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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 43

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  4. Capítulo 43 - 43 Pyrrha nikos part 2 rwby
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43: Pyrrha nikos part 2 (rwby) 43: Pyrrha nikos part 2 (rwby) Sobre el mundo en silencio, un pájaro canta al despertarse solo entre ramas negras.

Queríais nacer; dejé que nacierais.

¿Desde cuándo se ha interpuesto mi dolor en el camino de vuestro placer?

Lanzándoos hacia la oscuridad y la luz a la vez ávidos de sensaciones como si fueseis algo nuevo, deseando expresaros puro brillo, pura vivacidad sin pensar en que esto podría pasar factura, sin imaginar que el sonido de mi voz pudiera ser más que una parte de vosotros— no lo escucharéis en el otro mundo, nunca con la misma claridad, ni en el canto del pájaro, ni en un grito humano, ni en el claro sonido, el único eco persistente en todo sonido que significa adiós, adiós la única línea continua que nos une.

—Vash “Lovecraft squad” Habían pasado varias semanas desde la victoria de Tn en el torneo.

El chico se había dedicado a entrenar rigurosamente y había enviado su solicitud a varias academias de cazadores: Beacon, en Vale.

Haven, en Mistral.

Shade, en Vacuo.

Atlas, en el reino del mismo nombre.

Mientras entrenaba, el aire a su alrededor vibraba.

Su semblanza se manifestaba con una danza casi hipnótica: una rueda giratoria que flotaba sobre su cabeza como una brújula caótica.

Adaptación.

Ese era el nombre de su don.

Una habilidad extraña, pero poderosa: su cuerpo, reflejado en esa rueda energética, analizaba cada impacto, cada cambio, y respondía con una adaptación proporcional.

Si alguien le arrojaba fuego, su piel aprendería a disipar el calor.

Si alguien lo atacaba con velocidad, sus reflejos se acelerarían.

Pero entre más compleja o destructiva fuera la habilidad del oponente, más giros le tomaba adaptarse, y más frágil era al principio.

Un riesgo calculado.

Tn se detuvo, respirando con fuerza.

Había entrenado sin descanso.

Y al fin, las cartas comenzaron a llegar.

Las de Atlas y Shade fueron rechazadas —por razones políticas o de compatibilidad.

Haven, en cambio, aún analizaba su perfil.

Pero la que más le interesaba era la que ahora sostenía entre sus dedos.

Beacon Academy.

“Estimado Tn , su solicitud ha sido preseleccionada.

Para completar el proceso de ingreso, deberá asistir a la prueba de iniciación en el Bosque Esmeralda…” Sus ojos brillaron con una mezcla de sorpresa y satisfacción.

—Lo logré… —murmuró.

Una oportunidad real para convertirse en cazador.

Guardó la carta, desactivó su semblanza, y se dirigió a ducharse.

Sentía que su vida finalmente estaba tomando forma.

Pero no todos se sentían igual.

En otra parte de la ciudad, Pyrrha Nikos caminaba arrastrando los pies, con el alma fuera del cuerpo.

Vestía un conjunto ridículo: una camiseta amarilla con la caricatura de una vaca y una caja de cereal sonriente en las manos.

Estaba grabando un comercial.

Un maldito comercial de cereal para niños.

—Sonríe, Pyrrha.

¡Muestra los puños como si la leche te diera poder!

—gritaba el director.

Ella reprimió una mueca de asco.

No era que despreciara a los niños… pero odiaba lo que la industria la había convertido.

Un rostro bonito, una marca, una marioneta popular que todos querían ver sonriendo.

Y lo peor de todo…Ese trabajo le estaba robando tiempo.

Tiempo que podría usar para estar con él.

Tn.

Había pasado días siguiéndolo con cuidado, a veces hablaban, a veces solo lo observaba entrenar.

Sus sentimientos no habían disminuido.

Al contrario.

Se intensificaban como brasas bajo un fuego.

Y ahora… ahora ni siquiera podía verlo.

Apretó los dientes y repitió su línea ante las cámaras.

Una sonrisa falsa, forzada, pero suficiente para satisfacer a los productores.

Apenas terminaron, salió corriendo del set, ignorando los saludos y autógrafos.

—Voy a verlo —murmuró, sacando su pergamino.

Pero no había mensajes.

Nada de él.

Sintió una punzada en el pecho.

¿Y si estaba con alguien más?

¿Y si había decidido mudarse?

¿Y si se iba lejos… sin ella?

Una angustia irracional le subió por la garganta.

Y, sin poder evitarlo, se mordió el pulgar hasta hacerlo sangrar.

—Tn… no me dejes atrás… Guardó su pergamino, con los ojos nublados.

Mientras Tn se alistaba tranquilo, su vida avanzando en una dirección prometedora, Pyrrha sentía que la distancia crecía.

El atardecer bañaba la ciudad en tonos anaranjados cuando Tn alzó su pergamino y, tras pensarlo un segundo, tomó una foto.

En ella se lo veía sonriendo de forma discreta, con la carta de aceptación de Beacon en una mano y el emblema de la academia visible en el fondo.

No era su estilo hacer publicaciones, pero tras recibir decenas de mensajes de conocidos y seguidores preguntando sobre su futuro, decidió ceder.

“ “Bien, valoremos los pros y contras de ser Cazador.” Un mensaje simple, sin alardes.

Pero el impacto fue inmediato.

En menos de diez minutos, su publicación ya tenía cientos de reacciones.

Comentarios de todo tipo: felicitaciones, consejos, memes…

y por supuesto, chicas.

Chicas emocionadas.

Chicas que ya asistían a Beacon y dejaban sus números.

Chicas que decían cosas como: “Ojalá termines en mi equipo ;)” “Te esperare en mi dormitorio, Tn~” “Vamos te dare un reocorrido personal por la academia~” Y a distancias de ahí, una pelirroja casi cae de rodillas.

Pyrrha había estado caminando directo hacia la casa de Tn.

Su cabello recogido con descuido.

Sus pensamientos, atrapados en un remolino de ansiedad.

Entonces, su pergamino vibró.

Una notificación.

Una imagen.

Una sola imagen que partió su mundo en dos.

Tn.

Y su carta.

Beacon.

Se detuvo tan abruptamente que casi tropezó.

—No… no, no, no… El aire pareció abandonarla.

Una brisa helada sopló sobre su espalda, o quizás fue el terror.

Tn se iba.

Tn iba a entrar a una academia.

Una academia llena de chicas jóvenes.

Atletas.

Rubias.

Sonrientes.

Zorras.

Sintió cómo su agarre sobre el pergamino se intensificaba sin control.

—No… no pueden tenerlo… CRACK.

El pergamino se hizo pedazos en su mano, su aura habiendo estallado sin querer.

La pantalla quedó negra, la carcasa rajada como una flor marchita.

No le importó.

Nada le importaba.

Sus ojos esmeralda brillaban, temblorosos.

Estuvo a punto de caer de rodillas, pero se obligó a mantenerse firme.

No iba a llorar.

No otra vez.

No por esto.

No si podía impedirlo.

Y entonces, algo despertó en su pecho.

No desesperación.

Determinación.

—Si te vas a Beacon… —susurró, con voz baja y grave—…yo también.

Una sonrisa se dibujó en su rostro.

No una sonrisa alegre.

Una sonrisa torcida.

Sabía que podía inscribirse oficialmente.

Beacon ya la había rechazado como instructora por sus compromisos mediáticos.

Pero eso no importaba.

Ella tenía influencia.

Contactos.

Recursos.

Y si eso no era suficiente… Se infiltraría.

Beacon era enorme.

Los bosques, los senderos, los pasillos, los dormitorios…

Siempre habría un rincón desde donde observar.

Un lugar donde vigilar.

Un punto ciego donde esperar.

—Tn… No me importa cuántas chicas intenten acercarse a ti.

Yo estaré ahí.

Observando.

Siempre.

Y, sin mirar atrás, Pyrrha desapareció en las sombras de la calle, decidida a seguir al único chico que había hecho latir su corazón.

Pyrrha dio media vuelta con una rapidez casi sobrenatural.

El sonido de sus pasos resonaba en la acera como tambores de guerra.

Al llegar a su casa, empujó la puerta con tal fuerza que esta casi se salió de las bisagras.

Subió las escaleras como una ráfaga carmesí, cruzando el pasillo y entrando a su habitación.

El silencio fue sustituido por el caos.

Cajones abiertos.

Ropa esparcida.Su maleta favorita sobre la cama.

Su traje de combate.

Sus grebas.

Su lanza.

Su escudo.

Un fajo de lien y unas pocas tarjetas.

Todo lo que necesitaba.

Iba a seguir a Tn.

A donde fuera.

Desde la cocina, la voz de su madre llegó suave.—¿Pyrrha?

¿Qué haces?

¿Adónde vas con tanta prisa?

La pelirroja se detuvo.Una pausa.

Una mentira.

Una sonrisa.

—A Beacon.

Me aceptaron.

Hubo un leve silencio.

Luego, pasos suaves se acercaron hasta la puerta de su habitación.

—¿Beacon?

Pero pensaste que no podrías asistir por los contratos publicitarios.

Pyrrha bajó la mirada al suelo.

Su sombra parecía más oscura que nunca.

—He cambiado de opinión.

Quiero… ser cazadora.

No solo una figura.

Quiero ayudar.

De verdad.

Su madre la miró con un brillo de orgullo en los ojos.

—Entonces ve, hija.

Pero por favor… ten cuidado.

El mundo allá afuera no es un bondadoso.

“No.

Es peor.

Hay zorras esperando su oportunidad”, pensó.

—Lo tendré, mamá —respondió con dulzura impostada.

Al salir, su vista se cruzó con los restos del pergamino roto.

Un lamento casi humano pareció surgir del dispositivo estropeado.

Suspiró.

No podía darse el lujo de estar incomunicada.

Así que, con disgusto en el rostro,se dirigio a comprar otro.

Pyrrha salió del centro de comunicaciones con el nuevo pergamino en la mano.

Estaba cansada.

Sus dedos dolían de tanto marcar números, de escribir mensajes, de convencer a viejos contactos de que merecía al menos una oportunidad.

—Sí, tengo que tomar la prueba de ingreso —dijo finalmente, exhalando—.

Pero eso ya es suficiente.

Beacon no aceptaba recomendaciones fáciles.

Pero algunos nombres aún tenían peso.

Pyrrha Nikos era uno de ellos.

Lejos de esa red de favores limpios, un acto sucio se desarrollaba entre el zumbido de ventiladores y el resplandor pálido de una pantalla.

Jaune Arc, hijo de una familia venida a menos, se secaba el sudor de la frente mientras terminaba de falsificar su expediente.

Había hackeado(pagado a alguien mas) el sistema con una copia de seguridad robada, sobreescribiendo datos de un candidato real: “Toby Maren, 17 años, graduado con honores del Programa de Iniciación del Norte.” Ahora, ese nombre ya no existía.

Ahora era Jaune Arc el que tenía esas credenciales.

—Nadie va a notarlo… soy un Arc… tengo derecho a estar allí… —decía, convenciéndose a sí mismo.

Qué ridículo.

Lo que el cobarde, la escoria, el ladrón de oportunidades no sabía… es que el sistema no era lo único que lo estaba observando.

En lo alto del edificio frente al suyo, apoyado contra un borde oxidado, el reflejo de una mira telescopica observaba frío como una tumba.

Five.

 Había rastreado la señal anónima de manipulación de datos en menos de dos horas.

El código era infantil.

Amateur.

Una burla.

Pero lo que lo encendía no era la facilidad del rastreo… sino la intención.

—Quitarle el lugar a alguien más… solo porque te falta valor para entrenar como los demás… —murmuró.

Dedo en el gatillo cabeza en el punto.

Five no era un cazador cualquiera.

No hacía discursos.

Él corregía errores.

Aunque se tomaría su tiempo con este.

Jaune cerró su portátil.

Sonrió con torpeza, pensando que ya todo estaba hecho.

Que lo peor había pasado.

Que el futuro por fin se abría ante él.

Reía solo, torpemente, como un niño que cree que ha vencido al monstruo del armario.

Y entonces… el armario se abrió.

—Jaune Arc —dijo una voz desde la oscuridad.

El joven se giró abruptamente.

Five ya estaba dentro de la habitación.

Nadie escuchó la puerta abrirse.

Nadie vio una entrada.

Solo estaba ahí.

—¿Q-quién… quién eres?

¿Qué quieres?

Five no respondió.

Caminó.

Implacable.

Cada paso era una sentencia.

Jaune retrocedió, cayó al suelo, arrastrándose.

—¡Q-Quien e-e-eres!

¡Solo…!

Five se inclinó.

Lo tomó del cuello de la camisa y lo levantó como si fuera un muñeco de trapo.

—Si no fuerna tan idiotas te abrian notado.

Beacon no lo haría.

Pero yo…Yo me aseguraré de que ni siquiera llegues a subirte al transporte.

El golpe fue seco.

Preciso.

Un corte directo al sistema nervioso.

Jaune convulsionó una vez y cayó al suelo.

El liquido carmesi escurrio de sus labios mientras convulsionaba.

-“Hasta nucna bastardo”- Bang  Algo del liquido salpico la mejilla de FIve pero entonces una rafaga sin cesar de disparos, se escucharon el piso se lleno de casquillos el cuerpo en el suelo estaba siendo destrozado.

Bien.

Una limpieza necesaria, que se jodan los llorones.

Salió por la ventana como un fantasma que termina su tarea.

Y detrás de él, en el suelo, Jaune Arc o lo que quedo de el yacía en el suelo.

Condenado a perder la única oportunidad que jamás mereció.

Mientras tanto, el transporte aéreo que traía a Tn descendía en Vale.

Su mirada se mantenía serena.

No era un héroe.

No era especial.

Solo alguien que, cuando le dieron una oportunidad… decidió no desperdiciarla.

En el horizonte, Beacon se erguía como un faro.

El zumbido de los motores se desvanecía lentamente mientras el transporte aéreo aterrizaba con suavidad en la plataforma designada para los nuevos aspirantes.

A través del cristal, Tn observó la estructura colosal de Beacon.

Alta.

Majestuosa.

Fría.

Casi se sentía como si la academia respirara por sí sola.

Su silueta proyectaba una sombra inmensa sobre los jardines perfectamente recortados, y los pabellones laterales se alzaban como alas extendidas.

El aire tenía un aroma limpio, vibrante.

Había algo… vivo en el ambiente.

—…Vaya… —murmuró Tn, bajando los escalones de la nave.

Por primera vez en mucho tiempo, sus ojos se abrieron más de lo normal.

No por miedo.

No por ansiedad.

Sino por algo que se parecía a una pequeña chispa de genuina sorpresa.

—Esto… sí que es distinto —dijo en voz baja, casi para sí.

Y entonces, de pronto, el cielo pareció florecer.

Una figura descendía veloz, surcando el aire en una trayectoria en espiral, dejando tras de sí una estela de pétalos carmesí.

El contraste entre el blanco de las nubes y el rojo intenso era como un cuadro impresionista en movimiento.

La joven aterrizó con agilidad, haciendo girar su guadaña plegable con un movimiento elegante.

Su expresión era pura emoción.

—¡WOW!

¡No puedo creer que ESTOY AQUÍ!

—gritó mientras giraba sobre sí misma, observando todo con los ojos como dos soles diminutos.

Tn soltó una pequeña risa.

Algo breve, como un reflejo mecánico.

Tn caminaba en silencio, su maleta colgando de un solo brazo.

Sus ojos recorrían el interior del recinto con una mezcla de análisis y leve desinterés.

Techos altos, vitrales centenarios, columnas góticas y una arquitectura tan meticulosamente pulida que parecía construida por manos obsesivas.

—Lujo innecesario… —murmuró.

Ruby caminaba unos pasos más adelante, cargando con dificultad una enorme maleta y la funda de su guadaña.

Tropezó dos veces con la alfombra, pero se recuperó con una risita nerviosa cada vez.

Cuando se volvió, notó que Tn aún la seguía.

Tn negó suavemente con la cabeza.

Ruby ladeó la cabeza.—Tienes cara de tipo serio.

¿Siempre hablas así?

—Solo cuando estoy despierto.

Ruby rió.

No por cortesía.

Le había hecho gracia de verdad.

—¿Tú también vas a aplicar?

—preguntó con voz chispeante, girando hacia él.

Tn asintió.

Su mirada era neutra, pero su tono no fue cortante.—Sí.

Vine a ver si lo valgo o si al menos me aceptan.- Ser cazador con titulo de academia podria ser bueno, sobre todo en trabajos, en caso de ser rechazado solo tendría que aplicar en otra academia o dedicarse de forma ajena al trabajo.

Ruby no pareció notar el tono de sus palabras.

Solo sonrió con más fuerza.

—¡Entonces ojalá nos toque juntos en el examen!

¡Va a ser genial!

Antes de que pudiera responderle, un nuevo transporte descendió, con un leve rechinar metálico.

De él bajó Pyrrha Nikos.

No caminaba.

Avanzaba como si el suelo le perteneciera.

Como si cada paso fuera un compás exacto.

Pero había algo en su mirada… algo oculto bajo la máscara perfecta de serenidad.

Rabia.

No hacia nadie.

No por envidia.

Sino por el tiempo perdido lejos de él.

Más de tres horas sin verlo.

Tres horas de pensar si estaba bien.

Si Beacon lo intimidaría.

Si habría comido.

Si habría dormido en el vuelo.

Ese agujero punzante en su pecho crecía en silencio.

Pero nadie lo notaba.

Porque nadie debía notarlo.

Pyrrha se acercó con paso firme.

Su cabello ondeaba con la brisa, y la lanza a su espalda brillaba como si detectara enemigos invisibles.

Ruby la notó y se iluminó aún más.

—¡Tú eres Pyrrha Nikos!

¡He visto tus combates en la red!

¡Wow, eres increíble!

¡Soy una gran fan!

Pyrrha sonrió, profesional.

Gentil.

Pero había una sombra en sus pupilas.

—Gracias.

Me alegra que te gusten.

Y sin decir nada más, se volvió hacia Tn.

En ese momento, todo desapareció para ella: los otros estudiantes, el edificio, el cielo.

Solo importaba él.

Tn arqueó una ceja, como si no esperara verla tan pronto.

Pero no retrocedió.

Ella se detuvo a un paso de él.

Muy cerca.

Demasiado para una conocida.

Lo justo para una posesiva.

—¿Estás bien?

—preguntó, voz baja, con una tensión suave—.

¿Comiste algo?

¿Dormiste durante el vuelo?

Tn ladeó la cabeza.

Era extraño ser interrogado con esa intensidad sin que pareciera agresión.

—Estoy bien.

Solo un poco sorprendido por el lugar.

Pyrrha respiró hondo.

Como si con esa simple respuesta se desinflara una tempestad interna.

Se giró entonces hacia Ruby, como si recordara que había testigos.

—Disculpa si fui brusca —dijo con una sonrisa forzada—.

A veces me dejo llevar.

Ruby sonrió, sin notar el filo.

—¡No hay problema!

¡Yo me dejo llevar todo el tiempo!

¡Me caen bien los dos!

Pyrrha no respondió.

No era celos lo que sentía.

Era algo más primitivo: la necesidad de aislar, asegurar, preservar.

Como si Tn fuera una chispa en un mundo mojado……y ella la única capaz de mantenerla viva.

EL grupo camino hacia el auditorio, Tn y Ruby iban adelante.

Pyrrha, que venía unos pasos detrás, los observaba con la mirada entrecerrada.

No intervino.

Pero cada carcajada de Ruby era un pequeño aguijón bajo la piel.

El mármol blanco del pasillo principal de Beacon.

El grupo de aspirantes caminaba en dirección al auditorio, donde el director Ozpin daría su discurso de apertura.

Las botas de docenas de jóvenes resonaban en eco, mientras el aire se llenaba de murmullos nerviosos, risas disimuladas y alguna que otra pregunta inquieta sobre lo que vendría después.

Tn caminaba con las manos en los bolsillos, paso firme pero relajado, justo al lado de Ruby, quien hablaba sin pausa y sin vergüenza.

—¡Y entonces, el cañón giró hacia atrás, y ¡BANG!!

Todo el campo se llenó de humo, ¡y ¡BOOM!

el objetivo estalló en mil pedazos!

—decía Ruby, gesticulando emocionada—.

Crescent Rose es mi bebita.

Yo la diseñé y la construí.

¡Enterita!

¿Tú también tienes tu propia arma personalizada, Tn?

—Sí —respondió él, sin detenerse—.

Aunque no soy tan cariñoso como para llamarla “bebita”.

Ruby se rio con una carcajada, casi infantil.

Luego se inclinó un poco hacia él.

—¡Ah, cierto!

¡Yo te vi en el torneo de combate de Vale!

¡Ganaste el oro en la categoría individual, ¿no?!

Mi hermana se volvió loca contigo.

Te gritaba desde el sofá.

Tn se encogió de hombros, divertido.

—Exagerado.

Solo me tocó pelear con la cabeza fría.

Y con alguien que no me partiera en dos, claro.

—¡No seas modesto!

¡Te vi esquivar un proyectil y al mismo tiempo patear el arma de tu oponente!

¡Fue épico!

—Fue instinto, no estrategia.

Pero gracias.

Detrás de ellos, a unos metros de distancia, Pyrrhas caminaba sola.

No por falta de opciones.

Varios chicos y un par de chicas habían intentado acercarse a hablarle apenas bajó del transporte esa mañana, reconocida por su fama en torneos internacionales.

Pero su mirada cortante y la postura de leona enjaulada bastaron para alejarlos.

Ahora mismo, su atención no estaba en su entorno.

Estaba en ella.

Ruby Rose.

La había analizado sin pestañear desde que Beacon abrió sus puertas.

Chica menuda, piel pálida, ojos grandes como monedas, energía desbordada e inocente.

No tenía pechos o curvas.

Torpe.

Demasiado dulce.

No peligrosa.

En términos fríos y técnicos, Pyrrha concluyó lo siguiente:—Baja.

Infantil.

Cero figura.

Ningún peligro.

Ozpin había hablado con esa calma grave que lo caracterizaba, como si el destino del mundo fuera apenas un detalle en su agenda.

El auditorio, con sus altos vitrales y ecos suaves, albergaba ahora a docenas de jóvenes cazadores en formación.

Entre sacos de dormir, mantas improvisadas y conversaciones nerviosas, se respiraba un aire de emoción, ansiedad…

e incertidumbre.

Tn observaba desde un rincón, con su chaqueta ya reemplazada por una camiseta negra de algodón y pantalones holgados.

Su semblanza se mantenía inactiva, aunque sus sentidos no descansaban.

El entrenamiento constante lo había dejado alerta incluso en la quietud.

No temía al sueño, pero tampoco lo buscaba con ansias.

Pyrrha, unos metros más allá, se había cambiado también.

Llevaba una camiseta roja oscura que dejaba un hombro al descubierto y pantalones deportivos ajustados.

Su cabello, recogido con una coleta suelta, le daba un aire más informal, pero su mirada seguía tensa, fija, expectante.

Ella lo había seguido hasta allí como una sombra, asegurándose de no parecer demasiado obvia.

Había incluso aceptado intercambiar algunas palabras cordiales con otras aspirantes, y cuando vio a Ruby corriendo hacia su hermana, exhaló al fin un suspiro de alivio.

No es una amenaza, pensó.

Es una niña entusiasta… nada más.

Con ese peso fuera de sus hombros, se dispuso a acercarse a Tn.

Tenía planeado preguntarle si quería dormir cerca de ella.

Solo eso.

Una solicitud inocente, casi fraternal.

Podrían hablar un poco, compartir pensamientos, quizás mirarse antes de cerrar los ojos…Pero entonces, lo vio.

Una chica de cabellos blancos como la nieve, figura esbelta, rostro elegante.

Su postura era perfecta, como tallada con regla.

Hablaba con Tn, o más bien, le hablaba a Tn.

Y él… él parecía nervioso.

Pyrrha se detuvo en seco.

El corazón le dio un vuelco.

Tn estaba ahí, con los brazos cruzados y los ojos desviados.

Su semblanza no giraba, pero había sudor en su cuello.

Parecía tenso, casi atrapado.

Y la chica blanca sonreía, segura de sí misma, con un aire que a Pyrrha le recordó al veneno: frío, dulce, letal.

—Me llamo Weiss Schnee —decía la muchacha, estirando una mano perfectamente manicura—.

Heredera de la familia Schnee.

Estoy evaluando candidatos para mi equipo… y tú has captado mi atención.

Tn no respondió de inmediato.

Bajó la mirada hacia la mano extendida, parpadeó, y luego la estrechó con timidez.—Gracias… supongo.

Pero aún no sabemos cómo se formarán los equipos, ¿cierto?

Weiss sonrió, confiada.

—Sé cómo funciona esto.

Lo importante es mostrar interés desde el principio.

Conozco talentos cuando los veo, y tú… tienes potencial.

Adaptación, ¿no es así?

Es una semblanza muy interesante.

Cietyamente fascinante.

Tn asintió, sin saber si debía sentirse halagado o nervioso.

—Sí.

Aunque tiene sus limitaciones.

—¿Como tu capacidad para manejar conversaciones?

—bromeó ella, sin dejar de sonreír.

Él soltó una pequeña risa nerviosa.

—Tal vez.

Desde su sitio, Pyrrha no se movía.

Su mano se cerraba con lentitud, las uñas marcando la palma.

Ella sabe su nombre.

Ella sabe su semblanza.

Ella quiere tenerlo para sí.

El tono de Weiss no era seductor, ni siquiera excesivamente cálido.

Era estratégico.

Posesivo.

Como quien elige un diamante para una corona.

Pyrrha no escuchó el resto.

No necesitaba hacerlo.

Todo estaba en los gestos.

Cuando Weiss se inclinó un poco más hacia Tn, su cabello perfumado rozando el hombro de él, la pelirroja sintió un tic recorrerle el párpado.

No podía acercarse ahora.

No sin parecer… desequilibrada.

Pero tampoco podía permitir que aquella nieve contaminada reclamara lo que no le pertenecía.

Respiró hondo.

Se obligó a relajarse.

Estrategia.

Observación.

Paciencia.

Tenía la ventaja de conocer a Tn.

Sabía cómo hablaba, cómo se movía cuando estaba incómodo, cuándo buscaba escapar de una conversación.

Lo conocía de verdad.

Y Weiss solo lo quería como herramienta.

Como trofeo.

Eso la volvía débil.

Pyrrha sonrió con los labios cerrados y dio media vuelta.

Se alejó por el momento.

Buscaría un lugar donde sentarse, preparar su manta, esperar a que la conversación terminara.

Sabía que Tn no aceptaría tan fácilmente.

Y si lo hacía… bueno.

El amanecer podía traer muchas sorpresas.

Cuando Weiss se alejó con un paso elegante y la cabeza bien en alto, Tn dejó escapar el aire que no sabía que estaba conteniendo.

Esa conversación había sido… extraña.

No desagradable, pero sí pesada.

Sentía que había sido examinado, medido, incluso etiquetado.

Aunque no le disgustaba la atención, no podía negar que algo en la heredera Schnee lo había puesto inquieto.

Miró a su alrededor buscando un rincón tranquilo donde poder al menos estirarse.

El suelo del auditorio no era el lugar más cómodo del mundo, pero no necesitaba lujo, solo silencio.

Entonces la escuchó.

—Tn.

Una voz suave, conocida.

Como una melodía que recordaba a sus dias en casa.

Volteó la cabeza y la vio, sentada en un rincón no muy lejos, con una manta doblada a su lado.

Su silueta estaba parcialmente bañada por la luz tenue que entraba por los ventanales.

Tenía las piernas cruzadas y los brazos sobre las rodillas, como si llevara tiempo esperándolo… o simplemente supiera que él pasaría por ahí.

Tn se sintió repentinamente más relajado.

Pyrrha.

En toda la academia, entre desconocidos y voces nuevas, ella era el único rostro que su memoria reconocía con claridad.

No entendía del todo por qué, pero su presencia lo tranquilizaba, obviamente era a la unica que si conocia.

Se acercó sin pensarlo demasiado.

—¿Puedo sentarme?

—preguntó, aunque su cuerpo ya comenzaba a inclinarse hacia el suelo.

—Claro —respondió ella con una sonrisa cálida, moviendo la manta para hacerle espacio.

El joven se sentó junto a ella, cruzando las piernas y apoyando los codos sobre ellas.

Por unos segundos compartieron silencio.

Un silencio cómodo, extraño en un lugar donde todo parecía moverse deprisa.

—No esperaba verte aquí —dijo Tn de repente, girando apenas el rostro para mirarla con cierta curiosidad—.

Cuando aterricé, te vi entre los demás… y pensé que tal vez me lo había imaginado.

Pero luego te acercaste y me saludaste junto a Ruby.-se rio un poco, recordando lo energica que esa chica era.

Parecia solo querer amigos o alguien con quien conversar.

Pyrrha ladeó la cabeza, su sonrisa contenida, los ojos abiertos.—Me aceptaron en Beacon.

Quiero ser cazadora.

Sus palabras fueron suaves, honestas… y cuidadosamente elegidas.

Porque lo cierto era que él había sido la razón por la que aplicó a Beacon.

Él, y no el deber o la fama.

Pero eso no lo podía decir todavía.

Tn alzó las cejas, sorprendido.—¿En serio?

—Y entonces sonrió.

Una sonrisa—.

Eso es genial.

Supongo que no deberia ser un mal semestre si te tengo a ti.

Pyrrha bajó ligeramente la mirada, como si la emoción la abrumara un poco.

—Gracias.

—Me alegra que estés aquí.

—Tn se frotó la nuca, su gesto cuando no sabía cómo expresar algo—.

Aún estoy adaptándome a esto… mucha gente, muchas caras nuevas.

Tú… eres la única que me resulta familiar.

Y eso fue todo lo que Pyrrha necesitaba oír.

Esas palabras se clavaron como estacas dulces en su pecho, inflamando algo tibio y peligroso en lo profundo de su alma.

La única.

Familiar.

Él lo siente también.

—Me pasa lo mismo —dijo en un murmuro, aunque su tono mantenía la calma medida.

Se inclinó un poco hacia él, apenas lo suficiente para que sus brazos se rozaran—.

Es fácil sentirse solo aquí.

Pero no cuando estás cerca.

Tn asintió sin pensarlo, distraído por la calma que lo envolvía.

—Entonces… supongo que mañana es la prueba real.

La formación de equipos.

—Sí —respondió ella, manteniendo su tono natural—.

¿Tienes a alguien en mente?

Tn negó con la cabeza.—No lo he pensado.

No conozco a casi nadie.

Weiss me lo mencionó… pero no estoy seguro.

Me pareció muy directa.

Pyrrha contuvo la sonrisa que quería escaparse.

Ya sembró la duda.

Bien.

Ella no te entiende como yo.

—Tal vez deberías dejar que fluya —sugirió—.

Confía en el instinto.

A veces las mejores decisiones son las que no planeas.

Tn se recostó un poco hacia atrás, mirando las luces del techo.

—Nunca fui muy bueno planeando cosas.

—Entonces haz lo que siempre haces —dijo Pyrrha, ya más cómoda, con la voz más baja—.

Sé tú mismo.

Eso basta.

Él la miró de reojo.

—¿Y si yo mismo no es suficiente?

—Lo es —afirmó sin vacilar.

Y ahí, por primera vez en esa noche, Tn cerró los ojos.

No para dormir aún, pero sí para descansar.

Porque en medio del ruido, del mármol frío y de las conversaciones lejanas, se había encontrado con un espacio seguro.

No sabía que estaba durmiendo junto a una obsesión disfrazada de cuidado.

No sabía que los ojos de Pyrrha, aún abiertos, lo observaban con una intensidad que ningún cazador podría percibir.

Ella no tenía prisa.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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