Waifu yandere(Collection) - Capítulo 78
- Inicio
- Todas las novelas
- Waifu yandere(Collection)
- Capítulo 78 - 78 Kali belladonna part 2 Rwby
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
78: Kali belladonna part 2 (Rwby) 78: Kali belladonna part 2 (Rwby) Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.
Agrego personajes no me pertenecen.
Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.
Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.
 Los días se habían vuelto un lazo silencioso y cálido entre Kali y Tn.
Con Blake lejos, y sin la sombra de su juicio, la casa parecía más tranquila… más suya.
Kali pasaba casi todas las tardes en el sofá o en el dormitorio, aferrada a la única compañía que realmente le importaba: su pequeño.
Su niño.
Su amor imposible.
Tn se recostaba sobre su regazo con la confianza de alguien que no conocía la magnitud del pecado que representaba en la mente de su madre.
Las suaves caricias en su cabeza, en sus orejas, en su cola, no eran sólo de ternura.
Había algo más ahí, algo que no se decía pero que se impregnaba en el aire como una fragancia espesa y dulce.
Kali murmuraba suavemente la letra de una vieja canción—”Moon and Back”—con una voz tan tenue y melodiosa que rozaba lo hipnótico.
“To the moon and back, I’ll find you… and I’ll keep you…” murmuraba, sus dedos deslizándose con calma entre los mechones de Tn.
El joven parecía apenas consciente, los párpados a medio caer, la respiración lenta.
Las caricias lo adormecían, lo tranquilizaban… lo ataban.
Kali lo observaba con devoción, su mirada recorriendo cada pequeño detalle de su rostro con una ternura obsesiva.
Acariciaba su mejilla con la yema de los dedos, notando la temperatura de su piel, el ritmo de su respiración.
Le besó la frente, un roce silencioso, y luego volvió a tararear con suavidad.
La canción se volvía un susurro de promesa, una cuna de palabras que sólo él debía oír.
“Siempre vas a estar aquí conmigo…
no importa a dónde vayas…
yo te esperaré.” Su mano descendió con lentitud por el brazo de Tn hasta enroscarse entre sus dedos dormidos, aferrándose como si al soltarlo fuera a desaparecer.
Lo miró dormir, envuelto en su aura cálida e inocente, sin sospechar lo profundo del lazo que Kali tejía a su alrededor.
Ya no era solo su hijo, ya no era sólo su bebé.
Era suyo.
El tiempo pasó, y la luz que entraba por la ventana fue perdiendo fuerza, tiñéndose de un naranja pálido.
Kali no se movía.
Ni siquiera cuando sintió su estómago quejarse por no haber comido en todo el día.
No importaba.
Nada importaba.
Solo él.
“Tan hermoso…” susurró con una sonrisa entre dulce y retorcida, acariciando la línea de su mandíbula.
“No dejaré que nadie más te mire como yo lo hago… nadie más puede entender cuánto te amo…” Su voz se perdió en un suspiro mientras se acurrucaba junto a él, envolviéndolo con sus brazos, inhalando su aroma con calma.
Tn, ya dormido, solo se movió un poco, girando levemente para acomodarse más cerca de ella, como si su inconsciente supiera que era su refugio… o su prisión.
Kali cerró los ojos, satisfecha.
Otro día más… solo para ellos dos.
Y así debía ser.
Siempre.
Kali abrió lentamente los ojos.
La sala estaba bañada por la suave penumbra nocturna, y el único sonido era el leve tic-tac del reloj en la pared.
Parpadeó un par de veces, acostumbrándose a la oscuridad.
Aún sentía el calor en su regazo… y ahí estaba él.
Su Tn, todavía dormido, su rostro plácido iluminado por la luz tenue que entraba desde la ventana.
Estiró su espalda con suavidad, sintiendo el leve crujir de sus hombros y la tensión acumulada de tantas horas en la misma posición.
Con sumo cuidado, como si tocara una reliquia sagrada, movió a Tn para poder ponerse de pie.
El joven se removió apenas, murmurando algo ininteligible, pero no despertó.
Kali lo miró con una sonrisa cargada de ternura y algo más profundo… algo más oscuro.
Se inclinó y le acomodó el cabello detrás de la oreja, luego tomó la manta del respaldo del sofá y lo cubrió hasta los hombros.
Pasó los dedos por la tela, asegurándose de que no tuviera frío.
Por un instante pensó en cargarlo hasta su cama, como solía hacer cuando era más pequeño… pero ahora ya no podía.
Tn había crecido.
Su cuerpo ya no era tan ligero, su figura ya era la de un joven.
—“Ya no eres mi bebé… pero sigues siendo mío,” murmuró en voz baja, su aliento rozando apenas la mejilla de él.
Le dio un beso corto, casi reverente, en la sien.
Se quedó ahí de pie unos segundos más, mirándolo, memorizando los contornos de su rostro dormido, resistiéndose a dejarlo.
Pero el cansancio empezaba a reclamar su parte.
Suspirando, se apartó lentamente y subió por las escaleras de madera hacia su habitación.
Cada paso resonaba suavemente en la casa silenciosa.
Al llegar, empujó la puerta con cuidado y encendió una pequeña lámpara de noche.
Se despojó de su bata con movimientos lentos y meticulosos, como si aún sintiera la presencia invisible de Tn sobre su piel.
El cuarto olía a lavanda y a una fragancia que ella había empezado a usar después de que Tn dijera que era agradable.
Se dejó caer en la cama con un suspiro largo y profundo.
Pero no cerró los ojos de inmediato.
Se quedó mirando al techo, los pensamientos girando en su mente.
¿Hasta cuándo podría conservarlo a su lado?
¿Cuánto tiempo más antes de que él también… quisiera irse como Blake?
El pensamiento la enfrió.
No… eso no podía pasar.
Tn no era como su hermana.
Tn era especial.
Tn la amaba.
Solo necesitaba recordárselo… cada día.
Con gestos, con palabras.
Con cuidado.
Con todo el amor que tenía para dar… y un poco más.
Debido a la agitación de los últimos días, ocurría cada noche.
No dejaba de recordar cómo Tn se comportaba delante de ella; pensar en ello la complacía tanto que se excitó.
Kali llevaba mucho tiempo sin complacerse.
No quería hacerlo ahora porque, por mucho que le costara admitirlo, era el recuerdo de su amante lo que le provocaba esa excitación.
Luchando contra su propio deseo, finalmente pasó al notar lo mojada que estaba su cama.
Kali puso su mano izquierda sobre uno de sus pechos y comenzó a jugar con él mientras su mano derecha se dirigía a su coño, realmente extrañaba la sensación de tener algo entre sus piernas.
Siguió jugando con su pezón y tocándose, sin saber exactamente con qué fantasear ya que su sexualidad había estado cerrada por bastante tiempo.
Involuntariamente, su imaginación se dirigió a su amante, ya que él era el hombre que veía desnudo todo el tiempo ahora.
Kali se sintió mal por eso, pero en este punto estaba demasiado en celo para importarle.
En su fantasía.
Dados los años de abstinencia sexual, no tardó mucho en alcanzar el orgasmo.
Empezó a frotarse el clítoris con más fuerza y su coño se humedeció aún más.
Sabía que estaba mal pensar de esa manera, pero no podía evitarlo, no podía apartarlo de su mente.
Kali no había visto la polla de su amante, pero de repente comenzó a imaginarlo y eso la llevó al límite.
Kali empezó a tocarse furiosamente, ahora húmeda y goteante.
Soltó unos gemidos sordos mientras se retorcía en la cama, apretando las piernas y hundiendo los dedos en su coño.
Con la mano libre, sujetó firmemente su gran pecho y pellizcó con fuerza sus pezones.
Sintió que su coño se convulsionaba y se tensaba, una enorme ola de éxtasis sexual la invadió mientras echaba la cabeza hacia atrás, arqueaba la espalda fuera de la cama y experimentaba el orgasmo más grande que jamás se había dado.
“AHGHGHH S-HAAAAAAAAAAAAV” gimió Kali mientras los jugos de su coño goteaban de su coño caliente y húmedo.
Le tomó varios minutos recuperar la compostura al bajar del orgasmo.
Los pensamientos sobre el cuerpo de su amante aún la rondaban mientras su respiración comenzaba a calmarse y su ritmo cardíaco volvía a la normalidad.
Una vez más dejaron que sus manos vagaran sobre sus grandes tetas 36dd y lentamente hasta sus húmedos labios vaginales.
Jadeó tratando de recuperar el aliento, no exactamente contenta con dónde la llevaban sus fantasías.
Sonrió para sí misma, esa sonrisa tranquila, hermosa y perturbadora que sólo alguien como Kali podía tener.
—“Mañana será otro día… y estaremos juntos otra vez,” susurró.
Apagó la lámpara.
La oscuridad la envolvió como un manto.
Afuera, el viento rozaba las hojas con suavidad.
Y abajo, en la sala, Tn dormía, sin saber que era el centro absoluto del mundo de su madre.
Y que de ese mundo, jamás saldría.
El sol se filtraba por las ventanas de la casa, bañando el suelo de madera con tonos dorados.
Kali se desperezó en la cama, su camisón ligeramente desacomodado, dejando al descubierto parte de su piel morena y tersa.
Se estiró como un felino satisfecho, arqueando la espalda y dejando escapar un pequeño suspiro placentero.
Bajó lentamente de la cama, caminando descalza hasta el pasillo.
Su cabello aún revuelto caía en cascada sobre sus hombros.
Al llegar a la planta baja, un aroma cálido de pan tostado y especias le dio la bienvenida.
Caminó hasta la cocina y se detuvo en seco.
Tn estaba allí, de espaldas a ella, cocinando con tranquilidad.
Solo llevaba un pantalón de tela suave y un delantal que le colgaba del cuello, dejando expuesto su torso desnudo.
Su piel, ligeramente bronceada, estaba definida por músculos tonificados, como esculpidos a mano.
Era extraño.
Kali lo sabía bien: Tn no entrenaba de forma constante.
Sin embargo, su cuerpo había adquirido una forma atlética, poderosa, como si su genética se hubiera encargado sola de moldearlo.
Pero lo que realmente llamó su atención fueron las cicatrices.
Cortes, rasguños, líneas pálidas marcaban su espalda y parte de sus brazos.
Algunas parecían antiguas, otras más recientes.
Kali frunció ligeramente el ceño al verlas por primera vez.
—¿Tn…?
—murmuró con voz suave, apenas un susurro.
Él se giró al oírla, sonriendo con esa calidez suya tan única, como si no llevara en el cuerpo los rastros de ninguna batalla.
—Buenos días, mamá —dijo con tranquilidad—.
Hice té de jazmín, sé que te gusta por la mañana.
Ella se acercó lentamente, observando su cuerpo más de cerca.
Las marcas estaban ahí, visibles, y aun así, él no mostraba ningún signo de incomodidad.
Era como si esas heridas fueran parte de él, como si siempre hubieran estado allí.
—Esas cicatrices… —empezó a decir, pero se detuvo.
No quería arruinar el momento con preguntas.
No si él no se veía afectado.
Tn se encogió de hombros.
—No son importantes.
No me duelen, no me molestan.
Solo…
aparecieron con el tiempo, supongo.
Como cuando crecen marcas de nacimiento —dijo sin darle mayor importancia.
 Kali lo miró por un momento más.
Sabía que no era normal.
Lo sabía.
Pero también conocía a su hijo.
Si no quería hablar de ello, si no le dolían, entonces no lo presionaría.
Por ahora.
En vez de insistir, se acercó y tomó una taza de té que él le ofrecía, sus dedos rozando los de él al hacerlo.
Lo observó, no como una madre preocupada… sino como una mujer que veía en Tn algo más que un hijo.
Era su sol, su razón, su todo.
—Gracias, mi amor —dijo, dándole un sorbo a la bebida.
Luego, con una sonrisa que mezclaba afecto y deseo, añadió—.
Te ves muy bien con ese delantal…
aunque deberías tener cuidado de no tentar a nadie con ese cuerpo.
Tn rió, sin captar del todo el doble sentido.
Para él, era solo un halago inocente.
—Solo quiero que el desayuno sea perfecto para ti.
Kali se acercó, lo besó suavemente en la mejilla y se sentó a la mesa, observándolo con una mezcla de orgullo, amor… y esa chispa posesiva que latía bajo su piel cada vez que lo veía.
“Perfecto, como tú,” pensó.
“Y mío.
Siempre mío.” El desayuno transcurrió en una calma casi sagrada.
Solo se oía el leve tintinear de los cubiertos y el ocasional suspiro de satisfacción.
Tn comía despreocupado, ajeno a los pensamientos que se agitaban en la mente de su madre.
Kali lo observaba con una media sonrisa, como si su mente estuviera muy lejos de ese lugar… o tal vez justo ahí, atrapada en la imagen frente a ella.
Lo veía tan tranquilo, tan natural con ese cuerpo que no parecía propio de alguien sin entrenamiento.
Sus pensamientos, inevitables, comenzaron a desviarse.
Fantaseó, sin querer —o quizás queriendo demasiado—, en cómo se vería Tn haciéndole el amor ahí mismo, en la cocina, sobre la mesa, entre los platos aún tibios.
Lo imaginó jadeando su nombre, sus manos sobre su cintura, sus labios perdidos entre los pliegues de su cuello… Pero desechó la imagen de inmediato.
No, no ahora.
No todavía.
Apretó un poco los labios y desvió la mirada, tratando de controlarse.
“No sería correcto…
aún.” Tn seguía siendo inocente en muchos sentidos.
Demasiado puro.
Y no quería arruinar eso.
Aún no.
Cuando terminaron de comer, Tn se levantó, se quitó el delantal y caminó hacia el perchero.
Escogió una camisa ligera de lino, blanca, que contrastaba con su piel y dejaba ver los contornos de su torso.
Kali lo observó desde su silla, con un brillo casi febril en los ojos.
—Ven aquí, pequeño mío —le dijo, con voz suave pero firme, la que usaba cuando no aceptaba negativas.
Tn la miró unos segundos, sin preocuparse demasiado.
Caminó hasta ella, y Kali le tomó suavemente de la muñeca, llevándolo hacia el sofá.
Él se dejó guiar con esa misma confianza que tenía desde niño.
—Recuéstate un rato —ordenó—.
Estás cansado, siempre lo estás.
Tn asintió, acostándose boca arriba, con la cabeza ligeramente ladeada.
Kali se sentó a su lado y comenzó a acariciar sus orejas con movimientos lentos y delicados.
Sus dedos recorrían el pelaje con cuidado, como si se tratara de un tesoro.
Tn suspiró y cerró los ojos, dejándose llevar por las caricias, como siempre.
La madre tomó su cola, la trajo hasta su regazo y luego la acarició contra su mejilla, sintiendo la suavidad inigualable del pelaje.
Se la llevó lentamente a los labios, apenas rozándola, y cerró los ojos unos segundos, como si el contacto fuera algo sagrado, adictivo.
—Tienes la cola más hermosa del mundo —murmuró, aunque Tn ya estaba medio dormido, sumido en esa paz que solo ella parecía poder darle.
Su respiración se volvió más lenta.
Kali lo miró.
Lo observó con detenimiento.
No solo como madre.
No solo como mujer.
Como alguien que lo deseaba con todo su ser, pero que sabía que debía esperar.
Paciencia.
Siempre había sido paciente.
Había criado sola.
Había soportado miradas.
Había sido objeto de chismes.
Pero al final…Tn seguía a su lado.
Y eso valía más que todo.
Con un suspiro, Kali inclinó su rostro hacia él, besó su frente con ternura y dejó que su mano siguiera acariciando lentamente las orejas de su hijo.
—Shhh… duerme, mi cielo —susurró—.
Yo estaré aquí.
Siempre.
Y mientras el sol subía lentamente por el cielo de Menagerie, Kali pensaba solo en eso: en él.
En su Tn.
En el momento perfecto que, tarde o temprano, llegaría.
Kali seguía acariciando con cuidado la cola de Tn, sintiendo cómo la suavidad del pelaje la anclaba a ese momento, a esa pequeña paz que solo él podía brindarle.
Pero, mientras su hijo dormía profundamente a su lado, su mente vagaba hacia el pasado, hacia recuerdos que normalmente prefería no tocar.
Recordó el rostro de aquel hombre… o algo parecido.
Shav.
Apenas podía recordar bien su nombre completo, y su figura era borrosa en su memoria.
Solo tenía presente esos ojos, esa voz profunda y la forma en que la envolvió por un tiempo breve pero intenso.
Tn había heredado casi todo de él: los ojos, el cuerpo, incluso esa presencia silente, imponente… pero en su rostro no había rastros de orejas o cola.
¿Era él un fauno?
¿Era algo más?
No importaba.
Al final, él no estuvo.
No presenció el nacimiento de Tn, no sostuvo su mano cuando Kali gritaba en el dolor del parto, no estuvo cuando el mundo se le vino abajo.
Lo peor fue el desprecio.
La isla, tan cerrada y tradicionalista, no tardó en hablar.
Susurros por las calles, insultos disfrazados de consejos.
Los ancianos decían que sus hijos eran bastardos.
Que Tn era la prueba de su “deshonra”.
Y Blake, por más que la amara, siempre había llevado una carga silenciosa, un asco que Kali podía notar en sus ojos cada vez que se cruzaban por los pasillos o durante los silencios incómodos.
Por eso, con Tn, fue distinta.
Lo protegió con todo lo que tenía.
Lo encerró, sí, pero no por egoísmo.
Sino porque el mundo fuera de esas paredes era cruel.
Porque los vecinos lo mirarían con desprecio.
Porque los demás niños harían preguntas.
Porque no quería que él se sintiera como ella se sintió tantos años.
Él era su niño.
Su dulce niño.
El único que no la juzgaba.
El único que seguía abrazándola con ternura cuando estaba triste.
El único que no necesitaba explicaciones.
Kali se inclinó ligeramente, dejando que su frente tocara la de Tn, que seguía dormido profundamente.
Sus dedos rozaron la cicatriz más reciente en su torso, y aunque le dolía no saber cómo apareció, respetó su silencio.
Él no hablaba de sus heridas.
Y ella no lo forzaba.
Porque él tampoco la forzaba a explicar sus lágrimas de madrugada.
—Mamá está aquí… —susurró con voz trémula, apenas audible—.
Yo nunca te dejaré solo, mi niño hermoso.
Nunca.
El sol se filtraba por la ventana, suave, cálido.
Y mientras todo el mundo se despertaba y seguía con su rutina, Kali permanecía en ese pequeño mundo que se había construido.
Uno donde solo existían ellos dos.
Uno donde nadie podía tocarlos.
Porque si alguien se atrevía a arrebatarle a Tn… Kali sabía que haría cosas impensables.
Cosas que haría sin culpa.
Porque su hijo… era suyo.
Solo suyo.
Votos.
Penny polendinna part 7.
jane doe zzz parte 2.
jeanne d arc gobernante parte 2.
Artoria saber parte 3.
Ellen joe parte 4.
burnice zzz parte 3 Lucifer helltaker parte 3.
lore master helltaker.
Caenis parte 3.
Miwa kasumi.
(y no, no pondre suculencia porque como dije solo quería yanderes pero como mi método será capítulos para darles desarrollo.
Ejemplo Nitocris ya empezó a mostrar mas dependencia de tn, osea que para el capitulo dos tendremos un avance en su emoción y obsesión.
Esto lo hago porque ya es aburrido ver lo mismo waifu loca yandere que secuestra, abusa y tiene hijas con el prota y fin……..Eso ya cansa asi que pense en este metodo darles sentimientos alocados poco a poco.).
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com