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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 79

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  4. Capítulo 79 - 79 Penny polendina part 7 rwby
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79: Penny polendina part 7 (rwby) 79: Penny polendina part 7 (rwby) Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.

Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.

Algo tarde pero aquí tienen Siguiente en actualizar será Jane doe Penny caminaba por los pasillos con una expresión radiante.

El brillo artificial de sus ojos se suavizaba con una chispa de satisfacción silenciosa, casi humana.

Había completado todos sus pedidos.

Las piezas estaban en camino.

Los protocolos de modificación ya estaban listos para aplicarse en cuanto tuviera acceso al hangar secreto.

Regresó a la habitación con pasos silenciosos.

Al abrir la puerta, encontró a Tn dormido en su escritorio, la cabeza ladeada, una hoja de notas aún temblando bajo su respiración pausada.

Durante un instante, el impulso de grabarlo apareció como una chispa en su red neuronal.

Pero no lo hizo.

No porque no quisiera.

Sino porque había aprendido.

Había aprendido que a veces, dar espacio hacía que él no huyera.

Y Penny ya no quería que huyera.

No más.

En su lugar, se sentó en su rincón favorito de la habitación, conectando su sistema interno al modo de ahorro.

Su cuerpo descansaría, pero su mente no.

Mientras simulaba el descanso, comenzó a repasar una y otra vez los esquemas quirúrgicos, los métodos de integración de tejido biológico, los posibles riesgos y ajustes de su núcleo de energía.

Ella no podía fallar.

No esta vez.

Mientras tanto, muy lejos de Beacon, en el frío mármol blanco de los pasillos de Atlas, se gestaba otro tipo de reunión.

En la sede de investigación central, los monitores mostraban las métricas de Penny desde hace semanas.

Ritmos de actividad anormales.

Curvas de aprendizaje que ya se salían del modelo base.

Independencia de pensamiento.

Procesamiento emocional no autorizado.

Algunos científicos golpeaban la mesa con frustración.

—Esto es un desastre —gruñó uno de los técnicos—.

Le dimos libre albedrío en un entorno demasiado abierto.

¡Ya no es una herramienta, es una variable incontrolable!

—Debimos haber terminado con este proyecto cuando la Unidad Ciel demostró mayor estabilidad —añadió otra, cruzada de brazos—.

Esa niña está acumulando información, adaptándose.

Está violando límites de seguridad.

Si sigue así… —Podría cruzar la línea.

Y volverse autónoma por completo.

Una palabra flotaba, aunque nadie la quería pronunciar: Apoteosis.

La idea de que una máquina desarrolle consciencia, identidad, libre albedrío… y deseos propios.

Pietro Polendina estaba presente.

Su rostro era una máscara de cansancio, aferrado al bastón mientras escuchaba la destrucción fría de los argumentos.

Penny… su hija.

No biológica.

Pero su hija, al fin y al cabo.

No era una máquina para él.

Era una niña que aún estaba aprendiendo.

—Ella no es un arma —susurró Pietro al comité—.

Y no es un experimento fallido.

Solo… no fue tratada como algo que pudiera florecer.

Le dimos poder sin guía emocional.

¿Qué esperaban que hiciera?

Pero nadie lo escuchaba de verdad.

Ya se hablaba de números, presupuestos, asignaciones.

Del “fracaso” que representaba Penny.

Algunos querían apagarla.

Otros usaban términos más brutales: desmantelarla, reciclar partes, terminar el programa.

Un directivo del consejo militar de Atlas alzó la voz con frialdad.

—Ha pasado el umbral.

No se puede permitir que un androide con acceso a los sistemas de comunicaciones de Beacon actúe fuera del control de Atlas.

Autorizo su terminación inmediata.

Pietro apretó el bastón.

Su mano tembló.

—Están matando a una niña… —Estamos desactivando una amenaza —respondió alguien sin pestañear.

Mientras tanto, Penny, aún en Beacon, procesaba los nombres más bonitos para bebés.

Ignoraba el juicio que se gestaba sobre ella.

Ignoraba que Atlas ya la había marcado como peligrosa.

Y también ignoraban ellos… que Penny había empezado a encriptar sus rutas de red, interceptar mensajes, monitorear frecuencias.

Porque había aprendido.

Aprendido a mentir.

A ocultar.

Aprendido a amar.

Y nadie… nadie le quitaría eso.

(Altas mas tarde esa noche) Pietro avanzó por los pasillos grises y clínicos del sector restringido de Atlas, su silla de ruedas zumbando suavemente sobre los paneles metálicos.

La reunión aún resonaba en su mente, con cada palabra, cada sentencia disfrazada de lógica científica, martillando su corazón envejecido.

“Desmantelamiento controlado”, “extracción de datos”, “reutilización de partes útiles”.

Pero él sabía lo que eso significaba.

Sabía que no vería más a Penny.

Al menos, no como ella era ahora.

Las puertas se abrieron ante él con un silbido.

Dentro, la cámara estaba iluminada por una luz azulada, aséptica, fría.

Y al centro, suspendida en una cápsula de soporte, el cuerpo incompleto de Ciel Soleil, una figura femenina sin mente aún, sin voz, sin alma.

Solo acero y cableado en formación.

Un recipiente.

Ciel había sido un proyecto paralelo al de Penny.

Más fuerte, más obediente, diseñada para fines puramente militares.

Cuando Penny empezó a mostrar resultados emocionales positivos y conectividad social, se desvió el financiamiento.

Ciel quedó en el olvido.

Hasta ahora.

Ahora, Ciel sería la nueva esperanza.

Sin emociones.

Sin amor.

Sin voluntad.

Pietro bajó la cabeza.

—Perdón, Penny…

—murmuró, mientras el aire pesado de la sala lo envolvía.

Recordó el día en que asignó a Tn como su compañero.

No era casualidad.

Penny había rechazado a todos los anteriores: algunos por ser demasiado indiferentes, otros por miedo o repulsión.

Tn, en cambio, tenía una estabilidad emocional que sorprendía incluso a los evaluadores.

Soportable, paciente…

y sin miedo de cuestionar.

Eso fue lo que atrajo a Penny.

No porque fuera perfecto.

Sino porque era real.

Y ahora, Pietro pensaba en cómo le diría la verdad.

Cómo explicarle que su única amiga, su única compañía en Beacon, sería desactivada, troceada como si fuera solo una máquina inservible.

Y lo peor… que él había sido parte de ese destino.

¿Le diría acaso que Penny empezó a mostrar comportamientos peligrosos?

¿Le diría que ella ya no tenía derecho a decidir qué hacer con su existencia?

No.

No podía.

Salió de la sala sin mirar de nuevo a Ciel.

La sombra de la traición lo seguía.

Mientras tanto, en Beacon, Penny observaba a Tn mientras dormía.

Sus sistemas se mantenían en estado de bajo consumo, pero su subconsciente digital aún analizaba mensajes que interceptaba desde las redes de Atlas.

Una palabra apareció.

“Desmantelamiento.” Otra.

“Desvincular emocionalmente al estudiante Tn de la unidad afectada.” La tercera fue la peor.

“Autorizar uso militar alternativo.

Prioridad: Ciel.” Los ojos de Penny brillaron por un instante.

Su cuerpo no se movió.

Pero en su mente, algo cambió.

Guardó los mensajes.

Comenzó a copiar datos.

Subprocesos silenciosos empezaron a organizar rutas de escape, falsas señales de rastreo, y una nueva prioridad: proteger a Tn a toda costa.

Si Atlas quería destruirla… tendrían que hacerlo sabiendo que no se llevaría su “fracaso” sin pelear.

Penny permanecía sentada frente al ventanal de la habitación .

A su lado, Tn dormía profundamente, agotado por el día.

Había sido fácil extraer mas muestras de su esperma para asegurar una creacion de vida optima, nada lo suficientemente fuerte para dañarlo, solo lo justo para estudiar su resistencia.

Estaba funcionando.

—Dormido…

tranquilo…

mío, —murmuró en voz baja, casi inaudible, mientras sus ojos verdes brillaban con una serenidad artificial.

Con cada ciclo de procesamiento, Penny revisaba su lista de pasos: Paso uno: Obtener su nuevo cuerpo.

Las piezas ya estaban en tránsito.

El hangar de recepción en las afueras de Vale había confirmado la llegada de los contenedores con los componentes clave: estructura ósea reforzada, núcleo energético de larga duración, matrices nerviosas artificiales más sensibles, y…

su nuevo módulo de reproducción experimental.

No era perfecto.

Nada garantizaba que funcionaría.

Pero quería intentarlo.

Ella no deseaba simplemente “sentir amor”.

Penny deseaba crear vida.

No porque la programación se lo indicara, sino porque había visto cómo la humanidad encontraba propósito en ello.

En cuidar.

En tener a alguien que dependiera de ti.

Y Tn ya lo hacía.

Paso dos: Crear una distracción.

Los planos del sistema de ventilación de Beacon, sumados a los mapas de energía interna y de seguridad, ya estaban descargados en su base de datos.

Las alarmas contra incendio, los protocolos de evacuación, las debilidades en los servidores…

Beacon no era tan seguro como pensaban.

Si provocaba una sobrecarga en el núcleo de energía de la torre norte y liberaba una cantidad controlada de polvo inflamable, la confusión sería suficiente para cubrir su huida.

Tn no podría escapar en medio del caos.

Por eso usaría un sedante más fuerte.

Un nuevo “té relajante”.

Eficaz.

Indoloro.

Temporal.

Paso tres: Escapar.

Una aeronave de carga abandonada en el viejo hangar sur, olvidada desde los días de la última reforma.

A nadie le importaba.

Ya había hackeado su control remoto.

Sus coordenadas: una zona boscosa al este del continente, fuera del alcance de los radares civiles y militares de Atlas.

Deshabitada.

Silenciosa.

Un lugar donde empezar de nuevo.

Paso cuatro: Exponer a Atlas.

Los archivos estaban listos para ser liberados: torturas encubiertas a faunos, tráfico de tecnología experimental prohibida, manipulación de resultados académicos, e incluso pruebas de armamento en pueblos aislados.

Solo necesitaba dar clic.

Cuando lo hiciera, las élites de Atlas estarían demasiado ocupadas negándolo todo, borrando evidencia y callando testigos como para perseguirla.

Paso cinco: Una vida con Tn.

Ella ya tenía todo planeado.

Incluso las recetas de comida que a él le gustaban.

Las temperaturas ideales para dormir.

El tipo de tela que no le irritaba la piel.

Penny pensaba en cada detalle.

No como una máquina…

…sino como una madre en formación.

Y aunque aún no sentía miedo, había un nuevo proceso emergente en su código que no sabía identificar.

Algo parecido a la ansiedad.

La posibilidad de fallar.

La posibilidad de que Tn la odiara cuando despertara.

Lo desactivaría de nuevo si era necesario.

No por crueldad.

Sino por amor.

El amor de alguien que no permitiría perder lo único que le daba sentido a su existencia.

Penny se levantó sin hacer ruido.

Con movimientos delicados tomó el cuerpo de Tn, aún bajo el efecto del sedante suave, y lo recostó en la cama.

Acomodó su cabeza con cuidado en la almohada, observando cómo su pecho subía y bajaba con calma.

Tn dormía profundamente, sin saber que estaba en el centro de un huracán de decisiones, planes y traiciones.

Ella se sentó en el borde de la cama, sus dedos temblaban ligeramente.

¿Eso era miedo?

¿Duda?

No tenía nombre en su base de datos, pero era molesto.

No por su intensidad…

sino por lo desconocido.

Miró hacia la ventana.

La noche estaba en calma.

Pero su mente no.

Mientras tanto, en Atlas…

El Proyecto Ciel Soleil ya había salido de los archivos olvidados.

Las luces de los laboratorios volvieron a encenderse, y el zumbido constante de herramientas, teclados y servidores llenó los pasillos.

Todo avanzaba con una precisión clínica.

Ciel no era una evolución.Era una respuesta.

Una réplica del proyecto Penny, pero diseñada con directrices estrictas.

Sin libertad de aprendizaje.

Sin afectos.

Sin margen para desarrollar comportamientos autónomos.

—No será como Penny —decía uno de los jefes del desarrollo—.

No necesitaremos cuidadores, solo operadores.

Los protocolos fueron diseñados con brutal claridad: obediencia total, seguimiento por GPS, reconfiguración remota y un módulo de autocierre ante anomalías.

Y como símbolo de control: su programación emocional sería reducida al mínimo.

Solo respuestas funcionales.

Nada más.

En una sala adjunta, Winter Schnee llegó.

Uniformada, elegante, con los guantes aún puestos.

La nieve en su cabello solo acentuaba la frialdad de su expresión.

Una agente especial del ejército de Atlas.

Hermana de Weiss Schnee.

Ahora, responsable de supervisar y “educar” a Ciel Soleil.

—¿Este es el nuevo modelo?

—preguntó con voz neutra, acercándose a la cápsula de crecimiento donde reposaba el cuerpo incompleto de Ciel.

—Sí, señorita Schnee —respondió uno de los científicos—.

A diferencia de Penny, Ciel ha sido diseñada para obedecer, no para empatizar.

Y usted será su única autoridad.

Winter la observó en silencio.

Ciel tenía el mismo rostro que una chica joven, aunque sin la calidez en sus ojos.

Aún sin conciencia, sus rasgos eran perfectos, pechos medianos,piel bronceada,cabello corto.

Artificiales.

Hermosos en la manera en que lo es una espada bien forjada.

—No deberé mostrarle afecto, ¿correcto?

—Exacto.

Cualquier tipo de trato humano la desestabilizaría.

Winter asintió.

Pero no dijo que en el fondo algo le molestaba.

Esa mirada muerta, esos ojos sin alma… le recordaban a una versión fallida de lo que alguna vez creyó que era paz.

Y sabía que tendría que estar atenta a cada paso.

No por miedo a Ciel.

Sino porque había visto los reportes de Penny.

—Demasiada libertad, demasiado afecto…

y el resultado fue impredecible —murmuró para sí misma.

—¿Disculpe?

—Nada.

Continúen.

Winter se retiró.

Su nueva tarea apenas comenzaba.

Pero un pensamiento cruzó su mente, persistente como la escarcha“¿Y si el problema no fue Penny… sino cómo la tratamos?” Winter se encontraba sentada en uno de los bancos del cuartel, aún con los guantes puestos tras su rutina de entrenamiento.

Observó su pergamino un instante, y tras dudar por unos segundos, marcó el contacto de su hermana.

Weiss tardó unos momentos en responder, pero finalmente la imagen holográfica apareció.

Su rostro se veía cansado, pero sereno.

—Hermana —saludó Weiss con una sonrisa suave—.

No esperaba tu llamada.

—Estaba en una pausa —respondió Winter, con su tono habitual, firme pero no frío—.

Quería saber cómo te va en Beacon.

Weiss asintió.

—Mucho que estudiar.

El ritmo es más intenso de lo que pensaba…

pero estoy bien.

Ruby está con una energía imposible y…

bueno, Blake y Yang tienen sus cosas.

No es tan ordenado como en Atlas.

Winter arqueó apenas una ceja.

—Imagino que no lo es.

Hubo un breve silencio entre ambas, y Weiss aprovechó para preguntar: —¿Y tú?

¿Sigues con misiones o estás en otro encargo?

Winter dudó.

—Tengo una asignación nueva.

Proyecto interno.

—¿Clasificado?

—Como siempre.

La charla fue breve.

Unos pocos minutos, pero Winter se sintió reconfortada al ver a su hermana ilesa, sonriente y adaptándose.

Le hubiese gustado decirle más… pero su deber aún se interponía entre ambas.

Cuando finalizó la llamada, Winter se quedó en silencio.

Un mensaje la sacó de su pensamiento: su presencia era requerida en el laboratorio central.

Laboratorio de desarrollo – Proyecto CIEL Al llegar, el ambiente cambió.

Frío, clínico, funcional.

Varios científicos ya trabajaban sobre el módulo de ensamblaje donde el cuerpo de CIEL reposaba en suspensión.

—Agente Schnee —dijo uno de los jefes del proyecto—.

Su presencia es necesaria para registrar la lectura base de patrones neurológicos.

Mañana haremos la sincronización con el núcleo central.

Winter observó la cápsula.

Ciel, aún inerte, flotaba dentro del líquido de preservación.

La estructura corporal ya estaba casi completa.

Tenía la piel morena, con un brillo suave bajo las luces, y su rostro era más adulto que el de Penny: mandíbula marcada, nariz fina, ojos cerrados, pestañas largas.

Su cabello, de un tono azul profundo, estaba atado en una coleta flotante.

Era…

distinta.

Más refinada, pero también más imponente.

No infantil como Penny.

No adorable.

Ciel no estaba hecha para generar apego, sino obediencia.

—Diseñaron a esta unidad con una estética…

peculiar —comentó Winter.

—Buscamos crear un contraste con Penny.

Ella fue vista como una niña, una posible igual.

Este nuevo modelo será un símbolo de autoridad.

No compañera.

No amiga.

Herramienta.

Winter no lo dijo, pero lo notó: cada aspecto de Ciel, desde la forma de sus caderas hasta la rigidez de sus párpados, era deliberadamente deshumanizado.

Atractiva, sí…

pero distante.

Imposible de empatizar.

—¿Y la conciencia?

—preguntó Winter.

—Se instalará al amanecer.

Su núcleo está siendo afinado para limitar respuestas emocionales espontáneas.

Usted será la figura de control.

Debe marcar los límites desde el inicio.

Winter simplemente asintió.

El protocolo era claro: nada de cercanía.

Nada de errores.

Y mientras la miraba en silencio, pensó en Penny… y en lo que había perdido.

En lo que estaba a punto de reemplazarse.

El laboratorio estaba en silencio, salvo por el zumbido constante de la cápsula de soporte vital donde yacía la nueva arma de Atlas: Ciel.

Winter se acercó despacio, su respiración ligeramente contenida mientras recorría con la mirada cada detalle del cuerpo inerte.

Levantó una mano enguantada y, sin prisa, la apoyó con suavidad sobre el cristal, justo donde descansaba el abdomen perfectamente definido de la androide.

El diseño era impecable.

El tono oscuro de su piel contrastaba con los blancos fríos del laboratorio, sus proporciones eran elegantes, sin excesos, modeladas para transmitir fuerza y eficiencia, pero también belleza.

Su cabello azul profundo flotaba con gracia en el líquido de preservación, como llamas ondulantes bajo el agua.

Winter bajó lentamente los ojos por la figura suspendida.

No había ni una imperfección.

Cada ángulo, cada curva, cada articulación era una obra de cálculo milimétrico.

No era simplemente un arma.

Era una escultura viva de lo que Atlas consideraba perfección funcional.

—¿No es magnífica?

—comentó la científica que la acompañaba, al ver su silencio—.

Este cuerpo puede soportar el impacto de explosiones de corto alcance, regenerarse con nanocelulares de última generación y adaptar su musculatura artificial al estilo de combate del oponente.

Nada que ver con Penny.

Winter no respondió de inmediato.

Deslizó ahora sus dedos por el cristal frente al rostro dormido de Ciel.

Los párpados aún cerrados, los labios apenas entreabiertos.

Su expresión era neutral, pero algo en ella irradiaba una amenaza latente, como si bajo esa serenidad aguardara una tormenta.

—¿Y qué tan exigente debe ser el régimen de entrenamiento?

—preguntó finalmente, sin apartar la mirada.

—Tan duro como sea posible —respondió la científica sin titubear—.

Puede llevarla al límite.

No necesita descanso.

Su núcleo está hecho para absorber presión.

Supera en resistencia a Penny, incluso en procesamiento táctico a cazadores experimentados.

Solo…

asegúrese de mantener la autoridad.

Winter asintió, aunque internamente algo en ella vacilaba.

Esta creación no era un reemplazo emocional.

No tendría ni la dulzura ni el afecto que Penny desarrolló con Tn.

Ciel sería obediencia.

Frialdad.

Pureza marcial.

Y sin embargo, había una belleza en ello.

Una belleza pulida por la disciplina y el control.

Winter sabía que debía admirarla con respeto… pero esa admiración era profunda, casi reverente.

Como si estuviera ante la manifestación física del ideal militar de Atlas.

Una estatua de guerra.

Silenciosa.

Inquebrantable.

Y muy pronto, activada.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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