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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 67

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  4. Capítulo 67 - 67 Ruby Rose part 5 rwby
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67: Ruby Rose part 5 (rwby) 67: Ruby Rose part 5 (rwby) La habitación estaba envuelta en una penumbra cálida, apenas iluminada por la luz de la luna que se colaba tímidamente entre las cortinas.

El mundo exterior, con sus juicios y rechazos, había dejado de existir por unos instantes.

Solo quedaban ellos dos: Tn y Ruby, compartiendo el mismo espacio, el mismo silencio, la misma intimidad contenida.

Tn estaba acostado de lado, sintiendo el calor de Ruby pegado a su espalda, su brazo pequeño rodeando su torso con la suavidad de una promesa silenciosa.

Aún podía oler el perfume que ella había puesto en la bufanda, ahora mezclado con su aroma natural, uno que le resultaba reconfortante y perturbador al mismo tiempo.

Su corazón latía con fuerza.

No de miedo, sino de algo más…

más salvaje, más antiguo.

Ruby había cerrado los ojos, sus palabras aún flotaban en la atmósfera, dulces, suaves como una caricia: —Buenas noches, Tn…

Él deseaba poder verla, ver cómo se curvaban sus labios cuando sonreía, cómo brillaban sus ojos cuando hablaba.

Pero no podía.

Su mundo estaba cubierto por sombras, y lo único que tenía para aferrarse a esa luz era su voz, su olor, su contacto.

Las manos de Ruby aún descansaban sobre su pecho, y una de ellas subía lentamente para acariciar de nuevo una de sus orejas de lobo.

Eso lo descolocaba por completo.

Cada roce enviaba un escalofrío eléctrico por su columna, un estremecimiento incontrolable.

Era un punto vulnerable.

Demasiado.

Tn apretó los dientes, luchando por no moverse, por no gruñir.

Sus instintos le hablaban, le gritaban en la oscuridad.

Decían“Está aquí.

Está cerca.

Es tuya.

Tu caperucita.” Pero no era suya.

No podía serlo.

No debía serlo.

Apretó los dedos contra las sábanas, tratando de estabilizar su respiración.

Ruby, ajena al torbellino que hervía en su pecho, se acurrucó más contra él, murmurando algo entre sueños.

Algo que él no alcanzó a entender…

pero su tono era dulce.

Tn tragó saliva con dificultad.

Estaba…

feliz.

Pero también asustado de sí mismo.

Porque por primera vez en mucho tiempo, quería algo.

Algo que no podía tener sin romperlo.

Ruby era la única que se había quedado.

La única que lo había abrazado.

La única que había visto más allá de las orejas, de su ceguera, de sus dientes…Y él no quería perderla.

Aun así, su cuerpo temblaba, no de frío, sino de contención.

Y cuando ella se movió en sueños y su mano rozó su mandíbula, Tn apenas pudo contener un leve y profundo gruñido…

uno que Ruby, dormida, confundió con un ronquido animal.

Sonrió en sueños, y murmuró—Lobo tonto…

Y Tn, por dentro, sintió que algo se partía.

No sabía si era dolor.

O algo parecido a amor.

Pero siguió inmóvil.

Escuchando su respiración.

Contando los segundos.

Intentando no dejarse llevar por el lobo dentro de él.

El amanecer se filtraba con suavidad por la ventana.

La tenue luz plateada acariciaba los bordes de la habitación, como si el día no quisiera interrumpir el delicado momento que compartían.

Tn fue el primero en abrir los ojos —o al menos intentarlo, aunque el mundo seguía siendo oscuridad para él—.

Aun así, sentía el calor junto a su cuerpo, el leve murmullo del aliento de Ruby, que dormía aún abrazada a él.

Por unos minutos, no se movió.

No dijo nada.

Solo escuchó su respiración tranquila y el crujido leve de las sábanas cuando ella se acomodaba en sueños.

Una parte de él deseaba que ese instante se repitiera eternamente.

Otra…

temía que fuera efímero, que desapareciera en cuanto ella despertara y recordara lo que era él.

Pero cuando Ruby empezó a moverse y se desperezó con un pequeño bostezo adorable, Tn murmuró en voz baja, con cierta vacilación en su tono—¿Aún…

quieres quedarte?

Ruby lo miró, aún algo adormilada, pero al escuchar sus palabras, una sonrisa cálida apareció en su rostro, y su rubor creció, tiñendo sus mejillas con un leve rosa que contrastaba con la palidez de la mañana.

—Siempre estaré para ti, Tn —susurró, con una dulzura sincera.

Tn no supo cómo responder.

Solo asintió levemente y guardó esas palabras como un tesoro, temiendo que si las pronunciaba otra vez, se desvanecerían.

Ruby se levantó con cuidado, arreglándose un poco la capa y peinando sus mechones con los dedos.

Al mirarlo una última vez antes de irse, le dedicó otra sonrisa, como una promesa silenciosa.

Entonces salió de la habitación, cerrando la puerta con suavidad.

Sin embargo, la tranquilidad de la madrugada no la acompañó por mucho tiempo.

Cuando llegó al pasillo y se acercó a la puerta de su cuarto, se detuvo abruptamente.

Allí, de pie como una estatua, estaba Yang Xiao Long.

Su hermana.

Sus ojos estaban rojos.

Sus brazos cruzados, cejas fruncidas.

—R-u-b-y.

La voz de Yang no era dura, pero tenía ese tono helado que sólo usaba cuando sospechaba algo serio.

Ruby se detuvo como una niña atrapada con dulces antes de la cena.

—Ah, Yang…

buenos días —intentó decir con una sonrisa inocente, pero su rubor persistente y su tono algo nervioso la delataban.

—¿Dónde estabas anoche?

—Yo…

uh…

estaba…

—Ruby empezó a responder, pero Yang no esperó.

Con un giro rápido, Yang la atrapó en una llave de lucha, sujetándola desde atrás con una técnica precisa y sorprendentemente cariñosa…

pero dominante.

Ruby chilló con una mezcla de sorpresa y molestia.

—¡Yang!

¡Eso no es justo!

—¿Estuviste con él?

—preguntó Yang, con una ceja arqueada—.

¿Con Tn?

—¡Solo dormimos!

—exclamó Ruby, agitando las piernas mientras intentaba soltarse—.

¡Y no es mi novio!

—¿Estás segura?

—Yang apretó un poco más la llave, pero sin hacerle daño—.

Porque tu carita color tomate dice otra cosa…

—¡Ughhh, Yang!

¡Déjame!

¡Era solo para que no se sintiera solo!

¡Estaba triste!

—¿Y tú lo consolaste durmiendo con él?

—Yang le susurró cerca del oído—.

¿Nada de caricias nocturnas?

¿Nada de besitos?

—¡No hicimos nada raro!

—Ruby gritó, completamente roja, su voz llena de vergüenza y frustración—.

¡Te lo juro!

Yang, por fin, la soltó, dejándola respirar.

Ruby cayó sobre sus pies, cruzando los brazos con el ceño fruncido.

—¿Y por qué tanto alboroto?

¿No confías en mí?

—Confío en ti, rubbs…

—Yang suspiró—.

Pero no confío en ese chico lobo.

Aun si no ve, tiene instintos…

y tú eres demasiado buena.

Podría aprovecharse de ti.

Ruby frunció los labios, herida por la sospecha.

—Tn no haría eso.

Él…

me necesita.

Eso es todo.

Yang observó a su hermana menor por unos segundos.

Algo en su mirada cambió, de acusación a preocupación.

Pero no dijo nada más.

No todavía.

Ruby entró en su habitación cerrando la puerta con fuerza…

pero su corazón latía rápido.

No por la llave de Yang.

Sino por Tn.Y por cómo había sentido sus brazos en la madrugada.

(Habitacion de Tn) En el silencio tenue de su habitación, Tn se sentó en el borde de la cama.

Aún quedaban trazos del calor que Ruby había dejado tras su partida.

Pero ya no estaba.

Solo quedaba el recuerdo.

Y la bufanda.

Sus dedos recorrieron la tela con una suavidad que no solía permitirse.

Aquel trozo de tela carmesí era lo único suyo que podía tocar y decir que era un regalo, un símbolo de alguien más.

De alguien que se había quedado con él.

Estaba sucia, desgarrada en los bordes por la pelea, con marcas oscuras de tierra y pisadas.

Apretó los ojos, respiró hondo, y concentró su energía.

El aura de Tn comenzó a fluir, como hilos invisibles que se conectaban con la fibra del tejido.

No era una Semblanza llamativa, no un estallido de luz o un poder que podía usar en batalla.

Era algo más discreto, algo íntimo.

Reparación.

Restauración.

Recuerdo.

Con cada latido de concentración, la bufanda empezó a remendarse.

Los hilos regresaban a su lugar.

Las manchas se desvanecían.

Como si el tiempo mismo diera un paso atrás.

Como si esa prenda no hubiera sido testigo del caos de la noche anterior.

Y cuando terminó, la llevó a su cuello con reverencia.

Se la ajustó con cuidado, como si temiera romperla de nuevo.

El aroma de Ruby, aunque débil, todavía permanecía en la tela, y su pecho se apretó con una emoción que no sabía nombrar.

No tenía tiempo para más.

Recordó el castigo.

La detención.

Tn salió de su habitación sin hacer ruido.

Su caminar era recto, medido.

No porque estuviera tranquilo, sino porque cada paso estaba sostenido por el esfuerzo de no pensar en lo que vendría.

El salón de detención estaba frío, silencioso, con los cristales de las ventanas empañados por la humedad matutina.

Glynda Goodwitch ya lo esperaba allí.

De pie, con su carpeta bajo el brazo y su expresión firme, como una estatua de hielo con ojos de halcón.

—Llegas puntual.

Bien —dijo, sin rastro de emoción.

Tn asintió.

No había nada que decir.

Glynda se giró hacia él, su mirada bajando unos segundos hacia la bufanda reparada.

No dijo nada al respecto.

Siguió con voz clara: —Estarás aquí por unas semanas.

Cada día después de clases.

Hasta que yo diga lo contrario.

Tn bajó la cabeza en aceptación.

Sabía que no había posibilidad de negociar.

—En cuanto a los otros involucrados —continuó Glynda, como si leyera de una sentencia ya escrita—, Jaune Arc y Cardin Winchester ya fueron dados de alta de la enfermería.

No recibirán sanciones.

Las palabras resonaron como un golpe seco.

Tn no reaccionó de inmediato.

Pero algo en su mandíbula se tensó.

Un leve crujido de sus nudillos reveló que había apretado los puños.

No gritó.

No protestó.

No hizo escándalo.

Solo guardó silencio.

Pero dentro de él, algo se estaba acumulando.

No rabia.

No enojo.

Algo más, más contenido.

Una marea de resentimiento silencioso.

La justicia no era para alguien como él.

No con colmillos.

No con orejas de lobo.

No con sombra en el corazón.

Glynda, por su parte, no pareció notar nada.

O quizás sí, pero decidió ignorarlo.

—Puedes sentarte.

El castigo comienza ahora.

Y así, Tn caminó hasta una de las mesas, se sentó, y dejó que el tiempo pasara sobre él, como lluvia que no podía tocarlo, pero que igual lo calaba por dentro.

El tiempo en detención pasaba como agua estancada.

Lento, espeso.

A veces, parecía que el reloj retrocedía solo para burlarse de él.

Tn no hablaba.

No se quejaba.

Solo cumplía.

Y cuando finalmente Glynda le permitió irse por el día, no perdió el tiempo.

Caminó directo hacia su refugio, un claro apartado entre árboles delgados que temblaban con la brisa.

Era un rincón escondido del campo de la academia, donde los sonidos de los estudiantes se volvían ecos lejanos.

Allí, el mundo era solo suyo… o casi.

Ruby ya lo estaba esperando.

Sentada en una roca grande cubierta de musgo, movía las piernas en el aire mientras tarareaba algo apenas audible.

Al verlo llegar, su rostro se iluminó con una sonrisa discreta, pero cálida.

No dijeron nada al principio.

No hacía falta.

Tn se sentó junto a ella, el cuerpo aún cargado por la tensión de las horas de encierro, pero el alma se aligeraba poco a poco.

El aire era más respirable con Ruby cerca.

Sacó de su mochila un pequeño envoltorio de tela con comida que había logrado guardar del comedor.

Nada elegante: algo de pan, trozos de fruta, galletas secas.

Ruby, sin pedir permiso, tomó una de las galletas y la mordió con entusiasmo.

—Siempre traes cosas más ricas que en la cafetería —comentó entre risas suaves.

Tn solo la miró con una leve inclinación de cabeza.

No estaba seguro de si era cierto o si ella solo quería estar con él.

Pero la idea lo mantenía tranquilo.

A veces hablaban.

Ruby, con su voz suave, preguntaba por su arma.

Le fascinaba la complejidad de las partes, cómo la había construido, qué significaba para él.

Tn respondía en frases cortas.

Ver a Ruby (o la definicion de ver) observar su arma con ojos brillantes le provocaba una calidez que nunca había sentido con nadie más.

—¿Tiene nombre?

—preguntó ella un día, mientras deslizaba sus dedos sobre el mango.

Tn dudó, luego asintió.

—”Vor Hund.” Significa “perro guardián”.

Ruby lo miró, curiosa.

—¿Porque protege?

Tn apartó la mirada, sus orejas moviéndose con un leve temblor.

—Porque es lo único que me queda para defender algo que vale la pena.

Ruby no dijo nada, pero su sonrisa se suavizó.

Y así pasaban los días.

Silencios compartidos.

Comida entre risas.

Charla sobre armas y batallas.

Un refugio que no era solo un rincón del campo, sino una grieta en la rutina del castigo, una brecha donde podía respirar.

Tn se aferraba a esos momentos con uñas y dientes.

Porque aunque su interior gritaba, aunque sus instintos se agitaban como una bestia encadenada, contenerse valía la pena.

Valía cada segundo.

Si Ruby estaba allí……él también quería estarlo.

(Perspectiva de Tn) El atardecer teñía los árboles con tonos rojos y dorados, como si el bosque ardiera en silencio.

Las hojas caían lentamente, una tras otra, como la espera que se alargaba.

Tn salió de su castigo, como siempre.

Caminó con paso firme, casi mecánico.

Pero dentro, algo lo mantenía en equilibrio: la certeza de que Ruby estaría allí.

Esperándolo.

Sentada en su roca, moviendo las piernas, sonriendo.

Solo que… esta vez, no lo estaba.

El claro estaba vacío.

Tn se detuvo, parpadeando.

Miró a su alrededor.

Dio un par de pasos más.

Olfateó el aire, como por instinto.

No sentía su aroma.

Ni su calor.

Ni su energía.

Nada.

Su corazón, usualmente callado, retumbó como un tambor en su pecho.

Sus manos comenzaron a temblar.

Dio una vuelta completa, mirando entre los árboles, detrás de los arbustos, incluso bajo la roca.

—Ruby… —murmuró.

Su voz, rota.

Esperó.

Minutos.

Luego horas.

Pero no vino.

Al día siguiente, Ruby no apareció en clase.

Tampoco en su habitación.

Weiss no sabía nada.

Blake y Yang parecían desconcertadas.

Ninguna sabía siquiera que Ruby solía salir sola por las tardes.

Tn se quedó de pie frente al casillero de Ruby por largos minutos.

En su cabeza, el silencio rugía.

Una marea negra comenzaba a crecer.

Y entonces, al final de ese día, Jaune se le acercó.

Sus pasos torpes.

Sus ojos evitaban los de Tn.

Dijo algo sobre Ruby.

Algo sobre que quizás se fue sola.

Algo incoherente.

Algo… forzado.

Tn no necesitó más.

Su cuerpo no reaccionó con furia, como lo haría un humano.

No gritó, no golpeó, no corrió.

En cambio, la bestia dentro de él se removió con violencia.

Su respiración se volvió áspera.

Su visión, borrosa.

Su sangre, hirviente.

La falta de Ruby no era una ausencia cualquiera.

Era una amputación emocional.

La única persona que lo veía.

La única que lo tocaba.

La única que lo hacía sentir que era más que un animal con colmillos.

Desaparecida.

Secuestrada.

Oculta.

El mundo dejó de importar.

Las paredes de Beacon, los pasillos, los profesores, los otros alumnos… todo era ruido.

Y entonces, la voz dentro de su cabeza —esa que siempre había estado en silencio— habló por fin: “La tomaron.

Porque eres débil.” “Porque te contuviste.” “Porque no los devoraste cuando pudiste.” Tn cayó de rodillas en su habitación esa noche.

Apretando su bufanda.

Aspirando lo poco que quedaba del aroma de Ruby en ella.

Su mente colapsaba en oleadas.

Imágenes lo asaltaban.

Ruby, amordazada.

Ruby, llorando.

Ruby, preguntando por él.

Ruby, lastimada.

Sus colmillos emergieron sin que los llamara.

Las garras se formaron.

Y la promesa que se hizo en ese instante, no fue una que Beacon pudiera tolerar.

“Los encontraré.

Aunque tenga que oler cada piedra de esta escuela maldita.” “Y cuando lo haga…” “Seré el lobo.” (Perspectiva de Ruby) El sol ya caía, pintando el cielo de un rojo cálido que le recordaba a su capa.

Ruby se sentó como cada tarde en el campo, justo en el lugar que se había convertido en su pequeño refugio… su lugar con Tn.

Le gustaba llegar antes que él.

Sentirse como una constante.

Como algo firme a lo que él pudiera aferrarse.

Se abrazó las piernas, apoyó su barbilla sobre sus rodillas y sonrió levemente.

Tn estará aquí pronto… seguro que Glynda fue más dura hoy… pero vendrá.

Siempre viene.

El viento movía su cabello.

El silencio le parecía tranquilo.

Acogedor.

Hasta que algo crujió.

Un paso.

Ruby levantó la cabeza, esperanzada.

Pero el aire no traía el olor que conocía.

No era ese aroma tenue y salvaje que solo él tenía.

Y antes de que pudiera reaccionar, una sombra la cubrió.

—¿Eh?

¿Quién…?

—alcanzó a decir.

Un golpe seco en la nuca.

Dolor.

Y el mundo se tornó borroso.

Ruby cayó al suelo, su cuerpo rendido, apenas consciente.

Las voces flotaban como ecos lejanos.

Sentía que la arrastraban.

Manos frías sujetando sus muñecas.

Un zumbido constante en los oídos.

—No la lastimes más de lo debido, Cardin, es necesario… —dijo una voz.

¿Era Jaune?

—¡Lo se!

Solo quédate ahí y dile al lobo que su perrita desapareció —escupió el otro.

Ruby quiso gritar, pero sus labios apenas se movían.

La cuerda apretaba sus muñecas.

El miedo comenzó a instalarse.

No por ella… no solo por ella.

¿Qué harán con Tn?

¿Cómo reaccionará?

Él no soportaria este tipo de cosas.

No ahora… no cuando recién empezaba a confiar.

Estaba aturdida, pero algo dentro de ella ardía:preocupación.

No por su situación, sino por cómo esto afectaría a Tn.

¿Y si cree que lo abandoné?

¿Y si… y si piensa que lo traicioné?

El movimiento cesó.

Fue arrojada en una sala oscura.

Una antigua aula, quizás, olvidada y sellada.

La puerta se cerró con un clic metálico.

Y entonces el silencio.

Ruby se removió.

Apenas.

El roce de la cuerda con su piel dolía.

El calor del atardecer ya no la alcanzaba.

Solo quedaba el frío de la piedra.

Miró a la nada.

Respiró hondo.

El corazón, como un tambor.

Y en un susurro, apenas audible, dijo—Tn… por favor… no pierdas el control.

Porque ella sabía lo que él era.

Sabía lo que podía hacer.

Y sabía que si se soltaba la bestia, Beacon no sobreviviría para lamentarlo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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