Waifu yandere(Collection) - Capítulo 38
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38: Pyrrha Nikos (rwby) 38: Pyrrha Nikos (rwby) El rugido del público resonaba por todo el Coliseo de Mistral.
Sin embargo, para Pyrrha Nikos, esos gritos no eran más que ecos vacíos.
Estaba sentada en las gradas reservadas para los participantes, su lanza “Milo” apoyada contra su muslo, su mirada perdida en la arena donde otro combate se desarrollaba.
Estaba cerca de las finales.
Otra vez.
Como siempre.
Su corazón, sin embargo, no se sentía triunfante.
Solo…
cansado.Sabía cómo terminaría todo: la victoria, las medallas, los aplausos.
Luego vendrían las felicitaciones insípidas, los rostros sonrientes de quienes la veían solo como un trofeo viviente.
Muchos se le acercarían después, especialmente los chicos, deslumbrados por su fama y su belleza…
Pero ninguno de ellos vería a Pyrrha realmente.
Solo la máscara que ella estaba obligada a llevar.
Un suspiro silencioso escapó de sus labios.
—¿Será siempre así?
—pensó—.
¿Siempre sola, aunque rodeada de personas?
Trató de concentrarse en la arena, más para distraerse que por interés genuino.Fue entonces cuando sus ojos se detuvieron en él.
Un muchacho, tal vez apenas mayor o menor que ella.Tenía una presencia extraña: atractivo de una forma silenciosa, una postura correcta pero relajada, una figura delgada que no parecía la de un guerrero convencional.
Sin embargo, algo en su porte decía que era mucho más fuerte de lo que aparentaba.
Tn.
Así lo había anunciado el locutor.
Un nombre breve.
Su oponente era un luchador de renombre, conocido por su poderosa Semblanza de fuego.
Las llamas envolvieron rápidamente el campo de batalla, lamiendo el aire y amenazando con reducir a cenizas todo lo que tocaran.
Pyrrha, con su experiencia, podía ver que no era un adversario cualquiera.
Y aún así…
Tn no pareció inmutarse.
Con una agilidad inesperada, esquivó una ráfaga de fuego que habría quemado vivo a cualquiera.
Y en ese momento, algo sucedió.
Una rueda flotó sobre su cabeza.
No una rueda común: parecía el timón, girando lentamente, irradiando una luz suave.
Tn, en voz baja —tan baja que Pyrrha apenas pudo leer sus labios—, murmuró una palabra—Adaptar.
Y entonces el fuego ya no lo afectó.
El muchacho avanzó entre las llamas como si fueran nada más que brisa cálida.
Su oponente, desconcertado, apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de ser desarmado y derribado con una serie de movimientos limpios y eficientes.
El público enloqueció.
Pyrrha, sin embargo, no se unió a los vítores.
Se quedó mirándolo.
Algo en ese muchacho le llamó la atención de una forma que nunca había sentido antes.
No era solo su habilidad.
Era esa sensación de…
autenticidad.
De no ser alguien que jugara para las cámaras o las multitudes.
Pyrrha se puso de pie cuando llamaron su nombre.
Su cuerpo se movía con elegancia automática, como si ya conociera cada paso de la danza.
Había ganado su combate anterior con facilidad, casi sin pensar.
Pero esta vez, cuando su nombre fue emparejado contra Tn……su corazón latió diferente.
El muchacho le dedicó una pequeña sonrisa antes de caminar hacia el centro del coliseo.
No era arrogante ni desafiante.
Era…
genuino.
Incluso inclinó la cabeza ligeramente en un gesto de respeto.
—Gracias por este combate —le dijo, su voz calmada.
Pyrrha se sorprendió.
Estaba acostumbrada a la arrogancia de otros o a la desesperación de quienes sabían que iban a perder.
Pero él no parecía buscar ni la gloria ni la humillación.
Solo quería luchar.
—Gracias a ti…
—respondió, apenas audible.
Cuando el gong de inicio resonó, Pyrrha fue la primera en atacar.
Se movió con precisión milimétrica, lanzando estocadas con Milo en forma de lanza, buscando medir a su oponente.
Tn apenas esquivó el primer ataque, un rasguño abriéndose en su mejilla.
En respuesta, la rueda sobre su cabeza giró una vez.
Luego otra.
Y otra más.
Pyrrha frunció el ceño.
Algo estaba pasando.
Volvió a la ofensiva, combinando velocidad y técnica.
Pero algo cambió: Tn comenzó a adaptarse.
Cada ataque que ella lanzaba era esquivado, contrarrestado o absorbido con una respuesta mínima pero perfecta.
Era como luchar contra un espejo que aprendía de cada error.
En poco tiempo, Tn la forzó a retroceder.
Pyrrha apenas podía creerlo.
Ella, la campeona invencible, acorralada.
Una mezcla extraña de sentimientos se agitó en su pecho:Sorpresa…
emoción…
miedo…
y algo más oscuro y profundo: una extraña fascinación.
—Es diferente…
—pensó mientras jadeaba—.
Es real…
Buscando cambiar el rumbo, Pyrrha invocó su Semblanza: polaridad.
Extendió su poder invisible para intentar controlar la rueda que giraba sobre Tn.
Pero en cuanto intentó atraerla, sintió un vacío.
La rueda no era de metal.
Era algo más.
El error le costó.
Tn, rápido y despiadado, aprovechó su distracción.
Giró sobre sus talones, liberando una patada directa que alcanzó el costado de Pyrrha.
La campeona salió despedida varios metros, rodando por el suelo de la arena.
El público contuvo el aliento.
Pyrrha se incorporó lentamente, sintiendo el ardor en su costado.
Miró a Tn.
Él no la miraba con burla.
Ni con superioridad.
La miraba…
con respeto.
Como si no le importara quién era.
Como si solo viera a Pyrrha.
Su corazón tembló.
Nunca había sentido algo así en medio de un combate.
No sabía si era ira, emoción, o algo mucho más peligroso.
—No me vas a abandonar —pensó en un rincón secreto de su mente, un pensamiento fugaz, inquietante—.
No tú.
Y en lo más profundo de su ser, una semilla oscura, frágil pero creciente, comenzó a germinar.
El combate se volvió feroz.
Pyrrha se lanzó de nuevo, su lanza describiendo arcos dorados en el aire, tratando de acorralarlo, de dominarlo como había hecho siempre con sus oponentes.
Pero Tn ya no era un oponente normal.
Se había adaptado completamente a ella.
Cada estocada era esquivada por centímetros.
Cada embate era recibido, anulado, y devuelto con el doble de precisión.
Y, aún así, Pyrrha sonreía.
No de arrogancia.
No de orgullo.
Sonreía de felicidad.
Pura, cruda, dolorosa felicidad.
Por primera vez en su vida, el título de “invencible” que la aplastaba, ese pedestal helado sobre el cual la habían puesto……comenzaba a resquebrajarse.
—Si pierdo aquí…
—pensó con un nudo en la garganta—.Si pierdo ahora…Seré libre…
La rueda sobre la cabeza de Tn dejó de girar de repente, como si hubiera cumplido su propósito.
Una energía azul intensa brotó de su brazo derecho, envolviéndolo en un aura electrizante y peligrosa.
Tn sonrió, sin arrogancia, solo con una concentración serena.—Este será mi último ataque —dijo en voz baja, casi como una promesa.
Pyrrha frunció el ceño, sintiendo que algo se avecinaba.
En un parpadeo, Tn desapareció.
Un instante después, Pyrrha sintió una explosión de dolor en su costado.
Una oleada de electricidad recorrió su cuerpo cuando el golpe impactó.
Su aura parpadeó, debilitándose visiblemente.
La campeona, la diosa guerrera de Mistral, cayó de rodillas, respirando con dificultad.
Su instinto, entrenado hasta la perfección, la hizo levantar su lanza con desesperación, lanzando un golpe ciego en dirección a su atacante.
Pero Tn, ya adaptado a cada uno de sus patrones de movimiento, esquivó el ataque con fluidez mortal.
Y sin dudar, cargó otro puñetazo eléctrico, directo al centro de su ser.
—¡Pyrrha!
—gritaron algunas voces en las gradas.
El golpe la alcanzó de lleno en el pecho.
La fuerza del impacto la lanzó hacia atrás como un muñeco de trapo, su cuerpo estrellándose brutalmente contra la arena.
Un cráter se formó bajo ella, la tierra quebrándose en líneas fracturadas.
La multitud quedó en silencio.
Polvo y chispas flotaban en el aire.
El anunciador titubeó, viendo que el aura de Pyrrha estaba al borde de la ruptura total.
Ella, tumbada en el fondo del cráter, apenas podía moverse.
Su cuerpo temblaba.
Sus labios estaban entreabiertos, jadeando por aire.
Pero sus ojos…
Sus ojos miraban a Tn.
Y en ellos no había odio, ni resentimiento.
Había adoración.
Había una devoción tan intensa que rozaba la locura.
—Tn…
—pensó con una lágrima rodando por su mejilla sucia—.Tú me liberaste…Tú me viste…
Desde ese momento, en lo más profundo de su ser, Pyrrha Nikos se entregó a él.
No importaba si era rival o aliado.
No importaba lo que pensara o deseara.
Él era suyo ahora.
Y ella sería suya.
Quisiera él o no.
El estruendo del público resonaba por todo el coliseo.
Tn había ganado.
Pero cuando extendió su mano hacia Pyrrha, no hubo arrogancia en su gesto.
No hubo gritos de triunfo.
No hubo humillación.
Solo respeto.
Solo honestidad.
Pyrrha, aún temblando levemente por el agotamiento, lo miró con ojos abiertos y vulnerables.
Esa mano…Esa simple mano extendida hacia ella…..Era algo que nunca antes le habían ofrecido de forma tan sincera.
—No me mira como a un trofeo…
—pensó, sintiendo su corazón retorcerse con fuerza.
Con lentitud, casi con reverencia, tomó su mano.
El calor de la piel de Tn contra la suya encendió algo en su interior.
Algo que ya no podría apagar.
Cuando la ayudó a incorporarse, Pyrrha le sonrió.
Una sonrisa real, tímida, sincera.
El anunciador proclamó su nombre, declarando a Tn como campeón del año.
Medallas, trofeos, elogios…
Todo aquello que a Pyrrha alguna vez le había sido arrojado como una carga, ahora pasaba a manos de otro.
Y ella, en su corazón, no sentía envidia.
No sentía humillación.
Sentía alivio.
Y adoración.
Más tarde, cuando la ceremonia terminó y los participantes comenzaron a dispersarse, Tn abandonó el coliseo con tranquilidad.
Su semblanza de adaptación había brillado más que nunca, y aunque no era alguien que buscara gloria, una satisfacción silenciosa lo acompañaba mientras caminaba por las calles de Mistral.
El cielo ya empezaba a teñirse de naranja, con el sol ocultándose lentamente tras los templos y torres de la ciudad.
Tn, despreocupado, caminaba hacia su hogar, sin imaginarse que unos pasos suaves lo seguían entre las sombras.
Una figura de cabello rojo como el fuego.
Una silueta silenciosa, casi reverente.
Era Pyrrha.
Sus ojos, grandes y brillantes, no se apartaban de él.
Cada movimiento que hacía.
Cada pequeño gesto, cada respiración…
Ella lo absorbía todo.
Apenas a unas calles de su destino, Tn se detuvo frente a una pequeña tienda para mirar algunas armas artesanales en exhibición.
Y, a varios metros de distancia, oculta tras un poste de luz, Pyrrha se llevó una mano al pecho.
Su corazón latía tan fuerte que temía que él pudiera escucharlo.—Tn…
—susurró para sí misma, los ojos encendidos con una mezcla peligrosa de amor y necesidad—.Te prometo…
que no te dejaré solo.
Nunca más.
Una brisa ligera agitó su cabello.
Tn, ignorante de su silenciosa sombra, volvió a caminar.
Pyrrha lo siguió, paso tras paso, como una cazadora silenciosa tras su presa…
…aunque en su mente, ella no era una cazadora.
Era su protectora.
Su compañera eterna.
No importaba cuánto tuviera que esperar.
No importaba a qué extremos tuviera que llegar.
Tn sería suyo.
Y ella sería suya.
Para siempre.
La puerta de su casa se cerró suavemente tras ella.
El eco de la cerradura se apagó, pero el sonido del nombre en su cabeza no.
Tn.
Tn.
Tn.
Pyrrha subió a su habitación, aún con la adrenalina del combate y el temblor dulce en su pecho.
Entre sus manos, apretaba un recorte del periódico que había comprado en el camino: una foto de Tn, de pie, el trofeo en alto, su sonrisa leve apenas visible pero auténtica.
Se dejó caer sobre su cama, abrazando la imagen contra su pecho.Un calor reconfortante la envolvió, como si abrazara a Tn mismo.
—Ganaste…
—susurró en voz baja, una sonrisita naciendo en sus labios—.Ganaste…
y yo te vi.
No tardó mucho en desbloquear su pergamino, buscando ansiosamente el video de su combate.
Allí estaba: la rueda girando, su adaptación implacable, su fuerza limpia.
El momento en que él le tendió la mano… El momento en que sus ojos se cruzaron.
Lo vio una vez.
Y luego otra.
Y otra más.
Cada vez que sus miradas coincidían en la grabación, sentía que el aire le faltaba, como si estuviera conectada a él por algo invisible, un lazo que nadie más podría entender.
—Eres perfecto… —murmuró, rozando la pantalla con la yema de sus dedos, como si pudiera tocarlo.
Mientras tanto, en el piso inferior, su madre, una mujer sencilla de cabello rojiso y rostro amable, preparaba la cena, lanzando miradas ocasionales a las escaleras.
Se preocupaba constantemente por su hija.
Siempre había sido así, especialmente desde aquel año oscuro donde Pyrrha empezó a mostrar señales alarmantes de tristeza, de aislamiento, de un vacío que ni los trofeos ni los aplausos podían llenar.
En su desesperación, la había llevado a un especialista en Mistral, un psicólogo de renombre.
El diagnóstico fue inquietante.
Pyrrha Nikos no solo estaba lidiando con la soledad; padecía un síndrome emocional profundo, una forma de trastorno de apego ansioso-dependiente.
El informe describía que, si Pyrrha llegaba a encontrar a alguien que llenara su vacío interno, desarrollaría un apego extremo, irracional y totalizador.
En resumen:Podría llegar a obsesionarse sin remedio.
Su madre, abrumada por la noticia y temiendo dañar aún más a su hija, decidió ocultarle el diagnóstico.
Pensó que, si Pyrrha encontraba la felicidad genuina, las cosas mejorarían solas.
Pero no había previsto a Tn.
No había previsto que todo ese torrente reprimido de emociones caería sobre él como una avalancha silenciosa.
Arriba, Pyrrha seguía mirando la imagen en el periódico.Sus dedos rozaban lentamente el contorno del rostro de Tn.
—¿Dónde vives…?
—preguntó en un susurro casi reverente—.Quiero saberlo…
para protegerte.
Para estar contigo.
Su mente comenzó a trabajar febrilmente, construyendo escenarios, posibilidades, sueños imposibles.
No era amor.
No era admiración.
Era algo más oscuro, más profundo.
Algo que, en su corazón, ya no podría detenerse.
El primer hilo de su obsesión había sido tejido.
Y pronto, sería un nudo imposible de romper.
Pyrrha no podía quedarse quieta.
La noche anterior apenas había dormido, su mente había estado completamente invadida por pensamientos de Tn: su voz, su semblanza, su sonrisa apagada pero genuina.
Debía saber más.
Tenía que conocerlo.
Acercarse a él.
No como una campeona, no como una celebridad.
Como Pyrrha.
Como mujer.
Así que, investigó discretamente: encontró su nombre completo, su barrio aproximado en Mistral, algunos de sus intereses comunes a través de redes.
No fue difícil.
La victoria de Tn en el torneo lo había vuelto una pequeña figura pública por unos días.
Esa tarde, vestida de manera sencilla —camisa blanca y falda larga—, lo vio salir de una pequeña cafetería.
Parecía relajado, una bolsa de pan en una mano, mirando despreocupadamente el cielo.
Pyrrha tragó saliva, su corazón golpeando fuerte, y se acercó como si fuera casualidad.
—¡Ah…!
—exclamó fingiendo sorpresa—.
Tn, ¿verdad?
El chico parpadeó al verla, luego sonrió levemente.
—Oh… Pyrrha Nikos —dijo, rascándose la nuca un poco incómodo—.
¿Casualidad?
—Sí, ja, ja…
—rió ella, un poco tensa, su voz más aguda de lo normal.
Conversaron un poco.
Tn era amable, aunque Pyrrha notaba cómo, a ratos, desviaba la mirada o cruzaba los brazos ligeramente, como si quisiera mantener una barrera invisible entre ellos.
Aun así, no la rechazaba, y eso era suficiente para Pyrrha.
Cada palabra que él decía, cada gesto mínimo, ella lo atesoraba en su mente como joyas.
Sin embargo, tras unos minutos, Tn inclinó la cabeza ligeramente y dijo en voz baja—Oye…
no es por ser grosero, pero…
¿puedo tener un poco de espacio Estoy un poco saturado después del torneo.
Las palabras cayeron sobre Pyrrha como agua helada.
Ella bajó un poco la mirada, ocultando su expresión dolida bajo una sonrisa educada.
—Claro… lo entiendo.
—dijo, forzando una voz dulce.
Se separaron unos metros.
Tn agradeció su comprensión y, después de terminar su compra, se despidió.
—Me voy a casa.
Ha sido un gusto hablar contigo, Pyrrha.
Pero Pyrrha no quería que terminara así.
—¿Te gustaría… que te acompañara?
—preguntó suavemente, bajando un poco la cabeza, como una niña pidiendo permiso.
Tn se detuvo.
La miró.
Algo en su interior le decía que sería más sencillo decir “no”… pero también pensó que sería cruel rechazarla tan directamente.
Además, no parecía peligrosa.
Solo… muy ansiosa, tal vez abrumada por su propia fama.
Suspiró con suavidad y asintió.—Está bien.
Vamos.
Pyrrha sonrió como si el mundo entero hubiera brillado solo para ella.
Caminaron juntos.
Pyrrha se esforzaba en no pegarse demasiado a él, aunque cada fibra de su ser gritaba por acercarse, tocar su mano, hablarle más, preguntarle todo sobre su vida.
Cada paso a su lado era como caminar en un sueño del que no quería despertar.
Tn, por su parte, caminaba con naturalidad, de vez en cuando comentando cosas triviales: el clima, el torneo, los dulces típicos de Mistral.
Pero Pyrrha apenas escuchaba las palabras.
Solo oía su voz.
Cuando llegaron a una calle más tranquila, Tn señaló una modesta casa de dos pisos.
—Ahí vivo.
—dijo con simpleza—.
Gracias por acompañarme, Pyrrha.
Ella asintió, mordiéndose el labio para no rogarle quedarse un rato más.
—De nada… —susurró.
Tn abrió la puerta y desapareció en su hogar.
Pyrrha se quedó allí, de pie frente a la casa, mirando la puerta cerrada.
Su sombra larga se alargaba bajo la luz de un farol.
El frío nocturno no la molestaba.
Solo pensaba en una cosa: Ahora sabía dónde vivía.
Ahora podría estar cerca de él.
Protegerlo.
Cuidarlo.
Aunque Tn aún no lo supiera… Ya era suyo.
La noche cubría Mistral como un manto pesado y cálido.
En una habitación oscura apenas iluminada por la pantalla de su pergamino, Pyrrha Nikos murmuraba para sí misma, extasiada—Esta noche…
esta noche me voy a manosear…
—dijo con una risita tonta, recordando un meme viejo que había visto en un rincón olvidado de la red.
Y así lo hizo, después de una ducha demasiado placentera, donde el vapor y el calor no lograron borrar las imágenes de Tn de su mente.
Su piel todavía ardía ligeramente cuando, envuelta en su toalla, se tiró de espaldas sobre su cama, jadeando de forma suave.
No había escape.
Tn la había invadido por completo.
Una vez que recuperó algo de compostura, abrió su pergamino, deseosa de revivir su combate contra él.
Buscó el video oficial del torneo y lo reprodujo, deleitándose en cada movimiento, en cada momento donde él esquivaba, contraatacaba, sonreía.
Pero entonces…
bajó los ojos a la sección de comentarios.
Y allí lo vio.
Primero, mensajes normales: “¡Qué increíble batalla!
Pyrrha sigue siendo una diosa.” “Tn es muy fuerte, ¡lo quiero en mi equipo!” Después, un poco de envidia: “Seguro Tn tuvo suerte.
Pyrrha lo habría aplastado en serio.” “Bah, ni que fuera para tanto.” Hasta ahí, soportable.
Pero luego, aparecieron ellas.
“OMG, Tn está tan guapo 😍” “¿Vieron sus pectorales?
¡Ufff me quiero correr en ellos!” “Si Tn me hablara una sola vez, yo me lanzo a sus brazos y lomonto ahi mismo jajaja.” Y peor aún…
“YO y Tn juntos serían tan hot 🔥” “Apuesto a que muchas chicas ya se lo están comiendo vivo jeje.” Pyrrha sintió su lengua sangrar ligeramente al morderla de puro enojo.
La furia creció en su pecho, un incendio incontrolable.
¿¡Cómo se atrevían esas zorras a mirarlo!?
¿A hablar de él como si fuera de su propiedad?
Tn era suyo.
Suyo aunque él aún no lo supiera.
Suyo aunque el mundo entero se opusiera.
Pyrrha sabía que si contestaba con su cuenta oficial, sería un escándalo: la gran “Pyrrha Nikos” perdiendo la cabeza por un chico.
No.
No podía arriesgarse.
Su mente, aguda y determinada, ideó una solución:crear un perfil falso.
Con manos ágiles, hizo un nuevo usuario anónimo: un nombre genérico, una foto cualquiera.
Ahora era libre.
Y entonces, atacó:A cada chica que adulaba a Tn, les respondió con mensajes punzantes disfrazados de inocencia venenosa: “¿No crees que es patético colgarte de alguien que claramente está fuera de tu liga?” “Tn no se fija en grupies.
Madura, querida.” “Se nota que algunas solo quieren fama ajena…
qué vergüenza.” Incluso comenzó a reportar los comentarios más atrevidos para que fueran eliminados.
Una satisfacción oscura se apoderaba de ella con cada respuesta enviada.
Era como protegerlo, marcar su territorio en silencio.
Nadie sabría que era ella.
Pero el mensaje sería claro:Tn no estaba disponible.
Tn era de Pyrrha.
Después de casi una hora de esta cacería digital, Pyrrha suspiró satisfecha, dejando caer su pergamino a un lado.
En su mente, ya veía un futuro donde nadie más se atreviera a mirarlo.
Solo ella.
Solo Pyrrha.
Y mientras abrazaba su almohada, susurró su nombre como una oración antes de dormir: —Tn…
mío…
La noche era tranquila en casa de Tn.
Después de semanas intensas de entrenamiento y del reciente torneo, al fin podía tomarse un respiro.
Tumbado en su cama, con los brazos detrás de la cabeza, miraba distraído el techo, pensando en su próximo paso: inscribirse en alguna academia de cazadores.
Había varias opciones tentadoras: Haven, Shade, Signal…
Pero, sinceramente, todavía no se decidía.
Hoy no.
Hoy solo quería descansar.
Cerró los ojos, dejando que la calma lo envolviera, cuando de repente, su pergamino vibró.
—¿Hm?
—gruñó, algo molesto.
Extendió la mano y tomó el aparato.
Una notificación de mensaje.
Sin pensarlo, la abrió.
Y entonces, la imagen estalló en su pantalla.
Una fotografía indecente.
Dos pechos descubiertos, cubiertos apenas por mechones de cabello rubio rizado, caídos de manera sensual.
Entre ellos, escrito con algo parecido a lápiz labial, decía: “Son tuyos ❤️” Tn se congeló.
Su rostro se tiñó de rojo escarlata al instante.
—¡¿Qué demonios…?!
—exclamó, apagando de golpe el pergamino.
Su corazón latía desbocado.
Miró el aparato con desconfianza, como si pudiera explotar en cualquier momento.
No era la primera vez.
Desde que ganó el torneo y se hizo algo conocido, había empezado a recibir mensajes raros: confesiones amorosas, invitaciones extrañas, promesas poco decorosas…
Pero esto ya era demasiado.
Se frotó la cara con ambas manos, frustrado.
—Genial…
otra admiradora loca —murmuró con amargura.
Al principio, pensó que sería divertido o halagador recibir algo de atención.
Pero ahora, era agobiante.
Se sentía observado todo el tiempo.
Perseguido por sombras que se escondían detrás de pergaminos y perfiles falsos.
Y eso que apenas había ganado un torneo menor.
Tn suspiró profundamente y dejó el pergamino a un lado, sin ganas siquiera de investigar quién había enviado el mensaje.
Bloquearía el número más tarde.
Ahora solo quería dormir.
Se dio la vuelta en la cama, cerrando los ojos.
Sin saber que, no muy lejos de allí, una chica de cabellos rojos dormía plácidamente, abrazando una almohada mientras murmuraba su nombre.
Una chica que no toleraría competencia.
Una chica que estaba dispuesta a todo…
por él.
(Dejen sugerencias para waifus y piedras de poder si quieren jejejejj)
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