Waifu yandere(Collection) - Capítulo 5
- Inicio
- Todas las novelas
- Waifu yandere(Collection)
- Capítulo 5 - 5 Majin 21 Dragón ball
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
5: Majin 21 (Dragón ball) 5: Majin 21 (Dragón ball) Era un día tranquilo en el laboratorio de Androide 21, un vasto y sofisticado espacio lleno de pantallas brillantes, dispositivos tecnológicos y frascos con extraños líquidos que burbujeaban suavemente.
La luz de las pantallas parpadeaba en un ritmo casi hipnótico, como si el propio laboratorio respirara.
Androide 21 estaba concentrada en un experimento delicado, ajustando las configuraciones en un panel central mientras analizaba datos sobre la evolución de sus clones, cuando escuchó el leve crujir de una escoba.
En una esquina del laboratorio, Tn, un joven tímido y reservado, barría con cuidado el suelo, asegurándose de no molestar a su superior.
Tn era huérfano.
Había sido rescatado de una aldea arrasada por una serie de ataques y guerras.
Androide 21 lo había encontrado cuando era solo un niño, desorientado y traumatizado.
A pesar de su naturaleza fría y calculadora, 21 había decidido adoptarlo, no porque sintiera compasión por él, sino porque la soledad del laboratorio la había abrumado.
Necesitaba alguien con quien conversar, alguien que pudiera llenar los silencios interminables de su mundo.
(tn) Al principio, Tn había estado temeroso y desconfiado de su nueva “madre”, pero con el tiempo, había aprendido a adaptarse a su presencia.
Su relación no era la típica de una madre y su hijo adoptivo; más bien, era un vínculo extraño, marcado por los intereses científicos de 21 y la timidez de Tn.
Él no se atrevía a hablar mucho, pero a menudo encontraba consuelo en la rutina diaria que había creado limpiar los aparatos, organizar los materiales, y, en ocasiones, escuchar las historias inquietantes que 21 le contaba mientras trabajaba.
“Tn, ¿puedes pasarme la muestra de células de Cell?
Está junto al frasco de las proteínas de Freezer”, dijo Androide 21 sin mirarlo, con su tono calculador, como si nada fuera más importante que lo que estaba haciendo.
Tn, con su rostro ligeramente sonrojado, levantó la pequeña botella de vidrio con cuidado y se la acercó.
“Aquí tienes, señorita 21…” murmuró en voz baja, casi como si temiera que un mal movimiento pudiera arruinar todo.
Androide 21 tomó la muestra sin prestarle mucha atención.
La verdad es que, aunque su apariencia era de una mujer seria y fría, había algo en la presencia de Tn que le resultaba…
reconfortante.
No sabía si era por su juventud, su sencillez, o el hecho de que, por primera vez en su vida, tenía a alguien con quien compartir sus pensamientos.
Aunque a menudo se centraba en sus experimentos y en sus propios objetivos, su conversación con Tn había comenzado a volverse algo importante, aunque no lo reconociera de inmediato.
“Tn”, dijo Androide 21 de repente, deteniéndose en medio de su trabajo, “¿alguna vez has pensado en lo que significa ser humano?” Tn, sorprendido por la pregunta, levantó la mirada hacia ella, sus ojos reflejando una mezcla de confusión y temor.
“¿Humano?
Yo…
yo solía ser humano, ¿no?” Su voz tembló ligeramente.
“Recuerdo…
recuerdos lejanos, mi madre, mi aldea…
pero no…
ya no lo sé.
Solo soy yo ahora.” Androide 21 lo observó con una expresión inquebrantable, pero algo en su mirada cambió, como si buscara comprender algo más allá de los datos y las fórmulas.
“Es curioso”, dijo, “porque yo tampoco recuerdo mi vida antes de convertirme en lo que soy ahora.
Hay fragmentos…
como una sombra en mi mente.
Pero no sé si alguna vez fui completamente humana.” Tn se quedó en silencio.
Era raro que Androide 21 hablara de sí misma de una manera tan personal, y aún más raro que lo hiciera con él.
Sin embargo, a pesar de su incomodidad, decidió continuar la conversación.
“Pero…
tú me rescataste, ¿verdad?
Quiero decir, tal vez…
tal vez somos parecidos.
Dos seres que ya no tienen un lugar en el mundo…
pero que, de alguna manera, siguen existiendo.” La respuesta de Tn le dio a Androide 21 una sensación extraña, como si algo en su interior se desestabilizara por un momento.
Su lógica fría y calculadora no le permitía comprender completamente los sentimientos humanos, pero esa afirmación la tocó de una manera que no había experimentado antes.
Tal vez Tn no entendía completamente lo que significaba ser un androide, pero él había tocado algo que ni ella misma sabía que existía: la soledad.
Sin embargo, la científica no se dejó llevar por estos pensamientos.
“Quizás,” dijo en voz baja, “pero eso no cambia lo que soy.
Y lo que soy ahora tiene un propósito más grande.
Los humanos, la fragilidad de su cuerpo y su alma…
no es algo que me interese mucho.” Tn asintió en silencio, pero sus ojos reflejaban algo más.
“Pero no te gustaría…
no te gustaría ser un poco más humana?
No todo tiene que ser sobre ciencia.
A veces…
a veces las personas solo necesitan compañía.” Androide 21 lo miró por un largo momento, luego volvió a sus experimentos.
“Quizás,” murmuró, “pero eso no cambia nada.” A pesar de la respuesta indiferente de 21, Tn no se sintió rechazado.
Al contrario, sentía que había dado un pequeño paso hacia el entendimiento de la mujer que había salvado su vida.
Y aunque no lo dijera en voz alta, estaba agradecido por las pequeñas conversaciones, por la presencia de 21 en su vida.
Sabía que su existencia no era la más común, pero en el fondo, entendía que, en su propio extraño mundo, ambos compartían algo: la necesidad de alguien más.
Esa noche, mientras las luces del laboratorio parpadeaban suavemente y el silencio los envolvía, tanto Androide 21 como Tn sabían que, en su propia forma, se habían convertido en algo más que simplemente “sujeto y asistente”.
En su solitaria ciencia, compartían un pequeño fragmento de humanidad que ambos, de alguna manera, necesitaban.
La rutina de Tn en el laboratorio seguía siendo la misma.
Todos los días se levantaba temprano para comenzar con la limpieza de los aparatos, revisar las muestras de células y organizar los datos en las pantallas.
La quietud del laboratorio, marcado solo por el sonido de los teclados y el zumbido de las máquinas, se había convertido en su mundo.
Aunque ya no sentía tanto miedo como al principio, una extraña sensación de inquietud se había instalado en él.
Algo en el aire, algo en el comportamiento de Androide 21, había cambiado.
Desde que ella le había hablado sobre lo que significaba ser “humano”, Tn había notado que Androide 21 se comportaba de una manera diferente.
No era tan fría y distante como antes, pero, al mismo tiempo, había momentos en los que su actitud se volvía más…
inquietante.
En particular, algo raro ocurría con las cámaras de seguridad que rodeaban el laboratorio.
Cada vez que Tn realizaba alguna de sus tareas rutinarias, sentía una sensación de estar siendo observado.
Al principio, pensó que era paranoia, que simplemente su mente lo estaba jugando una mala pasada.
Pero poco a poco, comenzó a notar algo extraño: la mirada de 21, aunque no lo veía directamente, estaba constantemente fija en él.
“Tn, ¿puedes revisar las muestras de células de Picoro nuevamente?” había ordenado 21, sin levantar la vista de sus propios monitores.
Tn, que estaba limpiando las estanterías cercanas, asintió y comenzó a caminar hacia la mesa de trabajo.
Pero mientras lo hacía, su instinto le decía que algo no estaba bien.
Aunque 21 estaba en el otro extremo del laboratorio, él sentía como si lo estuviera mirando con una intensidad que nunca había experimentado antes.
Sin embargo, al mirarla, ella simplemente seguía trabajando, su expresión fría y su cuerpo inmóvil.
Poco después, Tn se dio cuenta de que Androide 21 estaba monitoreando su cada movimiento a través de las cámaras de seguridad.
Sabía que las cámaras siempre estaban activas, pero nunca antes había sentido esa presión.
A veces, cuando creía que ella no lo estaba mirando, sentía la leve vibración de una cámara enfocándose en él, como un ojo distante que lo acechaba.
Los cambios en la personalidad de Androide 21 se hicieron más evidentes.
En ocasiones, ella era la misma mujer tranquila y calculadora que Tn conocía, pero en otros momentos, parecía que algo se desataba dentro de ella.
En esos momentos, su tono de voz se volvía más frío, y su actitud, incluso cruel.
A veces se acercaba a Tn cuando él estaba trabajando, y en un tono sarcástico le hacía preguntas sobre su desempeño.
“¿Seguro que no cometiste un error, Tn?
Estás bastante distraído hoy, ¿verdad?” decía con una sonrisa que no llegaba a sus ojos.
Tn se encogía de hombros, bajando la mirada, tratando de ignorar la creciente incomodidad que sentía.
A veces pensaba que ella lo estaba probando, que él no era más que un experimento en el que ella podía jugar a su antojo.
Sin embargo, luego de estos momentos tensos, 21 volvía a ser la misma científica de siempre, cálida en su extraño modo y algo juguetona.
“Tn, ¿te gustaría comer algo dulce?
He traído algunos pasteles.
Me parece que ambos necesitamos un descanso.” Sus ojos brillaban con una expresión casi infantil, como si hubiera dejado atrás su lado más cruel por un momento.
Era como si estuviera constantemente cambiando entre dos personas diferentes.
A veces, el Androide 21 amable y tranquila se manifestaba, y en otras ocasiones, la Androide 21 cruel y dominante tomaba el control, provocando que Tn no supiera cómo actuar.
A pesar de su confusión y malestar, Tn no sabía qué hacer.
Había sido rescatado por 21 cuando no tenía a nadie más, y no tenía otro lugar al que ir.
Había pasado mucho tiempo desde que había perdido a sus padres y su aldea, y a pesar de la extraña dinámica entre ellos, Androide 21 era la única figura de estabilidad en su vida.
Sin ella, sentía que quedaría completamente solo.
Cada día, se encontraba atrapado entre su deseo de escapar de la situación y su necesidad de quedárselo.
Sabía que 21 no era completamente humana, pero tampoco era totalmente malvada.
Había mostrado una forma de amabilidad, aunque era inestable.
Y en el fondo, Tn sentía que, quizás, 21 no estaba tan segura de lo que sentía hacia él, como si estuviera luchando con algo dentro de sí misma.
Algo que él no podía comprender.
En los momentos más suaves, Tn veía destellos de lo que podría haber sido una amistad o, quizás, una relación más profunda.
Pero, al mismo tiempo, la presencia de esa personalidad cruel y su comportamiento errático lo mantenían alerta.
“Androide 21…
¿qué está pasando contigo?” susurró Tn una noche, mientras estaba solo en el laboratorio, mirando su reflejo en una de las pantallas apagadas.
No sabía si ella lo había escuchado o no, pero el silencio que siguió fue incómodo.
El ambiente del laboratorio, antes familiar, ahora parecía más opresivo.
Las cámaras no eran solo una herramienta para observar los experimentos, sino que se sentían como ojos vigilantes que lo acechaban desde todos los ángulos.
“Tal vez…” murmuró Tn, sin encontrar una respuesta clara, “Tal vez nunca lo sabré.” A medida que pasaban los días, la tensión aumentaba.
Androide 21 parecía sumergida en sus propios pensamientos, pero, a la vez, no dejaba de vigilarlo.
Cada vez que Tn realizaba un error, ya no había un simple regaño.
Había algo más en su mirada, como si disfrutara de su incomodidad, de su incertidumbre.
No podía entender por qué 21 cambiaba tanto, pero su instinto le decía que no todo lo que estaba pasando era solo parte de su programación.
La situación se volvía más compleja con cada día que pasaba.
Androide 21 seguía alternando entre su forma cruel y su versión tranquila, y Tn seguía atrapado en este ciclo.
Aunque trataba de ignorar la incomodidad y seguir con su rutina, una parte de él comenzaba a preguntarse si realmente conocía a la mujer que lo había rescatado.
¿Era solo una androide diseñada para la ciencia, o había algo más en ella?
¿Era posible que, al igual que él, Androide 21 también estuviera perdida en su propia existencia, luchando con una identidad rota entre lo humano y lo mecánico?
Tn no lo sabía, pero lo que sí sabía era que, en ese laboratorio aislado, él y 21 compartían una soledad mutua que ninguno de los dos podía comprender del todo.
Y aunque las personalidades de 21 parecían ser tan impredecibles, en el fondo, Tn sentía que, tal vez, ella estaba buscando algo más…
algo que él no podía darle, o quizás, algo que él ni siquiera entendía.
“Solo queda esperar,” pensó, mientras veía la pantalla de su computadora parpadear suavemente, como un recordatorio constante de que, en este extraño mundo, ninguno de ellos estaba realmente solo…
pero ambos lo estaban de alguna forma.
La atmósfera en el laboratorio había cambiado de forma insostenible.
En los días previos, Androide 21 había mostrado signos de un comportamiento errático, pero esa noche, algo mucho más profundo comenzaba a manifestarse.
Mientras Tn estaba realizando su habitual rutina de limpieza, un extraño sonido comenzó a emanar desde la habitación de 21.
Un golpeteo frenético, como si algo estuviera golpeando contra las paredes, seguido de un susurro bajo y apagado, creaba una atmósfera de creciente tensión.
Dentro de la habitación, Androide 21 se encontraba envuelta en una tormenta interna.
Su cuerpo temblaba, su mente luchaba contra una fuerza que no podía controlar.
Dolores punzantes de cabeza la asolaban, como si algo estuviera desgarrando su propia consciencia.
La sensación era insoportable, y las paredes de su habitación comenzaron a agrietarse bajo la presión de su conflicto interno.
“¡Cállate!
¡Cállate, maldita sea!” murmuró 21 entre dientes, apretando las manos contra su cabeza, intentando detener la invasión de pensamientos ajenos que le arrebataron el control.
Su piel, de por sí pálida, se tornaba cada vez más palidecida, como si la energía vital estuviera siendo drenada de ella.
Su rostro, usualmente sereno, se retorcía de dolor.
Dentro de su mente, la lucha no era solo emocional.
Majin 21, la parte maligna de su ser, había comenzado a tomar el control poco a poco.
Esa parte de ella, nacida del ADN de Majin Boo, quería dominar y reemplazarla, una personalidad que deseaba consumirlo todo, sin dejar espacio para la frágil humanidad de 21.
La lucha entre ambas mitades se intensificaba, y la presión sobre su cuerpo era insoportable.
“No me necesitas,” susurró Majin 21 desde lo profundo de su mente.
“Puedo hacer todo mejor que tú.
Yo soy quien debes ser, la verdadera dueña de este cuerpo.” El poder de la parte malvada crecía, y con él, la destrucción comenzó.
La habitación, que hasta ese momento había sido el refugio seguro de Androide 21, empezó a desmoronarse.
Los muebles volaban por el aire, los aparatos se estrellaban contra las paredes y los vidrios se rompían en pedazos afilados.
Cada golpe que 21 daba contra la pared, cada vez que su cuerpo se descontrolaba, Majin 21 ganaba terreno.
Tn, desde el pasillo, pudo escuchar el desorden en la habitación.
Al principio, pensó que era alguna de las máquinas que se habían dañado, pero a medida que el sonido aumentaba en intensidad, su corazón comenzó a latir más rápido.
Decidió ir a investigar.
Al llegar frente a la puerta, vio las grietas que comenzaban a aparecer en la pared.
Sintió que algo estaba terriblemente mal.
Sin pensarlo dos veces, empujó la puerta, que se abrió de par en par, revelando una visión que lo dejó sin aliento.
Allí estaba Androide 21, de pie en medio de su habitación, con los ojos desorbitados, mirando fijamente al vacío.
Los muebles estaban destruidos, y las paredes parecían a punto de colapsar por completo.
En su rostro, se dibujaba una expresión de angustia que Tn jamás había visto antes.
“21…
¿estás bien?” preguntó, con una mezcla de preocupación y miedo en su voz.
De repente, sin previo aviso, Androide 21 giró hacia él con una rapidez aterradora.
Tn, paralizado por la sorpresa, no pudo reaccionar a tiempo cuando ella lo alcanzó.
En un abrir y cerrar de ojos, 21 lo tomó por las muñecas, inmovilizándolo con una fuerza que no pensó que ella pudiera tener.
“¿Quién eres tú?” dijo con voz baja, pero cargada de una furia contenida.
“¿Eres mi ayudante?” Tn tragó saliva, intentando calmar su respiración acelerada.
Su mente luchaba por encontrar palabras, pero el miedo lo paralizaba.
La mirada de 21, antes tranquila y casi maternal, ahora era completamente diferente.
Sus ojos, que solían ser de un azul brillante, habían cambiado.
Ya no había ninguna chispa de dulzura o calma en ellos.
Ahora, sus ojos eran rojos, con el blanco reemplazado por negro.
Era como si su propia humanidad hubiera desaparecido por completo, y la fuerza oscura que la habitaba la había consumido.
“¿A-Ayudante…?
Soy…
soy Tn,” murmuró él, luchando por mantener la calma.
“Yo…
solo soy tu ayudante.” 21 lo observó en silencio por un momento, y la tensión en el aire se hizo insoportable.
Tn intentó mover sus manos, pero la fuerza de 21 era como una barrera impenetrable.
En ese momento, el dolor en los ojos de Tn creció, y fue entonces cuando ella susurró esas palabras que lo dejaron completamente helado: “¿Quieres llamarme ‘mami’…
o ‘ama’?” La voz de Androide 21 se tornó casi susurrante, llena de una extraña suavidad, pero al mismo tiempo, había algo que parecía profundamente perturbador.
Era como si la parte oscura de ella lo estuviera jugando, manipulándolo, buscando obtener una respuesta de su vulnerabilidad.
Tn, temblando, apenas pudo respirar.
No sabía qué estaba pasando con ella.
La mujer que había rescatado, que parecía tan humana, ahora era una amalgama de fuerzas opuestas.
Estaba siendo consumida por su propia dualidad, y Tn no sabía si la versión de 21 que conocía, la más amable, podía aún salvarse.
“E-eso no…
no es lo que yo…” tartamudeó Tn, mirando a los ojos rojos de 21 con terror.
Sabía que no podía escapar, y aún menos cuando su cuerpo se mantenía inmovilizado con tal fuerza.
“¿Qué eres para mí, Tn?” La voz de 21 se tornó aún más fría y distante, y en su interior, las dos mitades de su ser parecían librar una batalla frenética.
“Eres solo una herramienta…
un objeto.
Pero, quizás…
tú también necesitas algo más, algo…
que te enseñe tu lugar.” Mientras esas palabras resonaban en su mente, en el fondo de la conciencia de Androide 21, su batalla interna con Majin 21 se hacía más violenta.
La parte de ella que aún deseaba humanidad, que luchaba por no perderse en la oscuridad, se aferraba con desesperación.
“No…
no puedo dejarte tomarlo todo…
No soy solo una máquina…
Soy algo más…
Soy…
yo…” Pero Majin 21, con su risa cruel, respondía desde lo más profundo de su ser: “Te haré olvidar todo lo que crees ser.
Te reemplazaré.
Te consumiré.” Las dos mitades de 21 se enfrentaban en un espacio que parecia una mente destrozada.
En su mente, el conflicto era tan feroz que su cuerpo, que ya estaba al borde del colapso, comenzó a tambalear.
Tn pudo sentir cómo la fuerza de su agarre comenzaba a flaquear, como si Androide 21 estuviera perdiendo el control.
“21…
no…” susurró Tn, temeroso, pero también sintiendo una extraña compasión por ella.
“Senorita 21 por favor n-no me deje solo” Por un momento, Androide 21 se quedó inmóvil.
Sus ojos rojos parpadearon, y una ráfaga de pensamientos pasó por su mente, confusa y dolorosa.
El conflicto dentro de ella seguía sin resolverse.
Sabía que, de alguna manera, Tn había tocado algo dentro de ella, algo que no podía ignorar.
“No…” murmuró finalmente, con una expresión llena de conflicto.
“No dejaré que ella salga.” Con un movimiento brusco, Androide 21 soltó a Tn, quien cayó de rodillas, respirando pesadamente.
Ella se apartó rápidamente, su cuerpo temblando, y su expresión de terror volvió a cambiar a una más serena, pero aún cargada de una sombra profunda.
“Lo siento, Tn,” dijo, su voz más baja, como si volviera a ser la persona que conocía.
“Lo siento mucho…” Pero dentro de ella, la batalla aún no había terminado.
El laboratorio, normalmente frío y desolado, había tomado una nueva atmósfera en las últimas horas.
Después del caos que 21 había desatado en su habitación, decidieron que lo mejor era que ella se quedara en la habitación de Tn, en un intento por calmar sus temores y luchar contra la fuerza oscura que amenazaba con apoderarse de ella.
Tn, sin entender completamente lo que estaba ocurriendo, había aceptado la situación con una mezcla de temor y compasión.
No podía dejar que 21, a pesar de sus cambios y su lucha interna, estuviera sola.
Aunque su corazón palpitaba con inquietud, sabía que algo más profundo que la simple supervivencia estaba ocurriendo.
Androide 21 no solo era una androide; había algo más en ella, algo humano que parecía luchar por no desaparecer.
La habitación de Tn era pequeña, pero acogedora.
Un par de lámparas de luz cálida iluminaban tenuemente el espacio, creando una atmósfera tranquila, en contraste con la angustia que había vivido 21 en su propia mente.
Ella estaba envuelta en una cobija, sentada en la esquina de la cama, temblando levemente.
Su rostro, aunque aún reflejaba signos de miedo, estaba más relajado.
Había algo en la cercanía de Tn, en la presencia de él, que le ofrecía algo de consuelo.
“Lo siento, Tn…
no sé qué me está pasando,” murmuró Androide 21, su voz quebrada.
No había mucha firmeza en sus palabras, más bien un rastro de vulnerabilidad, una faceta de ella que Tn rara vez había visto.
A pesar de su naturaleza artificial, en ese momento 21 no parecía una androide, sino una mujer asustada y perdida en un mar de pensamientos conflictivos.
“Siento haberte asustado antes…
solo…
no quiero que ella vuelva.” Tn observó a 21 con una mezcla de empatía y dolor.
No sabía cómo consolarla, ni siquiera sabía si alguna vez podría.
Aun así, se acercó lentamente a ella, decidido a intentar calmarla, aunque fuera con pequeños gestos.
Le ofreció una taza de té caliente que había preparado y le dio una sonrisa, tratando de darle algo de paz.
“No tienes que disculparte,” dijo suavemente.
“Lo que sea que esté pasando, podemos afrontarlo.
No estás sola mi Doctora.”hablo servicial como siempre lo fue.
La androide levantó la vista, sorprendida por su gentileza.
Su expresión era una mezcla de agradecimiento y miedo, como si no pudiera comprender completamente la bondad que Tn le ofrecía.
Durante un breve instante, su mirada pareció más humana, más real.
En ese momento, ella lo miró como si él fuera su ancla, como si él pudiera ser la fuerza que la mantenía conectada a la cordura, a lo que quedaba de ella.
A lo largo de la tarde, Tn se dedicó a cuidar de ella.
Le preparó una comida sencilla pero reconfortante, evitando cualquier cosa que pudiera irritar sus sensores o causarle algún daño.
Mientras ella comía lentamente, Tn se encargaba de las pequeñas tareas cotidianas, como limpiar sus ropas y acomodar el lugar.
En un momento, después de que 21 terminara de comer, Tn comenzó a peinarle el cabello, un gesto de cuidado sencillo, pero lleno de una intimidad que ninguno de los dos había anticipado.
El cabello de Androide 21 era suave y sedoso, pero en esos momentos parecía que la calma que Tn le ofrecía a través de sus gestos era algo más profundo, como si fuera una forma de recordarle que aún quedaba algo de humanidad dentro de ella.
Cuando Tn pasó el peine por su largo cabello castaño rojizo, algo extraño ocurrió.
21 cerró los ojos con una expresión de leve alivio, como si el acto de cuidado estuviera enraizando su conciencia en algo más humano.
La sensación de ser cuidada, de no estar sola, parecía anclarla a una realidad más suave y menos peligrosa que la tormenta que se libraba en su mente.
De repente, 21, aún en su posición contra la pared, se tensó un poco.
Una leve respiración temblorosa escapó de sus labios mientras la cobija que la envolvía se deslizaba por sus hombros.
“Tn…” susurró, su voz temblorosa, casi inaudible.
“Quiero…
quiero un abrazo.” Tn dejó de peinarla, sorprendido.
No esperaba tal petición de ella, especialmente sabiendo lo que había pasado antes.
Sin embargo, algo en su mirada, algo en el tono vulnerable de su voz, hizo que se sintiera incapaz de rechazarla.
“¿Un abrazo?” repitió Tn, dudando por un momento.
Era una petición curiosa, pero también una que mostraba lo frágil que Androide 21 se había vuelto.
21, sin decir una palabra más, extendió tímidamente sus brazos, buscando el consuelo que había perdido en la batalla contra su otra mitad.
Los ojos de 21 se cerraron, y su cuerpo tembló aún más, como si temiera que cualquier contacto físico fuera lo que finalmente la destruyera por completo.
Pero su necesidad de cercanía era evidente, y Tn no pudo resistir más.
Con una mezcla de timidez y compasión, Tn se inclinó hacia ella, envolviéndola en un abrazo suave, tratando de brindarle el consuelo que necesitaba.
La fragilidad de 21, tanto física como emocional, lo conmovió profundamente.
Nunca antes había sido tan cercano a ella de esa manera, y no sabía cómo sentirse al respecto.
Su mente estaba llena de preguntas, de dudas, pero en ese momento, todo lo que podía hacer era abrazarla, dándole una respuesta silenciosa a su súplica.
“Está bien,” dijo Tn, sus palabras más suaves que nunca, mientras abrazaba con cuidado a la androide.
“Te protegeré.
No tienes que tener miedo.” La reacción de 21 fue inmediata.
Sus ojos, antes tan rojos y llenos de desesperación, ahora se suavizaron.
Su cuerpo tembló aún, pero su rostro reflejaba algo diferente.
Una especie de consuelo, como si, por un momento, hubiera encontrado un refugio en él.
El abrazo no solo era un gesto de apoyo, sino un intento de recordar lo que aún quedaba de su humanidad.
Y en ese abrazo, las barreras que separaban a ambos comenzaron a desdibujarse, si solo fuera por un momento.
“Tn…” susurró 21, abrazando con más fuerza.
“¿Podrías llamarme…
mami?” Tn se quedó en silencio por un momento, sin saber qué hacer con esa solicitud.
No podía evitar sentirse avergonzado.
Llamarla de esa manera, en ese contexto, lo hacía sentir fuera de lugar.
Pero algo en los ojos de 21, en esa vulnerabilidad absoluta, lo hizo ceder.
Con una leve sonrisa nerviosa, Tn finalmente susurró, más suave de lo que pensaba que podría ser: “Está bien…
mami.” El silencio llenó la habitación después de esas palabras.
Ambos permanecieron abrazados durante un largo momento, mientras el mundo fuera de su pequeño refugio parecía desmoronarse.
Pero dentro de esos brazos, había algo más: un lazo, algo que, aunque frágil, comenzaba a tejerse lentamente entre ellos.
Mientras tanto, dentro de la mente de 21, la batalla aún no había terminado.
La parte oscura de su ser, la parte de Majin 21, seguía allí, esperando su oportunidad.
Pero por ahora, ella no estaba sola.
Y en la suavidad de ese abrazo, había algo que la mantenía a flote.
Algo que Tn, su ancla, le había dado.
“Gracias…” susurró 21, sus palabras temblorosas pero sinceras.
“Gracias por estar aquí.” Y por una vez, tal vez, 21 se permitió creer que tal vez no estaba tan perdida después de todo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com