Waifu yandere(Collection) - Capítulo 258
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Capítulo 258: Nora Valkyrie rwby
Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio
Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.
Agrego personajes no me pertenecen.
Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores. Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.
Nombre:Tn
Arma:Bastón ryu
Semblanza:Electricidad ______________________________________________________________________________________________
Diablos, tenía hambre, pero en casa no había nada… o bueno, si es que se podía llamar casa a una choza con solo cuatro muros y una puerta.
Una chica muy joven, con apenas unos shorts andrajosos y una camisa blanca con un corazón rosa, cabello naranja corto hasta el cuello y ojos azules, estaba sentada dentro de esa choza. Papá no había vuelto en días. Mamá tampoco.
La pequeña, llamada Nora Valkyrie, solo estaba ahí, esperando. No sabía a dónde se habían ido sus padres. El hambre le exigía. Esperó un poco más… y luego decidió salir.
.
.
La aldea de Kuroyuri, cerca de Mistral, ya estaba despierta.
El mercado bullía de voces, pasos y regateos. Adultos concentrados en sus propios problemas, comerciantes cuidando sus puestos como halcones. Nora caminó encorvada, fingiendo no existir. Su estómago rugió.
—Solo un poquito… —murmuró para sí, apretando los dientes.
Se escabulló entre dos puestos, estiró la mano con rapidez y tomó un trozo de pan aún tibio. El corazón le golpeó el pecho cuando una voz gritó algo detrás de ella, pero no se detuvo. Corrió. Corrió hasta que los pulmones le ardieron.
Se internó en una pequeña sección del bosque, lo suficiente lejos como para no escuchar el mercado, pero no tanto como para sentirse segura. Grimms… pandillas… adultos.
Todo daba miedo.
Trepar a un árbol fue casi instintivo. Se sentó en una rama alta, con la espalda contra el tronco, y empezó a comer con desesperación, masticando rápido, como si el mundo pudiera arrebatárselo en cualquier segundo.
—No es robar… —susurró con la boca llena—. *masticar* se los pagare luego *masticar*.
El pan sabía a gloria.
.
.
.
En otra parte de la aldea, un chico caminaba sin rumbo, con las manos enterradas en los bolsillos de una chaqueta gris gastada. Era joven, pero su postura no lo parecía.
Cabello largo y despeinado de color cian, atado en dos pequeños moños, flequillo irregular. Bajo sus ojos claros, marcas en forma de rayo parecían tatuadas en la piel. Su mirada… no era del todo humana. Vacía, alerta, como la de un animal que ha aprendido demasiado pronto que el mundo ataca.
Era semejante a un fauno, claro si tuviera algun rasgo de dicha raza.
Atlas había quedado atrás.
El porqué… no era algo que estuviera dispuesto a contarle a nadie.
—Tch… —chasqueó la lengua, mirando alrededor—. Bonito lugar para morir.
Caminó un poco más, hasta que la frustración lo alcanzó como un peso en el pecho. Se detuvo, cerró los ojos… y desapareció.
Un parpadeo.
El aire crujió suavemente.
Apareció sobre la cima del campanario de la aldea, recostándose contra un muro de piedra. Desde ahí, Kuroyuri se veía pequeña. Frágil.
—Soledad… —murmuró, mirando el cielo—. Supongo que eso ya es algo.
Un sonido llamó su atención.
No era fuerte. Era… irregular. Un crujido. Ramas. Alguien en el bosque.
Entrecerró los ojos.
—Genial. O un Grimm… .
Su cuerpo se tensó por reflejo.
.
.
.
Nora terminó el pan y se limpió la boca con la manga. Suspira satisfecha… hasta que un ruido abajo la hizo congelarse.
Ramas pisadas.
—¿Hola…? —susurró, apretándose contra el tronco.
Su corazón empezó a latir rápido. Miró hacia abajo, intentando ver entre las hojas.
Nada.
—No mires, no mires, no mires… —se repitió.
Una sombra cruzó el suelo.
Nora contuvo el aliento.
En lo alto del campanario, el chico ladeó la cabeza, curioso.
—…Hay alguien ahí —dijo para sí, con una media sonrisa peligrosa—. Y no suena como un Grimm.
El aire a su alrededor vibró levemente, como si algo invisible despertara.
Relámpagos lejanos.
.
Nora asomó la cabeza, notando una sombra rápida. Algo se movía… y gruñía.
Lo notó al instante. Era un Grimm, pero no como los que había escuchado en historias. Este se parecía a un lagarto: caminaba en dos patas largas, con garras afiladas, un cuerpo negro cubierto por una coraza de huesos y una boca llena de dientes largos y torcidos.
Parecía una criatura salida de una pesadilla.
Desde el campanario, el oído de Tn captó el cambio en el ambiente casi por instinto.
El mundo gritó.
Su corazón palpitó con fuerza. La visión se le tiñó de rojo. El ruido eléctrico —ese murmullo constante que emanaba de todo ser vivo— se volvió ensordecedor.
Y entonces desapareció en un rayo.
El Grimm emitió sonidos extraños, casi como si intentara imitar palabras humanas. Eso fue lo más aterrador.
Pero un estruendo lo arrancó de su presa.
El aire explotó.
Nora, aún temblando sobre el árbol, lo vio.
Un chico bañado en rayos había aparecido frente al Grimm. La electricidad le recorría los brazos y el torso como serpientes vivas. En su rostro… había una sonrisa. No alegre. No amable.
Una sonrisa aterradora.
—Una bestia frente a mí… —murmuró Tn, ladeando la cabeza—. Qué mala suerte la tuya.
El Grimm rugió y se lanzó hacia él.
Tn desapareció.
Un golpe. Dos. Diez.
Aparecía y desaparecía en destellos de luz, golpeando a la criatura desde todos los ángulos. Cada impacto iba acompañado de un trueno seco. El Grimm fue arrojado contra el árbol donde estaba Nora.
—¡—! —Nora abrió la boca, pero el grito no salió.
El tronco crujió. Astillas volaron. La sangre negra del Grimm manchó la corteza. Con cada rebote contra el árbol, Tn volvía a golpearlo sin detenerse, como si el mundo exterior hubiera dejado de existir.
—¡Muévete! ¡Muévete! ¡Muévete! —gruñía Tn entre dientes, su voz distorsionada por la descarga—. ¡Toma toma toma toma toma! ¡Muere!
El árbol se sacudía violentamente. Nora se aferró a la rama con todas sus fuerzas, sintiendo que el estómago se le subía a la garganta.
Finalmente, con un último impacto brutal, el cuerpo del Grimm se desplomó contra el suelo… inmóvil.
Silencio.
El cuerpo se volvio polvo.
Tn jadeaba. Su cuerpo aún chisporroteaba. Sus pupilas estaban encogidas, respiraba rápido, casi… en éxtasis.
—Hah… hah… —rió por lo bajo—. Qué ruido tan molesto…
Poco a poco, la electricidad se disipó. Sus pupilas volvieron a la normalidad. El mundo recuperó su forma.
Y entonces lo oyó.
Un latido distinto.
Arriba.
Todo ser vivo emitía electricidad. Para otros era invisible. Para Tn, era ruido. Campos eléctricos, magnéticos, impulsos diminutos. Chispas. Arcos invisibles. Desde centímetros… hasta kilómetros.
Nada se le escapaba……y eso lo volvia loco.
Un ruido sordo constante en el oído puede ser bastante malo porque, aunque rara vez es señal de una enfermedad grave, afecta la calidad de vida: causa estrés, insomnio, ansiedad, depresión y problemas de concentración, y puede indicar una pérdida auditiva subyacente.
Alzó la cabeza bruscamente.
—¡Oye! —gritó hacia el árbol—. ¡Baja de ahí!
Nora se estremeció. Seguía temblando. Se asomó con cuidado, los ojos grandes, el cuerpo rígido.
—Y-yo… —tragó saliva—. No… no voy a hacerte nada…
Tn la observó en silencio durante unos segundos.
—…Hmph.
Una niña.
—Bueno —murmuró—. Misterio resuelto.
Se dio media vuelta, metió las manos en los bolsillos y empezó a alejarse, como si nada hubiera pasado.
Nora lo miró irse.
Algo dentro de ella se retorció.
Esperó unos segundos… y luego bajó del árbol con torpeza. Sus piernas aún le temblaban. Miró alrededor, al bosque oscuro, al cuerpo del Grimm habia desaparecido.
—Oye… —dijo, levantando la voz—. ¡Espera!
Tn se detuvo, sin voltearse.
—¿Qué?
—Yo… —Nora apretó los puños—. Creo que… sería mejor encontrar un refugio.
Silencio.
El chico suspiró.
—Tch… —giró un poco el rostro—. Sí. Probablemente haya más Grimm atraídos por el ruido.
La miró de reojo.
—Si te quedas sola, mueres.
Nora tragó saliva… pero asintió.
—Entonces… —dijo, forzando una sonrisa nerviosa—. Supongo que… vamos juntos.
Tn la observó por primera vez de verdad.
—…Haz lo que quieras —respondió—. Pero no te retrases.
Y sin saberlo, ambos dieron el primer paso de un viaje que ninguno de los dos había elegido…
pero que ya no podrían abandonar.
.
.
Nora seguía al joven.
Daba un poco de miedo.
No debería seguirlo, lo sabía… pero lo había visto luchar contra un Grimm y ganar. Mamá solía decir que los Grimm eran extremadamente peligrosos: monstruos que no sentían dolor ni miedo, que atacaban a los humanos impulsados por emociones negativas.
Y aun así… ese chico, que parecía tener su misma edad, había ganado.
—¿Esos rayos… eran su semblanza? —pensó Nora, mordiéndose el labio.
El chico gruñía bajo, como un animal alerta. Eso la hizo temblar un poco… pero no se detuvo.
Se movieron por la aldea sin hablar. Calles vacías. Sombras largas. El viento arrastrando polvo y ceniza vieja.
Finalmente se detuvieron frente a la vieja torre del campanario.
Antes de que Nora pudiera decir algo, parpadeó.
Tn ya estaba arriba.
—…¿Eh? —Nora levantó la vista.
Él se asomó por el muro y la vio abajo, mirándolo con los ojos muy abiertos.
—Ah, mierda… —gruñó—. Es verdad.
Ella no podía subir por su cuenta.
Chasqueó la lengua, desapareció… y reapareció frente a ella. Sin avisar, la tomó en brazos.
—¡O-oye! —Nora se puso rígida, el corazón acelerado—. ¡A-avisa!
Demasiado tarde.
En otro parpadeo, ambos estaban arriba del campanario. El viento golpeaba con más fuerza allí. Tn la bajó y Nora retrocedió unos pasos, tambaleándose.
Parpadeó varias veces.
—E-esto… —miró alrededor—. ¿Cómo…?
—Mi semblanza —respondió Tn, encogiéndose de hombros.
Nora levantó la vista hacia las campanas oxidadas. El lugar estaba cerrado desde hacía años. Nadie lo usaba. Polvo, piedras, el eco lejano del mundo abajo.
—Wow… —susurró—. Nunca había estado aquí.
Tn se sentó contra una pared de piedra, deslizando la espalda hasta quedar en el suelo. Parecía agotado… o quizá solo quería dejar de escuchar.
Nora dudó… y luego imitó la acción, sentándose a una distancia prudente.
Silencio.
—Oye… —dijo al fin—. ¿Cómo te llamas?
Tn gruñó suavemente, sin abrir los ojos.
—…Tn.
—¿Solo Tn?
—Solo eso.
Ella lo pensó un segundo… y sonrió.
—Yo soy Nora. Nora Valkyrie.
Tn abrió un ojo y la miró de reojo.
Demasiado ruido.
No por hablar fuerte. No por moverse.
Era otra cosa. Sus latidos. Su respiración. Su energía. Todo en ella vibraba de una forma… extraña.
—…Qué chica tan ruidosa —murmuró.
—¿Eh? —Nora ladeó la cabeza—. ¿Hablo mucho?
—No. —Se recostó por completo, cruzando los brazos—. Es… otra cosa.
Cerró los ojos, intentando dormir para no escuchar.
Nora lo observó.
Parecía peligroso.
Parecía cansado.
Parecía solo.
Se quedó ahí, en silencio, balanceando un poco las piernas, pensando en todo lo que había pasado ese día. En el hambre. En el Grimm. En los rayos. En cómo, por primera vez en mucho tiempo…
No estaba sola.
El viento movió su cabello naranja.
—Oye, Tn… —susurró—. Gracias.
No hubo respuesta.
Pero por un segundo… el ruido del mundo se volvió un poco más suave.
.
Tn despertaba abriendo los ojos y notó algo recostado a su lado.
El primer instinto fue moverse y patear…
pero obligó a su mente a pensarlo mejor.
Su ojo se deslizó lentamente y encontró cabello naranja.
—…Ah. La chica.
Soltó el aire que no sabía que estaba conteniendo.
Vaya, menos mal.
Aunque entonces llegó la segunda pregunta, más molesta.
¿Por qué diablos la había traído consigo mismo?
No se suponía que quisiera estar solo.
Soledad.
Con tanto ruido, jamás estaría realmente solo.
Cerró los ojos unos segundos, meditando. Sintió a la chica moverse un poco y gemir, despertando. Nora abrió los ojos poco a poco. El azul de su mirada era más brillante que el de él, casi doloroso de observar.
—Mmm… —murmuró, aún medio dormida.
Parpadeó… y lo vio.
—Oh. —Se incorporó un poco—. Sigues aquí.
—Desgraciadamente —gruñó Tn.
Nora lo observó con curiosidad, inclinando la cabeza.
—Oye… —dijo en voz baja—. ¿Qué son esas marcas alrededor de tus ojos?
El ojo de Tn tembló apenas. Una descarga leve recorrió su aura.
—Nada que te importe.
Se levantó y se estiró, caminando unos pasos.
—Es hora de que te lleve a casa.
Nora parpadeó.
—Yo… —miró a un lado—. No tengo.
Silencio.
Tn se giró lentamente y la miró. No había mentira en su tono. No había dramatismo. Solo un hecho.
—¿No tienes casa? —preguntó.
Nora negó con la cabeza, apretando los dedos de su camisa.
—No ahora.
Tn chasqueó la lengua y se sentó sobre el borde del muro del campanario, mirando la aldea. Kuroyuri parecía pequeña desde ahí arriba. Fácil de dominar.
—Hmph… —pensó en voz alta—. Podría hacerme con algo de poder rápido. Apalear a los adultos grandes. Ganarme reputación.
Sonrió de lado.
Pero entonces… ¿qué haría con la mocosa a su frente?
La miró de reojo. Ella estaba sentada, balanceando las piernas sin darse cuenta, observando el suelo.
—Tch…
Pensó un poco más.
—¿Dónde van los críos sin hogar…?
Su memoria escarbó entre recuerdos borrosos.
—…Orfanatorio.
Se puso de pie y se acercó a ella.
—Te llevaré a un orfanato.
Nora alzó la vista.
—¿Orfa… qué?
—Un lugar donde meten a niños como tú —respondió sin rodeos—. Te dan comida. Un techo. Y posiblemente alguien te lleve.
Deberia ser igual que adoptar un perro verdad.
Ella lo meditó un segundo.
—¿Eso es… bueno?
—Mejor que vagar por el bosque—gruñó.
Nora asintió lentamente.
—Entonces… está bien.
Tn la tomó del brazo.
—Agárrate.
—¿Eh?
Demasiado tarde.
Activó su semblanza y el mundo se distorsionó. El aire se volvió un rugido. La aldea se dobló sobre sí misma.
Reaparecieron a metros de un edificio viejo, de madera gastada y paredes blancas descascaradas. Un cartel colgaba torcido: Orfanato de Kuroyuri.
Nora dio un paso al frente… y se llevó la mano a la boca.
—Ugh… —balbuceó—. Creo que voy a… —
—No vomites —gruñó Tn—. Es molesto.
Ella respiró hondo hasta que el mareo pasó.
Miró el edificio. Luego a Tn.
—¿Aquí… viviría?
—Tal vez —respondió—. Tal vez te consigan un hogar.
Nora apretó los puños.
No sabía por qué…
pero el pensamiento le apretó el pecho.
—Oye… —dijo, bajito—. ¿Y tú?
Tn ya se estaba dando la vuelta.
—Yo no pertenezco a ningún lugar y preferible asi.
Se alejó unos pasos, pero el ruido detrás de él cambió. Se detuvo.
Nora estaba de pie, inmóvil.
—Gracias —dijo ella, con una sonrisa pequeña—. Por no dejarme sola.
Tn no respondió.
Pero esa vez en mucho tiempo…
el ruido no le molestó tanto.
.
.
Nora fue acogida por el orfanato.
No habló de nada sobre Tn.
Nunca dijo que fuera huérfana. Solo repetía lo mismo cuando le preguntaban:
—No tengo padres.
No estaban muertos.
Eso lo sabía… o al menos lo sentía. Lo que había ocurrido era distinto: gritos constantes, peleas que llenaban la casa como humo espeso, culpas que siempre caían sobre ella, manos duras, palabras peores.
Y un día… simplemente no volvieron.
Nora no sabía qué día era su cumpleaños.
Nunca se lo dijeron.
Tampoco usaba su apellido real. Eligió Valkyrie.
No quería reunirse con ellos.
Además… las valquirias mitológicas eran increíblemente geniales. Guerreras que no pedían permiso para existir.
Y así comenzaba su nueva vida.
Días en el orfanato.
Al menos ya no tenía que robar en el mercado. La comida era simple, pero constante. Las camas duras, pero reales. Aun así, Nora prefería pasar el tiempo en el espacio trasero del edificio, sentada en una vieja caja de madera mientras los demás huérfanos jugaban.
Los miraba desde la distancia.
—¿No vas a venir a jugar? —le preguntó una niña un día.
—Luego —respondió Nora, sonriendo—. Tal vez luego.
En realidad, estaba mirando otra cosa.
Sobre algún árbol cercano, casi siempre en el mismo punto, Tn aparecía de vez en cuando. De pie, inmóvil, como una sombra recortada contra el cielo.
Nora levantaba la mano y la agitaba con energía.
—¡Oye! ¡Hola!
Él nunca respondía.
Simplemente se iba.
Eso no la entristecía… demasiado.
.
.
.
Con el paso de los días, los rumores comenzaron a extenderse por Kuroyuri.
—Dicen que algo ataca a los adultos por la noche.
—¿Un Grimm?
—No… algo peor.
—Escuché que es un fauno.
—No deja muertos, pero los deja hechos polvo…
En realidad, era Tn.
Atacaba rápido. Tan rápido que nadie lograba ver bien su rostro. Solo destellos, truenos secos, huesos rompiéndose. Las víctimas despertaban horas después con el aura destrozada, el cuerpo lleno de fracturas… y sin sus billeteras ni dinero.
Nunca niños.
Nunca ancianos.
Nunca el orfanato.
La reputación del Oni del Rayo nació así.
—No es un Grimm —decían—. Pero reza para no encontrártelo.
Tn hizo del viejo campanario su base. Había arrastrado muebles viejos, cajas, mantas. A veces lograba comida. Otras, solo pan duro.
Siempre comía un poco antes de ir a verla.
Desde lo alto, vigilaba el patio trasero del orfanato.
—…Nadie viene —murmuró una noche, observando cómo Nora se sentaba sola mientras los demás entraban—. Nadie.
Pasaron los días.
Nadie la adoptó.
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.
Una tarde, Nora estaba sentada abrazando sus rodillas cuando escuchó un crujido detrás de ella.
—Sabía que eras tú —dijo sin girarse.
Tn estaba apoyado contra la pared, con los brazos cruzados.
—Deberías jugar con los otros mocosos—gruñó.
—No me caen mal —respondió—. Solo… no son como yo.
Tn la observó unos segundos.
—Tampoco eres como ellos —admitió.
Ella sonrió.
—Oye… —preguntó de pronto—. ¿Por qué siempre te vas cuando te saludo?
—Porque no debería estar aquí.
—Pero siempre vuelves.
Silencio.
—…No te han adoptado —dijo él, cambiando de tema.
Nora negó con la cabeza.
—Creo que no quieren a alguien ruidosa.
—Idiotas.
Ella rio bajito.
—Oye, Tn… —dudó un segundo—. Si nadie me quiere llevar…
Él la miró.
—¿Qué?
—¿Me vas a dejar sola?
El aire vibró apenas.
—…No —respondió, seco—. Mientras yo esté aquí, no.
Nora bajó la mirada, sonriendo más de lo que quería admitir.
Por primera vez desde que llegó al orfanato, el lugar no se sentía como una jaula.
Se sentía… como una espera.
.
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.
Más días pasaron, y la rutina se asentó como una costumbre peligrosa.
Tn se había ganado cierta fama.
No la suficiente como para que el gobierno de Mistral enviara cazadores por su cabeza… pero sí la necesaria para que la aldea bajara la voz cuando alguien mencionaba el nombre Oni del Rayo.
De noche, Tn iba a ver a Nora.
A veces solo se quedaba observando desde algún tejado. Otras, bajaba al patio trasero del orfanato, apareciendo y desapareciendo como una sombra eléctrica. La vigilaba. Se aseguraba de que nadie se le acercara demasiado.
En ocasiones, le dejaba cosas.
—¿Eso es… pan? —susurró Nora una noche, mirando la bolsa que él había dejado junto a la ventana.
—Y una manta —respondió Tn desde la oscuridad—. Hace frío.
—¡Es enorme! —sonrió ella, envolviéndose—. Gracias~.
Tn no respondió. Ya estaba en otro lugar.
No sabía por qué se había apegado a esa chica.
Era raro. Innecesario. Molesto.
Y aun así… nunca dejaba de vigilarla.
Su semblanza lo hacía imposible. No podía no escuchar. Cada latido, cada paso de manera sensorial, cada emoción resonaba como ruido en su cabeza. El mundo era una tormenta constante… y Nora era una frecuencia distinta.
Con el tiempo, algunas cuidadoras comenzaron a murmurar.
—¿Con quién habla esa niña por las noches?
—La escuché riendo sola.
—Ayer le pregunté y solo sonrió…
—Tal vez… tenga algún problema.
Cuando intentaban mirar, no encontraban a nadie. Tn ya se había ido, siempre desapareciendo antes de ser visto.
Empezaron a creer que la joven tendria algun problema en su cabeza.
Nora, por su parte, empezó a cambiar.
Se volvió más enérgica. Más alegre. Más exuberante. Reía fuerte. Saltaba. Cantaba mientras barría el patio.
No era del todo natural… pero tampoco era una mentira.
.
—¿Por qué haces tanto ruido ahora? —gruñó Tn una noche desde el techo.
—Porque tú lo dijiste —respondió ella, inflando las mejillas—. Que los pollitos felices se los llevan más rápido.
Tn chasqueó la lengua.
—Eso no es una regla.
—¡Pero podría serlo!
Él suspiró.
—Si sonríes más, la gente te mira diferente —dijo—. Eso aumenta tus probabilidades.
Nora lo miró fijamente.
—¿Te importa que me lleven?
Silencio.
—…No —mintió Tn—. Es lo que debería pasar.
Ella asintió, pero su sonrisa se volvió un poco más pequeña.
—Entonces seguiré siendo ruidosa.
—Hmph.
Esa misma noche, Tn reapareció con una bolsa.
—¿Qué es eso? —preguntó Nora.
—Panqueques —respondió—. Y miel.
Los ojos de la niña brillaron.
—¿De verdad?
—Si sigues sonriendo así, te los ganas.
—¡Trato hecho!
Nora devoró los panqueques con una felicidad exagerada, dejando miel en sus mejillas. Tn la observó en silencio.
—Oye, Tn —dijo de repente—. ¿Qué pasará cuando me adopten?
—Te irás.
—¿Y tú?
—Seguiré por aqui y haya.
Ella bajó la mirada.
—…¿Me olvidarás?
El aire vibró apenas.
—No.
Fue una respuesta seca. Instantánea. Demasiado rápida.
Nora sonrió de nuevo, más tranquila.
—Entonces está bien.
Desde la distancia, una cuidadora observaba la escena sin ver a nadie más que a Nora riendo sola en la oscuridad.
—Pobre niña… —murmuró—. De verdad habla con fantasmas.
.
Desde el tejado, el Oni del Rayo entrecerró los ojos.
—No —pensó—. Habla conmigo.
Y eso… empezaba a ser un problema.
.
Meses pasaron… o eso creía Tn.
El tiempo se volvía borroso cuando nada cambiaba.
Nadie adoptaba a Nora.
Ella seguía igual. Un poco más alegre, un poco más ruidosa.
Demasiado ruidosa para algunos.
Un día, un par de chicos mayores intentaron molestarla en el patio trasero del orfanato.
—Oye, zanahoria —se burló uno—. ¿Con quién hablas ahora?
Nora apretó los puños, pero no respondió.
Desde el tejado, algo chasqueó.
Un rayo diminuto descendió como el picotazo de una avispa. No quemó, no dejó marcas… pero dolió como el infierno.
—¡Agh! —gritaron los chicos, cayendo al suelo—. ¡¿Qué fue eso?!
—¡Vámonos! —lloró otro—. ¡Es el oni!
Salieron corriendo como maricas.
Nora parpadeó… y luego rio.
—¡Jajaja! —miró hacia arriba—. Gracias.
—No dejes que te toquen —gruñó Tn desde el tejado—. Es molesto.
.
Desde entonces, pasó aún más tiempo con ella.
A veces, dormía sobre el tejado de su habitación. Otras, se quedaba sentado en el borde de la ventana, vigilando.
Una noche, mientras la observaba jugar con una piedra, pensó algo distinto.
—Oye —dijo—. Podría ayudarte más.
Nora levantó la vista.
—¿Cómo?
Tn dudó un segundo.
—Desbloquear tu aura.
Ella abrió los ojos de par en par.
—¿Eso se puede?
—Alguien que ya la tenga puede hacerlo —explicó—. Con contacto físico… y un vínculo fuerte mas o menos.
Nora sonrió, sin pensarlo demasiado.
—¡Entonces hagámoslo!
Se sentaron frente a frente, las rodillas tocándose. Tn colocó una mano sobre el pecho de Nora. El aire vibró.
—No tengas miedo —murmuró—. Solo… escucha.
El aura se despertó casi al instante.
Demasiado rápido.
La energía fluyó como un relámpago contenido. Nora jadeó… y luego empezó a reír.
—¡Se siente increíble! —dijo, levantándose de un salto—. ¡Soy rápida! ¡Y fuerte!
—Te dije que podrías ganar fuerza —respondió Tn, observándola con atención.
Desde ese día, Nora cambió otra vez.
No solo era alegre.
Era segura.
Y mas imperactiva.
.
.
.
En otra ocasión, una cuidadora obligó a Tn a quedarse dentro del orfanato por la lluvia. Terminó durmiendo en la habitación de Nora.
Ella estaba encima de él, sus rostros frente a frente, compartiendo el espacio estrecho.
—Oye, Tn —susurró—. ¿Por qué eres tan gruñón?
Él miró el techo.
—No lo sé.
—¿Siempre fuiste así?
—Creo que sí.
Ella lo observó con atención.
—¿Y qué se siente que todos te tengan miedo? Digo… el oni del rayo.
Tn mostró los dientes en una sonrisa breve.
—Se siente bien —admitió—. El respeto es mejor que la lástima.
Nora asintió lentamente.
—¿Cómo te volviste tan fuerte? —preguntó después—. ¿Cómo desbloqueaste tu semblanza?
El cuerpo de Tn se quedó quieto.
Silencio.
—…Nunca lo mencionas —añadió ella—. ¿Te molesta?
Tn tardó en responder.
—Soy de Atlas —dijo al fin—. Eso es todo lo que diré… por ahora.
Cerró los ojos.
Nora infló las mejillas en un puchero.
—Hmph.
Pero no insistió.
Se acomodó un poco más cerca, cerró los ojos… y sonrió.
Porque aunque no lo dijeran en voz alta, ambos lo sabían:
Ya no era solo vigilancia.
Ya no era solo protección.
Era un vínculo.
Y cuando ese vínculo se rompiera…
el mundo lo sentiría.
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OK el que pidió la waifu quiso que este tn fuera con las habilidades de kashimo, y como me gusta jugar con la perspectiva este yandere ya planee algo especial
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