Waifu yandere(Collection) - Capítulo 8
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8: Caenis (fgo) 8: Caenis (fgo) Caenis había sido una mujer de gran fortaleza, tanto física como mental, pero su vida cambió radicalmente cuando el dios Poseidón la eligió para un trato que la marcaría para siempre.
Con la promesa de convertirla en un deseo si se despojaba de su castidad por el, ella había creído que su dolor y vulnerabilidad desaparecerían.
Sin embargo, ese juramento nunca se cumplió.
Poseidón, en su arrogancia y falta de honor, no cumplió con lo prometido.
Lo que fue un acto de traición para Caenis, no solo una desilusión, sino una humillación profunda.
Se vio atrapada entre la ira y la tristeza, sin poder encontrar un propósito en su nueva existencia ahora manchada e impura.
Despreciada por el dios que la había usado, Caenis se apartó de todo lo que alguna vez conoció.
Vagaba sola por la vasta costa, dejando atrás las ciudades y los recuerdos.
Su piel morena brillaba bajo el sol, una señal de su resistencia al paso del tiempo y las adversidades.
Su caballo blanco, un símbolo de su antigua nobleza y de los días en los que se sentía llena de esperanza, la acompañaba en su errante viaje.
Fue entonces cuando, en uno de esos días de amargura, Caenis encontró algo inesperado.
Mientras paseaba por una playa solitaria, escuchó el sonido de redes de pesca siendo lanzadas al mar.
Al acercarse, vio a un joven pescador, con una belleza tan fuera de lo común que parecía casi etéreo entre los mortales.
Su cabello, un curioso tono naranja con matices azul coral, brillaba bajo el sol, y sus ojos reflejaban una pureza y felicidad que contrastaba con la furia carmesi que Caenis sentía en su alma.
El joven estaba tirando su red al mar, pero cuando la recogió, no había logrado mucho.
Su rostro se tornó triste, un sentimiento que Caenis pudo percibir incluso a la distancia.
El mar parecía burlarse de él también, como lo hacía con ella misma.
Se acercó, atraída por una extraña conexión que no pudo explicar.
De alguna manera, vio en él una parte de sí misma: alguien que luchaba contra las adversidades de la vida, pero que aún mantenía una chispa de esperanza.
 “¿Te va bien?”, preguntó Caenis, acercándose sin esconder su tono desafiante pero curioso.
El joven la miró y, por un instante, se sorprendió de ver a una figura tan imponente en la costa.
Pero, antes de que pudiera decir algo, ella continuó.
“No te preocupes por tu red.
Sé lo que es esperar algo y no recibirlo.
He vivido con esa promesa rota toda mi vida.” El pescador se quedó en silencio por un momento, mirando a Caenis.
Algo en su voz le había dado un resquicio de entendimiento.
Por primera vez, alguien lo entendía sin necesidad de palabras llenas de consuelo vacío.
“El mar no siempre es generoso”, dijo él finalmente, bajando la mirada.
“Pero a veces lo que necesitamos no está en la red, sino en lo que decidimos hacer con lo que tenemos.” Caenis se quedó en silencio por un momento, sorprendida por la sabiduría sencilla del joven.
No estaba seguro de qué exactamente lo hacía especial, pero algo en sus palabras encendió una chispa en su interior.
Su enojo y su dolor seguían ahí, pero de alguna manera, se sentía menos sola.
Esa noche, al caer el sol, el pescador invitó a Caenis a compartir una comida.
Aunque estaba lejos de ser una gran banquete, la simple compañía de alguien dispuesto a compartir lo poco que tenía era un gesto de bondad que Caenis no había experimentado en mucho tiempo.
Durante las semanas siguientes, Caenis empezó a encontrar consuelo en su compañía.
A medida que el joven pescador le contaba historias sobre la vida en la costa, las dificultades que enfrentaba para ganarse la vida, y su visión optimista de que, incluso en los días más oscuros, siempre había algo por lo que seguir adelante, Caenis comenzó a reconsiderar la naturaleza de su dolor.
Quizás la verdadera traición no era Poseidón, sino su propia incapacidad para perdonarse a sí misma por las decisiones que había tomado en el pasado.
Con el tiempo, Caenis dejó que su ira se fuera disipando, y comenzó a ver el mar con otros ojos.
En su corazón, entendió que el océano, al igual que la vida, no siempre da lo que esperas, pero si uno aprende a navegar entre sus tormentas, puede encontrar algo mucho más valioso: la paz interior.
Así, Caenis decidió dejar atrás su viaje solitario, sabiendo que, a pesar de todo lo que había perdido, aún quedaba algo por descubrir: la fuerza para sanar, y la posibilidad de empezar de nuevo.
Caenis, aunque había comenzado a encontrar algo de consuelo en la compañía de TN, no podía evitar sentir una sensación de desconfianza.
Había vivido tanto tiempo por su cuenta, lidiando con traiciones y promesas rotas, que abrirse a alguien más no era algo que hiciera fácilmente.
Pero TN, con su sonrisa constante y su aire de sencillez, no parecía estar interesado en nada más que en ofrecerle un refugio y un lugar donde pudiera descansar.
“Ven,” le dijo TN un día, mientras recogía su red de pesca en la orilla.
“No tienes un hogar, y yo…
bueno, vivo tranquilo aquí.
Puedo ofrecerte un techo, algo de comida, y si lo deseas, aprenderás de las cosas que el mar tiene para ofrecer.
Puedes quedarte, si lo prefieres.” Caenis lo miró en silencio, su expresión grave, como si evaluara cada palabra, cada gesto.
No podía comprender del todo cómo un hombre tan sencillo podría ofrecerle algo que ella nunca había pedido.
En su mundo, todo estaba siempre teñido de luchas, de honor, de batallas perdidas, de promesas.
Pero ahí estaba él, con su sonrisa sincera, como si le ofreciera algo más allá de lo material.
“¿Por qué?” Caenis preguntó, su tono más rudo de lo que había pretendido.
“¿Por qué me invitas?
No sabes nada de mí.” TN no se dejó intimidar por su mirada desafiante.
Se limitó a sonreír de nuevo, un gesto cálido que parecía deshacer cualquier sombra de desconfianza.
“Porque vi algo en ti,” respondió con calma.
“Vivo lejos de todo las complejidades aunque nunca podía irme fuera de la vista de los Dioses.
El mar no tiene reglas, pero sabe ofrecer lo que uno necesita cuando está listo para aceptarlo.” Caenis se quedó en silencio.
La idea de aceptación le resultaba ajena, y la idea de “pertenecer” era aún más desconcertante.
Había estado sola tanto tiempo que la posibilidad de depender de alguien más, incluso de una manera tan simple como compartir una comida o un techo, parecía casi una debilidad.
Pero las palabras de TN resonaron dentro de ella.
¿Qué más podría hacer?
Había estado vagando bajo el sol, comiendo frutos que encontraba, viviendo al borde de la desesperación.
En ese momento, la oportunidad de descansar no parecía tan mala.
“Está bien,” aceptó, aunque su mirada seguía siendo seria, desafiante, como si aún estuviera en guardia.
“Me quedaré, pero no esperes que me convierta en una carga y si te pasas de listo te romperé los brazos.” TN no reaccionó como esperaba.
No hubo reproches ni incomodidad.
Solo una sonrisa aún más cálida.
“Lo sé,” dijo, mientras comenzaba a caminar de regreso hacia su hogar.
“No eres una carga, Caenis.
Nunca lo serás.” Caenis lo observó mientras se alejaba.
Había algo en su actitud que, a pesar de la confusión y el desconcierto, la hizo sentir una chispa de algo que hacía mucho no experimentaba: esperanza.
No era una esperanza brillante o llena de promesas grandiosas, pero era algo más sutil, algo que lentamente comenzaba a encenderse dentro de su pecho.
A medida que avanzaban juntos por el sendero que llevaba a la casa de TN, Caenis observaba la simplicidad de su vida.
La cabaña de TN no era lujosa ni ostentosa, pero tenía un aire de calidez que no podía ignorar.
Las paredes estaban cubiertas de redes y conchas, y el aire estaba impregnado con el olor del mar.
Era una casa humilde, pero en su simplicidad parecía ofrecer una paz que Caenis había olvidado que existía.
TN la invitó a sentarse en la pequeña mesa de madera que había en el centro de la habitación.
La comida era simple: pescado recién salido del mar, acompañado de hierbas locales y algunos frutos de la isla.
No era mucho, pero era suficiente.
Mientras comían en silencio, TN ocasionalmente miraba a Caenis con una sonrisa tranquila, como si estuviera disfrutando de su presencia.
A Caenis le costaba no sentirse incómoda bajo esa mirada, pero al mismo tiempo no podía negar que había algo reconfortante en su actitud sin presiones.
Por primera vez en mucho tiempo, se sintió…
vista, pero no de la manera en que los demás la veían, ni como una guerrera, ni como un símbolo de dolor y venganza.
Solo una persona.
La noche llegó lentamente, y el sonido del mar rompió el silencio, marcando el ritmo de la tranquilidad que se había instalado entre los dos.
Caenis miró por la ventana, observando cómo las olas golpeaban suavemente la costa.
“¿Por qué decides vivir así?” preguntó Caenis, finalmente, rompiendo el silencio.
“Tan apartado de todo.” TN dejó la jarra de agua sobre la mesa y la miró con esa misma serenidad.
“Porque el mar, aunque impredecible, siempre tiene algo para quien sabe esperar.
Y a veces, lo que uno busca no está en las grandes ciudades o en los lujos, sino en algo tan simple como el horizonte.” Caenis se quedó en silencio, digiriendo sus palabras.
Por primera vez en mucho tiempo, sentía que había algo más allá del dolor, la venganza y la tristeza.
Algo sencillo, como el mar que escuchaba a través de la ventana.
Y aunque su corazón seguía marcado por las cicatrices del pasado, Caenis permitió que, por una vez, esa pequeña chispa de paz la envolviera.
Quizás este joven pescador, con su vida simple y su mirada clara, le estaba enseñando algo que había olvidado: que la vida no siempre tiene que ser una lucha constante, y que a veces, la verdadera fuerza radica en saber cuándo detenerse y simplemente existir.
A partir de ese momento, Caenis no estaba sola.
Y, aunque su camino aún era incierto, por primera vez en mucho tiempo, pudo imaginar un futuro que no dependiera de su dolor o de su venganza.
Quizás su nuevo hogar, entre las olas y la calma del mar, era el comienzo de algo diferente.
La noche llegó como un manto suave sobre la costa, y Caenis finalmente se permitió descansar, hundiéndose en un sueño profundo.
Sin embargo, el sueño no trajo consigo la paz que había esperado.
En sus sueños, las sombras de su pasado comenzaron a emerger, trayendo consigo recuerdos de su deshonra, de los días en los que fue exiliada y dejada atrás.
Recordó la humillación de haber sido profanada y desechada, de cómo su cuerpo fue cambiado contra su voluntad, y de cómo, al final, su espíritu también fue quebrantado.
En el sueño, veía a Poseidón, indiferente, mirándola desde su arrogancia y petulancia divina, como si no fuera más que una basura molesta que perdio su valor.
Recordó el frío de la soledad cuando fue apartada de los suyos, el dolor de ser rechazada por aquellos a quienes había servido.
La rabia y la tristeza se acumulaban dentro de ella, su cuerpo tenso y rígido, mientras las imágenes de su exilio se repetían una y otra vez.
El sudor empapaba su frente, y sus dientes se apretaban con fuerza, luchando contra las emociones que la invadían.
Pero entonces, de repente, sintió una mano suave acariciando su cabello.
Era un gesto simple, pero lleno de calidez y consuelo.
Caenis se relajó, su respiración comenzó a calmarse, y la sensación de seguridad que le brindaba esa mano la ayudó a encontrar la paz que tanto le había costado alcanzar.
Poco a poco, sus músculos se relajaron, y sus pesadillas comenzaron a desvanecerse.
TN, sin hacer ruido, se había acercado a la cama donde Caenis dormía.
Había notado que ella se agitaba en sus sueños, y al escuchar sus respiraciones erráticas, decidió actuar.
Sin pronunciar palabra alguna, se inclinó hacia ella, colocando una mano suave sobre su cabeza.
El gesto, aunque sencillo, parecía aliviar a Caenis de inmediato.
No había necesidad de palabras; su presencia y el toque reconfortante fueron suficientes.
A medida que la noche avanzaba, Caenis comenzó a dormir más tranquila, dejando atrás las sombras de su pasado, al menos por esa noche.
TN, con su mirada atenta, permaneció a su lado hasta que pudo ver que su respiración se había calmado y que, finalmente, la pesadilla había quedado atrás.
El sol se alzó con fuerza al día siguiente, y Caenis despertó sintiéndose algo más ligera, aunque todavía cargada con las cicatrices invisibles que su alma llevaba.
Se incorporó lentamente, sintiendo el calor del sol sobre su piel, y vio a TN preparándose para ir a pescar.
El olor a sal del mar invadió la habitación, y la brisa fresca le trajo un poco de claridad.
“Hoy te enseñaré cómo pescar,” dijo TN con una sonrisa, como si fuera una tarea simple, pero Caenis ya podía imaginar que no lo sería.
 “¿Pescar?” repitió Caenis, un poco escéptica.
“¿Qué tan difícil puede ser?” TN le tendió una red, señalando las rocas cercanas.
“El mar no perdona a los novatos.
A veces, es más difícil de lo que parece.” Caenis frunció el ceño, pero aceptó el desafío.
Juntos caminaron por la costa, donde las olas rompían suavemente contra las rocas.
TN le mostró cómo lanzar la red, cómo usar el arpón y cómo esperar pacientemente.
Al principio, Caenis se sintió torpe.
Las redes se enredaban en sus manos, y el arpón parecía un peso inútil en sus brazos.
No comprendía la sutil paciencia que requería la pesca.
Después de todo, su vida había estado marcada por el combate rápido y decidido, no por la espera silenciosa de la captura.
Horas más tarde, Caenis ya estaba completamente agotada.
Sus brazos dolían el sudor bajaba por sus pectorales y el cabello le cubria la cara, y aunque había logrado atrapar algunos peces, no se comparaba con la habilidad de TN.
El joven pescador, por otro lado, parecía casi fresco despues de un largo dia.
Su rostro seguía relajado, como si todo fuera parte de una rutina diaria.
Caenis miró su captura, un par de peces que apenas eran suficientes para una comida decente.
Sus ojos se encontraron con los de TN, y, por un momento, sintió la tentación de soltar una queja, de pedir explicaciones sobre por qué las cosas no eran tan fáciles como había imaginado.
Pero, al final, lo que hizo fue mirarlo fijamente, como siempre lo hacía, con una mirada desafiante, casi como si estuviera evaluando si él la miraría de la misma manera que los demás lo habían hecho siempre: como alguien débil, que no podía manejar las dificultades de la vida.
TN no dijo nada.
En lugar de eso, se acercó con una sonrisa tranquila, tomando la red y quitándole los pocos peces que había atrapado.
“Hoy no fue tu día,” dijo, sin prejuicio, solo con un tono de comprensión.
“Pero eso está bien.
El mar no siempre responde como uno quiere.” Caenis no pudo evitar sentirse algo frustrada.
No le gustaba la idea de ser “perdonada” por no lograr lo que se había propuesto.
A lo largo de su vida, siempre había tenido que luchar por todo, y la idea de aceptar la derrota sin una pelea parecía humillante.
Pero en la mirada de TN no había burla, ni superioridad.
Solo paciencia, y un tipo de sabiduría silenciosa que le resultaba extraña.
“Está bien,” replicó Caenis, su tono menos áspero, aunque aún había una sombra de frustración en su voz.
“Lo intentaré de nuevo mañana.” TN asintió, satisfecho con su respuesta.
“Eso es todo lo que importa.
El mar te enseñará, pero no lo hará todo de inmediato.
Tienes que aprender a esperar.” El resto del día pasó entre intentos fallidos y momentos de calma junto al mar.
Caenis comenzó a entender que el mar, como la vida misma, no siempre se podía forzar.
No podía simplemente someterse a la misma forma de lucha constante que había llevado durante tanto tiempo.
La paciencia, la calma, la perseverancia…
esas eran las lecciones que TN intentaba enseñarle, aunque Caenis aún no estuviera completamente lista para aceptarlas.
Al caer la tarde, mientras se sentaban juntos junto a la costa, Caenis miró a TN, no con la mirada desafiante de antes, sino con algo que se acercaba a una comprensión, aunque distante.
“Quizás…” comenzó, con un tono más suave, “quizás necesito aprender a esperar, después de todo.” TN la miró, sus ojos brillando con algo cercano a la satisfacción, como si supiera que, aunque Caenis aún estaba lejos de entender todo, estaba dando los primeros pasos hacia algo más grande.
Algo más allá de la venganza, del dolor, y del exilio.
Algo que solo el mar podría enseñarle.
Los días pasaron, y Caenis comenzó a acostumbrarse a la vida simple pero reconfortante que TN le ofrecía.
Había algo liberador en la rutina tranquila que había adoptado: despertarse con el sol, ayudar a preparar las redes, recolectar frutos y aprender de TN, quien parecía no tener prisa, como si cada momento fuera una oportunidad para disfrutar y aprender algo nuevo.
A medida que el tiempo avanzaba, Caenis se fue sintiendo más integrada en esa vida sencilla, y, aunque sus pensamientos seguían siendo una maraña de emociones complicadas, comenzaba a encontrar algo de paz.
Una tarde, Caenis decidió cortarse el cabello, algo que nunca antes había considerado.
Con las manos firmes, se cortó las largas trenzas que siempre había llevado, dejando que las hebras cayeran al suelo.
Ahora su cabello estaba corto, lo suficientemente largo como para llegar a sus hombros, pero lo suficientemente corto como para no interferir en sus movimientos al luchar, o al pescar.
La sensación era extraña al principio, pero algo dentro de ella le dijo que este cambio era necesario.
Algo en su apariencia necesitaba reflejar ese nuevo capítulo de su vida, algo más acorde con la persona que estaba comenzando a ser.
El tiempo con TN continuaba sin grandes alteraciones, y a pesar de que Caenis aún se mantenía algo distante, había algo que había comenzado a cambiar en su relación con él.
El joven pescador, con su paciencia infinita y su amabilidad sin expectativas, había logrado que, poco a poco, ella dejara caer las paredes que había levantado a su alrededor.
Su manera de sonreír, su manera de no presionarla, de no juzgarla, de ofrecerle consuelo cuando más lo necesitaba, estaba comenzando a tocar algo dentro de ella que había estado dormido por mucho tiempo.
La ira y el resentimiento, aunque no desaparecían por completo, ya no parecían ser el único combustible de su existencia.
Sin embargo, la calma de esos días tranquilos no iba a durar.
Una tarde, mientras pescaban juntos cerca de las rocas, Caenis vio algo extraño en el agua.
TN había lanzado su red, y parecía estar contento con lo que había capturado, pero de repente, un pez muy extraño, con espinas afiladas como agujas, saltó hacia él.
Antes de que pudiera reaccionar, TN recibió un golpe en la pierna.
Un agudo dolor recorrió su cuerpo, y un gemido de dolor escapó de sus labios.
Caenis, al ver lo que había ocurrido, reaccionó inmediatamente.
Corrió hacia él, usando su fuerza para sacar a TN del agua, pero al tocar su pierna, se dio cuenta de lo grave de la situación.
El veneno estaba comenzando a extenderse rápidamente por su piel, y sus ojos, normalmente llenos de vida, empezaron a perder su brillo.
Caenis sintió su corazón latir con fuerza, el miedo comenzando a apoderarse de ella.
“¡TN!” gritó, desesperada.
“¡No te duermas!
¡Tienes que mantenerte despierto!” TN apenas pudo responder, su respiración pesada y su rostro palideciendo rápidamente.
“No…
te preocupes…” murmuró, luchando por mantener los ojos abiertos.
“Solo…
tranquila…” “¡No!” Caenis casi gritó, su tono cargado de frustración y miedo.
“¡No puedes dormir, no ahora!
¡Tienes que estar despierto, por favor!” Con rapidez, la levantó con esfuerzo y la cargó hacia la cabaña.
El sol ya comenzaba a ponerse, pero no le importaba la oscuridad que venía, solo pensaba en llevarlo a su refugio, a ese lugar donde él siempre le había dado consuelo.
Lo recostó en la cama, respirando con dificultad mientras observaba su pierna.
Su mirada se centró en el aguijón que sobresalía, clavado profundamente en la carne de TN.
La piel alrededor de la herida estaba comenzando a hincharse.
Nt:picadura del pez de piedra) Caenis no sabía qué hacer.
Sus manos temblaban de ansiedad mientras se inclinaba sobre la pierna de TN, pero, al tratar de sacar el aguijón, él murmuró de nuevo, esta vez con voz débil: “No lo hagas…
el veneno…
se esparcirá más rápido.” Caenis sintió una oleada de ira y frustración.
No podía permitir que TN sufriera, no podía quedarse de brazos cruzados mientras él se desvanecía.
Pero tampoco podía hacer lo incorrecto y empeorar las cosas.
Su mente corría a mil por hora, incapaz de encontrar una solución.
“¡Maldita sea!” murmuró, casi sin darse cuenta, sus puños apretándose.
“¡No puedo perderte!
¡No puedo!” TN, con esfuerzo, levantó una mano y la posó sobre la suya, apretándola ligeramente.
“No tienes…
que cargar…
con todo, Caenis…” dijo, su voz débil, pero algo que Caenis apenas podía comprender.
“Y..
est camino…
no llores…
por.” Las palabras de TN, aunque débiles, fueron como una daga que atravesó el corazón de Caenis.
Él le estaba pidiendo que dejara de luchar, que aceptara lo que pasaba.
Pero ella no podía.
No podía aceptar que algo tan simple como un accidente lo quitara de su vida.
De alguna manera, él había comenzado a ser más importante para ella de lo que estaba dispuesta a admitir.
Aún sin saber qué hacer, Caenis corrió hacia el pequeño rincón de la cabaña donde guardaban hierbas medicinales.
No sabía si ayudarían con el veneno de un pez piedra, pero tenía que intentarlo.
Tomó algunas hojas y las trituró rápidamente, preparándolas para aplicarlas a la herida.
Mientras tanto, TN seguía luchando por mantenerse consciente, y ella lo miró una vez más con esa furia contenida en su pecho.
“Te prometo que no te voy a perder,” dijo con firmeza, más para sí misma que para él, mientras comenzaba a aplicar la pasta de hierbas en la herida.
“Voy a hacer todo lo que pueda.” El tiempo pasó como un borrón entre sus manos temblorosas y los murmullos débiles de TN.
Caenis no sabía si lo que estaba haciendo era correcto, pero su instinto le decía que no podía rendirse.
Con cada movimiento, con cada esfuerzo por mantenerlo despierto, algo dentro de ella comenzaba a cambiar.
Aquella furia que solía ser su única aliada ahora se transformaba en algo más.
Era protección.
Era amor.
Horas después, cuando la luna ya estaba alta en el cielo, TN finalmente logró quedarse dormido, pero esta vez, la pesadilla había quedado atrás.
El veneno y la fiebre había comenzado a disminuir, y aunque Caenis no sabía si sus remedios caseros habían sido la causa, (mezclo todo lo que encontro y el veneno neutralizo al otro veneno) o si la vida de TN simplemente estaba fuera de su alcance, al menos había podido evitar lo peor.
Caenis se sentó junto a su cama, exhausta, pero con una sensación de alivio que no había experimentado en mucho tiempo.
Mientras observaba a TN descansar, un sentimiento profundo de cariño la envolvió.
Aquello que había comenzado como un simple acto de compañía se había convertido en algo más.
La relación que tenían había cambiado, sin palabras, sin gestos grandiosos.
Pero en su corazón, Caenis sabía que TN había comenzado a ocupar un lugar mucho más importante en su vida.
Y por primera vez en mucho tiempo, Caenis se permitió pensar que tal vez, solo tal vez, había encontrado algo que valiera la pena proteger.
Ella no lo perdería, no lo dejaría su amabilidad, no era merecida para esos malditos dioses, el campo elíseo no era dingo de recibir semejante bondad.
Ella empezó a cambiar sus vendas notando la fiebre bajar y mientras lo hacía sus ojos carmesí brillaron de un placer morboso el cuerpo de tn tan cerca de su alcance….
tan indefenso.
Si hubiera sido el envés de Poseidón.
Si su pureza hubiera sido para él…..
ella mordió su labio, no queriendo entrar en detalles y mucho menos explicar su deshonra.
Aunque bien podia darse el gusto ahora.
(y no, no pondre suculencia porque como dije solo quería yanderes pero como mi método será capítulos para darles desarrollo.
Ejemplo Nitocris ya empezó a mostrar mas dependencia de tn, osea que para el capitulo dos tendremos un avance en su emoción y obsesión.
Esto lo hago porque ya es aburrido ver lo mismo waifu loca yandere que secuestra, abusa y tiene hijas con el prota y fin……..Eso ya cansa asi que pense en este metodo darles sentimientos alocados poco a poco.) Y el que quiera meter fetiche yo que sé patas o muslos, six pack dejen su opinion y vere que sale Mas de 5k palabras metidas aqui 7w7.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com