Pyrrha se separó, tomó aire lentamente.

Tn… no.

Tn tenía la mirada perdida.

—…wow —murmuró.

Su cerebro simplemente se apagó.

Intentó caminar, pero sus piernas no cooperaron demasiado bien, así que terminó dejándose caer en una máquina de pesas cercana: una de esas con barra sujeta a cuerdas, con el contrapeso oculto detrás.

Se quedó ahí, respirando hondo, intentando procesar lo que acababa de pasar.

A unos metros, Weiss observaba la escena con el ceño fruncido. Sin haber escuchado bien del todo mientras recuperaba el aliento.

¿En serio…?

Decidió ignorarlo.

Se colocó frente a la máquina, tomó la barra con ambas manos y tiró hacia abajo con decisión.

El resultado fue inmediato… y humillante.

La barra apenas bajó.

En cambio, su propio cuerpo se elevó unos centímetros del suelo.

—¿Qué—? ¡¿Cómo que—?!

Soltó la barra de golpe y cayó de nuevo al piso.

—Esto es ridículo —gruñó.

Mientras tanto, Pyrrha ya se dirigía a la salida. Antes de irse, se giró y levantó la mano.

—Nos vemos luego, querido —dijo con total naturalidad.

Tn, todavía aturdido, solo alcanzó a levantar la mano en un saludo torpe.

—S-sí… luego…

Pyrrha desapareció por la puerta.

El silencio regresó al gimnasio.

Fue entonces cuando Weiss pateó la máquina con frustración.

—Esta cosa no sirve —bufó—. Está mal calibrada o algo así.

Luego levantó la vista y miró a Tn.

—Oye —preguntó—, ¿a dónde fue Pyrrha?

Tn la miró, todavía procesando.

—¿No estabas prestando atención a la conversación?

Weiss ladeó la cabeza, genuinamente confundida.

—Eh… no. Estaba ocupada con esta cosa que intenta humillarme —respondió, señalando la máquina—. ¿Por?

Tn abrió la boca… y luego la cerró.

—Nada —dijo al final—. Nada importante.

Weiss entrecerró los ojos.

—Tn…

Él evitó su mirada.

—¿Qué?

—Tienes cara de alguien a quien acaban de… te acaban de dar una noticia muy impactante.

Tn se pasó una mano por el rostro.

—Puede ser.

Weiss lo observó un segundo más, suspicaz.

—Sea lo que sea, espero que no interfiera con mi entrenamiento —dijo, retomando la barra—. Dijiste que me ayudarías a definir músculo.

Tn asintió automáticamente.

—Sí… claro.

Pero mientras la ayudaba, su mente no estaba en el gimnasio.

Estaba en la sonrisa de Pyrrha.

En el beso.

En la palabra querido.

Y sin que Weiss lo supiera…

Tn acababa de entrar en territorio peligroso.

Pyrrha no podria estar mas feliz en toda la academia.

________________________________________________________

……..reportandome al deber…..a pyrrha le quedan algunos capitulos y digamos que le puse mucha esencia. Y esta tendrá un buen final

……o no.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo