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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 27

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  4. Capítulo 27 - 27 Esdeath part 2 akame ga kill
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27: Esdeath part 2 akame ga kill 27: Esdeath part 2 akame ga kill El viento soplaba con menor fuerza aquella mañana.

El campo nevado, antes manchado de fuego y muerte, ahora yacía en silencio.

La última aldea había sido tomada.

La última resistencia, quebrada.

La conquista había terminado.

Uno de los mensajeros imperiales llegó montado en un (bestia) alado, con el estandarte carmesí del Imperio ondeando en su espalda.

Se postró frente a la tienda de la general, sin levantar la mirada.

-General Esdeath…

el Primer Ministro Honest requiere su presencia inmediata en la capital.

Han solicitado su informe y presencia ante la corte.

Dentro de la tienda, el silencio se hizo espeso.

Solo el crujir del vino en la copa de Esdeath rompía la tensión.

Ella bebió lentamente, luego suspiró…

un largo, casi sensual suspiro, que era mezcla de frustración y aceptación.

-Ya veo…

-murmuró con indiferencia.

Se levantó, su silueta esbelta y poderosa proyectándose como una sombra sobre el mensajero-.

Siempre tan ansiosos de verme cuando ya no hay guerras que librar.

El joven tembló, pero no dijo palabra.

Esdeath se giró.

Sus ojos helados buscaron solo a una persona: Tn, quien se mantenía a un costado, con las manos tras la espalda, esperando.

Siempre esperando.

Siempre allí.

-Empaca nuestras cosas -dijo ella con una leve sonrisa-.

Nos vamos a la capital.

Durante el día, el campamento fue desmontado con eficiencia militar.

Carros, provisiones, informes.

Todo fue cargado bajo la supervisión de Esdeath.

Pero mientras los soldados trabajaban, ella caminaba con paso seguro entre los restos del campo de batalla, disfrutando los últimos momentos de calma.

Solo cuando estaba en guerra, podía tener a Tn realmente cerca.

En la capital…

él se perdía entre el bullicio.

Las órdenes, los rumores, las miradas.

Siempre había ojos sobre él.

Hombres que lo envidiaban, mujeres que lo deseaban, ministros que lo espiaban.

Pero en campaña…

solo estaban ella y él.

Un mundo entero pintado de blanco, y el contraste vivo de su piel tan pálida.

Su diamante.

Su guardia.

Su propiedad.

-¿Te molesta volver a la capital?

-le preguntó, sin mirarlo, mientras observaba cómo su carruaje era preparado.

Tn pensó su respuesta.

No porque necesitara mentir, sino porque cada palabra con ella podía tener mil ecos.

-Prefiero el silencio de la nieve, general.

Pero no estoy en posición de elegir.

Esdeath sonrió.

Una sonrisa de esas que escondían veneno y deseo.

-Buena respuesta.

Siempre tan disciplinado…

por eso eres mi favorito.

Se acercó.

Nadie miraba.

O si lo hacían, no se atrevían a intervenir.

Le acomodó el cuello del uniforme, luego posó una mano fría en su mejilla.

-En la capital…

vendrán por ti.

Querrán saber por qué estás tan cerca de mí.

Querrán manchar lo que tengo.

Pero no lo permitiré.

Ellos no entienden.

Tú no eres un soldado.

Tú eres mi recompensa.

Tn no respondió.

Sus ojos fijos en un punto del horizonte.

Sabía lo que significaba ir a la capital.

Sabía que allá los juegos eran diferentes.

Más políticos.

Más sucios.

Más peligrosos.

Y con Esdeath…

todo siempre escalaba.

Horas después, el convoy partió hacia el corazón del Imperio.

El estandarte de Esdeath ondeaba con orgullo.

El frío seguía a su paso.

Y en el carruaje principal, ella descansaba con la cabeza sobre el regazo de Tn, murmurando dulces promesas que eran más cadenas que caricias.

Y él…

Él solo miraba por la ventana, como si buscara una salida en aquel mundo blanco sin fin.

El traqueteo del carruaje era constante, pero suave.

Afuera, la nieve seguía cayendo, formando una blanca cortina que ocultaba el mundo más allá del vidrio.

En el interior, el calor artificial creado por un pequeño artefacto imperial hacía que la atmósfera fuese cómoda…

casi engañosamente acogedora.

Esdeath descansaba con la cabeza sobre el regazo de Tn, sus ojos apenas abiertos, pero su mente claramente activa.

Sus dedos, helados pero delicados, recorrían la tela del uniforme de él con una lentitud casi hipnótica.

-Najenda…

-susurró, como si hablase con un fantasma del pasado-.

Qué mujer tan terca.

Pero era linda…

de una forma extraña.

Esa rebeldía suya tenía un encanto peculiar.

Tn no respondió.

Solo siguió observando el paisaje que pasaba más allá de la ventana, su mirada distante, como si intentara abstraerse del peso invisible que yacía sobre él.

-Solíamos beber juntas…

a veces me contaba historias sobre sus misiones.

Otras veces…

solo hablábamos de lo que haríamos cuando todo esto terminara -continuó Esdeath, con una sonrisa nostálgica que escondía cierta tristeza-.

¿Sabes?

Siempre pensé que algún día se rendiría a mi lado.

Que entendería que seguir al Imperio era el único camino sensato.

Tn asintió ligeramente.

El tema de Najenda era peligroso, pero no inexplorado.

Y entonces, como una víbora que cambia de dirección, Esdeath alzó la vista hacia él, sus ojos azules clavándose en los de Tn con un brillo gélido, inquisitivo.

-¿Tú qué piensas de ella, Tn?

-preguntó con voz suave, casi melosa, pero en esa suavidad había filo-.

¿Te parece atractiva?

¿Linda, tal vez?

El corazón de Tn palpitó con fuerza, aunque su expresión no cambió.

Sabía que el tono era una trampa.

Un juego disfrazado de charla casual.

Un campo minado oculto tras la seda de su voz.

-Najenda…

es una buena soldado.

La respeto -respondió con tono firme y neutral-.

Tiene talento y disciplina.

Eso es todo.

Hubo un silencio.

Uno espeso.

Uno que duró demasiado.

Esdeath lo miró, quieta como una estatua.

Sus ojos no parpadeaban.

Y luego…

sonrió.

-Qué diplomático eres -dijo, divertida-.

Si hubieras dicho que era fea, pensaría que mientes para halagarme.

Si hubieras dicho que era hermosa…

te habría castigado.

Así que tomaste el camino medio.

Sabio.

Sus dedos subieron por el pecho de Tn, deteniéndose justo sobre su clavícula.

Luego, con lentitud casi teatral, se incorporó y acercó su rostro al de él, tanto que sus alientos se mezclaban.

-Aun así…

no quiero que pienses en ella.

Ni en ninguna otra.

Solo en mí.

Tn aguantó la mirada, aunque por dentro sentía cómo su estómago se contraía.

No era miedo lo que lo dominaba, sino esa sensación sofocante de estar atrapado en una telaraña de hielo, tejida por una mente loca, astuta y poderosa.

-Sí, general -respondió, bajando la mirada.

Esdeath, complacida, volvió a recostarse en su regazo, sus dedos esta vez enredándose en los suyos.

-Qué bien te portas cuando quieres…

-murmuró-.

Si sigues así, quizás te dé un regalo cuando lleguemos a la capital.

Algo que te recuerde que me perteneces.

Que siempre me has pertenecido.

Tn tragó saliva en silencio.

Afuera, la nieve seguía cayendo.

Y el carruaje seguía avanzando, rumbo a una ciudad donde las cadenas serían invisibles…

pero igual de reales.

El viento soplaba con fuerza, levantando remolinos de nieve que golpeaban los cascos de los caballos y azotaban los rostros de los soldados que marchaban tras el carruaje.

Cada paso en la nieve helada era una tortura lenta, y los rostros de muchos empezaban a reflejar más que fatiga: resentimiento.

-Míralo…

como un príncipe en su trono -murmuró un soldado, apretando los dientes mientras ajustaba su abrigo.

-Ese maldito ni siquiera es un oficial…

solo porque tiene la atención de la general -escupió otro, con la voz impregnada de amargura.

Pero no todos compartían la misma idea.

-¿Idiotas?

-dijo un veterano con tono apagado-.

¿Creen que eso es un privilegio?

¿Dormir con un demonio con rostro de mujer?

Yo vi lo que le hizo al último que la desobedeció…

ni siquiera gritó antes de que le arrancara la lengua y la garganta .

Tn…

ese chico…

no lo envidio.

Lo compadezco.

Los murmullos continuaron, pero ninguno se atrevió a elevar demasiado la voz.

El aire parecía más frío cuando hablaban de Esdeath.

Como si, incluso sin verla, ella los oyera.

Dentro del carruaje, la historia era distinta.

Tn respiraba hondo, con la vista clavada en el techo de madera.

Su brazo entumecido soportaba el peso de Esdeath, que dormía profundamente sobre su pecho.

Sus labios apenas curvados en una sonrisa plácida, como si soñara con batallas ganadas o cuerpos rotos en la nieve.

Pero el calor de ese momento no venía del amor.

Venía del hielo que ella desprendía incluso dormida.

Pequeños cristales de escarcha se formaban en los bordes del asiento.

Las puntas de los dedos de Tn estaban enrojecidas, y su piel, donde Esdeath lo tocaba, ardía como si el frío mismo lo quemara.

No podía moverse No quería despertarla.

Cada movimiento en falso, cada intento de apartarla, podía interpretarse como una ofensa.

Y él había aprendido que Esdeath no castigaba con palabras.

Ella castigaba con el cuerpo.

Con el hielo.

Con la posesión.

Afuera, el mundo blanco seguía su marcha.

Adentro, Tn solo cerró los ojos por un momento, intentando perderse, aunque fuera unos segundos, en un sueño que no doliera.

Pero el murmullo de Esdeath lo trajo de vuelta a la realidad-Mmm…

aún estás despierto…

Su voz era suave, somnolienta, pero su mano se aferró con más fuerza, apretando contra su costado.

-Eso me gusta…

-susurró, acariciando su pecho con las uñas-.

Que no me dejes sola ni siquiera en sueños…

Tn no respondió.

Solo asintió, tragando el nudo en su garganta.

-Eres mi paz en este mundo sangriento, Tn…

Y si alguien intenta quitármela…

lo congelaré.

Un suspiro escapó de sus labios, y poco a poco volvió a introducir su miembro dentro de ella.

“E-e-esdeath aghhhh.” “Estoy, ugh, consciente…” Jadeó, moviendo las caderas furiosamente.

Bajó la mirada para verla moler sus caderas contra las de el de nuevo, esto era algo usual en ella ser la dominante durante sus relaciones.

“Ah~ nunca me canso de esto, ¿sabes?” “Jughhh.” “Está bien, entonces distensión”.

Le ordeno mientras ella se levantaba, mostrando un cuerpo pálido y prístino, sus pechos al aire con sus pezones tan rosas suaves.

“Ohhhh, eres cruel~.” Ella suena lujuriosamente pero siguió de todos los modos.

“Aghghh g-general hace f-frio.” ella, a pesar de mover sus caderas tan furiosamente causando friccion su miembro saliendo y entrando dentro de ella no le causaba calor o placer, era frio y dolio le apretaba, sintiendo la escarcha envolver su polla dentro de ella.

“Oh, no.

Esperaba que despertaras, pero me habría conformado con terminar sobre tu cuerpo”.

Sonrio.

“Verte a ti ah~ tan indefenso me está volviendo loca.

Y creo que ya he esperado suficiente para probarte.” Tn apreto los dientes y solo trato de relajar sus músculos mientras ella le destrozaba la pelvis con sus rebotes constantes.

Esdeath no se molestaba en ocultar sus gemidos dentro del carruaje, los liberaba cada vez mas fuertes, el conductor afuera de la tormenta de nieve solo se mantuvo en su trabajo.

Pobre diablo que tratara de espiar o tan siquiera darse placer mientras la general se divertía.

Esdeath siguió saltando de arriba abajo, posando su pie descalzo en el suelo, mientras el otro estaba doblado en el cojín.

El cabello azul caía como una cascada sobre su espalda, sus manos rasgaron y arañaron el pecho de tn la sangre se congeló.

Mas mas mas mas mas mas mas mas.

Podia sentir su clímax acercarse y acelerarse más rápido.

AH~ Ah~ Ah~ Ah~ una idea perversa lelgo a su mente.

“Vamos~ vamos~ no me dejes todo el trabajo a mi”, dijo mientras se levantaba liberando su miembro que temblaba de frío haciendo a tn quejarse porque su liberación estaba cerca, pero ella no le dio tiempo de quejarse cuando los pechos de Esdeath tocaron el cristal del carruaje.

Se estremeció cuando Tn la levantó por detrás.

“¡Comencemos entonces!” Esdeath sonrió mientras Tn la colocaba en posición Nelson frente a su ventana.

Ella sonrió cuando su miebro se adentro dentro de ella.

Tn se quejo mientras perforaba el apretado coño de la chica de una sola embestida.

“¡Oh, joder, sí~!” Esdeath se rió, o al menos lo intentó, los únicos sonidos que salían de ella eran gritos confusos.

-Ah ah ah ah mas rapido-, exhaló.

“Debería haberte atacado en cuanto mmmm~ nos ordenron volver a la capital.

Tn se inclinaba ligeramente hacia atrás y aumentaba la velocidad de sus embestidas, su miebro salia de la estrecha vagina de Esdeath liberando sus jugos pero al igual que todo su cuerpo eran frios.

¡Oh, sí!

¡Eres mio~!

¡Ojalá pudieras quedarte aquí y atenderme cuando lo necesite!

¿Puedes?

¿Puedes?

-Ordeno Esdeath mientras el pene de Tn se hundía más en ella.

Tn no respondio y mejor se centró en hacer sentir bien a Esdeath, tenia que acabar pronto hacer que lla se corriera antes que el si queria mantener su cabeza en su cuello.

Esdeath gimió: “¡No me importaría mmm~!

Me encanta sentirte completamente dentro de mí.

¡Me encantan los sonidos que hace mi coño mojado cuando te embiste!

¡Y sé que me encantará sentir tu semen caliente saliendo de mí!

¡Déjalo salir ahora, lo necesito!” Esdeath apretó su coño mientras Tn se acercaba para pellizcar su clítoris y dejar salir su semen dentro de ella.

“¡¡¡Me corrooo …

Su liberaconmancho el crisal como la puerta y bajo sus pies, los dedos de los pies de Esdeath se enroscaron mientras la mujer soltaba un gemido perpetuo y los juegos de su vagina bajaban por el miembro de tn.

La madrugada apenas comenzaba a asomar entre los pliegues de la nieve cuando el carruaje se detuvo brevemente.

Afuera, los soldados aprovechaban para calentar agua, vendarse los pies agrietados y respirar aunque fuera unos segundos sin el peso de la marcha.

Pero dentro del carruaje, el infierno blanco continuaba.

El cuerpo de Esdeath descansaba plácidamente sobre el pecho desnudo de Tn, su aliento aún cálido contra su piel, pero su contacto…

su contacto era como una tortura helada que no terminaba nunca.

Una prisión hecha de hielo y carne.

Tn no sabía en qué momento la noche se había vuelto tan larga.

La general no había dormido casi nada.

Él, en cambio, no durmió en absoluto.

Cada vez que sus párpados caían, las uñas de Esdeath rozaban su piel, sus labios marcaban su cuello, sus manos exploraban sin preguntar.

Su aliento, tibio, traía palabras suaves, pero cargadas de una necesidad tan intensa como enfermiza.

-No te duermas…

aún no…

Quiero mas~ -Dime que me amas, Tn…

-Dime que soy la única…

Y aunque Tn no respondía con sinceridad, sabía qué palabras evitar.

Sabía qué tono no usar.

Sabía que un error podía costarle mucho más que una noche en vela.

La madrugada pasó, y cuando Esdeath al fin se dejó caer sobre él, satisfecha, su voz fue apenas un susurro embriagado-Fuiste excelente…

mi tesoro blanco…

Después de eso, el silencio.

Pero no fue paz.

Fue solo otra jaula, esta vez sin palabras.

Al amanecer, los primeros rayos de luz se colaban por los pliegues del carruaje.

Tn apenas podía moverse.

El dolor era punzante, constante, como un eco atrapado entre las costillas.

Sus ojos estaban hundidos, con ojeras violáceas.

Su cuello, manchado por mordidas y hematomas.

Las marcas no eran solo huellas de deseo…

eran cicatrices de pertenencia.

Sus dedos, amoratados por el frío constante, apenas respondían.

Y sus pulmones dolían como si cada respiro en aquel aire helado le desgarrara por dentro.

Pero lo que más lo atormentaba no era el frío.

Era el aroma.

El perfume suave y envolvente de Esdeath.

Una fragancia helada con un toque dulce de lujuria, que impregnaba su ropa, su piel, su aliento…

su mente.

No podía pensar con claridad.

Cada vez que cerraba los ojos, la sentía encima.

Cada vez que intentaba recordar su vida antes de ella…

todo era borroso, como un paisaje congelado por la tormenta.

Y sin embargo…

no lloraba.

No gritaba.

Solo se quedaba quieto, como un mártir atrapado en un altar de escarcha, demasiado roto para rebelarse…

y demasiado valioso para ser liberado.

Esdeath se removió suavemente, sus labios rozando su oído con dulzura.

-Llegaremos pronto a la capital, Tn…

Quiero que estés perfecto para mí…

¿No te sientes afortunado?

Tn no respondió.

Solo siguió mirando al techo, deseando por dentro que el hielo que lo rodeaba, al fin, se quebrara.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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