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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 68

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  4. Capítulo 68 - 68 Pyrrha nikos part 4 Rwby
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68: Pyrrha nikos part 4 (Rwby) 68: Pyrrha nikos part 4 (Rwby) Aún cubierta de sangre negra, con mechones de su cabello pegados al rostro y el pecho agitado por la rabia y el cansancio, Pyrrha se acercó con paso firme hacia Tn, que yacía en el suelo, respirando con dificultad tras recibir el ataque brutal del Grimm.

Sin esperar ayuda, lo levantó con sus propios brazos.

Sus manos manchadas dejaron marcas oscuras en el vendaje improvisado del chico.

No le importó.

No pensó en lo que los demás estudiantes dirían al verla así.

Solo había una cosa en su mente: Tn se puso en peligro.

Por otra.

Yang.

Esa rubia malnacida con pechos gigantes y sonrisa de zorra.

Pyrrha apretó la mandíbula mientras sujetaba el cuerpo de Tn con delicadeza.

La furia bullía por dentro de su pecho, golpeando como tambores de guerra.

Caminaron en silencio hasta la meta, donde Glynda esperaba.

Nadie comentó nada sobre la sangre en Pyrrha.

Nadie dijo nada sobre lo que acababa de pasar.El equipo médico se acercó rápidamente.

Glynda, con su tono firme, ordenó—Tn y Pyrrha, directo a la enfermería.

Ahora.

Pyrrha no soltó a Tn hasta que se lo pidieron.

Incluso entonces, lo colocó con suavidad sobre la camilla como si fuese algo precioso… frágil.

Demasiado valioso para dejarlo solo entre los demás.

Ya en la enfermería, mientras los médicos limpiaban las heridas del chico y lo estabilizaban, Pyrrha se mantuvo de pie.

No quiso que la atendieran.

Las manchas negras del Grimm seguían en sus piernas, brazos y parte del rostro, como si la misma oscuridad que mató la estuviera envolviendo.

Cuando por fin estuvieron a solas, y Tn dormía, exhausto, Pyrrha se sentó a su lado.

Lo observó con intensidad, pero sus ojos no eran cálidos.

No esta vez.

El ambiente de la enfermería era casi sepulcral.

La habitación blanca, estéril, iluminada por una luz suave que intentaba transmitir tranquilidad… no lograba calmar el corazón agitado de Pyrrha.

Tn yacía sobre una camilla, su torso vendado con firmeza.

Su respiración era estable pero pesada.

A pesar del esfuerzo físico descomunal que había hecho, de soportar un ataque directo del Grimm más grande que se había visto en esa prueba, no se quejaba.

Solo dormía.

Su semblante relajado contrastaba con lo que había soportado… por otra persona.

Pyrrha se sentaba en silencio a su lado, aún con parte de la sangre del Grimm manchando su armadura y piel.

No se había molestado en limpiarla del todo.

No quería.

Sentía que merecía mantener esa suciedad como una cicatriz visible.

Una prueba.

Sus manos, sin embargo, no dejaban de temblar.

Observó su palma.

El recuerdo del agarre firme de su lanza, el crujir del hueso del Grimm, el contacto entre la hoja y la carne de la criatura… Todo estaba grabado en sus dedos.

Pero no era eso lo que la hacía temblar.

Era la imagen.

La escena.

Tn… frente a Yang.

Protegiéndola.

Recibiendo ese golpe monstruoso… por ella.

Por esa mujer.

Pyrrha apretó los puños.

Sus nudillos palidecieron.

—Tn… —susurró, con la voz apenas perceptible, casi rota— ¿por qué?

La habitación estaba en silencio.

Esa rubia… esa descarada ruidosa… Pyrrha tragó saliva, el sabor metálico de su propia furia en su lengua.

¿Quién se cree que es?

¿Coquetear con él en medio de una misión?

¿Hablarle así, rozarle el brazo, reírse cerca de él, y luego… permitir que él se sacrifique por ella?

Sus ojos se llenaron de un brillo apagado.

No de lágrimas.

No de compasión.

De fuego.

Frío y cruel.

Observó a Tn de nuevo, acostado, vulnerable.

Su semblanza no se activaba, su cuerpo estaba demasiado agotado.

Era la primera vez que lo veía así: quebrado, humano… y tan cercano.

Su mano se alzó, casi por instinto.

Rozó su mejilla con las yemas de los dedos, limpiando suavemente un poco del sudor que nacía en su frente.

—Yo estuve ahí… —susurró—.

Fui yo quien te protegió después.

No ella.

Yo te traje de vuelta.

Yo… sangré por ti.

Tn no respondió, solo respiró más profundo.

Pyrrha se inclinó un poco más sobre él.

Su rostro a escasos centímetros.

Su cabello rojo cayendo a los lados de la camilla como una cortina de fuego.

—No importa lo que esa… rubia… quiera.

No importa cuántas veces intente acercarse.

Tú eres mío, Tn.

Mío.

El temblor en sus dedos cesó, reemplazado por una firmeza escalofriante.

El mundo puede reírse.

Puede jugar.

Pero no le quitarán lo único que siente suyo.

La puerta de la enfermería se abrió lentamente, una enfermera entró para revisar algunos archivos.

Pyrrha se separó con elegancia y disimulo, tomando asiento sin perder su compostura.

Sus ojos nunca dejaron de vigilar a Tn.

Mientras la enfermera murmuraba algo y revisaba una bandeja de medicamentos, Pyrrha solo pensaba una cosa, repetida como un mantra: Yang es un problema.

Y cuando Pyrrha Nikos consideraba que algo era un problema… no tardaba en actuar.

Las horas pasaron lentamente en la enfermería.

El silencio solo era roto por el sonido rítmico del monitor al que Tn estaba conectado.

Pyrrha, luego de permanecer casi inmóvil al lado de la cama todo ese tiempo, se vio obligada a levantarse por insistencia de una enfermera para ducharse y cambiarse de ropa.

Su cuerpo aún estaba manchado con la sangre negra del Grimm, seca y adherida a su piel, y el hedor era insoportable incluso para ella.

A regañadientes, se apartó de Tn.

Entró al baño de la enfermería con pasos lentos, como si cualquier distancia entre ella y Tn fuera una traición.

El agua caliente corrió por su cuerpo, lavando la suciedad, pero no su rabia.

En su mente, aún veía el momento en que Tn se había interpuesto para proteger a esa maldita rubia… esa idiota que solo sabía gritar y lanzar puñetazos sin pensar.

¿Quién se creía para poner en peligro a Tn?

“Zorra musculosa, cabeza hueca…

ni siquiera sabe controlar su poder”, pensaba Pyrrha mientras apretaba los puños bajo el agua, las uñas clavándose en las palmas de sus manos.

Mientras tanto, en la habitación, la puerta se abrió con suavidad.

Ruby asomó la cabeza con timidez, sus ojos centelleando al ver a Tn aún dormido, aunque con algo más de color en su rostro.

Entró en silencio, acercándose con cuidado y sentándose junto a él.

—Oye… Tn —dijo en voz baja, sonriendo—.

Gracias por ayudar a Yang… Y por todo.

Eres un buen amigo.

Me alegra que estés bien.

Tn no respondió; su semblante relajado parecía indicar que aún descansaba, aunque quizás consciente a medias.

Ruby entrelazó sus dedos sobre su regazo, mirando el vendaje en el torso de él.

—Nunca había visto a alguien moverse como tú.

Eres… increíble.

Pero no vuelvas a hacer eso, ¿sí?

No vuelvas a arriesgarte así…

En ese instante, la puerta del baño se abrió y la atmósfera cambió.

El sonido de pasos descalzos contra el suelo estéril llamó la atención de Ruby.

Cuando alzó la vista, se encontró con la figura de Pyrrha saliendo del vapor.

Su cabello, aún mojado, caía sobre sus hombros.

Su rostro estaba en sombras, pero sus ojos verdes brillaban con una intensidad helada.

Estaba envuelta en una bata blanca, pero su postura era tensa, cargada de un enojo contenido.

—¿Qué haces aquí?

—preguntó Pyrrha con una voz tan fría que hizo que Ruby se tensara de inmediato.

—¡A-ah!

Yo solo… solo vine a ver cómo estaba Tn… Nada más, lo prometo —respondió Ruby rápidamente, poniéndose de pie.

Su sonrisa se desvaneció ante la mirada asesina de la pelirroja.

—¿Y acaso no sabes que necesita descansar?

—insistió Pyrrha, su voz baja, casi siseando.

Ruby tragó saliva.

Dio un paso atrás, nerviosa, buscando cualquier excusa para salir.

—S-sí, sí… tienes razón.

Es solo que… Ozpin dijo que pronto dará los nombres de los equipos… así que… yo solo… quería avisar.

Antes de que Pyrrha pudiera decir algo más, Ruby desapareció en un destello rojo, usando su semblanza para escapar de la tensión asfixiante.

Pyrrha se quedó allí, inmóvil por unos segundos, mirando el lugar donde Ruby había estado.

Luego sus ojos regresaron a Tn.

Se acercó con pasos suaves, sentándose nuevamente a su lado.

El cabello mojado goteaba sobre el suelo, pero no le importaba.

Su mano temblorosa acarició con cuidado la frente de Tn.

—Nadie más… —murmuró en voz baja, con una sonrisa frágil en los labios—.

Nadie más se acercará a ti así.

Ni Yang, ni Ruby, ni nadie.

Su voz fue un susurro, pero en su corazón, era una promesa.

Una advertencia.

Una amenaza.

Y nadie lo sabría.

Aún no.

El agua aún resbalaba por el cabello rojizo de Pyrrha mientras se vestía con una ropa más cómoda: una blusa oscura de manga larga que cubría hasta su cuello, y unos pantalones sencillos.

El uniforme de combate ya no era necesario por ahora… y, sinceramente, quería estar cerca de Tn sin parecer una guerrera cubierta de sangre.

No frente a él.

Volvió a la habitación con pasos suaves, justo a tiempo para escuchar un suave bostezo.

Tn despertaba.

Sus ojos se entreabrieron, y su cuerpo se movió con lentitud.

El dolor aún recorría sus músculos, recordándole cada impacto recibido.

Pero no parecía alarmado.

Se sentó con un poco de esfuerzo, y con una sonrisa tranquila, alzó su mano.

En silencio, la Rueda giró sobre su cabeza.

El brillo ancestral iluminó suavemente la sala, y un susurro apenas perceptible resonó cuando su Semblanza empezó a actuar.

Los tejidos se regeneraban con rapidez, los huesos se ajustaban, los músculos se reforzaban.

Cada rotación parecía leer el daño y tejer su cura con hilos invisibles.

Cuando la luz desapareció, Tn exhaló con alivio.

Ya no dolía tanto.

—Mnh… eso fue peor que la vez con el Ursa… —dijo con humor, frotándose el cuello.

Y entonces sintió el abrazo.

Firme.

Cálido.

Casi desesperado.

—Pyrrha… Ella no dijo nada al principio.

Su rostro estaba hundido en el hombro de Tn, sus brazos envolviéndolo con fuerza, como si temiera que desapareciera.

—Eres un tonto… —murmuró—.

¿Quién se lanza frente a un Grimm gigante así… sin pensar…?

¿Por ella…?

La última palabra casi no se oyó, pero estaba allí, amarga en su lengua.

Tn rió un poco, alzando una mano para acariciarle la espalda con calma.

—Estoy bien.

De verdad… No quería que nadie saliera herido, eso es todo.

Pero tendré más cuidado.

Lo prometo.

Pyrrha cerró los ojos, exhalando contra su cuello.

Sus dedos no lo soltaban.

—Lo juras… —susurró, apenas audible.

—Lo juro —respondió él, sin saber lo profundo que significaba eso para ella.

Tras unos minutos así, Pyrrha se separó lentamente.

Su expresión había vuelto a la calma, aunque sus ojos seguían clavados en los de Tn, con una intensidad que decía más de lo que quería mostrar.

—Tenemos que irnos.

Ozpin va a formar los equipos.

Los demás estudiantes ya se están reuniendo.

Tn asintió, poniéndose de pie con cuidado.

Sus pasos eran más firmes ahora, y Pyrrha lo observó con atención, como si midiera cada movimiento por si necesitaba sostenerlo de nuevo.

Caminaron juntos por los pasillos del edificio, aún silencioso en ciertas partes.

El atardecer teñía las ventanas con tonos dorados, y el murmullo de voces se hacía más fuerte a medida que se acercaban a la gran sala donde todos los nuevos estudiantes estaban reunidos.

Al entrar, los ojos se volvieron hacia ellos.

Weiss fue la primera en reaccionar, alzando una ceja y cruzándose de brazos.

—Por fin se dignan a aparecer.

Pensé que los habían puesto en cuarentena.

—¡Tn!

—exclamó Ruby, sonriendo ampliamente—.

Me alegra verte bien.

¡De verdad!

Blake asintió con un gesto leve, siempre reservada, pero se notaba la aprobación en sus ojos dorados.

Yang, en cambio, alzó la mano con una sonrisa algo tensa.

—Tienes agallas, Tn.

No muchos podrían soportar un golpe así… Y-yo… gracias, por protegerme.

Tn solo asintió, sin cargar emociones en la mirada.

El momento ya había pasado, y él no buscaba gratitud.

Nora, por su parte, dio un salto pequeño, emocionada como siempre.

—¡Yay!

¡El chico extraño pero genial está vivo!

¡Podemos hacer explosiones juntos luego!

Ren solo asintió con cortesía, aunque su atención se desvió sutilmente a Pyrrha, notando la forma en que no se despegaba de Tn.

Sus ojos se entrecerraron un poco.

El ambiente se llenó de murmullos cuando la figura del profesor Ozpin apareció al fondo, junto a Glynda, sosteniendo una tableta con una expresión severa.

La tensión subió.

Todos sabían lo que venía.

La formación de los equipos.

Pero mientras todos se preparaban, Tn sintió algo más: el calor de la mano de Pyrrha tomando la suya con suavidad pero firmeza, entrelazando los dedos.

Ella no miraba al frente.

Solo a él.

Como si ya supiera a qué equipo pertenecía.

Como si ya hubiera hecho su elección.

Y nadie iba a quitárselo.

La sala se sumió en un silencio expectante cuando Ozpin se paró en el centro.

Alto, sereno, con su taza de café en mano, parecía ajeno a las emociones que se arremolinaban a su alrededor.

Glynda estaba a su lado, con la tableta en mano, leyendo los datos, pero sería Ozpin quien hablaría.

—A continuación —dijo con voz calmada pero firme—, comenzaré a anunciar la formación oficial de los equipos que trabajarán juntos durante los próximos cuatro años en Beacon.

Un leve murmullo recorrió el lugar.

Uno por uno, los equipos fueron siendo llamados.

Algunos nombres causaban reacciones alegres, otros, gestos de resignación.

Algunos estudiantes se abrazaban, otros simplemente asentían con respeto.

Y entonces… —Equipo TWBY —anunció Ozpin—.

Líder: Tn.

Tn alzó la vista con una ligera sorpresa.

¿Líder?

—Conformado por Yang Xiao Long, Weiss Schnee, y Blake Belladonna.

Un momento de silencio.

—¿Qué?

—exclamó Weiss, con una mezcla de emoción y alivio—.

¡Eso es excelente!

¡Alguien competente!

Pensé que me tocaría con alguien impulsivo o… emocionalmente tonto.

¡Pero esto está bien!

Esto está perfectamente aceptable.

Yang se estiró los brazos con una sonrisa.

—No está mal.

Vamos a patear traseros.

Blake asintió sin decir nada, como era habitual.

Pero su mirada fue hacia Tn, como evaluando al nuevo capitán que había salvado vidas unas horas antes.

Pyrrha, desde el otro lado de la sala, no dijo nada.

Ni una palabra.

Ni un solo gesto.

Pero sus ojos… sus ojos estaban clavados en Ozpin con una rigidez enfermiza.

Sus labios estaban apretados.

Y su corazón… su corazón se encogía con cada palabra.

No con él.

No estaría con él.

Y él estaría… con ella.

Con la rubia.

Con Yang.

Ozpin, ajeno al volcán silencioso que crecía en la esquina, continuó—Siguiente equipo: RNPR.

Líder: Ruby Rose.

Ruby se encogió un poco.

Sus ojos se desviaron hacia su hermana.

No se veían felices.

No esta vez.

—Compañeros: Nora Valkyrie, Pyrrha Nikos, Lie Ren.

Pyrrha no reaccionó.

Ruby apenas esbozó una sonrisa débil.

—No… no estaré con Yang… —murmuró Ruby, decepcionada.

Pero eso no era nada comparado con lo que sentía Pyrrha.

No estoy con Tn.

La frase se repetía en su mente como un eco infernal.

Una y otra vez.

Insistente.

Lacerante.

Destructiva.

Él estará con tres mujeres.

Con Weiss, que ya sonríe.

Con Blake, que no muestra emoción pero es misteriosa… peligrosa.

Y con Yang.

La rubia.

La zorra.

Pechos grandes.

Sonrisita fácil.

¿Se lanzaría de nuevo por ella si la situación se repitiera?

El pensamiento cayó como un puñal.

¿Qué pasará cuando ella le sonría de nuevo?

Cuando lo abrace… cuando se muevan en combate juntos.

Cuando confíen el uno en el otro.

Cuando él… se acerque a ellas como me prometió que no haría.

Podía sentirlo.

Un leve temblor en el ojo izquierdo.

Un tictac invisible en su sien.

Como si algo dentro de ella se resquebrajara, como una cuerda tensa que amenazaba con romperse.

Y aún así, por fuera… no dijo nada.

Quietud perfecta.

Postura recta.

Rostro serio.

Pero su mirada se había vuelto vacía.

Y donde antes había concentración… …ahora solo había ira.

Una que aún no sabía dónde soltar.

Pero no se iría.

Una vez que los equipos fueron oficialmente establecidos, los estudiantes de primer año comenzaron a instalarse en las habitaciones asignadas dentro del edificio de dormitorios de Beacon.

El sol comenzaba a ocultarse lentamente, tiñendo los ventanales de tonos cálidos mientras la emoción, la frustración y el nerviosismo se mezclaban entre los recién formados equipos.

En la habitación del equipo—Ruby, Pyrrha, Nora y Ren—, la atmósfera era un reflejo de sus integrantes.

Ruby, con su energía habitual, desempacaba emocionada sus cosas, organizando armas, herramientas de limpieza para Crescent Rose, y hasta peluches en una esquina de su litera.

Nora brincaba de cama en cama, probando cuál era más cómoda, hasta que Ren, visiblemente exhausto, le pidió con una leve ceja alzada que se calmara.

Ella obedeció, aunque no sin antes dejarse caer sobre su cama con un “¡Esta es la mía!” dramático.

Pyrrha, por otro lado, no se unió al ambiente festivo.

Caminó en silencio hasta la cama que le habían asignado y, sin siquiera quitarse los zapatos, se dejó caer boca abajo.

Su largo cabello rojo se esparció sobre la colcha como una mancha de fuego apagado.

No dijo nada.

Su cuerpo temblaba levemente, un estremecimiento casi imperceptible.

Sus puños se cerraron con fuerza sobre las sábanas.

En su mente, como un martillo golpeando sin cesar, las palabras se repetían: No estoy con Tn.

No estoy con él.

La imagen de Tn, rodeado por ellas, volvía una y otra vez: Weiss con su mirada orgullosa, Blake con su aire misterioso… y ella.

La rubia, la descarada, la provocadora, la que no conocía límites: Yang.

Esa zorra con tetas.

Pyrrha apretó más los dientes, los nudillos crujieron.

¿Qué hará Yang con Tn?

¿Coqueteará?

¿Lo tocará?

¿Lo seducirá?

Su respiración se volvió pesada.

Ruby, aunque había notado que Pyrrha estaba muy callada, no quiso incomodarla.

Decidió guardar silencio y solo murmurar que iría a tomar una ducha.

Pyrrha no contestó.

Mientras tanto, en la habitación del equipo—Tn, Weiss, Blake y Yang—, el ambiente era mucho más tranquilo…

al menos, en apariencia.

Tn entró al cuarto cargando sus cosas sin decir mucho.

Aunque estaba curado, el cansancio aún pesaba un poco en sus músculos.

Yang se le acercó enseguida, rozando su brazo “accidentalmente” con el suyo mientras lo ayudaba a dejar su mochila en la litera inferior.

Su voz era melodiosa y juguetona.

—Mmm, así que tú eres nuestro líder.

No sé si debería llamarte jefe… ¿o algo más divertido?

—le dijo guiñándole un ojo.

Tn solo se rió con nerviosismo, rascándose la nuca.

—Solo Tn está bien… jefe suena raro —respondió, esquivando con cortesía cualquier insinuación.

Quería llevar la relación de equipo con madurez.

Yang chasqueó la lengua suavemente y le dio un golpecito en el hombro.

—¡Bah!

Eres demasiado bueno para este mundo, Capitan~.

Blake, sin levantar mucho la vista, estaba organizando sus libros con precisión.

Entre los tomos clásicos, algunos más “coloridos” y sugerentes se camuflaban hábilmente.

Al notar que Tn y Weiss miraban de reojo, simplemente cerró uno de tapa oscura y lo deslizó bajo la almohada sin decir palabra.

Weiss, por su parte, parecía satisfecha.

Se giró hacia Tn con una sonrisa medida.

—Debo admitirlo, Tn.

Me alegra estar en tu equipo.

Has demostrado ser eficiente, valiente y… sensato.

Muy sensato, teniendo en cuenta con quién compartimos habitación —dijo, lanzando una mirada significativa a Yang.

Yang levantó una ceja con una sonrisa de autosuficiencia.

—¿Eso fue un cumplido o una provocación, princesa?

—Tú decide, “rubia con deficiente intelectual” —le devolvió Weiss, cruzándose de brazos.

Tn se colocó entre ambas con una risita incómoda.

—Vamos, chicas, vamos a llevarnos bien… solo estamos comenzando, ¿sí?

Yang se encogió de hombros y Weiss resopló, pero ambas asintieron.

Había tensiones, pero por el momento, estaban bajo control.

Al menos, por ahora.

Tn miró brevemente hacia la ventana, preguntándose cómo estaría Pyrrha.

No sabía que, en ese mismo instante, ella temblaba de frustración y celos por no poder estar ahí, con él.

Tn suspiró profundamente una vez que terminó de acomodar su lado de la habitación.

No tenía muchas pertenencias: un par de libros técnicos, algunas herramientas para mantenimiento de su arma y una foto algo arrugada que guardaba más por hábito que por nostalgia.

Alzó la vista y observó a sus compañeras.

Weiss estaba colgando con precisión sus vestidos en el pequeño armario compartido, asegurándose de que no se arrugaran ni tocaran el suelo.

Cada movimiento era pulcro, casi mecánico.

Blake, sentada sobre su cama, leía con atención un libro de tapa negra.

Su mirada se movía entre líneas con concentración, aunque de vez en cuando sus ojos se deslizaban hacia Yang, que se quitaba despreocupadamente la parte superior de su uniforme.

La rubia reía para sí misma, cambiándose por una camiseta holgada con una calavera y pantalones deportivos.

Su despreocupación era casi contagiosa, salvo para Weiss, que la fulminaba con la mirada de reojo.

Tn desvió la vista, algo incómodo por la escena.

El ambiente empezaba a volverse sofocante.

—Voy a tomar un poco de aire —dijo en voz alta, sin esperar respuesta.

Cerró la puerta tras de sí y caminó por los pasillos silenciosos de la academia.

Las luces tenues iluminaban su camino, y el murmullo lejano de otros estudiantes comenzaba a apagarse conforme la noche caía sobre Beacon.

No sabía exactamente a dónde iba.

Solo…

caminaba.

Hasta que, doblando uno de los pasillos de piedra y cristal, la vio.

Sentada sobre uno de los pilares cercanos al gran ventanal central del edificio, estaba Pyrrha.

Su silueta se recortaba contra la luz plateada de la luna, el cabello rojo cayendo como una cortina de fuego sobre su espalda.

Sus piernas colgaban del borde, meciéndose suavemente, como si estuviera perdida en pensamientos.

Cuando sus ojos verdes lo notaron, se iluminaron.

Una sonrisa pequeña, íntima, se dibujó en sus labios.

Sin decir una palabra, se deslizó desde el pilar y caminó hacia él con pasos suaves, como si no quisiera que el momento se rompiera.

—Tn…

—dijo su nombre con calidez, sin rencor en la voz, solo un suspiro de alivio.

Él le devolvió una media sonrisa.

La presencia de Pyrrha tenía algo que lo hacía sentir…

centrado.

Ella no era solo una compañera de combate, era algo más.

Algo que aún no terminaba de definir.

Pyrrha se detuvo frente a él, lo suficientemente cerca como para oler el leve aroma a jabón de su reciente ducha.

Sus ojos lo buscaron con una intensidad tranquila, como si intentara memorizar cada detalle de su rostro.

Si no podía estar en su equipo… entonces lo vigilaría.

Lo protegería.

Se aseguraría de que ninguna se le acercara demasiado.

Mucho menos esa rubia suelta de lengua y ropa ligera.

Pero no dijo nada de eso.

Solo extendió una mano y tocó su brazo.

—¿Estás bien?

—preguntó con suavidad.

Tn asintió.

—Sí.

Solo… necesitaba un poco de paz.

Pensé en ti —dijo, sin pensar demasiado.

Los ojos de Pyrrha se abrieron levemente, sorprendida.

Luego bajó la mirada, ocultando una sonrisa satisfecha.

—Entonces…

quédate aquí conmigo un rato —murmuró.

Él no dijo que sí.

Solo se sentó junto a ella, hombro con hombro, mientras la luna los bañaba con su luz tranquila.

Ninguno hablaba, pero no hacía falta.

En ese instante, el silencio decía más de lo que las palabras podían.

Y en la mente de Pyrrha, una decisión ya había sido tomada.

Si Beacon quería separarlos, ella simplemente no lo permitiría.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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