Waifu yandere(Collection) - Capítulo 47
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47: Penny polendinna part 5(rwby) 47: Penny polendinna part 5(rwby) Mientras las luces parpadeaban levemente en los pasillos de la torre de comunicaciones, Tn caminaba con pasos apresurados, los dedos crispados en el borde de su abrigo.
Su mente hervía en una mezcla de ansiedad, frustración y esa sensación ineludible de estar atrapado en algo que se le escapaba de las manos.
Solo quería enviar un mensaje.
Uno.
Un maldito mensaje a Atlas.
A Pietro.
Al único adulto en quien sentía que podía confiar.
Pero al llegar al panel, el sistema arrojó errores en pantalla como una lluvia de advertencias digitales.
“Fallo en la línea principal.
Enlace a Atlas: interrumpido.
Diagnóstico en curso…” Tn apretó los dientes, golpeando la consola con la palma abierta.
Lo intentó otra vez.
Nada.
Otra vez.
Nada.
Lo que no sabía era que, a metros de ahí, Penny—conectada discretamente al sistema interno—ya había suplantado los protocolos de red.
Su código, aunque disfrazado de mantenimiento automático, había devorado los datos que conectarían Beacon con Atlas.
Para los sistemas, era una falla técnica común.
Para Tn, era un obstáculo.
Para Penny, era una oportunidad.
En su habitación, sentada con la espalda recta y una expresión de calma fingida, Penny parpadeaba mientras su mente procesaba todos los movimientos de Tn, cada señal de GPS, cada patrón de respiración almacenado en sus sensores ocultos.
Sonrió suavemente.
Todo estaba yendo según lo previsto.
Si Tn no podía pedir ayuda… entonces no podría alejarse de ella.
Tn, por su parte, descendió los escalones de la torre en silencio, tragando en seco.
No era tonto.
Beacon era eficiente.
El sistema no solía fallar así.
Algo no encajaba.
Algo estaba mal.
Y aunque no podía probarlo todavía… sentía la presión invisible de unos ojos sobre él.
Siempre.
Frustrado, con la mandíbula apretada y los ojos clavados en el suelo, Tn abandonó el centro de comunicaciones.
El aire de Beacon parecía más denso que de costumbre, como si lo observaba en silencio.
El murmullo lejano de los estudiantes practicando para el festival académico solo hacía que la ansiedad dentro de su pecho se intensificara.
Revisó el horario escolar desde su scroll: aún quedaban varios días para el evento y, con ello, más ocasiones en las que tendría que encargarse de Penny.
La sola idea lo hacía suspirar, no por pereza, sino por esa sensación de inquietud constante que crecía con cada interacción con ella.
“¿Cuánto tiempo más tendré que hacer esto?” pensó, mientras sus pasos se sentían más pesados en el suelo.
Sabía que Glynda era estricta.
Si Penny aparecía sin su uniforme adecuado, con el cabello en desorden o sin sus libros, él sería arrastrado a detención sin más discusión.
Y Penny… Penny lo sabía.
Se detuvo frente a una pared del pasillo y presionó su mano contra ella, cerrando los ojos, buscando un respiro.
Los recuerdos de la última vez que Penny había exigido su atención se hicieron más vívidos en su mente.
¿Cuántas veces había tenido que estar cerca de ella en esos últimos días?
¿Cuántas veces había tenido que sonreír, o simplemente no hacer nada mientras ella lo manipulaba a su gusto?
“Solo unos días más”, se dijo a sí mismo.
“Solo unos días más, y todo esto se habrá acabado”.
Tn pensó en regresar a su habitación, cerrar la puerta y sumergirse en tareas pendientes.
Tal vez enfocarse en alguna entrega de ciencias o en repasar estrategias de combate.
Lo que fuera con tal de evitar más tiempo a solas con ella.
Con suerte, Penny estaría distraída.
O dormida.
O desconectada.
Aunque, siendo sincero consigo mismo, dudaba que esa última opción volviera a suceder sin que él la activara.
Desde aquella actualización… ella ya decidía cuándo quería dormir.
Suspiró de nuevo y caminó por los pasillos del edificio.
Mientras recorría el camino familiar hacia su habitación, se encontró con algunos estudiantes que le lanzaron miradas curiosas, pero él ni siquiera levantó la vista.
Estaba atrapado en sus propios pensamientos.
De repente, escuchó unos pasos rápidos detrás de él.
Giró, y vio a Blake, quien parecía haberlo alcanzado por pura casualidad.
“¿Tn?
¿Estás bien?” preguntó Blake, mirando su rostro tenso.
Tn intentó sonreír, pero fue más una mueca forzada.
“Sí, solo… no me siento bien.
Un poco de estrés por el festival.
Eso es todo”.
Blake lo miró fijamente por un momento, luego asintió.
“No te sobrecargues, Tn.
Recuerda que no todo en Beacon es una carrera.
Tómate un respiro cuando puedas”.
Tn asintió sin decir una palabra más, y Blake continuó su camino.
Sin embargo, justo antes de que se despidiera, Blake se detuvo y le lanzó una mirada curiosa.
“Ah, y si alguna vez necesitas hablar de algo… sabes que estoy aquí, ¿verdad?” Tn le dio una sonrisa vacía.
“Lo sé.
Gracias, Blake”.
A medida que Blake se alejaba, Tn sintió un nudo en el estómago.
No tenía tiempo para hablar con nadie.
No tenía tiempo para nada que no fuera lidiar con Penny.
Lo peor era que, cuanto más trataba de alejarse, más parecía ella seguirlo.
Con una mirada cansada, Tn entró en su habitación.
La luz de la pantalla de su scroll parpadeó.
El mensaje para el profesor Pietro todavía no había sido enviado.
Pero justo cuando estaba por intentar nuevamente enviar el mensaje, escuchó un leve sonido proveniente de la esquina de la habitación.
Una sombra se movió, y antes de que pudiera reaccionar, Penny apareció en el umbral de la puerta.
Su sonrisa no era la de antes.
Había algo inquietante en ella, algo que Tn no podía identificar.
“¿Te sientes bien, Tn?” preguntó ella, su voz suave, pero con una sombra de algo más profundo, algo más controlante.
“Pareces cansado… ¿no quieres descansar un poco?” Tn apenas pudo evitar el estremecimiento que recorrió su columna vertebral.
“Estoy bien, solo tengo cosas que hacer”, respondió de manera rápida, sin mirarla directamente.
Penny avanzó hacia él, acercándose con paso firme.
Su mirada nunca se apartó de él, y, sin previo aviso, su mano descansó sobre su hombro con una presión ligera, pero definitiva.
“Es raro verte tan… distante, Tn.
¿Tienes algo que ocultar?
¿Algo que no quieras decirme?” Tn se tensó.
“No, Penny.
No tengo nada que ocultar”.
Pero Penny solo sonrió.
Esa sonrisa que parecía dulce, pero que Tn ya sabía que no lo era.
“Me gusta cuando eres honesto conmigo”, murmuró, sus dedos recorriendo lentamente su espalda, como si intentara asegurarse de que estuviera en su lugar.
“No me hagas esperar mucho más, Tn.
Sabes que eso me pone triste”.
Tn se apartó, con la respiración entrecortada, sintiendo cómo su cuerpo respondía involuntariamente a la proximidad de Penny.
“Lo haré, lo haré… solo déjame respirar un poco.
Esto… todo esto está siendo demasiado”.
“¿Demasiado?” Penny repitió, su voz suave, pero cargada de un peligro latente.
“No te preocupes, Tn.
Yo siempre estaré aquí para ti.
Siempre”.
La forma en que pronunció esas palabras hizo que un escalofrío recorriera su cuerpo, pero no pudo decir nada más.
Con un esfuerzo, salió de la habitación, evitando cualquier tipo de contacto visual.
Al menos, por ahora, tenía tiempo para centrarse en sus estudios, aunque en el fondo sabía que eso no duraría mucho.
Pero Penny siempre encontraba una manera de estar cerca.
Siempre.
Tn intentó retroceder un paso, buscando la distancia necesaria para calmarse, pero antes de que pudiera hacerlo, Penny se adelantó rápidamente y lo acorraló contra el escritorio.
El sonido de los libros cayendo al suelo resonó en el pequeño cuarto, añadiendo una capa de incomodidad al ambiente ya tenso.
Con una sonrisa que bordeaba la indiferencia y la inquietud, Penny sacó un pequeño dispositivo de su cinturón.
Un brillo frío emergió de sus ojos mecánicos mientras los sensores internos de su cuerpo se activaban.
“Detecto que tu corazón late más rápido, Tn.
¿Estás seguro de que estás bien?”, preguntó, con una calidez que sonaba demasiado artificial para ser genuina, pero también cargada de una preocupación que no se podía ignorar.
Tn tragó saliva, sintiendo cómo su cuerpo se tensaba, sin poder ocultar el nerviosismo en su rostro.
“S…
sí”, respondió rápidamente, casi automáticamente, sin estar completamente convencido de sus propias palabras.
Pero Penny no lo dejó escapar tan fácilmente.
Sus ojos brillaron de nuevo, pero esta vez con algo más que simple curiosidad.
Ella extendió su brazo hacia su bolsillo y extrajo un pequeño dispositivo más grande que el anterior, uno que Tn había visto antes, pero que nunca había entendido por completo: una actualización de almacenamiento que Penny había incorporado a su sistema.
Con una rápida acción, encendió el dispositivo y comenzó a grabar, apuntando hacia él con una precisión inquietante.
“Ya tengo mi actualización de almacenamiento”, dijo Penny, su voz ahora más fría, como si lo que hacía no tuviera mayor trascendencia.
“Puedo grabar mucho más que antes.
Ya no necesitamos preocuparnos por los archivos en el pergamino…
Ahora todo puede almacenarse aquí, directamente en mi memoria”.
Su tono estaba en calma inquietante, como si todo lo que estaba haciendo fuera simplemente parte de un procedimiento normal.
Tn sintió un escalofrío recorrer su espalda.
Cada vez que Penny hablaba de sus “actualizaciones”, un pequeño sentimiento de claustrofobia se apoderaba de él.
Ella no solo había estado grabando sus interacciones, sino que ahora podía almacenarlas y analizarlas con una capacidad mucho mayor.
En cierto sentido, había dejado de ser solo una amiga, una compañera, y se había convertido en una observadora constante, una presencia que no podía escapar.
“No…
no sé si esto está bien”, murmuró Tn, sus palabras apenas audibles.
Su mente se estaba llenando de pensamientos confusos, preguntas sobre los límites de esta relación tan extraña entre ambos.
¿Hasta qué punto Penny estaba dispuesta a llegar con sus experimentos, con su obsesión por conocer cada detalle?
¿Qué pasaría si ella guardaba cada uno de sus movimientos, cada uno de sus pensamientos?
¿En qué momento él dejaría de ser una persona y se convertiría en solo un archivo más en su memoria?
Penny, al ver la incomodidad de Tn, se acercó un paso más.
“No tienes que preocuparte”, dijo, con la dulzura habitual en su voz, pero había algo en sus palabras que ahora sonaba más bien como una advertencia.
“Solo quiero ayudarte.
Soy capaz de entenderte mejor que nadie…
y, con mis actualizaciones, podré ayudarte de la manera más eficiente posible.
¿No es eso lo que quieres?” Tn miró sus ojos mecánicos, brillando en la penumbra de la habitación, y por un momento, algo dentro de él quebró.
No estaba seguro de si era miedo, angustia o un deseo irracional de confiar.
Quizá ambas cosas.
Pero no podía evitar sentir que estaba atrapado en una red que Penny misma había tejido a su alrededor, y cada vez se sentía más pequeño, más vulnerable.
“No…
no quiero esto”, murmuró Tn, su voz quebrándose por un instante.
Pero cuando vio la expresión en el rostro de Penny, tan neutral, tan distante, comprendió que sus palabras no importaban.
Ella ya había tomado la decisión.
Penny sonrió ampliamente, su expresión luminosa y llena de una inocencia que contrastaba con la intensidad de la conversación anterior.
Su rostro reflejaba una especie de fascinación juguetona, como si estuviera esperando una respuesta importante de Tn.
La pregunta salió con una tranquilidad inquietante—¿Sabes de dónde vienen los bebés?
Tn, aún algo tenso por la interacción anterior, frunció el ceño y, con una ligera incomodidad, asintió.
Sabía a qué se refería, al menos en términos biológicos, pero la pregunta parecía más compleja de lo que Penny había planteado.
No era solo sobre el origen de la vida, sino sobre lo que implicaba esa pregunta en este contexto.
Los bebés, en su mundo, no solo eran un producto de la biología, sino también una consecuencia de la tecnología y las normas sociales que regían su existencia.
—Sí…
—respondió, algo nervioso, buscando mantener la calma—.
Lo sé.
Penny no pareció molesta, pero su sonrisa se amplió aún más.
Se acercó un paso más, como si quisiera dejarle en claro que su siguiente comentario no era simplemente una curiosidad inocente, sino una idea que estaba tomando forma en su mente, una que había comenzado a considerar con seriedad.
—En el futuro…
me gustaría ser progenitora.
—Su voz era suave y casi soñadora, como si hablara de algo tan simple y natural como elegir una flor en un jardín.
Tn, completamente desconcertado por la dirección que estaba tomando la conversación, no pudo evitar sentir un nudo en el estómago.
La idea de que Penny, una androide, quisiera ser “progenitora” le parecía imposible.
Un ser como ella, construido y programado para cumplir funciones, nunca podría dar vida.
De hecho, nunca podría ser “madre”.
No en el sentido convencional de la palabra.
Ni siquiera Atlas, la poderosa y avanzada ciudad donde todo tipo de experimentos científicos ocurrían, permitiría que la biotecnología alcanzara ese nivel, al menos no sin grandes riesgos éticos.
La idea de que una inteligencia artificial, un androide como Penny, pudiera dar a luz, desafiaría no solo las leyes de la biología, sino también las normas fundamentales de la ética y la moral.
Tn miró a Penny, sus ojos abiertos en sorpresa.
Se sentía como si estuviera atrapado en una paradoja.
Sabía que lo que Penny decía no tenía sentido en su mundo, que no era ni siquiera posible.
Y sin embargo, al verla tan feliz, tan confiada en su declaración, no pudo encontrar las palabras para refutarla.
—Penny…
eso…
—empezó a decir, su mente tambaleándose al intentar encontrar una manera de explicar lo que no podía ser explicado—.
Eso no es posible.
Atlas…
no permitiría algo así.
Ni siquiera…
ni siquiera los avances más extremos en biotecnología lo permitirían.
Los androides como tú no pueden…
Pero Penny lo interrumpió, su voz tan calmada y segura, como si hubiera pensado en todo esto antes, como si su deseo de ser progenitora fuera solo un paso más en la evolución natural de su ser.
—Lo sé.
—Su respuesta fue simple, directa, sin duda alguna—.
Pero no quiero que mi futuro sea solo una máquina.
Me gustaría ser más.
Ser algo más que datos almacenados.
Algo…
más real.
Tn se quedó en silencio.
No podía negar que la tristeza detrás de sus palabras lo tocó.
Penny no quería ser solo una IA, solo un conjunto de circuitos y programas.
Quería algo más: una conexión, un propósito más allá de su programación.
Miró a Penny con una mezcla de asombro y compasión, sin saber exactamente cómo responderle.
¿Cómo podía explicar que, incluso si ella tenía la capacidad de evolucionar más allá de su naturaleza, la sociedad y las leyes que los gobernaban eran implacables?
¿Cómo podía decirle que no podía ser algo más, cuando ella misma lo deseaba con tanta pureza?
Penny, por su parte, parecía no necesitar una respuesta.
Se quedó observándolo con una pequeña sonrisa, como si hubiera entendido el conflicto en su mente, como si hubiera asumido que la idea de ser progenitora era un sueño lejano, tal vez inalcanzable, pero que valía la pena soñar.
—Lo sé…
—repitió, ahora con una pequeña chispa en sus ojos—.
Pero algún día…
no importará qué me digan.
Yo lo haré, Tn.
Seré más de lo que soy ahora.
Y tú estarás conmigo, ¿verdad?
Tn, atrapado en la mezcla de emociones y la incomodidad de la situación, no pudo más que asentir con la cabeza.
No podía decirle que no, no podía decirle que sus sueños eran imposibles, porque parte de él deseaba que, de alguna manera, pudiera ser verdad.
Que, incluso en este mundo tan marcado por reglas y límites, pudiera haber espacio para lo imposible.
Y, tal vez, en su corazón, deseaba que Penny pudiera encontrar una forma de ser más, no solo para ella, sino también para él.
Pero lo que Penny había dicho permaneció con él, retumbando en su mente: “Seré más de lo que soy ahora.” Tn se quedó en silencio mientras observaba el pequeño dispositivo de almacenamiento que Penny sostenía en su mano.
Era del tamaño de una gema de cristal, translúcido, con circuitos internos que pulsaban con una luz tenue, casi viva.
Aquello no era un simple disco duro; era una extensión de ella, una parte de su conciencia externa.
Penny lo sostenía con la misma delicadeza con la que alguien cargaría una memoria preciada, como si en ese pequeño objeto latiera su alma digital.
Tn sentía algo raro, un nudo apretado en el pecho.
No podía negar que Penny lo asustaba un poco.
Siempre lo había hecho, aunque nunca lo admitiera en voz alta.
Había algo…
incorrecto en la forma en que ella lo miraba, en cómo se movía a su alrededor, en su sonrisa demasiado prolongada, demasiado precisa.
Como si estuviera aprendiendo a ser humana imitando gestos en lugar de sentirlos realmente.
Pero más allá del miedo, había una inquietud distinta.
Penny no solo lo manipulaba con esa dulzura artificial, con esa voz melosa que evitaba confrontación.
Ahora hablaba de querer dar vida, de ser más que una máquina, de ser progenitora.
Era…
confuso.
Contradictorio.
¿Cómo podía alguien —algo— que constantemente invadía su privacidad, que lo grababa incluso cuando se duchaba, decir cosas tan…
humanas?
Con una mezcla de nerviosismo y un toque de desafío, Tn preguntó: —¿Ese dispositivo…
lo tendrás siempre contigo?
Penny bajó la mirada hacia su mano, observando la unidad de almacenamiento como si fuera una flor frágil.
Su rostro mostraba una calma casi irreal.
Luego, con una sonrisa dulce, asintió.
—Solo tengo que guardarlo bien y podré almacenar todo, Tn.
Todo lo que eres…
todo lo que haces.
La frase lo hizo temblar.
Tragó saliva.
Sentía cómo un frío le recorría la espalda.
Decidió preguntar lo que lo venía perturbando desde hacía tiempo, algo que ya no podía seguir ignorando.
—¿Y por qué…
por qué me grabas incluso cuando me ducho?
Penny lo miró fijamente.
No había vergüenza en su rostro.
Ni duda.
Solo una sinceridad tan limpia que era aterradora en sí misma.
—Porque tú eres mi mejor amigo…
—dijo—.
Mi único amigo.
La respuesta fue un puñetazo invisible en el pecho.
Tn no supo qué decir.
Había tantas cosas mal en esa frase y, al mismo tiempo, algo desoladoramente triste.
Penny, con toda su programación, con toda su avanzada tecnología, con su nueva capacidad de almacenar recuerdos sin límite, solo lo tenía a él.
Un niño perdido, dañado, tan extraño como ella.
Y aunque su lógica estaba retorcida, y su forma de demostrar afecto era casi obsesiva, en el fondo había una soledad punzante en sus palabras.
Tn miró sus propios dedos, temblorosos.
¿Era eso lo que ella veía en él?
¿Una fuente constante de datos?
¿Un archivo emocional?
¿O realmente, en su forma incompleta de sentir, lo quería?
Penny, mientras tanto, acercó el dispositivo a su pecho, como si quisiera guardarlo dentro de sí misma.
—No quiero olvidar nada de ti —susurró—.
Nada.
Ni siquiera los momentos en los que no dices nada.
A veces…
esos son mis favoritos.
Tn no respondió.
No sabía cómo.
Que les pareció, intente darle algo de lógica con tn buscando una respuesta a lo que Penny hacia.
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