Waifu yandere(Collection) - Capítulo 50
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50: Weiss schnee part 3 (rwby) 50: Weiss schnee part 3 (rwby) Esa noche, Weiss se encontraba sentada en la esquina de su cama, el pergamino en sus manos brillando tenuemente mientras recorría con el dedo diversas páginas de foros en línea.
Sus labios se fruncían con leve irritación al leer títulos como “¿Cómo actuar como una novia normal?” o “Top 10 muestras de afecto en una relación escolar”.
A pesar de su educación refinada y su porte de hielo, no tenía experiencia real en el tema.
Sí, había recibido educación en etiqueta y modales nobles, pero nadie le había enseñado cómo tomarle la mano a alguien sin que el corazón se le acelerara…
ni cómo fingir que un beso no significaba nada cuando, en realidad, el calor seguía en su mejilla desde aquel día.
Apretó los labios y, con un leve rubor en las mejillas, leyó: “Citas frecuentes, almuerzos compartidos, abrazos inesperados, y besos suaves pueden fortalecer el lazo entre la pareja…….relaciones de coit” El cursor parpadeaba frente a la palabra besos, y Weiss desvió la mirada rápidamente, con el rostro ardiendo.
“No es como si me molestara… tener afecto con Tn,” murmuró, cruzándose de brazos, como si así pudiera protegerse del pensamiento que amenazaba con colarse en su mente: no estaba tan mal.
No estaba mal tenerlo cerca.
No era tan terrible ver sus ojos observándola en silencio, ni sentir esa calma que lo envolvía como un escudo invisible.
En otro rincón del campus, Tn permanecía en su cuarto, recostado sobre su cama con los ojos abiertos mirando al techo.
La oscuridad lo rodeaba, pero él no sentía miedo ni incomodidad.
Lo que sentía era algo… nuevo.
Un peso ligero, como una presión en el pecho, algo que lo hacía pensar en cosas que nunca antes había considerado importantes.
¿Qué se supone que debía hacer?
¿Tomar la iniciativa?
¿Pedirle a Weiss que salieran a caminar?
¿Regalarle algo?
Nunca antes había tenido una novia, nunca se permitió el lujo de mirar a alguien de esa forma.
El entrenamiento que recibió desde niño, la contención emocional, el autocontrol extremo…
todo eso había creado una muralla dentro de sí.
Y ahora, Weiss… la impenetrable Weiss, había saltado sobre esa muralla con un simple beso en la mejilla y lo había llamado “novio” sin darle oportunidad de negar nada.
Tn se llevó una mano al rostro, tapando sus labios por inercia, como si temiera que decir algo en sueños pudiera traicionarlo.
Había compartido estudios con ella, incluso almorzado…
¿pero ahora debía corresponder con gestos de pareja?
Él no sabía cómo se hacía eso.
Lo máximo que había hecho fue sostenerle la mano y quedarse quieto mientras ella lo alimentaba con cuchara.
Ambos, por caminos diferentes, llegaban a la misma conclusión: Esto no era tan simple como fingir.
Había sentimientos inesperados en juego.
Y aunque ninguno se atreviera aún a decirlo, algo muy real comenzaba a florecer entre la farsa.
Tn yacía recostado en su cama, con la vista perdida en el techo mientras su corazón latía con un ritmo apurado, extraño, cálido.
No entendía del todo lo que sentía, pero sabía que venía desde el momento en que Weiss lo había alimentado con esa sonrisa elegante…
y el beso en la mejilla.
Su semblanza —ese poder silencioso y devastador— siempre lo obligó a tener cuidado, a medir cada palabra como si cada sílaba fuese un arma lista para estallar.
Murmuró suavemente en la penumbra de su habitación, repasando palabras prohibidas, como quien recita un conjuro peligroso: —Muerto… alejarse… romper… —susurró, y cada palabra resonó en el aire con una presencia apenas perceptible, como si el escuchara con cautela.
Hasta ahora, todas las activaciones de su Semblanza habían surgido de contextos hostiles, defensivos.
¿Pero qué pasaría si sus palabras fueran amables?
¿Si dijera “te amo”?
¿Podía el amor, en su forma más pura, también herir?
Tn se llevó una venda a la boca, ajustándola suavemente.
No podía arriesgarse.
No ahora.
No con ella.
Porque aunque Weiss parecía distante, fría, a veces incluso autoritaria, también lo miraba de una forma que él nunca había sentido antes.
No con desprecio.
No con miedo.
No con lástima.
Sino… con atención.
Y esa atención lo hacía pensar en cosas que nunca antes se permitió: estar acompañado.
Sentirse querido.
Ser importante.
—Te… a… —intentó, pero enseguida detuvo su lengua, apretando los ojos y cubriéndose la boca con ambas manos.
No… no ahora.
Primero debo entender.
Primero debo estar seguro que no la haré daño.
Y mientras sus pensamientos lo ahogaban en emociones nuevas, del otro lado de la academia, Weiss se sentaba, el pergamino encendido frente a ella, con una pestaña abierta en un foro titulado: “¿Cómo saber si te estás enamorando de verdad?” Sus mejillas estaban encendidas, su pulso acelerado y una punzada desconocida le cruzaba el pecho.
Maldito seas, Tn.
¿Qué me estás haciendo…?
Todo estaba tranquilo hasta que.
Weiss soltó un quejido agudo cuando Yang se le lanzó encima, aplastando sus costillas con su habitual exceso de entusiasmo.
—¡Bájate, Yang!
¡Estás…
estás aplastándome!
—gimió con voz aguda, agitando los brazos mientras intentaba sacársela de encima.
—Oh, vamos, Weiss~ —respondió Yang con una risita traviesa, apoyando el mentón en el hombro de la heredera Schnee—.
Pensé que ahora que tienes novio podrías relajarte un poco… ¿No se supone que las parejas hacen cosas lindas?
Tipo… ¿invitarlo a tu habitación?
Weiss se congeló por un segundo, su rostro encendiéndose como una lámpara roja.
—¡¿Q-qué dices?!
¡Jamás traería a un chico a mi habitación!
¡Y menos a él!
¡Esto es…
esto es absurdo!
—gritó, forcejeando para liberarse de Yang, visiblemente alterada.
Justo entonces, Blake salió del baño, secándose el cabello con una toalla y dejando escapar un bostezo largo y lento, estirando los brazos como una felina satisfecha.—¿Otra vez están armando escándalo…?
—murmuró, antes de dejarse caer con todo su peso en su cama, rodando hasta quedar envuelta en sus mantas, completamente indiferente a la situación.
Del otro lado de la habitación, Ruby estaba desplomada sobre el escritorio, audífonos puestos, hojeando uno de sus cómics mientras varios libros de combate y estrategia estaban abiertos como si intentara estudiar…
pero claramente no lo lograba.
Murmuraba algo sobre que “Mirko debería haber pateado más traseros” mientras su pie tamborileaba rítmicamente contra la madera.
Weiss, finalmente libre del peso de Yang, se sentó sobre su cama con los brazos cruzados y la cara enrojecida.
—Tn y yo solo estudiamos.
Eso es todo.
No pienso invitarlo aquí, y no me interesa hablar de…
de esas cosas.
Yang alzó una ceja y sonrió.
—¿”Esas cosas”, eh?
Qué interesante elección de palabras, Weiss…
—¡Silencio, Yang!
La risa de la rubia llenó el dormitorio, seguida de un murmullo de Blake desde su manta—Al menos esperen a que esté dormida antes de pelear.
Yang soltó una carcajada baja cuando Weiss le estampó la almohada con precisión en el rostro, haciéndola tambalearse hacia atrás mientras dejaba escapar un suave “¡auch!” más por burla que por dolor real.
—¡Está bien, está bien, Alteza de los Glaciares!
Me voy a mi cama, no tienes que recurrir a la violencia doméstica —dijo entre risas mientras se dejaba caer de espaldas sobre su colchón con los brazos abiertos.
Ya medio acomodada en su manta, Yang giró su cabeza en dirección a Ruby, que seguía embobada con su cómic, con la cara iluminada por la tenue luz del pergamino.
—¡Ruby!
¡Cierra eso ya y duérmete!
—ordenó con voz cansada pero firme.
—Un segundo, solo quiero ver cómo Allmight— ¡THUNK!
El zapato de Yang voló con precisión impecable, impactando justo en la parte trasera de la cabeza de Ruby.
La menor soltó un gemido apagado, llevándose las manos al lugar del golpe y soltando un lastimero gemido—¡Auuu!
¡¿Qué demonios, Yang?!
¡Eso duele!
—Y más va a dolerte mañana cuando tengas sueño y la profesora Goodwitch te congele viva —replicó Yang, rodando sobre su costado para acomodarse.
—Buenas noches, enana.
Ruby masculló algo entre dientes que sonó como “hermanas mayores tiránicas” mientras se ponía de pie con lentitud, sobándose la cabeza y caminando torpemente hacia su armario.
Se quitó su ropa de día y se colocó su pijama favorita, la que tenía estampados de armas y capuchas.
Luego se subió a su cama, se acomodó bajo las mantas y, con un último vistazo furtivo, deslizó su preciado cómic bajo el colchón como si escondiera un secreto sagrado.
En su cama, Blake ni siquiera se movió.
Solo murmuró algo inaudible y dejó escapar un ronroneo suave, claramente ajena al caos dormilón que sus compañeras acababan de vivir.
Weiss, por su parte, seguía sentada en la cama, mirando fijamente al techo con el rostro pensativo.
Sus mejillas aún ardían un poco por la conversación anterior con Yang.
La idea de invitar a Tn a su habitación… era absurda… ¿verdad?
Y sin embargo, algo en esa posibilidad hizo que su corazón latiera con más fuerza de lo que ella estaba dispuesta a admitir.
Con un suspiro, Weiss apagó su lámpara, se acostó, y se acurrucó bajo las mantas, murmurando para sí misma:—Esto es solo un plan…
solo un escudo…
nada más.
Pero en lo profundo, el leve temblor de emoción traicionaba su fría lógica.
La habitación de Tn estaba bañada por una tenue luz azulada proveniente del pergamino, que reposaba frente a él mientras se mantenía recostado sobre su costado, una mano sosteniéndolo y la otra apoyando su mejilla.
Su cubrebocas seguía ajustado a su rostro, ocultando esa calma casi infantil con la que observaba los videos que se reproducían uno tras otro.
—“Cómo ser un buen novio”… —murmuró, haciendo clic en otro video con la curiosidad típica de quien pisa un terreno desconocido.
El primero fue un desastre.
Un supuesto “coach del amor” que hablaba en voz exageradamente grave, con frases extrañas como “no mi compa, usted no ruegue amor, elijan al más alfa”.
Tn lo observó en silencio por unos segundos hasta que el sujeto —calvo, con lentes oscuros y un fondo de luces neón— empezó a gritar a la cámara, gesticulando como si estuviera a punto de explotar.
Sin emitir sonido alguno, Tn simplemente alzó una ceja, deslizó el dedo y cerró el video.
—Esto no me servirá… El siguiente era un vlog de una pareja abrazada en un parque, explicando cómo los pequeños gestos —como abrir la puerta, escuchar sin interrumpir, o simplemente compartir el almuerzo— podían fortalecer un lazo.
Tn observó con más atención.
Tomó mentalmente algunas notas: cortesía, atención, apoyo emocional.
Parecía simple.
¿Eso era lo que Weiss esperaba?
¿O sería algo más complejo?
Desvió la vista por un momento y se quedó en silencio.
La imagen de Weiss dándole de comer con la cuchara apareció en su mente, junto al beso en la mejilla, la manera en que lo tomaba del brazo, el murmullo alegre cuando estaban en clase.
—…ella parece feliz —susurró.
Era difícil para él identificar qué tanto era real o parte de una actuación que nunca se le aclaró.
Pero si ella era feliz, él podía intentar ser un buen novio.
Aunque no entendiera todo aún.
Miró su palma y luego cerró el puño.
—No quiero lastimarla…
Activó su semblanza con cuidado, susurrando palabras dulces en voz baja como “te quiero”, “eres importante”, “estoy aquí”… Ninguna reacción anómala.
No hubo estallidos de energía, ni movimientos forzados de objetos, ni ráfagas invisibles que destrozaran el entorno.
Las palabras suaves no despiertan su poder.
Suspiró con alivio.
Aún debía tener cuidado.
Su semblanza era peligrosa, y una palabra mal usada podía significar un desastre.
Pero, al menos, tenía margen.
Con eso en mente, apagó el pergamino, se deslizó bajo las mantas y se quedó mirando el techo por un largo rato, repasando frases, gestos, pensamientos.
Quizá mañana podría invitarla él a algún sitio.
¿Tal vez un paseo?
¿Un té?
No lo sabía.
Pero mientras sus ojos se cerraban lentamente, solo había una certeza: quería aprender.
Quería protegerla.
Y, sin saberlo, ese deseo ya lo estaba atando a Weiss de una manera que ni él mismo podría romper más adelante.
La noche avanzaba con una quietud engañosa en el dormitorio del equipo JNPR… o al menos, lo intentaba.
El colchón de Jaune se sacudía con cada sollozo dramático que dejaba escapar, acurrucado como un trapo viejo mientras murmuraba una letanía de quejas.
—¡Ese Tn…!
¡Ni siquiera habla bien!
¡¿Cómo terminó con Weiss?!
¡¿Qué tiene él que no tenga yo?!
—sollozó, apretando una almohada contra su pecho como si fuera lo único que lo mantenía con vida.
En la litera de arriba, Pyrrha rodó sobre sí misma, tapándose con la sábana hasta la nariz.
Su paciencia se deslizaba al abismo.
—Jaune… —dijo con voz tensa, aunque aún mesurada—.
Son las tres de la mañana.
Necesito dormir.
Todos necesitamos dormir.
Si vas a seguir comportándote como un niño de primaria, por lo menos, hazlo en silencio.
—¡Pero Pyrrha, no entiendes!
¡Yo estuve cerca!
¡Casi lo lograba!
¡Y ahora ese tipo misterioso, mudo y con cubrebocas le roba el corazón a Weiss y—!
—¡JAUNE!
—bramó Pyrrha, incorporándose de golpe con el cabello desordenado y los ojos encendidos por una furia contenida—.
¡No lo lograste, punto!
¡Ella nunca estuvo interesada y tú nunca hiciste nada real para acercarte!
¡Así que deja de quejarte como si alguien te hubiera robado algo que te pertenecía!
El silencio que siguió fue tan pesado como una losa.
Jaune la miró desde su cama, congelado, sin lágrimas ahora… solo con una expresión confundida, herida, y un poco avergonzada.
Pyrrha se dejó caer de nuevo en la cama con un bufido agotado.
—Tú no sabes lo que se siente… —murmuró Jaune, apenas audible—.
Siempre lo logran los tipos raros… En la otra esquina, Nora roncaba como una motosierra.
—Zzzz… panqueques … zzzz… Ren salió finalmente del baño, secándose las manos con una toalla y observando la escena con resignación.
Caminó hasta su litera y dejó caer la toalla sobre su silla con una calma.
—Jaune… —dijo, acomodando su almohada—.
No todos los sentimientos son correspondidos.
Aprende a aceptarlo.
No puedes controlar a quién alguien ama.
—¿Tú también, Ren…?
—se quejó el rubio, hundiéndose más en la almohada.
Ren simplemente se giró y cerró los ojos.
—Sí.
Y con eso, la habitación volvió a sumirse en un silencio más estable.
Solo quedaban los ronquidos de Nora, el crujir ocasional de los colchones… y un Jaune mirando el techo con una sensación amarga en el pecho.
No era justo.
La oscuridad en la habitación apenas dejaba distinguir los rostros de los que dormían, pero Jaune Arc no dormía.
Sus ojos estaban fijos en el techo, abiertos, sin parpadear, hundido en una marea lenta y rencorosa que apenas comenzaba a tomar forma.
Sus pensamientos se arrastraban como veneno: lentos, insidiosos, envueltos en una mentira que él mismo se había contado tantas veces que comenzaba a creerla.
“Yo merezco más que esto.” Tn… ese chico extraño que apenas hablaba, siempre con su cubrebocas, distante, casi invisible en las clases.
¿Y ahora era el novio de Weiss Schnee?
¿La Weiss que siempre había mantenido la cabeza alta, orgullosa, tan fuera del alcance de todos?
¿Con él?
No tenía sentido.
No podía tenerlo.
Jaune apretó los puños contra las sábanas.
—No puede ser real —susurró, apenas con voz.
Por dentro, la envidia hervía.
No era amor lo que lo impulsaba… era otra cosa.
Algo más oscuro.
“Yo soy el líder de un equipo.
Yo soy un Arc.
Vengo de un linaje de cazadores.
¡Yo debería estar con alguien como Weiss, no un fantasma que nadie conoce!” Recordó los días en que falsificó su entrada a Beacon, los papeles modificados, el miedo de ser descubierto, el peso de vivir con esa culpa cada vez que veía a Pyrrha —la única que lo ayudó de verdad.
Pero esa culpa ahora era solo ruido de fondo.
“Ella nunca me dijo que estaba con Tn.
Nadie lo hizo.
¿Por qué tendría que aceptarlo?
¿Por qué tengo que quedarme callado?” Se sentó en su cama, mirando hacia sus compañeros.
Pyrrha dormía profundamente, aunque su expresión aún estaba tensa por la pelea de antes.
Nora se había enroscado en una posición imposible, murmurando incoherencias sobre batallas y comida.
Ren… Ren dormía de lado, tan calmado como siempre.
Y ahí estaba Jaune, solo, con el orgullo herido y una espina clavada en el pecho.
“Si nadie va a hacer nada… lo haré yo.
Tn no merece a Weiss.
Ella merece algo mejor.
Y yo… yo puedo demostrarlo.” No pensaba en cómo.
No pensaba en consecuencias.
Solo sabía una cosa: tenía que separar a Weiss de Tn, sin importar lo que hiciera falta.
Se levantó en silencio, caminó hasta su escritorio, encendió su pergamino y comenzó a escribir ideas, tanteando escenarios, hipótesis, tal vez incluso manipulaciones… cosas que normalmente consideraría.
Pero el resentimiento lo hacía avanzar.
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