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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 46

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  4. Capítulo 46 - 46 Yang xiao long part 5 rwby
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46: Yang xiao long part 5 (rwby) 46: Yang xiao long part 5 (rwby) Comedor de Beacon – Minutos antes… Tn terminaba su tarta de limón.

El chico que le hablaba antes ya se había ido, probablemente asustado por lo tranquilo —demasiado tranquilo— que era Tn, como si nada lo afectara.

Mientras dejaba el tenedor a un lado, alzó la vista por instinto.

Sintió una presencia.

¿Una mirada?

No.

Varias.

Pero no le dio importancia.

—…Mientras no me quiten el postre, todo bien.

Se levantó y salió del comedor como si no hubiera una guerra de pasiones formándose a su alrededor.

Pasillo de los dormitorios – Frente a la habitación de Velvet —¡VELVEEEEEEEEEET!

¡ABRE LA MALDITA PUERTA!

—gritaba Yang, golpeando el marco con ambas manos mientras su cabello chispeaba con fuego contenido.

—¡No estoy aquí!

—se escuchó una voz temblorosa desde adentro.

Velvet estaba acurrucada en su cama, tapada hasta las orejas con una manta que temblaba casi tanto como sus orejas de conejo.

—¿Por qué, por qué, POR QUÉ dibujé esas cosas?

¡Esto es castigo por mis pecados de tinta!

—gimió.

Coco estaba sentada en una silla plegable al otro lado del pasillo, bebiendo un café con una expresión muerta de aburrimiento.

—¿Debería detenerla?

—se preguntó en voz baja.—¿Quiero detenerla?

¿O quiero ver si Velvet es buena corriendo con tacones?

Yang golpeó una vez más, gruñendo.

—¡Sé lo que hiciste, Velvet!

¡Y tengo preguntas!

¡MUCHAS PREGUNTAS SOBRE TU INSPIRACIÓN!

Y justo cuando parecía que iba a volar la puerta de una patada estilo explosivo, se detuvo.

Recordó la última vez que rompió una puerta en Beacon.

Tres semanas de castigo.

Una hora diaria de escuchar a Glynda hablar sobre “preservación de recursos compartidos”.

Yang apretó los dientes.

—Cobarde burocracia…

Dormitorio del equipo RWBY – Noche Weiss, en su cama, tenía puestos unos audífonos con música instrumental para dormir.

Probablemente alguna sinfonía sobre orden, disciplina y cómo matar Grimm con gracia.

Completamente ajena al infierno que se desarrollaba a solo dos camas de distancia.

Ruby, por su parte, estaba en la suya… con las sábanas subidas hasta el cuello.

Su rostro estaba rojo como su capa.

Sus ojos, brillando con una mezcla de horror, excitación y adicción enfermiza.

Bajo la manta… Ese dibujo.

El que Velvet hizo.

El que claramente no debía existir.

Ruby volvió a observarlo, la hoja ya un poco arrugada por tanto “manejo”.

—Esto está mal… esto está mal… ¡pero es tan bien dibujado!

—susurró, como si la calidad artística fuera excusa.

Intentó contener un gemido.

Se mordió los labios.

No podía dejar que Weiss escuchara nada.

Ni un suspiro.

Ni un temblor.

El placer adolescente era más peligroso que cualquier Grimm.

Ruby mordió la almohada para no hacer ruido, mientras su cuerpo se arqueaba apenas perceptiblemente bajo las mantas.

—Oh… Tn… tú… tú monstruo anatómicamente perfecto… Y en el fondo de su mente, muy profundamente, supo que ya no había vuelta atrás.

No después de eso.

Ruby apenas tuvo tiempo de ocultar su preciado dibujo debajo del colchón antes de que la puerta del dormitorio se abriera con un chirrido seco.

La figura que apareció hizo que hasta el polvo en la habitación pareciera retraerse.

Yang, con el cabello parpadeando en fuego como si fuera una antorcha viva, murmuraba cosas poco sanas mientras sus ojos brillaban con una mezcla peligrosa de celos y frustración.

“Voy a hacer trizas ese conejo…

la voy a dejar calva…

¿quién se cree que es para acercarse a él así?” decía con la voz apenas audible, pero cargada de ira.

Blake, que justo venía por el pasillo, se detuvo en seco al escuchar las palabras.

No tenía ni la más mínima intención de lidiar con Yang en ese estado.

No después de lo que había visto… ese maldito libro lleno de planes, diagramas de “territorio emocional de Tn”, fotos robadas, y hasta una lista titulada “Candidatas para eliminar (en sentido figurado… probablemente o eso queria pensar)”.

Un escalofrío recorrió la espalda de la faunesa, quien se limitó a suspirar y entrar al cuarto sin decir palabra.

Su mirada rápida le mostró una escena curiosa: Ruby temblando bajo las sábanas, seguramente aún presa de los estudios; Weiss dormida profundamente con unos auriculares puestos, soñando con una vida sin compañeras extrañas; y Yang… desnudándose lentamente con una toalla bajo el brazo mientras su cabello chisporroteaba como una bengala.

Sí, tenía buen cuerpo.

Blake no era ciega.

Musculatura definida, postura confiada, y ese aura feroz que la hacía destacar y tetas unas muy buenas tetas.

Pero también estaba loca.

Loca de celos, de obsesión y ahora también de sed.

“Qué ironía…

el fuego que más arde es el que más aleja”, pensó Blake, acomodándose en su cama, dándole la espalda a todas, deseando no haber visto nada hoy.

Yang, mientras tanto, entró al baño, cerró la puerta con un golpazo y dejó escapar un largo suspiro mientras el agua empezaba a correr.

“Tengo que actuar rápido”, murmuró para sí misma.

“Si Velvet sigue ganando terreno, entonces tendré que pasar al Plan Conejo Estofado…” Dentro del baño, el vapor comenzaba a llenar el ambiente, y Yang miraba su reflejo en el espejo, recordando lo cerca que estuvo de arrancarle las orejas a Velvet por estar demasiado cerca de su Tn.

Fuera del baño, Blake abría un ojo.

Plan Conejo Estofado, había dicho.

Definitivamente, mañana se cambiaría de habitación.

Blake suspiró al axomodarse en su cama en el dormitorio del equipo RWBY.

No quería estar ahí.

No después de haber visto ese maldito cuaderno de Yang…

y mucho menos después de haber sido amenazada por ella.

La habitación estaba en penumbra, iluminada por la tenue luz de la luna filtrándose por las cortinas.

Weiss dormía profundamente, con sus auriculares puestos, aislada .

Ruby, en cambio, parecía estremecerse bajo las mantas, cubierta hasta el cuello, temblando como si intentara ocultar algo… o reponerse de algo.

Blake solo lanzó una mirada fugaz antes de meterse a su cama.

Fingió indiferencia, aunque la tensión le apretaba el pecho.

Quería ignorar todo, fingir que nada estaba mal… pero sus oídos, más agudos que los de cualquier humano, no le permitían escapar.

Del baño, apenas separado por la puerta entreabierta, se escuchaban murmullos… palabras arrastradas, suaves, casi hipnóticas.

Yang hablaba consigo misma, su voz baja, embriagada de una emoción febril: —…camisa… sí, si la uso en la almohada, podré… Un suspiro.—Correas, tal vez… ¿una invitación a entrenar…?

Blake cerró los ojos con fuerza, deseando no oír más.

Pero lo siguiente fue peor.

Una secuencia de ruidos suaves, húmedos, rítmicos… y luego una exhalación profunda, como un alivio reprimido.

Sabía lo que era.

No era la primera vez que ocurría.

Murmullos se arrastraron fuera del baño mientras Yang se vestía con parsimonia.—Definitivamente esta toalla huele a él… la guardaré con las otras… Blake se giró en su cama, dándole la espalda a todo.

Sabía que Yang tenía problemas, pero esto… esto ya estaba cruzando un umbral.

Se estremeció.

—Pobre Tn… —murmuró para sí—.

No sabe la locura que lo rodea… En su rincón, Ruby seguía despierta.

Mordía suavemente su almohada, su rostro rojo como una manzana.

La hoja escondida bajo su cama ardía en su memoria, y aunque el ruido de Yang la sacaba de concentración, su mente aún giraba en torno a aquellas líneas, a ese dibujo prohibido que jamás debió encontrar… Sus manos temblaban.

No era solo nervios.

Era… algo más.

Mientras tanto, Yang salía del baño con una nueva sonrisa y el cabello aún humeante.

En su rostro, no había vergüenza.

Solo satisfaccion.

Esa noche, dormiría abrazada a una camisa ajena, soñando con un futuro donde nadie más que ella tocara a Tn.

Y si alguien se atrevía a acercarse… …bueno, que los dioses ayuden al pobre conejo.

Yang, abrazando la almohada con la camisa de Tn entre sus brazos, se sintió tranquila.

El suave roce de la tela le ofrecía una sensación de consuelo, como si tuviera algo suyo, algo que le perteneciera.

Estaba tan cómoda que, sin darse cuenta, cerró los ojos y se quedó dormida con una sonrisa en el rostro.

Su mente, aunque cansada, no dejaba de pensar en Tn.

¿Qué haría para acercarse más a él?

Algo tenía que cambiar, pero por ahora, el sueño la envolvía, y por un breve momento, todo parecía perfecto.

Mientras tanto, en la habitación de Velvet y Coco, el ambiente estaba más tenso.

Velvet, visiblemente nerviosa, estaba guardando los dibujos en su escritorio, la mirada fija en la hoja de papel que tenía entre sus manos.

Sabía que Yang probablemente estaba muy cerca, y esa idea la inquietaba profundamente.

No solo por los dibujos, sino por la forma en que Yang la había mirado recientemente.

¿Qué pensaría ella si descubría lo que había estado haciendo?

Coco, sentada en la cama, observó en silencio, percibiendo la ansiedad de su amiga.

Con una sonrisa traviesa, murmuró en voz baja: “Oye, ¿me prestas algunos de esos dibujos?

Podría ser divertido…” Su tono sugería algo más, una ligera broma, pero Velvet no estaba de humor para eso.

La idea de Yang acechándola la hacía sentirse aún más incómoda.

“¡No!

¡No los toques!

Yang…

ella me va a perseguir por esto,” gritó Velvet, un leve temblor en su voz.

Los pensamientos de ser vista por Yang la aterraban, ya que sabía que la rubia no dejaría pasar algo tan personal.

Coco, sin perder la calma, se acercó a Velvet y le puso una mano en el hombro.

“Relájate, Velvet.

Estamos en una academia.

Yang no va a hacer nada.

Bueno, eso espero…” dijo Coco con un suspiro.

Pero las palabras de su amiga no parecían ser suficientes para calmarla.

La sombra de la obsesión que Yang mostraba, su tenacidad en querer proteger algo que consideraba suyo, comenzaba a preocupar más a Velvet de lo que quisiera admitir.

Desde su cama, Coco podía escuchar los murmullos de Velvet, quien seguía inquieta.

“No es solo eso…

Si ella descubre algo más…

podría hacer que todo fuera mucho más complicado.” Velvet no quería pensar en eso, pero las ideas empezaron a tomar forma en su mente.

Sabía que Yang no tenía límites cuando se trataba de proteger lo que consideraba suyo.

Y aunque Coco intentaba calmarla, Velvet no podía evitar sentir una creciente presión.

La luz suave de la lámpara en su habitación no lograba calmar la tormenta que se desataba en su mente.

Velvet se encontraba sentada en su cama, mirando su libreta, pero no podía concentrarse.

Su mente estaba completamente atrapada en un solo pensamiento: Tn.

Era una de las pocas personas que había mostrado amabilidad genuina hacia ella, y por alguna razón que aún no comprendía del todo, su corazón latía más rápido cada vez que él estaba cerca.

Pero al mismo tiempo, un miedo profundo y persistente la envolvía.

¿Por qué ella, de todas las personas, podría ser una opción para él?

Velvet no se veía a sí misma como alguien que pudiera estar a la altura de Tn.

Él era tan… perfecto.

Tan fuerte, tan seguro, tan diferente a ella.

Mientras ella lidiaba con sus inseguridades y temores, él parecía moverse por la vida con una facilidad que Velvet solo podía admirar a distancia.

“No soy suficiente…” pensó Velvet, apretando la libreta contra su pecho.

“Soy solo una fauno, solo una chica normal, ¿por qué él se interesaría en mí?” Coco, su amiga y compañera de habitación, había comenzado a notar su nerviosismo y preocupación.

Aunque Velvet trataba de disimularlo, las señales eran obvias: la tensión en su cuerpo, los suspiros interrumpidos, y las miradas vacías.

Finalmente, Coco decidió intervenir.

— “Oye, Velvet, sé que algo te pasa.

¿Es Tn?” preguntó Coco, notando cómo sus ojos se iluminaban cuando mencionaba su nombre.

Velvet rápidamente desvió la mirada y bajó la cabeza, sintiendo una oleada de vergüenza.

— “No…

no es nada.

Es solo…

todo esto.” murmuró Velvet, con la voz temblorosa.

“Él es demasiado bueno para mí.

¿Qué haría yo con alguien como él?” Coco se acercó, tomando su mano con gentileza.

— “No te menosprecies, Velvet.

Eres increíble.

Tn sería afortunado de tener a alguien tan genial como tú.” Las palabras de Coco deberían haberla reconfortado, pero en lugar de eso, un peso aún mayor cayó sobre sus hombros.

La voz en su cabeza le decía que no era suficiente, que no encajaba.

Aunque Coco intentaba alentarlo, Velvet solo veía las diferencias entre ella y Tn.

“Él es fuerte, serio, y tiene una personalidad que inspira respeto…

mientras que yo…” Velvet pensó, mirando sus manos, que parecían pequeñas e inadecuadas en comparación con la imagen de Tn que se formaba en su mente.

“Soy solo una chica insegura.

No soy lo que él necesita.” Coco notó el cambio en su expresión, y sus palabras se volvieron más firmes.

— “¿Sabes qué?

Tn necesita a alguien que lo apoye, que lo comprenda.

Y tú, Velvet, eres esa persona.

No te subestimes.

Él no busca perfección, busca alguien real, alguien que lo acepte tal y como es.” Sinceridad masculina.

Velvet no estaba segura de si podía creerlo, pero las palabras de Coco calaron profundamente en su corazón.

Tal vez Coco tenía razón.

Tal vez Tn no se fijaba solo en lo que se veía por fuera, sino en lo que había dentro de ella.

Aun así, la duda no desaparecía por completo.

En su mente, las inseguridades seguían luchando por prevalecer, diciéndole que no era suficiente.

Pero ahora, por primera vez, había una chispa de esperanza, una pequeña semilla que podría crecer si se dejaba germinar.

— “Tal vez…

tal vez estás en lo cierto.” Velvet susurró, aún vacilante.

Coco sonrió, dándole un apretón en la mano.

— “Lo estoy.

Ahora, si alguna vez decides hablar con Tn, no olvides lo maravillosa que eres, ¿de acuerdo?” Velvet asintió lentamente, aún con dudas, pero la calidez en las palabras de Coco la hizo sentirse un poco más ligera.

“Quizás, solo quizás, pueda intentarlo.” Pensó Velvet, mirando la puerta de su habitación como si de repente todo el mundo exterior se hubiera vuelto un poco más accesible.

Velvet se quitó la chaqueta con manos algo temblorosas, la adrenalina del día aún corriendo por su cuerpo.

Aunque intentaba convencerse de que todo había terminado, aún podía sentir el peso de la mirada de Yang sobre su nuca, como si la rubia pudiera atravesar paredes con sus ojos rojos.

Tragó saliva, se puso un pijama sencillo y dijo en voz baja, tratando de sonar casual: —Me voy a cambiar… y luego a dormir.

Coco, ya en su cama, asintió sin mirarla, entretenida con su pergamino.

Velvet se deslizó entre las sábanas, dándose la vuelta hacia la pared.

El suave murmullo de las notificaciones del pergamino de Coco se mezclaba con el leve zumbido de la calefacción.

Coco, con sus gafas puestas, navegaba por la interfaz del dispositivo sin mucha preocupación.

Revisó algunos mensajes de sus contactos habituales, sonrió al ver un meme de Yatsuhashi completamente dormido en clase… pero algo le llamó la atención: el estado de Pyrrha estaba en gris.

Desconectada.

Algo raro, considerando que la pelirroja solía estar siempre pendiente del grupo.

Luego miró más abajo.

El contacto de Tn… verde.

—Vaya, el niño insomnio sigue despierto —murmuró para sí, con una sonrisa socarrona mientras se recostaba más cómoda sobre las almohadas—.

Seguro está revisando cosas extrañas… o tal vez escapando de otra chica intensa.

Suspiró, deslizó un par de veces hasta abrir una lista de reproducción de videos relajantes.

Una mezcla de combates memorables, modas de combate, y algo de música instrumental.

Dejó que el sonido suave llenara el cuarto mientras se relajaba.

Al otro lado, Velvet aún no dormía.

Tenía la mirada perdida en la pared, sus dedos jugando con la manta.

Recordaba las palabras de Coco, el gesto amable… pero todo eso chocaba con lo que sentía en su interior.

¿Por qué alguien como Tn siquiera se fijaría en ella?

¿Qué podía ofrecerle ella que no tuviera alguien más?

Ruby era brillante, Weiss era elegante, hasta Blake tenía un aire misterioso.

¿Y ella?

“Soy sólo… una chica con miedo de su sombra.

De la sombra de Yang.” Apretó los ojos.

No quería pensar más.

No ahora.

No cuando aún podía imaginar la voz de Coco animándola.

Cerró los ojos, buscando refugio en el sueño.

Y en su rincón, Coco murmuró antes de cerrar su pergamino:—Ojalá Velvet se dé cuenta de lo que vale… La noche siguió su curso.

Algunas habitaciones dormían en paz.

Otras… no tanto.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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