Waifu yandere(Collection) - Capítulo 73
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- Capítulo 73 - 73 Thirteen Scisors seven
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73: Thirteen (Scisors seven) 73: Thirteen (Scisors seven) El cielo estaba nublado sobre el pequeño pueblo costero.
Las calles de piedra húmeda olían a sal y lluvia vieja, y una brisa constante agitaba los carteles de los negocios modestos.
Thirteen caminaba con pasos suaves, casi felinos, bajo la capucha de su abrigo negro.
Su mirada era filosa, concentrada.
No estaba allí por placer.
Tenía un encargo: eliminar a un informante encubierto, un traidor que se ocultaba entre la gente común.
Su plan era simple: rastrear, acercarse, eliminar.
Sin dejar huella.
Para preparar la emboscada, necesitaba pasar desapercibida, ganar tiempo.
A media cuadra de su punto de vigilancia, vio una peluquería modesta con un cartel pintado a mano..
Sin pensarlo dos veces, entró.
El tintineo de la campana sobre la puerta marcó su llegada.
Dentro, el lugar olía a lavanda y loción.
Las paredes estaban adornadas con fotos de cortes creativos y frases motivacionales escritas con tiza en una pizarra.
En contraste con su mundo, aquel lugar parecía…
inocente.
— ¡Bienvenida!
—saludó una voz cálida y despreocupada—.
¿Te gustaría un corte rápido o el paquete completo?
El chico que la atendía tenía una sonrisa relajada, ojos brillantes y una postura que denotaba calma, no torpeza.
Thirteen lo analizó en segundos: sin armas, sin tensión muscular.
No era una amenaza.
—Solo arregla el cabello.
Nada llamativo —dijo con tono seco, su voz carente de emoción.
—Entendido.
Nada llamativo.
Soy TN, por cierto —añadió mientras la invitaba con una mano al sillón giratorio frente al espejo—.
Toma asiento.
Prometo que no te haré hablar demasiado.
Thirteen se sentó sin responder.
Su mirada fija en el espejo.
Observaba su propio reflejo, pero también al joven detrás de ella, que preparaba tijeras y peines con precisión.
TN comenzó a trabajar con movimientos suaves pero seguros.
Sus dedos recorrían su cabello con destreza, separando mechones, humedeciéndolos con spray, y deslizando las tijeras con ritmo constante.
No hablaba más de la cuenta.
Hacía su trabajo, concentrado.
Thirteen intentó ignorarlo.
En su mente repasaba los pasos de su misión.
Horarios.
Patrullas.
Escapes posibles.
Pero entonces… Sintió sus manos.
Manos cálidas.
Humanas.
Sin violencia, sin juicio.
El roce era delicado, casi reverente.
Era la primera vez, en mucho tiempo, que alguien la tocaba sin intención de matarla…
o de ser asesinado por ella.
Su respiración se volvió más lenta, sin que lo notara.
Sus hombros, usualmente tensos, bajaron apenas unos milímetros.
—Tu cabello es interesante —murmuró TN mientras cortaba con cuidado—.
Es fuerte, como si quisiera mantenerse salvaje… pero tiene forma.
Como si, en el fondo, quisiera ser lizo como seda mmm.
Thirteen desvió la mirada, incómoda por esas palabras absurdamente precisas.
Era solo cabello.
¿Qué sabía él?
—Hablas demasiado —respondió en voz baja.
TN sonrió, sin ofenderse.
—Lo sé.
Es parte del servicio.
Hay gente que viene solo por la charla.
Aunque tú pareces más de las que solo vienen por el silencio.
Thirteen no respondió.
Pero por un instante, se permitió cerrar los ojos.
Solo un momento.
Solo mientras esas manos siguieran ahí, tan tranquilas, tan… vivas.
Thirteen mantenía la vista fija en su reflejo mientras TN trabajaba en silencio detrás de ella.
El sonido de las tijeras había cesado, sustituido ahora por un suave crujir de dedos peinando, trenzando.
Con cada movimiento, sentía cómo su respiración se hacía más profunda, más… pesada.
No por incomodidad, sino por algo mucho más extraño: tranquilidad.
TN tomaba mechones de su cabello con una delicadeza que bordeaba lo reverente.
Entretejía las hebras oscuras con precisión, rematando cada trenza con un pequeño toque decorativo.
Sus dedos recorrían su cuero cabelludo en movimientos circulares, atentos, casi afectuosos.
Era absurdo.
Era innecesario.
Y sin embargo, sus párpados se fueron cerrando por sí solos.
No del todo, pero lo suficiente para admitir lo que se negaba a pensar: esto se sentía… bien.
Demasiado bien.
No era una asesina.
No en ese momento.
Era solo una mujer con los ojos entrecerrados, disfrutando de una atención suave y sin malicia.
—Casi termino —murmuró TN con voz baja, como si temiera romper ese momento—.
Te hice unas trenzas simples en los costados, para que no estorben.
Y… esto es un toque personal.
Thirteen abrió los ojos cuando sintió un pequeño peso asentarse sobre su cabello.
Giró ligeramente la mirada para verlo colocar una última decoración: pequeñas plumas de pavo real, verdes y azules, atadas con un hilo fino, colgando discretamente cerca de su oreja.
TN sonrió, satisfecho con su obra.
—No es común, pero… te queda bien.
Fuerte, elegante.
Como tú.
Thirteen frunció el ceño por reflejo.
No estaba acostumbrada a cumplidos.
Ni a que alguien le hablara así… con respeto genuino, sin miedo, sin segundas intenciones.
Se miró en el espejo con atención por primera vez.
El peinado estaba impecable.
Las líneas limpias, las trenzas firmes, los adornos sutiles pero llamativos.
Se veía… diferente.
No menos letal, pero… más humana.
Más viva.
—Gracias —dijo con voz baja, sin mirarlo.
Sacó un par de billetes enrollados y los dejó sobre la mesa junto al espejo.
—Oh.
Gracias a ti —respondió TN con naturalidad—.
Me alegra que te gustara.
Vuelve cuando quieras.
Thirteen ya se estaba girando hacia la puerta.
No respondió.
El tintineo de la campana volvió a sonar cuando salió, desapareciendo en las sombras del pueblo.
Sus pasos eran firmes, su respiración, más controlada.
La fachada amable de la peluquería quedó atrás.
Era hora de trabajar.
Cruzó la calle, tomando una ruta secundaria por los tejados.
La calidez del momento anterior comenzó a desvanecerse como niebla al sol, y su mente se enfocó de nuevo.
El blanco estaba cerca.
Un hombre que vendió secretos por oro.
Sabía cómo se movía.
Sabía cómo se escondía.
Tenía que matarlo.
Y sin embargo… mientras se deslizaba entre sombras, con su daga en mano y la mirada enfocada, una imagen fugaz atravesó su mente: los dedos de TN recorriendo su cabeza.
La forma en que colocó la pluma sin pedir permiso, pero con respeto.
Su voz, tan calmada.
Thirteen negó con la cabeza.
No podía distraerse.
El trabajo venía primero.
Siempre.
El grito apenas duró un segundo.
La hoja cortó con precisión quirúrgica, atravesando garganta y silencio al mismo tiempo.
El cuerpo cayó al suelo con un sonido hueco, final.
Thirteen permaneció de pie sobre su blanco, inmóvil, mientras el leve vapor del calor corporal se evaporaba en la fría noche del pueblo.
Una gota carmesí voló con el movimiento final y rozó su mejilla.
Al principio, no lo notó.
Estaba acostumbrada al contacto con la sangre.
Pero cuando sintió la humedad deslizarse lentamente hacia su mentón, alzó una mano enguantada para limpiarse.
Su dedo rozó, no solo su piel… sino algo más.
La pluma.
Una de las pequeñas plumas que TN había colocado con tanta atención en su peinado había sido alcanzada por la sangre.
El azul tornasolado se manchó de rojo oscuro.
La imagen la golpeó como un recuerdo ajeno.
Thirteen se quedó mirando la pluma por unos segundos.
No era importante.
Era solo un adorno.
Frágil.
Estúpido.
Y sin embargo… Suspiró, larga y pesadamente.
Con la otra mano sacó su daga y la inclinó para ver su reflejo en la hoja.
Ojos fríos.
Boca firme.
El rostro de siempre.
Excepto por el detalle del cabello.
—Qué molesto —murmuró, antes de limpiar la hoja en la ropa del cadáver.
Guardó el arma en su funda, giró sobre sus talones y desapareció en la noche como si nunca hubiera estado allí.
Las sombras la tragaron sin esfuerzo, como si perteneciera a ellas.
— Su base privada estaba oculta en un edificio abandonado a las afueras del pueblo.
Nadie se atrevía a entrar allí.
Ni ladrones, ni curiosos.
Las trampas eran sutiles pero letales.
Dentro, todo era funcional.
Pantallas, mapas, armas colgadas en orden meticuloso.
Una mesa con fotografías dispersas.
Hombres.
Mujeres.
Algunas imágenes recientes, otras borrosas.
Todas con una gran “X” roja marcada con tinta en el rostro.
Thirteen dejó caer su abrigo sobre una silla, se soltó parte del peinado —lo justo para quitar la pluma manchada— y encendió la pantalla principal.
Las luces del monitor iluminaron su rostro mientras revisaba los datos: nombres, movimientos, localizaciones.
Trabajo.
Simple, frío, necesario.
Se dejó caer en la silla frente a la mesa.
Apoyó los codos y entrelazó las manos frente a su rostro.
Observó durante unos segundos la próxima fotografía de su lista.
Mujer.
Traficante de armas.
Siguiente.
Hombre.
Ex-político convertido en mercenario.
Siguiente.
Cada rostro tenía una historia que no le importaba.
Solo eran números en una lista.
Eliminar.
Cobrar.
Desaparecer.
Y sin embargo… Sin darse cuenta, se llevó una mano a la cabeza y tocó una de las trenzas que TN había hecho con tanto cuidado.
Aún estaba firme, aunque el extremo había empezado a soltarse por el combate.
¿Por qué pensaba en eso ahora?
Era solo un peinado.
Solo un corte de cabello.
Solo… manos que no mataban.
Thirteen cerró los ojos un momento.
Respiró hondo.
Frío metálico.
Ozono.
Y un leve rastro, casi imperceptible, del aroma de lavanda que impregnaba la peluquería.
Abrió los ojos de nuevo.
—Es solo trabajo —murmuró para sí misma.
Pero su tono no fue tan seguro como de costumbre.
Los días pasaron como sombras cruzando una ventana.
Thirteen se sumergió en misiones sin pausa, sin respiro, como si la muerte de otros fuera su forma de evitar pensar en sí misma.
Y sin embargo, algo en ella sí había cambiado.
Las plumas.
Las pequeñas decoraciones de pavo real que TN había colocado con suavidad en su cabello, ahora eran casi irreconocibles.
Lo que antes era azul brillante y verde tornasol, ahora estaba teñido de un rojo opaco, profundo.
No por tinta.
Por sangre.
Sangre seca, sangre nueva.
De enemigos, traidores, blancos sin rostro.
Era irónico: un regalo decorativo convertido en un registro de asesinatos.
Y aún así… seguía usándolas.
— En una de esas tantas noches sin luna, una emboscada casi salió mal.
El blanco, un asesino experimentado, la esperaba con espada en mano.
Thirteen desvió el golpe por centímetros, su cuerpo girando con agilidad.
La hoja silbó junto a su rostro y rasgó el aire, pero no su piel.
Lo que sí cayó… fueron las plumas.
El adorno fue arrancado de su cabello.
Giró en el aire como un pétalo en otoño y aterrizó en el suelo sucio, justo antes de que Thirteen lanzara su daga con precisión letal.
El blanco cayó, su cuerpo inmóvil.
Todo terminó en segundos.
Pero Thirteen no se movió.
Se quedó mirando el adorno en el suelo.
Las plumas, antaño suaves y bellas, ahora estaban endurecidas por la sangre, torcidas por el movimiento y manchadas sin perdón.
Y por alguna razón… dolía.
Un pinchazo extraño, sordo, justo en el centro del pecho.
No era dolor físico.
No era frustración.
Era algo que no sabía cómo nombrar.
Se agachó, tomó las plumas con cuidado, y las observó durante un largo momento.
No tenían valor táctico.
No ayudaban a matar.
Eran inútiles, manchadas.
Pero sus dedos las apretaron con firmeza antes de guardarlas en el pequeño bolso de cuero en su cintura.
Como si fueran importantes.
Se incorporó, sacudiendo el polvo de su ropa.
Sus dedos pasaron brevemente por su cabello, desordenado por la pelea.
Había mechones sueltos, nudos formados por el movimiento y el sudor.
Se sentía… desalineada.
Incómoda.
Por costumbre, podría haber ignorado eso.
Pero por primera vez en mucho tiempo, no quiso hacerlo.
Volvió a llevar una mano al cabello, evaluando el estado con expresión neutral.
Unos toques rápidos, una limpieza superficial.
Nada más.
—Solo… un retoque rápido —se dijo a sí misma en voz baja.
Como si necesitara justificarlo.
Como si le preocupara que alguien pudiera pensar que quería volver por otra razón.
(Mientras tanto) TN tarareaba una melodía sin nombre mientras barría los últimos mechones de cabello esparcidos por el suelo.
El día había sido largo, pero tranquilo.
Clientes amables, conversaciones casuales, unas cuantas risas.
Exactamente como le gustaba.
El sol afuera se desvanecía en tonos naranjas y púrpuras, tiñendo las ventanas de la peluquería con luz cálida.
Las herramientas ya estaban limpias, ordenadas en su lugar.
Las sillas vacías, el ambiente impregnado por el suave aroma a lavanda y aceite de sándalo.
“Esto está bien”, pensó mientras se estiraba los brazos con un leve bostezo.
No necesitaba mucho más que esto.
No era fuerte, ni brillante, ni alguien con grandes ambiciones.
Pero sabía hacer esto.
Cortar cabello, escuchar historias, dar pequeños detalles con cariño.
Pequeñas plumas, piedras semipreciosas, clips de metal en forma de luna o estrellas.
Detalles que nadie pedía, pero que hacían sonreír.
Y por eso volvían.
TN se acercó a la puerta, dispuesto a bajar el letrero a “cerrado”, cuando el sonido claro de la campana sobre la entrada rompió la quietud de la tarde.
¡Trin…!
Se detuvo en seco.
Giró lentamente, su sonrisa profesional ya formándose por reflejo.
—Lo siento, ya estaba por cerrar pero puedo— Las palabras se congelaron en su garganta.
Allí, de pie en el umbral, con la luz del atardecer recortando su figura como si surgiera de una sombra líquida… estaba ella.
Thirteen.
Su postura era erguida, impecable.
Su expresión, tan imperturbable como la recordaba.
Pero había algo distinto en sus ojos.
Una opacidad… un peso.
Y su cabello, que recordaba haber peinado con dedicación, ahora estaba desordenado, con mechones sueltos y restos de lo que parecían quemaduras o polvo.
TN parpadeó una vez, pero recuperó la sonrisa con rapidez.
—…puedo hacer una excepción.
Ella avanzó sin decir palabra, sus pasos firmes resonando contra la madera pulida del piso.
Cerró la puerta detrás de sí con un movimiento suave.
La campana volvió a sonar, pero esta vez, sonó más como un aviso que como una bienvenida.
TN no se inmutó.
Caminó hasta su silla de trabajo y la preparó como siempre.
—¿Mismo estilo de la última vez?
—preguntó mientras sacaba el peine, como si todo fuera normal.
Thirteen no respondió de inmediato.
Se limitó a sentarse, dejando que su bolso colgara de su cintura como una sombra.
Su mirada se mantuvo al frente, fija en el espejo.
Pero al cabo de unos segundos, dijo con voz baja, casi como un susurro: —Solo un retoque.
TN asintió suavemente.
—Entonces…
comencemos.
Se puso detrás de ella y, con la delicadeza de siempre, comenzó a trabajar.
Sus dedos rozaron las trenzas rotas, los mechones rebeldes.
Notó que algunas partes estaban endurecidas por… ¿sangre seca?
No preguntó.
No era su lugar.
Pero sí notó algo más.
Mientras peinaba con cuidado, vio una pequeña pluma roja sobresaliendo del bolso de Thirteen.
Ya no era azul.
Y sin saber por qué, sintió un pequeño nudo en el estómago.
No dijo nada.
Pero algo le decía que esta vez… no era solo un corte más.
Thirteen cerró los ojos.
No era un acto de relajación consciente, sino casi un reflejo involuntario cuando los dedos de TN rozaron su cuero cabelludo con la misma suavidad paciente de la vez anterior.
Su respiración se volvió más lenta, más medida.
Las cuchillas metálicas de las tijeras hacían su danza, seguidas del peine que domaba con cuidado cada mechón desordenado.
La sensación era distinta al silencio de la espera antes de un asesinato.
No era la calma tensa antes de una emboscada.
Era… cómoda.
Casi insoportablemente cómoda.
Sus dedos de los pies, encerrados en sus botas, se contrajeron ligeramente cuando TN ajustó con delicadeza una de sus trenzas, acariciando la raíz del cabello con una presión tan precisa que casi parecía un gesto íntimo.
Su cuerpo, acostumbrado al dolor y la tensión, no sabía cómo reaccionar a algo tan mundano… tan humano.
TN trabajaba en silencio, concentrado, como si su mundo entero en ese momento fuera su cliente.
Como si cada hebra de cabello mereciera su atención.
Cuando terminó de peinar y trenzar, caminó hasta su pequeña mesa donde tenía los adornos.
Sostuvo unos hilos finos decorados con pequeñas piedras de río azules, talladas y pulidas como gotas de cielo.
Estaban atadas en forma de candelabro, sutiles, brillantes bajo la luz cálida del local.
TN se acercó de nuevo y, con una sonrisa suave, murmuró: —Hoy probé hacer algo distinto… creo que estos tonos combinarían con tu— —No —dijo Thirteen, su voz cortando como una hoja.
TN parpadeó, sorprendido, deteniéndose con el adorno suspendido a medio camino.
Thirteen abrió los ojos y sus pupilas se clavaron en las de él a través del espejo.
Eran firmes, inquebrantables… pero había algo más bajo la superficie.
Algo que ni ella entendía aún.
—Plumas —repitió.
—¿Perdón?
—preguntó TN con un ligero tono de desconcierto.
—Plumas de pavo real.
Otra vez.
TN titubeó.
Solo por un segundo.
Era raro.
Las anteriores ya estaban sucias, y por lo general los clientes no pedían el mismo detalle exacto más de una vez.
Pero algo en la forma en que ella lo dijo… lo hizo asentir sin más.
—Claro.
Plumas será.
Buscó entre sus cajitas de adornos hasta encontrar nuevas plumas limpias.
Las acarició con los dedos antes de entrelazarlas con el cabello recién peinado.
Ajustó la posición con precisión, como si supiera que cualquier error sería imperdonable.
Cuando terminó, Thirteen volvió a mirar su reflejo.
No sonrió, pero sus ojos parecían un poco menos pesados.
Sacó el pago exacto, lo dejó sobre la mesa, y se dirigió a la salida sin una palabra más.
TN observó cómo abría la puerta, y el tintinear de la campana marcó su partida.
Solo entonces, el peluquero dejó salir un largo suspiro que había estado reteniendo sin darse cuenta.
Miró el dinero, luego el espejo, y luego las plumas extra que aún sostenía en una mano.
—Definitivamente no era solo por el corte —murmuró para sí mismo con una media sonrisa cansada.
Se dirigió a la puerta, giró el letrero a “cerrado” y apagó las luces, dejando la peluquería envuelta en penumbra y perfume de lavanda.
Afuera, la noche ya se había adueñado del cielo.
Y en algún punto entre el silencio de las estrellas… una asesina caminaba con nuevas plumas en el cabello.
Rojas, quizás no aún.
Pero eventualmente lo serían.
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