Waifu yandere(Collection) - Capítulo 57
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57: Pyrrha nikos part 3 rwby 57: Pyrrha nikos part 3 rwby Vaya traidor, el que decía estar, el que prometía, el que juró luchar.
Resultó ser solo un eco vacío, un adulador del cobarde escondido.
Un TARD sin causa, sin honor ni fuego, que aplaude la mentira, que niega el ruego.
No es un mártir, no carga dolor, los que sufrieron fueron sus alrededores.
Él solo es un paso, una pieza fugaz, una sombra que la historia usará y dejará atrás.
No merece gloria, ni canto, ni altar, solo el desprecio que sabe sembrar.
El odio que brota de su traición, es su legado, su única canción.
Y aunque otros no lo quieran ver, yo no olvido… y no lo voy a ceder.
 El suave resplandor del amanecer comenzó a colarse por los ventanales del auditorio, tiñendo el suelo con tonos cálidos de dorado y naranja.
La mayoría de los estudiantes seguían profundamente dormidos, envueltos en sacos o mantas improvisadas.
Entre ellos, Pyrrha Nikos abría lentamente los ojos, como si su cuerpo supiera que algo importante estaba por suceder.
Se estiró ligeramente, girando el rostro… y ahí estaba él.
Tn aún dormía, su respiración lenta y profunda, el rostro relajado y los cabellos enmarañados sobre la frente.
Su cercanía seguía igual que la noche anterior.
El hecho de que no se hubiera alejado la reconfortaba.
Había dormido a su lado.
Había confiado en ella.
Y Pyrrha lo había vigilado en silencio durante un buen rato antes de quedarse dormida también.
Una sonrisa apacible se dibujó en sus labios.
Todo va bien… Está conmigo.
Pero entonces, un movimiento brusco interrumpió aquella paz matinal.
—¡Despierta, dormilón!
—canturreó una voz animada.
Pyrrha parpadeó, alzando ligeramente el torso sobre el codo.
Sus ojos verdes se enfocaron justo a tiempo para ver a Ruby Rose, trepada encima de Tn como si fueran viejos amigos, con una sonrisa tonta y despreocupada en el rostro.
Tn gimió apenas, cubriéndose un ojo con el brazo.
—Cinco minutos más… La escena fue breve, casi inofensiva… pero bastó para que un tic involuntario sacudiera el párpado derecho de Pyrrha.
Ruby… encima de su Tn.
La pelirroja se quedó rígida por un segundo, con la mente vacía salvo por un pensamiento crudo y punzante: ¿Qué hace esa niña en su espacio?
Respiró hondo.
Tranquila.
No es una amenaza.
No tiene… nada.
Es solo una ilusión de mujer.
Una niña con capa y energía de chicle.
Tn está medio dormido, no es consciente.
No significa nada.
Se repitió cada frase como un mantra, mientras exhalaba lentamente.
—¡Nos dijeron que vayamos al bosque Esmeralda!
—continuó Ruby, todavía brincando un poco para molestar a Tn—.
¡Vamos a tener que saltar desde un acantilado o algo así!
¡Suena divertido, ¿no?!
Tn gruñó algo ininteligible y se giró, dándole la espalda a la hiperactiva chica, en un intento patético por recuperar algo de sueño.
Pyrrha se incorporó del todo, alisando su uniforme y su cabello con precisión.
Había recuperado el control.
—Buenos días, Ruby —dijo con su tono usual, amable pero firme—.
Creo que estás aplastando a Tn.
Ruby se detuvo, como si apenas ahora tomara conciencia de la situación.
—¡Oh!
Jeje… perdón.
Me emocioné.
¡Es que nadie más quería despertarlo!
Se bajó rápidamente, levantando ambas manos como si se rindiera.
—¡Lo dejo en sus manos, señorita Nikos!
—dijo antes de trotar hacia donde estaba su hermana Yang, aún medio dormida en una esquina.
Pyrrha se quedó observando la escena unos segundos más, hasta asegurarse de que Ruby no regresaría.
Luego bajó la mirada hacia Tn, que murmuraba algo entre sueños, con el rostro semioculto entre su brazo y el saco.
Con suavidad, se arrodilló junto a él y colocó una mano sobre su hombro.
—Vamos, Tn.
Es hora —susurró.
Él gruñó algo parecido a un “ya voy” y se empezó a mover lentamente, estirando los brazos con pereza.
Pyrrha volvió a sonreír.
Era una sonrisa distinta, de satisfacción interior.
Sí, Ruby.
Corre y juega.
Tú no eres un peligro.
No tienes ni la edad ni el cuerpo ni la mirada.
Tn jamás se fijaría en ti.
Yo soy la que lo comprende.
La que estuvo desde antes.
La que se quedará después.
Ella se puso de pie con elegancia mientras Tn finalmente se levantaba, rascándose la cabeza.
Sus ojos somnolientos se encontraron con los de Pyrrha por un breve instante, y ella sintió un calor tibio recorrerle el pecho.
—Gracias por dejarme dormir cerca de ti anoche —murmuró él.
—No fue nada —respondió ella con una dulzura calculada—.
Me agrada estar cerca de ti.
Él asintió sin responder, todavía atrapado en la pereza del despertar.
Un paso más, pensó Pyrrha.
Solo uno más.
Hoy comenzarían las pruebas.
Hoy se formarían los equipos.
Y ella ya sabía con absoluta certeza quién estaría en el suyo.
El viento soplaba con fuerza en la cima del acantilado.
Desde ahí, el vasto y enigmático bosque Esmeralda se extendía como una marea de árboles infinitos.
Los estudiantes estaban formados en fila, nerviosos, emocionados o simplemente confundidos por la idea de “ser lanzados” como método de inicio.
—Recuerden —dijo el profesor Ozpin con su tono pausado—: no eligen a su equipo.
Su primer contacto visual durante esta prueba será su compañero de equipo por los próximos años.
Glynda cruzó los brazos, seria como siempre.
—Sobrevivan.
Lleguen al templo.
Tomen una reliquia.
Regresen.
Su desempeño será evaluado.
Uno a uno, los estudiantes eran lanzados al vacío, impulsados por plataformas gravitatorias.
Y entonces llegó el turno de Tn.
La plataforma se encendió bajo sus pies, y sin un segundo de reacción, fue catapultado hacia el cielo.
El viento le azotó el rostro y la adrenalina le recorrió la espalda.
Pero su expresión no mostraba miedo.
Mostraba cálculo.
En el aire, Tn activó su Semblanza: La Rueda giro.
Una sensación de vértigo acompasado giró dentro de él, como si múltiples posibilidades comenzaran a cruzarse.
Su cuerpo giró en espiral, pero no sin rumbo.
La Rueda se adaptó.
El entorno cambió, el aire se volvió espeso y pesado por un segundo… y luego, todo se volvió ligero.
El impacto con el suelo fue sutil, casi danzado.
Tn cayó con gracia, como una pluma siendo guiada por su propio eje.
Su rodilla tocó apenas la tierra húmeda, amortiguada por el campo invisible que su semblanza generaba alrededor suyo.
—Bien… —murmuró para sí, alzando la mirada.
Estaba solo.
Por ahora.
No se molestó en buscar de inmediato a alguien.
Tenía un objetivo: el templo.
Pero también, inconscientemente, sus ojos se alzaron al cielo.
Esperaba —tal vez en el fondo— ver una cabellera roja descendiendo cerca de él.
Pero no fue así.
A cientos de metros de distancia, otra figura había salido disparada del acantilado.
Pyrrha Nikos.
Sus ojos estaban fijos en un punto exacto del bosque.
Había calculado el ángulo, la velocidad, incluso el viento.
Quería caer justo al lado de él.
No iba a dejar que se formara con alguien más.
No después de todo lo que había logrado.
No ahora.
Activó su aura, redirigió su trayectoria… pero una ráfaga cruzada la desvió en el último segundo.
Sus botas rozaron la copa de un árbol, y la gravedad terminó de hacer su trabajo.
—¡Tn…!
—alcanzó a gritar antes de estrellarse contra un claro.
Cayó de pie, rodó una vez y se levantó al instante.
Sus ojos miraban frenéticos a los alrededores.
No había señales de él.
Nada.
Y entonces, una figura descendió segundos después, dando tumbos hasta aterrizar torpemente justo a su lado.
Una mancha roja.
Ruby.
—¡Ay…!
¡Eso fue increíble!
¡Pero siento que dejé mi estómago atrás!
—dijo la pequeña cazadora en entrenamiento, riendo un poco mientras se sacudía las hojas del manto.
Pyrrha no respondió.
Sus manos temblaron.
Estaba a punto de arrancarse la diadema por la frustración.
Su plan… falló.
Ruby.
Ruby había caído junto a ella.
¿Y si Tn ya había visto a otra antes que a ella?
¿Y si formaba equipo con otra?
¿Con la heredera Schnee?
¿Con la rubia gigante?
¿Con cualquiera menos con ella?
Sintió un calor agresivo subirle por la espalda.
No era aura.
Era ira contenida.
Era desespero.
Pero respiró.
Una vez más.
Como esa mañana.
Control.
Pyrrha Nikos no pierde el control.
—Supongo que… somos equipo —dijo Ruby, algo incómoda ante el silencio prolongado.
Pyrrha le dirigió una sonrisa.
Vacía.
Pero convincente.
—Supongo que sí… Maldita suerte, pensó.
La rueda giró mal para mí.
Pero no por mucho.
Tn y yo… aún hay camino por recorrer.
Y sin decir más, se giró hacia la espesura del bosque.
Uno de ellos iba a llegar al templo.
El otro también.
Y cuando lo hicieran… ella se encargaría de corregir el rumbo.
(En otro lugar) El crujido de la maleza bajo sus botas marcaba el ritmo de los pasos de Tn.
Tras desactivar su semblanza, la Rueda se desvaneció silenciosamente, como si nunca hubiese estado.
La calma regresó a su cuerpo, aunque su mente aún giraba con una ligera sensación de mareo.
Un efecto secundario que ya se había vuelto familiar.
El bosque Esmeralda era denso, pero no impenetrable.
Tn avanzaba sin prisa, ojos abiertos, sentidos agudos.
Su semblanza le había dado una caída perfecta, pero no podía confiar en que el resto de la prueba sería igual de suave.
Fue entonces cuando escuchó pasos rápidos, casi con urgencia.
Giró la cabeza.
—¡Tn!
—exclamó una voz conocida.
La peliblanca apareció entre los árboles, su largo cabello brillando bajo la luz moteada del sol que se filtraba por el follaje.
Era Weiss Schnee.
Y para sorpresa de Tn… sonreía.
—Qué suerte encontrarte —dijo con un leve jadeo de alivio—.
¡Esto es perfecto!
¡Significa que somos compañeros!
Tn parpadeó, algo incómodo.
—¿Eso significa… que yo fui el primer contacto visual para ti?
—Obviamente —respondió ella con tono orgulloso—.
¿Quién más sería digno?
Además, observé tu caída desde la distancia.
Elegante.
Precisa.
Totalmente profesional.
Tn solo se rascó la nuca, intentando no desviar demasiado la mirada.
Weiss tenía una intensidad distinta, no agresiva como Pyrrha, pero sí demandante.
Aun así, era mejor que estar solo en ese bosque desconocido.
Asintió suavemente.
—De acuerdo.
Somos compañeros.
Ambos continuaron su camino hacia el templo, o al menos eso intentaban hasta que, después de cruzar un riachuelo y un terreno rocoso, un nuevo par de figuras apareció en su camino.
—¡Oye!
¡Weiss!
¿¡Ese es tu chico nuevo!?
—gritó una voz femenina, cargada de energía y picardía.
Yang Xiao Long apareció desde un claro, alzando la mano y sonriendo como si no estuvieran en una prueba de supervivencia.
A su lado, caminando con paso sigiloso y mirada cansada, Blake Belladonna observaba a los recién llegados sin decir una palabra.
Weiss puso los ojos en blanco al verlas.
—¿Qué hacen ustedes dos aquí?
—Encontramos una ruta rápida —dijo Yang—.
Y pensé, ¿por qué no unirnos y hacer esto más divertido?
Cuatro pares de ojos ven más que dos.
Y bueno… —miró directamente a Tn con una sonrisa que delataba intenciones ocultas— tú no pareces tan mal compañero.
¿Tn, cierto?
Tn asintió con educación, aunque una gota de sudor bajó por su mejilla.
Yang se acercó, demasiado.
—¿Sabes usar tu arma… o eres más de “combate cuerpo a cuerpo”?
—le susurró con tono burlón, inclinándose un poco hacia él.
Tn dio un pequeño paso atrás, incómodo, y miró a Weiss en busca de algo parecido a ayuda.
—¡Yang!
—intervino Weiss, fulminándola con la mirada— ¿Podrías comportarte por una vez en tu vida?
Esto es una prueba seria, no un mal intento de cita improvisada.
—Oh, vamos, solo estoy relajando el ambiente.
No todos podemos ser tan rígidos como tú —respondió Yang, sonriendo aún más.
Blake, por su parte, se limitó a mirar entre las ramas, fingiendo no escuchar.
Tn simplemente suspiró.
Esto iba a ser más largo de lo que pensaba.
El grupo continuó su camino, Weiss caminando cerca de Tn como si intentara marcar territorio, Yang lanzando de vez en cuando comentarios o miradas insinuantes, y Blake… simplemente observando.
Silenciosa.
Cauta.
Y aunque Tn trataba de enfocarse en el paisaje, en los ruidos del bosque o en la posible ubicación del templo, su mente se desviaba inevitablemente al pensar en dos personas: Pyrrha… y Ruby.
¿Estarán bien?
¿Habrán caído cerca?
No lo sabía.
Pero tenía una mala sensación.
(uttutuutututututu) La caminata se había sentido eterna.
—¡Y entonces pensé!
¿Y si, en lugar de que la guadaña se transforme en rifle, se transforma en un lanzacohetes?
O no… ¡una guadaña que dispara otras guadañas!
¡Eso sería increíble, ¿no crees?!
—Ruby hablaba sin respirar, con los ojos brillando de emoción, moviendo las manos como si estuviera trazando planos en el aire.
Pyrrha apretó los dientes y sonrió con diplomacia.
No porque estuviera disfrutando la conversación, sino porque esa era su manera de contener el deseo creciente de gritar.
Respira.
Controla.
No es su culpa que no sea Tn.
Desde el momento en que se percató de que su trayectoria no la había llevado junto a él, una ola amarga la había invadido.
Y tener como compañera a esta niña hiperactiva, sin filtros, con voz aguda y más energía que sentido común… era otra prueba.
—Suena… interesante —murmuró Pyrrha con el mejor tono amable que pudo reunir.
—¡¿Verdad que sí?!
¡Y si le agregamos unas hélices, podría volar!
¡O convertirse en una especie de helicóptero-espada!
¿Acaso no se cansa nunca?
Pyrrha la miró de reojo.
Ruby tenía la apariencia de alguien que jamás podría hacerle sombra, pero algo en ella irritaba profundamente su paciencia.
Tal vez era esa ligereza… esa falta de peso emocional.
Esa sensación de que Ruby flotaba por la vida mientras Pyrrha se hundía en un océano que solo ella podía ver.
De repente, un estruendo rompió el momento.
—¡Cuidado!
—gritó una voz masculina.
Ambas se giraron justo a tiempo para ver a una criatura Ursa estrellarse contra los árboles y rodar cuesta abajo, dejando tras de sí ramas rotas y marcas en la tierra.
Desde entre los árboles, dos figuras emergieron: una chica de cabello anaranjado brincando como si nada, y un chico de mirada serena pero claramente agotado.
—¡Wooooo!
¡Ese sí fue un gran golpe!
—gritó Nora mientras saltaba y aterrizaba con un giro.
Su martillo aún humeaba por el último impacto.
Ruby, contagiada por la energía, imitó el movimiento y aterrizó a su lado, completamente entusiasmada.
—¡Eso fue genial!
¿Cómo se llama tu arma?
¿Cómo cargas?
¿Tiene modo explosivo?
Nora rió mientras comenzaba a responder con igual entusiasmo.
Ren, por su parte, respiró hondo y se recargó contra un árbol cercano.
Su rostro estaba cubierto de polvo, y su postura dejaba claro que el enfrentamiento lo había dejado sin aliento.
Sin embargo, como siempre, se mantenía en calma.
Pyrrha se acercó a él, más por tener un momento de silencio que por interés real.
—¿Estás bien?
Ren asintió lentamente.
—Estoy acostumbrado a seguirle el paso.
Ella suspiró.
Nora y Ruby juntas… era como si el universo decidiera castigarla doble.
Miró hacia el cielo por un momento, sintiendo una punzada en el pecho.
Tn… ¿Dónde estás ahora?
¿Estás bien?
¿Con quién estás?
Dejó ese pensamiento de lado y se centró en lo que debían hacer.
—Deberíamos continuar —anunció con firmeza—.
Nuestra prioridad es encontrar el templo, recoger una reliquia y volver al punto de inicio.
Cuanto más tiempo perdamos, más difícil será evitar encuentros con más Grimm.
Ren asintió.
Ruby aún hablaba con Nora sobre combinar armas con dulces o algo igual de ridículo.
Pyrrha, sin esperar más, empezó a caminar.
Tenía que mantenerse centrada.
Su destino era claro: encontrar esa reliquia.
Volver.
Y luego, cuando se dieran los equipos… haría lo necesario para que su compañero fuera él.
Tn.
La única constante real que Beacon podía ofrecerle.
(Ya me estoy cansando de cambios T-T) El grupo de Tn llegó al templo en silencio tenso pero eficaz.
Weiss, siempre precisa, fue la primera en señalar las reliquias alineadas en el altar de piedra.
Cada uno tomó una sin discutir: pequeños artefactos en forma de piezas de ajedrez.
—Ahora que tenemos esto —comentó Blake— lo más inteligente sería regresar antes de que nos rodeen.
—Tch, qué aburrido —bufó Yang, lanzando su reliquia al aire y atrapándola—.
Esperaba un poco más de acción.
Como si el universo hubiera estado esperando exactamente ese momento, un estruendo sacudió el bosque.
¡BOOOM!
Las ramas crujieron en la distancia y varias aves salieron volando del follaje cercano.
Un rugido profundo y rasposo se oyó como un trueno.
—Eso… no fue un Beowolf —murmuró Blake, con sus orejas girando para enfocar el sonido estaba cubiertas por su liston.
Tn alzó la vista, sus ojos entrecerrados.
Una sombra masiva se movía más allá de los árboles.
Entre los sonidos de ramas quebrándose y tierra siendo despedazada, distinguió una figura siendo lanzada por los aires.
Una pequeña silueta… con capa roja.
—Ruby —dijo con calma.
Pero su cuerpo ya había reaccionado.
La Rueda apareció detrás de él, materializándose como una estela de luz plateada que giraba a toda velocidad.
El suelo se curvó bajo sus pies mientras su semblanza se activaba.
Tn salió disparado, su figura distorsionada por la aceleración, convirtiéndose en una línea en movimiento, veloz, precisa.
—¡Tn!
—gritó Yang, instintivamente comenzando a correr detrás de él, pero sin esperanza de alcanzarlo.
Weiss extendió la mano, frustrada.
—¡¡No seas imprudente!!
Pero él ya no escuchaba.
Las imágenes pasaban como parpadeos en su visión: troncos, raíces, luz entre las hojas… y Ruby cayendo, su cuerpo girando en el aire.
Calculó.
Midió el ángulo.
Aceleró.
Y en el instante exacto, saltó, permitiendo que la Rueda girara bajo sus pies para redirigir el impulso.
—¡GOTCHA!
—murmuró, estirando los brazos.
Ruby cayó en su pecho, el impacto amortiguado por su habilidad.
Rodaron entre hojas y tierra hasta detenerse.
Ruby abrió los ojos, con una mezcla de vértigo y sorpresa.
—Tn… ¿me salvaste?
Él asintió sin palabras, jadeando.
Pero no hubo tiempo para respuestas.
¡CRACK!
Un árbol fue partido por la mitad.
A unos metros de distancia, una criatura colosal emergió de entre la maleza.
Su cuerpo era negro como el carbón, su hocico alargado y espinado, y su espalda cubierta de espinas huesudas.
Tenía forma de un Ursa… pero distorsionado, más grande, más antiguo.
Un Grimm Alfa.
Desde la distancia, Nora gritaba mientras lanzaba granadas con precisión.
—¡REN, MUÉVETE!
Ren y Pyrrha estaban cerca, apenas esquivando los embates de las enormes garras de la bestia.
El suelo temblaba bajo sus pasos.
Pyrrha retrocedía lentamente, cubriendo a Ren, su escudo brillando por el impacto de un zarpazo.
Su mente estaba dividida: por un lado, la amenaza inmediata; por otro… Tn.
¿Está bien?
Entonces lo vio: el destello de su semblanza, la Rueda girando, y a Ruby con él.
Sus labios se apretaron, no por celos esta vez, sino por el alivio de verlo ileso.
Yang apareció junto a ellos, con los puños listos y una sonrisa fiera en el rostro.
—Ohhh sí… eso es lo que quería.
Weiss y Blake también se acercaban, formando un círculo alrededor del Grimm.
Tn se puso de pie con Ruby a su lado.
No dijo nada, pero sus ojos estaban fijos en la criatura.
Es demasiado grande para pelearlo en grupos separados.
Miró a Ruby.
—Reúne a todos.
Lo enfrentaremos juntos.
Ruby asintió, aún un poco aturdida, pero con determinación encendiéndose en su mirada.
La prueba de Beacon había terminado de ser un examen…
y ahora se había convertido en supervivencia.
El grupo se reunió en una formación semicircular, respirando agitados, rodeados por el caos del bosque.
El Grimm Alfa, titánico, rugía con una furia antinatural, sus ojos carmesíes ardiendo con odio.
Pyrrha afiló la mirada, tensando el brazo que sostenía su lanza.
Ruby estaba junto a Tn, aún recuperándose del susto.
—Yo lo distraeré —dijo Tn con voz firme, observando cada músculo del monstruo, cada zancada, cada vibración en la tierra.
La Rueda ya giraba detrás de él, lenta pero cargada de potencial.
—¡No tan rápido!
—interrumpió Yang, cruzando los brazos con una sonrisa desafiante—.
Si vas a recibir golpes, no vas a hacerlo solo.
Yo también puedo soportarlos… y devolverlos con intereses.
Tn asintió, entendiendo que discutir sería inútil.
—Weiss —añadió—.
Tus glifos.
Inmovilízalo cuando veas una abertura.
—Déjamelo a mí —respondió la joven Schnee, invocando un círculo azul brillante bajo sus pies.
—Blake, Nora, Ren —continuó Tn, su tono ahora más firme—.
Denle con todo lo que tengan.
Pyrrha… cobertura de media distancia.
Mantén la presión.
—Entendido —dijo Pyrrha, clavando su mirada en él un segundo más de lo necesario.
El Grimm rugió de nuevo, su boca grotesca abierta, como si se burlara del plan de los jóvenes cazadores.
—¡Ahora!
—gritó Tn.
Yang fue la primera en moverse, sus guanteletes Ember Celica soltando un disparo para impulsarla hacia adelante.
Tn la siguió, la Rueda girando en su espalda como una corona giratoria de luz blanca.
El Grimm los vio venir y levantó su enorme brazo cubierto de espinas.
¡BOOM!
Yang recibió el impacto de lleno, su cuerpo siendo lanzado varios metros hacia atrás.
Rodó por el suelo, y al levantarse, sus ojos ardían en rojo, su cabello ondeando como llamas doradas.
—¡Eso dolió, imbécil!
—gritó, sonriendo con furia.
Tn, sin embargo, no esquivó.
Permitió que el brazo del Grimm descendiera sobre él como una montaña.
En el instante del impacto, la Rueda giró violentamente, envolviendo su cuerpo con una luz tenue.
El suelo se hundió bajo él, pero no fue aplastado.
CRACK.
Una onda resonante se esparció desde el punto de impacto.
La Rueda había absorbido parte del daño… y su semblanza reaccionaba, adaptándose al peso, al golpe, a la fuerza.
Tn se incorporó entre el polvo, con un corte en la frente, pero de pie.
—Mejor —susurró con una sonrisa tranquila—.
Ahora sé cómo resistes.
El Grimm rugió con molestia.
Ruby, Nora y Blake se posicionaron rápidamente en los bordes del claro.
Ruby giró Crescent Rose, Nora cargó su lanzagranadas y Blake afiló su katana mientras preparaba clones con sombra.
—¡FUEGO!
—ordenó Ruby.
¡RATATATATAT!
¡BOOM!
Proyectiles, explosiones, destellos.
Las balas golpeaban el lomo de la bestia, haciendo que se tambaleara.
Algunas rebotaban sin mucho efecto, pero otras lograban hundirse en la piel, provocando chispas de oscuridad y gritos desgarradores.
—¡Weiss!
—gritó Blake.
La Schnee se alzó sobre una plataforma de hielo, extendiendo su brazo.
—¡Ahora te tengo!
Un enorme círculo mágico apareció bajo el Grimm, cadenas de energía brotando y atrapando sus patas traseras.
El monstruo forcejeó, pero sus movimientos se volvieron lentos por un instante.
Y en ese instante… ¡ZAS!
Una lanza dorada voló por el aire.
Pyrrha había lanzado su arma con precisión quirúrgica.
El proyectil giró y se clavó entre las placas óseas del cuello del Grimm.
—¡Tn, Yang!
¡Derríbenlo!
—gritó Pyrrha, manteniendo su escudo firme mientras se preparaba para otro lanzamiento.
Tn asintió.
La Rueda giró de nuevo, ahora más rápido, más intensa.
Sus ojos brillaban con concentración pura.
Yang apareció a su lado, cubriéndose la boca ensangrentada con una mano mientras reía.
—¿Listo para una combinación?
—Sí —respondió él sin dudar.
Ambos se lanzaron.
El Grimm Alfa rugió, su cuerpo temblando bajo la presión.
Las cadenas de Weiss cedían, pero aún lo sostenían.
Las balas seguían lloviendo como una tormenta de acero.
La lanza de Pyrrha, aún incrustada, vibraba por la energía cinética acumulada.
Entonces, justo cuando el Grimm alzó la cabeza para liberar otro rugido…
Tn y Yang impactaron al mismo tiempo, uno desde el frente, el otro desde un ángulo superior.
¡CRAAAAAACK!
El suelo tembló, el aire explotó con la fuerza del golpe.
La Rueda estalló en un giro blanco, y el puño ardiente de Yang se estrelló justo en el costado de la criatura.
El Grimm Alfa cayó con un sonido sordo.
No muerto… pero herido.
Muy herido.
El cuerpo del Grimm Alfa yacía desplomado, pero no muerto.
En un último acto de rabia, sus garras se alzaron con violencia, cruzando el aire en dirección a Yang, que apenas había bajado la guardia tras desactivar su Semblanza.
Su cabello dorado ya no ardía, su respiración era pesada… vulnerable.
—¡Yang!
—gritó Ruby, pero era tarde.
¡CRASH!
Tn se interpuso.
Su cuerpo se deslizó entre la trayectoria del golpe y la joven rubia, sin una palabra, sin pensarlo.
La Rueda giró como nunca antes, girando con una velocidad cegadora.
Un fulgor blanco se derramó sobre su espalda, y el impacto lo cubrió por completo.
El golpe del Grimm lo atravesó como un martillo colosal.
Se escuchó el crujir de huesos, el rechinar del aire desplazado, el quejido metálico de sus botas hundiéndose en la tierra.
¡CRRACK!
Tn resistió.
La Rueda, ahora girando tan rápido que parecía fundirse con la luz misma, emitió un zumbido agudo.
Sus músculos se tensaron de manera antinatural, casi grotesca, adaptándose al impacto.
Pero hubo un precio.
Tn escupió sangre.
El líquido oscuro y espeso manchó su mentón.
Tosió una vez, dos veces, y sus rodillas temblaron.
Su pecho se expandía y contraía con dificultad.
Había recibido el golpe completo… y lo había soportado por ella.
Yang, atónita, lo miró.
—¿Tn…?
¿Por qué…?
Él no respondió.
Solo le dirigió una mirada tranquila, una especie de media sonrisa… como si decir estás bien, eso es lo que importa fuera suficiente.
Pero quien no pudo callar más fue Pyrrha.
Sus ojos se agrandaron.
Por un segundo, todo el ruido del campo de batalla se silenció en su mente.
Las voces, los disparos, el rugido distante del Grimm… desaparecieron.
Solo quedó una frase, en su interior: “Le hizo daño a Tn.” Y entonces, Pyrrha Nikos se movió.
Su semblanza se activó con un estallido sutil de magnetismo.
Su lanza —que aún estaba clavada en el cuello del Grimm— tembló y voló hacia su mano, surcando el aire con violencia.
Sus ojos estaban llenos de una rabia fría, contenida… y profundamente personal.
—Tocaste a la persona equivocada… —murmuró, y se lanzó hacia adelante.
Corrió con una velocidad feroz, sin pensar en estrategia, sin esperar órdenes.
CLANG!
La lanza golpeó el pecho del Grimm, y luego descendió con una furia continua.
Una, dos, tres veces.
Cada estocada era precisa, brutal.
Cada golpe cortaba el aire, la piel del monstruo, el suelo.
¡CRASH!
¡CLANK!
¡THUNK!
La sangre negra del Grimm salpicaba como lluvia espesa, tiñendo la armadura escarlata de Pyrrha, ensuciando su rostro, empapando su cabello rojizo.
No le importaba.
No se detenía.
La criatura rugió, se agitó, intentó resistir.
Pero ya no tenía oportunidad.
Pyrrha estaba más allá de la compasión, más allá de la contención.
No por gloria.
No por victoria.
Por Tn.
Finalmente, con un grito casi animal, Pyrrha clavó su lanza directamente en la frente del Grimm.
El monstruo emitió un último sonido gutural antes de desvanecerse en una nube negra de energía rota.
(Pov Pyrrha misma energía diferentes motivos)  SHHHHH… El silencio regresó.
Pyrrha se quedó quieta.
Su pecho subía y bajaba con fuerza.
La lanza aún en su mano temblaba, y su mirada estaba perdida… fija en el punto donde el Grimm se había desintegrado.
Sus manos sangraban.
Sus mejillas estaban manchadas.
Su rostro no mostraba lágrimas, pero en sus ojos… había algo más peligroso.
Yang no dijo nada.
Ruby, Weiss, Nora y Ren la miraban sin saber cómo acercarse.
Incluso Blake se detuvo a medio paso, dudando.
Tn, a pesar del dolor, la observaba desde el suelo, sentado con una mano en el pecho.
Tosió una vez más… pero sonrió.
Pyrrha, lentamente, giró la cabeza hacia él.
Sus ojos lo encontraron.
Fijos.
Intensos.
Llenos de algo que ni ella misma entendía del todo.
Y sin decir una sola palabra… caminó hacia él.
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