Waifu yandere(Collection) - Capítulo 256
- Inicio
- Todas las novelas
- Waifu yandere(Collection)
- Capítulo 256 - Capítulo 256: Blue diamond part 5 Steven universe
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 256: Blue diamond part 5 Steven universe
Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio
Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.
Agrego personajes no me pertenecen.
Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores. Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.
________________________________________________________________________________
Mientras Tn dormía, Diamante Azul lo observaba en silencio.
Dormir… qué actividad tan curiosa.
Su respiración era rítmica, profunda, a veces interrumpida por pequeños cambios casi imperceptibles. Azul inclinó levemente la cabeza, estudiándolo como si fuera un fenómeno raro del universo.
—Perla… —susurró tan bajo que apenas era un murmullo.
Desde fuera del refugio, la Perla Azul se asomó con cautela, sin interrumpir del todo.
—¿Si, Mi Diamante?
—Consulta en los archivos humanos —pidió Azul—. Quiero entender… qué significa dormir para ellos.
Perla asintió de inmediato. Desde su gema proyectó registros holográficos, textos y diagramas antiguos recopilados tras el contacto con la Tierra. Buscó la entrada correspondiente y, en voz baja, comenzó a leer.
—Dormir es vital para los seres vivos —recitó—. Permite al cuerpo y al cerebro recuperar energía, consolidar la memoria y el aprendizaje, reparar tejidos, fortalecer el sistema inmunológico y regular hormonas… Es esencial para la salud física y mental.
Diamante Azul abrió un poco más los ojos.
—Entonces… mientras duerme… se repara —murmuró—. Se recompone.
—Así es, mi Diamante —confirmó Perla—. Es un estado vulnerable, pero necesario.
Azul volvió la mirada hacia Tn.
—Las gemas no soñamos —dijo con suavidad—. No descansamos de esa manera… y aun así, él se permite cerrar los ojos. Confiar en que despertará.
Abrazó sus propias rodillas y se quedó allí, sentada, observándolo. Una leve sonrisa se dibujó en su rostro, tenue pero sincera.
—Me pregunto… —susurró— en qué estará soñando ahora.
Que curioso, todo el asunto con su humano cada vez le gustaba mas.
El tiempo pasó sin prisa. Cuatro… quizá cinco horas.
Entonces, de repente, Tn despertó.
Se incorporó casi de inmediato, como si su cuerpo hubiera estado esperando la señal. Miró alrededor, reconociendo el refugio que él mismo había construido. Todo seguía en su lugar.
Diamante Azul dio un pequeño respingo, sorprendida por lo repentino del movimiento.
—Oh… —murmuró—. Ya estás despierto.
Tn parpadeó, enfocándola, y su postura se relajó al reconocerla.
—Ya pasó la hora —dijo con voz tranquila—. Dormir demasiado no es buena idea… costumbre de veterano.
Se puso de pie y salió del refugio, estirando ligeramente los hombros. El aire fresco del hábitat le golpeó el rostro. Observó el ecosistema con ojos atentos.
No muy lejos, Perla Azul estaba ocupada con sus propios asuntos, dibujando o revisando datos, siempre vigilante.
Diamante Azul salió tras él y lo saludó con una inclinación leve de cabeza.
—Espero que hayas descansado bien.
—Gracias —murmuró Tn, sin mirarla demasiado—. Fue suficiente.
Miró hacia el bosque.
—Bueno… es hora de empezar el día. Buscar comida, explorar un poco más… supongo que tendré que armar una rutina.
Azul lo observó internarse entre los árboles improvisados del satélite. Dudó solo un instante… y luego lo siguió, manteniendo cierta distancia.
No lo apresuró.
No lo llamó.
Solo estuvo allí.
Así transcurrió buena parte del día. Tn recolectando, midiendo el terreno, ajustando su refugio, marcando rutas. Diamante Azul siguiéndolo en silencio, aprendiendo sus hábitos, su ritmo, su forma de existir.
—Así que… esto es acostumbrarse —murmuró para sí misma—. Caminar junto a alguien… sin tocarlo.
Tal como ella había pedido, él debía acostumbrarse a su presencia.
Y por ahora…
eso estaba bien.
.
.
Siguieron así durante días, y poco a poco Tn comenzó a estructurar su manera de vivir dentro del ecosistema artificial.
Para sobrevivir en un hábitat de bosque, se enfocó en lo esencial, tal como le habían enseñado: agua, refugio, fuego y alimento. El agua del río resultó ser potable; aun así, la hervía por costumbre. El refugio ya estaba en pie, reforzado con troncos mejor encajados y una capa adicional de hojas secas para aislar el interior. El fuego se convirtió en algo cotidiano, no solo para cocinar, sino para marcar territorio y mantenerse alerta.
La comida provenía de esos peces extraños del río, con una especie de piedra ámbar incrustada en la cabeza. También comenzó a experimentar con raíces y frutos, probando pequeñas cantidades y esperando reacciones antes de ingerir más.
Las armas seguían siendo rudimentarias: palos afilados, endurecidos al fuego, lanzas simples. Nada elegante, pero funcional.
Diamante Azul lo observaba en silencio, sentada sobre una roca cercana. Cada movimiento del humano parecía tener intención, cálculo. No desperdiciaba energía. No hacía nada sin razón.
Claro no se comparaba a una gema, pero eso ya era sorprendente de un mero humano.
—Es… eficiente —murmuró.
Tras unos minutos de reflexión, llevó una mano a su gema en el pecho. El brillo azul se intensificó y, con un destello suave, materializó una lanza larga. No era especialmente ornamentada, pero sí sólida, casi demasiado sólida.
Se acercó a Tn y se la extendió con cuidado.
—Tal vez esto pueda servirte —dijo—. Para cazar… o tus actividades.
Tn la observó con cautela, luego tomó el arma con ambas manos.
En cuanto intentó levantarla, sus músculos se tensaron.
—…Diablos —gruñó, clavando la base en el suelo para no dejarla caer—. ¿De qué está hecha esta cosa?
Azul parpadeó.
—¿Es… pesada?
Tn soltó una risa seca.
—“Pesada” se queda corto. Esto podría atravesar un tanque… si logro levantarla.-La propia piedra parecia tener grietas por el peso del arma.
Diamante Azul se llevó ambas manos a la boca, comprendiendo al instante.
—Oh… —susurró—. Lo siento.
Desvió la mirada, visiblemente avergonzada.
—Las construcciones de luz solidificada se adaptan a la fuerza y voluntad de quien las crea. Para mí… las armas siempre han sido algo… secundario. Las percibo pesadas.
Se acercó un poco más, observando cómo Tn apoyaba la lanza contra un árbol para descansar los brazos.
—No consideré tu… limitación física.
—Hey —respondió él, sin enojo—. No es una limitación, es… Solo que no acostumbro a tener algo tan pesado. Mi arma pesaban generalmente entre 3.9 kg y 4.3 kg (8.5 a 9.5 libras), dependiendo del modelo.
Azul asintió, procesando la corrección.
—Déjame intentarlo de nuevo.
Su gema brilló otra vez, esta vez con más concentración. La nueva lanza apareció, similar en forma, pero mucho más sencilla. Menos densa. Más corta.
—Esta debería ser… más adecuada.
Tn la tomó con cuidado. La levantó. Giró la muñeca. Hizo un par de movimientos de prueba.
—…Mucho mejor —admitió—. Aún rara, pero usable.
Azul soltó un suspiro de alivio.
—Me alegra.
Hubo un breve silencio.
—Gracias —añadió Tn, mirándola de reojo—. No tenías que hacerlo.
—Quería —respondió ella sin dudar—. Si vas a vivir aquí… quiero que estés comodo y parece que tener un instrumento a la mano ayuda.
Sus ojos se encontraron un segundo más de lo necesario.
Azul desvió la mirada primero.
—Aprenderé —dijo en voz baja—. A ayudarte… sin molestarte.
Imagina si alguna gema pudiera ver y escuchar a su Diamante hablar asi.
Tn asintió lentamente.
—Eso sería un buen comienzo.
Y mientras él se alejaba para probar la nueva lanza cerca del río, Diamante Azul lo observó con una sensación nueva creciendo en su gema: no solo curiosidad… sino la necesidad de ser útil para él.
De estar involucrada.
De permanecer.
Iba a seguir hata que Perla hablo.
—¿Mi Diamante no desea que se le prepare un hospedaje mejor y digno?
La pregunta de su Perla llegó cuando la noche volvía a caer sobre el hábitat. El cielo artificial se oscurecía lentamente, imitando el ciclo terrestre con una precisión casi poética. A lo lejos, Tn regresaba a su refugio, cargando algunos troncos y restos de alimento.
Diamante Azul estaba a punto de entrar tras él cuando se detuvo ante las palabras de su Perla.
Para las Diamantes, los aposentos eran obras de arte: columnas infinitas de luz, superficies pulidas que reflejaban estrellas, cámaras que parecían sacadas de una leyenda antigua. Ver a una Diamante sentarse —o siquiera inclinarse— en una estructura orgánica de madera habría sido considerado un insulto a su estatus por cualquier otra gema.
Pero para Azul…
era algo nuevo.
—No es necesario —respondió con una risa suave—. Esto… es suficiente.
Perla frunció ligeramente el ceño.
—Mi Diamante, permitir que usted permanezca en un refugio orgánico tan primitivo…
—Es una experiencia —la interrumpió Azul con calma—. Y además… quiero entenderlo mejor.
La Perla guardó silencio unos segundos antes de asentir.
—Entonces vigilaré la entrada —dijo—. Pero… ¿por qué requiere que lo haga?
Azul se acercó y bajó la voz, como si compartiera un secreto impropio de su rango.
—Porque voy a intentar… dormir. Como lo hace Tn.
Perla parpadeó, completamente confundida.
—¿Dormir…? Pero mi Diamante, usted no—
—Lo sé —respondió Azul—. Pero quiero intentarlo.
La Perla inclinó la cabeza, aún desconcertada, pero obedeció.
—Como ordene, mi Diamante.
Azul entró al refugio. El interior era sencillo, apenas iluminado por las brasas apagadas del fuego. Tn ya se había recostado, de lado, usando una pila de hojas secas como apoyo.
Azul lo observó unos segundos… y luego, con cuidado, se recostó a su lado, imitando su postura.
Dormir de lado, recordó.
Alinear la columna… rodillas una sobre la otra.
Acomodó su cuerpo con precisión casi matemática.
—Bien… —murmuró para sí—. Ahora… cerrar los ojos.
Lo hizo.
Nada pasó.
Abrió uno de nuevo.
—¿Eso es todo…?
Cerró ambos otra vez.
Silencio.
Hm.
—Esto es… extraño —susurró—. No hay desconexión. No hay reposo. Solo… pensamientos.
Intentó recordar lo siguiente.
—Ah… sí. Soñar.
Permaneció inmóvil.
—¿Pero… cómo se sueña realmente?
Imágenes sueltas cruzaban su mente: Tn construyendo, el río, el fuego, su rostro concentrado. No eran sueños… solo recuerdos.
—Vaya… —murmuró con una sonrisa leve—. Esto es más complicado de lo que parece.
Giró un poco la cabeza y lo miró. Tn respiraba con calma, completamente ajeno a su dilema interno.
Azul lo observó en silencio.
—Así que… ¿esto es estar acompañado? —susurró.
Por primera vez en incontables milenios, Diamante Azul permaneció quieta… no por deber, ni por tristeza, sino simplemente porque no quería irse.
Y aunque no logró dormir, se quedó allí toda la noche, aprendiendo lo que significaba compartir el silencio.
.
.
Como dormia un veterano.
Bueno.
—Así dormía un veterano…
En el campo de batalla no existía el sueño. No de verdad. Dormir era un lujo peligroso, una invitación a la muerte. El cuerpo aprendía a mantenerse al borde de la locura, siempre alerta, incluso cuando los ojos se cerraban. Microdescansos. Respiraciones contadas. El cerebro despertando cada pocos minutos, repasando amenazas inexistentes.
Tn había vivido así durante años.
Pero la guerra terminó.
Y, contra todo pronóstico, sobrevivió.
Tuvo un hogar. Uno sencillo. Vivió un par de años con la mujer que amó… la única que logró soportar sus silencios, sus despertares bruscos, sus manos temblando al escuchar ruidos fuertes. Ella nunca le preguntó demasiado. Solo se sentaba a su lado.
Hasta que murió.
La guerra fue llamada la conquista del sur de Asia contra Corea.
Él fue soldado coreano. Luchó. Sufrió. Ganaron.
Y aun así, ahí estaba.
Solo.
Cuidando de lo que parecían ruinas rosadas, restos antiguos que nadie más reclamaba. Se dedicó a la jardinería y a la botánica. Aprender a hacer crecer algo vivo era… agradable. Silencioso. Predecible. Las plantas no eran mucho problema, no podrian atacarlo, no morían mirándolo a los ojos.
Luego llegó aquella mujer azul gigante.
Y ahora estaba en un recinto extraño, lejos de la Tierra.
Qué rápido cambia la vida, pensó.
Pero incluso eso se sentía como una excusa.
Mientras parecía dormir, su mente estaba despierta. Había sido, en teoría, secuestrado por una raza del espacio. Y aun así… le habían salvado la vida. No solo por lo que Diamante Azul había dicho que ocurriría en la Tierra, sino por algo más personal.
Tn estaba vacío.
No tenía nada esperándolo.
Sin familia.
Sin hijos.
Los conocidos eran solo gente de la ciudad o pueblos cercanos, saludos corteses sin profundidad.
Solo la tumba de su esposa.
Solo las flores.
Solo las ruinas.
Y ya no podía seguir así.
La idea de acabar consigo mismo había sido una constante, una sombra paciente. No urgente, pero siempre presente.
Hasta ahora.
Ahora parecía haber sido salvado.
Y tenía algo nuevo.
Quizás… una nueva meta, pensó.
Fue entonces cuando lo percibió.
Diamante Azul, recostada a su lado, rígida, intentando imitar su postura con una seriedad casi cómica. Su respiración era inexistente, pero su presencia era… cálida.
Qué curioso.
Un ser que, desde su punto de vista, rozaba lo divino… intentando dormir como un mero humano.
Tch…
Qué ironía.
Tal vez ella realmente quería formar un lazo con él.
Tal vez… debía darle una oportunidad.
Tn abrió lentamente los ojos y giró apenas la cabeza.
—No funciona así —murmuró en voz baja.
Diamante Azul se sobresaltó apenas, abriendo los ojos de inmediato.
—¿Te desperté? —preguntó con un tono sorprendentemente suave.
—Nunca estuve dormido —respondió él—. Solo… descansando.
Ella guardó silencio unos segundos.
—Estoy… haciéndolo mal, ¿verdad?
Una leve sonrisa apareció en el rostro de Tn.
—Dormir no es una acción consciente —dijo—. Cuanto más lo intentas, menos ocurre.
Azul lo miró con atención, como si esa frase fuera un enigma.
—Entonces… ¿qué debo hacer?
—Nada —respondió—. Solo quedarte quieta. Dejar que los pensamientos pasen… sin perseguirlos.
—Eso suena… difícil.
—Lo es —admitió—. Por eso los humanos dormimos tan mal.
Un silencio cómodo se formó entre ambos.
—Diamante Azul —dijo él tras unos segundos.
—¿Sí?
—Gracias.
Ella parpadeó.
—¿Por… traerme aquí?
—Por no dejarme quedarme allá —respondió con honestidad—. Aunque no lo supieras.
Azul bajó ligeramente la mirada.
—No fue una decisión estratégica —confesó—. Fue… personal.
Tn cerró los ojos de nuevo.
—Entonces —murmuró— tal vez podamos ayudarnos mutuamente.
Azul dudó… y luego imitó su quietud una vez más.
Por esa vez, no como una Diamante.
Sino como alguien que deseaba quedarse.
Y en ese silencio compartido, algo comenzó a cambiar.
Tn la invitó a dormir un poco más cerca.
No fue una orden ni una súplica, solo un gesto simple: movió ligeramente el cuerpo y dejó espacio. Diamante Azul lo observó, dudó apenas un segundo… y se recostó frente a él. Quedaron mirándose, tan cerca que podía ver el brillo tenue en la gema de su pecho, tan cerca que Azul notó las pequeñas marcas en el rostro del humano, cicatrices viejas que no necesitaban explicación.
—Solo… cierra los ojos —murmuró Tn—. Y relájate.
—¿Así? —preguntó ella, imitando el gesto, su voz apenas un susurro.
—Así está bien.
Diamante Azul sintió algo extraño. No dolor, no tristeza. Era… quietud. Imitó la postura, aflojó los hombros, dejó que la tensión se disipara como él había dicho. Sus pensamientos, usualmente pesados, comenzaron a volverse difusos.
Poco a poco, Tn sí pudo dormir.
Y, contra toda lógica gema, Diamante Azul… también.
Ambos quedaron inmóviles, tranquilos.
Un humano y un diamante.
Compartiendo un acto que no estaba destinado a ella.
Era irreal.
Afuera, Perla Azul vigilaba tal como se le había pedido. De pie, recta, atenta. No solía cuestionar órdenes. Era tímida, callada y obediente, destacando por su lealtad absoluta a Diamante Azul y su aparente frialdad. Sin embargo, bajo esa superficie había una naturaleza sensible y artística, una que se manifestaba en el dibujo, en la empatía silenciosa hacia otras gemas… especialmente hacia otras Perlas.
Y esa noche, algo la inquietaba.
Quiero saber qué hace mi Diamante, pensó.
No era rebeldía. Era curiosidad… y preocupación.
Usualmente, Diamante Azul se encerraba en sus colonias o en su satélite personal. Lloraba. O permanecía en silencio durante ciclos enteros. Pero desde que encontró lo que había llamado, casi con ligereza, juguete humano… algo había cambiado.
Parecía más feliz.
Más relajada.
Ya no lloraba tanto por la pérdida de Diamante Rosa.
Perla Azul dio unos pasos, suaves, casi sin tocar el suelo, y se acercó a la entrada del refugio. Con los ojos parcialmente ocultos por su cabello, miró dentro.
Y los vio.
Muy cerca.
Dormidos.
Diamante Azul, recostada frente a un humano, con el rostro sereno, sin rastro de tristeza. No rígida, no vigilante… sino en paz.
Perla contuvo el aliento.
—Mi… Diamante… —susurró, apenas audible.
Algo se apretó en su pecho, una mezcla de sorpresa y emoción. Rápidamente sacó su cuaderno de tecnologia tactil y comenzó a dibujar. Las líneas surgieron solas, temblorosas al inicio, luego firmes. Aquella escena era única. Íntima. Algo que jamás se repetiría de la misma forma.
Debía ser retratada.
Debía ser recordada.
Mientras su lápiz digital se movía, una lágrima silenciosa cayó sobre la hoja de coloracion azul.
—Si esto la hace sonreír… —murmuró— entonces vale la pena.
Dentro del refugio, el humano y el diamante dormían.Con una perla retratando el momento.
.
La Perla había terminado su dibujo.
Era hermoso.
Cada trazo, cada sombra, cada detalle había sido cuidadosamente retratado. No solo quedó en el papel: la imagen fue guardada dentro de su propia gema, preservada como un registro eterno. Perla se quedó observándolo un instante más, con una mezcla de orgullo y algo muy cercano a la devoción.
Luego alzó la vista.
Su tarea aún no terminaba.
Permaneció vigilante, atenta a que su diamante despertara de aquella experiencia tan… ajena. El recinto donde se encontraban no era real en el sentido estricto: el sol proyectado en el cielo era una recreación perfecta, una copia construida a partir de los datos del ciclo terrestre. Aun así, cumplía su función.
El amanecer no tardó en llegar.
Tn fue el primero en despertar.
Un leve quejido escapó de su garganta cuando sus articulaciones tronaron al incorporarse, el sonido seco seguido de un suspiro cansado.
—Tch… —murmuró—. Viejo hábito.
Sus ojos se movieron con rapidez, evaluando el entorno por instinto. Notó a Perla, que parecía mirarlos fijamente desde la entrada del refugio. Por un segundo pensó en decir algo… pero decidió ignorarlo. No era hostilidad; simplemente no quería romper la calma.
Entonces miró a su lado.
La mujer de cabello azul blanquecino seguía dormida.
Diamante Azul parecía tranquila, con una serenidad que no había visto antes en ella. La más leve de las sonrisas apareció en el rostro de Tn, casi sin que él mismo se diera cuenta.
—Quién lo diría… —susurró.
Se levantó con cuidado. De forma automática, llevó la mano al pecho, palpando bajo la ropa hasta sentir el dije con la fotografía de su esposa.
Seguía ahí.
—Bien… —murmuró—. Eso es bueno.
Salió del refugio y tomó una bocanada de aire. Con los días que llevaba allí, el lugar ya no se sentía completamente extraño. Había una pila de troncos reunidos con cuidado, cuencos de madera tallados para el agua, herramientas de piedra, y otras más refinadas que Diamante Azul había tenido la amabilidad —y curiosidad— de darle.
Se agachó junto a una pequeña bolsa de fibras vegetales donde guardaba las piedras extrañas que encontraba en la frente de los peces. Las observó a contraluz.
—Parecen… perlas de ostra —dijo en voz baja—. Podrían servir para algo.
Joyería, tal vez. O intercambio. El hábito de pensar en utilidad no se le iba.
Miró hacia el bosque. No había depredadores visibles, pero los mamíferos que había visto hasta ahora eran copias extravagantes de los de la Tierra, como si alguien hubiera recreado la fauna basándose en recuerdos incompletos.
—Me pregunto qué más habrá por aquí… —pensó.
Dentro del refugio, Perla seguía atenta.
Miraba a su diamante con creciente inquietud. Diamante Azul seguía en ese estado llamado dormir. Demasiado tiempo, para lo que Perla entendía. Dio un paso al frente, con cautela.
—Mi Diamante… —susurró—. ¿Está… bien?
No hubo respuesta.
Perla apretó ligeramente el cuaderno contra su pecho, sus ojos volviendo una y otra vez hacia el rostro sereno de Azul.
—Nunca había tardado tanto el humano… Esto es normal—murmuró para sí.
Afuera, el humano comenzaba su rutina.
Adentro, una Perla vigilaba algo que no comprendía del todo.
Y en medio de ambos… un diamante experimentaba, por primera vez, un descanso que no era tristeza.
Aunque.
Que era dormir.
Que se sentia.
Dormir se sentía como una suspensión de la actividad voluntaria.
Una pausa profunda, donde el cuerpo —o en su caso, la forma física— dejaba de responder al impulso consciente. Había reposo, una extraña relajación que recorría cada parte de su ser, y una lentitud agradable en aquello que normalmente nunca se detenía. Y cuando terminaba… quedaba una sensación distinta. Renovada. Clara. Ligera.
Eso era lo que, poco a poco, Diamante Azul comenzaba a sentir.
Sus ojos se abrieron apenas un poco. La luz del exterior se filtraba suavemente en el refugio, dibujando formas difusas en la madera. Frente a ella, la sombra inconfundible de su Perla se proyectaba sobre el suelo.
—Mi Diamante… —la voz de Perla fue baja, cuidadosa—. ¿Disfrutó… la experiencia? ¿Necesita algo?
Azul la miró, desorientada al principio. Durante un instante, su mente parecía flotar, como si aún no terminara de volver del todo. Luego, los pensamientos se alinearon. El mundo recuperó forma.
Levantó apenas el torso y dejó escapar un suspiro.
No fue un llanto.
Fue… felicidad.
—Fue… agradable —dijo finalmente, con una sonrisa suave—. Bastante reconfortante. No esperaba que dormir fuera algo tan… fascinante.
Perla parpadeó.
—¿Fascinante…?
—Sí —continuó Azul, llevándose una mano al pecho—. Siento como si algo dentro de mí estuviera… más ligero. Incluso… —hizo una pausa, casi avergonzada— tengo deseos de repetirlo. Más seguido.
Perla dudó un segundo antes de responder.
—Mi Diamante… no creo que eso sea una buena opción —dijo con cautela—. Sus deberes requieren su atención constante.
Azul negó suavemente con la cabeza.
—Mis deberes…
Su voz se apagó mientras la palabra resonaba en su mente.
Diplomacia.
Orden.
Cultura.
Amarillo era tropas y expancion del imperio.
Rosa debia ser las colonias.
Blanco era la union de todo.
El uso de sus jugos de diamante, la esencia concentrada de su propio ser, combinada con la tecnología de los inyectores para incubar nuevas gemas a partir de la tierra.
Algo que no había hecho en… ciclos.
—Hace tanto… —murmuró.
Su expresión cambió. La serenidad dio paso a una sombra de introspección.
—Desde que Rosa cayó… no he vuelto a extraer mi esencia —dijo en voz baja—. No he creado nuevas gemas. No he cumplido con… casi nada.
Perla bajó ligeramente la mirada.
—Mi Diamante… usted estaba de duelo.
Azul cerró los ojos un instante.
—Y aún lo estoy —respondió—. Pero… ¿cuánto tiempo ha pasado? ¿Cuántos ciclos he dejado que se desvanezcan mientras me escondía en la tristeza?
Abrió los ojos de nuevo, más claros. Más firmes.
—Dormir… —susurró— me hizo pensar. Me detuvo. Y en esa pausa… pude verme a mí misma.
Se incorporó un poco más, observando el refugio, el lugar sencillo que había compartido con un humano.
—He pasado más tiempo aquí… que gobernando mis colonias —admitió—. Más tiempo observando a Tn… que guiando a mi gente.
Perla la miró con atención, sin interrumpir.
—Tal vez… —Azul sonrió apenas— necesitaba esto. Perderme un poco. Para recordar quién soy.
Se levantó finalmente, su forma recuperando poco a poco la dignidad serena de un diamante, aunque algo en ella había cambiado.
—No abandonaré mis deberes —dijo con calma—. Pero tampoco volveré a ser la misma.
Miró hacia la salida del refugio, en dirección al bosque donde Tn se movía.
—Dormir me enseñó algo, Perla —concluyó—. Incluso un diamante… necesita descansar un poco.
Perla asintió en silencio, guardando esas palabras como un nuevo registro.
Y vaya que en mucho tiempo…
Diamante Azul se sentía despierta.
Diamante Azul salió del refugio y alzó una mano para cubrir parcialmente su rostro cuando la luz la golpeó de lleno.
El brillo del recinto, filtrado por el cielo artificial, le resultó casi… agradable. No hiriente, no abrumador. Solo vivo.
—Qué extraño… —murmuró—. Me siento… renovada.
Habra sido el humano.
Que sentimiento tan ajeno.
Su respiración era más calmada. Su aura, estable.
Pensó en sus deberes, en Homeworld, en Amarillo, en el orden que había dejado en pausa. Debía cumplirlos. Eso era incuestionable. Pero al mismo tiempo, su mirada regresó al humano.
Tn.
—Puedo hacerlo —pensó—. Cumplir con mis deberes… y aún así conservarlo.
Ya imaginaba un pequeño recinto habitado dentro de su nave. Un espacio diseñado para él, adaptado poco a poco. No sería inmediato, requeriría ajustes, simulaciones, ecosistemas estables… pero era posible.
Caminó con paso sereno, su larga túnica azul oscuro ondeando con suavidad. El vestido fluido, de mangas anchas, ocultaba su figura y le daba ese aire etéreo tan propio de un diamante. La capucha descansaba sobre su espalda, el cuello celeste captando la luz.
Vio a Tn cerca del río, revisando lo que parecía ser uno de sus cuencos de madera, y se acercó.
—Tn —lo llamó con suavidad—. Tendré que ausentarme por un tiempo.
Él alzó la vista y ladeó un poco la cabeza.
—¿Te vas? —preguntó—. ¿Cosas importantes de… aliens?
Azul no pudo evitar una pequeña sonrisa.
—Sí —respondió—. Deberes que no puedo seguir posponiendo. Pero regresaré. Continuaremos con… tu rutina.
—Hm… —Tn asintió despacio—. Entiendo.
Azul hizo un gesto leve con la mano y señaló a su Perla.
—Mi Perla se quedará aquí. Estará a tu disposición como medio de contacto.
Si tienes alguna petición, necesidad o problema, díselo a ella. Me informará de inmediato.
Perla miró entre Tn y su Diamante, visiblemente sorprendida.
—Mi Diamante… ¿yo no la acompañaré?
Azul se giró hacia ella y alzó un dedo con calma, pero con autoridad.
—Perla.
Como tu Diamante, te ordeno cuidar de Tn. Vigilarlo. Protegerlo.
Perla enderezó la postura al instante.
—Sí, mi Diamante.
—Te dejo acceso a los medios necesarios para mantenerlo seguro y cómodo dentro del “recinto”.
Perla asintió de nuevo, sin dudar.
—Cumpliré sus órdenes.
Azul volvió la mirada hacia Tn.
—Antes de irme… —dijo—. ¿Necesitas algo para sentirte más cómodo aquí?
Tn dudó. Se rascó un poco la cabeza, pensativo.
—Bueno… —empezó—. Tal vez… más especies. Plantas, animales.
Para estudiar. Para trabajar la tierra. Tener algo que hacer.
Azul lo pensó unos segundos.
—Es factible —respondió al fin—. Has encontrado una actividad que te mantiene… estable.
Enviaré gemas de clase media para adaptar el ecosistema.
—Gracias —dijo Tn con sinceridad.
Azul asintió y dio un paso atrás, preparándose para retirarse. Hizo un gesto simple de despedida… pero Tn extendió la mano.
Ella parpadeó y miró la mano abierta, confundida.
—¿Qué… es eso?
—Así nos despedimos los humanos —explicó él—. Un apretón de manos. Entre conocidos.
Azul rió suavemente.
—Oh~ Qué curioso…
Imitó el gesto y tomó su mano.
Sintió el contacto. El leve calor. Algo reconfortante recorrió su forma física.
—Interesante costumbre —murmuró.
Soltó la mano y, sin decir más, se dio la vuelta y se marchó, su figura azul alejándose poco a poco.
El silencio volvió.
Perla permaneció quieta, atenta.
Tn la miró.
—Oye… —dijo—. ¿No quieres sentarte o hacer algo?
Perla negó suavemente con la cabeza.
—Mi deber es vigilarlo y protegerlo.
—…Ya veo —respondió él, encogiéndose de hombros.
El humano volvió a lo suyo.
La Perla permaneció en su lugar.
Y el recinto, una vez más, quedó en calma.
_______________________________________________________
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com