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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 52

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  4. Capítulo 52 - 52 Ellen joe part 3 zenless zone zero
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52: Ellen joe part 3 (zenless zone zero) 52: Ellen joe part 3 (zenless zone zero) Ellen se puso su pijama de tiburón, desgastada y con costuras sueltas que contaban historias que nadie preguntaba.

Se recostó en su cama con una expresión hueca.

No había lágrimas, no había rabia.

Solo agotamiento… del tipo que se pega a los huesos.

Mañana tendría que pagar por otro uniforme.

Otro gasto más para el montón.

El amanecer llegó sin pedir permiso.

No hubo descanso real, solo el paso mecánico del tiempo.

Ellen se vistió con ropa prestada de una compañera, se peinó como pudo, y salió con la mirada apagada.

Otro día, otra casa, otra máscara que ponerse.

El nuevo cliente vivía en un complejo más lujoso que los anteriores.

Eso no significaba nada para Ellen.

Solo implicaba más espacio que barrer, más basura disfrazada de elegancia.

Entró, saludó con educación y comenzó a trabajar.

Todo parecía rutinario… al principio.

Hasta que no lo fue.

Las miradas del cliente no eran normales.

Se notaban viscosas, arrastradas, como aceite derramado por el suelo.

Comentarios disfrazados de halagos empezaron a resbalar entre frases.

—Qué raro ver algo tan… exótico limpiando pisos —dijo él, sonriendo.

Ellen no respondió.

Solo limpió más rápido.

Pero las cosas se intensificaron.

El cliente se acercó más de lo necesario, inventando excusas para rozarla con los dedos, bloqueándole el paso cuando intentaba salir de una habitación.

Y entonces lo intentó.

Ellen retrocedió un paso, luego dos.

Él se adelantó, sonriendo, seguro de sí.

—Tranquila, solo es curiosidad… —dijo, alzando la mano hacia su cola.

Fue entonces cuando Ellen reaccionó.

Un solo golpe.

Certero.

Instintivo.

La cabeza del cliente estalló contra el marco de la pared con un ruido seco.

Cayó de rodillas, gimiendo, sangrando por la ceja y con la nariz posiblemente rota.

Ellen no esperó a ver si se levantaba.

Pateó el teléfono que él había intentado usar para grabarla, lo rompió contra el suelo y salió del departamento.

Corriendo.

No lloraba.

No gritaba.

Solo corría.

Las autoridades llegaron rápido.

Un par de vecinos habían oído el escándalo y llamaron a emergencias.

El cliente fue llevado al hospital, inconsciente y con traumatismo facial.

Ellen fue llevada a la base de Victoria.

No como empleada, esta vez, sino como el problema.

La sala de espera estaba en silencio.

Algunos la miraban, otros susurraban.

Ellen estaba sentada en un sillón con la mirada perdida.

Mojada por la lluvia que volvía a caer.

Su cola enredada, su ropa sucia de sangre ajena.

Alexandrina llegó con rostro tenso.

—Ellen…

—empezó, pero no hubo dulzura en su voz.

Ellen no respondió.

—No podemos cubrir esto.

La empresa…

no puede permitirse este tipo de escándalos.

—Tragó saliva—.

Lo siento, pero estás despedida.

Las palabras llegaron con el peso de una sentencia.

No fue una sorpresa.

Ellen ya lo sabía.

Lo sintió desde el instante en que dejó el puño volar.

Se levantó sin mirar a nadie.

Nadie la detuvo.

Salió caminando bajo la lluvia, sin paraguas, sin dirección.

Su mochila colgaba de un solo hombro.

Tenía menos dinero, menos opciones, y una historia que nadie creería.

Porque ella no era una víctima para el mundo.

Era una criatura.

Una cosa que golpeó a un “hombre respetable”.

Y así, sola bajo la lluvia, Ellen comenzó a caminar.

A lo lejos, un maullido resonó en su memoria.

Y por primera vez en días, pensó en volver a ver a ese chico extraño que le ofreció ayuda.

Quizás… solo quizás, tenía una última puerta por tocar.

El departamento olía a humedad.

Ellen cerró la puerta sin llave.

¿Para qué?

Ya no le quedaba nada que valiera la pena robar.

Dejó su mochila en el suelo con un golpe sordo.

Estaba empapada, y el peso ya no era físico.

Se quitó los zapatos mojados con los pies, caminando descalza hasta la cocina sin encender las luces.

Sacó lo último de su refrigerador: una botella de agua tibia y una barra de cereal a medio romper.

Volvió a la sala, se dejó caer en la silla de siempre, y apoyó la frente sobre la mesa.

Ya no tenía dulces.

Ya no tenía su arma.

Ya no tenía uniforme.

Ya no tenía trabajo.

Lo único que aún conservaba… era el cansancio.

—Moe… Moe… kyun…

—susurró, sin tono, sin ganas, como una especie de plegaria rota.

Casi sonaba como una burla hacia sí misma.

La frase rebotó por las paredes vacías del departamento, sin eco.

Pensó en sus opciones.

Tenía algo de dinero, sí… pero no suficiente.

No podía cubrir más que un par de facturas y un poco de comida.

Y como aún era estudiante en Shinedown, no tenía ningún título, certificación o experiencia más allá de limpiar casas y sobrevivir al asco ajeno.

Intentó imaginar otros empleos, pero todo lo que conocía era su rutina como maid.

Sirve.

Limpia.

Sonríe.

Acepta.

Vuelve a casa.

Llora.

Repite.

Apoyó el rostro en la mesa, dejando que el cabello húmedo se esparciera como algas.

—Quizás…

debería rendirme —murmuró, sin decirlo en serio, pero sin saber si no lo decía en serio.

En otra parte de Eridu, bajo un cielo gris pero seco, Tn estaba en casa.

Benny, el gato, estaba estirado en el sillón con las patas hacia arriba, viendo televisión.

Parecía absorto en un programa donde dos cocineros gritaban por un filete mal cocido y a un hombre de blanco gritando sobre lo mal que sabia.

El animal maulló, casi en protesta por lo absurdo del drama humano carne es carne, sabe igual de buena.

Tn estaba sentado en la mesa con su laptop abierta, leyendo un informe técnico sobre microagujeros en la infraestructura de Eridu.

Un trabajo remoto para alguien de su tipo.

Tenía una taza de té a un lado y una hoja con cálculos a medio escribir.

—Si la #>yr6 +2= 2849.9838h gravitacional de los bordes se mantiene en ese estado, el Hollow podría…

—murmuró para sí mismo, tecleando con agilidad mientras Benny bostezaba con toda la boca abierta.

En la cocina, la lata de atún que prometió abrir seguía intacta.

—No me mires así —dijo sin alzar la vista cuando sintió los ojos del felino sobre su nuca—.

Primero el trabajo.

Luego el almuerzo.

Benny maulló en desacuerdo.

La televisión mostró una explosión dramática de especias y risas enlatadas.

Tn suspiró.

—El mundo se desmorona y tú ves reality shows de cocina.

Guardó el archivo, cerró la laptop y se levantó, caminando hacia la cocina.

Sacó la lata de atún y la abrió con un clic.

Benny, feliz, se bajó del sillón y trotó con dignidad felina hasta sus patas.

—Supongo que al menos tú sabes lo que quieres en la vida —comentó mientras dejaba el plato en el suelo.

Y sin saber por qué, pensó por un segundo en aquella chica de cola de tiburón.

Ellen seguía en su silla, con la mirada perdida en el techo.

No sabía si tenía hambre.

No sabía si tenía tiempo.

No sabía si mañana tendría un lugar donde dormir.

Pero sí sabía algo: Ya no quería que la miraran como una cosa extraña.

Solo quería…

que alguien le dijera que no tenía que seguir sola.

La lluvia había dado una tregua, aunque el aire seguía fresco y húmedo.

Ellen salió de su departamento con ropa casual, sin muchas expectativas, pero con una necesidad urgente: conseguir un trabajo.

Había intentado varios cafés y restaurantes durante el día, pero la respuesta siempre era la misma.

Algunas veces la miraban con desdén por su cola de tiburón.

Otras veces simplemente la rechazaban porque no había vacantes.

—¿Por qué tienen que ser tan superficiales?

—murmuró, con la voz apagada.

Sus pies la llevaron de un lado a otro, sin rumbo, con la esperanza de encontrar algo, aunque solo fuera un pequeño resquicio de oportunidad.

Estaba cansada.

La presión de encontrar algo que le permitiera salir del abismo del que parecía no poder escapar comenzaba a pesarle demasiado.

Pero no se detuvo.

No podía.

Pasaron las horas.

La tarde se desvaneció mientras Ellen seguía caminando por las calles, buscando alguna señal de que las cosas pudieran mejorar.

Ninguno de los negocios que encontró la aceptó.

Y, como siempre, la gente la veía como una rareza, una mezcla extraña entre humana y algo más, entre la vida cotidiana y lo sobrenatural.

Ya estaba por rendirse cuando, de repente, algo extraño ocurrió.

Un gato gris, aparentemente sin dueño, apareció frente a ella.

Con su pelaje suave y sus ojos intensos, el felino la observó por un momento antes de hacer algo sorprendente: se lanzó sobre su cola, como si fuera un juguete de lo más natural.

—¡Hey!

—exclamó Ellen, tratando de mover al gato de encima, sin mucho éxito—.

¡Baja de ahí, ¿qué te pasa?!

Pero, antes de que pudiera reaccionar completamente, una voz masculina la detuvo.

—Benny, ¿qué haces?

—gritó la voz.

Y entonces, Ellen vio al dueño del gato.

Tn.

El mismo joven al que había servido como maid semanas atrás.

La sorpresa la dejó inmóvil por un instante, pero rápidamente su rostro se mostró visiblemente incómodo.

Tn caminó hacia ella con una expresión de disculpa, claramente algo avergonzado.

Su mirada recorrió a Ellen, dándose cuenta en ese mismo instante de que la había reconocido.

—Perdón por Benny —dijo, levantando a su gato con suavidad y poniéndolo en el suelo—.

Me disculpo por él, no suele hacer eso.

Está algo… juguetón.

Ellen, aún con la cola atrapada por el gato, se encogió de hombros y forzó una sonrisa, tratando de disimular su incomodidad.

—No… no pasa nada —respondió, su tono frío pero con un deje de cansancio.

Tn la miró detenidamente y, por un momento, una expresión de reconocimiento cruzó su rostro.

—¿Tú eres la maid que trabajó en mi casa, verdad?

—preguntó con cautela, como si no estuviera del todo seguro de cómo abordar la situación.

Ellen asintió, aunque no estaba segura de si quería que él la reconociera de esa manera.

—Sí… ese soy yo.

—dijo, con la mirada desviada.

No era un encuentro que ella había planeado, y su día había sido lo suficientemente malo como para que el rostro de Tn le trajera más incomodidad que consuelo.

Tn se disculpó nuevamente, y esta vez pareció algo genuino.

—Lo siento si te hice sentir incómoda en mi casa.

No era mi intención.

Ellen lo miró, confundida.

No esperaba una disculpa, ni siquiera pensaba en lo que había pasado en su casa de la misma manera en que Tn lo hacía.

—No es necesario —respondió, su tono algo más suave, pero aún cansado.

La realidad de su situación seguía doliendo, y aunque Tn no era culpable de eso, la fatiga acumulada parecía empujarla a distanciarse emocionalmente—.

Solo…

¿en qué puedo ayudarte?

Tn pareció dudar por un momento, y luego miró alrededor, observando el ambiente.

—¿Te gustaría tomar algo conmigo?

—ofreció de repente.

La pregunta salió sin mucha planificación, como un impulso.

Sabía que Ellen no estaba buscando una invitación, pero algo le decía que al menos una conversación más relajada podría ayudar a ambos a despejar un poco la situación incómoda que se había creado.

Ellen lo miró fijamente, confundida por la oferta.

—No estoy…

—comenzó, pero se detuvo.

¿Por qué no?

¿Por qué no aceptar una simple invitación para un café?

Se sentó en el borde de la acera y suspiró—.

Está bien.

Pero no me debes nada.

Tn asintió, una pequeña sonrisa formándose en sus labios.

—No es por deberlo.

Solo…

por que benny.

Caminaban por las calles tranquilas de Eridu, el sonido de sus pasos siendo la única compañía en medio de la tarde.

Mientras caminaban, Benny trotaban a su lado, maullando de vez en cuando y correteando por la acera.

Ellen pensaba en lo que acababa de pasar.

El encuentro no había sido tan incómodo como había imaginado, pero aún así le pesaba la ansiedad de su futuro incierto.

Mientras Tn la guiaba hacia una cafetería cercana, se permitió, por un momento, relajarse un poco.

Quizás no fuera un gran cambio, pero una conversación con alguien que no la viera como un simple “animal” podría ser un buen comienzo.

El pequeño café estaba lleno de un ambiente acogedor.

Las luces tenues, las paredes adornadas con fotos y el aroma de café recién molido creaban una atmósfera tranquila.

Ellen se acomodó en la mesa, mirando el menú con una expresión de incredulidad.

Los precios eran más altos de lo que había anticipado, y por un momento, casi sintió que la mesa podría tragarse todo su estrés.

—Esto va a salir demasiado caro…

—murmuró, pasando los dedos por el borde de la mesa con una mezcla de cansancio y ansiedad.

Sin embargo, antes de que pudiera decir algo más, Tn levantó la mano con una sonrisa tranquila y, sin dudarlo, hizo su pedido—Dos postres de chocolate, dos cafés, y para Benny unas croquetas de jamón, por favor.

El camarero, un joven con una sonrisa amigable, asintió y se alejó hacia la cocina.

Ellen, que había estado esperando que al menos pudieran compartir algo modesto, se quedó paralizada por un instante.

La incredulidad se convirtió en una pequeña chispa de molestia, su rostro se enrojeció ligeramente.

—¿De verdad vas a pedir todo eso?

—preguntó Ellen, alzando una ceja mientras miraba a Tn, aún atónita.

Tn, sin perder su serenidad, simplemente sonrió y asintió.

—Lo siento, ¿te molestó?

—dijo, su tono suave pero con una risa ligera.

—Es que a Benny le encanta el jamón, y he notado que a ti te gustan los dulces.

Es un pequeño capricho.

Ellen, aunque molesta por la actitud despreocupada de Tn, se sintió algo culpable al ver su genuina sonrisa.

Por un momento, su enojo disminuyó.

Sin embargo, la sensación de estar siendo tratada como una “mascota” volvió a incomodarla.

Benny, como si estuviera siguiendo el ritmo de la conversación, subió nuevamente a su cola, frotándose contra ella mientras ronroneaba de satisfacción.

Ellen, con un suspiro exasperado, trató de mover la cola hacia un lado, pero Benny no parecía tener intenciones de bajar.

—¡Benny!

—dijo Ellen en tono de reproche, girando la cabeza hacia el gato que la observaba con ojos traviesos—.

¡Baja ya!

Tn observó la escena con una ligera sonrisa, pero en cuanto vio la incomodidad de Ellen, se disculpó rápidamente.

—Lo siento, de verdad —dijo, su voz más seria ahora—.

Benny a veces no sabe cuándo parar.

No quería que te molestara.

Ellen, que no quería parecer más gruñona de lo que ya se sentía, simplemente asintió y se reclinó en su silla, resignada.

Aunque su cola seguía siendo el blanco del gato travieso, se obligó a no perder la paciencia.

Sabía que era una exageración molestarse por cosas tan pequeñas, pero después de los días difíciles que había tenido, todo le parecía más irritante.

—Está bien —dijo, dándole un suave empujón al gato con la punta de su cola—.

Solo…

no lo hagas tan seguido.

Mientras esperaban su pedido, el ambiente entre ellos comenzó a relajarse un poco.

Tn, en su calma natural, parecía no estar tan afectado por la situación como Ellen.

De hecho, se veía completamente en su elemento, disfrutando del momento sin más preocupaciones.

Ellen, por su parte, no pudo evitar sentirse ligeramente incómoda por su falta de recursos, pero decidió no dejar que esa preocupación empañara el momento.

Estaba agradecida por la invitación, aunque todavía sentía que su orgullo había sido un poco golpeado por el despilfarro de Tn.

—Entonces, ¿cómo has estado?

—preguntó Tn, aparentemente intentando romper el hielo y hacer la conversación más fluida.

Ellen lo miró, un poco sorprendida por el cambio de tema.

Su mirada se suavizó al ver el interés genuino de Tn, y, por un momento, pensó que quizás podría dejar de lado su incomodidad y hablar.

—He estado…

bien.

O, bueno, no tan bien, pero ya sabes…

—empezó, sin saber exactamente qué compartir.

Las palabras parecían salir de su boca de forma automática, sin pensarlo demasiado—.

He estado buscando trabajo, pero no ha sido fácil.

La gente…

bueno, algunos no son tan amables.

Tn asintió, comprendiendo más de lo que Ellen le daba crédito.

Había algo en su mirada que indicaba que él conocía la lucha de ser juzgado por algo fuera de tu control.

—Eso debe ser difícil.

—dijo Tn, observándola con empatía—.

No me gusta la forma en que te han tratado, pero también sé que el mundo no es fácil para nadie, ¿verdad?

A veces parece que las cosas se nos ponen más difíciles solo por existir.

Ellen, sorprendida por la sinceridad en sus palabras, se quedó en silencio por un momento.

Nadie le había hablado de esa manera, como si entendiera por qué todo le resultaba tan complicado.

—Supongo que…

—dijo lentamente, mirando al gato que se había quedado dormido en su cola—.

A veces solo quiero que las cosas sean fáciles, ¿sabes?

Tn sonrió suavemente, su mirada suave y comprensiva.

—La vida no es fácil para nadie, pero eso no significa que no podamos encontrar pequeños momentos como este para relajarnos.

Como este café.

Ellen asintió, aunque no podía dejar de pensar en sus problemas.

Aún así, por un breve instante, permitió que la tranquilidad del momento la envolviera.

Cuando el camarero regresó con sus pedidos, Benny comenzó a maullar emocionado, olisqueando las croquetas de jamón que le habían traído.

Tn, con un gesto divertido, le entregó un trozo de croqueta y se giró hacia Ellen.

—¿Te gustaría algo más?

Lo que sea.

No tiene que ser solo café, ¿eh?

—ofreció, un brillo juguetón en su mirada.

Ellen, a pesar de todo, se permitió sonreír un poco, el estrés del día disolviéndose ligeramente.

—Solo el café está bien —respondió, relajándose finalmente—.

Gracias.

Tn asintió y levantó su taza de café con una sonrisa de complicidad, como si ese pequeño gesto de amabilidad pudiera cambiar algo en la vida de Ellen.

La lluvia había vuelto a caer con suavidad cuando ambos salieron del café.

Las farolas reflejaban su luz sobre los charcos, y el cielo nublado parecía más apagado que antes.

Ellen caminaba a un costado de Tn, con los brazos cruzados mientras el gato gris, Benny, trotaba alegremente entre sus pasos como si nada más importara en el mundo.

—Gracias por el café… —murmuró ella, sin saber muy bien cómo expresar su incomodidad.

Se sentía en deuda.

Su cola se balanceaba ligeramente, aún húmeda por la lluvia, pero no tanto como antes.

Tn simplemente sonrió.

—De nada, fue un gusto.

Entonces, antes de que Ellen pudiera continuar con sus palabras, él habló con una naturalidad que la desconcertó—Por cierto, ¿quieres un trabajo?

Ella se detuvo, pestañeando como si no hubiera entendido del todo.

Giró lentamente la cabeza hacia él.

—¿Qué?

—Trabajo —repitió Tn, girando ligeramente su rostro hacia ella—.

Que limpies mi casa.

No es nada complicado.

Puedes venir por las tardes, mientras yo trabajo desde la laptop.

Benny se entretiene y… bueno, al menos no destruye todo.

Ellen lo observó con cautela, su ceño fruncido con desconfianza.

Había aprendido a ser precavida, especialmente después del último cliente que casi se sobrepasó con ella.

No quería volver a pasar por eso.

Y sin embargo, Tn… no le generaba esa misma alarma.

Parecía más distraído que insistente, más observador que demandante.

Aun así, cruzó los brazos.

—¿Por qué me ofreces esto?

—preguntó directamente—.

No me debes nada.

Tn soltó un suspiro corto, como si ya esperara esa pregunta.

—Lo hago porque necesito ayuda.

Benny…

—hizo una pausa, mirando de reojo al gato que ahora intentaba cazar una hoja arrastrada por el viento—.

Desde que lo tengo, la casa vive en constante caos.

Persigue sombras, corre por los muebles, tira cosas…

Y yo trabajo desde casa, así que no tengo tiempo para ordenar nada.

Era tecnico en ordenadores y cuentas no un hombre que supiera de organizar todo.

Ellen bajó la mirada, aún procesando lo que decía.

Entonces miró al gato, como si pudiera confirmar si ese problema era real.

Benny, como si sintiera la atención, se sentó con el lomo recto y la miró.

Su cola se movía de un lado a otro.

Luego, sin vergüenza alguna, se lanzó una vez más sobre la cola de Ellen, mordisqueándola con suavidad.

—¡Tú otra vez…!

—se quejó ella, tratando de alejar su cola, aunque no tan rápido como antes.

No había agresividad en sus movimientos esta vez, solo resignación.

—¿Ves lo que te digo?

—Tn murmuró, sin poder evitar una leve risa.

Ellen suspiró.

No era el tipo de empleo soñado.

No tenía uniforme, ni propinas, ni un sueldo fijo aún… pero era trabajo.

Y aunque su orgullo luchaba contra la idea de aceptar caridad, sabía que necesitaba el dinero.

No podía seguir viviendo de lo poco que le quedaba.

Además, algo en la forma en que Tn lo planteó le dio la sensación de que no era por lástima.

Era práctico.

Necesitaba ayuda, y ella podía ofrecérsela.

—Está bien —dijo finalmente, volviendo a caminar—.

Acepto.

Pero será solo limpieza.

Y si me quedo sin dulces, tú repones.

Tn parpadeó ante esa condición, luego soltó una risa inesperadamente cálida.

—Hecho tengo escondites llenos de caramelos… seguro podemos negociar algo.

Ellen le dio una mirada sospechosa al gato, como si de repente todo encajara.

Benny, con total impunidad, ya estaba trepado en su hombro, ronroneando.

Así, bajo la lluvia tenue, caminaron juntos en dirección a la estación de metro, con un trato sellado y una rutina inesperada comenzando a tomar forma.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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