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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 81

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  4. Capítulo 81 - 81 lucifer part 3 helltaker
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81: lucifer part 3 (helltaker) 81: lucifer part 3 (helltaker) Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

Imágenes y personajes no me pertenece crédito a sus autores.

Advertencia este capítulo contiene escenas para mayores y lenguaje bulgar están advertidos.

 Tn dormía.

A pesar del dolor punzante en su pierna, a pesar de las cicatrices aún frescas en su espalda, a pesar de estar en el infierno… había logrado encontrar un instante de paz.

O quizás solo una tregua inconsciente.

Las tres Cerberus estaban acurrucadas a su alrededor, hechas un nido cálido de colas y extremidades entrelazadas, respirando al mismo ritmo que él.

 Una de ellas —la de orejas más cortas, ojos escarlata y expresión curiosa— abrió los ojos antes que las demás.

Bostezó, se estiró como una felina perezosa, y luego fijó la mirada en la pierna maltrecha de Tn.

El aroma del hueso fracturado aún persistía, mezclado con la sangre seca.

Arrugó la nariz.

—“Huele… mal.” —susurró, ladeando la cabeza.

Se acercó gateando hasta él, agachándose como un canino curioso.

Su lengua pasó con cuidado por la herida, lamiendo con insistencia, como si eso pudiera borrar el daño.

—“Sana, sana, patita de rata…” murmuró mientras su cola se movía en círculos lentos, como si esperara ver resultados mágicos.

La sangre vieja desapareció, pero el hueso seguía roto.

Frunció el ceño, confundida.

No entendía por qué no funcionaba.

Su instinto era cuidar… pero era una diablesa, no un ángel.

Se quedó un rato más mirando la pierna, hasta que un estruendoso grito la sacudió como un trueno.

—“¡¿QUÉ ESTÁN HACIENDO AQUÍ?!” —la voz de Judgment rompió el silencio como una espada cayendo.

Tn abrió los ojos con un sobresalto, y las otras dos Cerberus despertaron de inmediato.

El aire se volvió tenso como un hilo al borde de quebrarse.

—“¡KYAAAH!” —chillaron las tres al unísono, tirándose al suelo como perritas regañadas.

Se postraron con el rostro pegado al suelo, temblando.

—“¡Fue Justice!

¡Ella nos dijo que lo cuidáramos!” —chilló una.

—“¡Lo juramos por las tres cabezas y las golosinas de Justice-sama!” —añadió otra con voz quebrada.

—“¡No hicimos nada malo!

¡Sólo dormimos con él!

¡Bueno, y una lamidita pero fue todo!” —soltó la última con nerviosismo, aún agachada.

Judgment alzó una ceja.

Sus botas resonaron con fuerza al avanzar, haciendo eco por toda la sala.

Su látigo colgaba de su cadera como una serpiente esperando atacar.

—“¿Dormir con un alma bajo castigo?” —dijo con voz gélida—.

“¿Y quién les dio permiso de tocarlo?” Las tres Cerberus se abrazaron entre sí como cachorros aterrados.

—“¡Justice-sama dijo que lo vigiláramos!” —repitió la que estaba en el medio, con ojos llenos de lágrimas.

Judgment suspiró.

Sus sejas temblaron un poco.

Sabía que Justice era impredecible… pero dejar órdenes tan vagas a estas tres alborotadoras era simplemente desastroso.

Se giró y miró a Tn, quien apenas se incorporaba, apretando los dientes por el dolor de su pierna.

—“…no fue su culpa,” murmuró él.

“Solo me… acompañaron.” Judgment lo miró por unos segundos.

Su expresión era indescifrable.

—“No es tu lugar decidir eso, humano.” —gruñó, aunque no con la misma dureza de antes.

Luego, sin más, agitó una mano con desdén.

—“¡Fuera de aquí!

¡Las tres!

Esta sala es para tormento, no para juegos.” Las Cerberus no se hicieron repetir la orden.

Se pusieron de pie, agacharon sus cabezas y salieron casi arrastrando las colas, pero no sin lanzar una última mirada preocupada a Tn.

—“…volveremos… cuando ella no esté…” murmuró una de ellas apenas audible, antes de desaparecer por la puerta.

Judgment las vio irse, luego se quedó en silencio frente a Tn.

—“¿Por qué no gritas?” preguntó de pronto.

“Los demás lo hacen.” Tn respiró hondo.

Luego la miró a los ojos.

—“…porque sé que esto no es para siempre.” Judgment entrecerró los ojos… y sin decir nada más, se dio la vuelta y salió, cerrando la puerta con un portazo metálico.

Y Tn… volvió a estar solo.

Por ahora.

.

.

.

Las cadenas de Judgment se alzaron como serpientes vivas, brillando con el fuego de la condena.

Las tres Cerberus chillaron como cachorros atrapados, con orejas bajas y colas entre las piernas mientras eran levantadas del suelo.

—“¡Auuu!

¡¡Duele!!” —gritó una.

—“¡No fuimos malas, fue Justice-sama, lo juro!” —sollozó otra.

Judgment apretó los dientes.

Una de las diablillas fue arrastrada hasta quedar cara a cara con ella.

Su rostro, aún adorable pese al miedo, intentaba no quebrarse.

Judgment la observó con dureza.

—“¿En verdad fue Justice quien las envió?” —preguntó con una voz grave y sin rastro de compasión.

Las cadenas se tensaron, apretando los cuerpos pequeños de las tres hermanas.

—“¡S-sí!” —gimotearon al unísono, sus voces temblorosas.

—“Entonces no interfieran más,” advirtió Judgment con voz cortante.

Pero una de las Cerberus, con los ojos brillando de desafío perruno, gruñó suavemente.

—“…no.

Justice-sama dijo que cuidáramos de él… y eso vamos a hacer.” Las otras dos asintieron rápidamente, una incluso ladró con firmeza, a pesar del dolor.

Judgment parpadeó.

Estaban desobedeciendo.

Se les notaba el miedo en cada centímetro del cuerpo, pero también una terquedad inquebrantable.

Bufó.

—“Tsk… como quieran.” Con un chasquido de sus dedos, las cadenas se agitaron violentamente y las lanzó por el pasillo como muñecas de trapo.

Las tres impactaron contra una pared con un sonoro crack, y cayeron al suelo en una pila temblorosa de colas y quejidos.

Judgment giró en silencio, regresó a la sala de tortura, y extendió ambas manos.

Las cadenas giraron en torno a la puerta, entrelazándose, cerrándola con un sello infernal que chispeaba con energía demoníaca.

—“Ahora nadie más entra.” —murmuró para sí misma.

En su oficina, Lucifer recostaba la cabeza sobre una de sus manos, leyendo con fastidio una nueva carta enviada desde el Cielo.

El sobre tenía bordes dorados, el sello de la balanza celestial… y la letra inconfundible de su hermana, Miguel.

La desprecintó con una garra perezosa y comenzó a leer.

“Lucifer.

Se te ha notificado que un alma santa, identificada como Tn, ha sido desviada por error a tu dominio infernal.

Dicha alma debía ascender a los Campos Celestiales conforme a su pureza moral.

Te solicitamos su retorno inmediato, antes de que las jerarquías celestiales tomen medidas más… formales.” Lucifer bufó, arrojando la carta al fuego más cercano sin leer el resto.

Se levantó de su silla de cuero, dio unos pasos, y observó el paisaje rojo y negro a través de una ventana de cristal reforzado.

—“…un error, dice,” murmuró.

“Un alma santa… ¿en mi infierno?” Sonrió, pero no fue una sonrisa dulce.

Era una mueca orgullosa, venenosa, un cruce entre el placer y la obsesión.

—“Ese humano… no va a ir a ninguna parte.” Caminó de nuevo a su escritorio.

Una nueva pila de papeles esperaba su firma, pero ahora tenía algo más entretenido en qué pensar.

—“No hasta que lo rompa,” murmuró, sus ojos carmesí brillando con intención oscura.

“No hasta que él mismo pida quedarse… o que se arrodille pidiendo perdón.” Miró la chimenea, donde la carta celestial ardía, sus palabras hechas ceniza.

—“…y tú, hermana, puedes esperar.” La carta celestial terminó de consumirse en el fuego.

Una última brasa azul brilló antes de extinguirse con un pff, dejando tras de sí apenas cenizas.

Lucifer suspiró largamente y echó la cabeza hacia atrás.

—“…No pueden dejarme en paz ni un maldito milenio,” murmuró, masajeándose el puente de la nariz.

Con un chasquido de dedos, un golem de piedra y brasas entró a la oficina, sus pasos retumbando levemente sobre el suelo de mármol ennegrecido.

Se inclinó, esperando órdenes.

—“Tráeme algo decente.

Carne, vino, y dulces.

Nada de esas porqueiras que traen siempre,” dijo con fastidio mientras se desabrochaba los últimos botones del cuello de su traje.

El golem asintió sin decir palabra y salió obedientemente.

Lucifer, liberada de su chaqueta formal y con los tacones ya abandonados bajo el escritorio, se dejó caer en su diván de terciopelo rojo.

Su camisa de botones roja, desabotonada justo lo necesario, revelaba un leve escote mientras estiraba las piernas con una exhalación perezosa.

—“Por Satán, cuánto papeleo…” masculló mientras tomaba su copa de vino.

Se giró hacia la pantalla infernal flotante a su lado.

Con un leve gesto, invocó algunos programas humanos interceptados por las redes del infierno: reality shows absurdos, concursos ridículos, dramas adolescentes.

Nada interesante, pero suficiente para distraerse.

Uno en particular mostraba a un joven humano sacrificándose por otros, y eso la hizo levantar una ceja.

—“Tch.

Tn haría eso… claro que sí.” Hizo un gesto de burla y cambió el canal.

No obstante, la imagen del alma no se borraba de su mente.

Tn.

Ese humano que hablaba con calma, que no la miraba con miedo, ni deseo.

Ni siquiera con odio.

Solo con resignación… y una fe tan genuina que dolía.

—“…¿Cómo puede alguien así existir todavía?” murmuró para sí misma, en voz baja, como si no quisiera admitirlo.Tomó un largo sorbo de vino.

Sus dedos tamborilearon sobre la copa.

Era extraño.

Desde hacía siglos que no se sentía así.

En otra era, quizás le habría arrancado la piel por insolente.

O lo habría quebrado con tentaciones.

Pero este no era un alma común.

Había algo irritante en su persistencia… en su falta de odio.

Y eso removía emociones que prefería no enfrentar.

Ira.

Frustración.

Vanidad.

Excitación.

Todas esas partes de ella mismas que había aprendido a enterrar bajo su rol de CEO.

Pero él… él las hacía resurgir.

—“Maldito seas… humano,” musitó, casi con un dejo de… algo más.

Una emoción que no se atrevía a nombrar aún.

El golem volvió con una bandeja de plata.

Lucifer se reincorporó ligeramente en el sofá, aceptó la comida y apartó la mirada de la pantalla.

No miró el reflejo del espejo en la sala.

Uno que, sin querer, capturaba la celda donde Tn dormía.

Aún vendado, aún herido… pero respirando con tranquilidad.

Lucifer apretó los dientes y hundió una uña en la manzana.

—“Ya veremos cuánto te dura esa paz.” .

.

.

.

Lucifer devoraba la comida con el hambre reprimida de varios días.

La carne estaba en su punto, las salsas oscuras ardían con especias del infierno, y el vino ayudaba a que el festín descendiera por su garganta con comodidad.

Pero había algo… faltaba algo.

—“¿Dónde están los malditos postres?” murmuró, empujando con fastidio el hueso limpio de una costilla al borde del plato.

Se sirvió otra copa.

El líquido púrpura danzaba en la copa mientras lo observaba.

Un momento después, sintió el leve tirón en la cintura.

Miró hacia abajo: el botón de su pantalón se había abierto por sí solo, dejando ver un poco de su piel pálida y la cintura baja de su ropa interior de encaje negro.

Lucifer parpadeó.

—“…¿En serio?” Se quedó en silencio, tomando un pedazo de pan y mordiéndolo mientras miraba al golem, que seguía estoico, inmóvil junto al umbral.

Obviamente, no decía nada.

No tenía boca, ni emociones…

pero su simple presencia le resultó irritante.

—“¿Qué miras?” dijo con un tono casi aburrido… y luego, con una chispa de rabia contenida, chasqueó los dedos.

El golem se incendió en llamas verdes, soltando un último quejido gutural antes de desmoronarse en cenizas negras sobre el suelo de mármol.

—“Tch.

Ni siquiera tienen la cortesía de no juzgar.” Se recostó de nuevo, el vientre levemente abultado por la cena, y hundió la cabeza en el respaldo del sofá.

—“Engordar unos kilos no significa perder poder… soy Lucifer,” se dijo a sí misma.

“Si quiero, puedo rehacer mi cuerpo a mi imagen ideal en segundos.” Pero no lo hacía.

Y no lo haría.

Porque lo cierto es que… no era por vanidad.

Era porque él estaba viéndola.

De forma indirecta, invisible, pero constante.

Ese alma.

Esa luz molesta, incorruptible.

Como una lámpara encendida en la noche eterna del Infierno.

Lucifer suspiró con frustración.

Se levantó del diván y se estiró, su camisa de botones ligeramente arrugada tras el festín.

No se molestó en abotonarla del todo, y caminó descalza hasta el elevador infernal.

—“Papeleo, mañana…” murmuró mientras pasaba una garra por sus cuernos.

El elevador ascendió, crujiente, arrastrado por cadenas vivas.

Al llegar a los pisos superiores, las puertas se abrieron a una enorme habitación bañada en rojo tenue, espejos ahumados, candelabros de cristal negro y cortinas de terciopelo púrpura.

Lucifer caminó hacia el tocador.

Con un leve gesto, deshizo su ropa, dejando caer la camisa al suelo.

Su piel brilló levemente con el calor infernal mientras se dirigía al baño.

La ducha fue breve, pero placentera.

El agua de lava tibia resbalaba como seda sobre su piel.

Se envolvió en una bata negra con ribetes dorados y caminó hacia la cama, descalza.

—“Un descanso… eso es todo lo que necesito,” murmuró, más para sí misma que por convicción.

Pero antes de cerrar los ojos, sus pensamientos, como siempre desde hacía días, volvieron a él.

A Tn.

Y a la maldita pregunta que no la dejaba dormir: —“¿Qué tiene ese humano que me importa tanto?” Silencio.

La Reina del Infierno, dueña del pecado, cerró los ojos.

Pero la duda ya le había robado el descanso.

.

.

.

[Seccion de lobby:Oficinista] Pandemonica…

La Secretaria del Infierno, guardiana del papeleo eterno, estaba al borde del colapso emocional.

Las sombras que llenaban la oficina eran espesas como brea, las montañas de documentos parecían crecer cuando no las miraba, y lo peor de todo… —“…¿Otra vez se atoró la maldita cafetera?” murmuró con una voz tan seca como sus ojos.

Se levantó con una lentitud mecánica, caminó hacia el rincón donde se encontraba su amada (y maldita) cafetera rota, la sacudió un poco, la miró fijamente… y luego simplemente dejó caer su frente contra la máquina con un suspiro derrotado.

—“No puedo más…” Con movimientos cansados, se quitó las gafas, frotándose los ojos con los dedos ennegrecidos de tinta y estrés infernal.

Al volver a colocárselas, la notificación de mensajes volvió a sonar: Cling.

Cling.

Cling.

Los íconos celestes brillaban en la pantalla de su ordenador, cada uno con el mismo remitente: “Remitente: Miguel.

Asunto: URGENTE.

Sobre el alma santa.” Pandemonica frunció el ceño.

Había seguido las órdenes de Lucifer al pie de la letra, pero el buzón de mensajes estaba casi colapsado.

Si no fuera porque Lucifer había amenazado con colgar a quien filtrara cualquier palabra del Cielo… ya habría respondido.

—“Ya cállense, bastardos con alas…” masculló mientras arrastraba todos los mensajes a la carpeta de spam.

De nuevo.

Pero el clic constante de nuevas notificaciones seguía.

—Clic.

Clic.

Clic.

Una vena le tembló bajo el ojo.

Al primer demonio menor que cruzó la entrada, con un sobre para firmar, ella lo fulminó con la mirada.

—“Pandemonica-sama… ¿firma aqu—?” ¡CRACK!

De una palmada furiosa, lo estampó contra la pared con fuerza pura.

El cuerpo del demonio quedó colgando dentro del yeso como una figura de decoración rota.

—“Uno más que hable, y se convierte en mi silla…” Se dejó caer de nuevo en su escritorio, soltando otro largo suspiro.

Las montañas de papeles seguían allí.

El zumbido de los monitores, los gritos apagados de las almas fuera de la oficina… todo sonaba igual de monótono.

Así que, con un gesto perezoso, abrió una pestaña nueva en su pantalla.

Tecleó con dedos veloces y automatizados:“Demon Lust Network – Mujeres x Mujeres” Se cruzó de brazos mientras veía los primeros minutos.

Jadeos, risas, piel contra piel… nada que no hubiera visto ya mil veces.

—“Ugh… lo mismo de siempre,” murmuró con tedio.

Ni siquiera el infierno podía satisfacer los impulsos de una demonio que había visto todo.

Hasta el placer más prohibido terminaba volviéndose rutina.

Cerró la ventana.

Volvió al papeleo.

—“¿En qué momento esto se volvió más interesante que el sexo?” Suspiró de nuevo, más profundo esta vez.

El cansancio se acumulaba.

Los párpados pesaban.

—“Quiero…

un maldito café…” Y mientras su dedo firmaba automáticamente otro formulario condenando un alma a la lava perpetua, Pandemonica pensó que, quizás, ella también se estaba pudriendo lentamente en esa oficina.

Pandemonica seguía tecleando con una velocidad endemoniada, ojos enrojecidos, espalda encorvada como si su alma ya hubiera abandonado su cuerpo desde hacía horas.

Cada nueva hoja firmada era una pequeña victoria contra la sobreexplotacion laboral… pero el infierno nunca duerme.

Y tampoco la dejaba dormir a ella.

De pronto, dos brazos fuertes y suaves rodearon su cintura desde atrás.

Pandemonica apenas parpadeó.

—“…Justice.” —“Oooh~ ¿cómo lo supiste?” —respondió la demonio con voz traviesa, dejando besos juguetones en su cuello—.

“¿Todavía estás trabajando a estas horas, secretaria incansable?” Pandemonica solo alzó una ceja, sin mirar.

—“Si no trabajo yo… ¿quién más lo hará?

¿tu?

¿Zdrada?” —“Pfft~ claro que no.

está ocupada siendo gruñona y yo probablemente estare bgando por ahi.” Justice se inclinó más, sus pechos presionando la espalda de Pandemonica, y susurró en su oído—“Ven a descansar conmigo un rato.

Solo un ratito.

Te prometo que lo disfrutarás…” Pandemonica cerró los ojos un instante.

Tentador.

Muy tentador.

—“…Solo tráeme un café.

Oscuro.

Amargo.Y considerare comerte el coño” Justice soltó una carcajada alegre, se separó con un suave apretón en la cintura y se estiró perezosamente.

—“Lo que digas, cariño~ Te traeré algo especial, entonces.” Mientras Justice se alejaba caminando, sin ver pero sin tropezar, su bastón golpeaba el suelo al ritmo de sus pasos relajados.

Pero no llegó muy lejos.

—“¡JUSTIIIIICE~!” El grito agudo y coral de las tres Cerberus retumbó por los pasillos justo antes de que las diablillas la embistieran en una nube de colas y lenguas.

—“¡Jefe!

¡Jefe!” —decía una—.

“¡Judgement nos echó!” —“¡Nos sacó con sus cadenas de la sala!” —se quejaba otra.

—“¡Ni siquiera hicimos nada esta vez!” —añadió la tercera con un puchero.

Justice, ahora en el suelo con las tres perritas demoníacas encima, solo rió mientras recibía lamidas descontroladas en el rostro.

—“¡Vale, vale, ya basta de babas, mocosas!” —dijo mientras las revolvía con cariño—.

“¿Qué pasó exactamente?” Las tres hablaron al mismo tiempo, soltando un mar de excusas y quejas.

Justice apenas entendió algo entre tanto ruido, pero una cosa quedó clara: Judgement estaba furiosa… y las había echado de la sala donde cuidaban a Tn.

—“Hmm… eso no es bueno.

Yo les dije que lo cuidaran.” Las Cerberus asintieron vigorosamente, colas agitándose como si fueran hélices.

Una incluso gruñó como si estuviera lista para pelear por ese encargo.

—“Está bien, tranquilas…” —dijo Justice poniéndose de pie mientras sacudía su ropa—.

“Déjenlo a mí.

Hablaré con Judgement…” Y mientras las Cerberus correteaban a su alrededor emocionadas, Justice suspiró.

Entre Lucifer obsesionada, Judgement enojada y Pandemonica sin café… el infierno se estaba volviendo demasiado entretenido.

—“…Y yo solo quería una fiesta tranquila,” murmuró, riendo para sí misma.

lapiz lazuli (gema x gema) siguiente en actualizar Puede que saque otro de artoria o mei perooooooo solo si este cap recibe algunos comentarios 7w7 Votos.

Pondría imágenes suculentas de las waifus pero…..wattpad y los tards no me dejarían en paz 😑 así que ni modo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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