Waifu yandere(Collection) - Capítulo 44
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44: Grace Howard part 2 (zzz) 44: Grace Howard part 2 (zzz) El taller estaba en penumbra, iluminado apenas por los monitores parpadeantes conectados a la cápsula central.
Grace dormía a un lado de la cápsula de Tn, tumbada boca abajo en una manta vieja, con el rostro presionado contra una caja de herramientas .
Su respiración era lenta, acompañada de ronquidos suaves y, de vez en cuando, una risita…
-Jeje…
Tn, no pongas el condensador ahí…
va a explotar…
-musitaba entre sueños-.
Tienes que seguir el diagrama, cielo…
Sus dedos aún manchados de aceite se movían ligeramente como si soñara que soldaba algo.
Sobre su espalda, una manta pequeña había sido colocada con cariño por Muffin, el Bangboo, que ahora permanecía cerca de la cápsula.
El pequeño robot observaba el interior con sus ojos mecánicos redondos.
Y los sensores de su sistema emitieron un leve bip.
Algo dentro se había movido.
Lento.
Apenas visible.
Un temblor en los dedos de Tn.
Una oscilación leve en sus párpados.
Quizás solo una descarga nerviosa residual…
o quizás algo más.
Muffin ladeó la cabeza.
Sus orejas se agitaron mientras grababa la fluctuación en sus datos internos.
Luego, sin hacer ruido, se sentó frente a la cápsula, como si estuviera vigilando un huevo a punto de romperse.
Las puertas del taller se abrieron con un silbido metálico.
Koleda Belobog entró con pasos firmes, su largo cabello rojo ondeando detrás de ella.
Llevaba una carpeta de informes en la mano y su semblante era el de quien estaba cansada de tener que lidiar con genios insomnes.
-Grace -llamó con voz firme, deteniéndose al ver la escena.
La ingeniera estaba tirada en el suelo como una muñeca rota, con la manta apenas cubriéndola y la cara medio babeada contra un destornillador.
El Bangboo, sin inmutarse, solo alzó una manita y saludó mecánicamente a Koleda con un “¡Hola jefe!”.
Koleda suspiró, murmurando para sí.
-Otra noche sin dormir…
Se acercó lentamente y se agachó junto a Grace, sacándole con cuidado la carpeta de debajo del brazo.
Revisó los diagramas: esquemas de piezas, notas sobre transferencia de conciencia bioeléctrica, fragmentos de código escritos con tinta roja y corazones dibujados alrededor del nombre “Tn”.
Y entonces lo miró.
Dentro de la cápsula, el androide dormía.
Perfecto.
Inmóvil.
Hermoso en su ingeniería, casi humano en su forma.
Una mezcla de orgullo científico…
y inquietud visceral recorrió la columna de Koleda.
No era la primera vez que veía un bioandroide, la policía usaba modelos así para operaciones tácticas.
Pero este era distinto.
No tenía un módulo de obediencia.
No tenía protocolo estándar.
Este…
estaba hecho para lo que Grcae quisiera.
Grace siempre lo había dicho, en broma y en serio-No es una IA.
Es mi hijo.
Koleda se pasó una mano por la cara.
Los ojos del androide estaban cerrados, pero su rostro tenía una expresión extrañamente plácida…
como si soñara algo.
-Estás jugando con fuego, Grace…
-susurró, y el Bangboo asintió como si la comprendiera.
Volvió a mirar a su compañera dormida.
Estaba exhausta.
Seguramente no había comido bien en días.
Pero tenía esa sonrisa…
esa paz de quien cree que todo saldrá bien.
Koleda apretó los labios, dejó la carpeta en una mesa y murmuró-Si esto se sale de control…
lo detendré yo misma.
Y sin más, se puso de pie, dándole una última mirada al proyecto.
El corazón latiente de una idea peligrosa.
Las horas pasaron como niebla…
Y la paz del taller se rompió con el eco del clack seco de un destornillador cayendo al suelo.
-¿Mmm…?
-Grace murmuró entre dientes, aún medio dormida.
Sintió el sabor metálico en su boca y notó que, otra vez, había usado una herramienta como chupete.
Se lo sacó entre babas y miró alrededor, despeinada, con una expresión confusa de niña atrapada en un laboratorio de adultos.
-Sip…
volví a dormir en el piso.
Perfecto.
Se estiró, dejando crujir su espalda mientras sus generosos pechos rebotaban libremente en el aire frío del taller.
El Bangboo Muffin se tapó los sensores como si tuviera pudor.
Grace rió levemente y fue directo hacia la cápsula, esperando ver a su pequeño descansando en paz.
Pero algo estaba mal.
Muy mal.
¡BIP!
¡BIP!
¡BIP!
Las alarmas rugieron.
Las luces de los monitores se tornaron rojas, destellando con advertencias violentas.
El líquido de soporte vital dentro de la cápsula burbujeaba de manera irregular, como si hirviera…
o se corrompiera.
Los datos en la pantalla gritaban: PRESIÓN INTERNA: CRÍTICA OXÍGENO: INESTABLE SOPORTE NEURAL: COLAPSO INMINENTE -¡NO!
¡No, no, no, no, no!
-gritó Grace, cayendo de rodillas frente al panel.
Sus dedos temblorosos danzaban sobre los controles, tratando de estabilizar el entorno.
Pero cada intento solo parecía empeorar la situación.
El nivel de presión descendía.
El cuerpo dentro de la cápsula empezaba a convulsionar lentamente.
Tn…
se estaba ahogando.
Grace sintió un terror que no conocía.Un miedo frío, absoluto.
-Si lo dejo dentro, se muere…
si lo saco ahora…
¡puede quedar dañado, su cerebro no ha terminado de enlazarse al núcleo!
-jadeó, lágrimas formándose en sus ojos desesperados.
Golpeó el cristal con la palma.
-¡No mueras!
¡¡Aún no estás listo!!
¡¡Aún no te he dicho cuánto te amo!!
Entonces…
¡BAAAAAM!
La puerta del taller se abrió de un solo golpe, como si hubiese sido pateada por un rinoceronte mecánico.
-¡GRACE!
-rugió Ben Bigger.
El gigantón, con sus enormes brazos de oso y el sudor cayendo por sus cejas espesas, entró .
Sobre su espalda cargaba su inseparable pilar de concreto, que soltó como si fuera un bate de béisbol colosal.(literalmente es un arma que parece un pilar) -¡¿Qué demonios está pasando aquí?!
¡Las alarmas se oyen hasta en la sala de fundición!
Grace, desesperada, solo alcanzó a gritar-¡Mi bebé se muere!
¡No puedo abrir la cápsula, el seguro está sellado!
Ben no necesitó más explicación.
Con un bramido que hizo temblar los cimientos, alzó su brazo y lo descargó directo contra la cápsula.
¡CRACK!
El cristal blindado resistió un instante, pero luego estalló en una lluvia de líquido viscoso y fragmentos de vidrio reforzado.
El cuerpo de Tn cayó entre los restos con un sonido húmedo, tosiendo y jadeando.
Su pecho subía y bajaba bruscamente, los pulmones llenos de aire por primera vez.
La piel empapada y pálida temblaba.
Grace lo atrapó entre sus brazos, mojada, manchada, temblando.
-Tn…
Tn, cariño, estás bien, estás bien…
-murmuró mientras lo abrazaba con fuerza.
El Bangboo chilló alarmado, pero sin acercarse demasiado.
Koleda, a lo lejos, corrió hacia el ruido.
Ben soltó el pilar, que quedó clavado en el suelo con un BANG sordo.
Se acercó lentamente, miró al joven androide, que ahora abría los ojos con dificultad, confuso, indefenso.
-Hmph…
más flaco de lo que pensé.
Pero…
se ve bien.
-comentó, cruzado de brazos.
Tn parpadeó, sus ojos sin comprender.
El mundo era nuevo, frío, desordenado.
Pero Grace lo sostenía como si fuera el único fragmento de realidad que valía la pena salvar.
-Shhh…
mamá está aquí.
No te dejaré solo.
Nunca.
-¿¡Qué pasó aquí!?
-exclamó Koleda, sus botas metálicas resonaron contra el suelo cubierto de fragmentos de cápsula, cables y líquido vital.
Pero Grace no la miró.
No la escuchó.
No respondió.
Solo sostenía a Tn contra su pecho, húmeda, con las mejillas pegadas al rostro aún tibio del androide recién “nacido”.
Sus dedos acariciaban su cabello mojado con una devoción casi religiosa, mientras sus labios repetían, una y otra vez-Ya estás conmigo…
mamá está aquí…
estás a salvo…
mi pequeño..
Koleda miró a Ben, aún cerca, con su enorme pilar hincado en el suelo.
-¿Y tú…
qué hiciste?
-Le salvé la vida.
-Ben respondió con su voz profunda, girando el cuello como si eso fuera lo más normal del mundo-.
Eso de que “la presión está cayendo” no sonaba a fiesta.
-Tch…
-Koleda desvió la mirada, medio molesta, medio preocupada-.
No quiero ni saber cómo va a justificar esto a la supervisión…
-No va a justificar nada -dijo Grace al fin, sin dejar de mirar a Tn-.
Esto es…
mío.
Ben asintió sin discutir, y luego, sin más palabras, se agachó.
-Lo cargo.
¿Dónde?
-Mi mesa de trabajo…
la grande, cerca del banco de baterías.
-indicó ella con una voz suave, maternal pero firme.
Ben levantó a Tn con cuidado.
Aunque aún era más ligero que un humano de su tamaño, su piel y masa muscular eran realistas, con una temperatura apenas más baja.
El muchacho, cubierto solo por una manta vieja que se adhería a su piel mojada, parecía una figura trágica salida de una incubadora.
Koleda lo miró por accidente.
Y se detuvo.
Por un instante, la visión del androide -de formas jóvenes, humanoides, con un rostro aún pálido pero perfecto, líneas limpias y músculos apenas definidos bajo la manta- la dejó congelada.
-…Okey.
Me voy.
-dijo de pronto, apretando la boca.
Una gota de sangre bajó de su nariz.
Ben levantó una ceja.
-¿Todo bien, jefa?
-¡Sí!
¡Estoy bien!
Tengo que ir a revisar…
cosas!
-dijo Koleda mientras se daba media vuelta y salía apresurada del lugar, cubriéndose la cara con la manga.
-Hmph.
Hormonas.
-murmuró Ben.
Luego, dejando a Tn sobre la mesa con suavidad-.
Voy a reforzar los estabilizadores del reactor, antes de que algo más explote.
-Gracias, Ben…
de verdad.
-susurró Grace, sin apartar los ojos de su “hijo”.
El taller volvió a quedar en silencio.
Solo el zumbido de las pantallas y los bip suaves del escáner llenaban la habitación.
Grace activó los análisis, proyectando múltiples ventanas holográficas frente a ella.
La forma dormida de Tn yacía sobre la mesa, respirando con lentitud.
Sus dedos temblaban levemente, señal de que los sistemas nerviosos internos aún estaban calibrándose.
-Vamos…
dime que estás bien…
-dijo en voz baja, ajustando los escáneres.
Los resultados comenzaron a fluir: Función Motora Primaria: Activada.
Conectividad Neural: Parcial.
Centro de Lenguaje: Incompleto.
Memoria Base: Corrupta en 12%.
Reparación en curso…
Estructura Orgánica: Estable.
Cortes menores por impacto.
Cognición: Emergente.
Grace exhaló con fuerza.
Lágrimas involuntarias le recorrían las mejillas.
-Mi amor…
lo lograste.
Aún no estás completo, pero…
ya estás aquí.
Le tomó la mano con cuidado, la sintió cálida, aunque débil.
Tn murmuró algo ininteligible.
Apenas un sonido.
Grace lo besó en la frente, dejando su mancha de aceite y lágrimas sobre su piel.
-Tranquilo, cariño.
Mamá te arreglará.
Mamá te hará perfecto.
Los dedos de Grace se movían con delicadeza sobre el cuerpo inerte de Tn, limpiando con un paño caliente cada rincón de su piel artificial como si puliera una obra de arte .
Su expresión era serena, casi inocente, como la de una madre bañando por primera vez a su recién nacido.
-No te preocupes, todo irá bien…
mamá está aquí…
mamá se encarga de ti.
Con cuidado retiró restos del líquido de la cápsula, aceites estabilizadores y manchas menores de suciedad.
No dejó rincón sin revisar, pasando por su torso, cuello, brazos…
y bajando más.
Entonces se detuvo.
Una sonrisilla escapó de sus labios cuando lo notó.
-Vaya…
sí que heredaste lo mejor, ¿eh?
-susurró con un tono travieso, mordiendo un poco su labio, antes de sacudir la cabeza como quien espanta pensamientos prohibidos-.
No, no…
es mi bebé.
Mi pequeño.
Nada de eso ahora.
No todavía.
Sacudió la cabeza para centrarse.
Respiró profundo.
Tenía que estabilizarlo por completo.
Fue hacia uno de los cajones inferiores del banco de trabajo y sacó un enchufe estabilizador, un cilindro corto con luz azul en el extremo y conectores múltiples.
Lo sostuvo entre los dientes mientras programaba el enlace y luego lo insertó con cuidado en la cavidad torácica de Tn, justo entre sus costillas, donde una conexión interna se reveló con un clic suave.
El efecto fue inmediato.
La palidez artificial de su piel se disipó poco a poco, y un leve tono rosado, más humano, comenzó a aparecer.
Las venas sintéticas, antes apagadas, vibraban con pulsos de energía bioeléctrica.
El pecho de Tn subía y bajaba con más naturalidad, su expresión -aunque inconsciente- dejaba ver trazas de sueño agitado.
Grace se permitió un largo suspiro.
-Ahh…
eso está mejor…
mucho mejor.
Se sentó en el borde de la mesa, mirando a su hijo.
Su pecho aún se alzaba con respiraciones controladas, pero más firmes.
Como si por primera vez no estuviera sobreviviendo, sino viviendo.
Entonces miró su propio reflejo en uno de los monitores.
Su rostro tenía manchas negras de aceite; su cabello, despeinado y pegado por el sudor; su top deportivo había perdido forma y estaba manchado de grasa por todos lados; y sus pies…
descalzos, ennegrecidos por el suelo del taller.
-Tsk…
Me veo como si me hubiera arrastrado por una turbina…
-murmuró, restregándose la cara.
Volvió a mirar a Tn, cubierto por la misma manta sucia con la que lo había sacado de la cápsula.
-Necesitas ropa…
no puedo dejarte así, no con ese cuerpecito a la vista.
-dijo, cubriéndolo mejor con la manta como si fuera a congelarse, aunque su temperatura estaba regulada.
Se puso de pie y estiró los brazos, su espalda crujió.
Estaba cansada, pero su corazón seguía latiendo rápido.
Tenía cosas que hacer, pero también…
necesitaba cuidar de sí.
-Iré a darme un baño, y luego saldré a comprarte algo bonito, mi pequeño.
Algo suave, algo cálido…
algo que te haga ver adorable.
-Se giró y le guiñó el ojo, aunque él no podía verla-.
Mami te va a vestir como el príncipe que eres.
Antes de salir, miró una vez más los monitores.
Todo parecía estable.
Tn seguiría durmiendo, regenerando su conciencia…
creciendo.
Y entonces se fue, dejando el taller en silencio, con una tenue luz azul iluminando el rostro dormido del androide, como una luna artificial que lo acariciaba desde el techo.
El vapor cálido se elevaba en espirales suaves desde el agua, cubriendo los espejos del baño con una neblina borrosa.
Grace se recostó contra la cerámica, sintiendo cada gota recorrer su piel como si el calor pudiera borrar no solo la grasa y el aceite, sino también las obsesiones que le crecían dentro como enredaderas.
Cerró los ojos, dejó escapar un gemido contenido -de placer físico, alivio emocional- y se permitió unos minutos más.
Era extraño.
Se sentía culpable por disfrutar incluso ese momento.
Como si dejar de pensar en Tn, aunque fuera por segundos, fuera una traición a lo que había construido.
Pero debía calmarse.
Salió, se secó con lentitud, y se puso una blusa de algodón blanco, pantalones simples, y unas botas limpias.
La ropa aún olía a detergente…
algo raro en ella.
-Tengo que hacer que se vea adorable…
nada barato, nada sintético -murmuró mientras ajustaba sus guantes limpios-.
Mi bebé se merece lo mejor.
Nueva Eridu rugía con su multitud cotidiano.
La plaza comercial estaba llena de luces y ruido, pero Grace caminaba como si el mundo no importara.
Tenía las medidas exactas de Tn grabadas en su mente.
Cada prenda, cada textura, debía encajar con precisión.
Era más que ropa…
era una segunda piel para su hijo.
Entró a una tienda especializada.
Una vendedora intentó ayudarla, pero al verla sacar de memoria una lista de medidas milimétricas, se echó atrás, entendiendo que Grace sabía lo que hacía.
Que era una de esas clientas raras que ya sabian que comprar.
Eligió telas suaves.
Colores apagados.
Nada que lo hiciera parecer una máquina.
Quería que Tn se sintiera real.
Humano.
Cuando el sol comenzó a descender, y el bullicio de la ciudad empezó a calmarse, volvió a su base.
Cargaba con cuidado la bolsa.
Ya dentro, avanzó hasta su taller.
La luz tenue aún acariciaba el rostro de Tn, dormido en la mesa metálica, cubierto por la manta vieja.
Respiraba con calma, sus dedos a veces se movían apenas.
Soñaba.
O algo muy parecido.
Grace lo contempló en silencio durante largos minutos.
A pesar de todo, aún no podía creerlo.
No era un modelo copiado.
No era una réplica de un androide policial.
Era único.
Y era suyo.
Dejó la ropa en una silla cercana y luego se sentó frente al monitor central, donde flotaban miles de líneas de código, mapeos cerebrales, sinapsis digitales.
Y entonces vino lo más difícil.
Abrió su núcleo cognitivo.
No el operativo.
No el de combate.
El central.
El alma de Tn.
-No quiero que seas como los demás…
-susurró, desplazando líneas de programación-.
No quiero que me ames porque te lo ordené.
No quiero ser solo una variable grabada en tu red afectiva.
Miró las líneas donde podría insertar una instrucción simple: Prioridad emocional: Grace Amor condicionado al reconocimiento materno de la voz: activado Vínculo afectivo forzado: permanente Pero no lo hizo.
En lugar de eso, temblando un poco, borró esas líneas.
-Tienes que decidirlo tú…
tienes que elegirme tú, no porque fui quien te construyó…
sino porque…
porque lo sientes.
Se sentó hacia atrás en su silla, cansada, con los ojos irritados.
¿Y si no la amaba?
¿Y si al despertar…
la odiaba?
¿La veía como su carcelera?
¿Como una madre falsa?
¿Una diosa cruel?
¿Y si todo esto…
no bastaba?
El silencio la rodeó, roto solo por el sonido de los respiradores automáticos.
Ella bajó la mirada al suelo.
Y por primera vez…
dudó.
-¿Y si no eres mi hijo…?
-dijo casi en un susurro, con la voz quebrada.
Pero no se levantó.
No se fue.
Solo esperó.
Esperó a que su creación…
su pequeño…
su Tn…
abriera los ojos por voluntad propia.
La tenue luz azulada del monitor iluminaba su rostro mientras las líneas de código parpadeaban como estrellas en una noche digital.
Grace temblaba, sus dedos apretaban el borde del escritorio con fuerza.
Había borrado las líneas afectivas…
había intentado hacer lo correcto.
Pero el silencio.
El miedo.
El miedo era más fuerte.
-¿Y si me odia?
¿Y si…
me llama monstruo?
-susurró.
El vacío respondió con el zumbido leve de los servidores.
No pudo soportarlo.
Levantó una mano, y con movimientos metódicos, casi desesperado, creó una subrutina oculta.
Una que se anidaba profundamente entre los circuitos cognitivos de Tn, más allá del nivel consciente.
No alteraba su personalidad.
No interfería…
a menos que ella lo ordenara.
“Archivo de Emergencia: Tublai-Cain, Código 003451.” Ese nombre…
“Tublai Cain”.
Era una referencia interna.
Una ironía sangrienta.
Un gesto de advertencia para sí misma.
El archivo estaba compuesto por una lluvia de terabytes comprimidos: instrucciones, impulsos neuronales forzados, asociaciones emocionales artificiales, y virus conductuales diseñados para sobreescribir cualquier rechazo, cualquier negativa, cualquier deseo de alejarse de ella.
Una prisión disfrazada de salvación.
Solo se activaría si ella decía las palabras.
Solo si él la rechazaba.
Solo si su corazón no podía más.
Era el botón de pánico emocional de Grace.
Y lo odiaba.
Y lo necesitaba.
Cuando lo integró, lo ocultó bajo diez capas de encriptación biométrica y programó un reconocimiento de voz imposible de falsificar.
Solo si ella decía esa secuencia exacta, el archivo se desplegaría como una red de púas invisibles…
atrapando a Tn en un amor impuesto.
-Lo siento…
lo siento tanto -dijo, lágrimas corriendo por sus mejillas-.
No quiero usarte.
No quiero forzarte…
Pero tampoco puedo soportar que me abandones.
Se limpió los ojos con torpeza.
Guardó el código.
Lo selló.
Lo bloqueó.
Y entonces se dejó caer en la silla, agotada, con las manos temblando y la respiración entrecortada.
Una parte de ella -la que aún era humana- gritaba por dentro.
La otra…
solo buscaba protegerse.
Con ese “seguro” en su lugar, Grace se sintió al fin tranquila.
Como una madre que había preparado la cuna perfecta…
aunque por dentro estuviera llena de cuchillas.
Se giró hacia Tn, aún dormido, respirando suavemente bajo la manta.
Se acercó.
Le acarició el cabello.
-Despierta cuando quieras, mi cielo -susurró con dulzura, mientras el infierno codificado latía en segundo plano-.
Yo…
te estaré esperando.
Se sentó junto a él, viendo la pantalla del sistema cerebral mientras la noche en Eridu comenzaba a llover.
Cada gota golpeando la cúpula metálica de su laboratorio como un eco sordo.
Tu libertad está intacta, se dijo.
Hasta que decidas irte.
Y si eso ocurría…
…yo ya tengo las cadenas preparadas.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com