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Waifu yandere(Collection) - Capítulo 82

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  4. Capítulo 82 - 82 Lápiz Lazuli Steven universe
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82: Lápiz Lazuli (Steven universe) 82: Lápiz Lazuli (Steven universe) Advertencia ⚠️ ⚠️ Futuro contenido para mayores 18 leer bajo su propio criterio Advertencia contenido grafico de violencia y Advertencia ⚠️ temas cuestionables y sensibles se sugiere que si no es de su agrado salga de aquí y de paso aclaro que personajes o imágenes no me pertenecen crédito a sus autores.

Agrego personajes no me pertenecen.

_________________________________________________ Hace cientos de años, en los albores del Imperio Diamante, Lapis Lazuli fue convocada para una de las misiones más ambiciosas del programa colonial: terraformar un planeta virgen en un sistema solar lejano, rico en recursos y con una belleza natural inquietante.

El planeta, designado ED-9 por la corte de Diamante Azul, era vasto, con mares oscuros de sal líquida, cordilleras de cuarzo y desiertos de polvo plateado.

En el cielo flotaban anillos dobles de hielo fractal, y la gravedad era tan ligera que las nubes parecían colgar como cortinas de agua estática.

Al llegar en su nave-pétalo, Lapis flotó sobre la atmósfera con mirada crítica.

—”Demasiado hermoso para servir a la causa,” —murmuró para sí, su voz teñida de una tristeza distante.

Sabía que su deber era convertir esa belleza salvaje en simetría artificial, domar océanos, moldear ríos, separar placas tectónicas y prepararlo todo para el crecimiento de nuevas gemas… y la devastación ordenada del Imperio.

Pero no estaría sola.

Al tocar tierra firme, notó un brillo oscuro acercándose desde el este, atravesando un valle como una sombra viva.

Del suelo emergió una figura humanoide con piel gris oscuro, cabello azabache corto y desordenado, ojos negros como obsidiana pura, y una sonrisa inusualmente cálida para una gema imperial.

—”¿Tú eres la Lapis designada a ED-9?” —preguntó con voz firme pero amistosa.

—”Sí.

¿Y tú…?” —”Soy una Obsidiana.

Técnicamente, Obsidiana G-0346… pero me llamo Tn.” Lapis lo observó con ligera sospecha.

Las gemas no solían tener apodos.

—”Tn… ¿Eso es un número codificado?” Él sonrió aún más.

—”No, es un sonido.

Me lo di a mí mismo.

Siempre cortamos, ¿verdad?

Tn, como el chasquido que hacen las placas tectónicas antes de romper.

O como el filo invisible de nuestras hojas.

Me pareció… apropiado.” Ella alzó una ceja, pero no discutió.

Lo cierto es que le intrigaba.

Las Obsidianas eran raras, muy raras.

Solían trabajar bajo tierra, esculpiendo la roca más dura, separando mundos como cirujanos silenciosos.

No se veían mucho.

No hablaban mucho.

Pero este… Tn era distinto.

— Durante semanas, trabajaron sin descanso.

Lapis levantaba columnas de agua, arrastraba glaciares enteros hacia el ecuador, y tallaba cauces por donde fluirían ríos minerales.

Tn, por su parte, blandía sus manos como cuchillas, cortando montañas enteras sin mover un músculo.

Las grietas seguían su voluntad, como si la tierra temiera resistirse.

Un día, mientras moldeaban un sector montañoso, Lapis habló, sin mirarlo.

—”No pareces como las otras Obsidianas.” —”¿Qué se supone que somos?

¿Ecos?

¿Obreros aburridos como la corte de los Zafiro?” —respondió él mientras cortaba con precisión una cordillera en forma de espiral.

—”He escuchado que son peligrosos.

Demasiado útiles para destruir.

Por eso trabajan lejos.” Tn soltó una risa baja.

—”¿Y tú?

Las Lapis pueden drenar mares y ahogar sectores de tierra amplios.

Pero aquí estás, creando lagos y lluvia.

Tal vez eso diga más de nosotros que nuestras funciones.” Ella se quedó en silencio, pero no porque no tuviera nada que decir… sino porque por primera vez, sentía que una gema le hablaba de verdad, no por deber, sino por compartir algo real.

— En el transcurso de la terraformación, ambos trazaron sectores donde nacerían nuevas gemas: amatistas profundas en los cañones de piedra morada; berilos y esmeraldas junto a campos volcánicos dormidos; jaspes y turquesas bajo el mar.

Mientras contemplaban una llanura mineral al atardecer, Lapis flotó cerca de Tn, sus pies apenas rozando el suelo.

—”¿Alguna vez has pensado en quedarte en un planeta?” —”¿Quedarse?

¿Como esas perlas de baja clase que sirven de entretenimiento?” —”No.

Quedarse… mirar cómo algo crece.

Sentir que lo que hiciste no fue solo obedecer.” Tn guardó silencio por unos segundos.

—”Sí… con este planeta, quizás.” Ella le dirigió una mirada.

Por primera vez, sus ojos reflejaban algo que no era resignación… sino una chispa de conexión.

— La terraformación seguía, pero el planeta ya no era solo un deber.

Era un puente.

Un lugar donde dos herramientas del Imperio empezaban a sentir que podían ser más que eso.

Y en el cielo, lejano y sutil… algo se movía.

La rebelión aún no había comenzado.

Pero pronto lo haría.

El proyecto continuaba a un ritmo excelente.

Las zonas para la futura incubación de gemas eran delimitadas con precisión quirúrgica por Tn, mientras Lapis canalizaba corrientes y humedad para crear microclimas y biomas específicos.

Donde antes había caos geológico, ahora surgían patrones armónicos, como circuitos naturales esculpidos a mano.

Ambos se movían por lo que alguna vez sería llamado Sudamérica.

Montañas andinas formadas a medias, grandes selvas húmedas creciendo en valles, y una fauna autóctona que ni siquiera el Alto Consejo había previsto.

En uno de sus pocos descansos, se sentaron cerca de una laguna cálida y azulada.

El cielo era de un turquesa profundo, y en la distancia se oían trinos y zumbidos.

Unas pequeñas criaturas peludas comenzaron a acercarse con curiosidad.

Tenían ojos redondos, cuerpos anchos y húmedos, y una calma natural que contrastaba con su tamaño.

Uno de ellos se acomodó sin miedo junto a Lapis.

—”¿Qué es eso?” —preguntó Tn, apoyando los codos sobre sus rodillas.

—”No lo sé.

Pero son… adorables.” —Lapis sonrió, casi con vergüenza, mientras uno de los animales se recostaba contra su pierna como si fuera parte del paisaje.

Tn estiró una mano hacia ellos, curioso, pero los animales simplemente lo ignoraron.

—”Ya veo cómo es esto… las criaturas tiernas, y yo…” Un gruñido bajo resonó tras él.

Un jaguar, silencioso como un pensamiento oscuro, había aparecido entre los arbustos y, antes de que Lapis pudiera advertir algo, ya estaba encima de Tn.

No atacando exactamente… pero con las garras cerca.

Los colmillos apenas a centímetros de su cuello.

Tn, inmóvil, apenas giró los ojos hacia ella.

—”…creo que me está abrazando.” —”Te está probando.

Está viendo si puede comerte.” —”¿Seguro que no es afecto salvaje?” —dijo con voz tranquila, mientras el jaguar lo olfateaba y daba suaves zarpazos sobre su hombro.

—”Lo que sea que estás sintiendo ahora no es afecto, Tn.” —Lapis se cubrió la boca, conteniendo la risa.

—”Entonces esto es una relación complicada.” —respondió él con una sonrisa de resignación.

El jaguar, frustrado por no poder perforar la dura piel de obsidiana, terminó roncando y alejándose.

Tn se incorporó, sacudiéndose.

—”¿Ves?

Incluso los depredadores me respetan.” —”O te descartan como piedra difícil.” —”Piedra valiosa.

Diferencia importante.” Lapis rio, una risa suave, casi como una ola acariciando la costa.

No lo decía en voz alta, pero esos momentos con Tn se habían vuelto una parte extraña pero reconfortante de su existencia.

— Unas horas después, retomaron su labor.

Se desplazaron a una región elevada del continente, entre mesetas y formaciones volcánicas dormidas.

Era ideal para una futura guardería de gemas más resistentes.

Tn se adelantó, sus pasos eran firmes, calculados.

Estiró los brazos, y del aire surgieron líneas negras apenas visibles, como hilos de vacío que cortaban el paisaje con precisión.

—”Sector cuatro, dividido en seis cuadrantes.

Cuarzo y jaspe crecerán aquí sin problemas.” Lapis levantó ambas manos, y las nubes sobre el área comenzaron a condensarse.

En segundos, cayó una lluvia perfecta, densa y controlada.

Luego, alzó columnas de agua que esculpió como si fueran arcilla líquida.

Una de ellas descendió cortando con fuerza un macizo de piedra, complementando el trabajo de Tn.

—”Me sorprende que nuestros poderes se sincronicen tan bien.” —comentó Tn, sin dejar de observar el corte.

—”¿Por qué?

¿Porque no se supone que una herramienta afilada trabaje con una artista del agua?” —”No.

Porque a veces las herramientas no se entienden entre sí.

Pero tú y yo… somos como dos filos del mismo corte.” Lapis bajó la mirada, casi con timidez.

No estaba acostumbrada a cumplidos.

Mucho menos a metáforas tan personales.

—”Supongo que… no me molesta que trabajemos juntos.” Tn sonrió.

Fue una sonrisa serena, como el filo de una hoja apenas rozando la superficie del agua.

—”A mí tampoco.

Quizás este planeta no sea tan hostil como pensé al principio.” La luz del sol comenzaba a caer, tiñendo el cielo de rojo y oro.

Bajo esa cálida sombra, los dos siguieron trabajando, como si el mundo a su alrededor estuviera aún dispuesto a ser algo más que propiedad del Imperio.

El día caía sobre el horizonte con un fulgor dorado que teñía el océano de cobre líquido.

Las olas suaves lamían la orilla con pereza, y el cielo se deshacía en naranjas, rojos y violetas.

Era uno de esos atardeceres que parecía ignorar la existencia de imperios, guerras o órdenes superiores.

Lapis Lazuli y Tn estaban sentados en la costa, sin hablar.

Solo mirando.

Observando cómo la estrella de aquel sistema descendía lentamente, como si dudara en despedirse.

—”¿Sabes bailar?” —preguntó Lapis de pronto, sin girar la cabeza, sin mirar.

Tn parpadeó.

—”¿Bailar…?

No estoy seguro.

No es parte del protocolo.” —”Tampoco terraformar con especies locales cerca.” —replicó ella con una sonrisa tímida.

Hubo una pausa.

El silencio lo llenó todo, roto solo por el sonido del agua acariciando la arena y las pequeñas piedras.

—”No tengo problema con intentarlo.” —respondió finalmente Tn, poniéndose de pie y ofreciéndole la mano.

Lapis dudó solo un segundo antes de tomarla.

Sus dedos eran más fríos de lo que esperaba.

Firmes.

Claros.

Se movieron con lentitud.

Sin música, sin ritmo fijo.

Solo siguiendo la cadencia del oleaje y la respiración compartida.

Lapis giraba en torno a él, ligera como la espuma, mientras Tn la seguía con pasos torpes al principio, pero llenos de intención.

El agua les tocaba los tobillos, jugando con sus movimientos.

Los cuerpos comenzaron a acercarse más.

El impulso de mantener distancia se deshacía con cada giro.

Con cada mirada sostenida.

Lapis sintió su cuerpo pegarse al de Tn.

Su piel gris contra la suya.

Su frente contra su mejilla.

El roce eléctrico de una conexión no planeada, no permitida.

—”Esto… se siente raro.” —murmuró ella.

—”Lo sé.

Pero no quiero detenerme.” —confesó Tn.

Fue entonces.

Sin planearlo, sin palabras, solo siguiendo el instinto antiguo de las gemas que se entienden sin necesidad de órdenes, ocurrió.

Un beso fugaz.

Como un relámpago.

Y luego un jadeo, suave, contenido, naciendo de la garganta de Lapis como si su gema hubiera suspirado por ella.

Un brillo los envolvió.

Azul profundo y negro azabache.

Agua y corte.

Silencio y filo.

Poderes que no debían combinarse… pero que lo hicieron.

Y cuando la luz se desvaneció, ya no eran dos.

Donde antes estaban Tn y Lapis, ahora emergía algo nuevo: Lapisdiana.

La figura que surgió tenía algo imposible: una belleza andrógina que rompía todas las normas visuales de Homeworld.

Sus ojos eran tan afilados como dulces.

Su cuerpo era esbelto, pero con líneas fuertes.

Masculinidad y feminidad abrazadas en una sola forma.

La tela del bikini de Lapis se había fundido con la estructura ceñida del uniforme de Tn.

Aún conservaba los pantalones amplios, pero ceñidos en la cintura por una faja negra con patrones azul profundo, como si el océano y la obsidiana hubieran contado secretos uno al otro.

Lapisdiana dio un paso adelante, y el agua reaccionó al instante, subiendo como para tocar su pierna.

Se inclinó.

Se miró reflejada en la superficie cristalina.

Una mano —su propia mano— tocó su rostro, como si quisiera confirmar que era real.

—”…¿Esto…

soy yo?” —dijo con una voz doble, una mezcla perfecta entre la de Tn y la de Lapis, vibrando como una nota sostenida en el aire.

El reflejo en el agua le devolvió una mirada tan llena de preguntas como asombro.

El brillo de su gema fusionada palpitaba suavemente, como un corazón que apenas empezaba a latir.

El océano guardaba silencio.

La noche llegaba con cautela.

Y Lapisdiana, nacida de un deseo callado, de una danza prohibida, respiraba por primera vez.

El brillo se extinguió con la misma rapidez con la que había nacido.

En un pestañeo, la figura de Lapisdiana se fragmentó como vidrio atrapado en una onda expansiva.

Un latido.

Una respiración contenida.

Y luego, solo dos cuerpos cayendo al agua.

El chapoteo fue fuerte, pero no dolió.

Ambos quedaron a la deriva por unos segundos, sumergidos hasta los hombros en la orilla tibia, jadeando como si hubieran escapado de un abismo.

Tn tenía la mirada desenfocada.

Su pecho subía y bajaba con lentitud, como si su estructura tardara en entender que estaba de nuevo dividido.

Sus dedos aún temblaban, inconscientes del todo.

Lapis lo sostuvo por los hombros, con las manos temblorosas, su cabello empapado pegado al rostro y el corazón de su gema palpitando con una luz tenue.

—”¿Qué hicimos…?” —susurró, más para sí misma que para él.

—”No…

no debíamos…” —su voz se quebró mientras sus pupilas se dilataban en puro pánico.

—”Tn…

eso fue una fusión.

Nosotros…

tú y yo…

No es posible.

No puede ser posible.” Tn intentó responder, pero sus labios estaban secos.

El recuerdo del momento lo golpeaba con fuerza: el beso, el calor, la vibración.

La sensación de ser otro, y a la vez más él mismo que nunca.

Una identidad compartida.

—”Fue solo un instante…” —balbuceó él, llevando la mano a su pecho como si buscara la gema fusionada que ya no estaba.

—”Lo sé.” —murmuró Lapis, y tragó saliva con dificultad—.

Pero con un segundo basta para ser destruidos.

El tono en su voz era una mezcla de angustia pura y comprensión.

Entendía el peso de lo que habían hecho, y el peligro que significaba.

En Homeworld, algo así no se perdonaba.

Una Lazuli y una Obsidiana.

Diferentes castas.

Diferentes propósitos.

Fusión entre diferentes significaba desviación.

Corrupción.

Castigo.

—”Si alguna de las Perlas lo ve… si algún dron espía detectó algo…” —empezó a decir, cada vez más rápido, mordiéndose el labio.

—”Lapis, mírame.” —interrumpió Tn con firmeza, tomando sus mejillas entre las manos.

—”No pasó nada.

Nadie lo vio.

Solo fue un momento.

Estamos bien.” Sus palabras no tenían la fuerza de una orden, sino la suavidad de una promesa.

Aun así, temblaban.

Él también tenía miedo, aunque no lo mostraba del todo.

Lapis cerró los ojos, respirando hondo.

El agua alrededor de ambos se movía sola, nerviosa, ondulando como si sintiera la tensión de su portadora.

—”¿Y si se repite?” —preguntó en voz baja—.

“¿Y si no podemos controlarlo?” —”Entonces…” —Tn bajó la voz, mirándola con una honestidad pura— “lo enfrentaremos juntos.” Un silencio pesado se extendió entre los dos.

Lapis asintió, apenas.

Una lágrima delgada resbaló por su mejilla, disolviéndose en una gota salada entre tantas.

—”Diamante Azul llegará pronto para inspeccionar la colonia.

Si actuamos con normalidad… si no mostramos nada extraño… puede que esto quede como una anomalía sin registro.” Tn le ayudó a salir del agua.

Ambos estaban empapados, agotados no físicamente, sino estructuralmente.

Sus gemas habían tocado algo que no debían.

Caminando hacia las formaciones rocosas que usaban como refugio, Lapis miró de reojo su brazo, y por un instante se detuvo.

Su piel.

El azul brillante que siempre la caracterizaba… ahora tenía tonalidades más profundas, más oscuras, casi como el negro obsidiana de Tn.

Como si algo de él se hubiera quedado adherido a su forma física.

No era una mancha.

No era una deformidad.

Era una marca.

Ella bajó la manga con rapidez.

—”Necesito descansar.” —dijo con voz apenas audible.

—”Yo también.” —respondió Tn, observándola de reojo mientras se sentaban cerca de la entrada de su cueva-laboratorio.

No había palabras.

Solo el eco del pecado compartido latiendo en sus gemas.

Y un nuevo miedo: que el recuerdo de aquella forma —perfecta, armoniosa, prohibida— volviera a tentarlos… sin que pudieran resistirse.

.

.

.

.

El cielo se oscureció ligeramente cuando la nave de Diamante Azul descendió.

No era una sombra agresiva, sino una melancolía suave que cubría la superficie como una sábana de terciopelo celeste.

Desde los riscos artificiales, Lapis y Tn ya esperaban de pie, con la postura perfecta del saludo de respeto.

Inclinados ligeramente hacia adelante, sus manos al pecho, y los ojos bajos.

La compuerta se abrió sin estruendo.

El aire vibró por un instante con esa resonancia única que solo traían las naves de alto rango.

Diamante Azul descendió con la elegancia etérea de una deidad acuática.

Alta, serena, cubierta por una capa translúcida como gasa líquida.

A su lado, su Perla.

Esta era mucho más baja de lo usual para su clase, con una silueta refinada y una vestimenta ceremonial de tonos índigo, zafiro y aguamarina, que ondulaba con el viento.

Sus ojos no se movían ni un milímetro, siempre fijos al frente, como si observar implicara una falta de humildad.

Diamante Azul se detuvo a unos metros de los dos terraformadores.

Bajó su capucha lentamente.

Su mirada, suave pero cargada de peso, se posó sobre el paisaje primero… y luego sobre ellos.

—“Es…

hermoso.” —murmuró con voz grave, profunda y empapada de una tristeza—.

“Este mundo tiene una música diferente.

Ecosistema…

azul,me gusta.” Tn alzó un poco la cabeza, lo suficiente para ver cómo la luz de la atmósfera azulada se reflejaba en su gema.

Era como mirar a un océano encerrado en carne cristalina.

—“Obsidiana Tn,” —inició la Perla con voz clara, para presentarlo— “Lazuli-117.” —“Mi diamante,” —dijo Tn con una reverencia firme—, “el planeta responde bien a la terraformación.

Su estructura geológica permite asentamientos sólidos, y hemos dividido las regiones por utilidad estratégica: formación de soldados en el norte, reposo y minería en el sur.

El ecuador puede mantenerse como zona neutral de convergencia.” Lapis asintió, sin atreverse aún a hablar.

—“La fauna es primitiva.” —continuó ella, la voz firme pero suave— “Hemos identificado diversas especies grandes y herbívoras, y otras depredadoras.

Las zonas acuáticas son ricas en minerales no catalogados, y el agua es altamente manipulable.

Hemos contenido las alteraciones climáticas naturales para mantener estabilidad durante el nacimiento de nuevas gemas.” Diamante Azul los observó en silencio por unos segundos.

Su mirada era pesada, no por enojo, sino por la expectación que transmitía.

Como si buscara sentir la verdad de sus palabras más allá del contenido.

Finalmente asintió.

—“Han trabajado bien.” —dijo en su tono lento y envolvente—.

“Pero este sistema solar ya ha sido reclamado por mi hermana.” Lapis abrió los ojos con lentitud.

Tn tensó levemente la mandíbula.

—“Este sector, y sus planetas interiores, han sido asignados a Diamante Rosa.” —prosiguió Azul con un tono neutral—.

“Ella lo solicitó para su proyecto de colonias experimentales.

A partir de hoy, este mundo estará bajo su jurisdicción.” Ninguno de los dos se atrevió a responder de inmediato.

La noticia, aunque entregada con calma, tenía implicaciones profundas.

Diamante Rosa era joven, caprichosa, impredecible.

No era como Azul, ni como la estricta Amarilla.

Su forma de tratar los mundos…

era peculiar.

Lapis lo sabía.

Había escuchado susurros.

Tn también.

Cambiar de diamante significaba nuevas órdenes, nuevas supervisiones…

y nuevos peligros.

—“Entendido, mi diamante.” —respondió Tn al fin, con la cabeza baja.

—“¿Alguna anomalía que deba reportarse?” —preguntó la Perla sin emoción, abriendo un panel holográfico de registro.

Ambos sintieron un pequeño latido en sus gemas.

Lapis mantuvo su rostro sereno, aunque sentía una gota fría deslizarse por su espalda.

Tn respondió primero: —“No.

Todo en orden.

Sin desviaciones.” La Perla asintió y continuó tomando notas.

Diamante Azul no dijo nada más.

Dio media vuelta lentamente, observando una última vez el océano.

Sus labios se movieron como si fuera a decir algo más… pero no lo hizo.

Solo caminó hacia la nave, su capa flotando tras ella como neblina matutina.

Una vez dentro, la compuerta se cerró, y en cuestión de segundos, la nave ascendió con silencio espectral.

Solo cuando desapareció del cielo, Lapis soltó el aire que había contenido por varios segundos.

—“Sobrevivimos.” —susurró.

—“Por ahora.” —agregó Tn, con una sonrisa leve.

Ambos sabían que todo cambiaría.

Un nuevo diamante.

Una nueva supervisión.

Un nuevo riesgo… …y una fusión que aún ardía bajo la superficie.

.

.

.

La noche había caído por completo sobre el continente donde construyeron la última guardería.

El aire tenía una humedad suave, el tipo que empapaba la piel sin incomodar, como una caricia de vapor cálido.

Las estrellas decoraban el cielo como partículas de diamante flotando sobre terciopelo negro.

Tn estaba acostado sobre una loma de tierra todavía sin procesar, los brazos tras su cabeza, con la mirada fija en las constelaciones.

Lapis estaba cerca, sentada con las piernas recogidas, abrazando sus rodillas.

La brisa nocturna le movía suavemente el cabello.

Ambos permanecían en silencio.

No por falta de cosas qué decir, sino porque compartían esa clase de silencio cómodo que solo se da entre quienes han aprendido a entenderse sin palabras.

Lazuli fue la primera en romperlo.

—“¿Crees que nos separen…?” —murmuró, sin mirarlo—.

“¿Que nos manden a distintos planetas?” Tn no respondió de inmediato.

Tragó saliva lentamente, con los ojos aún en el cielo.

—“Podría ser.” —dijo finalmente—.

“Aunque también podrían mantenernos juntos si lo consideran útil.

Dos terraformadores que han demostrado eficiencia trabajando en equipo.” Lapis apretó un poco más las rodillas contra su pecho.

—“No quiero irme.” —confesó en voz baja—.

“Siempre he sido útil.

Siempre he hecho lo que me han dicho.

Pero contigo… contigo fue diferente.

Me sentí menos…

herramienta.

Más…

yo.” Tn giró el rostro hacia ella, ladeado sobre el suelo.

Sus ojos grises, oscuros como obsidiana pulida, se encontraron con los suyos por un instante.

Luego volvió la vista al firmamento.

—“En este planeta…

vi algo que no entendía.

Una especie que no nace de gemas, sino de una mezcla entre dos.

Usan algo llamado cuerpo.

Se fusionan de forma natural y nace una nueva vida, completamente distinta.” —hizo una pausa—.

“No es como una fusión nuestra.

Es más…

biológico.

Orgánico.

Incontrolable.” (Nt:vio humanos cojiendo y se le hizo raro :v) Lapis lo miró, un poco confundida.

—“¿Estás hablando de los seres bípedos?

¿De los…

humanos?” Tn asintió apenas.

—“Sí.

Observé a varios durante las noches.

Vi cómo formaban parejas.

Masculino y femenino.

A veces se tocaban, otras veces se besaban.

A veces simplemente se miraban y hacian algo raro.

Y de ese contacto…

nacía algo nuevo.

Una vida pequeña, que crecía.

Que aprendía.

Que se hacía grande.” Lazuli bajó la cabeza, observando la palma de su mano.

—“Las gemas no somos así.” —dijo, casi con pesar—.

“Nacemos completas.

Sin evolución.

Somos lo que somos desde el principio.” —“¿Te parece malo?” —preguntó Tn con suavidad.

Ella no respondió.

Solo se recostó lentamente junto a él.

Al principio sin tocarlo…

pero luego dejó que su cabeza descansara sobre su hombro.

—“No lo sé.” —murmuró—.

“Pero si alguna vez pudiera… cambiar, me gustaría que fuera contigo cerca.” Tn tragó saliva de nuevo.

Su gema vibró apenas, un temblor interno que no sabía interpretar.

—“¿Qué crees que hará Diamante Rosa con nosotros?” —preguntó ella, con un hilo de voz.

Tn suspiró y giró apenas para que sus dedos rozaran el cabello de Lazuli.

—“Probablemente jugar con nosotros.

Cambiar nuestros roles.

Reorganizarlo todo.

Es caprichosa.

No nos conoce.

Solo verá datos, rendimiento, utilidad.” —“Entonces somos herramientas otra vez.” Tn cerró los ojos.

—“Quizá.

Pero si me toca ser una herramienta… espero que al menos seamos parte del mismo conjunto.” Lapis se quedó en silencio, solo escuchando el latido de las olas en la distancia.

Y sin pensarlo, deslizó su mano por el pecho de Tn, apoyándola sobre la parte donde su gema se escondía.

No fue un gesto que conociera.

Fue instintivo.

Cálido.

Humano.

Él no la apartó.

No lo hablaron más.

Pero en esa quietud, bajo las estrellas de un planeta no conquistado, algo más profundo que una fusión comenzó a gestarse entre ellos.

Una afinidad prohibida.

Una chispa……que solo necesitaba una orden equivocada para arder por completo.

La noche envolvía al planeta en un suave manto estelar.

Los árboles dormían meciéndose apenas con la brisa cálida del trópico, y el sonido del agua rompiendo levemente contra la costa era el único murmullo constante en aquella región virgen.

Sobre un lecho improvisado de tierra recién moldeada, Tn descansaba, con sus brazos abiertos como si su cuerpo hubiera sido tallado en piedra negra.

Sobre su pecho, Lapis Lazuli dormía con la respiración calmada, su cuerpo ladeado, una pierna entrelazada con la de él y una mano aún apoyada sobre su pecho, justo sobre donde latía el alma cristalina de su gema.

Ambos dormían profundo.

Más profundo de lo que solían permitirse.

En ese mundo lejano, entre misiones y terraformaciones, se habían encontrado el uno al otro.

No lo sabían aún con claridad, pero lo sentían.

Y como si el planeta aprobara su existencia allí, los capibaras —esas criaturas pechonchas y pacíficas— se habían acercado sin miedo.

Uno de ellos incluso apoyó su cabeza en el brazo de Tn, como si el obsidiana fuera parte del entorno.

Otro se acostó junto al cuerpo de Lapis, compartiendo calor en una noche sin amenazas.

La escena era casi sagrada.

Una fusión de naturaleza viva con seres inorgánicos que, por una noche, no parecían distintos.

.

.

.

Mientras tanto, mucho más allá, en la negrura moteada del espacio, una nave ceremonial —pura, angulosa, resplandeciente como cuarzo rosa tallado— cortaba el vacío hacia el planeta que pronto sería marcado con el sello de una nueva joya imperial.

Dentro de la nave, Diamante Rosa no podía quedarse quieta.

Sus movimientos eran erráticos, casi infantiles, mientras rodeaba su trono flotante, sonriendo y mirando por los cristales hacia el planeta azul-verde que se acercaba rápidamente.

—“¡Es precioso, Perla!

¿Lo viste?

Tiene océanos… tiene nubes con forma de cosas…

¡y brillitos!” —exclamaba, girando sobre sí misma.

Perla, serena como siempre, asentía suavemente mientras organizaba en su tablilla de luz los archivos logísticos, mapas y autorizaciones de terraformación.

—“Sí, mi diamante.

El planeta Tierra parece contar con recursos en abundancia.

Además, según los informes, Lapis Lazuli y la obsidiana han realizado un trabajo ejemplar.” —“¿Una obsidiana?

¡No sabía que tendría una obsidiana en mi proyecto!” —dijo Rosa con genuina curiosidad—.

“¿Son los que cortan cosas , verdad?

¿Pueden cortar secciones detallas?

¡Quiero verlo!” Perla dejó escapar una pequeña sonrisa, más para sí que para la diamante.

—“Esta unidad en particular ha demostrado eficiencia sin precedentes.

Incluso sus reportes son más detallados que los estándares.

Se hace llamar ‘Tn’.” —“Tn…

¡qué gracioso!

Suena como un juguete.” —rió Rosa, y luego se llevó una mano al mentón—.

“Me pregunto si será divertido.

Siempre quise tener una gema que me hiciera reír.” —“Está asignado como técnico de corte estructural.

No como animador, mi diamante.” —“Ya veremos, ya veremos.” —dijo Rosa, girando sobre sus pies y mirando hacia la proyección del planeta.

Afuera, el planeta Tierra los esperaba.

Ajeno aún al destino que lo aguardaba.

Y en una pequeña parte de ese mundo, dos gemas dormían bajo la bendición de la vida natural.

Inocentes todavía del hecho de que sus destinos, sus lazos, y su libertad… estaban a punto de ser probados por el diamante más impredecible del Imperio.

____________________________ diamante azul (humano x gema) siguiente.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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