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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 37

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  4. Capítulo 37 - 37 Ellen joe zzz
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37: Ellen joe (zzz) 37: Ellen joe (zzz) La tarde caía lenta sobre New Eridu, tiñendo el cielo con tonos dorados y anaranjados.

En una enorme casa de diseño moderno, un joven llamado Tn se acomodaba frente a su computadora en la sala principal.

Su cabello caía de forma descuidada sobre su frente, y sus ojos, algo cansados, repasaban documentos digitales.

Era un chico con buena familia, pero huérfano desde muy joven.

Pese a su inmensa fortuna, vivía solo.

Solo…

y en medio de un caos doméstico que había decidido, finalmente, enfrentar.

Fue así como, tras pensarlo unos días, contrató los servicios de Victoria Housekeeping Co.

A varias calles de distancia, Ellen Joe arrastraba los pies frente a una gran puerta de madera tallada.

Su uniforme de maid impecable, su lollipop girando perezosamente entre sus labios, y una expresión de agotamiento silencioso en su rostro.

—”Espero que no sea otro viejo asqueroso o un tonto hiperenérgico…” —murmuró para sí, demasiado cansada para ocultar su resignación.

Con un suspiro resignado, presionó el timbre.

Ding dong.

Tn, medio perdido en su trabajo, apenas reaccionó, pero se levantó de su asiento y abrió la puerta.

Frente a él estaba la maid más…

inusual que había visto: Cabello negro corto, ojos tranquilos como el océano en calma, y una cola de tiburón que se movía perezosamente detrás de ella.

—”Moe Moe Buenas tardes.

Soy Ellen de Victoria Housekeeping…

Me asignaron este trabajo.

¿Puede indicarme por dónde empezar?” Su voz era tan plana como la superficie de un lago, pero increíblemente profesional.

Tn, algo sorprendido por su presencia, se apartó para dejarla pasar.—”Hola…

sí.

Muchas gracias por venir.

Umm, puedes empezar por donde quieras.

La cocina y la sala probablemente necesiten más ayuda…” —respondió, rascándose la nuca con nerviosismo.

Ella asintió, sacó un pequeño cuaderno donde tenía instrucciones básicas y comenzó a trabajar.

Se movía con eficiencia perezosa: lenta pero constante, como si su cuerpo quisiera rendirse pero su deber la obligara a seguir.

Recogía platos, organizaba estanterías, limpiaba polvo…

Todo mientras Tn volvía a su computadora, revisando sus proyectos silenciosamente.

No hubo preguntas incómodas.

No hubo miradas raras.

No hubo ambiente tenso.

Para Ellen, eso era como un pequeño milagro.

Mientras barría el corredor, Ellen miraba de reojo al chico en la sala.

No parecía ser un acosador, ni un gritón, ni un torpe buscando excusas para hablarle.

Solo trabajaba, serio, en su mundo digital.

Un pequeño bostezo escapó de sus labios.

Apoyó brevemente su escoba contra la pared y sacó otro lollipop de su bolsillo, reemplazando el anterior ya deshecho.

“No está tan mal…” pensó con cierta pereza.

“Quizá pueda terminar rápido y dormir temprano hoy…” Lo que ni Ellen ni Tn sabían, era que esta tarde, tan normal y tan rutinaria, sería el inicio de algo que lentamente escaparía del control de ambos…

Y que bajo la máscara de indiferencia de Ellen, algo muy, muy diferente empezaría a despertar.

Ellen avanzaba con calma por el segundo piso, el sonido de sus pasos amortiguado por la alfombra mullida del pasillo.

Mientras pasaba el trapo sobre las barandas de madera, su vista se desvió hacia una pared decorada con varios cuadros.

Curiosa —o simplemente buscando una excusa para detenerse unos segundos— Ellen se acercó, dejando el trapo colgado de su muñeca.

Las fotografías tenían un aire antiguo, bordes gastados y marcos sencillos.

En la primera, un joven de cabello rubio brillante y gafas redondas sonreía ampliamente.

Tenía esa energía juvenil que parecía llenar el espacio a su alrededor.

Algo en su sonrisa era cálido, casi demasiado brillante para ser real.

En la segunda fotografía, otro joven muy similar al primero, pero de cabello blanco y gesto serio, miraba a la cámara con una expresión contenida, casi orgullosa, pero cargada de un peso invisible.

Ellen parpadeó al llegar a la tercera imagen.

Era…

prácticamente el mismo chico de abajo, el mismo de las dos anteriores, pero sin gafas ni la postura despreocupada de ahora.

En esa foto, el muchacho tenía la mirada perdida, y una expresión tristemente resignada.

Como si sonriera solo porque alguien le pidió que lo hiciera.

Un pequeño hilo de incomodidad recorrió la espalda de Ellen, pero la desechó con un movimiento de su cola de tiburón.

“No es asunto mío…” se dijo.

Sin embargo, la última fotografía capturó su atención como un anzuelo.

Era diferente.

La imagen estaba algo dañada, la esquina superior izquierda rasgada, y algunas manchas oscuras ocultaban detalles importantes.

Ellen se inclinó hacia adelante, el lollipop moviéndose perezosamente entre sus labios.

La fotografía mostraba a un hombre de cabello blanco, como nieve fresca, pero con un rostro muy similar al rubio anterior.

Gafas de un lente rojo cubrían sus ojos, dándole un aire misterioso, casi amenazante.

A diferencia de las otras fotos, esta no transmitía calidez ni tristeza: transmitía algo frío, antiguo, y quebrado.

Algo que no debía ser recordado.

Ellen ladeó la cabeza, pensativa.

¿Quién era ese?

¿Por qué estaba esa fotografía aquí, oculta y dañada, como si alguien hubiera querido olvidarla pero no hubiera tenido el valor de tirarla?

No obtuvo respuesta.

No buscó más.

Se enderezó, acomodó su uniforme, y siguió limpiando, como si nada hubiera pasado.

Como si no sintiera ese extraño cosquilleo en la base de su cuello, esa sensación de que…

tal vez esa casa, y ese chico silencioso trabajando abajo, no eran tan normales como parecían.

Mientras Ellen desempolvaba una estantería cercana, en el primer piso, Tn tecleaba metódicamente en su computadora, pero sus ojos, fugazmente, miraban hacia la escalera.

Había notado la pausa.

Había sentido la mirada curiosa.

Y, en lo profundo de sí mismo, una voz vieja y olvidada, casi como un eco, susurraba:”No despiertes lo que duerme, Tn.” Él volvió a su trabajo, como si pudiera ignorarlo.

Pero el hilo invisible que lo conectaba con Ellen…

ya había empezado a tensarse.

Finalmente, después de varias horas de trabajo, Ellen dejó escapar un gran suspiro al poner en orden el último cojín del salón.

Tn, aún sentado frente a su computadora, levantó la vista al notar que la joven maid tiburón recogía sus herramientas de limpieza.

—¡Espera un momento!

—llamó él, levantándose torpemente de la silla.

Ellen, acostumbrada a clientes que la ignoraban o le daban solo un asentimiento de cabeza, parpadeó cuando Tn se le acercó con una pequeña sonrisa algo tímida.

De su bolsillo sacó un sobre y se lo extendió.

—Tu paga…

Y algo extra.

Gracias por el esfuerzo —dijo simplemente, evitando contacto visual prolongado.

La shark thiren aceptó el sobre, asintiendo con su típica pereza cansada, aunque una pequeña chispa de sorpresa cruzó sus ojos.

No esperaba un gesto tan…

educado.

De hecho, no esperaba nada más que un frío “puedes irte o te pagare extra si haces algo por mi”.

—Gracias, Master —murmuró Ellen, el lollipop todavía en su boca.

Giró sobre sus talones, dispuesta a marcharse, pero antes de que se alejara demasiado, escuchó la voz de Tn despidiéndose desde la puerta.

—Cuídate, Ellen.

Que tengas un buen regreso.

Ella solo alzó la mano en señal de respuesta, sin girarse.

El sol de la tarde empezaba a ocultarse detrás de los edificios de New Eridu mientras Ellen caminaba de regreso a la base de Victoria Housekeeping.

Sacó el sobre de su bolsillo y, por mera costumbre, empezó a contar el dinero.

Cuando terminó, sus ojos se abrieron un poco más de lo normal.

—…Este tipo me pagó más que bien —murmuró para sí, dejando escapar un silbido bajo.

Con el dinero que había recibido, podía permitirse varios días sin trabajar si quería.

Quizá incluso podría invitar a Ruby o a Monna a karaoke sin preocuparse del gasto.

Ellen suspiró de alivio, su cola moviéndose perezosamente detrás de ella.

“Ojalá todos los trabajos fueran así de fáciles…” pensó, antes de morder con fuerza su lollipop y seguir caminando, tarareando muy suavemente para sí misma.

Mientras tanto, en la casa silenciosa, Tn apagó su computadora.

El ruido monótono de los ventiladores cesó, dejando al lugar envuelto en un silencio cómodo pero denso.

Apagó las luces del primer piso y subió lentamente las escaleras.

Ya acostado en su cama, mirando al techo a través de la penumbra, Tn dejó que sus pensamientos vagaran.

Había algo reconfortante en la presencia de alguien más en la casa, aunque solo hubiera sido por unas horas.

Una soledad antigua volvía a asentarse sobre sus hombros, como un abrigo demasiado pesado para quitarse.

“¿Debería adoptar un animal?” pensó distraídamente, pasando mentalmente por imágenes de pequeños gatos, perros, o tal vez incluso un Bangboo —esas pequeñas criaturas robóticas que servían de compañía.

La idea era tentadora.

Algo que le hiciera compañía.

Algo vivo…

o casi vivo.

Sin embargo, en el fondo de su pecho, otra idea, más extraña y más tenue, surgió:”O…

tal vez, simplemente debería volver a llamarla a ella.” La imagen de Ellen, con su andar despreocupado, su voz cansina, y su ligera sonrisa indiferente, cruzó su mente.

Tn se giró en la cama, cerrando los ojos.

No era una mala idea.

Mientras tanto, muy lejos de imaginarlo, Ellen, ya en su dormitorio improvisado en la base, sacaba el sobre de nuevo y sonreía un poquito, una de esas sonrisas casi invisibles que rara vez se permitía.

“Tn…

no estuvo tan mal…” La ciudad de New Eridu dormía lentamente, pero, en algún lugar de su vasta extensión, dos almas sin saberlo empezaban a cruzar hilos invisibles entre ellas.

Y tal vez…

solo tal vez…

no era un simple accidente.

Pasaron algunos días tranquilos para Tn.

Trabajó en varios proyectos desde casa, salió a hacer algunas compras, e incluso pensó seriamente en adoptar un Bangboo.

Sin embargo, una parte de él seguía sintiendo la casa demasiado vacía, demasiado silenciosa.

Así que, una tarde cualquiera, decidió volver a contratar los servicios de Victoria Housekeeping Co.

“Quizá vuelva Ellen…” pensó, de manera inconsciente.

Pero esta vez, el destino tenía otros planes.

Cuando el timbre sonó, Tn abrió la puerta y se encontró con una chica completamente distinta.

Una joven maid de cabello plateado atado en coletas desordenadas, sosteniendo entre sus manos una enorme y ruidosa…

¿motosierra?

Ella le sonrió nerviosamente, apretando su uniforme como si tratara de ocultarse en él.

—¡P-por favor, p-perdone la i-irrupción!

¡S-soy Corin Wickes de Victoria Housekeeping Co.!

¡E-estoy aquí p-para limpiar su hogar!

—dijo todo en un solo y atropellado suspiro.

Tn parpadeó, asombrado por la combinación de su apariencia frágil, su motosierra intimidante…

y su voz tan insegura.

Sin embargo, sonrió con calma y se hizo a un lado.

—Bienvenida, Corin.

Adelante.

No te preocupes, toma el tiempo que necesites.

La joven maid asintió repetidamente como un resorte, luego pasó al interior de la casa, tratando de ser lo menos intrusiva posible, aunque cada paso suyo parecía temblar de nervios.

Mientras Corin empezaba a desplegar sus herramientas de limpieza (y cuidadosamente dejaba la motosierra a un lado, asegurándose de que no pareciera amenazante), Tn decidió no interrumpirla más.

No quería ponerle más presión.

Así que encendió su televisor, se acomodó en el sofá con una manta ligera, y buscó alguna película en sus servicios de streaming.

Finalmente, eligió una vieja película de ciencia ficción que había visto de niño.

Algo sobre un tal padrino.

Mientras las luces del televisor parpadeaban en tonos azules y plateados, Corin se movía silenciosamente de habitación en habitación.

Cada vez que golpeaba algo accidentalmente, soltaba un “¡L-lo siento!” apenas audible.

Tn, sin embargo, apenas prestaba atención.

Había algo curioso, casi entrañable, en su presencia nerviosa pero determinada.

A pesar de sus inseguridades visibles, Corin limpiaba con una eficiencia impecable: polvo, manchas, pequeños desordenes, todo era tratado con precisión quirúrgica.

Cada movimiento suyo era meticuloso, casi como si estuviera tratando de corregir no solo el desorden de la casa…

sino algún tipo de “falla” dentro de sí misma.

Mientras tanto, en el sofá, Tn sintió su mente divagar.

“No se parece en nada a Ellen…” pensó mientras un replicante en la película murmuraba sobre querer más vida.

“Pero tampoco está mal…” Por un momento, sintió que el sofá se hundía levemente a su lado, como si la casa misma respirara más profundamente gracias a la presencia de otra alma en ella.

Mientras Corin continuaba limpiando, en su mente pasaban pensamientos caóticos:”¡No estropees nada, Corin!

¡No arruines nada!

¡Este cliente es amable, no seas una carga!” “¿Debería disculparme otra vez?

¿O solo seguir limpiando…?

¿Tal vez debería ofrecerle algo?

¡No!

¡Eso sería grosero!” Su cola —si es que hubiera tenido una— habría estado entre sus piernas.

Pero, en medio de ese caos interno, Corin también sentía algo cálido.

A diferencia de otros clientes que la ignoraban o se quejaban de su nerviosismo, Tn simplemente…

la dejaba ser.

Y eso, en su mundo lleno de disculpas, era un regalo silencioso y brillante.

La película avanzaba lentamente.

Y la casa, poco a poco, se volvía un hogar otra vez.

Y en algún rincón silencioso, una nueva cuerda invisible comenzaba a atarse…

No una de deuda.

No una de obligación.

Sino algo mucho, mucho más difícil de desatar.

Cuando Corin terminó de limpiar, regresó tímidamente a la sala, donde Tn la esperaba ya con su billetera en mano.

Sin una palabra innecesaria, le entregó una suma considerable de dinero, incluso un poco más que la tarifa estándar.

Corin parpadeó sorprendida, sintiendo sus mejillas calentarse.

—¡G-gracias…

g-gracias por su g-generosidad…!

—balbuceó haciendo una torpe reverencia.

Tn simplemente sonrió de lado y, caminando con calma hasta la puerta, la despidió con un gesto suave.

—Cuídate, Corin.

Buen trabajo.

Corin, apretando con fuerza el sobre con el pago entre sus manos, se marchó a paso rápido, su corazón latiendo fuerte.

No de miedo, sino de una tímida felicidad.

De regreso en la base de Victoria Housekeeping, Corin casi flotaba mientras caminaba entre sus compañeras.

Llegó hasta la sala común, donde algunos empleados descansaban tras su jornada.

Sentada sobre uno de los sofás, estirada como un gato perezoso, Ellen chupaba una paleta de fresa, su cabello recogido en una coleta floja.

Lycaon —un maid alto con una apariencia bestial pero educación impecable— miró a Corin con una ceja alzada cuando ella se acercó con una inusual sonrisa.

—¿Te fue bien, Corin?

—preguntó Lycaon, dejando a un lado el libro que leía.

Corin asintió enérgicamente, casi como si se iluminara.

—¡S-sí!

¡Un cliente muy amable…

pagó muy bien…!

¡Todo solo por limpiar una casa!

Al oír eso, Ellen abrió un ojo con pereza desde el sofá.

—¿Ah sí…?

—dijo arrastrando la voz— ¿Cómo se llamaba el cliente?

Corin murmuró, bajando la voz como si revelara un secreto—Se llamaba…

Tn.

El nombre cayó como una piedra en un charco tranquilo.

Ellen, sin previo aviso, mordió su paleta con un chasquido seco, partiendo el caramelo por la mitad.

Se incorporó un poco, su ceño fruncido de manera casi imperceptible.

“¿Tn…?

¿Ese Tn?” Una ligera frustración —apenas un susurro, pero lo bastante agudo— se deslizó dentro de ella.

No era rabia…

pero sí una punzada incómoda.

—Tsk…

—Ellen chasqueó la lengua, acomodándose mejor en el sofá.

Su humor había cambiado sutilmente.

No era justo.

¿Por qué Corin, que apenas sabía cómo lidiar con los clientes, tuvo la suerte de atender a alguien decente, mientras ella…?

Mientras tanto, Ellen había tenido que lidiar esa semana con un cliente insufrible:Un tipo egocéntrico, desagradable, que no dejaba de hacer insinuaciones incómodas cada vez que tenía oportunidad.

Uno que parecía creer que contratar una maid incluía entretenimiento personal.

Había soportado miradas pesadas, comentarios patéticos y una necesidad constante de recordar por qué soportaba aquel trabajo.

“Y Corin consigue a un niño rico, tímido, que solo quería su casa limpia…” pensó Ellen, apretando los dientes.

Lycaon, notando el cambio de humor en Ellen, cerró su libro.

—¿Mal cliente?

—preguntó, con la voz baja y comprensiva.

Ellen soltó un bufido.

—Más bien un idiota arrogante —gruñó—.

Me pregunto si ahora deba pedir que me asignen con ese Tn la próxima vez…

Corin, que no entendía del todo la incomodidad de Ellen, bajó la mirada apenada, pensando que tal vez había dicho algo mal.

—¡L-lo siento!

¡N-no quería…!

—No te disculpes, Corin —dijo Ellen rápidamente, cerrando los ojos otra vez y levantando una mano despreocupada—.No es tu culpa que algunos clientes sean basura.

Ellen chupó los restos de su paleta, su mente girando lentamente.

“Tn, ¿eh…?

Qué curioso.” Afuera, la noche caía lentamente sobre la ciudad.

Y aunque parecían solo fragmentos de días comunes, en algún rincón, pequeñas conexiones invisibles comenzaban a formarse.

Tn, sin saberlo, había dejado una ligera marca en dos personas muy distintas.

Una, llena de gratitud y sorpresa.

La otra…

llena de una sutil curiosidad teñida de algo más oscuro.

La luz del sol entraba débilmente a través de las cortinas, iluminando la mesa donde Tn desayunaba tranquilamente.

La paz de la mañana era interrumpida repentinamente por un ruido metálico proveniente de sus botes de basura.

Frunció el ceño, dejando a un lado su taza de café, y se levantó para investigar.

Cuando salió al jardín trasero, notó un pequeño gato British Shorthair revoloteando entre los botes, buscando algo para comer.

El felino levantó la vista y, al notar la presencia de Tn, le lanzó una mirada desafiante, seguida de un siseo gutural.

Tn levantó una ceja, algo sorprendido por la reacción del animal, pero sin perder la calma, se agachó lentamente.

Sin darle oportunidad de escapar, extendió su mano y atrapó al gato por el cuello, levantándolo con suavidad y sin esfuerzo.

El gato, como era de esperar, comenzó a gruñir y retorcerse, pero Tn lo llevó con él dentro de la casa.

—Tranquilo…

no te haré daño —murmuró Tn, mientras cerraba la puerta tras de sí, llevándose al gato hacia la sala.

El gato continuó protestando, intentando zafarse, pero Tn lo soltó suavemente sobre el suelo.

Sin perder tiempo, fue hasta la cocina y sacó algunos trozos de jamón de la nevera, cortándolos en pequeños pedazos.

Volvió rápidamente con el gato, quien aún parecía bastante molesto.

Al ver los trozos de jamón, el gato dejó de gruñir y, con un movimiento rápido, empezó a comer.

Tn lo observó en silencio por un momento, su rostro más relajado.

Sin decir una palabra más, acarició al gato suavemente en la cabeza.

—Parece que ya tengo un gato…

—murmuró, una sonrisa fugaz cruzando por su rostro.

—Te llamaré Benny…

Curioso Ben.

El gato, al escuchar su nombre, levantó la cabeza y maulló, como si de alguna manera reconociera la simple y tranquila aprobación de su nuevo dueño.

Tn se agachó para acariciarlo una vez más, disfrutando de la calma que el animal traía consigo.

El sonido de la maullada resonó en la casa, y Tn, aún observando al gato comer con voracidad, se recostó un momento contra la pared.

“Tal vez…

no estaría tan mal tener compañía después de todo”, pensó, mientras observaba a Benny devorar su desayuno.

Tras un rato, el gato se acomodó cerca de la ventana, su cuerpo redondo y mullido, mientras Tn se levantaba lentamente.

—Bueno…

¿Qué debo hacer ahora?

—murmuró para sí, mirando el reloj.

Pensó en los pendientes que tenía, en el trabajo que aún debía completar.

Decidió que sería una buena idea ocuparse de esos asuntos primero antes de tomar un descanso.

Debería trabajar un poco y luego llamar a los servicios de Victoria, pensó, mientras se dirigía nuevamente a su computadora, listo para organizar sus tareas del día.

A medida que las horas pasaban, Tn estuvo completamente enfocado en su trabajo.

Sin embargo, sus pensamientos no podían evitar regresar al gato que había traído consigo.

Algo en la tranquilidad que Benny le ofrecía era reconfortante.

Quizás tener a un compañero de cuatro patas no era tan mala idea después de todo.

A media mañana, Tn se levantó para estirarse, y mientras lo hacía, miró al gato durmiendo en su sillón.

“Sí, este pequeño…

va a ser una buena compañía.” Con una sonrisa ligera, tomó su teléfono y, antes de continuar con su jornada, decidió que era momento de hacer una llamada.

La casa comenzaba a sentirse menos vacía, y tal vez esa sensación de vacío era lo que más necesitaba llenar.

Sin pensarlo más, seleccionó el número de la base de Victoria Housekeeping.

El teléfono sonó varias veces antes de que alguien contestara.

—¿Hola, Victoria Housekeeping?

—la voz del recepcionista sonó de manera profesional al otro lado.

—Hola.

Quisiera solicitar los servicios de una de sus empleadas para mañana.

—Tn sonrió para sí mismo, mientras Benny maullaba ligeramente desde el sillón—.

Creo que ya es hora de organizar bien esta casa.

Al día siguiente, una nueva maid se presentaría en la puerta de Tn.

Mientras tanto, él disfrutaba de la compañía de su nuevo amigo peludo, quien ya se había acomodado como parte del mobiliario de la casa.

Con un gato en casa y una rutina que comenzaba a ser más interesante, Tn ya sentía que la soledad que lo había acompañado por tanto tiempo, comenzaba a disiparse.

El pequeño Benny parecía ser el primero de muchos cambios en su vida.

Mientras tanto, en la base de Victoria Housekeeping, Ellen y Corin estaban hablando entre ellas.

Corin, como siempre, era la más tímida de las dos, pero esta vez, Ellen había notado algo extraño en su actitud.

—¿Sabías que Tn sigue contratando a gente?

—preguntó Corin con un tono de voz algo curioso, pero aún inseguro.

Ellen, que no dejaba de jugar con su paleta, levantó una ceja, como si ya sospechara algo.

—Sí, y…

—Ellen sonrió, sus ojos brillando un poco con picardía—, ¿qué tal si esta vez te toca a ti, Corin?

Corin parpadeó, sorprendida.

—¡Y-y-y-y-yó!

N-n-no me hagas esa broma…

Ellen simplemente sonrió con una expresión que decía “quién sabe…” Ellen había recibido la llamada esa mañana, como siempre, con el tono monótono y profesional del recepcionista de Victoria Housekeeping.

—Ellen, te han asignado un trabajo hoy —le había dicho.

No había mucho que esperar, pero ella había aceptado sin dudarlo.

Un nuevo cliente, una nueva casa, y la misma rutina.

Sin embargo, lo que no sabía era que este día sería diferente.

La casa a la que se dirigió no estaba lejos, una mansión modesta pero lujosa, de esos lugares en los que la limpieza no parece ser solo una tarea, sino una necesidad impuesta por el orden meticuloso de quien vive allí.

Cuando llegó, la mujer que la recibió la miró de arriba a abajo, frunciendo el ceño al ver su cola de tiburón.

—Así que eres tú…

—la mujer murmuró, como si le costara entender por qué había llegado alguien tan peculiar para hacer el trabajo.

Ellen se limitó a sonreír, sabiendo que no valía la pena responder.

La mujer no parecía querer perder más tiempo y le indicó con desdén que se pusiera a trabajar, señalando las áreas de la casa que necesitaban más atención.

Ellen, acostumbrada a estos gestos, asintió y comenzó a limpiar, con el pesado sentimiento de que las cosas no irían bien.

Mientras barría la sala, escuchaba la mujer hablar por teléfono desde otra habitación.

A medida que las palabras llegaban a sus oídos, el tono venenoso de la conversación le hizo sentir un nudo en el estómago.

—Sí, tengo a ese animal asqueroso trabajando en mi casa…

—la mujer dijo con una risita desagradable—.

A pesar de ser linda, no me gusta como es.

Siempre esa cola…

tan rara.

Pero bueno, tiene que limpiar, ¿no?

Ellen apretó los dientes, sin volverse a mirar, tratando de no dejar que las palabras la afectaran.

Tomó una respiración profunda, concentrándose en lo que tenía que hacer.

“Solo unas horas más, Ellen…

solo unas horas más”, pensó.

A medida que avanzaba en su trabajo, la mujer no dejó de hablar por teléfono, soltando más comentarios despreciativos, y aunque Ellen no los respondía, sentía cómo las palabras se acumulaban, volviendo su día más pesado.

Finalmente, después de que ella terminó de limpiar toda la casa, la mujer la detuvo antes de que pudiera irse.

—No está lo suficientemente limpio —dijo la mujer sin mirarla, como si no hubiera terminado de cumplir con su orden—.

Tienes que hacer un poco más.

Ellen, a punto de explotar, pero aún conteniéndose, asintió con una sonrisa forzada.

—Sí, señora…

lo haré ahora mismo.

Mientras limpiaba una vez más, los nervios se acumulaban en su pecho.

“No puedo dejar que esto me afecte.

Solo quiero irme y que termine todo.” Pero las palabras de la mujer no dejaban de retumbar en su cabeza, junto con el eco de su tono despectivo.

¿Cómo podía ser tan cruel con alguien que solo estaba allí para hacer su trabajo?

Finalmente, cuando la noche se empezó a dejar sentir, Ellen terminó la limpieza.

La mujer, como si ya no la necesitara, simplemente la despidió con un gesto impaciente, sin darle ni siquiera una sonrisa.

—Listo, ya está.

Puedes irte —dijo la mujer, mientras se acomodaba en su sillón y volvía a mirar su teléfono.

No parecía interesada en nada más.

Ellen, aún controlando su frustración, tomó sus pertenencias y se acercó a la puerta, pero antes de salir, recordó la razón por la que estaba allí.

—Eh, ¿mi paga?

—preguntó, sintiendo cómo la incomodidad de la situación se incrementaba.

La mujer suspiró, como si le costara dar algo tan simple.

Luego, sin mucho entusiasmo, sacó un pequeño bolso de su bolso y se lo arrojó sin más.

Ellen lo miró al instante, aliviada por ver algo de dinero, pero al abrir el bolso, su expresión cambió.

La cantidad no era ni de lejos lo que esperaba.

Aunque había algo de dinero allí, no era justo, ni cerca de lo que el trabajo merecía.

—¿Esto es todo?

—preguntó Ellen, pero al ver la expresión de la mujer, supo que no valía la pena discutir.

—Sí.

Da las gracias y vete.

—La mujer le lanzó una mirada fría y siguió con su teléfono.

Ellen, con el corazón acelerado, se dio la vuelta y salió sin decir nada más, el bolso de dinero colgando de su mano.

Mientras caminaba por la puerta, una mezcla de frustración y tristeza se apoderó de ella.

¿Por qué la gente era así?

¿Por qué siempre tenían que tratarla como si fuera menos por algo tan trivial como su cola?

Al salir, la respiración de Ellen se volvió más profunda.

“Esto…

ya no puedo seguir así.” Caminó hacia la calle, dándose cuenta de que, aunque había tenido trabajos peores, este lo había sido de manera más personal.

Mientras tanto, en su casa, Tn estaba organizando su día.

Había pasado una mañana tranquila con Benny, el gato que había encontrado hace unos días.

Pero algo dentro de él lo inquietaba, un sentimiento extraño que había comenzado a arrastrar sus pensamientos hacia un nuevo enfoque.

“Tal vez necesito cambiar un poco…

ir por algo más que solo la rutina.” Pensaba mientras miraba a su pequeño gato y pensaba en los días que venían.

Quizás sería hora de comenzar a hacer algo más con sus días…

algo que no fuera solo trabajo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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