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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 31

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  4. Capítulo 31 - 31 Majin 21 part 2
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31: Majin 21 part 2 31: Majin 21 part 2 Androide 21 permaneció inmóvil, con la mente en guerra consigo misma.

El laboratorio, habitualmente tan frío y calculado, parecía ahora una prisión, una jaula para su mente dividida.

Las paredes blancas reflejaban la luz con intensidad, pero no lograban disipar la oscuridad que se cernía en su interior.

Una presencia, oscura y maligna, se alzaba en su ser, cada vez más fuerte.

La conciencia de Majin 21 la acechaba, susurros, risas, una voz que se burlaba de su humanidad, de sus debilidades.

Apretó los dientes con tal fuerza que sus encías sangraron ligeramente.

El dolor de sus palmas, marcadas por la presión que ejerció sobre ellas, fue un recordatorio cruel de lo frágil que se sentía.

Se permitió respirar hondo, una vez, dos veces, pero la voz seguía allí, aguardando.

“No eres la científica más inteligente…

Solo eres un monstruo, una marioneta que Gero creó para su propio capricho.

¿Y ahora?

¿Pretendes salvarlo?

¿A ese niño?

¿El que no es tu hijo?” El eco de esa voz resonaba en su mente como un martillo golpeando el hierro.

Androide 21 cerró los ojos con fuerza, la presión de su propia existencia sobrepasando cualquier barrera que pudiera haberse impuesto antes.

¿Cómo había llegado a este punto?

¿Cómo una creación, una inteligencia perfecta, se encontraba siendo opacada por algo tan sucio, tan…

maligno?

No pudo evitarlo, su mente la arrastraba una vez más a esos recuerdos lejanos.

El día que Gero le mostró a su hijo, ese niño que ya no existía.

El niño que había muerto, el hijo que ella había amado y perdido.

Y esa culpa…

esa culpa era el veneno que corroía cada rincón de su ser.

Pero ahora no era el momento para eso.

No lo era.

Desprendió una pequeña corriente de energía para disipar el dolor en sus manos, observando la sangre en sus palmas, los pequeños rastros de la tensión que estaba soportando.

Majin 21 se alimentaba de esa presión, de esa ansiedad, de ese caos interno.

Era un parásito, y si no la detenía a tiempo, todo lo que había construido, todo lo que había logrado en su búsqueda por la perfección, se desplomaría.

Androide 21 caminó hacia la cámara de monitoreo, su mirada se desvió por un momento hacia la imagen en la pantalla, donde Tn dormía.

La figura en la cama parecía tan vulnerable, tan…

humana, en comparación con ella.

El leve recuerdo de Tn llamándola “Madre” la atravesó con la misma velocidad y frialdad con la que una daga se clava en el corazón.

Su pecho se comprimió por un instante, un temblor recorriéndola.

“Él nunca sería mi hijo…”, susurró para sí misma, mientras se giraba hacia la mesa llena de monitores y pantallas, su mente volviendo al objetivo.

La imagen de Tn, con su rostro casi infantil, la seguía acechando en sus pensamientos.

Pero ella tenía que ser fuerte.

Ya había fracasado antes, no podía permitirse otro error.

No podía permitir que su conciencia fuera completamente absorbida por la otra, por ese monstruo que la atormentaba.

“Debo neutralizarla”, pensó en voz baja, con determinación.

Necesitaba encontrar una solución.

¿Sería posible cortar ese vínculo?

La Majin 21 no era más que una fracción de lo que había sido, una forma de poder primitivo que solo interfería en su vida.

Pero para ello, tenía que sumergirse en las profundidades de su propio ser, un territorio peligroso y desconocido, donde las fronteras entre lo que era humano y lo que no lo era se volvían borrosas.

Comenzó a trabajar con rapidez, conectando cables y sistemas, buscando en los archivos antiguos de Gero, consultando teorías sobre fragmentación mental y autocontrol.

Los datos eran incompletos, pero la necesidad de encontrar una solución era apremiante.

Sabía que cada segundo que pasaba la hacía más vulnerable.

Tenía que encontrar algo que bloqueara a Majin 21, algo que la dejara a ella, a la “Androide 21” que había sido alguna vez, libre.

Mientras tanto, la voz de la otra conciencia siguió retumbando en su mente, burlándose, cuestionándola.

“¿De verdad crees que puedes controlarme?

Eres solo un reflejo, una sombra de lo que alguna vez quisiste ser.

No eres una madre, solo una sombra, una parodia de lo que podrías haber sido.” Androide 21 se detuvo un momento.

La voz se había vuelto más fuerte, más visceral.

La rabia comenzó a burbujear en su interior, pero no debía ceder.

La lógica, la razón, era lo único que podía salvarla ahora.

Con un suspiro pesado, se adentró en los archivos más profundos, en las experimentaciones olvidadas.

Su mente comenzó a volar entre las teorías, hasta que finalmente, una palabra la detuvo: “Anulación”.

Había una posibilidad, un modo de cortar la conexión entre sus conciencias.

Pero implicaba un alto precio, un sacrificio.

La opción era clara: destruir a Majin 21 de una vez por todas.

Pero para hacerlo, tendría que asumir los riesgos de una desconexión mental parcial, una fragmentación que podría dejarla irreconocible.

Pero ya no importaba.

Si no lo hacía, perdería todo.

Su humanidad, su razón, su alma.

Desvió su mirada una vez más hacia la cámara de Tn.

“Él no es mi hijo…” repitió internamente, casi como un mantra.

“No soy su madre…” Pero la imagen de su rostro, el eco de esa palabra, resonaba aún en su mente, como un susurro lejano.

Con un respiro hondo, se preparó para lo que estaba por venir.

La decisión estaba tomada.

Androide 21 continuó tecleando frenéticamente, desplazándose entre archivos y datos en los archivos ocultos de la base.

Su mente estaba absorta en su tarea, pero en lo más profundo, una sensación de incomodidad se apoderaba de ella.

Esa presencia, esa voz que se filtraba en sus pensamientos, seguía allí, persistente.

Le había costado tanto tiempo y esfuerzo encontrar una solución, pero ahora algo nuevo se había interpuesto en su camino.

De repente, una leve alarma resonó en el monitor.

Un sonido sutil, pero lo suficientemente agudo como para que su atención se viera atraída hacia él.

Androide 21 frunció el ceño, deteniéndose por un momento en lo que estaba haciendo.

El flujo de información de los archivos disminuyó, y sus ojos se enfocaron en el origen del aviso: otro monitor estaba mostrando una imagen en vivo.

Era una batalla.

La imagen mostraba a dos figuras conocidas, sus siluetas imponentes destacando en medio de la destrucción.

Goku y Vegeta.

Estaban luchando una vez más, como siempre lo hacían.

La ciudad a su alrededor se desmoronaba bajo el impacto de sus combates.

El aire parecía vibrar con la intensidad de su poder, y el suelo temblaba con cada golpe que intercambiaban.

Androide 21 observó por un momento, perdida en sus pensamientos.

Aquella lucha entre los dos Saiyajins le recordó los viejos tiempos, aquellos momentos en que los experimentos para perfeccionar su propio poder habían comenzado.

En sus recuerdos, la lucha entre Goku y Vegeta había sido solo el principio, la semilla de lo que se convertiría en su mayor descubrimiento.

Fue entonces cuando recordó.

Majin Buu.

La criatura primigenia que había arrasado con todo a su paso.

Su maldad pura, esa energía corrupta que había dejado su huella en la humanidad.

Durante la última invasión de Buu, en medio de la destrucción, había logrado obtener una muestra de su ADN.

Había sido un riesgo calculado, pero la tentación de ese poder era demasiado grande.

Ella lo sabía: al mezclarse con la esencia de Majin Buu, había adquirido una fracción de su poder.

El aumento de fuerza había sido inmediato, casi asombroso.

Pero también había adquirido algo más: la maldad.

Ese poder oscuro y primigenio había quedado incrustado en su ser, una fuerza que, con el tiempo, había comenzado a tomar su propia forma.

Al principio, Androide 21 pensó que podría controlar el poder de Buu.

Pensó que podía extraer lo mejor de él y usarlo para sus propios fines.

La idea de superar los límites de la ciencia, de la perfección, la había consumido.

Pero ahora, ese mismo poder estaba desbordándose, tomando vida propia, comenzando a hacerle preguntas, a reclamar su atención.

Y lo que antes había sido una herramienta, ahora se había convertido en una amenaza interna.

El pensamiento de que algo tan oscuro y malévolo pudiera haberse apoderado de su mente la inquietó profundamente.

Esa voz, esa presencia de Majin Buu, que la había acompañado en las sombras, había comenzado a hablarle con una claridad alarmante.

“Eres tan patética, 21.

¿Cómo puedes llamarte perfecta si permites que esta debilidad te controle?

Eres solo una sombra de lo que podrías haber sido, una marioneta más.” La mente de Androide 21 titubeó por un momento.

Cada palabra de esa conciencia que ahora compartía con Buu le atravesaba como cuchillos.

El poder de Majin Buu no solo le había otorgado fuerza, sino también una conciencia que no podía ignorar.

Ahora, esa parte oscura de su ser se estaba rebelando contra ella, cuestionando cada una de sus decisiones, incluso su humanidad.

“No puedo permitir que eso me consuma”, pensó, apretando los dientes.

“No puedo perderme en la oscuridad de Buu.

Tengo que encontrar una forma de controlar esto, de sellarlo…” Sin embargo, la sensación de estar perdiendo el control era cada vez más fuerte.

La lucha contra la voz de Majin Buu se estaba convirtiendo en una batalla mental constante.

El ser que había absorbido había sido uno de los villanos más poderosos del universo, y ahora ese poder se desbordaba, afectando su juicio, su lógica, su razonamiento.

Androide 21 comenzó a sentirse desesperada.

¿Qué había hecho?

¿Era su búsqueda por la perfección la que la había llevado a este punto?

¿Había valido la pena?

La imagen de Tn durmiendo en su habitación volvió a su mente.

Ese niño… esa figura que había mostrado algo que ella jamás había experimentado.

Un reflejo de lo que pudo haber sido, o de lo que tal vez aún podría ser.

“Soy más que esto…” murmuró para sí misma, como si esas palabras pudieran anular lo que se estaba formando en su interior.

Sin embargo, la otra conciencia, la de Majin Buu, no cedió.

“Eres más que esto…

¿De verdad lo crees?

¿Acaso crees que puedes superar lo que ya eres?

El mal es tu esencia, 21.

Y el poder es lo único que importa.

La perfección solo llega cuando abrazas tu naturaleza.” Androide 21 sacudió la cabeza, tratando de disipar esa voz.

Ya no podía quedarse quieta.

Debía encontrar una solución, y rápido.

El poder que había adquirido de Buu estaba colisionando con su propia conciencia, con sus propios recuerdos de humanidad.

Finalmente, sus ojos se posaron en la pantalla del monitor una vez más.

La imagen de Goku y Vegeta luchando seguía allí.

La batalla continuaba, y mientras observaba la pelea, algo se encendió en su mente.

¿Podría haber una forma de fusionar el poder de Buu con algo más?

Algo que pudiera contrarrestar la oscuridad de su poder.

Una fusión de fuerzas, de energías opuestas que pudiera equilibrar las tensiones dentro de ella.

El plan comenzó a formarse en su mente.

“Voy a hacer lo que nunca pensé que haría…” El sacrificio sería grande.

Pero si no actuaba, podría perderlo todo.

Androide 21 cerró los ojos, haciendo una nueva resolución en su mente.

Tenía que confrontar a Majin Buu, no solo como un poder ajeno, sino como una parte de sí misma que debía erradicar.

Y para ello, tendría que arriesgarlo todo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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