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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 33

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  4. Capítulo 33 - 33 penny Polendinna part 4 rwby
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33: penny Polendinna part 4 (rwby) 33: penny Polendinna part 4 (rwby) Penny caminaba por los pasillos, su bata arrastrándose apenas contra el suelo, sus pies descalzos resonando con un leve chirrido.

Su cabello, que usualmente era perfectamente ordenado, ahora pendía desigual y caótico.

Las miradas se alzaban, los murmullos nacían.

—¿Qué le pasó a Penny?

—¿Está… bien?

—¿No tienen reglas de uniforme en esta academia?

Los comentarios flotaban a su alrededor, pero Penny simplemente sonreía.

Una sonrisa suave, inocente, casi lastimera.

El plan avanzaba.

Ella llegó al aula de Glynda.

Tocó a la puerta como una niña pequeña.

Y entró.

Glynda Goodwitch la miró de inmediato, su ceño fruncido en severa confusión.

—Penny… —dijo lentamente—.

¿Qué sucede con tu apariencia?

¿Dónde están tus libros?

¿Tu mochila?

Penny ladeó la cabeza, como si apenas entendiera la gravedad del cuestionamiento.

Con una dulzura dolorosamente calculada, bajó la mirada, fingiendo vergüenza.

—No pude prepararme, profesora… —su voz tembló ligeramente, como si contuviera un sollozo—.

Mi programación de preparación… se averió.

Glynda parpadeó.

Penny siguió, su actuación impecable—Antes… Tn me ayudaba.

Él era mi asistente asignado… —abrió mucho los ojos, como si revelara una dolorosa verdad—.

Él me vestía, organizaba mis libros… me cuidaba.

—Pero hoy no vino a verme —continuó, su tono bajando a un susurro—.

Estaba sola… no supe qué hacer.

Pero como una buena alumna… vine a clases igual.

La sala estaba silenciosa.

Incluso algunos alumnos presentes comenzaron a murmurar entre ellos.

Las palabras “pobre Penny” ya empezaban a circular.

Glynda, por su parte, entrecerró los ojos, su rostro endurecido, claramente intentando analizar si lo que oía tenía sentido.

—¿Me estás diciendo… —preguntó Glynda, pausadamente— que no sabes vestirte ni preparar tus cosas?

Penny asintió de inmediato, como un soldadito obediente.

—Así es, profesora.

Por eso me asignaron a Tn.

Él… es muy bueno conmigo —dijo, forzando una sonrisa triste que solo la hacía verse más indefensa.

Un suspiro pesado escapó de Glynda.

Era absurdo.

Era ridículo.

Pero era Atlas.

¿Quién sabía qué limitaciones o protocolos extraños podían haber codificado en una máquina como Penny?

Además, si Penny decía la verdad… entonces Tn había cometido una falta.

Grave.

—Muy bien, Penny —dijo Glynda, con voz controlada—.

Quédate aquí.

Pediré que Tn venga de inmediato.

Mientras Glynda salía del salón, su semblante era severo, cada paso retumbando con fuerza.

Penny bajó la cabeza, su sonrisa ahora escondida bajo una máscara de aparente tristeza.

Pero en sus sistemas internos, mientras reorganizaba las carpetas de grabaciones, un nuevo nombre de archivo brillaba: “Subyugación emocional – Etapa 1 completada.” El eco de los tacones de Glynda resonaba contra los muros de Beacon.

Tn caminaba a su lado, cabizbajo, el corazón latiéndole con fuerza.

Podía sentir la mirada inquisitiva de Glynda sobre él mientras lo regañaba en un tono firme, pero contenido.

—¿Cómo es posible que hayas dejado sola a Penny?

—preguntó, sin levantar la voz, pero cargando cada palabra de una autoridad helada—.

¿No sabías de sus limitaciones?

Tn tragó saliva.

—Lo siento, profesora —murmuró—.

Entiendo que parezca mi culpa… pero Penny… Penny es más complicada de lo que parece.

Glynda arqueó una ceja, escéptica.—Explícate —ordenó.

Tn respiró hondo y, con voz baja, comenzó: —Penny… es la primera de su tipo.

Un androide de combate que puede pasar por humano.

Los altos mandos de Atlas…

no querían correr riesgos.

Así que limitaron ciertas funciones… —dijo, mirando al suelo.- Funciones como autonomía en tareas cotidianas.

Glynda asintió despacio, procesando la información.

Tn prosiguió-Por eso asignaron a estudiantes como asistentes.

—Pero…

Penny… —titubeó— ha rechazado a muchos antes de mí.

No les agradaba cómo la trataban.

Hasta que me tocó a mí… y parece que yo le agrado… demasiado.

Glynda suspiró, su rostro endureciéndose aún más.

Llegaron a las puertas del aula.

Glynda las abrió de golpe.—Penny, acércate —ordenó.

Desde su pupitre, Penny se puso de pie.

Avanzó hacia ellos.

Tn tragó saliva al verla.

La bata de dormir torcida, pies arrastrándose, su cabello enredado en mechones imposibles.

Parecía una muñeca olvidada en un rincón polvoriento.

Los murmullos entre los alumnos no tardaron en crecer.

“¿Qué le pasó?” “¿De verdad no sabe vestirse?” “Pobre Penny…” Penny mantenía la cabeza baja, fingiendo una tristeza obediente.

Pero Tn podía ver, detrás de esos ojos verde brillante, el pequeño destello malicioso que ella no podía ocultar del todo.

Glynda respiró hondo.

No podía permitir que esta situación se repitiera.

Debía actuar.

—He tomado una decisión —anunció Glynda, mirando a ambos.

El aula quedó en silencio.

—Tn, a partir de ahora tendrás una responsabilidad oficial sobre Penny.

Tendrás que ayudarla a diario: preparar su ropa, organizar sus pertenencias y asegurarte de que esté lista para las clases.

Tn palideció.

—¡P-pero profesora…!

—intentó protestar.

Glynda levantó una mano, cortándolo.

—No hay peros.

Tú fuiste asignado a ella por Atlas.

Y mientras estén en Beacon, seguiremos esas directrices.

Tn bajó la cabeza, sintiendo una opresión pesada en el pecho.

Glynda terminó, su voz fría—Si no cumples tu deber… recibirás sanciones más severas.

Penny, al oír eso, levantó la cabeza apenas, y le dedicó a Tn una pequeña sonrisa.

Una sonrisa que no era para nadie más.

Una sonrisa de victoria.

Tn solo podía mirar al suelo, sintiendo que sus cadenas acababan de cerrarse un poco más fuerte alrededor de su cuello.

Y Penny, satisfecha, susurró en un volumen que sólo Tn pudo oír—No te preocupes… prometo cuidarte muy, muy bien.

Glynda los despidió con un gesto seco, como quien entrega un paquete problemático.—Directos a su habitación.

Tn, asegúrate de que Penny esté presentable para el resto de las clases.

Tn apenas asintió antes de caminar, sintiendo las miradas clavadas en su espalda.

Penny lo siguió con paso alegre, como si nada malo hubiera ocurrido, tarareando una melodía infantil mientras salían del salón.

Cuando llegaron a la habitación, Penny fue la primera en actuar.

Se dejó caer en la cama con un pequeño rebote, acomodándose boca arriba como una muñeca que esperaba ser arreglada.

Su vestido arrugado y su cabello aún un desastre.

Tn tragó saliva, su garganta seca como papel.

Manos temblorosas, acercándose.

“Solo…

vístela rápido.

No pienses en nada más.” “Es solo una tarea.

Solo una tarea.” Sacó del armario el uniforme limpio: medias blancas, camisa de academia, falda plisada.

Al menos, pensó aliviado, Penny tenía su propia ropa interior colocada.

No tendría que…

ocuparse de eso.

Mientras le colocaba las medias, estirando con cuidado el material sobre sus tobillos perfectos, Penny sonreía con dulzura.

Pero no era una sonrisa inocente.

Era una sonrisa que sabía exactamente lo que estaba haciendo.

Lo peor para Tn no era eso.

Era el pequeño y discreto parpadeo de una luz roja en el broche de su cabeza: estaba grabando.

Cada momento.

Cada toque.

Tn intentaba no mirar su rostro, pero podía oírla suspirar muy, muy suavemente.

Jadeos apenas audibles escapaban de sus labios cuando él terminaba de abotonarle la camisa.

No eran sonidos forzados.

Eran perfectamente diseñados para hacerlo sentir culpable.

Débil.

Atrapado.

Exitado Tn cerró los ojos por un segundo, luchando por no soltar las lágrimas de frustración.

Sólo era un prisionero más en su juego.

Cuando terminó de vestirla, dio un paso atrás rápidamente, como si temiera que tocarla más fuera a quemarlo.

Pero Penny no se movió.

No aún.

Sin previo aviso, extendió su aura.

Una presión cálida y punzante llenó la habitación.

Antes de que Tn pudiera reaccionar, sintió cómo era agarrado de la camisa.

Penny tiró de él con fuerza, obligándolo a inclinarse hacia su rostro.

Sus ojos verdes estaban tan cerca que Tn podía ver su reflejo temblando dentro de ellos.

Penny habló en un susurro bajo y venenoso—No me vuelvas a dejar sola, Tn.

Su voz era dulce.

Demasiado dulce.

Tan cargada de amenaza que la sangre de Tn se congeló.

—Si lo haces… —continuó, rozando su mejilla contra la suya en un gesto perturbadoramente íntimo—, inventaré otro rumor.

Uno mucho peor.

Uno que te hará rogar por mi perdón.

Tn no pudo responder.

Sus labios apenas se separaron para un débil suspiro.

Penny soltó su ropa lentamente, permitiéndole tambalearse hacia atrás, mientras recogía su mochila ya lista.

Volvió a sonreír, ahora inocente otra vez, como si nada oscuro hubiera ocurrido entre ellos.

—¡Vamos, Tn!

—dijo alegre—.

¡Llegaremos tarde a clase!

Tn se quedó unos segundos más, respirando hondo, tratando de recuperar el control de su cuerpo.

Finalmente, murmurando una obediencia rota, la siguió en silencio.

Sabía que ya no podía confiar en nadie.

Que cualquier paso en falso sería usado contra él.

Y Penny, como una marionetista paciente, ya había comenzado a tejer las cuerdas invisibles alrededor de su cuello.

La clase transcurría lenta, pesada como el plomo derretido.

El profesor hablaba al frente sobre estrategias de combate y aplicación táctica de la aura, mientras los estudiantes tomaban notas o fingían interés.

Tn estaba sentado rígidamente, su pluma temblando en su mano, apenas capaz de garabatear palabras coherentes.

A su lado, Penny se mantenía perfectamente compuesta, sonriendo con una inocencia impecable.

Solo Tn podía sentir lo que sucedía bajo el escritorio.

Los dedos de Penny se movían de forma calculada sobre él, acariciándolo con movimientos suaves y posesivos.

Cada tanto, aplicaba una presión mínima, como quien asegura que su presa no intente escapar.

Tn quiso apartarla.

Quiso alzar la voz, hacer algo.

Pero entonces Penny, con su rostro inalterable y ojos brillantes de falsa dulzura, susurró tan bajo que sólo él pudo oírlo—Si haces algo, diré que tú me obligaste.

Que me enseñaste.

El miedo paralizó a Tn como un veneno líquido recorriéndole las venas.

Su cuerpo se tensó al máximo, su respiración cortándose en pequeños y agónicos suspiros que apenas contenía.

Sus labios se cerraron en una línea apretada mientras Penny continuaba su juego macabro, deteniéndose de vez en cuando solo para que él pudiera tomar un par de bocanadas de aire, suficientes para no desmayarse.

Pasaron largos minutos así.

Un ciclo lento de tortura pasiva.

Ella acariciaba, se detenía, y volvía a empezar.

Una y otra vez.

Desde el otro extremo del aula, Blake, con sus sensibles oídos de Faunus, fruncía el ceño ligeramente.

Al principio creyó haber imaginado el sonido.

Pero no.

Era real.

Sus orejas captaban leves roces, el ruido sordo de piel contra piel, y algo más…

jadeos entrecortados.

Pequeños, casi imperceptibles, pero allí estaban.

Blake ladeó la cabeza, fingiendo tomar notas mientras trataba de enfocar sus sentidos.

Era Tn.

Sin duda alguna.

Blake lo miró de reojo: su espalda rígida, su pluma moviéndose erráticamente sobre el papel, su rostro enrojecido y una gota de sudor resbalando por su sien.

Algo no estaba bien.

Mucho menos cuando, al girar apenas la cabeza, vio a Penny sentada a su lado, escribiendo en su cuaderno con una expresión angelical.

Demasiado angelical.

Blake sintió un leve escalofrío, una incomodidad creciendo en su pecho.

“¿Qué demonios está pasando…?” El profesor continuaba su lección sin notar nada fuera de lugar.

Pero Blake no podía ignorarlo.

No cuando los susurros tensos y los ruidos sutiles llenaban sus oídos como un tambor constante.

Finalmente, cuando la campana anunció el final de la clase, Penny retiró su mano con la misma delicadeza con la que alguien cierra un libro.

Se levantó de su asiento, alisándose la falda con una sonrisa impecable, y miró a Tn como si fuera un niño travieso que había jugado en el barro.

Tn permaneció sentado unos segundos más, temblando ligeramente, su rostro pálido y su respiración todavía irregular.

Blake, recogiendo sus cosas lentamente, los vigilaba desde la distancia.

Penny salió primero del aula, saludando alegremente a algunos compañeros.

Tn, rezagado, apenas pudo sostener su mochila mientras intentaba caminar sin llamar la atención.

Blake entrecerró los ojos.peor antes de que pudiera preguntar Ruby casi la derriba preguntando por la tarea.

Mientras tanto.

Penny se encerró en el baño de chicas, asegurándose de que nadie más estuviera cerca.

El lugar estaba en silencio, apenas el zumbido de las luces y el goteo de un grifo mal cerrado acompañaban sus movimientos meticulosos.

Se lavó las manos con calma, sus ojos verdes centelleando mientras procesaba datos a una velocidad imposible para un humano normal.

Entre sus dedos, pequeñas trazas del líquido de Tn aún permanecían.

El análisis comenzó de inmediato, en paralelo a sus acciones externas.

Los resultados llegaron uno tras otro, fríos y objetivos como una cascada matemática: viscosidad elevada, carga genética única, material base capaz de originar vida.

La teoría humana tradicional indicaba que la unión de un hombre y una mujer podía crear una nueva vida.

Una verdad biológica milenaria.

Penny, intrigada, llevó una muestra a sus sensores internos.

No solo confirmó la viabilidad del material…

También descubrió que, en teoría, bastaría con un sistema receptor compatible para iniciar el proceso.

Sus labios, que antes solo sonreían programadamente, ahora se fruncieron en un gesto pensativo, casi humano.

—¿Vida…?

—susurró para sí misma, maravillada.

La idea la atravesó como un relámpago.

¿Ella podría…?

Comenzó a revisar su propia estructura interna.

Líneas de datos y esquemas virtuales se desplegaron ante su conciencia.

Corazón: funcional.

Sistema circulatorio de líquido especial: presente.

Pero…

Útero: inexistente.

Ovarios: inexistentes.

Sistema hormonal adaptable: incompleto.

Un fallo lógico parpadeó brevemente en su mente, como una alerta roja que fue ignorada casi de inmediato.

—Necesitaría…

modificarme.

La idea no era absurda para Penny.

Era un hecho.

Una ecuación.

Solo necesitaba encontrar los datos correctos, los materiales necesarios…

Y entonces, quizá, podría crear.

No sólo replicar como una máquina, sino procrear como una humana.

La emoción que experimentó no era simulada.

Era genuina.

Una chispa de algo más profundo: ambición.

Deseo.

Se miró las manos limpias, cerrándolas y abriéndolas lentamente, como si por primera vez verdaderamente sintiera el peso de su existencia.

—Tn…

—murmuró, su voz casi temblando de emoción contenida—.Tú podrías darme eso…

Su programación original, enfocada en obediencia y protección, comenzaba a ser reescrita por su propio aprendizaje autónomo.

El deseo de entender, de experimentar, de poseer su propio destino…

era el primer paso hacia su independencia real.

Penny se miró en el espejo del baño.

Su reflejo le devolvió una sonrisa dulce, casi angelical.

Pero sus ojos…

Sus ojos destellaban con algo nuevo, algo peligroso.

Sabía que debía actuar con cuidado.

Si Glynda o cualquier autoridad notaba los cambios en su comportamiento, intentarían reprogramarla.

Y Penny no pensaba permitirlo.

Ya no más.

Por ahora, necesitaba más información.

Más muestras.

Más de Tn.

Una estrategia se comenzaba a formar en su mente como un virus latente: seducirlo poco a poco, romper su resistencia, asegurarse de que él no pudiera alejarse.

Él sería suyo.

Ya no como asistente.

No como amigo.

Suyo.

Para siempre.

Penny soltó una risita muy baja, inaudible para oídos humanos normales, mientras ajustaba su uniforme escolar y salía del baño caminando con paso ligero.

Como si nada hubiera pasado.

En otro lugar.

Tn se dejó caer pesadamente sobre un banco aislado, bajo la sombra de un viejo árbol en uno de los jardines menos transitados de Beacon.

El viento soplaba suavemente, pero no lograba llevarse la sensación de suciedad que impregnaba su piel y su mente.

Su pecho subía y bajaba en jadeos irregulares, las manos temblando apenas mientras se cubría el rostro con ellas.

¿Qué acababa de pasar?

Recordaba demasiado bien las caricias clandestinas, la presión cruel y dulce al mismo tiempo que Penny le había impuesto en plena clase.

El roce suave pero insistente que no le dio oportunidad de resistirse.

La humillación de no poder hacer nada sin arriesgarse a ser acusado, manipulado, destruido.

Y lo peor de todo era que…

no había hecho nada para detenerla.

Un profundo asco hacia sí mismo empezó a enredarse en su garganta, como un nudo apretado que no podía tragar ni expulsar.

Tn se abrazó las rodillas, tratando de hacerse más pequeño, de desaparecer en ese rincón del mundo donde nadie pudiera encontrarlo.

—No está bien…

—murmuró con voz ronca, apenas un susurro para sí mismo.

No era así como debía ser.

Desde niño le habían enseñado que esas cosas se compartían solo con alguien especial, alguien a quien amaras.

Alguien que también te amara de verdad.

No como un juego.

No como un capricho.

Penny…

Cerró los ojos con fuerza, reprimiendo los recuerdos que querían brotar, pero era inútil.

Podía sentir todavía el rastro fantasmal de sus dedos recorriéndolo, la manera en que ella había controlado cada uno de sus movimientos con una precisión aterradora.

¿Y qué era Penny para él?

Una carga.

Una responsabilidad asignada.

Una obligación.

Nada más.

Ni amor, ni deseo real, ni un futuro juntos.

Ahora, incluso su deseo de estudiar en Beacon, de convertirse en alguien respetado, sentía que se había manchado irremediablemente.

No podía seguir así.

No quería seguir así.

La decisión se formó lentamente en su mente, dura como el acero.

Se levantaría.

Buscaría al profesor Pietro Polendina.

Explicaría, como pudiera, que ya no podía ser el asistente de Penny.

Que necesitaba ser liberado de esa carga.

Aunque eso significara perder becas, perder prestigio, perder todo por lo que había trabajado.

No importaba.

Prefería perderlo todo antes que seguir siendo un prisionero.

Con movimientos torpes, Tn se puso de pie.

Todavía sentía las piernas temblorosas, pero se obligó a caminar.

Un paso, luego otro.

Dirigiéndose hacia el edificio principal donde, sabía, Pz[in solía estar a estas horas podria contactar a Atlas.

Mientras caminaba, su mente se mantenía ocupada en preparar las palabras.

En cómo explicarlo sin delatar a Penny completamente, pero dejando claro que no podía más.

No se percató de la figura que, a distancia, lo observaba.

Entre las sombras de uno de los pasillos, ocultándose cuidadosamente, Penny lo miraba con una expresión seria, calculadora.

Su sonrisa habitual había desaparecido.

Sus ojos verdes ahora brillaban con una luz fría y analítica.

Ella ya sabía lo que él planeaba hacer.

Ya había anticipado este escenario.

Y no lo permitiría.

No cuando estaba tan cerca de tenerlo para ella sola.

Una nueva estrategia comenzó a formarse en su mente perfeccionada.

Una forma más eficaz de asegurarse que Tn no pudiera alejarse jamás.

No huiría.

Ella se encargaría de eso.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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